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SPS
RASD/MARRUECOD/ONU
El Polisario presenta un memorándum al Consejo de Seguridad de la ONU

Nueva York, 16/02/2007 (SPS) El Frente Polisario presentó el miércoles pasado
al Consejo de Seguridad de la ONU un memorándum en
el que critica a fondo el proyecto marroquí de autonomía, estimando que es
"unilateral, ilegal y antidemocrático", y que "de
forma manifiesta no constituye pues, en lo más mínimo, « la solución
política mutuamente aceptable que asegure la
autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental » que reclaman la
Comunidad Internacional y el Consejo de Seguridad".

"¿Qué solución puede ser más justa, más legítima, más democrática y más
aceptable que la que respete la voluntad de la población
de ese territorio y que está de acuerdo con las exigencias del derecho
internacional y las resoluciones pertinentes de las
Naciones Unidas", se pregunta el Polisario.

Por último, para el Polisario, el Sáhara Occidental "no es un territorio que
sufra por falta de autonomía, sino un territorio con
falta de soberanía". Así pues, el problema no puede ser resuelto con la
concesión de une autonomía, por amplia que sea, sino sólo
por "la libre elección de sus habitantes originales que decidirán en completa
libertad si quieren ese territorio para sí mismos
para hacer de él un Estado independiente, o si están dispuestos a integrarlo
en el reino de Marruecos para formar una provincia de
ese país".

Este es el texto completo de ese documento que ha llegado a SPS :


MEMORÁNDUM DEL FRENTE POLISARIO SOBRE
EL ASUNTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL


1. La Asamblea General, en su sexagésimo primer período de sesiones, acaba de
aprobar una resolución en la que se reafirma el
derecho del pueblo del Sáhara Occidental a la libre determinación. Es el
cuadragésimo primer año consecutivo en que la comunidad
internacional declara solemnemente que este conflicto de descolonización en el
que se enfrentan el Reino de Marruecos y el Frente
POLISARIO sólo puede resolverse mediante el ejercicio por el pueblo saharaui de
su derecho a la libre determinación.

En efecto, el Sáhara Occidental, incluido desde 1965 en la lista de los
territorios no autónomos establecida por el Comité de
Descolonización de las Naciones Unidas, cae dentro del ámbito de la
aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General,
en la que figura la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los
Países y Pueblos Coloniales.

Por su parte, el Consejo de Seguridad, que no ha dejado de insistir en la
necesidad de alcanzar una solución justa y definitiva
que garantice la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental, acaba
de reiterar, mediante su resolución 1720 (2006), su
determinación de trabajar en pro de una solución política justa, duradera y
mutuamente aceptable que permita la libre
determinación del pueblo del Sáhara Occidental.

2. Por otra parte, conviene recordar que, la Asamblea General, por iniciativa de
Marruecos y de Mauritania, sometió el asunto al
Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) el cual, mediante una opinión
consultiva de fecha 16 de octubre de 1975, estableció con
toda claridad que “los elementos e informaciones que se le proporcionaron no
establecen la existencia de ningún vínculo de
soberanía
territorial entre el territorio del Sáhara Occidental, por una parte, y el
Reino de Marruecos o la entidad mauritana, por otra.
Así pues, el Tribunal no ha comprobado la existencia de vínculos jurídicos de
índole tal que puedan modificar la aplicación de la
resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas en cuanto a
la descolonización del Sáhara Occidental y, en
concreto, la
aplicación del principio de la libre determinación mediante la expresión
libre y auténtica de la voluntad de los pueblos del
territorioâ€.

3. Del mismo modo, la opinión emitida el 29 de enero de 2002 por el Asesor
Jurídico de las Naciones Unidas, a petición del Consejo
de Seguridad, estableció con igual claridad que Marruecos no era una Potencia
Administradora del territorio, que los Acuerdos de
Madrid de 1975 no habían transferido soberanía alguna a sus firmantes y,
finalmente, que la condición de territorio no autónomo
del Sáhara Occidental no se había visto afectada por esos Acuerdos.

En resumen, la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Tribunal
Internacional de Justicia y el Departamento Jurídico de las
Naciones Unidas han establecido claramente que el del Sáhara Occidental es un
asunto de descolonización cuya solución exige la
expresión libre y soberana del pueblo de este territorio.

4. Es pues perfectamente natural que los esfuerzos encaminados a solucionar el
asunto del Sáhara Occidental se hayan fijado como
meta ofrecer al pueblo de ese territorio la oportunidad de decidir su futuro
mediante la celebración de un referendo libre y
legítimo sobre la libre determinación.

El Plan de Arreglo, aprobado por las dos partes en el conflicto, Marruecos y el
Frente POLISARIO, y por el Consejo de Seguridad
mediante sus resoluciones 658 (1990) y 690 (1991), compartía ese deseo, pues
preveía la instauración de un alto el fuego que
preludiara la celebración, en enero de 1992, de un referéndum libre, legítimo
y sin restricciones administrativas ni militares, en
el que participaran exclusivamente los saharauis identificados por el censo
español de 1974.

Las maniobras, rechazos y cambios radicales de postura de Marruecos terminaron,
no obstante, por paralizar el Plan y por acabar
con los Acuerdos de Houston, negociados y firmados en septiembre de 1997 por las
dos partes, bajo la égida del Sr. James Baker
III, Enviado Personal del Secretario General, y que habían permitido resolver
los problemas pendientes y fijar la celebración del
referéndum para el 8 de diciembre de 1998.

Todavía hoy es posible, en cualquier momento, reactivar y poner en marcha el
Plan, siempre que Marruecos lo desee. Tras una
laboriosa negociación se habían ya convenido todas las modalidades prácticas
relativas al acuartelamiento de las tropas, la
repatriación de los refugiados y la organización de la campaña del
referéndum, y la Comisión de Identificación de las Naciones
Unidas aprobó ya
debidamente la lista provisional de votantes.

El otro plan, titulado 'Plan de paz para la libre determinación del pueblo del
Sáhara Occidental', elaborado por el Sr. James
Baker a petición del Consejo de Seguridad tras la impugnación por Marruecos
del Plan de Arreglo, y aprobado por el Consejo de
Seguridad mediante su resolución 1495 (2003), coincide en su concepción con el
Plan de Arreglo en cuanto a que prevé igualmente,
tras un período de autonomía interna de entre cuatro y cinco años, un
referéndum abierto tanto a los saharauis como a los
residentes marroquíes establecidos en el territorio antes de diciembre de 1999.

Además, mientras que inicialmente se habían previsto sólo dos opciones
–integración o independencia- en el referéndum, el Sr.
Baker añadió una tercera opción -la autonomía en el marco de la soberanía
marroquí- a fin de proporcionar más seguridades al Reino
de Marruecos y animarlo a aceptar su Plan.

Con todo, este esfuerzo resultó vano, pues Marruecos rechazó el Plan de Paz,
de la misma manera que había rechazado antes los
Acuerdos de Houston y el Plan de arreglo que había aceptado y firmado.

5. Si bien este rechazo de Marruecos a un Plan que contaba con todas las
condiciones y garantías que exigía puede parecer a
primera vista sorprendente, de hecho lo es menos cuando se cae en la cuenta de
que este país aceptó el principio de un referendo
de libre determinación sólo porque se vio presionado y obligado a ello, y
desarrolló una estrategia encaminada a lograr que nunca
se llevara a cabo ese referéndum, esforzándose por combatir, impugnar y, en
definitiva, negar pura y simplemente lo que es la
esencia misma del derecho a la libre determinación, es decir, el conjunto de
votantes que pueden tomar parte en dicho ejercicio, y
aún más, la existencia misma del pueblo saharaui.

En efecto, como se ha indicado anteriormente, desde que dio su aprobación al
Plan de Arreglo, Marruecos ha llevado a cabo una
campaña implacable contra la labor de la Comisión de Identificación de las
Naciones Unidas encargada de elaborar la lista de los
votantes saharauis, cuestionando constantemente los criterios de identificación
de los electores, intimidando a los miembros de la
Comisión, multiplicando los recursos, y a fin de cuentas ha logrado paralizar
de
forma duradera las actividades de dicha Comisión.

Se necesitó toda la imaginación del Sr. Baker para lograr, mediante los
Acuerdos de Houston, reactivar las operaciones de
identificación, y toda la abnegación y determinación de los miembros de la
Comisión de Identificación para que ésta pudiera al fin
concluir su labor y publicar, a fines de 1999, la lista provisional de votantes.

Como el referéndum se había vuelto ineludible, pues se habían reunido ya
todas las condiciones para su celebración, Marruecos
decretó arbitrariamente que el Plan de Arreglo era inaplicable.

En lugar de obligar a Marruecos a cumplir sus compromisos, el Consejo de
Seguridad pidió al Sr. Baker una solución política que
garantizara la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental.

Al creer que el rechazo de Marruecos al Plan de Arreglo y al referéndum
previsto en él obedecía a su temor de que los electores
saharauis votaran masivamente por la independencia, el Sr. Baker propuso en su
'Plan de Paz para la libre determinación del pueblo
de Sáhara Occidental' que el electorado que podía participar en el referéndum
previsto en dicho Plan se ampliara a los ciudadanos
marroquíes residentes en el Sáhara Occidental al 31 de diciembre de 1999.

Para sorpresa del Sr. Baker, Marruecos rechazó su Plan, fundamentando esta vez
su rechazo en el hecho de que el referéndum
contemplaba la opción de la independencia.

El Secretario General de las Naciones Unidas, así como el Sr. Baker y su
sucesor, el Sr. Peter Van Walsum, sostuvieron ante el
Consejo de Seguridad que era prácticamente inconcebible que un referéndum de
libre determinación organizado por las Naciones
Unidas no contemplara la opción de la independencia. De nada sirvió, pues
Marruecos mantuvo su rechazo al Plan.

Analizando nuevamente las razones por las que Marruecos había rechazado los
diferentes planes de las Naciones Unidas, en agosto de
2004 el Sr. Baker reveló a la cadena de televisión estadounidense PBS que
Marruecos se ponía cada vez más nervioso conforme se
acercaba la fecha de la celebración del referéndum (previsto en el Plan de
Arreglo), añadiendo luego que “los marroquíes estaban
nerviosos porque temían perder el referéndum†y que, por ello, “cuando
logramos identificar a las personas que tenían derecho a
votar, los marroquíes decidieron entonces abandonar el Planâ€.

Al Sr. Baker le sorprendió que Marruecos demostrara el mismo nerviosismo en
relación con los resultados previstos en su Plan de
Paz, adoptado unánimemente en julio de 2003 por el Consejo de Seguridad,
teniendo en cuenta que el Plan estaba abierto a los
residentes marroquíes, que eran mucho más numerosos que los electores
saharauis. En efecto, manifestó lo siguiente: “He incluido a
todos los ciudadanos del Sáhara Occidental como votantes del referendo de libre
determinación. Y ha quedado claro que a los
marroquíes les da temor que se incluya incluso a los residentes marroquíesâ€.

De hecho, si Marruecos decidió quebrantar sus compromisos internacionales fue
porque era consciente de que el Sáhara Occidental no
es marroquí y corría el riesgo de perderlo si se celebraba un referéndum,
incluso si se realizaba con la participación de los
ciudadanos marroquíes residentes en el Sáhara Occidental.
En resumen, la estrategia marroquí ha conseguido, hasta ahora, sus objetivos en
la medida en que Marruecos ha logrado impedir la
celebración del referéndum de libre determinación decidido por las instancias
internacionales; pero el asunto del Sáhara
Occidental sigue estando en la agenda de la Asamblea General y del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, y el derecho a la
libre
determinación del pueblo del Sáhara Occidental es ahora más pertinente que
nunca, pues fue reafirmado una vez más por el Consejo
de Seguridad y por la Asamblea General en octubre y diciembre de 2006,
respectivamente ; además, ningún Estado del mundo ha
reconocido hasta la fecha la soberanía marroquí sobre este territorio, que
para las Naciones Unidas sigue siendo un territorio no
autónomo al que se aplica la resolución 1514 (XV), como recordó el Sr. Baker
en la
misma entrevista concedida a la cadena PBS.

Por otra parte, es importante hacer hincapié en que en su informe de fecha 8 de
septiembre de 2006, la misión enviada al Sáhara
Occidental por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos recomendó lo siguiente : “Como ha sido
afirmado en diversos foros de las Naciones Unidas, el derecho a la libre
determinación del pueblo del Sáhara Occidental debe ser
garantizado y aplicado sin demoraâ€.

6. Desde que rechazó el Plan Baker en 2004, Marruecos no ha cesado de repetir
que no está dispuesto a aceptar una solución para la
cuestión del Sáhara Occidental más que “en el marco de la soberanía y la
integridad territorial de Marruecos†y está a punto de
hacer público un proyecto de autonomía para ese territorio que se ajusta a ese
postulado consagrado unilateralmente.

Presentado como una concesión importante de su parte, este proyecto, que pasa
por alto todo lo que han conseguido las Naciones
Unidas hasta la fecha para llegar a una solución del conflicto, representa de
hecho una nueva fuga hacia adelante por parte de
Marruecos en cuanto que su propósito es, ni más ni menos, obtener el
reconocimiento de la comunidad internacional del hecho
consumado o, en otras palabras, de la soberanía marroquí sobre un territorio
no autónomo sin
ajustarse a las exigencias de la doctrina y la práctica de las Naciones Unidas
en materia de descolonización.

De esta manera, Marruecos cuenta con el “desgaste del tiempo†para conseguir
que los saharauis y el mundo acepten su ocupación
ilegal de un territorio sobre el cual el TIJ ha establecido claramente que
Marruecos no ejerce soberanía alguna.

No obstante, el proyecto marroquí está condenado al fracaso pues se basa en
premisas falsas, porque propone una solución
inaceptable y peligrosa y porque hace caso omiso de las aspiraciones nacionales
de un pueblo.

En efecto, el postulado de partida según el cual el Sáhara Occidental es una
provincia marroquí es falso puesto que, en el ámbito
de la legalidad internacional, Marruecos no ejerce allí ni su soberanía
territorial ni su potestad administrativa, ya que se
considera que es un territorio no autónomo
cuyo estatuto deben decidirlo sus habitantes originales.

Por otra parte, al decretar que la única solución es la de la autonomía,
Marruecos prejuzga la voluntad del pueblo saharaui
reduciendo desde el comienzo sus opciones únicamente a la autonomía y, de esa
manera, viola el principio sacrosanto que se aplica
a los territorios no autónomos, principio consagrado en la resolución 1514
(XV) y en la doctrina y práctica de las Naciones
Unidas en materia de descolonización, a saber, el principio de la libre
determinación, que
implica que las poblaciones de dichos territorios se expresen mediante un
referendo libre y legítimo en el que se incluya
necesariamente la opción de la independencia.

Además, este enfoque pasa deliberadamente por alto el hecho nacional saharaui
con todos sus logros y sus implicaciones, así como
la fuerte reivindicación de independencia que se manifiesta diariamente desde
hace treinta años en los territorios saharauis
ocupados.

Asimismo, el proyecto es peligroso puesto que, al querer imponer una solución
basada en la autonomía a un pueblo que
fundamentalmente es hostil a cualquier forma de tutela marroquí y que durante
treinta años ha luchado contra la ocupación de
Marruecos, se corre el riesgo de aumentar la tensión y de crear una situación
incontrolable que pondría en peligro la estabilidad
del territorio y de
la región y disminuiría las posibilidades de llegar a una solución justa y
definitiva del conflicto.

Por último, el Sáhara Occidental no es un territorio que sufra por falta de
autonomía, sino, más bien, por falta de soberanía. Por
consiguiente, el problema no puede resolverse otorgando una autonomía, por más
amplia que ésta sea, sino sólo mediante la libre
elección de sus habitantes originales, quienes decidirán con toda libertad si
desean ese territorio para sí mismos a fin de
convertirlo en
un Estado independiente o si están dispuestos a integrarlo al Reino de
Marruecos para convertirlo en una provincia de ese país.
Proponer la autonomía no es pues la solución, y por todas estas razones el
proyecto marroquí mil veces anunciado y mil veces
aplazado no es viable y nace ya muerto.

7. Hoy en día, una solución al problema del Sáhara Occidental que sea justa,
definitiva y respetuosa de la legitimidad
internacional no sólo es necesaria sino posible.

La solución sigue siendo posible pues tanto el Plan de Arreglo como el 'Plan de
paz para la libre determinación del pueblo del
Sáhara Occidental' siguen pudiendo ofrecer un marco adecuado y honorable para
la solución del conflicto, si se da la voluntad
política.

¿Qué solución puede ser más justa, más legítima, más democrática y más
aceptable que aquélla que respeta la voluntad de la
población de este territorio y que se ajusta a las exigencias del derecho
internacional y a las resoluciones pertinentes de las
Naciones Unidas?

La solución es necesaria, pues el costo derivado de la persistencia del
conflicto es sin duda insoportable para el Reino de
Marruecos y para el Frente POLISARIO, pero también lo es para todos los pueblos
de la región que, en esta época de agrupamientos
regionales y de globalización, desean más que nunca hacer realidad su sueño
de un Magreb unido, estable y próspero.

Las Naciones Unidas, que tienen una responsabilidad particular con respecto al
pueblo del Sáhara Occidental, incluso la de
protegerlo y preservar sus recursos naturales, no deben escatimar esfuerzo
alguno para garantizar que se haga justicia y que
prevalezca al fin la legalidad internacional en el Sáhara Occidental como ha
prevalecido en otras regiones del mundo.

8. Mientras la composición de las Naciones Unidas evoluciona hacia una
universalidad que incluye a los pueblos de diferentes
tamaños que han logrado su destino nacional, en particular mediante el proceso
de descolonización, el unilateralismo marroquí no
debe ser alentado a costa de la negación del derecho imprescriptible del pueblo
del Sáhara Occidental a la libre determinación.

9. Esta nueva manipulación mediante la cual la parte marroquí pretende
conseguir que la comunidad internacional renuncie a un
derecho humano fundamental, el derecho de los pueblos a la libre determinación,
está condenada a no ser más que una iniciativa
banal.

10. El proyecto marroquí de autonomía, que es unilateral, ilegal y
antidemocrático, no constituye pues, en lo más mínimo, “la
solución política mutuamente aceptable que garantice la libre determinación
del pueblo del Sáhara Occidental†a la que aspiran la
comunidad internacional y el Consejo de Seguridad, y constituye incluso una
apuesta por que se perpetúe el estancamiento.

El Frente POLISARIO, por su parte, acogiéndose a la postura del Consejo de
Seguridad, está dispuesto a trabajar y cooperar con el
Secretario General de las Naciones Unidas con vistas a llegar precisamente a
esta solución política mutuamente aceptable que
garantice la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental.

Febrero 2007









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