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El silencio de una caracola   Lista de mensajes  
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La Caracola en la Playa Blanca

Musitaba para si mismo mientras su mirada se perdía en el horizonte detrás del mar orlado de blancas crestas…

—Los días, los meses, se me escapan… ¿donde se fueron mis jornadas? … se fueron buscandote …

Hay silencios en la vida que de pronto se nos presentan ominosos, amenazando destemplar nuestra resolución. Hay otros silencios que no son tales, tal como el de una casa en medio de la noche, cuando despertamos sin una razón, y deliberamos con nosotros mismos. Si prestamos atención, descubrimos que la casa tiene un latido, murmura con la voz de las paredes, de sus techos. Los pisos se desperezan con crujidos como de huesos viejos, usados en una larga vida de trajines. Y la calle, una calle que nunca duerme, aunque duerman los vecinos, se arrima a la conversación con su cháchara interminable, sus ecos retorcidos, mensajes de más allá de la lontananza, aún en un cielo limpio que luce sus ornamentos en el pecho de terciopelo negro.

O el de la montaña, cuando desde el pináculo, oteamos a los valles esparcidos a sus pies, apenas rozados por vagos penachos blancos que se cruzan observandonos con abandono mientras se deslizan en las corrientes aereas. La montaña, si nos empeñamos, nos habla también, llenando nuestro rededor con sonidos familiares, el viento acariciando sus flancos, unas piedras rodando afuera de nuestra percepción inmediata, el goteo del agua condensada en sus rocas, el retozo del follaje que solapadamente crece en la cumbre abierta a los horizontes.

El silencio que disfruto más en la vida, es el silencio que, cuando las luces del auditorium se extinguen, precede al primer movimiento sobre el escenario, roto con el esperado rumor del cortinaje abriendose sobre un mundo fantástico que me traerá su historia en alas de los personajes-actores en los próximos minutos. Aún ese silencio no es tal. Si te interesas, puedes percibir el aliento retenido en tu vecino de butaca, el suspiro melancólico del téspico amante, el roce de una mano buscando compañera, y el resuello anonadado de una conversación interrumpida.

Todo un universo que se rendirá sin condiciones con la primera nota musical, con la primera sílaba articulada bajo el imperio del autor.

Hay también silencios que comunican, que nos hablan sin voces, pero que nos llegan con mensajes inescapables e indudables. Nos llegan cabalgando sobre miradas, gestos, temblores, súbitos movimientos y languidos aflojamientos. Se arrima en inspiraciones y expiraciones, en latidos trasmitidos piel a piel.

Y por cierto tenemos esos que mencioné al comienzo. Donde el tiempo parece detenerse. Silencios como los que siguen al insperado estallido del relámpago y precenden el fragor del tronido. O el que encontramos entre la declaración —"Preparen"— y la exclamación — "¡Fuego!" —, ese instante extendido hasta el rídiculo, que se resuelve en un explosión de luces, un intervalo de absoluta negrura, y luego El Silencio Definitivo. Para siempre. Eterno. No inesperado, por cierto.



Mié, 1 de Sep, 2004 10:18 pm

rommeytx
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Rommey
rommeytx
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1 de Sep, 2004
10:21 pm
Avanzado

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