Kioto, españa y las emisiones de co2
ANTONIO RUIZ DE ELVIRA Presidente de Amigos de la Tierra
Hace veinte días que los almendros están en flor en Madrid, y estamos a
mediados de febrero. El Kilimanjaro, a 4.000 metros de altura, ya casi
no tiene hielo.
El cambio climático, en gran medida humano, ya está aquí. Si seguimos
así, los efectos serán cada vez más intensos, pues dependen de forma no
lineal de la cantidad en que sube la temperatura. Los efectos empiezan
suaves y se convierten en tremendos.
Debemos parar esa subida, y podemos hacerlo. Para ello tenemos que dejar
de emitir gases por las chimeneas y por los tubos de escape. La solución
existe, y se llama energía solar y motores de hidrógeno. Son caros, sí,
pero tambien son caras las autovías y la televisión. Si las autovías son
necesarias, ¿no es más necesario el bienestar de los españoles, ahora y
dentro de cienaños? Y este bienestar está en cuestión si sigue subiendo
la temperatura.
España no está cumpliendo lo que firmó y ha ratificado su Parlamento: La
parte que nos toca del Protocolo de Kioto. Las emisiones de gases no
dejan de crecer en España. Deberíamos emitir en 2010 un 15 por ciento
sobre lo que emitíamos en 1990, y hoy, 2004, ya estamos emitiendo un 40
por encima de esto, un 25 por ciento más de lo comprometido al firmar
Kioto.
Hace unas semanas se pedía en Bruselas que se cambien las reglas del
juego a mitad del partido. Se pedía poder emitir más. Se pedía porque,
como no estamos cumpliendo lo que prometimos, tenemos que pagar por
ello. Esto ya se sabía.
Las empresas españolas que no han invertido en los años de bonanza para
limitar sus emisiones, se enfrentan a pagos multimillonarios, unos 5.000
millones de euros, para poder cumplir lo que España firmó. «No podemos»,
dicen. Y piden a cada españolito una subvención para enfrentar esa
cantidad. Los españolitos se han endeudado para comprarse sus viviendas,
pero las empresas no pueden hacerlo, y nos piden subvención.
El dinero que se pide, consecuencia de Kioto, es un dinero en falso.
Serviría para pagar a otros países que sí podían emitir y no lo han
hecho. Les compramos lo que aquí hemos emitido, pero seguimos emitiendo.
Las emisiones están ahí. No sólo están, sino que crecen y crecen, y no
se ve horizonte de contención. Hoy se habla de cinco centrales de gas en
Madrid, pero ya no se habla de la central solar de Tres Cantos. Este
Enero se han vendido más coches que nunca, es decir, más emisiones que
nunca en los próximos 8 años.
Necesitamos enfrentar, ya, el desafío climático, y lo bueno es que
enfrentándolo ayudamos al bienestar de los españoles. Bienestar por el
control de los efectos negativos, pero sobre todo porque la introducción
de nuevas tecnologías siempre crea empleo, mucho empleo, y empleo de
calidad. No podemos poner una caldera más en cada casa, pero sí podemos
poner en cada casa techos solares, sí podemos montar centrales solares,
sí podemos avanzar hacia los coches de hidrógeno.
No hay trabajo nuevo en la tecnología vieja. Pero si lo hay en la que
necesitamos contra el cambio climático. ¿Qué queremos, seguir pagando
los derechos de emisión, seguir con la ineficiencia, o entrar en una era
de bienestar y nuevos empleos?