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El Yo emírico yel yo Trascendental   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #16 de 2208 |
Hola amigo José. Un saludo para ti y todo el grupo. Te comento que en este caso poseo el orígen de la nota enviado, lo extraje del Libro El Sutra de La Serpiente, les envío otro capítilo del mismo libro, no recuerdo si poseo más tendré que buscar en mis archivos dentro de la P. C. Poseo infinidad de notas de orden ocultista, religioso, orientales de muchos origenes, hace trece años que las he ido recopilando, de algunos desconosco su origen, pues algunas las he recibo de mis padres amigos y compañeros de ruta.
Contigo estamos uno a uno, pues  la nota que enviastes en el día de hoy me re gustó, y te agradezco la dirección web que nos haz enviado.
Gracias por compartir amigo.
Kumar
 
EL YO EMPÍRICO Y EL YO TRASCENDENTE
 
   T. R. V: Murti Afirma que hay dos corrientes principales en la filosofía india: una basada en la doctrina del atma (Upanishads) la otra del anatma (Buda); Ellas conciben la realidad según dos exclusivos modelos. Las Upanishads y los sistemas siguen la tradición brahmánica estructuran la realidad sobre el modelo de una médula interior o alma (atman), inmutable e idéntica, en medio de una región externa de impermanencia y cambio, con la cual no está relacionada o al menos no mucho. Esto puede denominarse la óptica substancial de la realidad (atma-vada).
   La otra tradición está representada por la negativa budista de la substancia y todas sus implicancias. No existe una médula interior e inmutable en las cosas: todo fluye. Para el budista, la existencia es momentánea, única y unitaria. Es discontinua, discreta y carente de complejidad. La substancia fue rechazada como ilusoria: no era sino una construcción mental hecha bajo la influencia de una concepción errónea. Esto puede tomarse como el punto de vista formal de la realidad.
   Los budistas desarrollaron su epistemología y su ética en total acuerdo con su metafísica. Su peculiar enfoque de la percepción e inferencia, y la doctrina complementaria de la construcción mental son consecuencias necesarias de la negación de la substancia, adecuándose a su vez este punto de vista con la teoría del karma y el renacimiento. La ignorancia –que es raíz del sufrimiento-, es la errónea creencia en el atman; la sabiduría consiste en la erradicación de esta creencia y sus malignas derivaciones.
   Resumiendo las diferencias, el sistema brahmánico tomó al Ser como real; el budismo lo consideró un devenir; el primero expuso lo universal, lo existencial y estático; el segundo, lo particular, lo secuencial y dinámico; para uno, lo arquetípico es el espacio; para el otro, el tiempo. Los sistemas brahmánicos son más categóricos y positivos en su actitud, mientras que los budistas son más negativos; el anterior es dogmático y especulativo; el budista, más empírico y crítico. El budismo está poco interesado en las especulaciones cosmológicas y en las explicaciones constructivas del universo. Los sistemas brahmánicos, apegados a la tradición original, aceptan el carácter autoritario de sus libros (los vedas); el budismo deriva su inscripción de un criticismo basado en la experiencia.
   En el Sutra de la Serpiente –dice Nyanaponika Thera- se menciona la más grave de las falsas opiniones: la creencia de un Yo, en un ego permanente. El sermón fundamenta la doctrina de anatma, la enseñanza del no-Yo, la médula del budismo y una de las figuras más singulares. Es de una naturaleza revolucionaria y no tan fácilmente absorbida por la mente humana que, desde un remotísimo pasado, está habituada a pensar y actuar en términos de “yo” y “mío”. Pero esta desviación hacia el egocentrismo debe ser quebrada en los niveles intelectual, emocional y ético, si uno se quiere liberar del sufrimiento. En esta tarea, la repetida y cuidadosa consideración de este discurso puede convertirse en una valiosa ayuda.
   En la sección 15 del Sutra de la Serpiente habla de las fuentes de donde deriva y se forma la noción de un Yo. Es, en primera instancia, la identificación con cualquier o todos los factores que constituyen lo que convencionalmente se llama “la personalidad”. La identificación con el cuerpo es el terreno o punto de vista para sustentar el materialismo. El sentimiento es visto como la médula del ser, en la actitud hedonista de la vida o cuando, en las enseñanzas místicas, el alma es considerada como una bendición divina. El Yo es identificado con la percepción cuando se la iguala a comprensión, cuando la personalidad es considerada sino un paquete de sensaciones. Los pensamientos contribuyen a la creencia en el ego cuando la voluntad es considerada como la esencia definitiva del yo y del mundo, o cuando cualquier otra función de la mente recibe un énfasis emocional o intelectual excesivo. Finalmente, cuando el yo es tomado como la totalidad de la mente, aparecen los conceptos de Súper-Conciencia o Conciencia-Cósmica, o cualquier otra noción de un Súper-yo, imaginando su existencia más allá de la personalidad.
   El punto de vista de que el yo es la personalidad se encuentra en aquellas escuelas que creen en la resurrección final de la mente, del cuerpo, de ambos, o de otras formas de supervivencia, sea en un eterno paraíso o en un eterno infierno.
   Muchos sostienen: “Esto es mío; esto soy yo”. Esta tenaz creencia de la adhesión al alma posee dos raíces: primeramente, en una profunda urgencia por la auto-afirmación y auto-perpetuación; en segundo lugar, en las condicionantes fuerzas de la educación, el entorno y la tradición.
   En la sección 18, del Sutra de la Serpiente, es demostrado que la creencia en “yo” y “mío”, en lugar de otorgar un sentimiento de seguridad es una causa de ansiedad, temor y preocupación. Y aún cuando la fe en un alma inmortal se quiebre, su efecto posterior es tan fuerte que la apropiación de un yo personal persiste a través del temor de la aniquilación, convirtiéndose en una fuente de desesperación. Esta creencia en “yo” y “mío”, y un apasionado apego a ellos, es en la filosofía existencial, la angustia y la neurosis de ansiedad que atrapa al hombre moderno. La creencia en irrealidades –aún temporariamente- termina, sin la menor duda, en frustración y desesperación.
   Ante este panorama, cabe preguntarse ¿por qué existe esta confusión entre Yo y yo, entre el alma trascendente (el Universo) y él alma empírica (cuerpo-sentidos)? ¿Por qué ha aceptado el Yo dejarse arrastrar a una órbita extraña –la de la vida particular-, y engendrar al hombre así como es, el hombre concreto histórico, consagrado a todo drama, en la lucha con todo sufrimiento? ¿Cuándo, y en ocasión de qué, comenzó esta tragedia de al existencia del hombre, si es cierto que la modalidad antológica del espíritu es exactamente opuesta a la condición humana, siendo el Yo eterno, libre y pasivo?
   Se ingresa aquí en un terreno metafísico ante el cual sólo es posible adoptar una actitud agnóstica, sin respuesta. La causa y el origen de esta situación del  espíritu y la experiencia son dos aspectos de un problema que se considera insoluble, ya que sobrepasan la capacidad actual de la comprensión humana. Efectivamente –aclara Mircea Eliade-, el hombre conoce y comprende merced a lo que se llama el intelecto (buddhi). Pero este no es más que un producto –extremadamente refinado, es cierto- de la materia, de la substancia primordial (prakti). Siendo un producto de la Naturaleza, un “fenómeno”, el intelecto no puede mantener relaciones de conocimiento sino con otros fenómenos (que forman parte, como él, de la infinita serie de creaciones de la substancia primordial); en ningún caso podría conocer el Yo, pues no podría sostener ninguna clase de relaciones con una realidad trascendental. La causa, tanto como el origen de esta asociación paradójica del Yo y de la Vida (es decir, de la materia) solamente un instrumento de conocimiento diferente al intelecto y que no implicara en absoluto a la materia, podría llegar a comprenderlos. Ahora bien, tal conocimiento es improbable en la condición humana actual. Ese conocimiento se “revela”solamente a aquel que, habiendo roto sus cadenas, ha sobrepasado a la condición humana: el “intelecto” no tiene parte alguna en esta revelación, que es más bien el conocimiento mismo, del Yo en sí.
   La causa de la “servidumbre”, es decir, de la condición humana, del sufrimiento, es la ignorancia metafísica, que en virtud de la ley kármica se transmite de generación en generación; pero el momento histórico en que esta ignorancia hizo su aparición no puede ser establecido, tal como es imposible fijar la fecha de la creación. La unión del Yo y de la vida, así como la “servidumbre” que resulta de ello (para el Yo) no tiene historia; están más allá del tiempo, son eternas. El querer encontrar una solución a esos problemas –sentencia Eliade-, no solamente es superfluo, es una niñería. Esos son problemas mal planteados, y según una antigua costumbre brahmánica observada por el Buda en varias ocasiones, aun problema mal planteado se responde con el silencio.
   La única certidumbre que se puede tener es que el hombre se encuentra en esa condición sufriente desde las épocas más remotas, y que el objetivo del conocimiento no es la vana búsqueda de la causa primera y de los orígenes históricos de esa condición, sino la liberación.
 
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k_b_d_azvins
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