Una ciudad gobernada por bicicletas
El ingeniero exiliado hace más de 30 años ideó en los 80 el sistema de bicis comunitarias, pero ahora va por más. Quiere sembrar las ciudades argentinas de aparcamientos donde la gente pueda dejar la propia, para generar una masa crítica en la calle.
Una ciudad donde las
bicicletas manden, obliguen a los autos a bajar su velocidad, donde el
transporte más ecológico ponga las reglas. Esa idea desvela desde hace
más de dos décadas sueña el argentino Pedro Kanof. En los 80, se le
ocurrió un sistema de bicicletas comunitarias que entonces no
entusiasmó a ninguno de sus interlocutores, pero dos décadas después se
convirtió en una realidad en muchas ciudades. Ahora, cree que el
desafío no es monopolizar el alquiler de bicicletas, como ocurre en los
actuales emprendimientos, sino hacer que la gente se decida a salir de
su casa con la bici propia. Desalentar los autos y promover las dos
ruedas. Así, considera que lo fundamental es generar una masa crítica
de bicis que logren bajar la velocidad promedio en la ciudad a 5
kilómetros. "¿Qué pasaría si en una esquina céntrica de Rosario hay
cientos de bicicletas, o si son mayoría en 300 metros? El auto tendría
que adaptar su marcha a ellas", dice Kanof con toda lógica. Y se
adelanta a algunas críticas: "Yendo más despacio, se llegaría antes.
Porque hoy, los embotellamientos obligan a algunas personas a estar
muchas horas viajando", indica Kanof, quien ideó una ciudad con más
estacionamientos para bicicletas que autos.
El autor de la idea es un ingeniero egresado de la Universidad
de Buenos Aires, que debió exiliarse en 1972 en Italia. Allí vivió por
décadas, aunque ahora reparte su tiempo entre Washington y Milán. Su
proyecto actual difiere del implementado en muchas ciudades de Europa,
y también en Washington. Mientras lo que existe hasta ahora consiste en
sistemas de alquiler automático, con abonos diarios, mensuales o
anuales, concesionados por firmas privadas, Kanof propone instalar lo
que llama parkeos (estacionamientos) de bicicletas por toda la ciudad,
que se puedan pagar con una tarjeta magnética personal, para que cada
quien pueda dejar su propia bici en un lugar seguro. Su proyecto
industrial se compone de módulos estándar, cuya instalación no
requerirá romper las calles, y trasladables, de manera que puedan
ponerse en el lugar donde vayan a necesitarse. Por ejemplo, si hay un
recital o una manifestación en determinado lugar de la ciudad, poner
allí más módulos, para que todos puedan dejar sus bicicletas. El
sistema, que vino a promocionar en Rosario como lo está haciendo por
toda América Latina, también contempla el tema de la inseguridad.
Asegura que sonará una alarma si alguien trata de retirar un vehículo
sin la tarjeta magnética que identifica a su dueño.
"El coche no puede imponer su ley a medios más débiles. Es
hora de aprender que la bici, que es débil, puede ayudar a ahorrar
energía, vivir en ciudades con clima limpio, llegar antes, y terminar
con el sedentarismo que provoca muchas enfermedades", puntualiza Kanof
su visión del transporte del futuro. La visión puede parecer utópica,
pero también es necesaria, por económica, ecológica y saludable. Según
Kanof, todas las ciudades del mundo que plantean sistemas de alquiler
de bicicletas equivocan el eje. Y pone como ejemplo a París, donde el
15 de julio de 2007 se lanzó el plan Velib con bombos y platillos.
Allí, la empresa privada JCDesaux compró 20 mil vehículos para alquilar
y también instaló 1450 parkeos. "Es una gota de agua en el océano",
considera Kanof. Es que esa metrópolis tiene 12 millones de habitantes,
y según las estadísticas, existe una bicicleta cada 4 personas. Es
decir que, según los estudios de Kanof, hay 3 millones de rodados
guardados en las casas de París. "Si un 20 por ciento de los parisinos
usara su propia bicicleta para salir a trabajar, a hacer las compras o
a pasear, serían 600 mil bicicletas en la calle. Eso significa que
habría 30 veces más de las que hoy alquila Velib", plantea Kanof. Y se
pregunta por qué París no hizo algo para sacar todas esas bicicletas a
la calle. El proyecto de París le interesa por su magnitud, ya que fue
el más impactante de todos los que se pusieron en práctica en Europa,
donde hay sistemas de bicicletas comunitarias en Barcelona
(administrado por una competidora directa de JCDesaux, la
norteamericana Clearchannel Outdoor), Sevilla, Viena, Bruselas y Milán,
entre muchas otras ciudades, que se amplían en forma permanente. Pero
la capital francesa también le interesa porque tiene fundadas razones
para reivindicar la propiedad intelectual de esa propuesta.
Sus críticas a las iniciativas tienen que ver con la escala,
porque no resuelven realmente el tema del transporte, pero también con
la implementación. Las empresas de publicidad callejera JCDesaux
(París), Clearchannel Outdoor (Barcelona) y Cemusa (Roma) monopolizan
hasta ahora el sistema. "Alquilando en modo automático las bicicletas
expulsan del mercado a las empresas que durante muchos años estuvieron
alquilando bicicletas. Mi proyecto incluye a las firmas que ya existen
en el rubro, para que puedan seguir trabajando en competencia", indica
Kanof.
Kanof tiene su proyecto industrial, a partir de la empresa
Kanof Urban Mobility. Los parkeos permitirán, a su juicio, que la gente
saque las bicicletas de sus casas. "Tengo la solución tecnológica que
catalizará la presencia en la calle de las 600 mil bicicletas que tiene
París, por ejemplo", se entusiasma. Y asegura que su propuesta también
soluciona "a partir de la masa crítica" tanto el tema de las muertes de
ciclistas en accidentes de tránsito como la falta de comodidad que
supone sacar la bicicleta de un departamento (ya que podrá permanecer
en el parking).
Kanof está en contra de las ciclovías, porque las considera
inseguras y poco democráticas. "Hay que llenar las calles de
bicicletas, eso es lo democrático", consideró. Y cree que el rodado del
futuro, si se le aplica investigación, podrá ser mucho más confortable.
"Nuestra vida depende de muchas cosas que cambiaron en los últimos 60
años, como el celular, o la ropa misma. Pero no se destinó nada a la
investigación en las bicicletas durante los últimos 100 años. Así que
no sabemos cómo será la bici del futuro, pero cambiará", exclama.
Sonia Tessa www.pagina12.com.ar
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