Rodrigo Durán
Está de regreso la corriente dentro del socialismo renovado que se llamó “arratismo”? El ex ministro y ex presidente del PS, Jorge Arrate, asegura que no y acepta que ha sido sondeado para postular a volver a dirigir la colectividad, aunque él hubiese preferido privilegiar un debate interno político y sólo después entrar a definir nombres.
-¿Qué opina de la manera en que Michelle Bachelet articuló su gabinete?
-Me parece que lo hizo con plena autonomía, con mucha libertad y con la fuerza que requiere una Presidenta. Me parece muy bien todo el procedimiento que siguió, la discreción con que lo hizo y la demostración de que es ella quien manda.
-¿Y el debate posterior sobre la falta de figuras históricas, principalmente desde el PPD?
-Me pareció una cosa extraña. Yo entendía hasta ahora que los partidos se daban por satisfechos cuando tenían a alguno de sus miembros en el gabinete. Pero me enteré, por las declaraciones de algunos dirigentes del PPD, que ahora tenían que ser miembros de la generación ‘histórica’… También leí que algunos habían dicho que eran muchos de Expansiva, pero resulta que de Expansiva hay dos que son del PPD. Todas esas protestas que manifestó fundamentalmente el PPD me parecieron extemporáneas. Yo estoy muy satisfecho que el PS haya recibido el gabinete positivamente.
-Volviendo a Expansiva. ¿No teme que sus miembros se conviertan en una especie de grupo de poder transversal como lo fueron los ex Mapu?
-Espero que no actúen como grupo de poder. Yo conozco a algunos, como Vivianne Blanlot -de quien tengo una gran opinión- y no creo que esté armando trenzas dentro del Gobierno.
-¿Y el hecho de que sean de una cultura más liberal?
-El proceso que ha seguido Chile ha hecho que se haya acuñado dentro de las fuerzas llamadas progresistas el término ‘liberal’. Es un término sobre el cual habría que hacer una discusión muy profunda, ya que se enlaza con lo que es el gran impacto cultural del mercado en la sociedad chilena. Yo lo lamento, pero constato que es así.
LA INTERNA
-Respecto de la elección interna del PS, usted se ha mostrado dispuesto a presidir el partido…
-No he decidido nada. Hay compañeros que hace meses se han acercado a planteármelo, pero no he decidido ni aceptar ni descartar.
-¿Y bajo qué condiciones aceptaría?
-No se trata de poner condiciones. Hay que ver primero cómo se desarrolla el proceso. Desde ya puedo decir que yo habría sido partidario de que la dirección hubiese convocado a un congreso donde se discutiera de política. Mal que mal, en el último congreso no se discutió de nada, salvo de la repartición del poder interno. Yo creo que la gran tarea es repolitizar al PS, porque si usted lee las entrevistas, salvo algunas excepciones, todas hablan del tema operativo, de relaciones de poder, de temas de Gobierno. En cambio, yo entiendo un partido -más todavía el PS-, como algo más que administrar la política. Un congreso habría podido buscar una fórmula para generar una dirección de consenso en este comienzo del Gobierno de Michelle Bachelet. Pero el comité central ha optado por llamar a elecciones. Veré en el curso de las próximas semanas de qué manera expreso ese desacuerdo.
-¿Observa alguna maniobra?
-Prefiero hablar de apresuramiento. Michelle Bachelet va a asumir el 11 de marzo y el partido se va a embarcar en una elección interna que, por lo que conozco del partido, son siempre duras. Creo que eso puede servirle a la derecha para usarlo contra el Gobierno. En este momento deberíamos haber mostrado unidad en nuestras diferencias para hacer una gran discusión política. Las elecciones, en el fondo, están esquivando una gran discusión política.
-El ex presidente Gonzalo Martner se ha expresado en una línea similar, aunque personalizó sus críticas. Dijo que Camilo Escalona privilegia el poder por el poder y deja a un lado el debate de ideas.
-No es mi costumbre descalificar personalmente, menos a dirigentes socialistas por los que tengo respeto e incluso admiración, pero el tema del poder por el poder está hoy en todos los partidos. Es una característica de la política chilena y una realidad que se da transversalmente en el PS, no en una corriente en particular. Todas tienen un carácter corporativo y no entiendo las diferencias. Y si yo no entiendo, imagínese lo que podrá entender un simple ciudadano. Por eso digo que hay que repolitizar al PS y saber qué significa ser de una corriente u otra, porque hoy no entiendo la diferencia entre Ricardo Núñez, Camilo Escalona, Jaime Gazmuri o Isabel Allende, pues la discusión política se ha empobrecido. Si usted examina la historia socialista, está llena de grandes debates teóricos, políticos, de grandes polémicas con el Partido Comunista, con el MIR, con otras fuerzas latinoamericanas. Eso hoy se echa de menos.
¿“ARRATISMO”?
-¿Se reedita el “arratismo”?
-Espero que no. Eso yo lo disolví porque tengo un pudor exagerado: no me gustan las corrientes con nombre. Además lo disolví cuando asumí la presidencia del PS unificado y creo que hice bien, porque si bien perdí en términos de cálculo pequeño, creo que el partido ganó, porque fue paulatinamente consolidando su reunificación. Así es que no está en mi imaginario reconstituir semejante cosa.
-En el PS han saltado ya candidatos. Isabel Allende, Jaime Gazmuri, usted mismo, Ricardo Núñez se mantiene a la expectativa y Camilo Escalona es el candidato natural de Nueva Izquierda. ¿Cómo ve la disputa?
-Entiendo que algunos han expresado su deseo de ser presidentes del partido. A mí me parece muy legítimo. Yo deseaba mucho ser presidente del PS hace 15 ó 20 años atrás y lo fui. No tengo ansiedades. Pero yo me voy a jugar, si participo en la elección, por una plataforma política. Eso es más importante que los nombres.
-¿La falta de diferenciación entre las corrientes es porque se articulan más sobre la base de figuras y no de proyectos?
-En el caso del PS hay grandes liderazgos. Tenemos buenos dirigentes y la bancada de senadores es una gran bancada. Es un partido donde -y disculpe la propaganda- la gran mayoría de sus dirigentes son honestos y me siento orgulloso de eso. Pero eso no basta. A mí me da la impresión que la idea socialista y los liderazgos son mucho más potentes que la organización. Hay asimetría. De lo que el partido carece en términos de vida partidaria, de debate político, lo compensa con buenos liderazgos y con la herencia. Una herencia que a veces no reconocemos, pero que está ahí. Una historia de 72 años, donde está Allende, que lo mencionamos demasiado poco. Es eso lo que da al PS consistencia y presencia. Imagínese cómo sería eso con un partido que realmente se reencontrará con la sociedad donde vive.
-¿Se ha aburguesado el socialismo chileno ejercitando el Gobierno?
-Participar en el Gobierno siempre es complicado para un partido. Y participar en un Gobierno de transición es especialmente complicado, pero hay que ser muy cuidadoso en la crítica. El partido ha hecho 15 años de Gobierno, con algunos momentos muy difíciles, y creo que en el balance ha salido airoso.
“El Gobierno de Michelle Bachelet debe ser suprapartidario, donde los socialistas que estén en el Gobierno dependan de la Presidenta, respondan ante ella y su conciencia y ante el partido como militantes socialistas dentro del Gobierno. Pero el PS debería volcarse a un diálogo político y social con otras fuerzas, con organizaciones sociales. Puede ser más entretenido o más fácil estar pendiente todos los días de los proyectos de ley o de cómo está funcionando tal o cual ministerio, pero para que se repolitice el PS hay que volcarlo hacia la sociedad. Esa sería una revolución dentro del partido”.