Amigo José: Nos harás falta. Buen Viaje.
Kumar
LA ESPIRITUALIDAD COMO RESPUESTA A LA FRUSTRACIÓN
Ya se debería saber que a la Realidad hay que tomarla tal cual es. Querer
modificarla a gusto de cada uno es frustrarse doblemente: por un aparte, no se logra acertar con los medios adecuados para ello; por otra, no se consigue el objetivo deseado, con lo cual aumenta más aún la ansiedad.
El antiquísima la anécdota del príncipe que pretendía se alfombrara con pieles toda la superficie por donde él tenía que transitar, cuando –le aconsejó un súbdito- era muchísimo más fácil que el soberano se envolviera los pies con tiras del mismo material.
Todo intento de adecuar la Realidad no es sino un producto de la ignorancia básica que invaden a todos los seres que se hallan en “esta orilla”, en el
incesante ciclo de las dolorosas reencarnaciones, reencarnaciones que son a su vez el resultado de la esclavitud material, del apego a los “bienes” terrenales.
La humanidad sigue pendulando entre dos polos, sigue creyendo en la lucha entre el Bien y el Mal, entre el Cuerpo y el Alma, entre el Samsara y el Nirvana, sin superar ese estado de dualidad y, por lo tanto, sin abolir todos esos puntos de vista que distorsionan la Realidad.
Si en lugar de trabajar tan sólo la razón (analítica, discriminativa), obrara una poco más la Intuición (analógica, unitiva), quedaría a un lado la ignorancia para dar paso a ese Conocimiento superior, no dual, que consiste en captar
la Realidad dentro de uno mismo, ser uno mismo, ser uno mismo irrestrictamente la Realidad ya que no habría así diferencia alguna entre lo que existe y lo que se aprehende. Eso es la libertad, la Verdad.
El sufrimiento –atributo inherente a la condición humana, como lo puntualizó el Buda- es una consecuencia de la esclavitud de escape de la voluntad posesiva frustrada. Al deseo sigue el sufrimiento –como una sobra al cuerpo-, porque la mente apegada revaloriza con distintas cualidades a los objetos y luego va en pos de esas supuestas virtudes que imaginativamente puso en ellos. Libertad es liberarse de falsas revalorizaciones; liberarse del ejercicio de una imaginación vana; liberarse de la mente posesiva; pero más importante aún, es liberarse del sufrimiento que provoca la
ignorancia.
Cuando alguien tiene un atisbo del agudo contraste que existe entre la esclavitud y la libertad –esto es, entre la ignorancia y el Conocimiento-, comienza su vida espiritual, su intento por alcanzar un estado no dual, unitivo con el Universo; un estado donde la posesión sea de uno mismo, no los objetos del deseo; donde se tenga consciencia de que el sufrimiento no es un fenómeno pasajero sino un factor permanente y generalizado que debe ser suprimido de raíz.
Encarnar significa, inexorablemente –ya sea uno príncipe o mendigo-, sufrir. Y, en la inmensa mayoría de los casos, verse frustrado en el anhelo de
anular esta sensación. Ello se debe a que es la ignorancia la que lo engendra. Luego, siendo un efecto, eliminado la causa desaparecería. Si no fuera así, si el sufrimiento fuera parte de la Naturaleza, no podría tener ningún éxito la empresa de derrotarlo. Pero la experiencia de los que lo lograron indica que existe un medio cuyo resultado final no es necesariamente la frustración, sino todo lo contrario. Este medio es la vida espiritual.
Como bien dijo un ensayista: “Si hubiera otro medio más fácil o beneficioso de remover el dolor, nada nos llevaría a la filosofía”. La Convicción de que los medios mundanos no son remedios sino que aprietan aún más la garra de la esclavitud, y que sólo el Conocimiento puede cortar de raíz el sufrimiento, es el comienzo de la vida
espiritual.
EL SUTRA DE LA SERPIENTE
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