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Responder | Reenviar Mensaje #136 de 304 |
Compañero, a 30 y tantos años ¿te acuerdas de nosotros?

¿Te acuerdas, compañero, de cuando los sueños y el futuro eran
patentes?

¿Te acuerdas cuando moldeábamos entre nuestras manos ansiosas el
mundo?

¿Te acuerdas cuando en marchas y mítines, lanzábamos al centro mismo
del universo nuestros corazones culminados de esperanzas por "un
mundo mejor"?

¡Qué tiempos, compañero!

Veíamos un buen futuro porque teníamos un buen presente, me acuerdo.

Éramos esa generación iconoclasta que transformaría el mundo

No había a quién temer ni de quién ocultarse.

Los compromisos privados no eran un manto bajo el que esconderse,
como ahora.

Esos compromisos eran un estímulo más para saltar hasta las nubes
por nuestros sueños que entonces tenían tanto sentido.

Como esa revolución llena de principios humanos tan requete justos.

La de la conciencia clara.

Un sueño que nos daba fuerza. No, más; nos daba invulnerabilidad.

Con esa fuerza vivíamos. Con esa fuerza estudiábamos, trabajábamos,
criábamos, amábamos, creábamos, jugábamos.

Compañero, vivíamos el sueño de los muchos sueños.

Y nos subimos a tribunas de universidades y plazas repartiendo
estímulos y verdades. Te recuerdo, compañero, y recuerdo a todos mis
héroes, que éramos cada uno de nosotros. No importaban los insultos,
no importaba el enemigo, ni siquiera nos importó su tamaño.

¿Dimensionamos alguna vez su tamaño?

Si, lo hicimos.

Sabíamos que era inmenso el enemigo, capaz de destruirnos con un
solo aletear de sus viscosas alas negras. Pero éramos tantos y
pisábamos tan firme...

Nuestras espadas luminosas bailaban dibujando miles de certidumbres
con todos los colores del arco iris en el aire. Certidumbres de ser
lo que quisiéramos.

(no se acuñaba todavía la palabra "loser", no había cabida para el
personaje)

Nuestras espadas atravesarían ese negro aletear que venía del norte,
porque nadie podría parar nuestra resuelta disposición a ser
ganadores del conocimiento y la verdad.



Pero nos cayeron encima, compañero y el cielo se cerró completamente.

Sin una sola brecha, sin un mínimo resquicio para la razón y el amor.

De aire y tierra llegaron el horror y la muerte. La sinrazón y la
crueldad.

A balcones y costillas. A campos y vaginas. A presente y futuro.

Y nos mataron, compañero, nos encerraron, nos torturaron, nos
echaron, nos dirigieron y nos cambiaron el destino como quien se
cambia de zapatos. Nos mandaron a la dimensión desconocida,
compañero.

Y por las armas, la grosería, la prepotencia, con grotescos
discursos y burdos slogans nos metieron en una realidad limitada y
asfixiante donde las posibilidades son infinitamente mayores para la
miseria, la mediocridad, el fracaso y la desesperanza porque los
grandes logros se cuentan sólo en dólares, no en creatividad, en
buena conciencia ni en buenos y cuidados amores.

Un mundo en que se vaga entre pegas y peguitas, entre saltos vacíos
y frustraciones varias cumpliendo compromisos, en fin, haciendo lo
mejor posible buscando gratificaciones y trascendencias con esa
sensación a cuestas de vacío, sin importar si nuestros ingresos nos
compran un mercedes o nos llega apenas a fin de mes. No tenemos lo
que debemos tener, no sentimos lo que debemos sentir.

Sólo la mirada sana y alegre de nuestros hijos y nietos nos compensa
y nos permite la odiosa esperanza (cresta, compañero, odio la
esperanza, siempre se vive en ella porque siempre estamos como el
culo). Hijos que, entre nuestras crisis de angustia y otros
desórdenes, hemos podido rescatar de las sucias garras de los
modernos monstruos del sistema, esperando que algunos de nuestros
sueños se cuelen entre sus genes. No es tarea fácil, compañero, se
nos han perdido ya muchos en el camino.

Míreme a los ojos, compañero, y contésteme ¿verdad que no le vemos
un lindo final a esto? Y no nos podemos inventar salidas disney, no
existen.

Yo quisiera poder sentir que tenemos un futuro bueno a corto plazo,
pero no lo siento; me embarga la decepción, la incredulidad y la
desesperanza. Esperar, supongo, que esto reviente por si sólo,
esperar a que toda la mierda termine de salir a flote para empezar
una limpieza en donde se pueda ubicar el sistema que realmente nos
hace seres humanos plenos; porque los milagros no existen. Triste.

Tenemos que aprender, no nos queda más remedio, compañero. Estoy
dispuesta a aprender y a actuar.

Un abrazo, compañero, porque me anima y gratifica, me hace sentir
que no está todo perdido.











Do, 11 de Sep, 2005 5:47 pm

vegiska
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Compañero, a 30 y tantos años ¿te acuerdas de nosotros? ¿Te acuerdas, compañero, de cuando los sueños y el futuro eran patentes? ¿Te acuerdas cuando...
Raquel
vegiska
Sin conexión Enviar mensaje
26 de Sep, 2005
11:11 pm

“GRANDES ALAMEDAS” INVITA: La lista “Grandes Alamedas” invita a todas y todos los militantes socialistas a participar en la presentación de los...
Carlos Jara
cjara@...
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30 de Mar, 2006
4:10 pm
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