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Genealogía y narcisismo   Lista de mensajes  
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Amigos todos:

Antes de nada, les pido disculpas por la reincidencia en los distintos foros,
pues este es un tema que interesará a más de uno... de aquellos a los que les
guste ir más allá de los nombres, apellidos, fechas y hechos relevantes de sus
antepasados.

El autor de este artículo, el joven genealogista ecuatoriano Luis Hernán Sevilla
Muñoz, es vicerrector del Colegio Martín Heidegger en Quito y filósofo de
vocación. El escrito fue publicado el año pasado por la Corporación de Estudios
Histórico Sociales SAG.

Un abrazo,

Mauricio Alvarado-Dávila V.
Quito - Ecuador

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GENEALOGÍA Y NARCISISMO



Por Luis Hernán Sevilla M.



La pregunta que interroga por el origen



Estamos acostumbrados a pensar la historia como un cúmulo de eventos y hechos
que pasan a ser parte del pasado y que solemos rescatarlos como curiosidad o
evidencia que fundamente nuestro presente. Esta afirmación se orienta desde la
visión cartesiana del mundo donde el hombre como conciencia es sujeto de
representaciones de un mundo que “ se le aparece” como algo “objetivo”. Esta
objetividad, sin embargo puede y debe ser cuestionada en cuanto no aclara el ser
en sí misma una noticia del tiempo en cuestión. Es decir, si la exposición
hecha de una tal noticia es una mera referencia fenoménica de aquello que el
hombre hace-con-las-cosas queda muy lejos la relación auténtica del hombre con
el mundo.



¿Cuál es, entonces, el ser de la historia?



El dar-noticia pone en referencia al hombre no con un quehacer cualquiera sino
con su ser propio ocupado no con las cosas sino de las cosas. El mero ocuparse
con supone un simple relato de lo pasado. El ocuparse-de implica un
re-conocerse del hombre en su relación ontológica con el mundo, es decir, un ser
que se va haciendo a sí mismo desde el mundo y que va haciendo el mundo desde su
relación con lo intramundano.



Cómo entender el ser de la historia? Esta pregunta fundamental debe remitirnos
a esclarecer primero nuestro concepto de noticia histórica. Ésta es pensada
como todo aquello que ingresa al pasado y es recuperada por una memoria del
presente. Sin embargo pueden moverse las hélices de un avión, crecer un campo
de patatas, e incluso hablar una persona en un teatro y sin embargo estos
eventos no constituyen historia aún cuando por el hecho cierto del tiempo ellos
queden en un pasado.



Aquello que hace de un evento que éste sea histórico supone que a través del
pasado ellos pasan al futuro. “Cuando un pueblo pasa a la historia ello quiere
decir: él entra al futuro”[1]. Es decir, sólo por la vigencia en un futuro un
evento adquiere el carácter de histórico. El pasar a la historia supone un
salirse del pasado –al entrar en el futuro- permaneciendo en lo que podemos
llamar “lo-siempre-sido”. Ahora bien, este paso fundamental y fundante de lo
que entra al futuro necesariamente como acto humano implica voluntad, es decir,
una decisión. Y esta decisión es la que deja una noticia de aquel evento. La
noticia de la historia , entonces, es aquello de lo que hablamos y que se
manifiesta no como fenómeno en el sentido de lo que meramente reposa ante la
vista, sino de aquello que constituye parte del mundo del hombre.



El mundo viene a ser, en este sentido, no un mero conglomerado o agregado de
cosas, sino un profundo conjunto de posibilidades de ser, anteriores y futuras,
realizadas, actuales e inacabadas.



Sólo gracias a la noticia es posible dinamizar la memoria. Y la memoria como
condición de la historia es un movimiento de la conciencia que enfrenta lo
ya-sido con lo por-venir. En medio de este devenir acaece el carácter histórico
de un evento: en su permanencia en el tiempo actual.



Ahora bien, el preguntar histórico es siempre un preguntar por el hombre.
Podemos hacer una historia de la naturaleza, o una historia de los animales,
incluso una historia de los alimentos, pero ni la naturaleza ni los animales ni
los alimentos tiene -en sentido estricto- historia. Ellos no devienen: están y
permanecen en el mundo de lo que meramente está “a la mano”, o como
“útiles-para” algo diferente de sí. Sólo a través del hombre en cuanto ser
deviniente, inacabado, permanentemente llamado a irse-haciendo, acceden los
entes intramundanos a una participación en la historia.



¿En qué medida la genealogía accede a un carácter histórico?



Clásicamente la genealogía ha sido considerada como el estudio de la
descendencia y familias a partir de un antepasado. El término "Historia
Familiar" se consideraba como sinónimo de Genealogía, pero ahora se aplica a la
investigación biográfica en los antepasados. Supone un "dar cuenta" de la
noticia histórica que constituye la existencia de los progenitores.



De hecho, reproducirse es condición del hombre en cuanto ente biológico. Es así
que la descendencia, como un hecho, tiene primeramente un carácter óntico. Sin
embargo, cuando el acercamiento del hombre hacia el pasado se vuelve condición
de un modo de vida determinado, es decir, cuando el hombre ya mira a los
personajes de su propia vida en una perspectiva histórica, los caracteriza como
"ante-pasados". Es decir, cuando el preguntar por la propia existencia es en sí
mismo un previo preguntar por el origen, allí surge una procupación del ser
histórico hacia la comprensión de su "actualidad" como proyección del pasado.
En este sentido, bien podemos pensar que la primera noción de tiempo se vuelve
realmente concepción primaria de historicidad a partir de esta visión: mi ser
actual es en parte resultado de las proyectadas posibilidades de la existencia
de los progenitores. Pues el ser pro-genitor es "ser lanzado a crear".



Allí la pregunta que interroga por el origen recibe un carácter ontológico, y la
llamamos genealogía, porque ella deviene en un modo propio y originario de
existir el hombre como ser histórico.



Solo en la medida en que el preguntar por el origen sea un preguntar histórico
por el hombre, la noticia familiar adquiere un carácter histórico. ¿Qué otra
cosa puede ser la genealogía sino un preguntar por el hombre? Hablamos entonces
de genealogía como una Historia Social.



Esto nos hace avanzar un paso adelante: preguntamos por un pueblo, que somos
nosotros mismos. Sin embargo ese “nosotros mismos” es un ser deudor de aquello
que ya no somos (porque hemos pasado del pasado al futuro, que se conserva en el
presente). Caracterizar, por ejemplo, determinados hechos y acontecimientos
como “pasados” no es sino categorizar “objetivamente” una relación
originariamente “subjetiva”: dejamos de lado la importancia vital y cotidiana de
aquello que es hogar, pueblo, tradición, legado, y lo enfrentamos como verdad
acabada, recluida en lo pretérito, y por tanto imposible de ser siempre-actual.
Lo "pasado" y "ya-acontecido" está reñido con lo actual del pueblo.



Por ello, la posibilidad histórica de la genealogía no reside, por tanto, en un
examen fenoménico de generaciones y personajes ni en la recuperación
historiográfica de tales o cuales hechos familiares. La posibilidad histórica
supone que lo nombrado “pasado” sea actual, es decir, genealógico: propio del
origen que se proyecta en la vitalidad propia del presente. Esta “propiedad en
el presente” no se refiere al uso día a día de algo meramente recuperado del
pasado por novedoso, sino vigente más allá de la novedad o intrascendencia
porque es-ya-desde-siempre propio del modo de ser del pueblo que se vuelve a ver
a sí mismo (re-conocerse) como posibilidad proyectada, y finalmente, responsable
de proyectarse.



Es así, que el preguntar por el origen siempre tendrá sentido desde la
perspectiva del pensar en el futuro. Pero es imposible abordar el futuro si
cada hombre esquiva su historia personal, pues en ella se marca la existencia
como responsabilidad histórica.





El Genealogista y el riesgo del Narcisismo





En líneas anteriores planteamos la necesidad de concebir a la investigación
genealógica como un preguntar por el origen, en espera de alcanzar una
perspectiva histórica de quiénes somos, esto es, la posibilidad de construir
nuestra propia imagen desde una proyección en el tiempo.



La tarea del genealogista tiende a volverse personalísima. Por lo general su
investigación inicia en la búsqueda de las propias raíces, y en la medida en que
esta tarea avanza, se extiende, se enlaza con distintos linajes y familias,
madura en sus criterios de análisis, entonces puede desplegarse con una función
más amplia y social.



Sin embargo esta búsqueda puede pervertirse durante el tiempo, o bien ser ella
misma la manifestación de un trastorno patológico de la personalidad. Es
importante anotar algo más sobre este momento crítico que el investigador puede
sufrir en el re-conocerse a través de la historia. La psicología toma el "mito
de Narciso" para explicar esta singular condición.



Narciso es un joven de gran belleza, cuya vida larga está signada por el
destino: tendrá una vida larga siempre y cuando nunca se mire a sí mismo.
Tentado por Afrodita, Narciso contempla su rostro reflejado en el agua, y siente
la fascinación del amor, un paralizante amor por su propia imagen que le
incapacita para amar a otros. Encantado en su propia belleza, Narciso rechaza y
desprecia a quienquiera que busque ser junto a él.







El genealogista y el narcisismo patológico



La estructuración de una personalidad narcisística, implica una detención o
fijación del desarrollo de la persona en etapas infantiles de profunda
gratificación. En el caso del investigador genealógico, a medida que avanza
positivamente en el estudio sobre su propio origen es muy posible una regresión
del individuo a estos períodos, por su incapacidad para tolerar y enfrentar los
retos y fracasos que la maduracion y la vida le imponen.



La personalidad narcisística se caracteriza por un patrón grandioso de vida, que
se verá reforzado por fantasías o modos de conducta propiciados y construidos a
partir de la historia familiar, que incapacitan al individuo para ver al otro:
el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales
considera irrebatibles e infalibles.



Hay en un genealogista narciso una inagotable sed de admiración y adulación,
ésta última lo incapacita para poder reflexionar e incluso pensar. Vive más
preocupado por los datos, misterios y anécdotas familiares, que disfruta con
teatralidad, que en la importancia y utilidad de las mismas. La visión del mundo
que construye a través de la historia y que hace suya, es el patrón al que el
mundo debe someterse.



Un genealogista narciso es una personalidad cuya inteligencia y capacidad de
discernimiento progresivamente va cediendo paso a la visión grandiosa de sí
mismo, alimentada por un creciente deseo de notoriedad y reconocimiento. Vemos
así como muchas personas que, pudiendo ser exitosas, productivas y creativas,
someten su vida a adulantes mediocridades. Cegadas por un discurso familiar
autodirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo objetal
les grita.



En el caso de un sano autoconcepto y una clara aceptación de sí mismo
(narcisismo normal), por ejemplo, si el investigador encuentra datos
"vergonzantes" en su historia familiar como paternidades discutidas, sentencias
condenatorias, o hechos que pudieran causar susceptibilidades como enfermedades
hereditarias, condiciones económicas extremas, etc., es indudable que sentirá
afectadas las representaciones sobre sí mismo, pero también que será capaz de
discriminarlas y analizarlas objetivamente y con madurez de manera que pueda
restablecer la estima de sí mismo.



En los casos de narcisismo patológico ante la misma situación el genealogista
reacciona con conductas patológicas: ataca las representaciones sobre sí mismo
que a su modo de ver reforzaren la condición que le es vergonzante. Tiende al
ocultamiento premeditado de información, negación sistemática de sus orígenes,
alteración dolosa de los datos de filiación, matrimonio, estudios, condición
socioeconómica, etc., en la historia familiar. Desde el ocultamiento de datos y
acontecimientos familiares a pesar del reclamo de los hijos, hasta la mentira
acerca del origen.



En la otra cara de la moneda, el narcisismo es una forma de sobrevivencia.
Siendo el mítico Narciso producto de una acción violenta, la personalidad
narcisística se construye sobre violencia, sobre una herida al ego del individuo
en sus primeras etapas del desarrollo, e incluso antes, cuando la condición
familiar lleva en su imagen íntima o pública el peso de una culpa,
resentimiento, dolor, rabia o temor. Muchísimos son los casos en que la
motivación interna de la investigación genealógica reside en el mero afán de
comprobar un origen "noble", "hidalgo", pues tanto hoy como siglos atrás, el
individuo mutilado en su propia imagen busca refugio en alguna grandiosidad que
le permita elevar su desgastado autoconcepto y sentirse un poco mejor consigo
mismo.



En el narcisismo patológico, el genealogista no encuentra estabilidad suficiente
en las representaciones que tiene de sí mismo, por ello busca cohesión a través
de la historia familiar, y si ésta es deficitaria, no duda en recurrir a la
fabulación y al fraude para volverlas más coherentes.





Función de la genealogía en la constitución de la imagen de sí mismo



En la construcción de la identidad, del reconocimiento de la persona como un
sí-mismo, la genealogía proporciona una serie de referentes estables que
permiten al individuo organizar una cierta ficción acerca de quién es él.
Psicológicamente la función de la genealogía es constituir esta primera ficción
a través del montaje histórico-social y jurídico de una abstracción.


El orden genealógico constituye un ordenamiento clasificatorio de los lazos de
parentesco, es un ordenamiento simbólico representacional que funda el
nacimiento de un individuo y lo instituye en el mundo como un ser personal
reconocido socialmente. La función genealógica al anudar al sujeto en la línea
ascendencia-descendencia, anuda lo biológico, lo social y lo inconsciente del
deseo en su transmisión.


El proceso de filiación -el reconocerse como hijo de ancestros determinados y
reales- tiene que instituirse en la conciencia como verdad acerca del propio
origen. Cuando el genealogista oculta la verdad está privándose de su condición
de heredero de un patrimonio de pre-historia que le es propio, y que hace
posible construirse como ser personal, coherente y cohesionado en su ancestro
histórico-vivencial.
PRINCIPIOS GENERALES DE LA INVESTIGACIÓN GENEALÓGICA



La ayuda mutua y la probidad de la investigación



El investigador genealógico ha de compartir con los demás los resultados de sus
investigaciones volviéndolos ampliamente accesibles sobre la base de un
intercambio equilibrado y benévolo de informaciones. La publicidad de sus
trabajos o de parte de ellos, supone la posibilidad de la libre reproducción y
la reutilización de las informaciones que sus estudios contienen, eso sí dentro
del límite exclusivo de los fines genealógicos, históricos o estadísticos,
prohibiendo al mismo tiempo a cualquiera obtener de ellos un beneficio
pecuniario o un provecho personal.



Es importante coordinar el trabajo de investigación junto a investigadores de
otras disciplinas que puedan iluminar el espectro de análisis de la información
obtenida así como es conveniente facilitar a éstos el acceso a los documentos en
un espíritu de solidaridad. El genealogista efectúa su tarea de búsqueda
respetando el trabajo de otros investigadores.



El investigador no debe inventar, deformar, disfrazar, minimizar ni exagerar a
sabiendas las informaciones recogidas en el marco de sus trabajos, ni publicar
informaciones no comprobadas o falsas. Para esto es imprescindible indicar el
origen de cada información registrada de tal forma que sea posible cotejar las
fuentes primarias o secundarias. De igual manera es importante definir los
extractos de otros textos en el contexto de su documento original.



De manera habitual el investigador no obtendrá lucro alguno de sus
investigaciones, ni pretenderá compensar los gastos que implican, incluso
parcialmente, negociando sus informaciones con otros. Un beneficio es la
recompensa normal de toda actividad, pero sólo puede tratarse de un ingreso
marginal, no preponderante en la remuneración global que el investigador recibe
de otra actividad o de su estado.



Cuando el investigador acepta realizar un estudio para otros, la hará siguiendo
este espíritu. Si sus medios financieros no le permiten más proseguir la
investigación solicitada o si los gastos asumidos por el solicitante dejan de
ser marginales para el investigador con relación a sus demás ingresos, podría
haber lugar para condicionar la dirección y el tratamiento de los datos en
formas distorsionadas.



El investigador se prohibe cualquier investigación en contra del interés de las
personas, así como cualquiera revelación de información que pueda manchar el
honor o la reputación de las personas.



El respeto de los archivos



El investigador no debe apropiarse, hurtar, dañar, deteriorar, mutilar, anotar
ni poner marcas o inscripciones en los instrumentos de investigación o los
documentos puestos a su disposición, cualquiera que sea su formato (libros,
registros, fichas, manuscritos, planes, fotografías, microfilmes, microfichas,
fotolitos, formatos informáticos, etc.). Tratarlos con el mayor cuidado es
importante para evitar su degradación o destrucción.



La difusión de los trabajos



En la publicación de investigaciones es importante disponer de un número de
copias para las asociaciones culturales, bibliotecas, bancos de archivos,
centros de documentación genealógicos y/o históricos.



Las publicaciones genealógicas en Internet en un sitio personal, deberán
observar las medidas necesarias para proteger la privacidad informática de
carácter personal de las personas vivas y sólo publicando datos adquiridos
lealmente a través de sus fuentes de información.



El respeto de la finalidad genealógica de los datos



En la recolección, la comunicación, la publicación, la difusión y cualquier otra
forma de puesta a disposición de datos personales, la finalidad genealógica de
los tratamientos debe declararse explícitamente y no puede ser ocultada ni
omitida.



El investigador, responsable del tratamiento, obtiene la legitimidad de su
actividad por el interés declarado en sus objetivos de investigaciones,
proseguido por él y por los terceros a los cuales se comunican los datos. Se
preocupe que prevalecen los intereses y derechos fundamentales de las personas
afectado en el marco de la protección ofrecida por la ley.



El investigador no debe permitir un tratamiento posterior de datos personales
cuando sospecha en el destinatario la intención de utilizarlos o de cederlos a
otros para una utilización con fines distintos de los históricos, estadísticos o
científicos, finalidades que pudieran lesionar la honra de personas o familias.



Los datos de carácter personal de personas vivas deben ser adecuados,
pertinentes y no excesivos en respecto a la finalidad genealógica de los
tratamientos. Debe ponerse especial cuidado en las informaciones señaladas
respecto de personas vivas cuando los datos que le conciernen no se recogieron
ante ellas.





La pertinencia de los datos



Supone que las informaciones:



§ Están en relación directa con una categoría de datos personales,
considerados con finalidad genealógica, histórica o estadística.



§ Se registran en una redacción y formato comprensibles para la
mayoría de las personas, respecto a la lengua y a la categoría de la información
que señalan.



§ Tienen un valor genealógico, histórico o estadístico es innegables
para los interesados, y constituyen un aporte a la cultura regional o nacional



El investigador no registra en sus ficheros datos excesivos con relación a la
finalidad genealógica de sus tratamientos, en particular en las notas personales
y ficheros vinculados a las otras categorías de datos personales relativas a la
persona interesada.



Podrían considerarse excesivas las informaciones con carácter insuficientemente
relacionado con la genealogía o la historia, y que puedan presentar
inconvenientes al imputar acciones o responsabilidades, causar perjuicios,
juzgarse incorrectas o simplemente inconsistente a los ojos de la persona viva
interesada. Por ejemplo: un curriculum vitae, una fotografía, la pertenencia
antigua a un grupo o a una organización, etc.



El manejo de los datos sensibles



Considerando las garantías individuales y las libertades fundamentales, hay que
observar suma cautela al momento de tratar y redactar informaciones respecto de

"datos sensibles" que revelan el origen racial o étnico, las opiniones
políticas, las convicciones religiosas o filosóficas, la pertenencia sindical,
así como datos relativos a la salud y a la vida sexual de las personas, y de
igual modo las relativas a infracciones, condenas penales o asuntos legales de
diverso tipo referentes a personas vivas.



Sin embargo, el investigador que recogió el consentimiento explícito de la
persona interesada o de quien la fuente de los datos certifica que la persona
interesada las hizo manifiestamente públicas, puede tratar estas categorías de
informaciones sensibles, a menos que una legislación positiva previera que la
prohibición no pueda ser suprimida por el permiso del interesado.



En cuanto al tratamiento de datos de personas ya fallecidas, aún considerando
que estos "datos sensibles" son ya "datos históricos" también es conveniente
prever que podrían perjudicar a los cónyuges o ascendientes de los difuntos.





Lealtad y legitimidad



La legitimidad hace referencia a la corrección ética y legal en la obtención de
los datos. La lealtad supone tratar cada categoría de datos con el mismo nivel
de calidad para todas las personas que figuran en sus ficheros. El investigador
obtiene la legitimidad de su actividad por el interés declarado en el
justificativo de su investigación y lo que busca suscitar en los terceros a
quienes se comunican los datos. Ha de preocuparse por tanto de que prevalezcan
los intereses y derechos fundamentales de las personas en el marco de la
protección ofrecida por la ley.





Exactitud



La segunda calidad de los datos es su exactitud, y, si fuera necesario, su
actualización, adoptando todas las medidas razonables para que los datos
inexactos o incompletos, respecto a la finalidad genealógica declarada, sean
debidamente rectificados.



Para los difuntos, las fechas increíbles, respecto a otros acontecimientos, se
toman como inexactas; por ejemplo la muerte de la madre si es previo al
nacimiento de un niño.



Es admisible sin embargo registrar una fecha histórica aproximada que
permitiría, en una investigación posterior, establecer una datación más exacta.
Es posible, en este sentido, establecer una fecha aproximada para un enlace o
matrimonio con relación a la fecha de nacimiento del primer vástago.



Para las personas vivas, una fecha puede considerarse incompleta (la sola fecha
del año, por ejemplo) si habitualmente se registra una fecha más precisa para
otras personas. Es deber del investigador tratar a todas las personas de igual
manera (principio de lealtad), de rectificar o suprimir la fecha en cuestión.
Aprovechará del procedimiento de información de la persona interesada para
solicitar una rectificación; en la espera suprimirá el dato inexacto o
incompleto.






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[1] Heidegger, M.; Lógica; legado de Helen Weiss, Ed. Anthropos; Madrid 1991,
p.43





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Mar, 23 de Ago, 2005 3:55 pm

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