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Ilogicidad de algunos paleont ólogos ante el cráneo 5 de Atapuerc   Lista de mensajes  
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Francisca Martín-Cano Abreu
http://es.geocities.com/contraandrocentrismo/biblio.htm
Apartado 854-50080 Zaragoza
22/12/04


Queridos foristas:

Un abrazo, Francisca
--


Ilogicidad de algunos paleontólogos ante el cráneo 5 de Atapuerca o ante las
huellas fósiles de los Australopithecus afarensis de Laetoli

Francisca Martín-Cano Abreu

El 20 de diciembre estuve en la inauguración de la exposición: Atapuerca y
la evolución humana en el magnífico edificio de la Lonja de Zaragoza. Con
anterioridad ya había tenido ocasión de ver los hallazgos de Atapuerca en
otras exposiciones, con otra selección de materiales y presentación
diferente y asimismo había leído en revistas descripciones de los mismos.
Por lo que me dediqué a charlar un poco con los visitantes, muchos de ellos
estudiantes y expertos en el tema, a los que oía algún comentario que
llamaba mi atención, por lo que nacía el debate.
Uno de ellos se planteó ante la cabeza de Miguelón. Como ilustra la foto, es
una reconstrucción sobre una reproducción del cráneo 5, el más completo
hallado de un homínido. Pertenece a un homo heidelbergensis de 400.000 años
(con capacidad craneana reducida en comparación al homo sapiens). Fue
realizada por los hermanos ¿escultores y paleontólogos? Adrie y Alfons
Kennis (que han dado vida a otros numerosos y famosos cráneos de homínidos),
e ilustra las facciones que podría tener el individuo al que pertenecía.
Según médicos se le había roto un diente en el lado izquierdo de la cara,
que le produjo un flemón, una infección y la muerte. Por ello, los hermanos
Kennis lo han ³retratado² muy bien con la cara inflamada y la boca torcida.
Pero también lo presentan gordo, con apariencia de salud y típica de un
señor sedentario jubilado, que ha llevado una plácida vida sentado detrás de
una gran mesa en una oficina, comiendo grandes platos de cocido madrileño y
de pan mojado en aceite.
Ante ello, una se pregunta ¿es que nadie considera ilógico que un homínido
de hace 400.000 años, que vivía de la caza y la recolección que él se
procuraba a sí mismo (sólo los bebés de primates y de homínidos son cuidados
por sus madres. Los adultos, tanto hembras como machos, se cuidan a sí
mismos, y nadie depende de nadie: ni existen machos que cuiden y traigan
alimentos a una hembra, y menos que una hembra cuide y traiga alimentos a
machos adultos) que tiene una infección en la boca, causa de que muriera y
por tanto el dolor le impediría tanto recolectar o cazar, como masticar y
comer, no debería estar, por una lado: más atlético y con facciones más
musculosas, y por otro lado, muchísimo más demacrado y más delgado? ¿O es
que acaso creen los paleontólogos científicos que el homínido macho
heidelbergensis tendría una esposa-hembra solícita, que lo mantendría
calientito en una cama, bien arropadito y le haría papillitas de harina y
otros cereales molidos o de frutos machacados, cuando aún no había nacido la
agricultura?
Deben de creerlo, porque la misma falta de lógica encontré en otro momento.
Fue ante las huellas fósiles dejadas por el Australopithecus afarensis en
las cenizas volcánicas de Laetoli, Tanzania, de hace más de tres millones y
medio de años. Normalmente algunos científicos mantienen que pertenece a una
pareja heterosexual caminando junta: «esposa y esposo» con su retoño
adolescente detrás, y por tanto pertenecería a una familia ³patriarcal²
(especulación que la desautorizan los estudios de la conducta bonoba y de
los otros primates, que no forman familias patriarcales, así que los
homínidos de hace tres millones y medio de años tampoco).
En el momento en que yo me acerqué, un señor estaba explicando a sus amigos,
que ahora se pensaba que el segundo adulto también era de macho. O sea
pertenecía a un padre con sus dos hijos. Y me acordé del androcentrismo
típico de muchos arqueólogos y antropólogos, existente de manera
generalizada hasta hace poco. Como por ejemplo Pijoán (1996, 63), describía
machistamente la escena grabada en hueso como: "Gif. 95.- Desarrollo de la
superficie cilíndrica del «Bastón» de TEYJAT, Dordoña; con un caballo con su
cría,..." en vez de "yegua con su cría", lo que pone de relieve que para una
mente androcéntrica no percibe ninguna absurdidad en tales cosas. Y es lo
mismo decir caballo con su cría, que carnero con su cordero, que homínido
macho con su esposa hembra y su hijo.
Dado que los estudios etológicos de gorilas, chimpancés y orangutanes, ponen
de manifiesto que sólo existe la familia estable de la madre con su prole,
no se puede presumir que en los homínidos (descendientes evolutivos de
primates) se diese la familia patriarcal.
Si no existiese el androcentrismo en el mundo de la investigación
antropológica, que ha llevado a tantas interpretaciones inexactas, no se
mencionarían vínculos sexuales entre sujetos prehomínidos.
Las huellas de los prehomínidos que marchan juntos en Laetoli, fuesen o no
origen de la especie homo, no necesariamente reflejarían a una pareja
heterosexual monógama, pues los prehomínidos no se vincularían de ese modo,
como tampoco lo hacen los bonobos (cuya conducta da idea de la de los
prehomínidos).
Por lo que, basados en los hallazgos arqueológicos, mitológicos y
etológicos, es lógico suponer que si hay diferencia de tamaños en las
huellas de Laetoli, podría indicar simplemente su pertenencia a una familia
matricéntrica: una madre con su descendiente adolescente a su lado, seguida
de la más pequeña de sus crías. O pertenecería a una familia de dos madres
adultas, seguida por el retoño de una de ellas (bien de dos hermanas con la
cría de una de ellas, o podía ser de abuela, madre, nieta).
Si algunos investigadores no tuvieran los prejuicios que les han llevado a
sesgar androcéntricamente la investigación, no sacarían la falsa deducción
de que las huellas podrían reflejar a una familia patriarcal o podrían
pertencer a un macho adulto caminando y cuidando a crías.
Y tampoco existe ninguna evidencia artística, ni mitológica, ni etológica de
la existencia de familia monógama heterosexual entre nuestros ancestros
antes de la Edad del Bronce.
Por lo que no se puede considerar que existiese entre los prehomínidos.



Obra citada: PIJOÁN, José. (1996): El Arte Prehistórico Europeo. Summa
Artis. Historia General del Arte. Vol. VI Editorial Espasa-Calpe, S. A.,
Madrid.




Mié, 22 de Dic, 2004 2:35 pm

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