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Azota la noche la helada. Está siendo duro el invierno pero la vida no
se doblega al frío; porque mañana saldrá el sol. El pequeño roble
condenado a servir de adorno ya se ha cubierto de hojas. Los rosales
de las ventanas, podados para soportar frío y nieve, empiezan a
rebullir con nuevos brotes. La jardinera de los alhelíes está florida.
Azota la helada la noche, pero la vida no se doblega; sigue su camino
hacia la primavera, dispuesta a estallar a su hora en un
desbordamiento imparable; porque ella está en y más allá de nosotros.
Darane
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