Estos pocos
hábitos marrones
Al revivir la tradición de
monjas en Tailandia,
Dhammananda Bhikkhuni cree que ha cumplido el deseo de Buddha de que
todos
hagamos algo significativo.
A finales de junio, los budistas theravada de Tailandia
contaban con siete bhikkhunis –monjas
ordenadas- y poco más de 20 samaneri, como se les llama a las novicias.
Los
números pudieran parecer retorcidos en un país de 65 millones de
habitantes.
Pero dado que no había ninguna cuando comenzó el nuevo milenio, quizás los números sean impresionantes.
La ex profesora de la Universidad Thammasat, Chatsumarn Kabilsingh, que ahora es la Venerable Dhammananda Bhikkhuni, provocó el cambio tras ser ordenada en Sri Lanka en 2001.
Sin embargo, el consejo de la Sangha de Tailandia –el cuerpo gobernante de la institución eclesiástica- ha rechazado reconocer su ordenación afirmando que el linaje de monjas ha permanecido roto durante más de mil años y que como ya no hay bhikkhunis en el budismo theravada, no puede ser válido una ordenación de una bhikkhuni.
A pesar de las puertas cerradas, Dhammananda ha sido testigo de un aumento entre el público del apoyo a su iniciativa.
“Hay más bhikkhunis ahora, al igual que más mujeres que quieren ordenarse”, dice Dhammananda, que es abadesa del Wat Songdhammakalyani de Nakhon Pathom, el primer y único monasterio para bhikkhunis del país.
Sin embargo para ser ordenada, nos aconseja, se requiere “mucho compromiso y determinación”. Recomienda probar primero la vida monástica.
“De esta manera puedes evaluar tu dedicación y seguridad. ¿Serás feliz o te vas a sentir torturada?”
Las aprendices ayudan en las actividades diarias del templo, y Dhammananda dice que esto se suma al “mucho trabajo que realizamos porque practicamos el budismo socialmente comprometido”.
Después de tres meses, si la aprendiza permanece interesada, es ordenada como una monja con hábitos blancos, una mae-chee como se las conoce en tailandés. Siguiendo otro período de devoción a los ocho preceptos, será ordenada como anakarika, con hábitos marrones.
“Anakarika significa una mujer que abandona el hogar”, explica Dhammananda.
Más tarde, cuando esté preparada para tomar los pasos finales, se la envía a Sri Lanka para ser ordenada primero como una samaneri y después como una bhikkhuni.
Todo el proceso puede llevar años, y la mayoría de las mujeres no pasan el entrenamiento, dice Dhammananda, entre ellas aquellas que han perseguido el camino puramente “por el estatus – porque la gente te muestra respeto y te proporciona dinero”.
A ninguna de las miembro de Wat Songdhammakalyani se le permite tener dinero. Cualquier donación que consiguen son para el templo, el cual a su vez cuida de todas sus necesidades.
“Una vez que tienes dinero, quieres comprar cosas para ti”, dice Dhammananda. “Entonces consigues un aspecto diferente de los otros y como resultado existe la competición. Pero en la vida monástica todo es simple. Esta es la igualdad que debería venir desde dentro de la comunidad misma.”
Unas diez personas – incluyendo a dos bhikkhunis y una samaneri – viven actualmente en el templo. El día de Dhammananda comienza alrededor de las cinco de la mañana con oraciones. Luego, dos veces por semana, se va de ronda a por limosna.
“Cada vez que voy a por
limosna me siento bien porque la
gente nos está esperando. Son felices de verme y hablar conmigo,
incluso si tan
sólo es de manera breve.
Algunos están bastante
enfermos, y sienten que al hacer
una donación se alargarán sus vidas. A veces yo también me encuentro
enferma, y
me pregunto si podré salir, pero cuando pienso en sus caras y mi
responsabilidad para con ellos, simplemente voy.
No voy a por limosnas
todos los días porque los aldeanos
son pobres. Si saliera todos los días seríamos una carga para ellos. El
Buddha
nos enseñó a practicar mettâ – a ser considerados. No podemos esperar
que los
aldeanos nos alimenten todo el tiempo”.
A veces podemos encontrar a Dhammananda conduciendo un retiro para visitantes, incluyendo a estudiantes extranjeros de intercambio. En otras ocasiones es invitada a hablar en seminarios. Para el Vassa – el retiro de la estación de lluvias – está organizando una serie de charlas de 150 horas durante más de cinco días que cubre la historia del budismo, y está muy orgullosa de ello.
“Te ayudará por primera vez a ver realmente todo el panorama de la vida del Buddha, el linaje, la familia y la Sangha,” nos comenta Dhammananda sobre las charlas, que son abiertas a todo el público.
La simpleza de sus días se ven completados con dos comidas al día y oraciones antes de dormir. También ha sufrido las afiladas críticas contra las que despliega “compasión y sentido de humor”.
“Tienes que tener estas cosas, de lo contrario estás muerta,” se ríe. “Mucha de la gente que te insulta no sabe lo que están haciendo, y yo no puedo llevar sus equipajes emocionales sobre mi espalda”.
La dificultad más grande a la
que se enfrenta cualquier
bhikkhuni no es la constricción impuesta por la jerarquía eclesiástica
masculina, dice Dhammananda, sino el control del yo.
“Si no eres seria con tu práctica y desarrollo espiritual, si te enfadas cada vez que alguien te dice algo, está arruinando tu propio camino, ¿y quién va a poder seguirte?”
E independientemente de sus diferencias con el consejo de la Sangha, Dhammananda no se ha arrepentido nunca de su decisión de seguir la vida monástica.
“No
me ordené para buscar reconocimiento. Lo hice porque
creo que es una responsabilidad que el Buddha nos ha dado.
“Durante el resto de mi
vida quiero hacer algo que sea
significativo. Habiendo introducido a las bhikkhuni en Tailandia, puedo
contarle a mis nietos de todo corazón que he cumplido con mi parte”.
La dirección de internet de
Wat Songdhammakalyani es
ThaiBhikkhunis.org.
Un cambio en el espíritu
Sri Lanka, que reintrodujo la ordenación completa para las
bhikkhuni en 1998, con la bendición de su bhikkhu superior, actualmente
tiene
cerca de 500 monjas.
En julio, el Dalai Lama
presidió un congreso con unos 300
eruditos budistas de todo el mundo para decidir si se debería reavivar
la orden
de bhikkhunis en la tradición Mulasarvasativada en Tibet.
Existió un apoyo unánime. Tan
sólo los detalles de los
rituales siguen sin resolverse.
Aún así, dice Dhammananda, es poco probable que cualquier reforma entre los budistas tibetanos haga tambalear al clero tailandés - aunque ella no está muy preocupada por ello.
“Hemos hablado muchísimo sobre esta puerta cerrada, pero ya sabes, el cerrojo se oxida, la llave se ha perdido y finalmente la puerta se desmoronará por sí misma a causa de las termitas”
Sopaporn Kurz
1 de Septiembre de 2007
Publicado en The Nation,
Periódico Independiente de Tailandia
Traducido del inglés por DhammaJose para Bosque Theravada
Enlaces
fuente (en inglés):
http://www.nationmultimedia.com/2007/09/01/lifestyle/lifestyle_30047274.php
http://www.thaibhikkhunis.org/eng/index.php?option=com_content&task=view&id=44&Itemid=8