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Duerme en el lecho del recuerdo; arropado por las nubes que
propiciaron los amaneceres más esplendorosos. Duerme.
Duerme mecido por la cadencia de brisas suaves, enredadas en los
brotes tiernos nacidos en ramas viejas, que hacen vibrar las hojas
con trémolos audibles sólo para las hadas. Duerme.
Duerme la inocencia de tiempos pasados abrazada a tu cuerpo,
empapándote en ilusiones que renuevan el acerbo que va arrancándote
la mano artera de la fortuna en tu deambular por la vida. Duerme.
Duerme los silencios y sueña los presagios de ese algo intangible
que crece en la sombra y aún no desvela si será fortuna o pesar.
Duerme.
Duerme y camina hacia el paraje de la fantasía donde te espera el
unicornio que ha de llevarte a ese rincón del bosque de olmos
plateados donde danzarás con las hadas. Báñate en las fuentes de las
xanas, déjate llevar por el riachuelo al lago de las ondinas y
empápate en su magia. Duerme.
Duerme y renuévate en el silencio de una noche mágica. Duerme en
ella todos los pesares y deja que el viento del otoño los tome en su
seno y los lleve lejos, a ese abismo donde las malas hierbas atrapan
todo y no lo liberan más. Duerme.
Duerme al abrigo de un otoño de cielos cambiantes, de la luz
tamizada, bañada en oro y deja que fluya el yo encadenado que temes,
para mirarte en sus ojos, recordar quién fuiste y ser quien quieres
ser cuando despiertes. Duerme.
Darane
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