La Bicicleta, primera película que trata el ciclismo urbano
Sigfrid Monleón dirige este film que protagonizan Pilar Bardem y
Sancho Gracia entre otros, y que independientemente de que gire en
torno a las bicicletas, quienes la han visto en pases previos al
estreno nos cuentan que se trata de una muy buena película.
Una misma bicicleta que pasa por diferentes manos sirve para contar
tres historias que corresponden a tres etapas en la vida de las
personas: la preadolescencia, la juventud y la ancianidad. La
bicicleta cumple así una función similar a la figurita de El
valiente soldadito de plomo, el cuento de H. C. Andersen, pero en la
película, a diferencia del cuento clásico, sus episodios no se
narran de forma lineal, sino sincrónica, creando una particular
ucronía. Toda la película puede verse como la historia de un solo
personaje, como si uno fuera el "flash-back" o el "flash-forward" de
los otros.
Los personajes se mueven en bicicleta, a contracorriente de la
forma en que hoy se vive en las ciudades, donde todo parece girar
alrededor del automóvil. Sus sentimientos, búsquedas y
desplazamientos proyectan una luz nueva sobre un organismo mayor que
los abarca: la ciudad contemporánea. De ser un simple telón de
fondo, la ciudad pasa así a ser protagonista, influyendo en el
destino de los personajes del mismo modo que éstos intervienen en
ella.
Toda la ciudad se ordena a partir de la bicicleta, cristaliza como
la solución sobresaturada alrededor del grano de sal. La bicicleta
recorre las diferentes realidades urbanas, desde la degradación de
los barrios tradicionales hasta los nuevos hitos arquitectónicos de
la ciudad escenográfica y cultural, dejando testimonio de las
mutaciones que están teniendo lugar en el tejido social y urbano.
La ciudad se presenta como un organismo vivo, en continua
transformación. Ya lo adelantó Baudelaire: "La forma de una ciudad
cambia más deprisa que el corazón de un mortal". Entre vacío y
construido, infraestructuras y ciudad, el pasado y lo nuevo, la
ciudad contemporánea y la histórica, los personajes viven las
contradicciones y tensiones de la regeneración urbana, prolongando
un carril verde en una ciudad cuya identidad se altera
continuamente.
La bicicleta, reconstruida con viejas piezas de otras bicicletas,
celebra una filosofía del aprovechamiento y la reutilización frente
al consumismo y el derroche energético de la sociedad actual. Por su
carácter democrático, apta y asequible para todos los públicos, la
bicicleta representa un mundo humilde, que no participa del altísimo
precio que nos cuestan los coches: el precio medioambiental, los
miles de muerto en las carreteras...
La pretendida igualdad que iba a traer el automóvil se ha revelado
una falacia. Ha esclavizado a los trabajadores y se ha convertido en
un desastre para el planeta. Definitivamente, Henry Ford no era un
tipo de fiar. En un mundo atenazado por el efecto invernadero y las
guerras por petróleo, los jóvenes se han puesto a la vanguardia de
la reivindicación política a favor del uso de la bicicleta en la vía
pública. Para ellos la bicicleta es un símbolo igualitario, un
elemento de paz, tranquilidad y sostenibilidad, porque no genera
conflictos de petróleo y satisface necesidades actuales de movilidad
sin comprometer los recursos de las generaciones futuras.
En el pasado la bicicleta creó un nuevo concepto de movilidad
social. Los trabajadores de las fábricas y del campo encontraron una
nueva libertad de movimiento y las mujeres conquistaron unas
costumbres que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de
los hombres. Quien sabe, quizá la bicicleta vuelva a ser
protagonista de grandes cambios... La bicicleta examina el estado de
esta utopía, su capacidad de invertir el rumbo y clarificar los
horizontes de futuro. Depende de nosotros que construyamos una
ciudad para vivirla, y no para sufrirla.
Sigfrid Monleón (Director de La Bicicleta).