Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
Apartado 854-50080 Zaragoza
5/6/05
Queridos foristas:
Os envío un artículo interesante de Laura E. Asturias, que aunque ella reivindica educación sexual para Guatemala, se puede extrapolar para España, porque a pesar de todos los avances aquí, en algunos campos estamos aún en la Prehistoria. Y como ejemplo os recuerdo que ciertas fuerzas retrógradas consiguieron quitar de la circulación la Guia de sexualidad para niñas en las escuelas, ya que consideraban que ¡inicitaban a la masturbación!
Juaau, ¡qué pecado de inmoralidad!
¿Cuándo se impartarán clases en las aescelas en una asignatura de Sexualidad que abarque todo tipo de cuestiones como el placer y el respeto e incluyan clases sistemáticas sobre la manera de organizar y satisfacer las necesidades físicas sexuales y el afecto, así como el arte y el proceso de alcanzar la felicidad?
Hoy, que se sabe que el placer y el gozo de la sexualidad, tanto a solas como la actividad sexual compartida: es un sedante y un consuelo, libera tensiones, embellece, da alegría, hace subir la autoestima, alarga la vida, es fuente de felicidad y de curación, parte esencial de una vida saludable, la mejor terapia para curar las tristezas y las frustraciones... anhelamos que en un futuro próximo, la gran mayoría de la sociedad pueda satisfacer sus apetencias sexuales y de afectos, se les permita comprender el alma humana y ampliar los placeres del sexo como antaño sin barreras, en relaciones legales o no, estables o promiscuas, homoeróticas, heterosexuales o bisexuales y también con animales, sin ningún control de un sexo sobre el otro, ni obligaciones femeninas de traer hijos.
Un abrazo, Francisca
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De: "Editora - laCuerda" <editora@...>
Fecha: Sat, 17 Dec 2005 11:45:11 -0600
Para: "laCuerda.txt" <lacuerda@...>
Asunto: ~laCuerda~ No. 85 [diciembre/2005] TXT
QUE NOS EDUQUEN PARA LA VIDA
Laura E. Asturias / laCuerda
· Hay que desclandestinizar la
· sexualidad, sacarla a pasear, ventilarla...
La sensación que a una le entra cuando es la sexualidad el tema a
abordar es buen indicador de cómo la vivimos en nuestro país.
Tan fácil es atacar el teclado para protestar por los abusos en la
sociedad, la corrupción en todos los ámbitos... Pero si de sexualidad se
trata, la cosa cambia y sabés que estás entrando a un campo minado en el
que más te vale ser cuidadosa y decir lo que querés de tal forma que
nadie te acuse de ofender "la moral y las buenas costumbres".
Una pensaría que habría más apertura a hablar del tema en un siglo al
que entramos con una rampante epidemia de sida. Cada día ocurren en el
mundo 14 mil nuevas infecciones, en su mayoría debido a relaciones
sexuales sin uso del condón. En Guatemala, según las autoridades de
salud, desde 1984 hasta agosto del 2005 han sido reportados 8,685 casos
de sida y a la fecha hay 2,196 casos notificados de infección por VIH.
Las personas más afectadas, que se encuentran entre los 15 y 49 años de
edad, conforman el 83 por ciento de todos los casos de sida.
Pese a ello, y con escasas excepciones, la sexualidad sigue metida en
el armario: el lugar más inadecuado para ella en tiempos en que
esconderla y amordazarla puede hasta costarnos la vida. Aún hay gran
resistencia a abordarla con franqueza, lo cual tiene mucho que ver con
que ésa es la pauta que han dado los sucesivos gobiernos, como si meter
el tema bajo la alfombra consiguiera desaparecerlo.
Poniendo a un lado que las realidades que trae una epidemia mortal
ameritan desclandestinizar la sexualidad, sacarla a pasear, ventilarla,
hay razones fundamentales para hablar de ella: es nuestro derecho
humano. Tenemos una Constitución que, además de estipular que "es libre
el acceso a las fuentes de información", reconoce que dos de los fines
primordiales de la educación son el desarrollo integral de las personas
y el conocimiento de la realidad, como también que la educación
científica, tecnológica y humanística son "objetivos que el Estado
deberá orientar y ampliar permanentemente".
SAQUÉMOSLE EL DIABLO
Zanjado el asunto de nuestro justo derecho a insistir en que el gobierno
cumpla sus obligaciones constitucionales dando información veraz y
científica a la sociedad, otras cuestiones más finas y sutiles son
igualmente importantes... como saber qué es la sexualidad.
Es usual que esa palabra haga pensar que se refiere sólo a las
actividades sexuales. Lo cierto es que rebasa lo que hacemos con
nuestros órganos. Es algo tanto más amplio. La sexualidad tiene tres
componentes: el biológico, o las características físicas que nos
identifican como mujeres u hombres; el psicológico, que se refiere a
cómo pensamos, las formas en que manifestamos emociones y cómo
entendemos y aceptamos la persona que somos; y el social, conocido como
"género", que abarca valores, actitudes y conductas que la sociedad nos
enseña que son "propias" del sexo con que nacimos.
Cuando uno de los componentes es lastimado o vulnerado, los otros se
resienten. No son sólo nuestros órganos, nuestra mente o emociones lo
que se ve afectado, sino la integralidad de nuestra persona.
Dicho de otra forma, sexualidad es todo lo que hacemos y cómo. Es la
manera en que caminamos y conversamos; cómo la música nos mueve y nos
movemos con ella; la forma en que respetamos nuestro ser y a otras
personas. Es lo que nos empuja a defender ciertas causas, abrazar
principios y valores. En síntesis, una energía que impulsa nuestros
actos. Y definitivamente no es estática: las vivencias tempranas nos
marcan, como también dejan huellas las experiencias que vamos teniendo y
que pueden paralizar nuestra existencia o enriquecerla.
La sexualidad no es poca cosa: es la persona y la personalidad únicas
que somos. Tenerla saludable es básico para iniciarnos en una vida
satisfactoria y una convivencia humana armoniosa.
UN ENORME VACÍO
Hasta ahora, a la inmensa mayoría de las personas en Guatemala se le ha
negado la posibilidad de tener una vida plena, no sólo por las
injusticias en que las mantiene un sistema económico rapaz y
profundamente egoísta, sino también porque se les sigue vedando el
acceso a información verídica y científica sobre la sexualidad y las
relaciones sexuales.
Si mal les va, a lo más que pueden aspirar es obtener la mínima
educación primaria que el Estado tiene el mandato de impartir
gratuitamente. Y quizás con suerte adquieran en el camino unos cuantos
conocimientos que les permitan sortear sus dilemas.
Falta un cambio de actitud en las autoridades de manera que en
nuestro país se ponga fin también al analfabetismo sexual que expone a
la gente a problemas como tener más hijos de los que desea o adquirir
una infección letal.
LA EDUCACIÓN QUE EXIGIMOS
Es una que aborde la sexualidad en todos sus aspectos: físico,
psicológico y social. Que permita vivirla en forma placentera,
auténticamente informada sobre posibilidades y riesgos. Que nos libere
de los tantos miedos impuestos sobre todo por aquellas religiones que no
se ponen a la altura de los tiempos. Una educación abierta, que enseñe a
discernir, a criticar lo que debe cambiar, sin temor a que se nos
sojuzgue o aísle; que respete los derechos sexuales como inherentes a
las personas, no moneda de cambio.
Y ello requiere un Estado que reconozca el importante papel que juega
en brindar una educación en verdad para la vida, no a medias tintas como
hasta ahora.