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La mañana es hoy gris, como el alma de una perla, y, sin sol, las gotas de rocía que amanecieron sobre los aterciopelados pétalos de la única rosa del rosal no han aprendido a jugar a irisar la luz del sol. Mustias, las muy hipócritas de las gaviotas graznan perezosamente desde lo más alta de los pináculos de los tejados, desde la punta de la grua amarilla con que construyen la casa del otro lado del río. Dibujan en el río las truchas invisibles unos aros concéntricos con que señalan el centro de su cazadero matinal de mosquitos, que se disputan con las golondrinas, ocupadas en este momento en tratar de apartar nubes para abrirle camino a la lengua del sól, ávida de colores. El pastor no sabe por qué no ha ido hoy a la playa y mira, sin embargo, atento, diríase que todavía esperanzado, con los ojos entrecerrados de sueño. Huele a lejanías y chapotea el mar, en la esquina del puerto, como si carraspeara antes de ponerse a cantar. Podría ser un día triste, pero se advierte que corre el agua y en seguida se sabe que es agua viva, como el tiempo que pasa y que va cantando. Me consta que predica la alegría de vivir. Dios os guarde. Saludos. Bosco. -