Más de 300 investigadores y representantes de la sociedad civil firman
en contra de los transgénicos
Ecologistas, agricultores y científicos corroboran las amenazas de los
organismos modificados genéticamente para la salud y el medio
ambiente.
Declaración de la Sociedad Civil contra el uso de transgénicos en la
agricultura y alimentación.
Amigos de la Tierra, COAG, Ecologistas en Acción y Greenpeace, con la
colaboración de Científicos por el Medio Ambiente (CIMA) e
investigadores, han presentado la Declaración de personalidades y
organizaciones de la sociedad civil sobre las aplicaciones de la
biotecnología en la modificación genética de plantas, ante la amenaza
que representan para la agricultura y la sostenibilidad. Democracia,
precaución y medio ambiente. Este documento cuenta con el apoyo de una
gran representación de la sociedad, que incluye investigadores,
docentes universitarios, organizaciones profesionales agrarias,
asociaciones ecologistas, de consumidores, de productores de
agricultura ecológica, ONG de desarrollo y entidades privadas entre
otras.
Frente a las promesas de la industria de los transgénicos, esta
Declaración denuncia los peligros e impactos de su introducción en el
medio ambiente y en nuestros platos. El amplio apoyo social evidencia
que los transgénicos son una cuestión que afecta al conjunto de la
sociedad. La clase científica es una parte importante del debate y la
sociedad en su conjunto es además quien debe tomar las decisiones que
afectan a la agricultura, la alimentación, las aplicaciones de los
transgénicos y el derecho a producir y consumir en libertad.
Éste es un momento clave en el debate sobre los transgénicos. Mientras
Francia se suma a los países de la UE que prohíben el cultivo de maíz
transgénico, basándose en una serie de informes científicos que
alertan sobre los impactos ambientales sobre la flora y la fauna y las
incertidumbres sanitarias, España sigue siendo el principal productor
de maíz transgénico, con más de 75.000 hectáreas cultivadas en 2007.
Los elementos científicos que han originado la decisión del Gobierno
galo muestran una serie de consecuencias de los maíces tipo Bt (entre
ellos el que se cultiva en España, el MON 810) sobre el medio ambiente
y la salud, como la imposibilidad de evitar la contaminación a otros
agricultores, la generación de resistencias en plagas y los efectos
tóxicos sobre varios tipos de organismos presentes en los ecosistemas,
el cambio en la caracterización molecular (el gen que se comercializa
no es el que se aprobó en 1998, ha variado, y por lo tanto muchos
efectos sobre el medio ambiente se desconocen), los impactos sobre los
polinizadores, la toxicidad a largo plazo sobre seres humanos, la
persistencia de las toxinas producidas, etc.
Recientemente en Bruselas, el Comisario Europeo de Medio Ambiente
Stavros Dimas ha propuesto la prohibición de dos maíces transgénicos
por los riesgos que suponen para el medio ambiente, basándose en las
evidencias de los potenciales daños ambientales. Ya durante la disputa
comercial con Estados Unidos ante la Organización Mundial del Comercio
(OMC) sobre productos transgénicos, la propia UE argumentó que los
cultivos Bt no deberían ser hoy por hoy cultivados por la falta de
conocimientos sobre sus impactos ambientales en el largo plazo.
Las organizaciones promotoras de esta Declaración esperan que sirva
para impulsar un debate fundamental como es el de la introducción de
los transgénicos, que el Gobierno tome nota de la abrumadora oposición
social frente a su imposición en la agricultura y la alimentación y
que el Ministerio de Agricultura reconsidere su apuesta transgénica y
oriente la agricultura española hacia soluciones ambiental y
socialmente sostenibles.