Un fuerte abrazo para todos y feliz verano.
Ya estoy por España tras acabar mi viaje en un monasterio en un
bosque cerca de Chiang mai con 13 interesantes dias de retiro: esta
abriendo ahora ese monasterio para occidentales y no habia mas
meditadores hombres, solo mujeres, es curioso, me dijo el monje, que
los hombres marchaban de alli rapido, los primeros dias, no
soportaban ese silencio y tranquilidad!)
La paciencia es una de las claves no solo para progresar en el
vipassana sino para ser feliz en esta compleja vida. La impaciencia
de hecho (al igual que la sensacion de aburrimiento) son siempre
pruebas claras de que la mente se fue al pasado o al futuro.
Queria recomendaros los libros de Richard Carlson (uno de ello
escrito con Joseph Bailey), que parecen librillos tipicos de
autoayuda pero que enseñan lo que llaman la psicologia de la mente,
que a mi me esta enseñando tanto sobre la vida y la mente como el
Buddha Dhamma y la practica formal. Se basa en la observacion del
pensamiento (es por tanto uno de los fundamentos de la atencion) en
la vida diaria, en como este nos aparta del presente una y otra vez
y como genera continuamente sentimientos de stress... y empezar a
verlo con entrenamiento como una funcion mas de la maquinaria
humana... el dice que si bien las imagenes y los sonidos por ejemplo
pasan rapido por nuestra consciencia y las soltamos, los
pensamientos tienen en realidad la misma naturaleza, pero al ser mas
intimos y transcurrir en "nuestra cabeza" los consideramos
realidades y por ello nos enredamos en pensamientos analiticos todo
el santo dia sin dejar espacio a la calma y a pensamientos
intuitivos.
Adios.
METTA
--- En BosqueTheravada@yahoogroups.com, "Jose M." <dhammajoe@...>
escribió:
>
>
>
> Mi práctica sería la paciencia
> Ven. Achaan Sumedho
>
> Cuando fui por primera vez a Wat Pah Pong no podía entender el
> idioma. Y en aquellos días Achaan Chah estaba en su mejor momento y
> ofrecía charlas de tres horas todas las tardes. Él podía
> seguir... y seguir... y seguir... y a todos les encantaba –era un
> muy buen orador, con un gran sentido del humor y todos disfrutaban
de
> sus charlas. Pero... ¡si no puedes entender el idioma...! Allí
> sentado pensaba: «Cuándo terminará, estoy perdiendo el
> tiempo». Estaba muy irritado y me dije: «Ya he tenido suficiente,
> me voy».
>
> Pero no logré reunir suficiente valor para retirarme, de modo que
me
> quedé allí sentado pensando: «Me voy a otro
> monasterio. Estoy harto de esto; no lo soporto más». Entonces,
> él me miró –tenía la sonrisa más
> resplandeciente– y me dijo: «¿Estás bien?». Y,
> de repente, toda la ira que había estado acumulando por esas tres
> horas se desvaneció completamente.
>
> Eso es interesante, ¿no? Después de estar allí sentado, echando
> chispas por tres horas, la ira simplemente desapareció. Así fue
> que resolví que mi práctica sería la paciencia, y que durante
> ese tiempo desarrollaría la paciencia. Concurría a todas las
> charlas y me sentaba tanto tiempo como me era posible soportar
> físicamente. Tomé la determinación de no perderme ninguna, o de
> tratar de no escaparme de ninguna, y simplemente practicar la
paciencia.
>
> Y al hacer eso comencé a descubrir que la oportunidad de ser
paciente
> fue algo que me ha ayudado muchísimo. La paciencia es una base muy
> firme para mi insight y comprensión del Dhamma; sin ella sólo
> hubiera divagado e ido de aquí para allá, como tanta gente que uno
> ve. Muchos occidentales vinieron a Wat Pah Pong y se fueron
> desorientados porque no eran pacientes. No querían sentarse a
> escuchar charlas de tres horas y ser pacientes. Querían ir a
lugares
> donde pudieran conseguir iluminación instantánea, rápidamente y
> de la manera que a ellos se les antojara.
>
> A causa de los deseos y ambiciones egoístas que pueden impulsarnos,
> incluso en el camino espiritual, somos incapaces apreciar
realmente la
> manera en que las cosas son. Cuando reflexioné y, de hecho,
> contemplé mi vida en Wat Pah Pong me di cuenta de que era una
> situación muy buena: había un buen maestro, había suficiente
> para comer, los monjes eran buenos monjes, los laicos eran muy
generosos
> y amables y había incentivo para la práctica del Dhamma. Mejor
> imposible; fue una oportunidad maravillosa. Y, aún así, tantos
> occidentales eran incapaces de ver eso porque tendían a pensar:
> «No me gusta esto... No quiero aquello... Debería ser de otra
> manera»; y: «Lo que yo pienso es... Lo que yo siento es... No
> quiero que me molesten con esto o aquello».
>
> Por aquellos días, yo era apenas un monje júnior, y una noche
> Achaan Chah me llevó a una fiesta de aldea –Satimanto Bhikkhu
> estaba allí en ese momento. Éramos practicantes muy serios y no
> queríamos ninguna clase de frivolidad o tontería. Y, por supuesto,
> ir a una fiesta de aldea era lo último que queríamos hacer
> –porque en estas aldeas aman los altavoces. De todos modos, Achaan
> Chah nos llevó a Satimanto y a mí a esta fiesta, y tuvimos que
> sentarnos toda la noche con los sonidos estridentes de los
altavoces
> –¡y monjes dando charlas todo el tiempo! Pensaba: «¡Oh, quiero
> regresar a mi cueva –monstruos verdes y fantasmas son mucho mejor
> que esto!». Noté que Satimanto, que era increíblemente serio,
> se veía verdaderamente irritado y crítico y muy desdichado.
> Nosotros sólo nos sentamos allí luciendo infelices. Yo me
> preguntaba: «¿Por qué Achaan Chah nos trae para estas cosas?».
>
> Entonces comencé a observarme a mí mismo. Me recuerdo allí
> sentado reflexionando: «Aquí estoy disgustándome por esto.
> ¿Eso es malo? Lo que es realmente malo es lo que estoy haciendo de
> ello. Lo que es realmente miserable es mi mente. Altavoces, ruido,
> perturbación y somnolencia, puedo soportarlo, pero esa cosa
horrible
> en mi mente que aborrece, se irrita y quiere irse... ¡esa es la
> verdadera miseria!».
>
> Esa tarde comprendí cuánta infelicidad puedo crear en mi mente por
> cosas que, de hecho, puedo sobrellevar. Recuerdo eso como un
insight muy
> claro de lo que pensaba que era la desdicha y de lo que realmente
es la
> desdicha. Al principio culpaba a las personas, los altavoces, la
> perturbación, el ruido y la incomodidad –pensaba que ese era el
> problema. Después me di cuenta de que no lo era; que era mi mente
la
> desdichada.
>
> Si reflexionamos y contemplamos el Dhamma, aprenderemos de las
mismas
> situaciones que no nos agradan en lo más mínimo –si
> tenemos la voluntad y la paciencia para ello.
>
> Achaan Sumedho, «My practice would be patience», The Buddhist News
> Network, www.buddhistnews.tv, Kuala Lumpur, 16-Jun-2004.
Traducción:
> Alejandro P. de León, Buenos Aires, 2004. Corrección: María
> Isabel Zapico. Revisión: 05-Abr-2006.
>
>
http://ar.geocities.com/appamadanet/articulos/mi_practica_seria_la_pa
cie\
> ncia.htm
>