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DESDE CUBA
5 de febrero de 2007
1) Miopes y en combate / Luis Cino
2) No quiso dejar solo a su padre / Oscar Mario González
3) Ricky Jack Flash / Juan González Febles
4) Mal presagio en Buenos Días / Odelín Alfonso Torna
5) Nefasto, los cavernícolas y la recreación / Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
1) Miopes y en combate
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - A la mayoría de los vecinos de Parcelación Moderna y el Reparto Eléctrico, en Arroyo Naranjo, si les preguntan quien es Odelin Alfonso, responderán que es un buen técnico de televisión y otros equipos electrónicos. Abundarán que es buena gente y serio con su trabajo.
Por prudencia y por miedo, que en Cuba son casi la misma cosa, los vecinos prefieren no saber que Odelin es también periodista independiente. Sólo recuerdan ese peligroso detalle cuando ven las motos Suzuki de la Seguridad del Estado rondando su puerta.
Entonces, los transeúntes, bajando la vista a los charcos del suelo y mirando de reojo, como si con ellos no fuera, evitan pasar por su calle. Se olvidan de que Odelin existe. Es más, se olvidan que algo llamado revolución, y sus resultados, existe. Es más saludable así.
Los que no olvidan quien es Odelin Alfonso son los patéticos chivatos del barrio. Periódicamente, algún oficial de la policía política los convoca para que lo vigilen. Para que no le pierdan pie ni pisada. Para que le impidan salir de su casa a reportar una actividad de las Damas de Blanco o a conmemorar el natalicio de José Martí.
Volvió a ocurrir, como el año pasado, este 28 de enero. Dos días antes, a la hora de la telenovela, habían venido cuatro militantes del Partido Comunista a advertirle con ceños foscos y amenazas engoladas que no le permitirían asistir de ningún modo a la conmemoración martiana. ¿Quién le dijo a Odelin Alfonso que Martí es de todos los cubanos?
La insípida y lastimosa brigada de respuesta rápida del barrio amaneció apostada el día 28 frente a la casa de Odelin. Bajo el frío y la llovizna, ataviados con capas de agua vietnamitas, impermeables y boinas verde olivos. Una vez más, en combate por la revolución.
Todos estaban allí. Todos lo que son. Apartados por un domingo de la venta de pienso para cerdos, café adulterado y cigarros al menudeo. Flora, Adolfo, Leberta, Guerrero, Marrero y dos o tres ancianos más. Con reuma pero leales al amo. Como el perro frente al gramófono de la RCA. Llueva, truene o relampaguee.
Ellos adoptaron poses. Atisbaron los huecos, los basureros, las azoteas y los matorrales. Escudriñaron la cerca de alambres y se enfangaron. Patrullaron la zanja que corre al fondo de la casa para impedir que el peligroso Odelin se escabullera.
Para no dormirse, los seniles brigadistas cambiaban de puesto de vigilancia, mientras los jóvenes de las Suzuki eran relevados.
Un mensajero en bicicleta repartió la merienda al mediodía a los guardianes de la revolución. Estuvieron atentos y vigilantes hasta las seis de la tarde. A esa hora, el alto mando tocó retirada. Los asnos miopes se retiraron disciplinados, escurriendo las capas y arrastrando los pies.
Los vecinos volvieron a olvidar que Odelin es uno de los disidentes del barrio. Prefieren creer que es un tipo serio y buena gente que repara videos y televisores.
Luicino2004@...
2) No quiso dejar solo a su padre
Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba - febrero (www.cubanet.org) – El martes 23 de enero partía rumbo a los Estados Unidos, en calidad de refugiada, la periodista independiente Ana Rosa Veitía. Le acompañaban sus dos hijos menores.
La familia marchaba incompleta. Acá quedaban su esposo, el también periodista independiente Ernesto Roque, y el hijo menor de ambos, Ernestico, de 17 años, quien nos confiesa que no quiso dejar a su padre solo.
La razón para esta fragmentación del árbol familiar con sus dos ramas en orillas opuestas, es tan incomprensible para el extranjero como evidente para el cubano de la Isla. A Ernesto Roque el gobierno cubano le negó el permiso de salida (tarjeta blanca) sin ofrecerle explicación alguna, según nos relata. Ambos se pusieron de acuerdo, de modo que ella fuera primero con los dos muchachos para “ir abriendo camino”. Mientras tanto él permanecería en Cuba, esperando un cambio de actitud de las autoridades que posibilite el reencuentro.
Con tales elementos de juicio cualquier persona dotada de un mínimo de sentido común se formularía las siguientes preguntas: ¿Qué razones puede mover a un gobierno para impedir algo tan útil y legítimo como la unidad familiar? ¿Acaso tiene derecho algún gobierno a desintegrar una institución tan arraigada en el tiempo que antecede al propio poder político y que además es célula integrante del tejido social?
Ernesto Roque y Ana Veitía son dos periodistas independientes que vienen ejerciendo la profesión desde hace más de siete años. Su hogar fue, durante algún tiempo, sede del Grupo de Trabajo Decoro, al cual pertenecieron. Constituyen un matrimonio joven (él tiene 39 años y ella 34), sin ninguna complicidad con el pasado.
Por tal motivo participaron en las tareas inherentes a la sociedad totalitaria, y como fruto legítimo de la época abrazaron los sueños e ilusiones de la etapa que les tocó vivir. Alrededor del año 2000 ingresaron en el periodismo independiente, y desde entonces se han desempeñado en el ejercicio de la profesión. Evidentemente, practicar el periodismo alternativo parece ser la causa de tan cruel medida.
Por todo ello, el día 24 de enero, luego de subir la oscura y maltrecha escalera que conduce al cuarto que sirve de vivienda a la familia, ubicado en San Nicolás entre Dragones y Salud, Centro Habana, no pude evitar un nudo en la garganta por lo que presencié.
Ernesto bajó de la barbacoa con la mirada bañada en dolor, la simpática perrita no me saludó con el habitual balanceo del rabo, y Ernestico, menos afectado que el padre, me abrazó buscando en mi hombro el aliento del abuelo que no tiene. Ahora los amigos se asombran y lo ven como “un bicho raro porque no quiso irse del país con el puro”. Es decir, no quiso irse par los Estados Unidos para quedarse con el padre.
Por mi parte, y al ver a Ernestico tan abatido, pensé en el posible desgarramiento de Ana y los dos muchachos que están con ella en Miami.
No pude dejar de evocar el relato bíblico implícito en el libro del Génesis, capítulo dos, versículo dieciocho, cuando el sumo creador, al contemplar la figura humana como obra suprema de su voluntad, exclamó: NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ANDE SOLO.
Quiera Dios que pronto Ernesto, Anita y los tres muchachos puedan recomponer el árbol familiar, para que dé frutos de bien y para regocijo de todos los que les queremos de veras.
3) Ricky Jack Flash
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - Los documentos legales afirmaron que se trataba de Ricardo Mario Oramas Valdés. Para nosotros, era simplemente Ricardo Oramas o Ricky el de 5ta. Siempre fue un personaje. Nunca fue revolucionario. Más bien era uno que en los finales de los años 60, afirmaba su identidad en abierta contradicción con la oficial. Desde su grupo de adolescentes amantes del Rock and Roll, era Ricky el de 5ta. y nada más.
En aquella década el fenómeno ocupó la atención de muchos, para preocupación de las autoridades y, por supuesto, de padres y familiares. Eran jóvenes de ambos sexos que daban la espalda a la revolución. No les importaba, o simplemente no les gustaba el proceso y su retórica.
Se agrupaban de acuerdo a sus intereses comunes. No eran pandillas juveniles como las que se conocen en la actualidad. Sólo grupos juveniles con la ya conocida y ampliamente expuesta mecánica grupal. Nada que constituyera interés de la policía parte alguna del mundo. Ni consumo de drogas, ni gamberrismo, sólo música, y por supuesto, amor.
El fenómeno se extendió por la ciudad. Fueron los hippies de Cuba con todos los atributos del movimiento, excepto las drogas. Música, flores, amor, libertad y rock. Fue suficiente para que se convirtieran en objetivos a perseguir por parte de las autoridades.
Ricky se convirtió en líder. Desde 5ta. y B hizo excelentes relaciones matizadas por alguna que otra diferencia dirimida a puño limpio. Ni tan siquiera navajas había entre aquellos atípicos hippies de Cuba. El entonces ministro de educación, José Llanuza Gobel, visitaba a los muchachos y mientras jugaba baloncesto con Ricky y otros de 5ta y B, los sondeaba políticamente.
El Gordo Llanuza (así llamaban los muchachos al ministro) los engañó. La gran mayoría de aquellos muchachos estrecharon más los vínculos afectivos a partir del 25 de septiembre de 1968, la célebre “Noche de las tres P”. Casi todos terminaron en un campamento situado en una zona apartada de La Coloma, en Pinar del Río.
Les internaron bajo la custodia del Ministerio del Interior por una figura delictiva atípica e ilegal: conducta impropia. Allí permanecieron largos meses, reeducándose por el trabajo, según se dijo oficialmente. Ese fue el eufemismo legal que se usó en aquel momento para legitimar la felonía.
La presión internacional contra las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y el parametraje o persecución a homosexuales, les liberó a finales de 1969. Para ese entonces (y ya libre) Ricky se convirtió en fotógrafo y en hábil empresario del floreciente mercado negro. Logró combinar estas actividades con una vida social intensa. Se convirtió otra vez en centro. Esta vez de una farándula que se resistía a morir.
Modistos, diseñadores, músicos cultores de la “música del enemigo”, modelos de pasarela limitada en Contex, hijos de papá y gente inquieta y contestataria mezclados de forma arbitraria. Oficiaba como figura llamativa de aquella farándula, Ricky, desde el restaurante cafetería El Carmelo de Calzada.
Este era el centro de reunión cada domingo después de la función vespertina del teatro Amadeo Roldán. La oferta allí siempre fue mediocre. Karel Gott de la Checoslovaquia de entonces, Locomotive de Hungría con la rubia Katy Kovacs, la Pugachova de la inevitable Unión Soviética, y para mejorar algo, la Orquesta Cubana de Música Moderna.
En 1979, Ricky reunió un pequeño grupo de amigos y organizó y realizó con éxito la entrada abrupta en un recinto diplomático de Venezuela. Usaron un auto modelo Chevy, de los que circulaban en aquel entonces como taxis.
Lo lograron al asumir el riesgo y el precio que el gobierno de Fidel Castro pone a la libertad. Uno del grupo a quien apodaban “Chiclet”, resultó herido en un brazo. Ante el ofrecimiento del embajador de Venezuela para llevarle a un hospital para ser curado, Chiclet señaló su brazo sangrante y dijo lacónico:
-¡Córtelo!
No supe más de Ricky hasta 1980, cuando los sucesos del éxodo de Mariel. Entonces regresó para buscar al resto de su familia. Luego tengo entendido que se hundió en la lasitud del exilio en Miami. Desde allí mantiene la nostalgia por este lugar de vida difícil e ilusiones clandestinas. Desde la Cuba de todos, deseo que toda la buena suerte del mundo te acompañe, Ricky Jack Flash, Antena, o simplemente Ricky, el de 5ta y B.
jgonzafeb@...
4) Mal presagio en Buenos Días
Odelín Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - La fría mañana del 26 de enero me proporcionó una sensación de rareza. Pensé que estaba en complicidad con el desorden diario de la televisión cubana. Mientras colaba en mi cafetera artesanal de calamina el simbólico cafetín, automáticamente se encendió el televisor, programado entonces para las 6:30 AM. Es la hora en que el canal Tele Rebelde inicia sus transmisiones, pero esta vez retrasó su salida al aire 16 minutos.
A las 6:46, tras el logotipo de Tele Rebelde, irrumpía la música de Santiago Feliú, acompañada de imágenes escogidas que recrean el amanecer capitalino. Le seguía un comercial político con fragmentos del discurso pronunciado por el presidente interino Raúl Castro en el desfile del 2 de diciembre. En medio de los retrasos, hasta entonces desconocidos en ese espacio, pero habituales en la programación cubana, daba inicio la revista matutina Buenos Días.
En medio de tanta confusión me apresuré a imaginar nuevas proclamas. Al abrir la ventana de mi cuarto pude entender los partes meteorológicos e inequívocos del día anterior. Pronosticaban un nuevo cambio de tiempo con lluvias para el occidente cubano. Sin embargo, el cielo estaba despejado.
La paranoia del militarizado Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), en ocasiones puede ocasionar ciertos trastornos transitorios de la personalidad. Dicen que al perro fiero no se le debe mirar fijo a los ojos. Hay que evitar la mirada constante, cuando de Cubavisión se trata. Puede originarse otra revolución en casa o fuera de casa.
Volviendo a Tele Rebelde, o a tele relajo, el periodista y locutor Raúl Isidrón ofreció las disculpas pertinentes. Supuestos problemas en el fluido eléctrico interno atentaron en contra del primer informativo revolucionario del día.
Evidentemente el fluido eléctrico suele fallar a menudo en los estudios de la televisión cubana, al menos eso nos informan. Lo cierto es que el meteorólogo de turno para el día 26 se ausentó. De repente lo asocié con la avería, calculando los vientos del norte para instalar futuros generadores de turbina eólica. Tampoco asistió Friz Suárez Silva ni Eduardo Dimas a sus habituales comentarios, generalmente sobre política exterior.
La excusa sirvió seguramente para eludir las ausencias y tardanzas del colectivo. El ICRT no está exento de los problemas del transporte. Tampoco de las nuevas medidas disciplinarias pospuestas para el próximo mes de abril. Es evidente que la mayoría de los periodistas del oficialismo, así como el personal técnico que opera en los medios informativos, forman parte de la sociedad desamparada, premiada por las carencias del sistema totalitario.
Bajo los efectos de la chicharina mezclada con cafeína, imaginé diezmada a la tropa de comunicadores, instrumentados al servicio de la dictadura. Los hice parte del resucitado escuadrón de intelectuales ahora contestatarios, los letrados suicidas, veteranos del quinquenio gris.
La primera hora del programa fue un desastre, pero el verdadero revolucionario se crece ante las dificultades. Raúl Isidrón, cual hombre orquesta, desglosaba brevemente el compendio informativo, mientras Yanela de la Rosa soltaba la cartera y se sacudía el polvo del camino o del camello. Luego, dictó a capella y sin tomar agua el parte meteorológico sin trasfondo de imágenes satelitales.
Liliet Heredero, tarde, pero segura en las noticias culturales, cerró la revista informando sobre los premios Casa de las Américas. Seguidamente, un video clip, del conjunto vocal Samplin acompañaba los créditos en la pasarela final. La sinopsis, seis jóvenes cargando sobre sus hombros un ataúd, mal presagiaban, apretaditos pero relajados, un viernes funesto para la revista Buenos Días.
odelinalfonso@...
5) Nefasto, los cavernícolas y la recreación
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Alejados de las cavernas por miles de años de evolución, la juventud cubana está presta a encontrar el eslabón perdido entre las actividades recreativas del hombre primitivo de Neardenthal y más de un joven moderno de Luyanó.
Por eso, y no obstante las múltiples propuestas de bailables en la Tribuna Abierta Antiimperialista, marchas combativas frente a la tribuna, y seminarios ideológicos junto a la tribu, los jóvenes optan por acercarse aún más a quienes dejaron su impronta pintoresca en las paredes de las cuevas de Altamira, además de las huellas de su entusiasmo juvenil en las costillas de un dinosaurio rutero en su itinerario El Glaciar-Cementerio de mamut.
Y es ahí donde la maledicencia, la inconformidad con lo supuestamente novedoso, y el conservadurismo de cupón de libreta de productos industriales desaparecida, entran a jugar su papel divisorio, su cartón agorero, y su maletín de lleva y trae alarmantes noticias sobre el comportamiento juvenil.
Es doloroso leer expresiones hereditarias como "la juventud está perdida", o "no había forma de controlar la turba creada", por el simple hecho de que un grupo de integrantes del círculo de interés "El Cro-Magnon Atómico, de una escuela en Santa Clara, griten, se quiten las camisas, corran sobre los asientos, salgan por las ventanillas y caminen por el techo de un ómnibus ante un aterrorizado chofer que, sacudido por los gritos, tuvo que apagar las luces de la guagua.
Cuesta trabajo dar crédito a las quejas de algunos pasajeros y choferes que, insensibles ante el desborde de vitalidad ocasionado en la juventud por la mezcla de una alimentación proteínica de boniato y jurel con una educación formal cujeada en el dominó, arremeten contra un comportamiento normal entre los nómadas, los aborígenes y las tribus salvajes que los jóvenes intentan imitar en busca de una recreación sana, alejada del alcohol, las drogas y las balsa.
Resulta incongruente con nuestro proceso de rectificación que personas mayores, por el solo hecho de su testarudez y nostalgia de una juventud imposibilitada de recobrar, se alarmen por esas naderías, y no actúen como decenas de choferes de la capital quienes, con suma comprensión, y en solidaridad con el derecho de los jóvenes a recrearse, dejaron sus puestos de trabajo para venderles maní en las paradas.
Además, ¿acaso se olvidaron que el club de los Trucutuses, la hermandad de los Picapiedras y la banda de los Homo Erectus descargaban su estrés de colas y oficinas tirándole piedras a los dinosaurios y escribiendo grafitis en las barrigas y los tarros de los mamuts?
¿No recuerdan que, no obstante este comportamiento vital de monos aterrados, estos grupos de la antigüedad y bajo la certera conducción de los dirigentes de la Unión de Jóvenes Cromañones, antes o luego de una actividad vandálica común, asistían a ver las pinturas rupestres en las cavernas de Lascaux, en Francia, y la alfarería decorada con motivos geométricos de Yang Chao, en China?
¿Esto no es símbolo de que lo culto y lo popular se mezclan irremediablemente a través de la historia?
Si están convencido que es así, ¿por qué tanta alharaca frente al desarrollo normal de algunos jóvenes que encuentran en el comportamiento vandálico, la chabacanería y la respuesta grosera y amenazadora contra el prójimo anormal, el eslabón perdido de sus ancestros cavernícolas?
¿No los educamos en el respeto a las raíces, la unidad con los tallos y el buen uso de las hojas que luego sirven para limpiarse el trasegar austero por la educación y la cultura?
Por eso es que si hallamos en nuestro camino una horda del círculo social El Cro-Magnon Atómico, no la espantemos dejémosla que paste cristales y asientos a su antojo, porque de lo contrario, más allá del trompón que recibamos, ponemos en peligro el viaje a través de la selva, y llegaremos tarde al trabajo.
Eso lo aseguro yo, Nefasto "El cavernícola".
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"Sólo la opresión debe temer al pleno ejercicio de las libertades"
José Martí
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