Los Quince deniegan la licencia para vender un nuevo maíz transgénico
La decisión mantiene hasta el 2004 el bloqueo a las importaciones de
este
tipo de organismos
España y otros cinco apoyaron la concesión del permiso, contra la
opinión de
Francia.
A los botes de Bt11, una variedad de maíz transgénico, se les resiste el
mercado europeo. Las dudas y reservas que tienen países como Francia en
torno a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) impidieron que
los
Quince autorizasen ayer la comercialización del primer producto de estas
características desde 1998. Aunque la Unión Europea (UE) volverá a
revisar
su decisión dentro de tres meses, por lo de pronto mantendrá sus
fronteras
cerradas a la importación de alimentos alterados, algo que irrita
especialmente a Estados Unidos.
El Comité de Seguridad de la Cadena Alimentaria de la UE, en el que
están
representados expertos de cada Estado miembro, fue el organismo que ayer
tenía el cometido de pronunciarse sobre la autorización para que el maíz
Bt11 pueda venderse en cualquier supermercado gallego y del resto de
Europa.
Este comité tenía sobre la mesa una propuesta del Ejecutivo comunitario,
favorable a la autorización, pero la alianza formada por Francia con
Grecia,
Portugal, Dinamarca, Austria y Luxemburgo —que sumaban 29 votos, tres
por
encima de la minoría de bloqueo— fue más que suficiente para paralizar
la
decisión.
España, como venía haciendo en los últimos meses, jugó en el bando de
los
países favorables a los transgénicos, y junto al Reino Unido, Holanda,
Finlandia, Suecia e Irlanda respaldaba la autorización a la
comercialización
de la nueva variedad. Sus votos, que suman 33, distan mucho de los 62
que se
necesitan para aprobar por mayoría cualificada este permiso.
Lo que puedan hacer los otros dos grandes países, Alemania e Italia, sin
duda será decisivo para romper los titubeos de los europeos hacia los
transgénicos. Pero, por lo de pronto, estos dos socios jugaron a la
abstención, al igual que hizo Bélgica.
«Sigue habiendo dudas sobre su inocuidad»
La organización ecologista Amigos de la Tierra expresó ayer su
satisfacción
por la decisión de los Quince, ya que estima que «el público no quiere
comer
transgénicos y sigue habiendo dudas sobre su inocuidad». El colectivo
llamó
a la UE a privilegiar «el bienestar de los ciudadanos europeos y el
medio
ambiente ante los intereses comerciales del gobierno norteamericano y de
la
industria y las biotecnologías».
La moratoria de la UE ha sido denunciada ante la Organización Mundial de
Comercio (OMC) por Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, México,
Chile,
Colombia, El Salvador, Honduras, Perú y Uruguay, que exigen que Europa
levante el veto a este tipo de organismos.
? los botes de Bt11, una variedad de maíz transgénico, se les resiste el
mercado europeo. Las dudas y reservas que tienen países como Francia en
torno a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) impidieron que
los
Quince autorizasen ayer la comercialización del primer producto de estas
características desde 1998. Aunque la Unión Europea (UE) volverá a
revisar
su decisión dentro de tres meses, por lo de pronto mantendrá sus
fronteras
cerradas a la importación de alimentos alterados, algo que irrita
especialmente a Estados Unidos.
El Comité de Seguridad de la Cadena Alimentaria de la UE, en el que
están
representados expertos de cada Estado miembro, fue el organismo que ayer
tenía el cometido de pronunciarse sobre la autorización para que el maíz
Bt11 pueda venderse en cualquier supermercado gallego y del resto de
Europa.
Este comité tenía sobre la mesa una propuesta del Ejecutivo comunitario,
favorable a la autorización, pero la alianza formada por Francia con
Grecia,
Portugal, Dinamarca, Austria y Luxemburgo -que sumaban 29 votos, tres
por
encima de la minoría de bloqueo- fue más que suficiente para paralizar
la
decisión.
España, como venía haciendo en los últimos meses, jugó en el bando de
los
países favorables a los transgénicos, y junto al Reino Unido, Holanda,
Finlandia, Suecia e Irlanda respaldaba la autorización a la
comercialización
de la nueva variedad. Sus votos, que suman 33, distan mucho de los 62
que se
necesitan para aprobar por mayoría cualificada este permiso.
Lo que puedan hacer los otros dos grandes países, Alemania e Italia, sin
duda será decisivo para romper los titubeos de los europeos hacia los
transgénicos. Pero, por lo de pronto, estos dos socios jugaron a la
abstención, al igual que hizo Bélgica.