(ENTREVISTA AL PRESIDENTE DE CHILE PUBLICADA POR REVISTA LAT33)
La batalla final de Ricardo Lagos
Con el discurso del 21 de mayo ad portas, Ricardo Lagos hace un balance de su mandato y anuncia cuáles serán sus últimos combates. El Presidente sube la voz, en momentos en que la sociedad chilena se está abriendo a temas que hasta ayer eran tabúes y cuando las crisis acechan, sobre todo, en política exterior.
Por Patricia Verdugo
El frente interno
-Desde 1990 la Concertación trató de legislar sobre el financiamiento de la actividad política. La oposición rechazó los proyectos de Aylwin y de Frei, que ni siquiera salieron hacia el Parlamento. Y la gente ni se enteró. ¿No fue un error grave evitar un debate de cara al pueblo? -El tema siempre estuvo. La relación entre dinero y política es compleja...
-No hubo debate público, Presidente. -No lo hubo, efectivamente. Y creo que fue un error de la Concertación. Debimos poner este tema con mayor fuerza. Tuvieron que ocurrir hechos poco felices para que se decidiera legislar sobre la relación entre dinero y política, el financiamiento de las campañas y la necesidad de que los aportes privados sean transparentes.
-Un hombre de su confianza, el ex ministro Carlos Cruz, está siendo procesado por esto. -Aclaremos las cosas: ¡no hay platas políticas involucradas! Esto tiene que ver con el insuficiente financiamiento de los funcionarios públicos, con la necesidad de buscar un aporte extra al sueldo, el llamado sobresueldo. Es como decir: "Usted, señor, va a trabajar de 8 a 5 con este sueldo y de 5 a 9 me va a trabajar en otra cosa y le voy a pagar un sueldo extra". Eso es lo que ocurrió en el MOP y la justicia tendrá que decidir si es legal o ilegal. Pero aquí no hay relación entre dinero y política.
-Chile tiene un gasto electoral increíble, superior a Europa, Estados Unidos y Japón, si se mide en relación al PIB y al número de habitantes. -Sí, claro, la derecha gasta mucha plata. La nueva ley estableció un mínimo como aporte del Estado. Y la mayoría de los candidatos de la Concertación me han dicho que con ese aporte estatal les sobra para hacer sus campañas.
-Pero la ley que se aprobó no es del todo clara en rayar la cancha. -Yo habría hecho una ley distinta. Es lo más que se pudo obtener. Ahora tiene que perfeccionarse y ya enviamos un proyecto para establecer las sanciones a quienes se excedan en su tope de gasto electoral, las que debieran ser muy drásticas.
-Desde 1990 en adelante, cada vez que hubo una elección, los encargados electorales del PS o de la UDI iban a los mismos lugares. Dicho de otro modo, los empresarios Matte, Angelini o Luksic ponían fondos en las "canastas" de todos los partidos. Y, como sostiene el dicho, el que paga, manda. -Me cuentan que en la campaña presidencial de 1952, una conocida empresa textil de la época le dio a Carlos Ibáñez 400 mil pesos, a Arturo Matte 200 mil, a Pedro Alfonso 100 mil y a Salvador Allende los lienzos para hacer propaganda. El cuento es notable, porque ése fue exactamente el orden de llegada de los candidatos en el recuento de votos. Cuando hoy me dicen por qué tiene que financiarse la política con dinero público, bueno, es precisamente para evitar eso. Y así se hace en todos los países civilizados. En Estados Unidos, por ejemplo, usted puede financiarse sólo con la plata pública o agregar aportes privados, en cuyo caso tiene que explicar el origen hasta del último dólar de su campaña.
-El financiamiento de su propia campaña, Presidente, ha sido puesto en entredicho. -Ésa es una cuestión estrictamente propagandística. Porque, como dije al día siguiente de que saliera la resolución de la jueza, ¡no hay platas públicas en mi campaña! Punto.
-Durante diez años la Concertación gobernó con la "política de los consensos". Se negociaban con la derecha todos los proyectos de ley, nada salía hacia el Parlamento sin acuerdo previo. Luego usted decidió establecer espacios de "disenso". ¿Está pagando el precio? -Mire, después de un período de polarización tan fuerte, como fue el plebiscito del 88, democracia o dictadura, Pinochet sí o Pinochet no, se requería de un cierto grado de consenso para poder avanzar. De manera que no critico eso. Pero ahora es muy importante que la opinión pública distinga entre distintas opciones políticas. Por eso hemos enfrentado a la oposición con la derogación de la pena de muerte y la ley de divorcio, sólo para referirme a temas valóricos y no económicos, como el seguro de desempleo...
-O el royalty a las empresas mineras... -O la reforma de las AFP, o el Plan Auge, donde estamos discutiendo sobre las Isapres y el Fonasa. ¡Si las Isapres sólo quieren tener gente joven! ¡Y cuando usted cumple 65 años tratan de sacarlo! ¡O no quieren tener mujeres en edad fértil! Al final, terminan todos en Fonasa. Lo lógico es crear un fondo que se entregue en función del mayor riesgo de salud por edad y sexo. ¡Es elemental! Y aquí en Chile hacen un escándalo, llaman a rebato y dicen que esto es inconstitucional. La derecha se molesta porque le tocan el bolsillo. ¡Se molesta porque yo pregunto por los gastos de administración! Pregunta: ¿cuánto gastan las Isapres? Respuesta: trece por ciento. ¿Cuánto gasta Fonasa?: tres por ciento.
-Bien ineficiente el sistema privado. -No, es muy eficiente porque paga muy bien a sus gerentes, a sus administradores, a sus directores. Y tienen que tener muchos vendedores para que la gente se cambie de la Isapre A a la Isapre B. ¡Y cuando digo estas cosas se molestan! Pero es la verdad. Como cuando digo que la utilidad sobre el patrimonio de las AFP supera el 25 por ciento. ¿Qué otro negocio en Chile renta así? Ninguno.
-Mientras tanto, en Chile hay 350 mil ancianos que reciben 37 mil pesos al mes y otros 580 mil con sólo 54 mil. ¿Qué le dicen estas cifras? -Que tenemos tanto que avanzar en el terreno de la asistencia. Esos 350 mil ancianos reciben una pensión de gracia, porque es gente que nunca hizo cotizaciones previsionales. ¿Y si le agrego que hay 20 mil ancianos en cola aspirando a recibir esos 37 mil pesos?
-¿No le parece una realidad social escandalosa? -Sí, por cierto. Y para abordar esa realidad social escandalosa hay que plantearse qué tipo de sociedad queremos y qué tipo de tributos pagaremos. Porque con los tributos actuales, de 18 a 19 por ciento sobre el producto, eso no se va a resolver. De cada tres pesos que recauda el Estado, sólo uno está para financiar eso que usted, con razón, califica de escandaloso. ¡De cada tres, uno! Y también usted me podría decir: ¿qué le parece, Presidente, que de ese tercio de recursos fiscales, un sexto vaya destinado sólo para jubilados y montepiados de las Fuerzas Armadas? Por eso planteamos una reforma modesta, ¡mínima!, al tema de previsión de las Fuerzas Armadas. ¿Y cómo lo votó la derecha, cómo votó la UDI? Lo rechazaron.
-Las Fuerzas Armadas siguen recibiendo el 10 por ciento de las ventas del cobre de Codelco. ¿Le va a hincar el diente a este tema? -Sí, estamos trabajando el tema con la ministra de Defensa y lo hemos hablado con los comandantes en jefe. Además, es muy absurdo que ese monto se reparta por tercios.
-¿Cómo es que en catorce años no se ha podido convencer a los empresarios de que es un buen negocio invertir en justicia social? Que se pueden evitar el remezón de un estallido social. -Para hablar en términos más pedestres, la pregunta que deben hacerse los empresarios es cuánto ahorran en tasas de interés. Porque ¿cuál es la gran ventaja de Chile respecto de los otros países del área? La ventaja es que tenemos un país sin tensiones y con cohesión social, lo que da un bajo riesgo-país y, por ende, una tasa de interés más baja. Sin embargo, los empresarios chilenos están pensando en cuál va a ser el resultado del próximo balance, y lo comparan con el del año anterior. ¡Hay que tener una mirada de más largo plazo!
-Esto quizá ocurra porque la prensa no pone estos temas en la agenda. Y ahí entramos en otra espina de la transición: casi la totalidad de los medios pertenece a personas de derecha. -Cuando llegan empresarios extranjeros, me expresan su sorpresa por la realidad de los medios en Chile. El nivel de desarrollo del país, intelectual y culturalmente hablando, no tiene nada que ver con los medios que tenemos, que confunden los hechos con los deseos del director respectivo y con eso titulan. Pero parece que esos medios ya no crean opinión pública.
-¿No? -Llego a esa conclusión porque el 90 por ciento de los medios está todos los días disparándome. Y si estoy donde estoy...
-¿Por qué no usa la publicidad estatal para equilibrar el panorama? -Se hace un esfuerzo por equilibrar...
-No se ha hecho, Presidente. Casi toda la publicidad estatal va a los diarios de El Mercurio y La Tercera. -Y ellos argumentarán que tienen al 95 por ciento de los lectores.
-Eso no es verdad. -La verdad es que la opinión pública se informa más por televisión y por radio. Por eso decidí hacer los programas de radio cada quince días, sin cuestionario previo, aunque me dijeron que era arriesgado. Algo similar ocurrió cuando abrí La Moneda y me dijeron: "¡Presidente, cómo se le ocurre! Van a empezar a protestar debajo de su ventana". Y yo dije: "Menos mal, para poder mirar gente, para no pasar tan encerrado acá". Y ya van cuatro años. Y esto tiene que ver con un país distinto. Porque si me preguntan qué es lo más importante de estos cuatro años, le digo: ¡que Chile cambió!
-¿Cómo? -En que no tuvimos miedo de decir lo que dijimos y hacer lo que hicimos al cumplirse 30 años del 11 de septiembre. ¿Por qué pasó eso a los 30 años y no a los 25 ó a los 20?
-Quizá porque se perdió una cuota importante de miedo. -O porque hay un cambio cultural. ¿Por qué nos atrevemos a plantear cosas que antes eran tabú? ¿Por qué nos atrevemos a plantear el tema de la homosexualidad, de la píldora del día después, del divorcio? Hay un cambio cultural, que tiene que ver con un ejercicio más profundo de las libertades. No es solamente que se estrenaron 170 obras de teatro el año pasado, o que hay un renacer del cine chileno, o Matucana 100, o una nueva institucionalidad cultural. Eso es importante, pero es mucho más: lo que ha habido es un cambio profundo. Y cuando uno ve a los jóvenes, el cambio es todavía más profundo. A lo mejor, claro, no es el cambio que uno quiere. A mí me gustaría ver a más jóvenes comprometidos en la política, por ejemplo.
-Sólo el cinco por ciento de ellos está inscrito en los registros electorales. -¡Y eso es culpa nuestra! Si no explicamos la diferencia entre unos y otros, si nos creen a todos iguales, ¿cómo vamos a motivar a los jóvenes? No fue necesario motivar a ningún joven para decirle "vamos a votar No" en 1988.
-La "farandulización" de la política es parte de este fenómeno. -Hay mucho de eso. No hay ideas, no hay debate. Si el tema es quién tapa mejor los hoyos, vamos, elijamos a un ingeniero experto en hoyos. Sin embargo, los hoyos deben taparse con un sentido del país que queremos construir. Es dentro de un proyecto de ciudad que estamos haciendo las autopistas en Santiago, no por el puro gusto de hacer autopistas. No hacemos Metro por el gusto de hacer excavaciones. Y si hacemos la segunda pista del aeropuerto de Pudahuel es porque queremos que sea el punto de entrada a América Latina desde el sudeste asiático.
-Cuando usted nombró a la canciller Alvear y a la ministra Bachelet, ¿tuvo conciencia de que estaba potenciando la posibilidad de que fueran Presidentas? -No. Cuando en mi primer gabinete hubo cinco mujeres de un total de 16 ministros, ése sí fue un cambio cultural decidido por mí. Que eso iba a derivar en posibilidades presidenciales, sinceramente no lo pensé. Al nombrar a la ministra Bachelet en Defensa, recordé cuando el Presidente Aylwin, en 1990, me preguntó cuál cartera quería yo, y agregó riéndose: "Supongo que no irá a pedir Defensa, porque eso, por razones obvias, no puede ser". Y todos dábamos por entendido que obviamente no podía un socialista estar en Defensa. Doce años después, puse a un socialista, que además era mujer y que además era hija de...
-Un general que fue víctima de la dictadura. -Y eso simbolizó un cambio muy profundo que había ocurrido en Chile, también con nuestras Fuerzas Armadas.
-¿Tenía algún indicio de que los prejuicios políticos y sexistas de las Fuerzas Armadas iban a tolerar eso? -No, el único dato que tenía era que estábamos en otra etapa y que, no obstante que no se ha cambiado ni una coma de la Constitución, ¡hoy el Presidente tiene el mando sobre las instituciones armadas!
-Un mando de facto, porque constitucionalmente no es así. -Por supuesto, pero aquí se ha producido un cambio que es así. Cuando hubo un problema con el general Ríos, comandante en jefe de la Fach, le pedí la renuncia. Él no se negó.
-El general Stange, director de Carabineros, le dijo "no" al ex Presidente Frei. -¡Ése es el cambio, pues!
-¿Usted está de acuerdo con las declaraciones del mismo Frei, hace dos meses, de que Chile no estaba preparado para una mujer Presidente? -Creo que hay un error, que lo que él quiso decir fue que "llegado el momento de la verdad, cuántos chilenos y chilenas van a votar y decir no, todavía no estamos maduros para una mujer".
-¿Usted se hace esa pregunta? -Por supuesto que no. ¡Cómo se le ocurre! Creo que si hubiera habido sólo una mujer entre las personalidades "con posibilidades de", esa pregunta habría sido más frecuente. Pero al ser dos se refuerzan una con la otra y la pregunta deja de ser lógica.
-Presidente, al mundo de la cultura usted le prometió cambiar el nombre del edificio UNCTAD, de "Diego Portales" a "Gabriela Mistral". No ha cumplido esa promesa. -Lo haré antes de irme.
-Tras 14 años de transición, ¿hemos construido suficientes garantías de que las Fuerzas Armadas no volverán a ser usadas por un sector político para aniquilar a otro? -Creo que la mejor garantía es la convicción de ellos mismos. El "nunca más" del general Cheyre. Es un nunca más muy profundo.
-¿Representa a la mayoría de los uniformados? -No sé si a la mayoría. Pero todos saben que, en el mundo global, hay que andar con credenciales democráticas, con respeto al estado de derecho y a los derechos humanos. Ayer leí una editorial de The New York Times que decía: "En 50 años más, nadie se va a acordar de Saddam Hussein, ni de que hubo una guerra en Irak. Lo único que va a quedar es que hubo tropas norteamericanas que torturaron". Hay ciertos hechos que se marcan a fuego. Y las Fuerzas Armadas chilenas tienen muy claro que su rol como instituciones permanentes del país está ligado al "nunca más".
-¿Cree que un cadete que este año entró a la Escuela Militar tiene claro que la dictadura del general Pinochet cometió actos aberrantes e irrepetibles? -Sí, eso es parte de los 30 años. ¡Es imposible que ese cadete no haya visto lo que todos vimos por televisión!
-¿Le gustaría poder decir, al finalizar su mandato, "he terminado la transición"? -Es difícil, porque la transición va a terminar sólo cuando tengamos una Constitución que nos represente a todos. En una democracia, hay diversidad de puntos de vista, ahí está la riqueza del país. Y es clave que estemos de acuerdo en la "medida común" que representa la Constitución.
-Si no logra el cambio constitucional, ¿será senador vitalicio? -Tomaré la decisión el 12 de marzo del 2006. Espero no tener que tomarla, que ya no existan los senadores designados ni los vitalicios.
-¿Y el resto de los "enclaves autoritarios"? ¿El sistema binominal? -Espero poder cambiar todo eso: el Tribunal Constitucional, el Consejo de Seguridad Nacional, la forma de remoción de los comandantes en jefe y la composición del Senado.
-Presidente, el 70 por ciento de los chilenos declara no confiar en nadie. ¿Le ha tomado el peso a esto? -Tenemos una sociedad demasiado individualista. Sólo los sectores más modestos tienen un mayor grado de acción colectiva. Cuando se entrega un programa de agua potable rural, por ejemplo, es porque allí hay un comité que se organizó para lograrlo, normalmente encabezado por mujeres. Hay una enorme organización social, muy subterránea, que podría potenciarse mucho más si no existiera esta suerte de campaña en pro del individualismo: yo soy yo y tengo que enfrentar la vida como sea.
-Estoy solo frente a la AFP, solo frente a la Isapres, solo frente al empresario. El "ciudadano credicard" que describió Tomás Moulian. -Cuando una sociedad se construye a partir de los consumidores, termina siendo una sociedad de mercado con las desigualdades del mercado. En cambio, cuando la hacen los ciudadanos, todos somos iguales en el voto y eso define el interés de la mayoría. Cuando la sociedad dice "quiero educación obligatoria de doce años", o "quiero agua potable rural", está diciendo que todos tenemos derecho a la educación y al agua potable. Si fuera por el mercado, sólo tendrían los que pueden pagar. Ésa es la diferencia.
DESTACADOS: Antes de terminar mi mandato, espero poder cambiar el Tribunal Constitucional, el Consejo de Seguridad Nacional, la forma de remoción de los comandantes en jefe y la composición del Senado.
Las Isapres sólo quieren tener gente joven, y cuando usted cumple 65 años tratan de sacarlo. ¡O no quieren tener mujeres en edad fértil! Al final, terminan todos en Fonasa. Lo lógico es crear un fondo que se entregue en función del mayor riesgo de salud por edad y sexo. ¡Es elemental!
La realidad social chilena es escandalosa, y por esto hay que plantearse qué tipo de tributos pagaremos. Porque con los tributos actuales, 18 a 19 por ciento sobre el producto, eso no se va a resolver. De cada tres pesos que recauda el Estado, sólo uno está para financiar esa realidad social. ¡De cada tres, sólo uno!
Si los jóvenes no se inscriben, es culpa nuestra. Si no explicamos la diferencia entre unos y otros, si nos creen a todos iguales, ¿cómo vamos a motivarlos? No fue necesario motivar a ningún joven para decirle "vamos a votar No" en 1988.
El frente externo
Entrevistamos al Presidente el mismo día en que anunció una solución para la crisis energética: una planta de gas natural licuado para no depender de Argentina. A Ricardo Lagos le gusta manejar el timón cuando hay tormenta. Lo estimulan las situaciones de riesgo. Ahí es cuando se mueve como pez en el agua en los entresijos del poder.
La tormenta, en este caso, era energética. De un día para otro, sonaron las alarmas ante el recorte de gas natural ordenado por el gobierno argentino, violando un acuerdo bilateral. Dependíamos en un 70 por ciento de ese gas para generar electricidad. Y Bolivia remató el cuadro: le vendió gas a los argentinos con la condición de no revender a Chile.
-¿Algún error chileno explica los problemas con Argentina y Bolivia? -No, lo que tenemos es un crecimiento acelerado en Chile y vecinos que no crecen tan rápido. A eso se agrega, por desgracia, en el caso boliviano, que fracasó su negocio del gas. Lo que Chile ofreció a Bolivia no tiene parangón en la historia: una concesión gratuita, por todo el tiempo que fuera necesario, sin impuesto alguno para el Estado de Chile, de un espacio de tierra para construir un puerto y, más importante, un espacio donde instalar sus plantas de licuefacción.
-¿Podían poner bandera boliviana allí? -No. Como dije, haciendo un chiste, los partes por exceso de velocidad los pasaría Carabineros de Chile. Pero todo lo demás era de ellos. Yo le dije a Banzer: "Le doy una concesión y todo lo que ocurra ahí es suyo. ¿Qué impuesto le quiere cobrar a la empresa que le trae el gas de Bolivia hasta el punto de embarque chileno? Ese es problema suyo, no mío". Creo que era una fórmula inteligente. ¿Por qué lo hice? Porque Banzer, de una manera muy lúcida, me dijo: "Mire, Presidente, yo aprendí en Charaña, en la negociación con Pinochet, que no tenía sentido comenzar discutiendo por soberanía, por dónde poner la bandera. Era mucho más lógico que tuviéramos una agenda de futuro. Y si en la agenda de futuro lo hacemos bien, es mucho más fácil resolver los problemas del pasado".
-¿Cómo se explica que los sentimientos antichilenos, producto de la Guerra del Pacífico de fines del siglo 19, entorpezcan tanto las negociaciones del presente? En Europa, donde tuvieron una guerra feroz hace 60 años, hay Unión Europea. -Es una pregunta que me hago muchas veces. ¿Sabía que, en 1895, Chile le ofreció a Bolivia los puertos de Tacna y Arica? ¡Y el Parlamento boliviano rechazó la oferta! Porque, en ese momento, Bolivia se había propuesto recuperar Antofagasta. Hoy día, cuando se plantea una salida soberana al mar, yo apelo al sentido común. ¿Puede usted pretender una salida soberana que divida a Chile en dos, el Chile del norte y el Chile del sur, divididos por un corredor boliviano? No puede ser. No existe esa posibilidad.
-Sólo queda el corredor en la frontera norte, y Perú se opone. -Así es, Perú se opone. Como dice el canciller peruano, la misión diplomática más exitosa de su país fue la de Charaña, ya que los bolivianos creen que eso fracasó por culpa de Chile y no porque Perú se negó.
-Pero Bolivia sabe que Perú rechazó ese corredor. -Yo creo que la opinión pública boliviana no lo sabe. Y no estoy criticando a los amigos peruanos, estoy constatando un hecho de la historia.
-Y ahora Bolivia prohíbe a Argentina revender su gas a Chile. -Creo que eso se relaciona más con su política interna. No quisiera hablar del tema, por razones obvias. Pero es tan fácil para un Presidente envolverse en la bandera de su país. Viera cómo me subieron los puntos después de lo que dije en la Cumbre de Monterrey. Pero eso me produjo una tremenda tristeza, porque tenía conciencia de que mis palabras marcaban el fracaso de mi política hacia Bolivia. Quiero aclarar que con quien más me he reunido, en estos cuatro años, es con los Presidentes de Bolivia. Desgraciadamente, se perdió una gran oportunidad.
-¿Y el tema del gas? ¿Está desilusionado del Presidente Kirchner? -El Presidente Kirchner, en un primer momento, no tenía una visión clara de la magnitud del problema. Cuando me llamó la primera vez, me dijo: "Ricardo, te pido 48 horas y yo dejo resuelto este tema". Le respondí: "Creo que el tema no es de 48 horas y que va a afectar mucho la seguridad, la confianza". ¡La confianza, más allá de los contratos, de la palabra escrita! Y después le he dicho que es más importante que Argentina vea a Chile como parte de la solución y no como parte del problema.
-En América Latina, la política exterior chilena es percibida como individualista y arrogante. ¿Cuál es su mea culpa? -Mi primera salida al extranjero como Presidente fue a Argentina, el 17 de mayo del 2000. Al Parlamento argentino le señalé que nuestra prioridad en política exterior es América Latina, el Mercosur, que tiene que ser mucho más que una unión aduanera. Debe ser un acuerdo político y para eso Chile está disponible. Claro que, cada vez que enfaticé la necesidad de fortalecer nexos con América Latina, la oposición chilena me dijo: "Preocúpese de las cosas importantes, de los tratados con Estados Unidos, con Europa. Deje eso".
-Que no perdiera tiempo en el barrio. -Eso. ¡Pero la política exterior de Chile se hace desde América Latina! ¿Por qué envié tropas a Haití? Porque me pareció indispensable que podamos manejar nuestros asuntos en la región y no vengan otros desde afuera. Por eso me alegró tanto cuando Lula anunció: "Ahora yo me pongo con 1.400 soldados". Nunca los países del Caricom se habían sentido más cerca de Chile que ahora. Eso habla de una política que se hace en la región y para la región.
-Otra crítica frecuente es la sumisión de Chile ante Estados Unidos. -Cuando decidimos negociar con Estados Unidos, sé que a otros países no les gustó, porque creían que había que negociar en conjunto. Pero ése era un grave error, porque las posibilidades de Chile de llegar a un acuerdo eran mayores. Y hemos mantenido nuestra autonomía comercial. Pero una cosa es el comercio y otra es la política. No porque yo quisiera un acuerdo con Estados Unidos iba a dejar de tomar decisiones autónomas, como en el caso de Irak. ¡Si hasta dijeron que no habría TLC, y ahí lo tenemos, firmado! Y ahora, hace pocas semanas, fuimos el único país que planteó el caso de Guantánamo en la ONU. Somos un país pequeño, pero tenemos un cierto grado de autonomía en política exterior.
DESTACADOS: Es tan fácil para un Presidente envolverse en la bandera de su país. Viera cómo me subieron los puntos tras la Cumbre de Monterrey. Pero eso me produjo una tremenda tristeza, porque tenía conciencia de que mis palabras marcaban el fracaso de mi política hacia Bolivia.
Después de nuestra negativa a enviar tropas a Irak, dijeron que no habría TLC. ¡Y ahí lo tenemos, firmado! Y ahora, hace pocas semanas, fuimos el único país que planteó el caso de Guantánamo en la ONU. Somos un país pequeño, pero tenemos un cierto grado de autonomía en política exterior.
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Jue, 20 de Mayo, 2004 10:34 pm
Cecilia Morelia Gonzàlez G. <cecymore@...>
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