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El Poder de la Palabra   Lista de mensajes  
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Estoy en mi asiento en el avión, cuando me abrocho  el cinturón, escucho adelante, un poco apagada, la voz de un niño: "¡O te digo la Palabra!", fijo mi mirada en la ventanilla y mi mente imagina "el poder de la Palabra",… me olvido. El avión comienza a despegar, me afirmo pies y manos y recuerdo a mi pareja diciendo: "no te preocupes, si estoy yo en el vuelo, el avión no se cae", algunos desajustes en nuestro matrimonio han provocado que haga este viaje sólo; entonces me digo: "el poder de la palabra!", pienso en el niño, pero no lo escucho, me decido y mientras el avión se mueve, transpiro, mis manos se mojan y mi boca, en silencio repite la palabra: “¡elévate!, ¡¡elévate!!”, cada vez mas seguido, cada vez mas fuerte en silencio... de pronto el avión deja de moverse, nos habla el chofer, me tranqulizo, nos sirven un güisqui, me quedo dormido pensando en el poder de la palabra.

 

Ya estoy en la piscina sirviéndome una cahipiriña, se muestra el sol sobre el horizonte, como queriendo en un rato terminar. De pronto, a contraluz aparece un niño y la que debe ser su madre, ella es bella y de pelo crespo y largo, él es un niño rubio, de pelo crespo, hermoso, sus ojos son de color indescriptible, claros y de profunda mirada, pasan a mi lado y recibo dos sonrisas, como de saludo, no se porque pero siento un escalofrió, en todo caso agradable; me quedo mirando mi vaso y escucho a lo lejos, ahora con voz clara: "¡¡o te digo la palabra!!", así, firme y seguro, y la mamá le pasa algo al niño; me imagino a Jesús y la Virgen Maria, ni yo mismo me lo creo, claro soy agnóstico, pero me imagino al niño y pienso en Jesús, más bien pienso en la “Palabra de Jesús”; no me hago caso, no puede ser Jesús, ¿como aquí? ¿Jesús reencarnado en un niño, aquí en este lugar de vacacionar?,…. No, ¡me lo niego!; miro mi vaso, esta vacío, pienso en el poder de la palabra, ¿y si uso el poder de la palabra?, … bueno. los lugareños hablan un idioma extraño, muy diferente al idioma chileno, tan propiamente nuestro; me decido a usar su poder, digo con voz alta "¡Otra!", así, levantando mi vaso y haciendo dos gestos con mis cejas.

 

Otros días, en otros momentos, en esas vacaciones, observe al niño rubio de pelo crespo, hermoso, hablando con su madre: era imagen divina; de cuando en cuando escuchaba al niño decir a su madre. "¡O te digo la Palabra!", así, firme y seguro y su madre le daba algo en la mano. Como digo, no creo en Dios, pero no pude sino pensar que estaba ante Jesús y la Virgen María; me sentí en esas vacaciones, acompañado y seguro, pensando en el poder de la palabra.

 

Unos meses después, ya con recuerdo lejano de esa divina pareja, como pasajero de la Recoleta Lira, mirando por la ventana, con la vista ida en mis pensamientos, al parar la micro y subir una pareja de un niño con su madre, viene a mí toda la emoción y esa sensación de paz y de fuerza que sentí hace un tiempo atrás, pienso en el poder de la Palabra, los miro atentos, al niño rubio de pelo crespo, hermoso, hablando con su madre, pasado un rato, de pronto sube a la micro un señor vendiendo helado, el niño interrumpe la conversación y dice, con voz fuerte y firme: "Cómprame helado, ¡O te digo la Palabra!", ..., en esta ocasión, la Madre no le entrega nada, ... vuelve el niño a decir "Cómprame helado ¡O te digo la Palabra!", me asusto ¿cual será la Palabra?, peor aún, ¿cual será el Poder de la Palabra?, la Madre no le entrega nada..."Cómprame helado ¡O..."... la mujer bella, de pelo crespo y largo, con clara ofuscación le dice en voz alta "¡¡Bueno, YA, dime la Palabra., dímela de una buena vez!!", el niño llorando y sorprendido, le grita: "!!!Mierda!!!"... el niño sigue el resto del camino, llorando y sin helado, llorando y gritando. Yo, mirando a la ventana, oigo, sin escuchar: "!!!Mierda!!!", "!!!Mierda!!!", "!!!Mierda!!!", “¡¡Mierda!!”, “¡Mierda!”, “Mierda”, “mierda”,  durante el resto del trayecto, hasta que mi mente solo sintió un suspiro.

 

El resto de mi vida, aún siendo agnóstico, no he dejado de creer en el Poder de la Palabra... y de recordar, a esa mujer bella, de pelo crespo y largo y al niño rubio, de pelo crespo, hermoso, con ojos de color indescriptible, claros y de profunda mirada, que un día pasaron a mi lado y recibí dos sonrisas, cuando estaba solo, cuando hice ese viaje, para salvar desajustes en mi matrimonio.

 

Saludos

 

Carlos Jara



Vie, 26 de Mayo, 2006 12:03 am

cjara@...
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Carlos Jara
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29 de Mayo, 2006
3:06 pm
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