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El Correo digital (05.08.08) El secreto del pulpo de Ezequiel
<http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080805/sociedad/secreto-pulpo-\
ezequiel-20080805.html
> La tradición empuja a los peregrinos a una
vieja pulpería de Melide para comer raciones de 'a feira' con
cachelos y vino Ribeiro. Japoneses, ingleses, españoles... todos
terminan cantandoCada día aprieta más el calor. En Palas de Rei,
el pueblo de Pepiño Blanco, vicesecretario general del PSOE y azote
del PP, que tiene su casa detrás del albergue municipal, desayunamos
las mejores tostadas del camino hasta la fecha, en la pensión Plaza.
Cedemos el sitio a dos jóvenes húngaras que se disponen a hacer lo
propio. La caminata resulta agradable. Nos rebasan dos chicos
madrileños a un paso vivo, al que nos sumamos con la respiración
agitada. Ángel y Jorge, de Pinto y Alcobendas, empezaron a caminar en
Ponferrada. La charla con ellos resulta ágil. En pocos minutos Jorge
o Jordi, de padre catalán, nos cuenta que está opositando a
policía nacional por tercera vez y que se está preparando a fondo.
Se conocieron hace tres años trabajando para una empresa de 'El
Pocero', que terminó implicada en un caso de corrupción. Uno
llevaba una hormigonera y el otro una grúa. Han decidido peregrinar
al alimón porque se sienten «muy afines». Llevan el mismo ritmo
y a sus respectivas novias les gustan otros planes para las vacaciones,
como «la playa y un hotelito tranquilo». Envenenado, Jorge ha
llegado a caminar hasta 60 kilómetros en un día, desde Ferreiros,
un pueblo anterior a Cebreiro, hasta Melide. Terminó de andar a las
nueve de la noche y se comió varias raciones de pulpo 'a feira' sin
pestañear. Batió su récord de 6 kilómetros a la hora (lo
normal es ir a un ritmo de 4). En la primera parada, en Leboreiros, en
un bar llamado Los Dos Alemanes (Die Zwel Delitschen), dentro ya de la
provincia de A Coruña, nos encontramos con nuestros amigos de
Benidorm, sentados en una terraza al sol. Natalia y su hermana vuelven a
caminar, aunque no en plena forma, después de pasar un día
lesionadas. De repente, salen de una esquina siete caballos en fila. Sus
jinetes son alemanes, de Berlín. Sabrina, la amazona que encabeza a
estos peregrinos de la empresa Hufbeschlagartikel Reitershop Philipp, de
Poaareb-Glien, nos cuenta que partieron de Fonsagrada (Lugo), en el
Camino del Norte, que discurre por la costa cantábrica, y pasa por
Bilbao, Castro Urdiales... y que han recorrido de 25 a 30 kilómetros
al día. Vestida con un gorro a lo Indiana Jones y una camisa blanca
con cordones, monta a una yegua llamada Galia, de color blanco tostado
con pecas oscuras y unos sorprendentes ojos azules claros. Según
dice, los animales «lo llevan muy bien». El año pasado
empezaron en los Pirineos, en San Juan a Pie de Puerto. No todos los
albergues del camino permiten guardar caballos, aunque es una de las
formas de peregrinar para conseguir el jubileo. «Nos quedamos siempre
en pueblos pequeños donde hay algún prado, le preguntamos al
dueño si le importa y todos se alegran de ver a los caballos, la
gente aquí es muy amable», agradece. En dos días llegarán a
Santiago. Tendrán que entrar antes de las diez de la mañana, por
estrictas normas del Ayuntamiento. «Dicen que tienen que limpiar los
excrementos y que más tarde habría turistas, gente haciendo
compras... Tendremos que hacernos la foto corriendo y marcharnos», se
resigna Sabrina. El viaje por carretera desde Berlín les costó
tres días. Los caballos iban en remolques. Algunos de los jinetes
peregrinos tienen «una motivación religiosa, pero la mayoría lo
hacen para conocer el camino, una ruta histórica tan importante para
toda Europa», justifica Sabrina. Lo que más les ha gustado han
sido «los paisajes maravillosos, que cambian cada día, las
iglesias, el arte...» Se alegran de que haga tan buen tiempo. Sabrina
ha vivido seis meses en Madrid y también en Galicia. «Me gusta
mucho el país, ¡la gente es tan amable y simpática!»,
sonríe. Hambre voraz Quedan sólo 55 kilómetros para Santiago,
nos chiva uno de los cientos de mojones indicativos colocados cada medio
kilómetro en Galicia. Nos volvemos a encontrar de frente con
Danielle, la mujer que peregrina al revés, quien lleva recorridos 3,4
kilómetros para coincidir con su marido en la mitad de la etapa. Le
recomendamos que en Melide hagan una parada en Casa Ezequiel y coman
pulpo. Luego nos lo agradecerán. A la entrada de Melide se sitúa
el Bosque de los Peregrinos, donde se alza un joven roble con una placa
en memoria a Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua asesinado por
ETA (19-7-97). Sus padres son de esta localidad coruñesa, como tantos
otros emigrantes gallegos en Vizcaya, que regresan en sus vacaciones. De
fondo suena el 'cri-cri' de los grillos. El paisaje empieza a cambiar.
Los castaños y robles dan paso al pino y el eucalipto, un árbol
que arrasa la tierra en la que se planta. A mediodía llegamos con
hambre voraz a Casa Ezequiel, la pulpería de Melide en la que
tradicionalmente los peregrinos paran a comer. El negocio lo abrieron
Ezequiel y su mujer justo después de casarse, en 1960. Dentro de dos
años cumplirá las bodas de oro. Entonces, cocían el pulpo en la
calle y cuatro mujeres vestidas de negro les ayudaban a cortarlo y
servirlo. Los comensales se sentaban en bancos corridos y las mesas eran
tablones. Hoy, el 'alma mater' está jubilado y su mujer sufrió
recientemente una trombosis de tanto trabajar. Ahora llevan las riendas
su hija Mercedes y su yerno Jorge, un digno sucesor que ha aprendido el
oficio de cocinar el octópodo al estilo de la casa. La pulpería
ha sufrido varias remodelaciones y, aunque mantiene la esencia, tiene
capacidad para 600 comensales. Jorge desvela que el secreto de su receta
es «que el pulpo sea del país», mientras extrae de un cubo
varios cefalópodos rosados. «Los congelamos de ocho a diez días
para matarles el nervio». Ezequiel vende 150 kilos de pulpo al
día, y eso que «se nota la crisis; hace dos años eran 300
kilos». La gente llega por oleadas; las mayores, de 1.30 a 4, y por
la noche, sobre todo los sábados y domingos. Pimienta y sal gorda
Jorge cree que los peregrinos acuden en masa a su local, en el que lleva
trabajando 18 años, «por la forma de atenderles. Nosotros y todo
Melide, si no es por los peregrinos, estaríamos a verlas venir»,
señala pasándoles los dedos por la nariz en un claro gesto.
«Muchos dicen que son un estorbo, pero no», sentencia. Primero
calienta el agua. «El pulpo tiene que estar tieso, las hembras no se
comen porque son como goma al masticar». «Lo tengo diez minutos
hirviendo y después hora y media de descanso en el agua», detalla.
Una vez listo, se corta con unas tijeras y se sirve sobre platos de
madera. El toque final es la sal gorda y el pimentón, que se vierten
de botes de colacao con agujeros en la tapa, a modo de salero. Cada
ración cuesta seis euros. El pulpo se acompaña con cachelos, pan
de aldea y otras delicias de la gastronomía gallega, todo ello regado
con tazas de vino blanco ribeiro. De postre ofrecen a elegir una tarta
de Santiago empapada en oruxo o una de queso de la tierra. Por
último, un café de puchero y chupito. El efecto del alcohol se
nota en los peregrinos -japoneses, ingleses, australianos... comiendo
pulpo a dos carrillos- que terminan cantando y montando un gran
alboroto. No para de entrar gente. «Este negocio te da para criar a
tus hijos y vivir relativamente bien, dándote algún pequeño
lujo en verano, pero en invierno no hay gente». Mientras nos habla,
Jorge está pendiente de las mesas y de los clientes que entran.
«He aprendido a respetar a quien te deja un duro y a dar de comer a
quien no tiene». Es la filosofía que tanto éxito ha dado a sus
suegros. En una de las mesas se sienta un grupo canario; en realidad
son «cuatro 'conejeros' (de Lanzarote) y un canarión, que les
trajo a todos». Sergio, Marcial, Paco, Paco Juan y Pedro. El primero,
que ata su pelo rizado negro en una coleta baja, se confiesa un poco
desencantado. Le fastidia el afán de la gente por llegar a los
sitios. «Santiago no lo es todo, lo importante es el camino. Nosotros
nos vamos relacionando con los lugareños, no tenemos prisa, pero
algunos peregrinos sólo piensan en llegar al albergue, no disfrutan.
Esto es un jolgorio, la gente va en gua-gua (autobús), ¿qué
camino es ése?», protesta. Empezaron en Cebreiro, y no planean las
etapas, sino que paran y duermen cuando se sienten cansados; tampoco
saben cuándo van a llegar a Santiago. Juan lo ha pasado bastante mal.
«El lunes estuve caminando con fiebre, y además tengo una
lesión muscular, pero no quiero abandonar». Con la tripa llena de
pulpo y el Ribeiro corriendo por las venas, los peregrinos continúan
su marcha. Aún quedan 13 kilómetros y medio hasta Arzúa.
¡Puf!
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080805/sociedad/secreto-pulpo-e\
zequiel-20080805.html

<http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080805/sociedad/secreto-pulpo-\
ezequiel-20080805.html
>


[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]




Mar, 5 de Ago, 2008 8:22 am

defensacamino
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El Correo digital (05.08.08) El secreto del pulpo de Ezequiel <http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080805/sociedad/secreto-pulpo-\ ezequiel-20080805.html>...
defensacamino
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5 de Ago, 2008
8:54 am
Avanzado

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