Francisca Martín-Cano Abreu
Queridos foristas:
Un abrazo, Francisca
Datos del Autor
Betty Andino
Maestra de Artes Visuales - Profesora de Historia - Estudiante Universitaria de Periodismo - Creadora y conductora del programa radial “Conociendo a Lilith” (FM 104.1 Radioemisora Norte) - Mención Especial “Por la temática abordada” I Encuentro Internacional de Teatro Estudiantil, Paso de los Libres, Obra: “La Cruz de los Vencidos”, Rol: Directora, 1992 - Exposición compartida, “Surubí Cultural”, Casa de la Cultura, 2009 – Docente en "Culturas estéticas Contemporáneas" en la Escuela Normal Superior “Mariano I. Loza”
Tapar el sol con las manos
Hace días recibí un e-mail de un querido amigo, era una carta de una ciudadana dirigida a la presidenta Cristina Fernández, y me pedía una opinión. Como creo que la opinión solicitada se refería, sobre todo, a un párrafo de la misma que habla sobre el rol de las mujeres en la actualidad, al mismo me referiré, de manera que lo transcribo seguidamente:
“Quiero desahogar en primer lugar la desazón que me produce cuando Usted hace uso y abuso de su condición de mujer. Se auto discrimina, se victimiza. Señora: estamos en el año 2009, hace casi una década que hemos comenzado el nuevo milenio, ya ninguna mujer occidental, profesional y dirigente se siente discriminada por ser mujer. No nos pasa por la cabeza ni sentimos en la piel esa sensación… gobernamos todo tipo de países, desde súper potencias hasta emergentes, dirigimos mega empresas, somos científicas, ejecutivas, eminencias en cada disciplina. Es una postura obsoleta titularse discriminada por ser mujer, hasta me atrevo a decir que es infantil y caprichosa, la mujer occidental ya no se ampara en este prejuicio. Como mujer me da rechazo que Usted utilice este argumento para conmover sensibilidades que no lograría de otra forma”…
Las palabras de esta señora, lo primero que expresan es un gran desprecio por la Presidenta, y una falta importante de fundamentos en sus palabras. La verdad, no me interesa analizar su desprecio, está en su derecho. Ahora, si me interesa refutar sus afirmaciones porque representan falacias que muchos usan interesadamente para evitar el reclamo de las mujeres por sus derechos. Es un discurso que pretende esconder las discriminaciones y abusos que aún perduran en una cultura que, a pesar de muchos cambios y evolución, que no dudo existen, aún sigue siendo patriarcal.
Voy a usar para explicar mi desacuerdo palabras de otros, de personas (mujeres y hom-bres) que no hablan solamente desde sus posiciones privilegiadas, como parece ser la de esta señora, sino que son sensibles a lo que les pasa a otras mujeres que no tienen su misma suerte y por esa razón se han dedicado a estudiar, a conocer, a investigar y comprobar lo que manifiestan.
Si bien en los últimos años ha sido incesante la incorporación femenina al mundo laboral, siendo entre el 70 y el 80% de las mujeres del mundo occidental, según Naciones Unidas “actualmente hay sólo 11 mujeres Jefas de Estado o de Gobierno, en países de todos los continentes. Y sólo tres países… recién ahora tienen gobiernos con paridad entre los géneros” (2006). La Argentina, gracias a la Ley de Cupos (muchas veces despreciada por señoras como la de la carta), “quedó entre los diez países con mayor participación de mujeres en el Legislativo en el ranking divulgado por la Unión Interparlamentaria, que analizó 187 países y apuntó una tendencia de crecimiento en la presencia de mujeres en las Casas Legislativas de diversas partes del mundo. Ruanda en 1º lugar, con 48,8% de participación femenina en la Cámara de Diputados. Seguidamente se encuentran: Suecia (45,3%), Noruega (37,9%), Finlandia (37,5%) y Dinamarca (36,9%). Después, Holanda (36,7%), Cuba (36%), España (36%), Costa Rica (35,1%), Argentina (35%) y Mozambique (34,8%), que completan la lista de los diez países con mayor número de legisladoras”. Es decir, a pesar de que somos más del 50% de la población, que mas del 75% trabajamos fuera de nuestras casas, en ningún país aún alcanzamos el 50% de participación en cargos de poder, aunque estemos en pleno S. XXI, como se dice en la carta.
Según la chilena Romina Kippes, “El liderazgo femenino se encuentra vedado y hasta obstaculizado por aquellos que sostienen y reproducen la forma de relación “patriarcal” en las relaciones laborales. Es evidente que el anonimato, la falta de reconocimiento que la mujer pública enfrenta en la actualidad, la descalificación e incluso la necesidad, por supervivencia, de relegar sus vidas privadas a segundos planos, obstruye el avance del liderazgo de las mujeres…”
“Al examinar la relación entre los niveles educativos y la brecha salarial de género, los datos indican, que cuanto más alto es el nivel de educación más negativo parece ser el impacto sobre la brecha salarial… la cual podría estar indicando un cierto grado de discriminación en el lugar de trabajo; también podría estar relacionado con el tipo de trabajo que realizan hombres y mujeres (segregación profesional). Los datos indican que la brecha salarial de género es por lo general más amplia en el sector privado que en el sector público” (Confederación Sindical Internacional - marzo de 2008)
Y si hablamos de la violencia contra las mujeres, vemos que se da en todos los países del mundo. Constituye la violación de los derechos humanos más generalizada y so-cialmente tolerada, y refleja y reafirma las desigualdades que existen entre hombres y mujeres. Según datos del Ministerio de Seguridad, “un hecho de violación es denunciado cada dos horas y media en nuestro país, lo que suma unas 3500 denuncias al año. Sin embargo, sólo un 10 por ciento de esos casos termina con agresores detenidos”.
Pero acá no termina la cosa, la sexualidad de las mujeres es reprimida y enmarcada principalmente en su dimensión reproductiva y maternal. Es también utilizada y tratada como mercancía. Las mujeres se encuentran aún luchando para tener autonomía sobre sus propios cuerpos: su derecho a abortar es prohibido e impugnado en muchos países; su derecho a usar contraconceptivos es desafiado por varios grupos religiosos fundamentalistas; y su libertad de movimiento y derecho a elegir un esposo, son todavía negados en muchos países.
El aborto es la primera causa de muerte materna en Argentina – el 30% de los casos de muerte materna se deben a las complicaciones surgidas de abortos mal realizados-; hay 80 mil internaciones por año por abortos incompletos; y las más perjudicadas por estos índices en los últimos años son las adolescentes.
Las esterilizaciones masivas y forzadas han sido aplicadas no solo en países del tercer mundo, sino también a las personas “de tercera” de países del primero, como Suecia. Entre 1934 y 1976 este país, esterilizó a 60.000 personas, 15.000 de ellas contra su voluntad. Los grupos más afectados fueron mujeres con muchos hijos, mujeres alojadas en centros de rehabilitación por haber delinquido, las que presentaban disminuciones mentales y las de conducta sexual promiscua.
“Una agresión a la integridad física y psíquica de la mujer”, así está definida la ablación del clítoris o mutilación genital, a la que son sometidas tres millones de niñas anualmen-te en los países de África subsahariana y Oriente Medio, según ha denunciado UNI-CEF en un informe publicado en Londres.
Además y para terminar, aunque la lista sea incompleta: 25% de las mujeres sufre abusos sexuales por parte de sus parejas. 5% de las violaciones denunciadas terminan en condena. 6.000 mujeres mueren, cada año, por las consecuencias de abortos clandestinos en América Latina. 80% de los refugiados son mujeres, niñas y niños. 70% de los 1300 millones de pobres que hay en el mundo son mujeres y niñas. 54% de las mujeres trabajadoras de Argentina están precarizadas. 70% de las víctimas de acoso moral en el trabajo son mujeres. Sin contar la discriminación en las ciencias, la educación, el arte y la cultura. Estos serán temas de otras notas.
Por todo esto, además, escribo sobre las mujeres, estudio la génesis de esta terrible realidad que cuesta tanto cambiar y lo hago develando los mitos y símbolos ancestrales que crearon las conductas que aun sostenemos porque “Los mitos siempre tienen una finalidad… Su función en una determinada cultura es: revelar modelos y simbolizar…, ciertas creencias sobre lo que el mundo dice a la humanidad. Son una historia moral pedagógica, un código mítico que da amparo legal a ciertas conductas humanas y modela las pautas a seguir. Actúan como sugestiones, como una fuerza operativa que condiciona la realidad y sugiere lo que se ha de pensar respecto a la vida y a las Divinidades. Constituyen los mecanismos de control social. Así que el mito es un potente y sutil medio de adoctrinamiento,…que influyen en la visión inconsciente, moldean las actitudes y hacen que se acepten las normas”. (Francisca Martín-Cano)
“Es tal la fuerza (del mito), que se trasmite inalterado de generación en generación y regula la estructuración social y la definición ética y moral de las comunidades….Como el pensamiento mítico, basa su existencia en la autoridad moral de quien lo proclama, los mecanismos para sostener sus postulados son usualmente cohersivos…No se ha dado nunca el hecho, de que una sociedad de científicos, queme en la hoguera a un grupo de incrédulos de la ciencia. Pero es cosa de todo los días, ver como los defensores del pensamiento tradicional, recurren a la autoridad civil para asegurar la permanencia de sus ideas. Argumentando la supremacía de los elementos morales, de su doctrina”. (“La intolerancia” - Raúl cadena Cepeda).