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BEATRIZ GIMENO REINOSO: La Iglesia y la nueva ciudadan ía   Lista de mensajes  
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Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
Apartado 854-50080 Zaragoza
23/10/04

Queridos foristas:


Un abrazo, Francisca
---------


La Iglesia y la nueva ciudadanía

BEATRIZ GIMENO REINOSO. Presidenta de la Federación estatal de
lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Texto publicado en
Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004

El gobierno Zapatero ha puesto en marcha una serie de medidas de las
llamadas "sociales" que se presentarán en otoño y que han puesto en
pie de guerra a la jerarquía de la Iglesia católica que, según muchos,
se dispone a hacer de altavoz de la derecha política en estas
cuestiones. Nosotros no lo creemos. Creemos, por el contrario, que la
derecha tratará de sacar tajada de las feroces críticas que la Iglesia
y otros sectores confesionales harán al gobierno, pero que no se
implicará a fondo en el debate.

En nuestra opinión, la derecha preferiría que este debate pasase lo
más desapercibido posible y mostrará un perfil bajo y moderado. El
Partido Popular (PP) ha pasado de negarse a discutir siquiera una ley
de parejas en las legislaturas de Aznar a presentar una avanzada ley
de parejas y a decir en el Parlamento (yo estaba allí) que siempre han
estado a favor de nuestros derechos, de los derechos de lesbianas,
gays y transexuales. El PP sabe de sobra que en estas cuestiones de
los derechos civiles es la izquierda la impulsora de su regulación,
pero es toda la sociedad la que da su aprobación. Únicamente una
pequeña parte de la sociedad, vinculada confesionalmente a la Iglesia
Católica, se opone radicalmente a la aprobación de estas medidas y, en
todo caso, lo cierto es que, aunque naturalmente algunas medidas son
más controvertidas que otras, en poco tiempo son asumidas socialmente
y utilizadas por toda la ciudadanía en su vida cotidiana.

El PP se limita, cuando gobierna, a mantener un pacto con la Iglesia
en el que el acuerdo tácito que subyace es que no se avanzará en la
aprobación de ninguna de las medidas a las que se opone El Vaticano,
aunque tampoco se retrocederá. A cambio, se facilitará a la Iglesia el
uso de los medios del Estado para hacer proselitismo: clases de
religión obligatoria, presencia en los medios y, desde luego, ingentes
cantidades de dinero. No se avanzará, aunque exista una demanda real,
pero no se retrocederá tampoco, porque retroceder es imposible.

En las sociedades occidentales la democratización social ha ido
acompañada en los últimos años de una auténtica democratización del
individuo, no sólo del individuo como conciencia, también del cuerpo
como entidad física. Simplemente, lo que ha ocurrido es que la
autodeterminación personal se ha convertido en la sociedad posmoderna
en el factor clave de la vida social. El individuo no acepta que
ninguna instancia superior a él mismo, superior y no elegida, se
inmiscuya en lo que él/ella percibe como su supremo derecho: el
derecho a modelar su propia historia personal. Así, el derecho a tener
los hijos que se quieran o se pueda, el derecho a gestionar cada uno
como quiera su erotismo, su cuerpo incluso; el derecho a formar las
familias que se quieran, a educar a los hijos como se quiera, a
gestionar incluso su propia e individual espiritualidad.
Ya no se acepta ninguna ideología que mantenga que un sexo es mejor
que otro, una práctica sexual mejor que otra, una opción personal
mejor que otra y ni siquiera el sexo biológico de nacimiento es ya un
destino ineludible. El individuo modela su historia como puede modelar
su cuerpo y exige que el Estado dé reconocimiento a todas las
opciones. El Estado no puede entrar en las vidas de los individuos
excepto para asumir que todas las opciones son válidas y que ninguna
de ellas puede conllevar ningún tipo de perjuicio social.

El Estado sólo debe entrar en las vidas de la ciudadanía para
garantizar el supremo derecho a la igualdad. Como consecuencia de todo
esto, algunas leyes como la del divorcio, la del derecho al aborto, a
la libertad religiosa, despenalización de cualquier comportamiento
sexual consentido entre adultos, penalización de la homofobia,
desaparición de los hijos ilegítimos, etc., no son en este momento
discutidas por nadie: han pasado a ser parte del patrimonio
democrático y son utilizadas casi en igual medida por personas
progresistas o conservadoras.

Otras medidas también de carácter social han iniciado ya el camino de
su total aceptación: el derecho a la eutanasia, la investigación con
células madre, la clonación terapéutica, el derecho al cambio de sexo
gratuito, el matrimonio entre personas del mismo sexo, ampliación de
la ley del aborto o del divorcio… Cuando estas medidas lleguen al
Parlamento, parecerá que hay un debate encarnizado, pero no hay que
alarmarse, no hay tal debate. La derecha no va a hacer sangre de estas
leyes porque sabe que gozan de aprobación social, que esta aprobación
va a ir a más y no a menos y por ello dejará que sea la Iglesia casi
en exclusiva quien intente caldear el ambiente.

La derecha no quiere parecer reaccionaria -y menos ahora- y, por otra
parte, sabe que estas medidas son como las otras, es decir, que pasado
un tiempo veremos a gays y lesbianas del PP casarse, si no en El
Escorial, sí en cualquier otra catedral laica, pero a lo grande, en
todo caso. Y, no nos engañemos, los derechos individuales están
garantizados y la oposición de la derecha es mínima, porque son el
máximo exponente del triunfo absoluto del liberalismo. Yo hago conmigo
lo que quiero, mi cuerpo es mío. Por eso, aunque los derechos
individuales son liberadores y democráticos y debemos profundizar en
ellos, desde una óptica de izquierdas no debemos convertirlos en el
tótem de la democracia y mucho menos de la política. Sin derechos
sociales, los derechos individuales se convierten en derechos vacíos.
Puede que llegue el día en que creamos ser más dueños de nosotros
mismos que nunca, cuando nos hayamos liberado de las narrativas
religiosas o supersticiosas, cuando el supremo derecho del individuo a
sí mismo sea indiscutido, pero puede que entonces no nos demos cuenta
de que, en realidad, esos derechos se han privatizado y son, por
tanto, patrimonio de unos pocos, de los que pueden pagarlos, mientras
que la inmensa mayoría a quien pertenezcamos verdaderamente sea a los
bancos y a las grandes corporaciones económicas.

En todo caso, al abordar este debate hay que recordar en todo momento
que la Iglesia no se opone más al matrimonio entre personas del mismo
sexo de lo que se opone al uso del preservativo incluso cuando hay
riesgo de contraer el SIDA. Lo que ocurre es que sus diatribas en
contra del preservativo, de cualquier tipo de anticonceptivo, del
divorcio, del sexo no procreativo en general o del sexo fuera del
ámbito matrimonial caen en saco roto, la gente no lo escucha. Las
críticas al matrimonio homosexual, al ser la homofobia algo casi
constitutivo de la cultura occidental y al tratarse de un derecho
cuyos beneficiarios teóricos son sólo una pequeña parte de la
población, son más susceptibles de ser escuchadas y compartidas por la
población general. Pero eso sólo será durante un breve lapso de tiempo.

La normalización homosexual es un hecho, cuestión de poco tiempo. En
realidad a lo que la Iglesia se opone es a que los ciudadanos y
ciudadanas sean libres y dueños de sí mismos; la Iglesia se opone a
una sociedad democrática en la que se elija no sólo a quien debe
gobernarnos y cómo, sino en la que cada uno pueda gobernarse a sí
mismo. Es a eso a lo que la iglesia se opone; y lo hace porque la
Iglesia tal como está organizada no podrá soportar un siglo más la
avalancha del estilo de vida democrático. La Iglesia es una
institución que no ha cambiado en milenios y que necesita, para
sobrevivir, súbditos obedientes. Está basada en la obediencia no
razonada pero ésta, en el siglo XXI, ya no es asumida por la población.

La efectividad del mensaje de la Iglesia está desapareciendo, entre
otras cosas porque sus castigos no son efectivos, la noción de pecado
ha desaparecido de la vida cotidiana del ciudadano/a medio europeo. Lo
que la ciudadanía ha hecho, en lugar de pasar a considerarse atea o
agnóstica es fabricar cada uno/a un dios a su medida. De manera que
según la última encuesta mundial de valores, la mayoría de los
españoles dicen creer en Dios, pero la mayoría, al mismo tiempo, no
cree en el pecado, el 20% de los que se declaran católicos creen en la
reencarnación y casi el 40% no creen en que exista otra vida. La
mayoría de los jóvenes católicos no cree en el cielo y la inmensa
mayoría de los católicos europeos no creen en el infierno. Si el
infierno no existe en otra vida de cuya existencia, además, existen
serias dudas, lo que es seguro es que sí existe en esta, y a tratar de
evitarlo, de tenerlo lo más lejos posible, dedican sus esfuerzos los
seres humanos. Pero la Iglesia se ha quedado estancada en una prédica,
fundamentalmente de contenido moral, que en la mayoría de las
ocasiones, de ser cumplida a pies juntillas, lo que hace es acercar el
infierno en la tierra a los cómodos ciudadanos occidentales,
habituados al bienestar. Por eso el mensaje de la Iglesia ya no es
efectivo.

En cuanto a la adopción, este es un debate que se mueve en el absurdo.
Cuando la homosexualidad era un pecado y el pecado era algo que
marcaba con el estigma y que denotaba la perversidad de una persona,
la posibilidad de que educara a niños era, simplemente, una
imposibilidad lógica. Cuando la homosexualidad pasó de ser un pecado a
ser una enfermedad, una enfermedad social además, de la que podía
hacerse proselitismo, como por ejemplo ocurre con las drogas, la
posibilidad de que los homosexuales tuvieran niños a su cargo
repugnaba también al sentido común. Pero en este momento la
homosexualidad es considerada por todas las instancias, incluidas las
conservadoras, como una orientación del deseo sexual humano más. Han
desaparecido todas las leyes o normas que lo penalizaban, han
desaparecido o están desapareciendo los estigmas; es más, se trabaja
desde el Estado para favorecer el conocimiento de que es una
orientación sexual como cualquier otra, se penaliza la homofobia y se
toman medidas de acción positiva para favorecer la igualdad. Nadie
niega que una lesbiana o un gay son personas normales. Por eso tenemos
políticos gays (no lesbianas, cuya problemática es completamente
distinta y tiene más que ver con el hecho de ser mujeres que con el de
ser homosexuales), ministros gays, jefes de partido gays, militares
gays, policías gays… pronto tendremos presidentes de Estado gays y
nadie duda de su competencia para llevar adelante esas misiones que
sólo se confían, desde la lógica democrática, a personas especialmente
competentes o preparadas (que sea así de verdad o no es otro asunto).

Desde la más pura lógica, ¿tiene sentido confiar un país, una
economía, un ejército, los destinos de los ciudadanos a un gay y decir
al mismo tiempo que no puede educar a un niño o a una niña? Tal
aseveración no puede razonarse más que desde el prejuicio y la
sinrazón, y por eso está destinada a ser derrotada. En las próximas
décadas veremos a que algún país europeo elegirá como presidente a un
gay. En Alemania, por ejemplo, eso puede ocurrir pronto. ¿Desde qué
lógica se puede mantener que uno puede regir los destinos de un país y
no puede tener a un niño bajo su cuidado? Simplemente desde la lógica
del prejuicio.

Ya no nos hace falta a los activistas nombrar los estudios que
demuestran que los niños crecen bien en las familias homoparentales,
no nos hace falta esforzarnos para demostrar que la homosexualidad es
tan natural como la heterosexualidad, eso la ciudadanía ya lo sabe y
lo acepta. Las justificaciones han desparecido porque ya no son
necesarias, simplemente dejamos que la realidad se imponga y
trabajamos con los partidos para apresurar las reformas legales
necesarias. Todas las supuestas razones que se esgrimen para oponerse
a la adopción no resisten un análisis serio.

La Iglesia católica corre el riesgo de convertirse en una organización
residual. Es posible que mueva masas de jóvenes en los viajes del
Papa, pero esos mismos jóvenes tienen relaciones sexuales sin casarse
y utilizan anticonceptivos, se casarán, se divorciarán y harán lo que
consideren necesario para ser felices. El Papa se ha convertido en un
fenómeno de masas posmoderno, alejado de la espiritualidad o de la
religiosidad, el Papa tiene fans, está de moda. La Iglesia, que acusa
a lesbianas y gays de tener a nuestro servicio un lobby poderoso, es
ella misma tan poderosa que ha conseguido que la gente no la juzgue
con el mismo rasero con el que se juzga a otras personas u
organizaciones. Gracias a su impresionante (este sí) lobby mediático,
económico, político y cultural, la Iglesia ha conseguido que sus
actuaciones sean silenciadas o atemperadas, que nadie se atreva a
decir la verdad.

Con la Iglesia pasa como con el emperador del cuento, que nadie se
atreve a decir que va desnudo. Nadie se atreve todavía a decir bien
alto que la Iglesia se ha convertido en una organización que resulta
enormemente atractiva para los pederastas, entre otras cosas porque,
probado el delito, los protege y los esconde de las autoridades. Si
los miembros de cualquier otra organización hubieran sido condenados
por pederastia sólo una mínima parte de las veces que lo ha sido el
clero católico, no se les dejaría acercarse a los niños en ningún
lugar del mundo. Y, sin embargo, la Iglesia es una multinacional de la
enseñanza. Si se descubriera que un profesor gay ha abusado de un sólo
alumno, un sólo profesor de un sólo alumno, en cualquier país del
mundo, mañana mismo los titulares de los periódicos clamarían contra
la presencia de gays en la enseñanza. El clero católico ha sido
acusado de pederastia, de violación de monjas y mujeres en los países
a donde se supone que van a combatir la miseria, de desviar fondos
para fines dudosos, de delitos económicos de todo tipo. La Iglesia es
la organización que condenó y persiguió, sin que le temblara el pulso
ni la caridad, a una niña de nueve años que había sido violada y que
quedó embarazada; montó una campaña para pretender que la niña no
abortara, aun cuando su vida peligraba con el embarazo, excomulgó a
los padres de la niña y a los sanitarios que la ayudaron, pero no dijo
nada del violador. Y ese comportamiento no supuso que una ciudadanía
indignada se lanzara a las misas a tirar huevos, por ejemplo. La
Iglesia es quizá la única organización que en Europa se opone de
manera activa a la igualdad entre hombres y mujeres, y la única que
razona ideológicamente esta desigualdad, sin que eso suponga que se le
echen encima los medios de comunicación, ni las mujeres que aun son
mayoría en la asistencia a las ceremonias eclesiásticas. La Iglesia
goza de un poder mediático como ninguna otra organización en el mundo,
sólo eso puede explicar que, teniendo en cuenta sus desmanes, sus
antidemocráticos y antidiluvianos planteamientos, goce de casi
absoluta impunidad en sus comportamientos, en muchas ocasiones,
probadamente delictivos.

La Iglesia católica tendría un papel que jugar en este mundo en el
que la pobreza es el mayor problema, la mayor injusticia, la verdadera
amenaza de la convivencia, si volviera a sus orígenes: a Jesús de
Nazaret. Curiosamente, Jesús no dijo nada sobre sexualidad, era ese un
asunto al que no le daba mayor importancia. Tampoco dijo nada de
ninguna familia "natural"; de hecho él no reconoció más familia que la
escogida en función de las afinidades ideológicas. Cualquiera que lea
los Evangelios comprobará sorprendido que sólo con una cosa se mostró
Jesús intransigente e intolerante, sólo una cosa despertaba su ira,
sólo una cosa le convertía en un activista violento: los ricos, la
acumulación de riqueza en pocas manos. Leyendo pues los Evangelios es
legítimo pensar: ¿cómo ha llegado la Iglesia a convertirse en esa
organización obsesionada con la sexualidad y tolerante, e incluso
garante, del poder económico y de la injusticia social? Esa Iglesia
social podría tener un papel en esta sociedad, la otra no nos
preocupa, está condenada a convertirse en una organización residual en
poco tiempo.

http://www.inisoc.org/73gimeno.htm




Sáb, 23 de Oct, 2004 9:39 pm

martincanofr...
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Francisca Martín-Cano Abreu http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm Apartado 854-50080 Zaragoza 23/10/04 Queridos foristas: Un abrazo,...
Francisca Martín-...
martincanofr...
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23 de Oct, 2004
9:40 pm
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