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Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
Apartado 854-50080 Zaragoza
8/3/05
Queridos foristas:
En el día de la Mujer Trabajadora, agradezco a Tabby Cordero que se incorpore a la lucha y reivindicaciones feministas. Sólo con el esfuerzo de todos: varones y mujeres juntos ayudando en la revolución pacífica feminista, se acabará con las desigualdades y consiguiremos crear un futuro mundo mejor. Mundo en el que los seres humanos de ambos géneros, seamos libres, tengamos poder económico e iguales derechos en todos los campos.
Un abrazo, Francisca
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De: CTabby@...
Responder a: culturaarcaica@...
Fecha: Sun, 6 Mar 2005 10:55:03 EST
Asunto: Re: [culturaarcaica] LA TIERRA SUFICIENTE, Gloria Hernández
Excelente artículo, si me lo permiten, como soy periodista radial, lo voy a
leer en mi programa, respetando sitio y autor, por supuesto.
Un abrazo militante,
Tabby Cordero
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LA TIERRA SUFICIENTE, Gloria Hernández
Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
Apartado 854-50080 Zaragoza
18/2/05
Queridos foristas:
Os envío un artículo bonito leído días atrás.
Un abrazo, Francisca
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laCuerda- www.geocities.com/lacuerda_gt-75-ene-feb2005
LA TIERRA SUFICIENTE
Gloria Hernández / Escritora y catedrática universitaria
Todas las mujeres llevamos dentro la tierra y la semilla. Somos proveedoras inagotables de cariño, de atención, de cuidados, de amor. La mujer primera lo sabía en su corazón. De allí que se hiciera agricultora. Sólo una conocedora real de la paciencia y del esmero pudo dedicarse a inventar el arte de cultivar. Y luego, enseñársela a los demás.
La imagen es ideal: una mujer feliz prodigándose a sí misma y compartiendo su esencia. Pero la escena no se completa a menos que haya con quién compartir esa riqueza interior. El traspié surge cuando, después de mucho tiempo invertido, como mujeres empezamos a preguntarnos quiénes nos escuchan, atienden y aman a nosotras. Porque entonces caemos en la cuenta de que muy pocas veces contamos con un interlocutor real. A pesar de las amistades, familias numerosas, hijos, esposos, parejas, novios o quienes vivan bajo nuestro techo.
En muchas latitudes, las mujeres crecemos aprehendiendo un programa inhumano que yo llamo "Todo corazón". Y así, nos entrenamos desde niñas a entregarnos completas a personas que no van a hacerlo con nosotras; a dejar nuestro pellejo en aras de las causas más inverosímiles pero, especialmente, a no esperar nada a cambio.
Y entonces sucede lo que menos teníamos previsto. Nuestro afán es malinterpretado. Nuestros esfuerzos por agradar a nuestros más caros y cercanos seres se vuelven tediosas obligaciones. Nuestras personalidades como mujeres, esposas, amantes, madres, amigas se van volviendo invisibles. Nos convertimos en aquellos servicios que podamos prodigar.
Somos, así, la que mantiene las relaciones públicas familiares, la que plancha, la que cocina, la que escucha los problemas, la que hace las compras, la que ayuda con su trabajo a "redondear" el ingreso familiar, la que presta su cuerpo para urgencias sexuales impersonales, la que lleva y trae a los niños de la escuela. De allí que la soledad y el vacío se enseñorean en nuestros territorios emocionales.
Los matrimonios y las uniones maritales son clarísimos ejemplos de todo lo anterior. Los emprendemos con toda la ilusión y la buena voluntad a nuestro alcance. Hacemos tan grande el esfuerzo, sin embargo, que tarde o temprano nos quedamos solas en nuestro reino de sombras. Ése que construimos a costa de nuestra despersonalización.
Abuelas, tías, hermanas, amigas y hasta mujeres que no conozco padecemos el mismo síndrome. Somos, estamos tan agradecidas con el caballero azul que vino a completarnos la vida que se la entregamos toda. Y si no estamos contentas todavía, regalamos por doquier los pedazos de nosotras que puedan haber quedado. La loable misión es muy cristiana: debemos servir a los demás. Pero absolutamente injusta. Porque, además, provocamos reacciones ajenas negativas.
Buena parte de las mujeres nos apretamos el cinturón ante la miseria y el desamor porque "así nos toca a nosotras", como alguna vez escuché decir a una amiga. Otras posponen los proyectos personales indefinidamente. Patricia iba a ser pianista, Olga, química bióloga, María Inés quería cantar. Sus más anhelados sueños no son más que recuerdos. Si les pregunto, aducen no haber tenido tiempo...
El tiempo no debiera ser la pérdida inexorable de momentos y de vida. El tiempo podría traernos la experiencia y la reflexión de la mujer primera. Aquélla de la tierra y de la semilla. Ésa que se bastaba a sí misma para ser feliz. Acompañada o solitaria. La que no esperaba redentores ni servía amos. La que no conocía las culpas. Aquella sembradora con la tierra suficiente para cosechar los frutos de los cuidados, de la misericordia y del amor primordial hacia sí misma.
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Mar, 8 de Mar, 2005 12:22 pm
Francisca Martín-Cano Abreu <martincano@...>
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