Picando en los talones de la tarde.
Allí el aplauso de los viejos que acechaba
para dar el zarpazo a intoxicarnos,
Allí
la cárcel
el abrigo
el hueco
furia nuestra en todas partes
entró de repente el rayo
marcó su cursor sobre tus hombros
los dedos ablandaron la mancha que te fue posible
(tan esquiva cuando no abrasaba)
Agradecido de no ser ya tú con los guantes tan viejos
a no doblar las esquinas
del abismo al centro
en la camisa de soles raídos semejándose a tu verde
(raro verde calcinado de nosotros
con crisálidas empuñando el retroceso)
Vino de sepias el mango, crudo
a enfermarnos de generaciones
y la guanábana hería
con sus puntas de fuego.María Eugenia Caseiro
De El sopor de las guanábanas

