Hay que salvar de una vez por todas el buen nombre de nuestro
insigne buque escuela.
Hay más cosas que deben ser sustentables en la región, y eso es, por
encima de todo, el honor de nuestra armada, dijo el capitán.
¿Qué se cometieron golpizas y violaciones a mujeres? Bueno, que
disculpen las señoras y señoritas; exceso de celo, ya se sabe.
¿Qué se torturó hasta la muerte a algunos? Bueno, que disculpen
también, por ahí a alguien se le pasó la mano.
¿Qué los delitos ocurridos dentro califican de crímenes de lesa
humanidad? Ya, po, que disculpen y que estiren sus cinco, para qué
vamos a hacer tanto escándalo, para qué mantener resentimiento.
¿Adónde nos va a llevar eso?
Y el capitán se mandó un trago largo de su cachaza.
¡¡Un acto de desagravio!! ¿Qué les parece un acto de desagravio?,
dijo el "Orwell" del equipo, el maquillador de turno de la historia,
el más culto.
¿Tenemos altura, no? Tenemos cierto poder.Cagaos, pero nunca tanto.
Además, hasta los familiares de esos comunistas se están aburriendo
de la historia de las vidas perdidas, de las torturas, de los sueños
rotos, los destinos permutados, las violaciones a los derechos
humanos y esas vainas. Y no hablemos de la falta de justicia, lo de
la impunidad y blá, blá. Ya no los apoya ni el gato. Con un acto en
que se reconozca que unos cuántos marinos, claro, no la armada, tuvo
una responsabilidad en eso y pide disculpas, pucha, quedamos como
príncipes.
Cierto, contestó el asistente del "Orwell", ya un poco entonado por
su tercera caipiriña, mientras miraba fijamente hacia una mosca en
la pared.
Un acto de desagravio que convenza a unos cuantos será suficiente.
Unos discursitos por cada lado -algún chaparrón nos llegará, seguro-
unos apretones de mano y si nos apuran, unos abrazos también, unas
lágrimas guachas por ahí, y tan amigos como siempre.
Muy buena idea, dijo el capitán, hay que trabajar eso, un acto así
nos ayudará a cambiar la cara. Reconocemos algunas violaciones a los
derechos humanos y así habremos cumplido.
Se terminó la cachaza y se fue satisfecho.
El "Orwell" se quedó sonriendo pensativo.
Un acto de desagravio ayudaría a retocar la memoria, a disfrazar la
historia. No fue tan terrible, dirán con el tiempo, la armada no se
portó tan mal y las víctimas, los afectados que no quieren mover el
pasado y están solos, cuando desaparezcan, ya los nietos no van a
estar ni ahí. La historia se habrá desdibujado entre eufemismos
acomodaticios y una desidia bien consolidada. Buena manera de que
pasemos piola.
Cuando el pasado irrita, excita u ofende, como dijo Kundera por ahí,
hay que destruirlo o retocarlo.
Dicen bien: si manejas el pasado, manejas el presente y el futuro.
"Todo se desvanecía en la niebla. El pasado estaba borrado. Se había
olvidado el acto mismo de borrar, y la mentira se convertía en
verdad".
Dijo el "Orwell", a su asistente que lo miró con su cara de borracho
desconcertado.
Estaba saboreando unas frases de "1984". No hubo delitos de lesa
humanidad, sólo fueron ofensas que se arreglan con un acto de
desagravio y eso vale para todas las "ofensas" a lo largo del país.
Se dio media vuelta y se encaminó a la puerta.
¡A sus órdenes, señor! dijo el asistente y se le cayó la cabeza
sobre la mesa.