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06. La Senda Aborigen   Lista de mensajes  
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b) La sexualidad arcaica.

³Teniendo en cuenta la perspectiva gaiática de la vida humana, y un punto de vista no patriarcal. En primer lugar, hay que partir de que en el Paleolítico, como luego en el Neolítico, el sexo no se había instituido en tabú ni era objeto de represión alguna. Sin inhibiciones, ni pudor ni recato, el sexo y la búsqueda del placer corporal formaría parte de su vida cotidiana, y se practicaría de forma espontánea sin reglamentación alguna². Casilda Rodrigañez

La escisión del cuerpo de la mujer y el invento del amor espiritual se inscriben en un orden general de los sentimientos. Según De Choisy hay datos históricos que prueban que hubo un tiempo en el que el amor al próximo era físico, y era una regla en una sociedad basada en la conservación de la vida, en el bienestar y en la ayuda mutua. La espiritualización cristiana del ³amor al próximo² forma parte del orden sexual represivo patriarcal. De Choisy cuenta también cómo, en la transición a la sociedad patriarcal, cuando empiezan a instituirse la monogamia y la exclusividad, aparecen las hetairas, lo que nuestra cultura ha llamado ³prostitutas sagradas², para "expiar el pecado del matrimonio" y mantener vivo el fluido del amor. Cuando la monogamia y la pareja se generalizan, las prostitutas sagradas se mantendrán todavía durante algún tiempo en algunos lugares junto con los cultos a la diosa Madre.

El matrimonio aparece, ante todo, como la violación de una ley religiosa. Por muy incomprensible que sea para nuestra conciencia moderna, esto tiene el testimonio de la Historia. (...) El matrimonio debía ser expiado ya que "por su exclusivismo viola la ley de la divinidad". La naturaleza no ha dotado a la mujer de tantos encan-tos para que se marchite en los brazos de uno solo. La ley de la materia, según esta filosofía religiosa odia la coacción, rechaza todo límite, considerado como una ofensa hacia la diosa. El matri-monio sólo fue posible después de un cambio de moral (...) La monogamia debe compensar con la prostitución sagrada su infracción a las leyes de la materia y reconquistar- así la complacencia divina. Marise De Choisy.

La religión de la diosa apareció durante la transición, en las primeras ciudades-Estado (y sus vestigios han perdurado hasta la Edad Media, con los druidas, celtas etc.), como una forma de resistencia: un modo de conservar el antiguo modo de vida y de cultivar la vida contra el Patriarcado, y por eso, entonces, las prostitutas eran ³sagradas²: eran sacerdotisas de la diosa que vivían en los templos para rendir culto al amor. No es casualidad que la mariología, el culto a la Virgen María, aparezca en el siglo XII para machacar los vestigios de los diferentes cultos a la diosa Madre y hacer prevalecer el amor ³espiritual² sobre el amor verdadero.

³Al abandono al primero que llegaba le sucede la elección de las personas; Deméter ha vencido a Afrodita. Pasamos al reino de la pareja². Marise de Choisy

Ahora el deseo lo induce el neocórtex ante aquél o aquella cuya imagen representa el prototipo de lo que te debe gustar, de lo que es adecuado para formar la pareja, obedeciendo al orden sentimental establecido. Hoy no podemos entender el significa-do de "el abandono al primero que llega" de los otros tiempos. No podemos ni imaginar algo tan simple como el deseo descodi-ficado. Pero lo cierto es que, sin mediar la destrucción del tejido social y los procesos de devastación y de domesticación de las criaturas, el deseo no codificado es inducido por el deseo de otr@; y basta sentirse desead@ para desear a quien te desea.

El deseo, por su propia condición, se derrama para fundirse con otr@s, y se guía por su anhelo de complacer a otr@. Es cierto que, cuando de la integridad de nuestro ser mana el deseo y el sentimiento puro, su tránsito es como una caricia que lame todos los vericuetos de nuestros cuerpos y de nuestras almas; pero el hecho de que el derramamiento del deseo nos produzca placer, no debe de confundirnos. El deseo genuino no es egocéntrico. Como diría Kropotkin se obtiene placer dando, porque la bús-queda del placer y la solidaridad son las vías generales del man-tenimiento y de la expansión de la vida. Y no hay en ello nada misterioso ni romántico: sin esta cualidad (la ayuda mutua y la búsqueda del placer o de `lo agradable') el reino animal jamás se habría desarrollado o alcanzado su perfección actual. Desear a otr@ es ante todo deseo de saciar sus deseos; y al saciar los dese-os del ser deseado, nos fundimos y nos saciamos. Es el compla-cer del placer, y el placer de complacer. El sentir del consentir, y el consentir de los sentimientos que se originan precisamente para expandirse -la condición del mantenimiento de la vida es su expansión-, y por eso decimos que, en su origen, los deseos no son ni posesivos ni egocéntricos. La posesividad, con palabras de Deleuze y Guattari, es un contraefecto de la represión.

Nuestra condición humana está preparada para la abundancia de la producción de los deseos, de unos deseos saciables; y no para la carencia ni para la frustración. Pero el orden social tal y como está constituido, frustra y asfixia nuestro anhelo de vida desde el mismo nacimiento, y crecemos con los deseos bloqueados y reprimidos. Y ese anhelo profundo reprimido, que habita en lo más hondo de nuestro ser, es el que se idealiza y se canaliza hacia el ³amor² posesivo, con toda su fuerza contenida y con toda la ansiedad acumulada durante años. La criatura humana abandonada por sus congéneres se convierte en individuo en busca de compañía. El deseo se ha transformado ya en miedo a carecer, y este miedo, a su vez, en afán de poseer a otr@. Hemos entrado en el reino de la pareja, que presupone el reino del individuo.

El ego es el resultado del bloqueo del flujo de la vida; cuando el deseo deja de fluir, el ser humano queda en soledad, y aparece el individuo, que trata de compensar la carencia y la soledad con la posesión; por eso su `identidad' se define por lo que retiene, acapara y convierte en su posesión (`mi' papa, 'ni' mamá, `mi' casa...); aparece el ³yo-poseedor³ por contra del yo-vivo-disuelto: por contra del vivir disuelto que hace innecesaria la metafísica y la ³identidad².

El ³ego² se forma por la imposibilidad del deseo de fluir y con la descomposición del amor, por un lado, en ³amor² sexual pose-sivo, que sí es egocéntrico; y por otro, en ³amor² espiritual, que puede que no sea egocéntrico, pero que está desprovisto de deseo.

El ³amor², el desprendimiento, la generosidad gozan de un prestigio hipócrita en nuestra sociedad siempre y cuando sea un sentimiento mutilado, no sea amor sexual. ¿Por qué, en medio de tanta generosidad, el amor sexual tiene que ser posesivo, exclu-sivo y egocéntrico? La respuesta es clara: el deseo es el susten-to de la ayuda mutua, y el Poder no puede manipular y controlar la vida más que mutilándola.

El ³ego² es una impostura que aparece con las relaciones de Poder. L@s antropólog@s han constatado en ciertas tribus la ine-xistencia de la identidad individual; la conciencia que cada cual tiene de si es la mera pertenencia a un grupo, la de ser parte de un grupo humano: a esta forma de percibirse lo han llamado miméticamente `sistema de identidad grupal'.

Según la antropóloga Martha Moia, en la estructura social matrifocal, la ³identidad² era grupa1 y la convivencia estaba basada en el deseo (sexual) materno de bienestar directamente vinculado a la conservación y protección de la vida. Se trataba de "ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida". Los mayores y los fuertes cuidaban y protegían a los pequeños y a los débiles como requisito de bienestar de conservación del grupo. La ayuda y no la lucha eran la garantía de la vida. Del reconocimiento de la madre y de su amor materno, brotan los sentimientos de fraternidad.


Lun, 6 de Nov, 2006 2:59 pm

arcaicamarti...
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Arcaica
arcaicamarti...
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6 de Nov, 2006
3:03 pm
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