SANTIFICA MI VALOR
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Jesús Alejandro Godoy Padre mío, no desoigas mi voz, indícame el rumbo correcto hacia la liberación de mi alma.
Padre, déjame caer ante los obstáculos, pero que tu providencia divina, me deje fuerzas y aliento para volver a levantarme, dame tiempo para recomenzar en lo que he fallado, hablar de aquello que he vivido y mirar atrás sin vergüenza alguna ante ti y ante todos los que me han querido.
Madre, que tu mano que mi guíe suavemente, por que sé, que en ti siempre encontraré el amor
que necesito para vencer en cada batalla que nace dentro y fuera de mí; tú protección me dará siempre valor y tu sola mención tranquilizará mi cuerpo y me dirá, que buenas nuevas traen los vientos del mañana.
Madre, apiádate de mí; dale muchos años a mi madre para que me vea crecer y se pueda reflejar en mis ojos; y si tiene que partir antes, que me vea siempre de pie, al frente de los que han vencido. Padre, cuida a mi padre que te acompaña, al que tanto anhelo ver, y al que respeto tanto con mi palabra como con mis actos.
Deja Madre, que mis lágrimas laven mis errores y mis falsas promesas. Deja Padre que mi sangre lave mis yerros y corrija mis huellas hacia lo que siempre he querido ser; y aún así sabiendo que soy imperfecto, no oculten de mi presencia el dolor que santifica mi alma, ni la gloria que me conduce a la inmortalidad.
Padre mío, déjame ver lo verdaderamente importante detrás del
oro que me regalas y las esmeraldas que hoy adornan mi casa.
Madre, me has enseñado que el que hoy se postra ante mí, mañana tal vez sea el que apaciente mi hambruna; Padre, me has mostrado a los más pobres entre los pobres convertirse en reyes de la tierra... y aún así, me han dejado elegir a cuales perteneceré según mis ansias y mis anhelos.
Padre, escucha mi voz y mira a este que hoy te pide un poco de tu sabiduría.
Madre, que si hoy una corona domina mis facciones, que no sea para despreciar ni para dividir, por que me has dado poder para tener el valor necesario a la hora de poseer fortuna y aún ser humilde en todo sentido. Padre, guíame al momento de mostrarme ante los demás como el ser que soy; que me conozcan por mi esencia y no por lo que se ve de mí, eso, que pronto se llevará el tiempo; déjame batallar sin temores y no alejes de mí el mal, pero enséñame a reconocerlo, y a pulir mis
dones para ser justo en lo que he ganado con mis manos y en lo que he recibido de parte de los que me han criado.
Padre; no atiendas mi cuerpo, no atiendas mi grito cuando lo que me has regalado va al deshecho como comida de las fieras; atiende mi alma, que se presentará ante ti, con todo lo que he recibido en el tiempo que me has dado para vagar en esta ilusión, y retornar transformado a la verdadera vida.
Madre, no desoigas mis palabras, que aquí de pie junto a ti, está uno de tus hijos, esperando tu palabra y tu sonrisa, para ser tan grande como el mejor de tus sueños.
Padre dame valor. Madre dame humildad, y seré tan grande, que los venideros hablarán de mí a sus hijos, y a los hijos de sus hijos.
Cuida mi alma y alimenta de dificultades mi camino; por que mi corazón presto está a tu desafío y al llamado de lo que jamás se han dado por vencido.
Padre, no desoigas mi voz. Santifica mi valor a la hora de encontrarme cara a cara con mis demonios; que mi mano aferre al justo, y que sepa de las limitaciones del injusto.
Madre, no te duelas de mis lágrimas; más, muéstrame el camino que ellas me han marcado, para saberme sabio, y no transitarlo nuevamente.
Madre mira a éste, que se presenta ante ti y aún siendo rey como todos tus hijos, sólo te pide que le des un poco más de tiempo, para probar su valor ante la mirada de los que han dudado de su palabra.
Padre mío, cuida mi alma. Madre, dame valor.
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