Nuestro amado infierno
Yosvani Anzardo Hernández, Jóvenes sin Censura
HOLGUIN, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
El infierno no es un lugar
para el castigo, sino un espacio para la convivencia. Y hasta me atrevo a
asegurar que su diferencia fundamental con el paraíso no es que el uno
es malo y que el otro es bueno; que en uno impera el odio y en el otro
el amor. O que al primero se va como castigo y al segundo se llega como
premio. No señores, la diferencia radica en la forma en que se asimila
en ambos la felicidad humana.
La anterior convicción la adquirí interactuando e intentando comprender
a la gente de mi pueblo. Por qué permitimos tanta humillación y durante
tanto tiempo. Cuando se me acabaron los argumentos intentando
justificar el por qué de esta gran estafa sucio política, encontré a Sor María,
una monja colombiana que vive en el pueblo de Cueto, en el oriente del
país. Cuenta esta santa señora que existió una monjita piadosa y
caritativa como no había dos. Empeñó su vida en ayudar a los demás. Por eso,
cuando murió, el Señor la llevó al paraíso.
La monja se sentó en un rincón y allí permaneció todo el día
visiblemente triste. Los ángeles no entendían su desventura, pues ella había
ganado la morada del Señor. Y entonces Dios la envió al infierno, donde la
noble monja se puso en acción, y comenzó a socorrer a todos los que
ella creía que necesitaban de su ayuda.
Desde entonces creo que sí, que es cierto: no sólo cada cual tiene lo
que se merece, sino que cada cual merece lo que desea. Y pienso que a la
vez esto constituye uno de los mayores peligros humanos. Cuidado con lo
que deseas, porque se puede convertir en tu castigo.
Los cubanos nos quejamos a diario de nuestras desdichas, pero muchos
confían en que otros vendrán a resolver nuestros problemas.
Afortunadamente, cada vez es mayor el número de personas que consideran lo
contrario, y comienzan a confiar en el poder de los que poco o nada tienen.
A menudo recuerdo lo duro que es dejar de ser esclavo. No porque es
difícil eliminar al amo, sino porque nuestros más peligrosos enemigos
somos nosotros mismos. Y sobre todo, cuando nos negamos a entender que más
allá de nuestra frontera el mundo existe y los hombres ríen.
Los habitantes de este país siempre preguntan a los que vienen del
extranjero cómo es el mundo afuera. Como si hablaran con extraterrestres.
Casi siempre lo hacen con la esperanza de oír cosas malas, para así
justificar nuestra cobardía. Y cuando no escuchamos lo que deseamos,
preferimos pensar que nos están engañando.
A mi no me sucede, porque si no estuviera convencido de que soy
extraterrestre, creería que soy cubano.
para el castigo, sino un espacio para la convivencia. Y hasta me atrevo a
asegurar que su diferencia fundamental con el paraíso no es que el uno
es malo y que el otro es bueno; que en uno impera el odio y en el otro
el amor. O que al primero se va como castigo y al segundo se llega como
premio. No señores, la diferencia radica en la forma en que se asimila
en ambos la felicidad humana.
La anterior convicción la adquirí interactuando e intentando comprender
a la gente de mi pueblo. Por qué permitimos tanta humillación y durante
tanto tiempo. Cuando se me acabaron los argumentos intentando
justificar el por qué de esta gran estafa sucio política, encontré a Sor María,
una monja colombiana que vive en el pueblo de Cueto, en el oriente del
país. Cuenta esta santa señora que existió una monjita piadosa y
caritativa como no había dos. Empeñó su vida en ayudar a los demás. Por eso,
cuando murió, el Señor la llevó al paraíso.
La monja se sentó en un rincón y allí permaneció todo el día
visiblemente triste. Los ángeles no entendían su desventura, pues ella había
ganado la morada del Señor. Y entonces Dios la envió al infierno, donde la
noble monja se puso en acción, y comenzó a socorrer a todos los que
ella creía que necesitaban de su ayuda.
Desde entonces creo que sí, que es cierto: no sólo cada cual tiene lo
que se merece, sino que cada cual merece lo que desea. Y pienso que a la
vez esto constituye uno de los mayores peligros humanos. Cuidado con lo
que deseas, porque se puede convertir en tu castigo.
Los cubanos nos quejamos a diario de nuestras desdichas, pero muchos
confían en que otros vendrán a resolver nuestros problemas.
Afortunadamente, cada vez es mayor el número de personas que consideran lo
contrario, y comienzan a confiar en el poder de los que poco o nada tienen.
A menudo recuerdo lo duro que es dejar de ser esclavo. No porque es
difícil eliminar al amo, sino porque nuestros más peligrosos enemigos
somos nosotros mismos. Y sobre todo, cuando nos negamos a entender que más
allá de nuestra frontera el mundo existe y los hombres ríen.
Los habitantes de este país siempre preguntan a los que vienen del
extranjero cómo es el mundo afuera. Como si hablaran con extraterrestres.
Casi siempre lo hacen con la esperanza de oír cosas malas, para así
justificar nuestra cobardía. Y cuando no escuchamos lo que deseamos,
preferimos pensar que nos están engañando.
A mi no me sucede, porque si no estuviera convencido de que soy
extraterrestre, creería que soy cubano.
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
Regístrate ya - http://correo.yahoo.es
mi pagina web