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Por un año sin coches... y un día sin hipócritas
x Alberto Frías - [ 22.09.05 ]
Llega una nueva edición de la jornada “El día sin mi coche” convocada por
distintas administraciones bajo el impulso de la Unión Europea. Año tras
año asistimos a la misma escenificación hipócrita y vacía de contenido.
Un alcalde que se sube a una bicicleta como si domara un potro salvaje,
dos calles cortadas en el centro que serán pasto de los onanistas
vehículos privados horas después, un tríptico lleno de espacios comunes y
ningún compromiso, y muchas declaraciones redondas como neumáticos, bla,
bla, bla.
Mientras tanto se concede el Príncipe de Asturias a un piloto de
fórmula-1 como ejemplo de valores para la juventud (a más velocidad menos
cerebro), a los amantes del ciclismo se les martillea con un spot
publicitario que clama: «La bicicleta es sufrimientoŠ La bicicleta es
dolorŠ ¡Pues cómprate un coche!». Uno de cada dos anuncios televisivos es
de coches, donde se asocia la posesión de este artefacto sanguinario con
conceptos como el de libertad, velocidad o indepen- dencia. El parque
automovilístico crece imparable en toda Euskal Herria y a nuestros
próceres no les dan las meninges para más que montar el numerito un día
al año. Que se lo miren, las esquizofrenias son peligrosas.
Sólo en la UE mueren anualmente 50.000 personas por accidente de tráfico
y más de millón y medio resultan heridas de gravedad. A estas frías
cifras habría que añadir los efectos del tráfico rodado sobre el
calentamiento del planeta, el aumento de emisiones de CO2, las patologías
derivadas de la contaminación atmosférica o acústica, la deshumanización
de unas ciudades diseñadas al servicio de los automóviles y contra las
personas, el recorte de las prestaciones sociales como resultado de la
adscripción de los fondos públicos a la construcción de más y más
infraestructuras de transporte.
El 73% de la distancia recorrida por las personas en la CAPV se realiza
en vehículo privado y sólo el 18% en autobús, tren o metro; la UPV ha
evaluado los costes de la congestión en torno a los 1.200 millones
anuales; la superficie ocupada por las infraestructuras de transporte es
el doble de la media comunitaria; en 2003 se matricularon 75.000 nuevos
vehículos en Vascongadas; las emisiones de gases de efecto invernadero
procedentes del tráfico han aumentado un 85% entre 1990 y 2003. El cáncer
de la movilidad promete dejarnos paralíticos.
Si los datos sobre la enfermedad son alarmantes los remedios son
terroríficos. Supersur en Bizkaia, Transpirenaica en Nafarroa, sucesivos
cinturones en Donostialdea, Eibar-Gasteiz en Araba y valle del Deba, Tren
de Alta Velocidad por todas partes, y todo en nombre de la
sostenibilidad, mucha sostenibilidad, el desarrollo sostenible como
método para hacer sostenible lo insoportable. Que le pregunten a la
flamante nueva consejera de transportes del muy sostenible gobierno
tripartito que ha inaugurado su cargo con la intención de «construir
Euskal Hiria», vendiéndonos una vez más la construcción nacional envuelta
en cementación nacional.
Con los fondos públicos que se van a dilapidar en destrozar nuestra
tierra con el TAV, sobraría para financiar un transporte público,
gratuito y eficaz en toda Euskal Herria para todas las personas durante
más de 30 años. El dinero del bolsillo común que se van a gastar estos
días para vendernos humo en Iruñea, Gasteiz o Donostia, que lo inviertan
en algo tan simple como dotarnos de estaciones de autobuses dignas,
porque la primera es un carcamal que amenaza ruina y las otras dos, tras
muchos años de provisionalidad, simple y llanamente una vergüenza. Las
cuatro capitales vascas del Sur de Euskal Herria aumentan el espacio que
se dedica al coche y la superficie asfaltada, mientras se suman a esta
convocatoria sin adoptar una sola medida práctica, efectiva, para paliar
esta situación de emergencia; todo lo contrario, sus últimos planes
urbanísticos, sus diseños de ciudad, están pensados desde la lógica del
coche, no vemos en ninguna de ellas voluntad real de enfrentarse a esta
situación.
A la ciudadanía, recordarles una reflexión de Ivan Illich de hace más de
20 años: «El varón americano tipo consagra más de 1.500 horas por año a
su automóvil. Sentado dentro de él, en marcha o parado, trabajando para
pagarlo, para pagar la gasolina, los neumáticos, los peajes, los seguros,
las infracciones y los impuestos para la construcción de carreteras y
aparcamientos. Le consagra cuatro horas al día en las que se sirve de él
o trabaja para él. Estas 1.500 horas anuales le sirven para recorrer
10.000 kilómetros, es decir, 6 Km. por hora».
Desde Eguzki la propuesta es justamente la contraria, impulsar la jornada
“Por un día con cochesŠ y sin hipócritas”, hacer un llamamiento a
utilizar determinado día todos los coches, los efectos serían mucho más
positivos. ¿Os imagináis el caos total, la exasperante parálisis, si se
ponen todos a la vez en las calles? Conceptos como el de la velocidad, la
libertad o la independencia asociados al uso del automóvil privado
quedarían hechos añicos. Años de publicidad dirigida por el trust
automovilístico al inodoro de la conciencia.
* Alberto Frías es Portavoz del grupo ecologista Eguzki.
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Jue, 22 de Sep, 2005 8:20 am
Shanti Barrios <santi.barrios@...>
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