Esto que dice el guerrero: “Esta demostrado, por el dimorfismo sexual de los fósiles, que el ancestro común del ser humano y del chimpancé era polígamo, los machos tenían varias o muchas hembras, por eso, los machos eran mucho más grandes que las hembras y tenían enormes caninos, para luchar unos contra otros por aparearse, como sucede con el resto de los primates.”, MARTÍN-CANO Abreu: Empezando por “Está demostrado”, en más falso que la existencia de Dios. Tanto repetir ambas cosas, que terminan por ser aceptadas por los condicionados. Y por supuesto que nuestros ancestros eran promiscuos, pero lo eran sobre todo las féminas. Y además eran bisexuales. Y no se emparejaban con parejas masculinas, sino femeninas. Y no ha podido elegir peor para “demostrar” que la pareja heterosexual humana era la que cuida la prole, que compararlo con la aves: es una especie de animales que ni siquiera es mamífero, estando demasiado alejado evolutivamente de nuestra propia especie. Y tampoco existe en nuestros primos hermanos primates: por lo que, resulta obvia genéticamente, que los varones prehistóricos no se obligarían a la tarea de cuidar, ni alimentar, ni educar, ni vestir a los infantes, porque así lo confirma los estudios etológicos de la vida primate. En ninguna especie de primates superiores existen familias monógamas sustentadas por el macho, ya que son las hembras las mantenedoras de su prole. Y lo mismo ocurriría a principio de la cultura humana: exclusivamente habría familias monoparentales (parents procede de pario “parir”), formadas por las únicas cabezas de familias femeninas con sus hijos. Y respecto a su pregunta: “ ¿por qué hemos evolucionado hacia la monogamia? ¿Cuál fue la presión selectiva que influyó para hacer que los homínidos polígamos fueran castigados por la evolución y se extinguieran en detrimento de los monógamos?.” MARTÍN-CANO: He de explicitar que la «revolución patriarcal»,se dio en la Edad del Bronce, no antes. Así que no tiene sentido que algunos «científicos» del siglo XXI mantengan la presunción de que ¡hace más de tres millones y medio de años!, ya existía la familia monógama heterosexual. Por ejemplo, eso defienden cuando afirman que las huellas fósiles dejadas por varios Australopithecus afarensis en las cenizas volcánicas de Laetoli, Tanzania, eran de una pareja vinculada caminando junta: «esposa y esposo» con su retoño adolescente detrás. Tal especulación la desautorizan los hallazgos de la Arqueología, así como los estudios etológicos de los primates superiores: gorilas, chimpancés, orangutanes y bonobos, que ponen de manifiesto que sólo existe la familia estable de la madre con su prole. Las huellas de los prehomínidos que marchan juntos en Laetoli, fuesen o no origen de la especie homo, no necesariamente reflejarían a una familia patriarcal, pues los prehomínidos no se vincularían de ese modo, sino en familias matricéntricas. Si no existiese el androcentrismo en el mundo de la investigación antropológica, que ha llevado a tantas interpretaciones inexactas, no se mencionarían vínculos intersexuales entre sujetos prehomínidos. Y si algunos investigadores no tuvieran los prejuicios que les han llevado a sesgar androcéntricamente la investigación, no sacarían la falsa deducción de que los varones siempre han dominado en la especie homo: Imaginemos por un momento que nunca hubiéramos oído hablar de los chimpancés o de los papiones y hubiéramos conocido primero a los bonobos. Con toda seguridad, ahora creeríamos que los primeros homínidos vivían en sociedades basadas en las hembras, en las que el sexo desempeñaba funciones sociales importantes y en las que la guerra era un fenómeno raro o desconocido (De Waal, 2003: 81). CITADO: DE WAAL, F. B. M. (2003): Vida social de los bonobos. Investigación y Ciencia. Temas 32, 2º trimestre. Prensa Científica, Barcelona. Francisca Martín-Cano _________________ Francisca Martín-Cano es investigadora de la Prehistoria, de Antropología, Mitología, etc |