LA GRATIFICACIÓN DE LOS SENTIDOS
Kamaloka, EL reino del deseo sensual, está dividido en seis planos principales de acuerdo con sus respectivos grados de atadura y sufrimiento. Son, en orden ascendente:
1) El plano del sufrimiento por excelencia (niraya), “purgatorio”, dicen algunos.
2) El plano de los animales (tiracchana-yoni).
3) El plano de los deseos insatisfechos (seres en quienes el deseo
supera las posibilidades de satisfacerlo –petti-visaya-, asemejándose a un Tántalo eternamente
anhelante.
4) El plano donde prevalece el antagonismo, la aversión (asura-
kaya: a-sura = anti-dios; fuerzas oscuras luchando contra las fuerzas de la luz, suras o devas).
5) El plano humano (manussa).
6) El plano de los seres superiores dentro del mundo sensible (deva-loka).
En el apartado anterior se ha visto cómo el origen del estímulo que reciben los órganos de los sentidos radica en la imaginativa revalorización de cualidades que, puestas sobre los objetos, los tornan deseables. Por eso los deseos humanos son interminables; es como la sed de una persona que toma agua salada: no sólo no la satisface sino que incrementa aún más su sed. Así sucede con el que busca gratificar sus sentidos: sólo gana creciente insatisfacción y multiplica sus penas.
Lo orientales tienen en cuanta a la mente como el
sexto sentido y quizás como el que rige a los demás. De ahí que el Samyutta Nikaya –texto canónico- presenta a través de una instructiva parábola la forma de liberarse de los deseos mundanos. Supongamos -dice el sermón- que uno caza una serpiente, un cocodrilo, un pájaro, un perro, un zorro y un mono; seis criaturas de distinta naturaleza. Los ata con una soga fuerte y los deja ir. Cada una de estas criaturas tratará de volver al ámbito de su pertenencia y mediante sus propios medios. Así la serpiente buscará los pastos, el cocodrilo el agua, el pájaro procurará volar, el perro tratará de localizar algún poblado, el zorro buscará un páramo y el mono la foresta. En el intento de cada uno se originará una lucha, pero atados como están, el más fuerte de todos arrasará con los demás.
Como
las criaturas de esta parábola, el hombre es tentado de diferentes maneras por los varios deseos y controlado por uno de ellos que predomina en un momento dado. Si las seis criaturas de la parábola estuvieran atadas a un poste, tratarán primero de liberarse y al no poder hacerlo, se echarán al pie del mismo. Así, si la gente entrena y controla su mente, terminará con los problemas del resto de los sentidos.
En cambio, si se permite que la mente prosiga en forma incontrolada, llegará a considerarse un ser independiente, adjudicándose indebidamente una identificación con el ser. Esta usurpación es el yo. Ahora bien, siendo la finalidad de la lógica –como lo asegura Robert Linssen- demostrar, por medio de un proceso de raciocinio, el carácter
limitado y los condicionamientos implicados en todo análisis, la misión suprema del pensamiento consiste en demostrarse así mismo las barreras que determinan su función, dándole cuenta de los callejones sin salida a que lo conduce esta identificación; mostrarle una realidad que, engoblándolo todo, lo supera.
Los recientes progresos en cibernética demuestran de manera categórica las características esencialmente mecánicas de las operaciones mentales, y la necesidad que hay de una pausa en la actividad intelectual para permitir que se exprese espontáneamente en el ser lo Real.
No pocos se
han planteado cómo bloquear los sentidos para que los mismos dejen de captar los objetos. Esto es utópico. Pero no es imposible cambiar –mediante un entrenamiento mental que lleve al conocimiento como ejercicio primordial de su función- la actitud de apego que distorsiona los sentidos en tanto instrumentos y, por lo tanto, el concepto que se tiene de la Realidad.
Acerca de esta distorsión de la Realidad y los efectos que provoca, Lama Chime Rinponche lo ejemplifica diciendo que si uno entra en un cuarto donde alguien ha dejado una serpiente de juguete, por un instante queda amedrentado por la impresión de creer que es real. Pero tan pronto descubre que no es así, desaparece el temor. Igual sucede con los eventos del mundo relativo: es posible liberase de todas las sensaciones con que
los sentidos impresionan al ser.
La verdad absoluta –concluye este autor, ratificando de paso lo dicho anteriormente acerca del cambio de actitud- es como la luna, mientras que la verdad relativa es como el reflejo de la luna en un estanque. Normalmente sólo se ve el reflejo y no la luna. Pero para verla no es necesario destruir el reflejo, sino mirar hacia arriba.
La diferencia entre cómo son las cosas y cómo deberían ser produce sufrimiento en quien piensa en esto último. Formarse una idea acerca de cómo debería ser uno y de la felicidad que merece pocas veces se corresponde con lo que
uno es en realidad y lo desconoce. Sostener puntos de vista es alimentar el sufrimiento porque estos son rígidos, inamovibles, mientras que la vida no lo es. No se puede tener éxito de forjar una opinión y luego pretender que la Realidad calce en ella.
Los objetos existen, pero nada obliga a la mente a endilgarle atributos para que estos sean luego codiciados por los sentidos. Apegarse a la idea de que uno mismo se ha forjado de los objetos es perseguir una sombra, un reflejo de la vida. ¿Es la vida, entonces, la que causa sufrimiento; o son los puntos de vista acerca de ella los culpables? La respuesta la brinda el trabajo colectivo realizado por el Buddhist Publication Group: Los pensamientos, si se aferran y retienen, prontamente se convierten en ideas, opiniones y puntos de vista;
y la mente llena de ideas es una mente cerrad a la realidad. Mientras los puntos de vista nos ocupan, la verdad nos pasa de largo. La vigilia y los puntos de vista no pueden coexistir. Es uno u otro. Es nuestro hábito pensar tanto acerca de lo que pasa que ignoramos la experiencia real. Pensar no es experimentar y viceversa. Si sumergimos nuestras manos en agua hirviendo, no necesitamos pensar si está caliente; sabemos al instante que lo está. Todas las situaciones son inmediatamente conocidas por lo que son y los pensamientos acerca de ellas son innecesarios. Estar involucrados en un pensamiento es apegarse a él, creer en él y permitirle que nos conduzca a estados de malestar, odio, pena, ansiedad, deseo, orgullo, arrogancia, etc., entonces puede haber una clara liberación del sufrimiento”.
……………………..
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
Regístrate ya - http://correo.espanol.yahoo.com/