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Hace sol. Sopla una desapaible brisa del nordeste, que mueve las silenes del acantilado, con sus petalos como faldellines de bailarina de ballet. Han bajado las olas, dejando la playa a las gaviotas, Un pastor alemán recorre la orilla y goza un instante de gloria alborotándolas, espantándolas hacia el horizonte, airadas, entre graznidos. Luego viene, con los ojos iluminados, inequívocamente sonriente, con la lengua fuera, jadeando: ¿verded -pregunta- que lo he hecho bien? Pasa una barca rojobrillante, con sus dos tripulantes doblados sobre el enredo del aparejo y las gaviotas se ponen sobre su estela de burbujas de seda y estrellamarina muertas. El sol ha salido un día más. Se repite el milagro de que vuelva a ser de día y podamos depertar, quitarnos la camisa y recibir el soplo de la brisa, como si Dios nos estuviera haciendo, y ese polvillo de aguamar que sabe a sal verde como un vino nuevo, De pronto, sentimos la necesidad de decirle al mundo que el aire viene cargado de futuro, esperanza, ilusión, alegría y que debríamos hacer lo posible porque esta sensación dure por lo menos hasta la puesta del sol. Mañana Dios dirá. Saludos. Bosco. -