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Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
3/10/08
EFERVESCENCIA MARIOLÓGICA Y PRIMERAS VOCES CRÍTICAS
En el siglo XVII aumentó la creencia popular en la leyenda de la "venida en cuerpo y alma mortal a Zaragoza" y se desarrolló una gran efervescencia mariológica en torno a la Virgen del Pilar, lo que dio lugar a milagros que supuestamente concedía a "algunos" de los fieles que la invocaban con su "gran poder mágico".
El más importante fue el presunto "Milagro de Calanda" de 1640, por el que Miguel Pellicer afirmaba que le había sido rehabilitada una pierna amputada, gracias a la intercesión de la Virgen
(De este supuesto milagro no existe ninguna evidencia histórica que lo apoye y ha sido juzgada como fraude por los médicos, ya que la razón y la ciencia juzgan imposibles.
Es ciertamente improbable que a los mamíferos puedan crecerle milagrosamente un miembro de un muñón, a imitación de la manera que crece un brazo roto a una estrella de mar, o similar a la forma en que crece un vegetal de un esqueje.
Tal hecho incumple las leyes físicas conocidas. Y desde luego no existen fuerzas mágicas milagrosas.
También quebranta las leyes físicas conocidas el afirmar que alguien puede doblar metales a distancia con el mero poder de su mente. Mientras que afirmar que existe vida inteligente en otras partes del universo, con independencia de su probabilidad, no es en sí imposible -según las leyes científicas conocidas-. Si algún día se verificase esa afirmación, el corpus científico no se resentiría por ello, y sería un conocimiento más que integraríamos a nuestro acervo comunitario.
Pero es absolutamente fantástico hacer afirmaciones en contra de las leyes físicas conocidas, no pueden ser aceptadas sin más).
(¿Y cómo explicar que la Virgen hiciese el milagro en un sólo amputado y no al resto de personas necesitadas? ¿Y por qué no se conmueve ante otros problemas realmente importantes?).
Las primeras voces críticas contra el supuesto "Milagro de Calanda" surgieron enseguida. Algunos investigadores accedieron a las pruebas que habían quedado de los hechos. Tras analizarlas publicaron informes en los que pusieron al descubierto que el supuesto "milagro" era el resultado de tergiversar los sucesos, ocultando unos hechos y resaltando otros.
Poco después, a principios del siglo XVIII también se levantaron críticas contra las leyendas fraudulentas del pensamiento religioso, que los jerarcas cristianos divulgaban como "verdades". Fueron las voces de una oposición instruida, que había recibido educación laica (sobre todo de varones), impulsada con la Ilustración: movimiento que propugnaba la secularización de las cultura.
Amparados en cierta permisividad de ese momento histórico calificaron el hecho de la "Venida" de la Virgen también como incierto y falso; otro invento más del poder religioso cristiano, que de forma interesada, fabricaba y divulgaba mitos para aumentar la devoción popular.
Aunque las voces de los discrepantes del pensamiento cristiano no hicieron demasiado mella en la devoción mariana y lo único que consiguieron fue provocar escándalos y descalificaciones.
Además, dado el gran poder de la iglesia cristiana y su gran número de adeptos, surgieron numerosos defensores dispuestos a defender el ideal cristiano. Sobre todo la rápida intervención de algunas figuras sobresalientes, como Escuder en 1720, apoyó las creencias cristianas con mucho más fervor y eficacia que la defensa racional de los críticos.
Escuder, dotado de gran capacidad inflamatoria, argumentó con fanatismo dogmático a favor de la verdad de la tradición de la "Venida" de la Virgen. Su defensa apasionó aún más a los fieles y logró aumentar más la devoción a la Virgen y que los jerarcas cristianos alcanzaran aún más poder. Pero además arremetió con virulencia contra los intelectuales "ateos", hasta conseguir desprestigiarlos.
Aunque afortunadamente su intolerancia no consiguió que los gobernantes encarcelaran o quemaran a los osados, pues ya no estaba vigente el Tribunal de la Inquisición que había mandado en Zaragoza hasta el siglo XV.
El que en esos momentos las defensas fanáticas de las ideas "cristianas" penetrasen en las conciencias de las masas piadosas mucho más fácilmente que el pensamiento racional era lo lógico, ya que muchos ciudadanos entonces eran analfabetos y fácilmente influenciables, al estar condicionados desde la infancia en la única cultura cristiana que se les había inculcado.
Enseñanzas que les hacían creer sin dudar y con total credibilidad cualquier patraña religiosa. Su fanatismo los volvían intolerantes a cualquier crítica. ¿Cómo abandonar la devoción a la Virgen, si sólo en Ella esperaban satisfacer sus necesidades "milagrosamente"?
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