España es sólo medio feliz Crecer más no mejora el bienestar
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La Península ocupa el puesto 87 entre los 178 países del Planeta Feliz, que
combina longevidad, satisfacción ciudadana y eficiencia ecológica. La isla
Vanuatu, la primera
Manu Mediavilla madrid
Desarrollo, riqueza y alto consumo no dan la felicidad. Lo dice el índice
del Planeta Feliz (IPF) que acaba de publicar la británica Fundación de la
Nueva Economía (FNE), que «desvela un orden mundial muy diferente al que
promueven los autodesignados líderes globales del G8». Para empezar, esos
ocho Estados más poderosos puntúan muy mal en la lista de 178 (Rusia, por
ejemplo, ocupa un penoso puesto 172 y Estados Unidos un triste 150), en la
que un país nuevo rico como España se pierde en mitad del pelotón con un
discreto 87º lugar. Las islas Vanuatu, Colombia y Costa Rica van en cabeza,
y África copa la cola: Zimbabwe, Suazilandia, Burundi y Congo.
El IPF tiene su lógica, porque combina dos indicadores objetivos de
desarrollo humano y medioambiental (la esperanza de vida y la huella
ecológica o impacto ambiental de la población sobre su territorio) con otro
subjetivo pero revelador de la calidad de vida ciudadana (el sentimiento de
felicidad). Frente a la típica comparación estadística de productos
interiores brutos y balanzas comerciales, que considera fruto de «modelos
económicos abstractos que tienen poca relación con el mundo real», la FNE
vuelve a la esencia de la economía: por un lado, los recursos que ponemos;
por otro, los beneficios que sacamos en longevidad y satisfacción.
Pobres ricos...
La moraleja del estudio, en el que también ha participado la organización
ecologista Friends of Earth (Amigos de la Tierra), es que el consumo de
recursos naturales y la satisfacción vital no están en relación directa. La
mejor prueba son los pésimos resultados del G8, cuyo primer clasificado es
Italia en el puesto 66, seguido por Alemania (81), Japón (95), Reino Unido
(108), Canadá (111), Francia (129) y los ya citados Estados Unidos y Rusia.
El gran lastre de los países ricos es su generalizado pisotón a la huella
ecológica, que mide la naturaleza necesaria para cubrir el consumo de
alimentos, energía y materiales y absorber los desechos sin sobrepasar su
capacidad regeneradora.
El planeta utiliza ya un 22% más de la capacidad de regeneración del
ecosistema (2,3 hectáreas de tierra productiva por habitante, 0,4 más del
nivel sostenible), y el mundo rico se lleva la palma: 6,4 hectáreas los
países de altos ingresos, 5,1 los de Europa Occidental, 4,8 España. El caso
hispano es un buen ejemplo de cómo ese déficit ecológico desequilibra su
índice del Planeta Feliz. Ni el elevado producto interior bruto (22.391
dólares), ni la alta esperanza de vida (79,5 años sobre una cifra «ideal» de
82), ni la expectativa de muchos años de vida feliz (55,7), ni la gran
satisfacción vital (7 sobre un 8,2 ideal) bastan para alcanzar un buen
lugar. La pésima huella ecológica (4,8 frente al 1,5 ideal) rebaja el IPF
español hasta 43, muy lejos del 83,5 de referencia.
El hecho de que ningún país se acerque a este «ideal razonable» (el 68,2 del
líder Vanuatu lo deja a 15 puntos de distancia) no sirve de disculpa al
mundo rico. Ni tampoco las paradojas que, como en cualquier clasificación,
se desprenden del IPF. El propio archipiélago del Pacífico, cuya
tranquilidad y soleadas playas le han merecido la consideración de «islas
felices de Oceanía», está amenazado de desaparición por el crecimiento del
nivel del mar.
Pero la responsabilidad es más bien de quienes dañan el medio ambiente.
Colombia compagina su viceliderazgo en felicidad planetaria con un doloroso
segundo puesto: es el país con más desplazados internos después de Sudán.
Pero eso no invalida el espíritu trabajador, animoso y festivo de la
abrumadora mayoría de sus ciudadanos, más hartos que nadie de conflictos y
narcotráfico.
También se dibujan grandes contrastes en la dominante representación
centroamericana y caribeña que acapara el resto de los diez primeros
lugares: Costa Rica, Dominica, Panamá, Cuba, Honduras, Guatemala, El
Salvador y San Vicente y las Granadinas.
Pero el pasado de conflictos e inestabilidad política de la zona ha dejado
paso a una progresiva democratización, a veces incompleta y con lastres de
inseguridad ciudadana que, combinada con una alta esperanza de vida y una
amplia riqueza ecológica, desemboca en una gran satisfacción comparativa. En
sentido contrario, la pobreza y sus devastadores efectos sobre la
supervivencia (36,9 años en Zimbabwe, 43,1 en Congo) contrapesan la
aceptable huella ecológica de los cuatro países subsaharianos que cierran la
lista, a la vez que arruinan cualquier posible satisfacción vital. Mejor los
países de desarrollo medio . El 44% de ellos consigue un buen índice de
felicidad planetaria, frente al 21% de los muy desarrollados. Motivo: una
vez alcanzado cierto nivel de consumo, aumentarlo más y más no mejora el
bienestar ni la satisfacción. Mejor las islas . El dato se repite casi
invariablemente, lo mismo en el ámbito occidental (liderado por Malta, en el
puesto 40, y con Chipre en séptimo lugar de 24) que en África (los cinco
mejores IFP son de archipiélagos) y en Asia (dos de los cuatro primeros).
Explicación: la conciencia de los propios límites hace más flexibles a los
isleños. Mejor con menos impacto ambiental . Estados Unidos y Alemania
igualan en esperanza de vida y satisfacción vital, pero la mejor huella
ecológica de los germanos (la mitad) les hace duplicar la eficiencia
ecológica; viven igual con menos. Estonia consume mucho , pero está el sexto
por la cola (173º), mientras la República Dominicana alcanza el 27º puesto
con apenas un tercio de su riqueza.