Y la vergüenza de los Tribunales. El problema es que lo que dictan es
una condena a muerte, irreversible, sin posibilidad de enmienda,
rectificación o clemencia. Condenan el Camino en función de criterios
de "interes social". ¿Y si dentro de treinta o cuarenta años cambiaran
esos "criterios"? Para entonces el reo estaría ya ejecutado y
enterrado.
Es una verdadera desgracia estar en manos de máquinas (humanas) sin
más alma ni credo que una guía de teléfonos (pues eso son las leyes
que no tienen espíritu)
Sólo sería deseable que la UNESCO pegue de una vez por todas un
puñetazo encima de la mesa. Y, tal y como están las cosas, es la única
tabla de salvación. Se debe, y nosotros ya estamos en ello, estar
continuamente encima del ICOMOS, informando y denunciando hasta las
más mínima tala de arbolado, hasta conseguir ese puñetazo. Es el único
CAMINO que nos queda.
Desde Galicia, José Antonio de la Riera, AGACS.