El gobierno y el Ministerio del Interior de España, se han gastado una fortuna
en espiar a los ciudadanos.
Un poderoso sistema llamado SITEL capaz de escuchar cualquier teléfono móvil
está funcionando. De momento el Gobierno lo está utilizando para dinamitar a su
competencia política a todos los niveles, pero esta tecnología de espionaje
tiene oscuros entresijos y un peligroso alcance que quizás el propio Gobierno
desconoce.
Capaz de capturar mensajes y espiar llamadas, el SITEL desarrollado por Ericsson
empresa cuyos máximos accionistas corresponden a los más altos miembros del Club
Bilderberg, quizás incorporasen algún mecanismo por el cual la oligarquía afín a
este selecto grupo lo utilice para fines poco éticos como competencia desleal,
espionaje selectivo etc…
Para asegurarse su correcta implantación, el Gobierno ha prohibido la existencia
de teléfonos móviles prepago anónimos, por la cual el próximo 9 de Noviembre
todos los números de telefonos anónimos serán desactivados, sencillamente para
que legalmente el sistema sea efectivo y poder detectar e inculpar a los
propietarios de dichos teléfonos con nombres y apellidos en caso de ser
necesario.
En la siguiente web se explica más de este lamentable sistema y cómo evitar que
capturen y escuchen tus llamadas. Os invito a escuchar la siguiente audición,
seguro que os resultará muy didáctica.
http://mundodesconocido.com/WordPress/?p=703
El fiscal del TSJ de Madrid, Pedro Martínez, advierte, en una entrevista
concedida a Europa Press, que SITEL, además de ser un programa para interceptar
comunicaciones, es un programa de "vigilancia y seguimiento", que revela incluso
dónde está la persona, todos sus desplazamientos, el medio de transporte que
utiliza y la ruta e INCLUSO SI ESTÁ CON OTRAS PERSONAS. Todo esto sin necesidad
de realizar una sola llamada de teléfono, basta con que el móvil este encendido
y activada la tarjeta SIM.
http://noticiaserbesp.wordpress.com/2009/11/07/el-fiscal-del-tsj-de-madrid-avisa\
-de-que-los-datos-de-sitel-no-sirven-como-prueba-71109-1678510-eleconomista-es/
BENDICIONES