La revolución de 1909 en Barcelona y el asesinato del pedagogo Francisco Ferrer x Dolors Marín :: Más articulos de esta autora/or: Hace cien años, durante la semana del 25 de julio al 2
de agosto, en Barcelona se desencadenó una revolución que pasó a la historia con el nombre de Semana Trágica.
Un nombre otorgado por la burguesía catalana, ya que la clase trabajadora la bautizó como "la revolución de julio", o como "Semana Gloriosa".
Para Diego Camacho, anarquista, que en algún lugar contempla la celebración de este centenario con su cigarrito en los labios, porque como solía afirmar: "La única iglesia que ilumina es la que quema".
La ciudad en llamas. Barcelona, julio de 1909
La revuelta empezó a partir de una acción antimilitarista y pacifista para transformarse en una huelga general. Fue convocada para impedir el embarque de los soldados reservistas (los que ya habían hecho el servicio militar y que tenían experiencia y familia) a Marruecos desde el puerto de Barcelona. La protesta derivó en la quema de la mayoría de escuelas y edificios religiosos de la ciudad, odiados por la clase trabajadora.
El balance de la semana fue de más de un centenar de edificios quemados, la gran mayoría de ellos religiosos: conventos, iglesias o escuelas anexas. El testimonio fotográfico de "La Actualidad" no dejó lugar a dudas sobre la magnitud de la revuelta urbana: 33 conventos quemados, 33 escuelas religiosas de ambos sexos -separados, lógicamente-, y 20 iglesias reducidas a cenizas. Nadie se explica aún como en practicamente 4 días ardieron simultaneamente, en ocasiones, más de una cinquentena de edificios en barrios muy alejados, es decir, que había, probablemente unos cuarenta grupos organizados de ciudadanos que prendían fuego, en sus respectivos barrios, a aquello que era el símbolo más patente del atraso intelectual del país y del poder temporal, aquellos que habían prohibido la difusión de las ideas de Darwin en la Universidad, y que denunciaban sistemáticamente las publicaciones anarquistas como ataque al dogma, o como
pornografía en el caso de las publicaciones neomalthusianas, o de divulgación sexual.
Tomaron parte en los hechos, según informes de la época, más de 30.000 personas, personajes anónimos de la clase media y obrera barcelonesa, obreros vidrieros, ladrilleros, jornaleros y obreras textiles, maestros laicos, empleados de talleres metalúrgicos, pescadores, estribadores, y un largo etcétera. Se enfrentaron a unos 700 guardias civiles y fuerzas del ejército que paulatinamente fueron engrosando su número hasta acabar con la revuelta. Una revolución en toda regla, en la que no hubo pillaje ni robo de las propiedades de la iglesia, al contrario de lo que afirma la historia revisionista de siempre, que ahora empieza, como siempre, a dar su enésima versión de los hechos. Según los periodistas que realizaron las primeras valoraciones de lo acaecido, en todos los conventos e iglesias la multitud lanzó al fuego todo aquello que encontró, incluso joyas o acciones de bolsa, dinero, lienzos o retablos. La idea de quemar la superstición
y el oscurantismo abrazó todo lo que los edificios contenían. Por el contrario, y a diferencia de la revolución y quema de iglesias de 1835, se respetó la vida de los frailes, curas y monjas que huyeron despavoridos por tapias y terrazas hacia los patios vecinos donde con mayor o menor fortuna fueron escondidos -o no- por los vecinos. Su salida, vestidos de seglar, pasó por toda una serie de vericuetos que también fueron después narrados por la prensa.
La revuelta que además afectó a más de 50 poblaciones de toda Cataluña y que en el caso concreto de Granollers y Sabadell tomó el aspecto de proclamación revolucionaria con la toma de los edificios consistoriales y la proclamación de juntas y asambleas vecinales. En la mayoria de poblaciones (Badalona, San Adrià, Mataró, Manresa, Igualada, Olesa, Arenys, Palamós, Cassà de la Selva, Anglés, Reus, Valls, Vendrell, etc.) se quemaron las casetas de consumo, los registros de propiedad y se desarmó el somaten (fuerza ciudadana para-policial), en casi todas se cortaron las vías férreas -para impedir el paso de refuerzos hacia Barcelona, o para impedir el paso de los trenes con soldados hacia el puerto- y también se volaron el telégrafo y las comunicaciones. A partir de aquí, en todos estos municipios se declaró la huelga general.
El foco de la indignación se centró en Barcelona. La ciudad industrial y cosmopolita, escenario de la burguesía modernista y emprendedora, era también escenario de la miseria obrera. Desde sociedades de apoyo mutuo, incipientes cooperativas de producción o consumo, y reorganizaciones sindicales clandestinas tras la cruenta represión de las condenas de Montjuich de 1896, la clase obrera avanzaba con dificultad hacía la autoorganización sindical que en aquellas semanas se fraguaba al entorno de Solidaridad Obrera. En ella un conjunto de sociedades sindicalistas revolucionarias -en número de 67 en Cataluña y 53 en Barcelona- se habían constituido autónomamente y gracias a una aportación económica del pedagogo anarquista Francisco Ferrer y Guardia habían podido adquirir un inmueble en el que poder reunirse y realizar la propaganda. Un inmueble en el que se gestarían buena parte de las iniciativas de aquella semana, pero a las que Ferrer
casi permaneció completamente ajeno, ya que se encontraba fuera de la ciudad. Se calcula que pertenecían a Solidaridad Obrera unos 10.600 obreros barceloneses de los 200.000, esto según estimaciones de Rovira i Virgili. El revolucionario José Prat estimaba que unos 15.000 afiliados eran los inscritos en la sociedad que tenia en la huelga general y la acción directa eran sus armas más poderosas. Sus reivindicaciones eran la jornada de 8 horas y mejores condiciones económicas, pero también mejoras que hacían referencia a su calidad de vida: educación, asociaciones culturales, asistencia médica, etc.
Paralelamente, el librepensamiento había hecho su aparición en Europa, y tímidamente se abría camino en España. La masonería, unida a las campañas de laicidad y al republicanismo hacía su irrupción en los barrios obreros. Todos ellos (anarquistas, federalistas, masones, socialistas y republicanos) participaron en las campañas a favor de los cementerios civiles, por la inscripción de los recién nacidos y los matrimonios en el registro civil sin dar cuenta a la iglesia que ostentaba el monopolio de la educación y la vida moral española.
Las obreras no eran ajenas a todo este movimiento sociocultural. Muchas de ellas militaban activamente en la mayoría de las sociedades obreras y aparecen ya en la prensa obrera. La mayoría de las más activas ejercía de maestras laicas y se mostraron valientemente a favor de la coeducación y de la difusión del racionalismo científico. Sin duda, es dentro de las filas del librepensamiento y del anarquismo donde las mujeres encontraron su lugar donde actuar a nivel político, escribir, hablar y relacionarse. Es decir, un espacio ciudadano en el que actuar y visibilizarse. Y en este lugar darán muestras de su autoridad intelectual Teresa Mañé, Teresa Claramunt, Àngeles López de Ayala, Amalia Domingo Soler, Belén Sàrraga y muchas más que se convertirán en referente y modelo de sus compañeras.
Los huelguistas catalanes pretendían que el resto de la península los imitaran y lograr así que la revolución se generalizara, pero los refuerzos no llegaron, al contrario. Las ideas de los revolucionarios no se escucharon, ya que el gobierno se aprestó a explicar que en Barcelona estaba teniendo lugar una revuelta separatista.
Las muchas causas del incendio de las iglesias
Varias son las posibles causas del desencadenamiento de la huelga general y de la quema de los conventos.
La crispación ciudadana de las clases trabajadoras es sin duda una de las principales. Desde mediados del siglo XIX las calles de Barcelona eran periódico escenario de huelgas y barricadas. Incluso en 1835 ya se había efectuado una violenta quema de conventos que conllevó varias víctimas mortales. Bullangas y revueltas obreras jalonaron los años de 1840-50 para desembocar en las bombas y petardos anarquistas del fin de siglo. Algunos eran reales, otros meras provocaciones policiales, como el oscuro caso protagonizado por el confidente Juan Rull y sus familiares que conmocionó los medios obreros, ya que periódicamente se efectuaban detenciones indiscriminadas. La célebre bomba lanzada en 1896 durante la procesión religiosa de Corpus puso en marcha un descomunal aparato represivo que encerró en el castillo de Montjuic a muchos inocentes. La huelga de las sociedades metalúrgicas de 1902 duró una semana entera y tal fue la represión que el
pintor Ramón Casas la retrató su lienzo: La carga.
La clase obrera demandaba constantemente una mejor educación. Sólo a partir de una mejor instrucción podrían elevar su nivel cultural y optar por mejores trabajos y salarios. Pero la educación escolar estaba desde 1851 condicionada por el concordato entre España y el Vaticano, y la iglesia ostentaba prácticamente el monopolio de la educación en España, en unos años en que no había leyes que regularan la edad mínima para entrar a trabajar y donde niños y niñas frecuentaban fábricas y talleres por salarios de miseria.
De nada valió el intento de la Ley Moyano (1857) para que los ayuntamientos se hicieran cargo de la educación. En ciudades como Barcelona, con una alta afluencia periódica de emigración y con escasos recursos, nada impulsaba a la oligarquía burguesa a instruir a sus ciudadanos.
Y la instrucción quedó así en manos de la misma clase trabajadora que intentará por todos los medios de autoeducarse o de formar escuelas para sus hijos. Desde los años de la Internacional, la educación será una demanda generalizada de todo el proletariado mundial. Después de numerosos y dispersos intentos, Ferrer y Guardia impulsará un modelo educativo moderno, laico y coeducador. De hecho había observado experiencias similares en Francia, como la escuela de Cempuis de Sébastien Faure y Paul Robin. De ellos tomará las ideas del contacto del niño con la naturaleza, y del trabajo cooperativo.
Además Ferrer, que cuenta con una buena fortuna personal, a partir de una herencia, formará maestros y impulsará una editorial que publicará una coherente línea editorial de carácter racionalista y progresista. En 1901 aparece su "Boletín de la Escuela Moderna", en 1906 ya se contabilizan más de mil alumnos en 34 centros educativos coordinados por Ferrer. Aquel mismo año la escuela fue clausurada, ya que Ferrer es acusado de complicidad con Mateo Morral.
La iniciativa anarquista no era la única en una ciudad convulsa, en 1907, el regidor catalanista Francesc Layret propuso invertir parte de un excedente económico del consistorio barcelonés en la creación de cuatro escuelas laicas y coeducadoras para niños obreros. A la expectación y contento inicial, siguió la indignación obrera, ya que el cardenal Salvador Cassañas emprendió una intensa campaña de propaganda y escribió dos circulares en contra de las escuelas y de su manifiesta "laicidad" y "bisexualidad". No se volvió a hablar del tema, pero los republicanos se sintieron muy defraudados por los ataques de la iglesia.
Por último cabria citar a los miembros del republicano partido radical fundado por Alejandro Lerroux. Formado no sólo por proletarios, sino por miembros de las clases medias o pequeña burguesía, que en absoluto aspiraban a la revolución social como los anarquistas o sindicalistas revolucionarios, pero si querían un estado republicano, sin monarquía y fundamentado sobre las bases de la laicidad y el sufragio universal. Según testimonios policiales numerosos miembros de base se encontraban entre los huelguistas y los activistas de los diferentes barrios barceloneses. También estuvieron en las calles sus dirigentes: Sol y Ortega, los hermanos Ulled, Juan Colominas Maseras, Rafael Guerra del Río y varios más. Sólo el diputado Francisco Giner de los Ríos, se quedó en casa y estuvo presente en una reunión consistorial. Es evidente que en el curso que tomaron los acontecimientos, hubo una clara disyuntiva entre las bases del partido y sus
dirigentes que hábilmente optaron por la vía pactista con los miembros de la Lliga, es decir la derecha. Incluso en el asunto de la condena a Ferrer, los dirigentes del Partido Radical tuvieron una actuación que avergonzó a sus militantes de base.
La lucha por el espacio urbano y la quema de conventos
Por primera vez las fotografías de prensa retrataron a los anónimos que poblaban las calles. Cada vez más los periódicos insertaban en sus páginas reportajes fotográficos. Y así, rostros de obreros, mujeres y muchachos compartían protagonismo tras las barricadas improvisadas con railes de tranvías, barriles de madera, somieres de cama y adoquines en los barrios de la ciudad.
Las fotografías mostraban también las entrañas chamuscadas de los edificios religiosos convertidos en ruinas. Hogueras improvisadas en grandes naves góticas quemaban sillas, puertas, reclinatorios, cortinajes, campanas y todo lo que recordaba siglos de oscurantismo. Pero hay algo que impresiona en el desencadenamiento de los hechos en esta semana: la imperturbabilidad de la clase burguesa ante las quemas, y también la del mismo ejército que contemplaba impasible las llamas que tampoco eran sofocadas por los bomberos. La burguesía parecía mirar hacia otro lado, como relatan los testimonios de los hechos. Algunos se encerraron en sus casas, pero otros asistían al espectáculo desde terrazas y balcones. De hecho quizá preferían ver arder conventos que ver como se dirigía la rabia ciudadana hacia sus propias fábricas o propiedades.
Una especie de desamortización popular atacaba las escuelas y edificios religiosos. La masa atacó también los odiados cementerios de los conventos que permanecían en los patios de las casas de vecinos barcelonesas, atentando a la higiene y a las emergentes normas de salubridad. Y en los cementerios y criptas, el pueblo extrajo las momias de sus tumbas y las paseó en una escena buñuelesca por toda la ciudad. Desde los conventos hasta las Ramblas, de ahí hasta la alcaldía de la plaza de San Jaime, y de ahí, al palacio del marqués de Comillas, propietario de las minas africanas que los reservistas debían defender. En cada encuentro con la fuerza pública, los portadores de los ataúdes y las momias dejaban su carga, para reemprender la marcha después de los encontronazos, entre música callejera y chirigotas. Un muchacho deficiente mental fue acusado de haber bailado con una momia lo que le valió la sentencia a muerte.
En las calles de Barcelona se enfrentaban dos formas de entender las cosas, por una parte el mundo antiguo, la iglesia, el clasismo educativo, el viejo estado de cosas, aquello que los progresistas bautizaban como "la superstición", y del otro lado de la barricada, la idea anarquista, el librepensamiento, la emergencia de las mujeres y su autonomía, la laicidad, la razón, y también el darwinismo.
La represión no se haría esperar, una represión azuzada por la derecha catalanista que en su periodico La Veu de Catalunya lanzó una siniestra campaña: ¡Delatad!, es decir: denunciar a vecinos, vecinas, maestros u obreros. Una campaña que pedía a voces cabezas de turco para desviar la atención de aquello que realmente importaba: la desatención y el abandono de la clase trabajadora que no tenía garantías jurídicas, económicas, sanitarias o sociales. Desviar la vista de aquellos que en su desesperación quemaron edificios, monumentos a la desigualdad, y no dirigieron su mirada hacia el patrón, el burgués que hacía del modernismo y el lujo su forma de vida. Cabezas de turco que como la de Ferrer eran molestas: anarquista, activo, subvencionador de periódicos como La Huelga General, o sociedades obreras, amigo de Mateo Morral, de Malato, de los Montseny, de los neomalthusianos y un hombre con una libertad moral e intelectual que hacía
que palidecieran de envidia los timoratos y los puritanos, incluso los que profesaban sus mismas ideas. Ferrer era la víctima perfecta.
Fueron clausuradas más de 122 escuelas laicas, solo en Barcelona. La mayoría de sus profesores fueron detenidos o deportados a Alcañiz, como el caso de los profesores amigos y familiares de Ferrer. Otros eligieron el camino del exilio.
También fueron detenidos líderes obreros, mujeres proletarias, soldados y guardias civiles que desertaron por su republicanismo, damas burguesas antimilitaristas que llamaron a la huelga general y un extraño conglomerado ciudadano de personajes diversos que vieron en la revuelta urbana la posibilidad de canalizar sus aspiraciones. Con motivo de la Semana Trágica, la derecha catalana volvió a la carga, en concreto los hombres de la poderosa Lliga, con Verdaguer y Callís a la cabeza que testificó contra el pedagogo. Un juicio militar sumarísimo y sin garantías decidió su futuro. Ferrer y Guardia fue ejecutado en los fosos del castillo de Montjuïc el 13 octubre de 1909. Un clamor internacional condenó su ejecución.
Y Solidaridad Obrera, a pesar de la represión, o a consequencia de ella, siguió adelante, organizando campañas para liberar a los presos, o participando en los populosos entierros de los ajusticiados (fotografiados por la prensa), en los actos de protesta contra la condena de Ferrer, y volviendo a organizar clandestinamente los sindicatos obreros, sus editoriales y sus escuelas, hasta volver a representar una amenaza tan importante que pocos años después, en 1919 conseguirian la jornada de 8 horas.
La historia forma parte del presente, en un bucle perverso, ya que hace cien años de aquel julio en Barcelona, y cuestiones como la libertad en la enseñanza, la coeducación, el creacionismo y el racionalismo, la impertinencia con que la iglesia interfiere en la vida privada de todos nosotros, la poca laicidad en la vida pública, y el deseo de que la enseñanza forme parte del patrimonio de la crítica y la reflexión, no como mera instrucción o adiestramiento, son aún motivos candentes de nuestra vida diaria.
* Artículo elaborado por Dolors Marín, afiliada a la CNT de Hospitalet, es especialista en historia de los movimientos sociales, su último libro La Semana Trágica ha sido editado por La Esfera de los Libros (Barcelona, 2009).
4. De nuevo en España. De Valeriano “El pacificador” a la Alianza Obrera Revolucionaria.
Periodista, conferenciante, propagandista, activista internacional, trabajador, la actividad de Orobón era incansable. Hasta tuvo tiempo para adaptar la letra de la vieja canción revolucionaria rusa, “La Varsoviana” que se convirtió en “Marcha Triunfal”.Título sustituido por ¨A las barricadas¨.
“ Salud: Con satisfacción comunicamos a los grupos y compañeros, que el más brillante y asombroso éxito ha coronado nuestra iniciativa de formar la Federación de Grupos de las dos Castillas y León.
La Revolución por el tejado. Autobiografía, de Lucio Urtubia
Ser libre es para Lucio desobedecer sin complejos a un poder arbitrario, conquistar la independencia por medio de un oficio, mantener la solidaridad con los desheredados, compartir las riquezas que la vida pone en nuestras manos. Esa libertad interior no es conquista fácil y Lucio parece haberla alcanzado. En estás, sus memorias, explica paso a paso como lo ha conseguido. Bienvenido a su secreto, bienvenido a la utopía.
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Nuevo libro publicado sobre la parcipacion de Puerto Rico en la GCE, incluyendo voluntarios puertorriquenos en ambos bandos y actividades de la Falange y pro-republicanas en la isla.
La participación boricua en la Guerra Civil Española es analizada en una nueva publicación
El autor incluye veinte testimonios inéditos de puertorriqueños que tomaron parte del conflicto bélico hallados en periódicos de la época encontrados en archivos en España y Francia.
A los catorce años un jovencito boricua podía enlistarse en el ejército español en los tiempos en que la bandera amarilla y roja ondeaba oficialmente en nuestro territorio. Y poco más de tres décadas después del cambio de soberanía ocurrido en el 1898, muchos de esos soldados de sangre puertorriqueña se incorporaron a la Guerra Civil Española que estalló el 18 de julio de 1936 y se extendió hasta abril del 1939.
Pertenecieron a ambos bandos -los republicanos y los nacionalistas- y además un grupo de familias adineradas apoyó económicamente los esfuerzos que impulsaba el general Francisco Franco.
Los lazos entre España y esta isla caribeña se examinan en la publicación "Puertorriqueños en la Guerra Civil Española", del catedrático e historiador Luis A. Ferrao, editada por La Editorial, Universidad de Puerto Rico.
Ferrao incluye veinte testimonios inéditos de boricuas que tomaron parte del conflicto bélico hallados en periódicos de la época encontrados en archivos en España y Francia. La investigación de esa década del treinta y la posterior redacción y publicación del texto le tomaron quince años.
"La Guerra Civil Española fue importante para el mundo entero y para los puertorriqueños también, pero nadie había investigado eso", declara Ferrao, catedrático en el Departamento de Ciencias Sociales del Departamento de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
"Aquí la historia del siglo XX siempre se hace con relación a, y en oposición a Estados Unidos; hay muchos libros de historia así. Y muchos no veían que había otros escenarios mundiales donde los puertorriqueños también estuvieron; no veían el escenario de España", puntualiza el historiador.
Cierto es que el conflicto bélico español ha provocado innumerables escritos y Ferrao destaca que múltiples países americanos cuentan con publicaciones que auscultan la relación de sus habitantes con dicha guerra.
"Aquí había que hacerlo", insiste Ferrao, quien además es profesor del Programa Graduado de Historia de la Universidad Interamericana.
La investigación le permitió comprobar la participación activa de los boricuas en ambos bandos.
"En el lado de la República, el bando democrático, pelearon soldados del mundo entero que pertenecían a las Brigadas Internacionales y entre ellos hubo unos cincuenta puertorriqueños. Yo recojo el testimonio de cuatro de ellos que encontré en periódicos. Algunos dejaron sus impresiones en libros como fue el caso de Rubén Gotay".
El segmento nacionalista que lideraba Franco contó con al menos ocho puertorriqueños o españoles que crecieron en la Isla.
"Pero pueden haber sido más", asegura Ferrao, "esos soldados del ejército español nacieron acá, hicieron carrera militar acá y cuando llegó el Gobierno norteamericano, los españoles se los llevaron a España donde hicieron vida de adulto. Uno de ellos, Manuel Goded, encabezó el intento de golpe de Estado en Barcelona. Algunos llegaron a ser altos oficiales".
SIEMPRE EN LA MIRA
España, sus conflictos y modos de vida no eran del todo ajenos a la población isleña en esa década del treinta, en que tuvo lugar el pronunciamiento militar.
"Todavía los puertorriqueños ricos viajaban en barco a vacacionar allá; a algunos hasta los sorprendió la guerra mientras veraneaban allí. Cuando comenzó el conflicto, había unos 500 puertorriqueños viviendo en España", apunta el autor.
"Uno no escribe pensando qué va a dejar a las nuevas generaciones pero, obviamente, quería que conocieran una parte trascendental de la historia de Puerto Rico, que supieran que hubo puertorriqueños que pelearon en España, sobre todo republicanos que fueron héroes de guerra y no fueron condecorados. Varios murieron en el frente de batalla en ambos bandos", enfatiza.
Ferrao destina una parte de la investigación a presentar la colaboración económica de empresas y familias falangistas del patio con las tropas de Franco. Sin embargo, la numerosa información obtenida ha dado pie a otra publicación que al momento trabaja sobre el tema.
"La falange española en Puerto Rico tenía una revista, "Avance", y si miras los anunciantes eran las familias ricas de aquí. Hay muchas calles y escuelas con nombres de falangistas, como es el caso de Miguel Such o Arturo Somohano", dice.
Ferrao considera que en la época inmediata a la posguerra "no había las circunstancias para que saliera toda esta información". "La historia requiere distancia", garantiza.
LORCA Y NUESTRA PRENSA
Cincuenta años después de su muerte en agosto de 1936, el mundo comenzó a conocer las verdaderas circunstancias en que murió el poeta Federico García Lorca a los 38 años.
"En los ochenta fue que se supo toda la mentira y tergiversación que hubo", puntualiza Ferrao.
Por ser uno de los sucesos más recordados que generó la Guerra Civil, el historiador evalúa la cobertura que la prensa del país le otorgó al suceso ocurrido al inicio del conflicto.
"Los ojos y oídos de la prensa mundial estaban en España; en Puerto Rico, Muñoz y Albizu pasaban a un segundo plano en las páginas. Despertaba mucho interés, porque era cruenta y estaba en juego el enfrentamiento entre el fascismo y la democracia, los militares y los civiles, el catolicismo y el laicismo. Así que es interesante ver lo que pasó con Lorca, porque pone de manifiesto el inicio de la manipulación de información", invita.
Ferrao indica que el diario El Mundo ubicó la noticia en su tercera página. "A una sola columna, con tipo de letra y foto más pequeña, se citaron dos partes de Prensa Unida que, apoyándose en el periódico madrileño El Liberal y en refugiados llegados de Granada, indicaban que el poeta granadino había sido fusilado por un piquete de soldados fascistas", explica.
Agrega que el resto de los diarios boricuas -unos seis en total- "guardaron un asombroso silencio con esta importante noticia, como temiendo acaso dar a la luz la muerte de otro dramaturgo, que podía volver a aparecer vivo y hacerles quedar otra vez en ridículo".
El autor alude al anuncio de la muerte del dramaturgo español Jacinto Benavente, que resultó ser falso y un señuelo para desviar la atención de lo ocurrido con el poeta granadino.
"El poco despliegue puede haber sido por no cometer el error otra vez, como también para ocultar una noticia que no favorecía al bando de Franco y los dueños de periódicos eran proclives o simpatizantes con Franco. Existía el temor a indisponerse con gente adinerada que lo apoyaba", opina el historiador.
----------------------------------------------------------------------- Francisco J. Gonzalez (Isabela, Boriken)
To the heroes of the Abraham Lincoln Battalion and the International Brigades, Spain 1936-1939: Salud y Gracias!
'When you give food to the hungry, they call you a saint. But when you ask why the hungry have no food, they call you a communist.' Helder Càmera, Archbishop of Recife, Brazil.
JORNADAS DE LUCHA LIBERTARIA DE AYER Y HOY Con la participación del compañero Nelson Méndez
del Colectivo EDITOR de LIBERTARIO de VENEZUELA
70 años fin de la Revolución en España Viernes 17 de Julio, 18:30hrs. - Inauguración - o Lucio: anarquista, atracador, falsificador, pero sobre todo..., albañil (España, 2007, José María Goena y Aitor Aguirre)
Sábado 18 de Julio, 16:30hrs.
o Nelson Méndez: "Mujeres Libres de España 1936-1939": Descárgate el artículo: http://www.acracia.org/Acracia/Mujeres_Libres.html o Severino Campos: "Ideología y colectivización en la revolución española" o Clausura-Convivió: Grupo Musical Mal de Ojo, Coplas Anarquistas
Jueves 23 de Julio,
17:00hrs.
o Nelson Méndez: "Anarquismo en América Latina" o Edson Passetti y José María Carvalho Ferreira: "Anarquismo en Brasil y Portugal" o Ulises Ortega: "El anarquismo en México: entre la crisis y la reorganización(1920-1960)" o Rubén Trejo: "Semillas de rebeldía: El anarquismo Actual en México" (...) A 50 años del régimen castrista
Viernes 24 de Julio, 18:00hrs.
o Nelson Méndez: Charla-Video "Cuba, Memoria Sindical" (Francia, 2006, C. Castillo y J. Masetti)
"Partido Único, Diario Único" (Francia, 2004, por J. Masetti y F. Pain)
Estará disponible la primera edición mexicana del libro "El anarquismo en cuba de Frank Fernández, hecho por
Ediciones Hormiga Libertaria
Sábado 25 de Julio, 16:30hrs.
o Nelson Méndez: Charla-Video "La Venezuela Bolivariana y L@s anarquistas" "Nuestro Petróleo y Otros Cuentos" (Venezuela, 2005, Elizabetta Andreolli, Sara Muzio, Gabrielle Muzio y Max Plug)
LUGAR: Centro Social Libertario - Ricardo Flores Magon. Ubicado en cerrada de Londres N. 14 Col Juárez,
saliendo de metro Sevilla por Observatorio
Invitan: Colectivo Autónomo Magonista y Grupo Cultural Hij@s del pueblo
[Novedad editorial] ·Del amor, la guerra y la revolución·, Antoine Gimenez
[ |29 de Junio del 2009 [18:00]
Antoine Gimenez
Del amor, la guerra, y la revolución
Recuerdos de la guerra de España: del 19 de julio de 1936 al 9 de febrero de 1939
Seguido de
Los Gimenólogos
En busca de los Hijos de la Noche
Notas sobre los Recuerdos de la guerra de España de Antoine Gimenez
Pepitas de calabaza ed. · Logroño, mayo de 2009 · 664 páginas en dos volúmenes · 22 euros · 145x210 mm · ISBN (Obra completa): 978-84-936367-9-1 · pepitas.net
Antoine Gimenez Del amor, la guerra, y la revolución Recuerdos de la guerra de España: del 19 de julio de 1936 al 9 de febrero de 1939 (Volumen I)
Libros sobre la Revolución Social y la Guerra Civil españolas hay muchos; que trasmitan algo interesante y honesto, pocos; y que además nos acerquen a la realidad de los hombres y mujeres que construyeron aquellos momentos, casi ninguno. Entre esas honrosas excepciones hay que contar estas memorias de Antoine Gimenez.
Este libro recoge los recuerdos que aquel italo-francés retuvo de su estancia en España durante el periodo 1936-1939, en su mayor parte en el frente de Aragón (Pina de Ebro, Farlete, Bujaraloz, Sariñena...) y en Cataluña, con el Grupo Internacional de la Columna Durruti. El testimonio de Gimenez aporta una lúcida y personal visión de aquellos acontecimientos que «por un momento» acapararon la atención del mundo, y que, ciertamente, podrían haber
supuesto un golpe de timón al rumbo de la humanidad.
En las memorias de Antoine Gimenez no nos encontramos con el protagonismo imprescindible del héroe, sino con la participación consciente del individuo. En ese sentido, el texto que aquí ofrecemos no es una interpretación politizada de aquellos días sino una muestra de la vida cotidiana -en todos sus aspectos- de aquel «ejército» de filósofos que apostó por poner el mundo del revés, y en aquella partida perdió todo lo que tenía.
Antoine Gimenez se llamaba en realidad Bruno Salvadori. Nacido en 1910 en Chianni (Pisa, Italia), tomó contacto desde muy joven con el ideal libertario a través de algunos de sus clásicos. Amante de las mujeres como pocos, «vagabundeó» por Europa, bien transportando publicaciones, bien rehuyendo a las policías políticas que le seguían el rastro. En varias ocasiones fue expulsado de Francia y España.
Según sus propias palabras, era un rebelde que vivía al margen de la sociedad y se convirtió en un revolucionario en España, al ver reorganizarse la sociedad sobre unas bases más justas.
Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en el Muro del Atlántico, donde realizó algunas acciones de resistencia y sabotaje. Después se instaló en Marsella hasta su muerte en 1982. Que sepamos, se mantuvo alejado de la «actividad subversiva» hasta casi el final de su vida, cuando tomó relación con un pequeño grupo anarquista en el
que participaba su nieta Viviane, quien le impulsó a que escribiera estas memorias.
Hoy, sin ninguna duda, Antoine Gimenez se ha convertido en el héroe -bellamente anónimo- de los que ni tenemos ni queremos héroes.
Los Gimenólogos En busca de los Hijos de la Noche Notas sobre los Recuerdos de la guerra de España de Antoine Gimenez (Volumen II)
Este segundo volumen recoge las investigaciones y conclusiones entorno a los Recuerdos de Antoine Gimenez, las personas que en ellos aparecen y los importantes hechos que se narran -en ocasiones de pasada- y que tuvieron una enorme relevancia en el devenir de los acontecimientos durante la revolución y contra-revolución de 1936-1937 en España. Búsquedas constantes y rigurosas mediante entrevistas, buceando en archivos, en publicaciones e intercambiando pareceres con otros estudiosos del tema, que han permitido aclarar algunos pasajes todavía turbios de aquellos días, además de verificar las afirmaciones de nuestro ilustre desconocido.
Organizados en tres bloques cronológicos diferenciados -«La acción de las columnas anarquistas en Aragón», «La resistencia a la
militarización» y «La guerra devora la Revolución»-, estos textos nos dan cuenta de las andanzas de los señores ministros anarquistas, de las jornadas de mayo de 1937, de los criminales manejos de los capitalistas de estado de Moscú (y de sus sucursales españolas) o de la militarización de las milicias, por citar algunos ejemplos.
Sin complacencia con ninguna ortodoxia, estas investigaciones nos acercan a algunos de los miles de hombres únicos que se atrevieron a soñar un ideal de igualdad y fueron tan osados de intentar ponerlo en práctica; y que vinieron a España no solo a frenar el fascismo, sino a hacer avanzar la revolución.
Esta edición, que revisa, amplia y actualiza la segunda edición francesa del volumen que apareció bajo el título Les Fils de la Nuit, además incorpora una jugosa novedad gracias a la colaboración de Edouard Sill: el diario de Mimosa.
Los Gimenólogos son un grupo de historiadores-investigadores no profesionales (con todas las ventajas que esto conlleva) interesados en todo lo relacionado con la Revolución Social que se dio en amplias zonas de la España de 1936.
Aunque algunos de ellos conocieron a Gimenez antes de su muerte, al grueso de la gimenología se han ido incorporando gentes con parecidas inquietudes en infinidad de países; como muestra tenemos la incesante actividad desplegada, de la que la primera prueba tangible fue la edición española del manuscrito, y a la que hay que sumar las ediciones francesa e italiana, sin olvidarnos de la obra de teatro basada en estos Recuerdos y el serial radiofónico francés -en 20 capítulos- emitido en radios comunitarias de Canadá, Bélgica, Francia y Suiza.
La gimenología -ciencia que estudia las andanzas de los ilustres y utópicos desconocidos- es una disciplina que no deja de extenderse.
"Exilio 1939. Testimonios de familia", Correspondencia de Floreal Ocaña Presentan: Diana Zaragoza Margarita Carbó Severino Campos Viernes 26 de Junio de 2009 a las 17 hrs. En el Centro Social Ricardo Flores Magon Ubicada en Cerrada de Londres N. 14 Col Juárez, a unos pasos de metro Sevilla por dirección Observatorio Informes: camadf@...
Libro que reproduce íntegro el archivo de correspondencia personal de Francisco Floreal Ocaña Sánchez, educador e ideólogo del anarquismo español, durante su salida de Europa al final de la Guerra Civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
"Diego", dicho Abel Paz
x Nicole Muchnik :: Más articulos de esta autora/or:
Uno de los componentes más conmovedores del anarquismo español es su auténtica
bulimia cultural. Escritor, historiador, autodidacta y militante anarquista toda
su vida.
Es leyendo el diario francés Libération como uno recibe la primera noticia de la
muerte, en Barcelona, el pasado 13 de abril, de Abel Paz, anarquista de vida
ejemplar, altos ideales y valía moral.
No son pocos los turistas medianamente preparados pero conocedores de la
historia de España y enamorados de la lucha de Cataluña contra el alzamiento
franquista, que se sorprenden de que no haya en Barcelona una Plaza de
Buenaventura Durruti ni un Paseo de los Hermanos Ascaso. O por lo menos una
placa con sus nombres, escondida en algún rincón de la ciudad. Es la eterna
historia, la del rechazo visceral del anarquismo, ese "espantaburgueses" que
aterroriza a los mejor dispuestos a rendirse al comunismo más implacable antes
que reconocer valor alguno, así sólo fuera simbólico, al anarquismo.
Falleció Abel Paz a los 88 años de edad. Su nombre verdadero era Diego Camacho,
escritor, historiador, autodidacta y militante anarquista toda su vida. Dejó
unos diez libros publicados, entre los cuales una biografía de Durruti traducida
a catorce idiomas. En París, el 29 de mayo, se presentó un documental de
Frédéric Goldbronn titulado Diego, en un acto de homenaje en presencia de
simpatizantes y amigos que lo conocieron bien.
"Bastan a veces tres segundos para dar sentido a una vida, y en este caso fueron
casi tres días los que me marcaron para siempre, como marcaron a cientos de
miles de personas", decía Paz en una entrevista recordando cómo, el 19 de julio
por la mañana, cuando Goded sacó a las tropas de los cuarteles de Pedralbes, se
encontró ante él, enfrentándolo, a un millar de anarcosindicalistas casi sin
armas, decididos a defender la ciudad del fascismo. Ese mismo día, Francisco
Ascaso perdía la vida en el ataque a un cuartel.
Demasiado joven, Paz no irá al frente de Aragón. Se quedará para "construir el
futuro" inventando nuevas formas de vida. "Tenemos que construir sobre bases
nuevas." escribe Paz en su biografía de Durruti. "La solidaridad entre los
hombres es el mejor incentivo para despertar la responsabilidad individual… Es
preciso que el hombre aprenda a vivir y conducirse como un hombre libre… como
dueño de sus propios actos. En la lucha no se puede comportar como un soldado al
que le mandan, sino como un hombre consciente de que conoce la trascendencia de
sus actos." Es la Barcelona de Orwell, en donde "prevalecía un estado de cosas
que enseguida me pareció merecer la pena de luchar por él".
La vieja historia del fin y los medios. "La anarquía ha situado muy alto la idea
de que el fin no justifica los medios. Para la anarquía más que para el
comunismo, una sociedad nueva se construye desde el primer instante, y no
utilizando cualquier medio", dice Abel Paz. Pero ¿quién podría afirmar que estos
preceptos éticos no valen también hoy, contra el terrorismo moral involucionista
de las iglesias, o el código ético de los políticos, juristas y torturadores de
Guantánamo?
Se conoce como termina: con la toma del control por parte de los estalinistas se
desmontan las cooperativas de Barcelona, las colectividades campesinas de
Aragón, se liquida el POUM, se persigue a los anarquistas y es la derrota final.
Paz se exilia en Francia, donde pasará por los campos de concentración y el
trabajo forzado bajo el régimen de Vichy. Después, el regreso a España y la
cárcel, de la que saldrá en 1953 para exiliarse de nuevo en Toulouse hasta 1977.
Uno de los componentes más conmovedores del anarquismo español es, sin dudas, su
interés, su auténtica bulimia cultural. "El gran sueño de Durruti y Ascaso era
fundar editoriales anarquistas en todas las grandes capitales del mundo. La casa
matriz habría estado en París. Con tal propósito se fundó la Biblioteca
Internacional Anarquista", escribe Cánovas Cervantes (citado por Enzensberger).
"Durruti colaboró con medio millón de francos para el mantenimiento de la
Librairie Internationale", afirma Alejandro Gilabert. Pero cuando "después de la
proclamación de la República, los anarquistas quisieron trasladar la sede de la
editorial a Barcelona… en la aduana francesa de Port-Bou los gendarmes franceses
prendieron fuego a todo el material".
"Me pregunto cómo se puede vivir sin libros. Cómo se puede reflexionar sin
devorar libros, novelas, estudios, libros de historia o de filosofía. Todo
vale", escribe Abel Paz. "Ser anarquista es ser una persona coherente… Trabajar
lo menos posible, lo suficiente para poder vivir, disfrutar de la belleza, del
sol. Disfrutar de la vida con mayúsculas es un estado mental, una actitud ante
la vida. Trata de vivir esta utopía un poco cada día."
Pues eso.
Nicole Muchnik es periodista y pintora.
Homenaje en Traspinedo (Valladolid) a las victimas de la represión franquista en 1936.
El día 20 de junio de 2009, el pueblo de Traspinedo recordará a sus vecinos, víctimas de la represión franquista en 1936. Fueron sacados de sus casas, asesinados y enterrados lejos de su pueblo por el hecho de ser republicanos, acatar la legalidad y en el caso de los Gestores, por ser cargos públicos. Otro grupo grande de vecinos fue detenido y llevado a prisiones lejanas, donde cumplieron años y años de cárcel.
Leopoldo García Ortega. Años 1925-30. De Traspinedo a Valladolid.
Un buen día, yendo por la calle de Joaquín Costa, en una casa que le llamaban “la casa del churrero”… en los bajos de aquella casa era donde estaba establecido el sindicato de la CNT…entré allí por curiosidad y estuve viendo los cuadros que tenían puestos en las paredes, una bandera roja y negra.
3. Valeriano Orobón Fernández en Berlín: la Asociación Internacional de Trabajadores (1925-1931)
Durante los años de Valeriano en Alemania tuvo dos actividades fundamentales: de un lado su trabajo como traductor de Max Nettlau, de otra su participación en el secretariado de la AIT residente esos años en la capital germana
2. El exilio en Francia (1924-1925). Valeriano Orobón
Se integró en el Grupo Internacional de Ediciones Anarquistas y, después, en enero de 1925, se hizo cargo de la publicación del nuevo periódico anarquista español en Francia, Tiempos Nuevos.
Marcelino del Campo. Formó el grupo Los Justicieros.
Era albañil, hijo de un maestro y nació en Valladolid..Amistó con Durruti y otros activistas con quienes formó el grupo Los Justicieros. Involucrado en el atentado frustrado contra Alfonso XIII.
Joaquín Blanco Martínez. Colaborador de Los Solidarios.
Valladolid / Barcelona 8-1-1933. Confederal, colaborador de Los Solidarios, miembro de los grupos de acción que se opusieron al pistolerismo en Barcelona. Formó en el Comité Revolucionario que encauzó la insurrección de enero de 1933 en cuyo transcurso murió en un tiroteo.
Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa
Bueno compañeros y compañeras, por fin hemos conseguido el libro de nuestro amigo Valeriano en formato digital y para que la cultura y la historia del anarquismo pueda llegar a todo el mundo de la manera más fácil posible. Esto lo publicaremos en entregas y finalmente con las fotos que ilustran todo el libro. Esperamos que esta vida tan entregada al anarquismo sea de vuestro agrado. Por último queremos agradecer al autor del libro, José Luís Gutiérrez Molina el hecho de que no nos haya puesto ninguna traba para publicar esto, sino que todo lo contrario, se mostrado tan agradecido.
I. LA VIDA DE UN ANARQUISTA. 1. La infancia y primera militancia en Valladolid (1901-1923)
Un ejemplo de las dificultades de funcionamiento del anarcosindicalismo vallisoletano lo tenemos en las dificultades que el gobernador puso a la legalización de sus estatutos a comienzos de 1920. Pidió instrucciones al ministerio para su autorización alegando que uno de sus artículos, referido a la finalidad revolucionaria de la CNT, era ilegal. Pero sobre todo le preocupaba que la actividad que desarrollaba era muy intensa, celebraban “demasiadas” reuniones y “podían llegar a ser peligrosos” en una ciudad en la que predominaban los socialistas.
Escribió el primer folleto publicado en la península sobre los crímenes de Chicago. Anarquista Vallisoletano que ocupó un lugar de primera magnitud en la prensa libertaria de fines del siglo XIX.
Presentación en Córdoba del libro El estado frente a la anarquía x La Haine - Cordoba :: Más articulos de esta autora/or: El estado frente a la anarquía: Los grandes procesos contra el anarquismo español (1883-1982) .
El próximo viernes, 24 de abril, a las 18.00 horas, los historiadores José Luis Gutiérrez Molina e Ignacio Muñiz Jaén presentarán en la Feria el libro: El estado frente a la anarquía: Los grandes procesos contra el anarquismo español (1883-1982) .
Diego Camacho, más conocido con su pseudónimo Abel Paz, escritor, historiador autodidacta, reconocido militante del movimiento libertario. Su obra más conocida y más brillante es "Durruti en la revolución española" de la que aún quedan varios ejemplares a 10 euros para afiliados.
Que la tierra te sea leve, compañero.
Abel Paz (Almería, 12 de agosto de 1921 - Barcelona, 13 de abril de 2009 ) es el pseudónimo de Diego Camacho, escritor, historiador autodidacta y militante del movimiento libertario. Hijo de de una familia de jornaleros del campo, condición que le hizo aproximarse a ideologías anarquistas al observar las diferencias de clases entre obreros y burgueses en su infancia y juventud. Entró a formar parte de las Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y la Confederación Nacional del Trabajo.
Se trasladó a Barcelona cuando sólo contaba ocho años de edad, estudiando en la escuela nocturna del Clot. En 1936 luchó en los grupos de defensa confederales del Clot y participó en el grupo Los Quijotes del Ideal. En 1938 combatió con las milicias confederales en el frente de Artesa, en Lérida, durante la Guerra Civil Española, refugiándose en Toulouse, Francia, en
1939 al caer la Segunda República Española. Fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, y en los de Bram, Saint-Cyprien, y Le Barcarès, y posteriormente forzado a trabajar en el muro del Atlántico para el Partido Nacionalsocialista hasta 1941. Regresó a la España franquista y fue encarcelado dos veces. Luego volvió a Francia, y no regresó nuevamente a España hasta 1977 estableciéndose definitivamente en el barrio de Grácia en Barcelona. Colaborador en la prensa libertaria, conferenciante en múltiples actos, también destaca como un prestigioso escritor, convirtiéndose en el biógrafo oficial de Buenaventura Durruti. Su biografía sobre Durruti ha sido traducida a catorce idiomas. Él mismo se define como anarquista y su significado en la entrevista concedida en 1997 a "Espai de Llibertat" con estas palabras: "Soy anarquista y ser anarquista es ser una persona coherente (paz
espiritual, la tranquilidad, el campo, trabajar lo menos posible, el suficiente para poder vivir, disfrutar de la belleza, del sol. Disfrutar de la vida con mayúsculas, ahora se vive en minúsculas). Tener una conducta personal. Llevar las ideas a la práctica al máximo, sin esperar que haya una revolución. Eso se puede hacer ahora. Es una concepción filosófica, es un estado de espíritu, una actitud ante la vida. Pienso que esta sociedad está muy mal organizada, tanto socialmente, como políticamente, como económicamente. Hay que cambiarlo todo. El anarquismo invoca una vida completamente diferente. Trata de vivir esta utopía un poco cada día". Desde entonces, hasta su muerte, promueve numerosas conferencias relacionadas sobre el anarquismo y la revolución de 1936, en el ámbito libertario y cenetista. Algunas de sus obras
·Durruti: el proletariado en armas (traducida a catorce idiomas), reeditado en 1996 como Durruti en la revolución española
·Crónica de la Columna de Hierro
·Paradigma de una revolución
·Al pie del muro (Memorias 1942-1954)
·Los internacionales en la Región española
·Entre la niebla (Memorias 1939-1942)
·Chumberas y alacranes (Memorias 1921-1936)
·Viaje al pasado (Memorias 1936-1939)
·La cuestión de Marruecos y la República española
·CNT 1939-1951. El anarquismo contra el Estado franquista
·Co-guionista de los documentales "Durruti, en la revolución española" (Fundación Anselmo Lorenzo)
·"Vida y muertes de Buenaventura Durruti" (Els Joglars) ·Entre la niebla. Memorias 1939-1942. Barcelona, edición de Abel Paz, 1993.
Entrevista a Abel Paz
"Se ha querido olvidar. Ha habido la voluntad política de ocultarla. Sí, porque hay mucho miedo. El anarquismo está muy enraizado en España."
28-8-2005
Quizá una de las últimas personas que pueden dar testimonio vívido de la, pretendemos no sea, olvidada revolución libertaria es Abel Paz, seudónimo de Diego Camacho, historiador y biógrafo de Durruti, autor de numerosos libros entre los que se encuentran los cuatro ejemplares que componen su obra autobiográfica, abarcando desde su temprana e ilusionante militancia anarquista hasta el horror de las carceles franquistas.
-Casi nadie sabe o cree que hubo una revolución en España. ¿La hubo?
Sí, claro que la hubo, aunque ha quedado oculta por la mentira. De todos modos, cuando dices la verdad tarde o temprano se te reconoce esa verdad. Para empezar, hay que tener en cuenta las Comunidades de Castilla. El único historiador que ha hecho una reflexión seria sobre eso ha sido Maravall. En 1519 nos anticipamos dos siglos a la revolución de 1789, porque en esencia se trata de la misma revolución. Aquella gente tenía un concepto de democracia muy avanzado, se hablaba por ejemplo del mandato imperativo. El regidor que se nombraba para representar a la comunidad, si no respetaba la voluntad popular, el mandato imperativo, era automáticamente cesado, como pasó en Segovia por haber votado los impuestos que exigía Carlos V. Era tan radical aquella visión que de hecho el anarquismo no hizo más que retomar el hilo de la historia y
arrastralo hasta 1936. No se puede hablar de revolución en España en 1936 sin tener en cuenta los períodos de la historia en que esa revolución era algo que estaba en suspenso. Malraux, hablando de la revolución española, decía que era algo que estaba en suspenso, que se veía venir a través de la historia de España.
Si se puede decir que la revolución ha estado en suspenso hasta 1936, a juzgar por la realidad también podría decirse que la contrarrevolución ha campado a sus anchas a lo largo de la historia.
Desde luego. Para muchos la historia de España comienza con Fernando e Isabel, lo anterior no existe. Con la particularidad de que con la cultura árabe España había entrado ya en la modernidad. Con los reyes católicos, cuando se expulsa a judíos y árabes España retrocede dos siglos, se hunde en la edad media. Esos son dos siglos de retraso que ha tenido España. Aquí aún tenemos estructuras feudales. Aristocracia, una concepción social que no se corresponde con la que hay en Europa. Latifundios... Problemas que nosotros resolvimos en 1936.
¿Ustedes?
Fue el pueblo quien los resolvió y de manera inmediata. La república intentó hacer la reforma agraria pero no puedo llevarla a cabo porque no se atrevió a enfrentarse con la aristocracia que era la que tenía el poder. Pero nosotros llegábamos, ocupábamos el terreno y se creaba una colectividad, así de simple. Y si el aristócrata o el burgués quería formar parte de la misma, se le admitía, si no se le echaba. Pero no se echó a los que querían integrarse, a los que aceptaron las reformas, los planes de expropiación. El dueño de la fábrica que no tuvo miedo y se quedo a formar parte de la colectividad se integró. Incluso a veces participaba del control, pero si no lo aceptaba, se le quitaba de en medio. No era cuestión de retrasar la marcha en los obstáculos que se pudieran encontrar. En esos aspectos, la revolución
española superó a la propia revolución rusa.
¿En qué sentido dice eso?
La revolución rusa apenas sobrevivió tres meses, mientras que la nuestra duró hasta 1939. La economía estuvo en manos de los trabajadores y se consiguió descentralizar totalmente el poder. El poder local tenía una personalidad: los comités. A pesar de la Generalitat, en los pueblos funcionaban los comités, existía una especia de democracia directa, no se prohibieron los partidos pero éstos enviaban a sus representantes al comité. No había programas, los programas consistían en resolver las necesidades imperiosas del pueblo. 7 u 8 representantes votados por la asamblea popular tenían que cumplir con la voluntad popular. Si no funcionaban, se les cambiaba y con los altibajos que se quiera, aquello funcionó. Por ejemplo, la línea de ferrocarril se electrificó durante y a pesar de la guerra. Se distribuyó la tarea por sectores
y cada ayuntamiento asumió la parte que la tocaba. En tres meses la obra estaba terminada. Hoy una cosa así es inconcebible. Se daba trabajo a los parados del pueblo. Los salarios se proporcionaban desde la cooperativa del pueblo ya que era una obra de interés para todos.
¿A pesar de todas las carencias y dificultades?
A pesar de todo. Y es que cuando hay hambre, si todo el mundo pasa hambre y no hay ningún privilegiado que no la pase, entonces eres feliz con tu hambre. Estás compartiendo la desgracia colectiva, el problema llega cuando hay un grupo de gente que está comiendo bien y los demás se mueren de hambre. En general, la gente soportaba todo aquello porque era igual para todos. Recuerdo al Conseller de Defensa de la Generalitat. Su mujer iba por la mañana a hacer la cola del pan, a recoger su ración, cuando el por su cargo podía haber pedido que le llevaran el pan a casa, era un hombre de culto. Es decir, la igualdad no era un mito, era una realidad.
¿En qué partes del territorio se puede decir que hubo una revolución?
Alcanzó toda la zona republicana aunque no por igual. Hubo zonas en que la CNT era minoritaria. No obstante, allí también se produjeron colectivizaciones. Hubo, en cambio, algún pueblo con poder cenetista donde todo quedó igual. En otros coexistieron colectivizaciones socialistas junto a otras libertaria; la socialista respetaba a la propiedad privada y los métodos eran más autoritarios. Pero en general, las colectivizaciones se extendieron por toda la república.
¿Cuáles fueron las características más significativas de esa revolución?
Sus rasgos más definitorios se dieron en realidad el 6 de octubre de 1934 en Asturias. Allí la alianza obrera entre CNT y UGT fue la que hace que aparezca ya la comuna, la colectivización era un acuerdo entre socialistas y anarquistas con el que se intentaba conseguir un socialismo libertario pero en general fue la tendencia libertaria la que influyó en esa revolución. Hasta ese momento la CNT había intentado movimientos de carácter insurreccional pero no había alcanzado a las bases de la UGT. La alianza era imprescindible. En una población activa de 9 millones de trabajadores, la UGT contaba con un 1.200.000 afiliados y la CNT con 1.500.000, nada que ver con la afiliación de hoy. La gente era muy activa aunque la burocracia socialista frenaba la alianza entre sindicatos. Pero en las elecciones de febrero del 36, ganó el frente
popular frente a las candidaturas de las derechas. Cuando la izquierda llega al poder la gente que la ha votado no es ya la misma que la había votado en el 31. Algo ha cambiado, hay más experiencia. Los partidos de izquierda llegan al poder pero las bases se guardan el poder de acción. No esperan que haya una amnistía si no que pasan a la acción y de inmediato abren la puerta a 80.000 presos. Los campesinos no esperan a que se reinicie el debate de la reforma agraria si no que se lanzan a ocupar las tierras. En el mes de marzo son 80.000 los campesinos que en Extremadura, Andalucía y La Mancha se incáutan de los feudos. No toman la tierra para ellos sino que la colectivizan, la toman para trabajarla en comunidad. En marzo de 1936 se inicia la revolución de manera pacífica
Sin embargo, al gobierno republicano no parecía que le gustara mucho lo que estaba empezando a pasar.
Es verdad, el gobierno de Azaña no lo ve con buenos ojos. A ningún político le gusta verse desbordado por las bases, pero tampoco puede enviar guaridas civiles a expulsar campesinos. Y las comunidades agrícolas empiezan a desarrollarse. Mientras tanto la derecha se precipita hacia el golpe militar. Aleccionada por la revolución de octubre fortifica sus alianzas. Por otra parte, cuando se proyecta el golpe militar la alianza entre CNT y UGT también se había consolidado.
Esa alianza incipiente era una amenaza terrible para las clases conservadoras. Quizá les hizo acelerar la preparación del golpe.
En parte sí, pero no se puede separar el conflicto español del contexto internacional de la época. Es el momento de auge de los fascismos, está el problema de Marruecos. No se trata de un problema doméstico si no que está internacionalizado y es desde ese momento que nosotros ya hemos perdido la guerra. Franco asegura a Inglaterra y a Francia un régimen fuerte que garantiza la propiedad privada y su posición en el Mediterráneo. Desgraciadamente, España es el punto más estratégico del Mediterráneo. Es en ese contexto que puede afirmarse que desde el principio está perdida la guerra. ¡Claro que hubo revolución en España! Pero en un contexto internacional en el que no podía sobrevivir. Hay aspectos de nuestra guerra que han sido silenciados. Por ejemplo el problema de Marruecos. La fuerza militar de Franco está en Marruecos.
Cuando estallas el conflicto en España los obreros están desarmados. La república no les da armas. A pesar de ello los obreros derrotan en Barcelona a los sublevados y Barcelona eran en aquellos momentos el faro de España. Si ellos hubieran conseguido dominar Barcelona, se habría perdido desde el primer momento pero al derrotar a los fascistas en 32 horas, se envalentonó todo el mundo y Madrid también les derrotó. Cuando se supo por radio la noticia de que Goded había sido hecho prisionero en Barcelona y de que la revuelta había sido dominada, le fueron a decir a Azaña: "Presidente: los catalanes han derrotado al ejército. Goded ha sido hecho prisionero". Azaña contestó: "Eso no puede ser, es un cuento que están propagando los catalanes. Anda, ponme con Companys. Oye, Lluís -se trataban así-, ¿qué pasa ahí en Barcelona?" Companys le dijo: "Nada, que somos los amos". "¿Cómo, los amos? ¿Pero qué ha pasado? ¿Qué es
eso de que está preso Goded?" Sí, sí. Lo tengo aquí conmigo en mi despacho". "Y como ha sido?" "Pues ya ves, esos anarquistas locos que se han echado a la calle". A partir de ahí empezó todo el follón. Son tantas cosas...
Me contaba lo de Marruecos...
Sí, la noche del 18 al 19 de julio Franco ya se había hecho su programa. Ellos habían confiado mucho en los 35.000 hombres que tenían en África, pero tenían que trasladarlos a España. Azaña, muy equilibrado, encargó un gobierno de crisis a Martínez Barrio y que se pusiera en contacto con los facciosos. Es cuando Mola le dijo: llegas tarde, esto es imparable. Así Azaña encargó un nuevo gobierno a José Giral. Éste, sin consultar a Azaña armo a los trabajadores socialistas (no a los anarquistas). Empiezan a prepararse milicias en Madrid. Manda un telegrama Leon Blum pidiendole armas para combatir el golpe militar. Lo pide con fuerza porque Francia se había comprometido a abastecer de armas al pueblo español cuando lo necesitara, armas pagadas por adelantado con un depósito en la banca francesa. Hay un pacto firmado. Pero la
burguesía francesa se niega. Blum se desplaza a Londres y allí le dicen que no se meta, que se maten entre ellos. Es cuando el idea el pacto anti-intervención, es una manera de apoyar a Franco y de perder la República. Francia que estaba obligada a ayudar se niega. Marruecos es un problema muy importante. España no había firmado un protectorado con el Sultán. España estaba en Marruecos por presión de los ingleses que no querían que Francia se pusiera enfrente de Gibraltar. Así, España queda como gendarme de Gibraltar. Hay un acuerdo en 1904 entre Francia y España para repartirse Marruecos: Francia se compromete en el supuesto de que España no pueda garantizar el orden a ayudarla. España se compromete a que no dará la independencia a su zona ni apoyará a otra potencia. Giral le recuerda este punto a Francia. Es el momento de que Francia entre en juego, pero no lo hace. Los fascistas pasan sus tropas a la península con ayuda de Hitler.
Pero aquí intervienen los anarquistas, formando un comité de milicias, que se crea el 21 de julio, y la gente que forma parte de ese comité asume la consejería de defensa de la Generalitat. Se encontraba aquí un representante de la liga árabe. Se intentó un acuerdo con los resistentes marroquíes. Este representante se va a Ginebra, donde habla con los representantes de la liga. Ellos se comprometen a alzar las cabilias e impedir que Franco siga nutriendose de las levas marroquíes. Firman un acuerdo pero los árabes del Comité de Acción Marroquí eran todos gentes del aparato: propietarios, burgueses. Dicen: estamos de acuerdo con vosotros los catalanes pero lo que hemos firmado tiene que estar avalado por el gobierno central. Entonces se desplazó una comisión a Madrid. Julián Gorkin, por el POUM, Jaume Miratvilles por ERC, Aurelio Fernández por la CNT y Rafale Vidieia por el PSUC. En Madrid les dijeron: como se les ocurre a ustedes los
catalanes asumir una cuestión internacional. Largo Caballero se lo comunicó a Blum, y éste le dijo que ni hablar. Blum tenía muchos problemas en el Marruecos Francés y los ingleses tenían problemas en Egipto: si armamos el follón en el Rif, los alzamientos podrían correr como un reguero de pólvora. Los anarquistas sabían que sería fácil aproximar la revolución al sur porque eran pueblos atrasado económicamente. Y sabían que al norte sería más difícil con los comunistas y los socialistas. Fueron problemas internacionales muy enrevesados. Largo Caballero se arrepintió. Blume también, pero mucho más tarde. Largo Caballero intentó ceder Marruecos a ingleses y franceses para que ayudaran. Todo esto va unido a la cuestión de que nuestra guerra se produjo en un contexto internacional que podríamos considerar como el capítulo final de un período histórico en el que en cierto modo el honor del proletariado es salvado por los
proletarios españoles que hacen la revolución más profunda que se conoce en la historia, como he dicho más que la revolución rusa. Incluso se puede decir que la revolución española enlaza con la comuna del 1500 y con la comuna de París. Es la heredera de todos esos procesos históricos.
¿La revolución que grado de penetración tuvo en el tejido económico?
En Cataluña, se puede decir que toda la industria quedó colectivizada. Luego surgió el problema de los inversionistas extranjeros que empezaron a reclamar, a quejarse a los embajadores... Hay que tener en cuenta que la economía española estaba un 45% monopolizada por el capital extranjero, una cosa parecida a la de Cuba cuando la revolución. Y una revolución quiere intervenirlo todo porque si quedan bolsas de miseria entonces no es una revolución. Nosotros colectivizamos los tranvías, metro, industria... Aquí todo era textil, no había industria pesada y hubo que crearlas con las 50 fábricas que se crearon de armamento. Lo curioso es que a los 15 días de revolución ya se fabricaba trilita, dinamita y obuses. Antes habían fábricas importantes pero sin grandes concentraciones de obreros. El comité de milicias formó un
comisión y unificó a tres sindicatos: Químico, Metalúrgico y minero para formar la industria de guerra. Allí se puso a Eugenio Vallejo, un obrero metalúrgico, en poco tiempo se recogieron todos los tornos y fresas disponibles de entre los muchos pequeños industriales repartidos por Cataluña y se logró concentrar diez fábricas en grandes solares que lograron emplear a 150.000 trabajadores en tres turnos. O sea que la gran concentración industrial que la burguesía fue incapaz de realizar la realizamos nosotros, todos los trabajadores. Todo esto estuvo administrado por los comités de fábrica y los sindicatos hasta 1939. Hubo una injerencia oficial del ministerio de defensa que quiso intervenir. Nombró directores para la fábrica y cuando llegaron ocuparon despachos, pero nada más. De allí no salía ni una bala, ni un fusil si no era con lo firma del comité de defensa. Podía salir sin la firma del director pero no sin la del comité.
Estuvieron siempre administradas por asambleas. Lo máximo que se puede alcanzar en una revolución parcial como era la nuestra. En la industria textil se funcionaba igual: con comités de fábrica coordinados por el consejo de economía, nombrado por los sindicatos. Sobrevino las crisis de las materias primas. No se podía producir debido al embargo. Los que mejor se lo montaron fueron los valencianos, que se organizaron muy bien. El ministro de agricultura, comunista, intentó intervenir en eso sin conseguirlo. Valencia exportaba cítricos a Inglaterra y con las divisas compraba lo que necesitaba. A pesar de las pegas que ponía el ministerio de agricultura esto se mantuvo así hasta el final de la guerra. Había problemas de abastecimiento, de comida. En Valencia, el consejo técnico trabajó la chufa, la manipuló químicamente y llego a extraer una leche con calidad suficiente para amamantar. Se trató químicamente la fibra vegetal. Luego los
americanos inventarían el nylon con el mismo procedimiento. Era un revolución obrera. Y los obreros no tenían grandes conocimientos técnicos pero sí prácticos. Así, se crearon los institutos obreros para chavales como yo. Allí, a marchas forzadas te especializabas en economía, química, estudios muy concretos. Y eso aportó gran cantidad de jóvenes en condiciones de poder mejorar la agricultura, por ejemplo en Aragón. Allí toda la agricultura quedó colectivizada. Y a los campesinos les dio la manía de hacer estudios de agronomía, para cultivar mejor las tierras, para hacer granjas experimentales. Todo eso era lo que iba a dar la base esencial de la economía de la revolución. En Aragón fue donde más se colectivizó la tierra.
¿Y en Cataluña, donde tú estabas?
En Cataluña se tropezó con organizaciones catalanistas como ERC, el campo era de otra manera. Los pequeños propietarios tenían sus cultivos diseminados en minifundios, con un pedazo aquí y otro allá. Ellos tuvieron la gran virtud de unir todas las tierras para producir más y con menos cansancio. Así pasó en Aragón y menos en Cataluña. Líster decía estúpidamente que las colectividades fueron impuestas. Siempre había gente en desacuerdo claro. Pero la ambición era eliminar la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre. Darle a la mujer ventajas que nunca había tenido... Por ejemplo una de las primeras cosas que aportaron las colectivizaciones fueron los lavaderos colectivos, las guarderías, escuelas donde no había. La mujer ganó tiempo. En una colectividad donde viví, las mujeres jóvenes utilizaban ese
tiempo creando cuadros escénicos, haciendo teatro, o con otras iniciativas culturales... La que mas sabía ayudaba a la que menos.
¿Fueron muy traumáticas las expropiaciones de las fábricas?
Pues no: a veces los dueños se quedaron y colaboraron pero en general cuando amos y técnicos vieron que los trabajadores se echaban a la calle y derrotaban al ejército se esfumaron. Cuando entrabas en las fábricas, ya solo quedaban las máquinas. Los obreros se encontraba solos y se dijeron: ¿Qué hacemos?. Y se pusieron a trabajar formando comités para hacer funcionar las fábricas. Yo tuve la suerte de pasar por toda clase de experiencias. Pasé por una calderería, por un instituto obrero, estuve en el campo... El jefe de la calderería tenía 50 obreros pero era un hombre muy campechano. Cuando le colectivizaron la calderería se presentó y dijo: yo me quedo, ¿qué hago?. Soy técnico, ¿os puedo dar consejos?. Y allí estuvo, cobrando un salario como los demás. Y después fue a la cárcel como los demás. Incluso se
colectivizaron las barberías. Me sorprendí cuando en la revolución de las cláveles, en Portugal, llegué allí en avión. Salgo del aeropuerto y veo a un tío limpiando zapatos. Me dije, ¿qué clase de revolución es esta?. Y le dije al tío: ¿qué haces limpiando zapatos?. Es mi oficio contestó el otro. ¿La revolución no te ha liberado aún de la caja de zapatos?. Y le pegué un puntapié a la caja. Eso se terminó, que cada uno se limpie los zapatos en casa.
¿Qué pasó con las empresas extranjeras?
Estuvieron controladas hasta el final de la guerra. Pero es curioso, en la cámara de la propiedad están los balances de aquella época... Cuando llegaron los propietarios de nuevo, en el 39, se encontraron que sus fábricas tenían superhábit y una mayor producción que antes de la guerra. Ahora ha salido a la luz la contabilidad de la época. Desde el punto de vista económica aquello no fue un fracaso, porque no fue una economía dirigida sino una autogestión. No fue la autogestión de Tito: en Rusia tampoco hubo autogestión. Uno de los grandes errores es que cuando se crearon los soviets de fábrica y se dirigieron directamente a los mineros para abastecerse inmediatamente llegaron los interventores del estado y la intervención derivó en la parálisis de los primeros tiempos de la industria soviética. La antigua estructura
sindical sirvió de columna vertebral al desarrollo de la economía obrera. En Rusia no existía eso, tuvieron que inventarlo y fue una revolución campesina más que otra cosa. Nosotros dimos soluciones a muchos problemas que se han planteado después. Por ejemplo, Tito copió muchas cosas de nuestra economía, desgraciadamente con carácter autoritario, centralista.
En la discusión de si es mejor una autogestión dirigida por el mercado o una economía totalmente planificada, en el caso de la revolución española hubo una peculiaridad, que es que las necesidades de la guerra imponían una determinada manera de producir. Pero en unas circunstancias en que no hubiera habido guerra ¿la revolución habría optado por una economía de autogestión con mercado?
No creo. No porque en España habría tenido que existir como mínimo un sistema mixto. Si no nos habríamos encerrado en una especie de autarquía. Tampoco teníamos grandes pretensiones. La gente solo pretendía vivir, aunque fuera pobremente, con dignidad. No te importaba ir con alpargatas pero querías tener por lo menos las alpargatas, un trozo de pan con aceite y un ajo. Se practicaba mucho el intercambio. Aragón hacía muchos intercambios con Tortosa, por el arroz. Lo importante es que hubiera lo básico. Nosotros dimos un valor a las cosas que nada tiene que ver con la concepción marxista del valor, ni con la capitalista. Creamos una moneda no acumulativa sin valor alguno, los bonos. Tu en la colectividad lo tenías todo pagado. El único control que tenías era el de la comunidad, el de tener que ir a trabajar. Si el domingo
tenías ganas de ir a otra colectividad, utilizabas los bonos porque no formabas parte de esa otra colectividad. Si querías tomar un café en algún otro sito pagabas con los bonos. Pero no eran dinero. Era un elemento de control. Con ellos tampoco podías comprar alpargatas o pantalones porque ya te los daban en tu colectividad. No podías decir: tengo 10.000 ptas. en bonos. ¿Qué ibas a comprar, si no había nada que pudieras comprar con ellos? Nosotros, en nuestra colectividad teníamos aceite. Era difícil calcular las cantidades con que se debían hacer los intercambios pero había otra mentalidad. A la gente de Tortos se les daba más aceite de lo que valía el arroz.
¿Se consiguió hacer desaparecer al 100% el dinero en las colectividades?
Si, en muchos sitios en el campo dejó de existir. Aunque en la industria el asunto era más delicado. Pero por ejemplo el problema del alquiler estaba resuelto. Con la comida no había problemas, podías comer en la fábrica o en la cantina. Un hombre casado con dos hijos podía ganar lo equivalente a cuatros personas. Un soltero ganaba menos claro. Si un soltero tenía a su cargo a su madre tenía una prima. Se trataba de un salario familiar menos arbitrario que el convencional.
¿En cualquier caso de la revolución no ha quedado nada, ni siquiera la memoria? La derrota militar lo borró todo.
Nosotros ganamos la revolución, lo que perdimos es la guerra. La revolución consiste en que los trabajadores se hagan dueños de los instrumentos de trabajo y no fracasen en la gestión de los medios de producción. La revolución no fracasó, fue derrotada militarmente. Quizá con el tiempo se hubiera desarrollado una burocracia paralizante pero eso nunca lo sabremos. Hay victorias que son derrotas y derrotas que son victorias. Si lo de Rusia fue una victoria, ¿quién venció?, ¿los obreros?. No. En cambio la comuna de París fue una gran victoria obrera. Lo nuestro, también. Fue una victoria revolucionaria aunque se produjo una derrota militar. Llevamos la revolución hasta donde nos fue posible.
El olvido de esa revolución que tú viviste, que vivieron tantas personas que aún están vivas es ciertamente incomprensible.
Se ha querido olvidar. Ha habido la voluntad política de ocultarla. Sí, porque hay mucho miedo. El anarquismo está muy enraizado en España. El orgullo, la resistencia son valores propios de nuestra gente. Entre nosotros la anarquía es una actitud natural que nace de la rebeldía ante la injusticia, no es una teoría. El ser humano de cualquier época tendrá siempre ese espíritu de rebeldía. Hoy hay un anarquismo virtual en los okupas, en los insumisos, en la lucha feminista, en todas esas luchas parciales y es bueno que se desarrollen paralelamente a la lucha política porque un partido político ahogaría todo eso. En ese aspecto soy bastante optimista, pienso que puede resurgir porque nosotros aún somos rebeldes. Lo que para otros es modernidad, en realidad es una moda. Me gustaría que se formara una plataforma donde estuvieran
los okupas, los ecologistas, feministas... en un pacto solidario. Esas son las nuevas formas de organización. Hay mucho anarquismo en la calle, en el individuo, pero eso no se puede organizar. Yo quiero esperar que el futuro no sea barbarie, sino socialismo. El capitalismo no sabe a donde va: ha perdido el rumbo y quiero ser optimista, y por eso pienso que el tercer mundo nos va a dar muchas lecciones.
Compañero, hemos confeccionado una lista de correo para la difusión de información, en ella están los compañeros que disponemos de su e-mail, compañeros registrados en la web y los que asi lo habeis solicitado. Si quieres darte de baja en la lista, mándanos un correo a soliobrera@...
El alcalde socialista de Villabañez arranca la placa conmemorativa de las víctimas del franquismo
En Valladolid no sólo no se eliminan los nombres franquistas de calles y poblaciones, como Quintanilla de Onésimo, sino que ocurren desmanes como este a plena luz del día sin que los periódicos lo recojan, ni las instituciones tomen medidas.
Mitin de la «C.N.T.» en la plaza de toros de San Sebastián de los Reyes
El orador más aplaudido fue Fernando Carballo, veinticinco años de cárcel y recientemente puesto en libertad acogido al decreto de amnistía, quien, en medio de una gran ovación y con algunas estrofas de «A las barricadas», entonadas por parte de los asistentes, dijo que «la plaza está llena de furia libertaria.
Carballo Blanco, Fernando era el preso político que más tiempo había pasado en la cárcel, con un total de veintiséis años de reclusión. Nacido en Valladolid el 30 de mayo de 1924, hijo de Aniceto, cenetista fusilado por el franquismo
4/2009 Virus publica una crítica del republicanismo x Editorial Virus :: Más articulos de esta autora/or: José Iglesias Fernández defiende el municipalismo frente a las corrientes que se limitan a pedir la sustitución de la monarquía por un régimen parlamentario.
A pesar de la amnesia política propiciada por la Transición española y de la actual campaña de recuperación de la figura del rey y de la Monarquía como supuestos garantes de la democracia, en los últimos tiempos se han multiplicado las manifestaciones antimonárquicas y, en general, el cuestionamiento del estatus y la legitimidad del rey y la familia real. Las campañas de repulsa a la monarquía, la quema de fotos de Juan Carlos I o los juicios a diversos medios de comunicación por mofarse del actual jefe del Estado y su familia han vuelto a poner el régimen monárquico en tela de juicio, más de tres décadas después de que sucediera al dictador Francisco Franco.
Sin embargo, se acostumbra a presentar la República como única alternativa posible a la Monarquía, teniendo siempre como referencia una imagen edulcorada del pasado reciente republicano. Las evocaciones a la Primera y Segunda República españolas tienden a olvidar que, a pesar de los avances que supusieron en materia social o del régimen de libertades generales, los gobiernos republicanos españoles no pasaron de ser regímenes parlamentarios sin vocación real de acabar con las profundas desigualdades económicas imperantes en el Estado español.
Tal como analiza José Iglesias en este breve ensayo, los llamamientos en pos de una Tercera República española y otros proyectos republicanos como el preconizado por Julio Anguita no dejan de ser, en lo fundamental, intentos de constituir un régimen similar a las democracias parlamentarias europeas, es decir, un régimen como el que ya padecemos pero sin la figura del rey. En ninguno de estos proyectos se cuestionan las estructuras de propiedad y de reparto de la riqueza, ni los mecanismos de decisión, por lo cual no pueden ser alternativa para nadie que aspire a un cambio radical respecto a las bases del sistema actual.
El autor apunta en la dirección del municipalismo como horizonte inmediato de transformación hacia una sociedad descentralizada, con formas de democracia directa y donde se favorezca la economía local, para poder superar la crisis económica y ecológica hacia la que nos arrastra el capitalismo
José Iglesias Fernández es economista, miembro del Seminario de Economía Crítica Taifa y de la Coordinadora Estatal contra el Paro, la Pobreza y la Exclusión Social "Baladre". En los últimos años ha sido uno de los principales animadores de la propuesta y el debate en torno a la Renta Básica, rechazando las posiciones que pretendían reducirla a un mero recurso asistencial. En este sentido, ha defendido en sus posibilidades transformadoras y radicales, lo que él mismo denomina la Renta Básica de los iguales. Además de ser co-autor y coordinador de varios libros relacionados este tema, también ha participado en el libro Viaje al corazón de la bestia. Un viaje por USA, Canadá y Quebec.
¿República sí o no? Sobre las sociedades y las formas de gobierno: la propuesta del municipalismo
Compañeros/as: Os adjuntamos programa de la Semana Pedagogías Libertarias y Escuela Pública que realizaremos en el IES Núñez de Arce de Valladolid los días 24, 25, 26 y 27 de marzo. Habrá una exposición permanente y diferentes actividades (ver programa adjunto) a las que os invitamos.
Artículo publicado en el Suplemento de La Protesta del 30 de enero de 1922, Buenos Aires, bajo el título “El amor libre”.
Evelio Boal fue secretario del Comité Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de España hasta su asesinato a manos de pistoleros de la patronal catalana, en 1921.
Este texto forma parte del libro editado para acompañar la exposición "La Memoria Libertaria", que durante los años 2006 y 2007 está visitando diversas ciudades españolas.
De: "caraquemada@..." <caraquemada@...> Para: Rodrigo <caraquemada@...> Enviado: jueves, 12 de marzo, 2009 13:39:52 Asunto: [Hijosdelpueblo] UNA VETERANA MENOS
Ayer falleció, a los 86 años de edad, Paula Martín Rodrigo, una superviviente de la guerra y de la larga postguerra.
A los 13 años fue evacuada de Madrid debido a los bombardeos, siendo trasladada a la provincia de Castellón, donde también sufrió, aunque con menos intensidad, los avatares de la guerra.
Al finalizar la contienda volvió a Madrid, a reunirse con su padre (su madre había muerto joven, años antes de la guerra, por enfermedad) y sus 5 hermanos y hermanas, sólo para llevarse un golpe mayor, la detención de aquél el otoño del 39, un ferroviario ya maduro, viudo, padre de familia numerosa y sin otras implicaciones que ser afiliado a la UGT, y miembro de la plantilla de la estación de Delicias, la denuncia de un "compañero" de trabajo, (¿Desearía su puesto, querría hacer méritos con los nuevos gobernantes. ..?) le hizo caer en garras del mecanismo de la represión franquista, siendo asesinado en las tapias del cementerio del este, el 27 de noviembre de 1940, tras un consejo de guerra
en el que trato infructuosamente que declarara a su favor un sacerdote de su localidad natal (Valdemoro) al que había ayudado a huir de Madrid en el verano de 1936.
En sus últimas cartas, Francisco Martín García pedía a sus hijas menores que trataran de "colocarse" en una casa, para no quedar en la indigencia. (Su casa de la corrala de la C/ Sombrerete 17, en el madrileño barró de Lavapiés, fue rápidamente ocupada por un falangista).
Al poco tiempo se casó con un excombatiente, de los vencedores, de aquellos que ganaron la guerra, pero ninguna prebenda económica, de hecho al montar una casa de huéspedes en la zona de Guzmán el Bueno, fueron rápidamente clausurados sin duda para no hacer la competencia a alguien con mejores avales...
Así se vió empujada a trabajar toda su vida como señora de la limpieza, fregando portales y limpiando casas de gentes más privilegiadas, sacando adelante a 5 hijos, y ya viuda, colaborando a la crianza de sus nietos (que fueron trece) ,para los que siempre tenía una golosina, o un juguete, ganados con el dolor de sus rodillas y el desgaste de sus manos,
con sempiterno olor a lejía, y siempre dispuestas a la caricia.
De: Soy yo <caraquemada@...> Para: frentedemadrid@yahoogroups.com CC: Lista Tinet <gce@...>; Lista GCE <listaGCE@yahoogroups.com>; HijosdelPueblo Grupo <hijosdelpueblo@yahoogroups.com> Enviado: viernes, 13 de marzo, 2009 9:43:49 Asunto: [Hijosdelpueblo] Re:UNA VETERANA MENOS
Muchas gracias a todos, un abrazo,
Rodrigo.
--- El vie, 13/3/09, José Manuel Martín <josemanuelmartinm@ gmail.com> escribió:
De: José Manuel Martín <josemanuelmartinm@ gmail.com> Asunto: Re: [frentedemadrid] UNA VETERANA MENOS Para: frentedemadrid@ yahoogroups. com Fecha: viernes, 13 marzo, 2009 9:06
Ayer falleció, a los 86 años de edad Paula Martín Rodrigo,
una superviviente de la guerra y de la larga postguerra.
A los 13 años fue evacuada de Madrid debido a los bombardeos, siendo trasladada a la provincia de Castellón, donde también sufrió, aunque con menos intensidad, lso avatares de la guerra.
Al finalizar la misma volvió a Madrid, con su padre (su madre había muerto joven, años antes de la guerra, por enfermedad) y sus 5 hermanos y hermanas, sólo para llevarse un golpe mayor, la detención el otoño del 39, de su padre, un ferroviario ya maduro, viudo, padre de familia numerosa y sin otras implicaciones que ser afiliado a la UGT siendo ferroviario en la estación de delicias, la denuncia de un "compañero" de trabajo (¿Desearía su puesto, querriía hacer méritos con los nuevos gobernantes. ..?) le hizo caer en garras del mecanismo de la represión franquista, siendo asesinado en las tapias del cementerio del este, el 27 de noviembre de 1940, tras un consejo de guerra
en el que trato infructuosamente que declarara a su favor un sacerdote de su localidad natal (Valdemoro) al que había ayudado a huir de Madrid en el verano de 1936.
En sus últimas cartas pedía a sus hijas menosres que trataran de "colocarse" en una casa, para no quedar en la indigencia. (Su casa de la corrala de la C/ Sombrerete 17, fue rápidamente ocupada por un falangista).
Al poco tiempo se casó con un excombatiente, de los vencedores, de aquellos que ganaron la guerra, pero ninguna prebenda económica, de hecho al montar una casa de huespedes en la zona de Guzmán el Bueno, fueron rápidamente clausurados sin duda para no hacer la competencia a alguien con mejores avales...
Así se vió empujada a trabajar toda su vida como señora de la limpieza, fregando portales y limpiando casas de gentes más privilegiadas, sacando adelante a 5 hijos, y ya anciana, colaborando a la crianza de sus nietos (que fueron trece, uno de ellos el que esto escribe).
Descana en paz Paula, gracias por todo.
Rodrigo.
-- "El Estado ha sido sustituido por la partitocracia y, en última instancia, por una oligarquía económico-polí tica. Y la política se ha convertido en un negocio. Los partidos compiten en un mercado inspirado por el lucro personal y apoyado en la corrupción más descarnada". Alejandro Nieto, catedrático emérito de la Universidad Complutense y ex director del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
--- El vie, 13/3/09, José Manuel Martín <josemanuelmartinm@...> escribió:
De: José Manuel Martín <josemanuelmartinm@...> Asunto: Re: [frentedemadrid] UNA VETERANA MENOS Para: frentedemadrid@yahoogroups.com Fecha: viernes, 13 marzo, 2009 9:06
Ayer falleció, a los 86 años de edad Paula Martín Rodrigo,
una superviviente de la guerra y de la larga postguerra.
A los 13 años fue evacuada de Madrid debido a los bombardeos, siendo trasladada a la provincia de Castellón, donde también sufrió, aunque con menos intensidad, lso avatares de la guerra.
Al finalizar la misma volvió a Madrid, con su padre (su madre había muerto joven, años antes de la guerra, por enfermedad) y sus 5 hermanos y hermanas, sólo para llevarse un golpe mayor, la detención el otoño del 39, de su padre, un ferroviario ya maduro, viudo, padre de familia numerosa y sin otras implicaciones que ser afiliado a la UGT siendo ferroviario en la estación de delicias, la denuncia de un "compañero" de trabajo (¿Desearía su puesto, querriía hacer méritos con los nuevos gobernantes. ..?) le hizo caer en garras del mecanismo de la represión franquista, siendo asesinado en las tapias del cementerio del este, el 27 de noviembre de 1940, tras un consejo de guerra
en el que trato infructuosamente que declarara a su favor un sacerdote de su localidad natal (Valdemoro) al que había ayudado a huir de Madrid en el verano de 1936.
En sus últimas cartas pedía a sus hijas menosres que trataran de "colocarse" en una casa, para no quedar en la indigencia. (Su casa de la corrala de la C/ Sombrerete 17, fue rápidamente ocupada por un falangista).
Al poco tiempo se casó con un excombatiente, de los vencedores, de aquellos que ganaron la guerra, pero ninguna prebenda económica, de hecho al montar una casa de huespedes en la zona de Guzmán el Bueno, fueron rápidamente clausurados sin duda para no hacer la competencia a alguien con mejores avales...
Así se vió empujada a trabajar toda su vida como señora de la limpieza, fregando portales y limpiando casas de gentes más privilegiadas, sacando adelante a 5 hijos, y ya anciana, colaborando a la crianza de sus nietos (que fueron trece, uno de ellos el que esto escribe).
Descana en paz Paula, gracias por todo.
Rodrigo.
-- "El Estado ha sido sustituido por la partitocracia y, en última instancia, por una oligarquía económico-polí tica. Y la política se ha convertido en un negocio. Los partidos compiten en un mercado inspirado por el lucro personal y apoyado en la corrupción más descarnada". Alejandro Nieto, catedrático emérito de la Universidad Complutense y ex director del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Estoy segura de que ella siempre ha estado muy orgullosa de tener a gente a su lado que también sabe luchar. La vida de nuestros mayores, tan dura en la mayoría de los casos, nos sirve como ejemplo de fortaleza, de valor y nos dá la esperanza que necesitamos para vivir por lo que ellos tanto han luchado, la libertad.
Un beso, con todo mi cariño.
To: caraquemada@... From: caraquemada@... Date: Thu, 12 Mar 2009 12:39:52 +0000 Subject: [Hijosdelpueblo] UNA VETERANA MENOS
Ayer falleció, a los 86 años de edad, Paula Martín Rodrigo, una superviviente de la guerra y de la larga postguerra.
A los 13 años fue evacuada de Madrid debido a los bombardeos, siendo trasladada a la provincia de Castellón, donde también sufrió, aunque con menos intensidad, los avatares de la guerra.
Al finalizar la contienda volvió a Madrid, a reunirse con su padre (su madre había muerto joven, años antes de la guerra, por enfermedad) y sus 5 hermanos y hermanas, sólo para llevarse un golpe mayor, la detención de aquél el otoño del 39, un ferroviario ya maduro, viudo, padre de familia numerosa y sin otras implicaciones que ser afiliado a la UGT, y miembro de la plantilla de la estación de Delicias, la denuncia de un "compañero" de trabajo, (¿Desearía su puesto, querría hacer méritos con los nuevos gobernantes. ..?) le hizo caer en garras del mecanismo de la represión franquista, siendo asesinado en las tapias del cementerio del este, el 27 de noviembre de 1940, tras un consejo de guerra
en el que trato infructuosamente que declarara a su favor un sacerdote de su localidad natal (Valdemoro) al que había ayudado a huir de Madrid en el verano de 1936.
En sus últimas cartas, Francisco Martín García pedía a sus hijas menores que trataran de "colocarse" en una casa, para no quedar en la indigencia. (Su casa de la corrala de la C/ Sombrerete 17, en el madrileño barró de Lavapiés, fue rápidamente ocupada por un falangista).
Al poco tiempo se casó con un excombatiente, de los vencedores, de aquellos que ganaron la guerra, pero ninguna prebenda económica, de hecho al montar una casa de huéspedes en la zona de Guzmán el Bueno, fueron rápidamente clausurados sin duda para no hacer la competencia a alguien con mejores avales...
Así se vió empujada a trabajar toda su vida como señora de la limpieza, fregando portales y limpiando casas de gentes más privilegiadas, sacando adelante a 5 hijos, y ya viuda, colaborando a la crianza de sus nietos (que fueron trece) ,para los que siempre tenía una golosina, o un juguete, ganados con el dolor de sus rodillas y el desgaste de sus manos,
con sempiterno olor a lejía, y siempre dispuestas a la caricia.
Descana en paz Paula, gracias por todo, abuela.
Rodrigo Gómez.
Nuevo Windows Live, un mundo lleno de posibilidades Descúbrelo.
quien me puede ayudar a buscar a un tio que se marcho a casablanca despues a
burdeaux y en el 1948 se marcho a escocia se llama jose cordon cordon de la
banda de machis la ollafria y le llamaban el cogollero
muchas gracias
Ayer falleció, a los 86 años de edad, Paula Martín Rodrigo, una superviviente de la guerra y de la larga postguerra.
A los 13 años fue evacuada de Madrid debido a los bombardeos, siendo trasladada a la provincia de Castellón, donde también sufrió, aunque con menos intensidad, los avatares de la guerra.
Al finalizar la contienda volvió a Madrid, a reunirse con su padre (su madre había muerto joven, años antes de la guerra, por enfermedad) y sus 5 hermanos y hermanas, sólo para llevarse un golpe mayor, la detención de aquél el otoño del 39, un ferroviario ya maduro, viudo, padre de familia numerosa y sin otras implicaciones que ser afiliado a la UGT, y miembro de la plantilla de la estación de Delicias, la denuncia de un "compañero" de trabajo, (¿Desearía su puesto, querría hacer méritos con los nuevos gobernantes. ..?) le hizo caer en garras del mecanismo de la represión franquista, siendo asesinado en las tapias del cementerio del este, el 27 de noviembre de 1940, tras un consejo de guerra
en el que trato infructuosamente que declarara a su favor un sacerdote de su localidad natal (Valdemoro) al que había ayudado a huir de Madrid en el verano de 1936.
En sus últimas cartas, Francisco Martín García pedía a sus hijas menores que trataran de "colocarse" en una casa, para no quedar en la indigencia. (Su casa de la corrala de la C/ Sombrerete 17, en el madrileño barró de Lavapiés, fue rápidamente ocupada por un falangista).
Al poco tiempo se casó con un excombatiente, de los vencedores, de aquellos que ganaron la guerra, pero ninguna prebenda económica, de hecho al montar una casa de huéspedes en la zona de Guzmán el Bueno, fueron rápidamente clausurados sin duda para no hacer la competencia a alguien con mejores avales...
Así se vió empujada a trabajar toda su vida como señora de la limpieza, fregando portales y limpiando casas de gentes más privilegiadas, sacando adelante a 5 hijos, y ya viuda, colaborando a la crianza de sus nietos (que fueron trece) ,para los que siempre tenía una golosina, o un juguete, ganados con el dolor de sus rodillas y el desgaste de sus manos,
con sempiterno olor a lejía, y siempre dispuestas a la caricia.
Lo tratare de hacer en casa, a ver si mañana lo puedo colgar de nuevo.(maldito Vista, mira que lo cambié por el XP, pero por defecto, en cuanto te descuidas lo guarda en un procesador llamado Works!!!!)
Salud.
--- El mar, 10/3/09, Iram Nieto <iram_nieto@...> escribió:
De: Iram Nieto <iram_nieto@...> Asunto: Re: [Hijosdelpueblo] Se ha cargado un nuevo archivo en Hijosdelpueblo Para: Hijosdelpueblo@yahoogroups.com Fecha: martes, 10 marzo, 2009 5:57
Saludos colegas:
Veo que el texto está en otro formato mas avanzado de word, me parece que es el del office que viene con el W-Vista.
Es posible que lo puedan cambiar de formato a una version anterior, para poder verlo¿? si no, no hay problema.
Hasta otra.
Iram desde México
--- El mar 10-mar-09, Hijosdelpueblo@ yahoogroups. com <Hijosdelpueblo@ yahoogroups. com> escribió:
De:: Hijosdelpueblo@ yahoogroups. com <Hijosdelpueblo@ yahoogroups. com> Asunto: [Hijosdelpueblo] Se ha cargado un nuevo archivo en Hijosdelpueblo A: Hijosdelpueblo@ yahoogroups. com Fecha: martes, 10 marzo, 2009, 3:33 am
Hola,
Este mensaje sirve para notificarle que se ha cargado un archivo a la sección Archivos del grupo Hijosdelpueblo.
Archivo : /Tiempo de historia nº 24 noviembre de 1976.docx Responsable : caraquemada <caraquemada@ yahoo.es> Descripción : Buenaventura Durruti, un revolucionario nato. Tiempo de Historia, nº24. Nov. 1976
____________ _________ _________ _________ _________ __ Correo Yahoo! Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis! Regístrate ya - http://correo. yahoo.com. mx/
--- El mar 10-mar-09, Buenaventura <caraquemada@...> escribió:
De:: Buenaventura <caraquemada@...> Asunto: [Hijosdelpueblo] Tiempo de historia nº 24 noviembre de 1976.Buenaventura Durruti, un revolucionar A: Hijosdelpueblo@yahoogroups.com Fecha: martes, 10 marzo, 2009, 3:32 am
Tiempo de historia nº 24 noviembre de 1976 Buenaventura Durruti, un revolucionario nato. Ignacio G. Iglesias
Buenaventura Durruti nació en León el 14 de julio de 1896 y murió el 20 de noviembre de 1936 en Madrid. Anarquista convencido, luchó toda su vida contra la injusticia y la opresión, y ha pasado a la Historia como un revolucionario nato, cuyo principal objetivo era la consecución de una sociedad nueva sin explotadores ni explotados. (Vemos a Durruti muy pocas horas antes de su muerte, fotografiado por el poeta soviético llya Ehrenburg.) El 14 de julio de 1896 nacía en León Buenaventura Durruti, segundo de los ocho hijos de Santiago Durruti y Anastasia Domínguez. De los ocho hermanos -Santiago, Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto, Pedro, Manuel y Rosa- sólo tres sobrevivieron al finalizar la guerra. En 1932, durante una huelga, moría en León uno de los hermanos de Durruti, junto a un anarquista llamado
José María Pérez. Otro murió durante los sucesos de Asturias de 1934. En 1936, comenzada la guerra, Manuel Durruti se afiliaba a Falange Española, en León, y poco después moría fusilado por los mismos falangistas al haberse negado a probar su lealtad hacia la organización. Pedro, antiguo afiliado a Falange, fue fusilado en zona republicana. BUENAVENTURA Durruti asistió, durante su infancia, a la escuela leonesa de Ricardo Fanjul. Parece ser que no pasó, como estudiante, de la mediocridad. Poco más tarde, y a pesar de cierta oposición por parte de su familia, abandonaba la escuela y aprendía el oficio de mecánico. Su maestro en esta tarea fue Melchor Martínez, que tenía en León una gran reputación como revolucionario. (Llamaba la atención por leer «El Socialista» en público). De hecho, fue el primer mentor ideológico que Durruti tuvo. «Voy a hacer de tu hijo un buen mecánico, pero también un buen socialista», decía Melchor
Martínez al padre de Durruti. En 1912 Durruti, influenciado por su padre -de ideas socialistas- y por M. Martínez, se afiliaba a la «Unión de Metalúrgicos»; sin embargo, pronto comprendió que el socialismo moderado de la UGT. -Unión General de Trabajadores- no era lo que más le atraía. Una vez abandonado el trabajo en el taller de Melchor Martínez, Durruti trabajó como montador de lavaderos de carbón. Iba a ser Matallana, a 30 Kms. de León, el escenario de la primera dificultad que Durruti tendría con las autoridades. Se encontraba allí con motivo de la instalación de uno de estos lavaderos y no tardó en verse involucrado en un conflicto provocado por los mineros, que exigían la destitución de uno de los ingenieros cuya actitud era claramente contraria a sus intereses. Los mineros, con el apoyo de Durruti y los demás mecánicos, consiguieron que el ingeniero fuera despedido; sin embargo, al llegar Durruti a León se
encontró con la noticia, nada agradable, de que la Guardia Civil se había interesado por él. Poco después, 1914, su padre le consigue un nuevo trabajo en la Compañía de Ferrocarriles del Norte, como mecánico ajustador, empresa en la que el padre de Durruti trabajó hasta caer enfermo. Allí se encontraba Durruti cuando, en 1917, estalló la gran huelga revolucionaria, promovida por la UGT y secundada por la CNT -Confederación Nacional del Trabajo-. Buenaventura desplegó durante la huelga una gran actividad, contribuyendo a la quema de locomotoras y al levantamiento del tendido de las vías, lo que significó su expulsión de la UGT y, obviamente, el despido de la compañía. Con su amigo «El Toto» se dirigió en primer lugar hacia Gijón, donde contactó con la CNT, y, posteriormente huyó a Francia, ya que además de por saboteador era buscado por desertor.
Julio de 1936: Una de las últimas fotografías de Francisco Ascaso, el
amigo aragonés inseparable de Durruti. Ascaso fue uno de los primeros anarquistas que murieron como consecuencia del alzamiento militar del 36. El día 20 de julio, frente al cuartel de Atarazanas, cayo abatido de un balazo en plena frente El 1 de enero de 1919 Durruti cruzó la frontera, clandestinamente, y se dirigió a Asturias, donde debería realizar una misión encomendada por la CNT. Una vez cumplida la misión, parece ser que estuvo en La Robla, a 25 Kms. de León, implicado en un grave conflicto laboral, dirigiéndose poco después a Valladolid, donde permaneció unos tres meses. Más tarde, y cuando se encaminaba hacia Galicia, con el fin de participar en diversas acciones, fue detenido por la Guardia Civil y enviado a La Coruña. Allí le identificaron como desertor y le trasladaron a San Sebastián, siendo sometido a Consejo de Guerra y encarcelado. Sin embargo, permaneció muy poco tiempo en la cárcel, ya que, con la ayuda de varios
compañeros, logró evadirse y huyó a Francia (julio de 1919) después de haber pasado algún tiempo escondido en los montes. En 1920 regresó a España, por San Sebastián, y se dirigió a Barcelona. Antes de emprender la marcha hacia la ciudad catalana, rechazó un trabajo en una fábrica de Rentería, que Manuel Buenacasa y otros compañeros le habían buscado, así como un puesto en el Comité de Metalúrgicos de la CNT en el país vasco: «En mi opinión los cargos importan poco -decía Durruti-. Lo importante para mí es la base, a fin de poder obligar a los de arriba, desde ella, a que respeten sus compromisos, impidiéndoles así, en la medida de lo posible, que se burocraticen» . A su paso por Euskadi, Durruti conoció a otros anarquistas significados: Suberviola, Del Campo, Albaldetrechu y Ruiz, con los que creó el grupo llamado «Los Justicieros», cuyo terreno de acción era, simultáneamente, Aragón y Guipúzcoa. Durruti y el
resto de «Los Justicieros» decidieron actuar rápidamente, y su primer objetivo era Alfonso XIII. El monarca español debía de asistir a la inauguración del Gran Kursaal de San Sebastián. La pretensión de los anarquistas era acabar con la vida del rey valiéndose de explosivos, pero sus intenciones se vieron frustradas ante el masivo despliegue policiaco que se llevó a cabo en el País Vasco para lograr la captura de Durruti, Suberviola y Del Campo, que habían sido denunciados. En febrero de 1921, Durruti se encontraba en Andalucía en cumplimiento de una nueva misión, cuyo fin era ampliar las bases del anarquismo en esta región. El 9 de marzo, en compañía de Juliana López que era el otro emisario en tierras andaluzas, regresó a Madrid y fue apresado por la Policía. Ese día todo individuó sospechoso era detenido en la capital. El día anterior, Eduardo Dato había sido muerto a balazos por tres desconocidos. No obstante, Durruti,
haciendo uso de una falsa personalidad, logró engañar a la Policía y salió libre, continuando su viaje de vuelta a Barcelona. El grupo de «Los Justicieros», que más tarde cambió su nombre por el de «Crisol», siguió en su línea de utilización de la violencia como respuesta a la violencia desatada por la patronal. A finales de 1922, se constituía el grupo «Los Solidarios», cuyo fin primordial era la lucha contra las bandas armadas que subvencionaban los empresarios. Los choques entre estos grupos llegaron a adquirir un carácter de verdadera guerra civil. «Los Solidarios» contaban con varios colaboradores y gente de confianza cuya ayuda era solicitada según la naturaleza del asunto que les ocupara. Los principales componentes del grupo eran: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Eusebio Brau, Aurelio Fernández, Miguel García Vivancos, Alfonso Miguel, Ricardo Sanz, Gregorio Suberviola, Rafael Torres Escartín,
Juliana López, Ramona Berni y Antonio «El Toto». Uno de los primeros condenados a muerte, por el grupo, fue el cardenal-arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevilla y Romero (n. 1843). Sobre la ejecución de Soldevilla, es muy interesante el fragmento de la novela de Pío Baroja «El Cabo de las Tormentas» que a continuación reproduzco: «El cardenal-arzobispo de Zaragoza era un reaccionario de influencia. La ejercía no sólo en su sede sino en Barcelona y recomendaba a las autoridades de allí medidas fuertes y duras contra los obreros y los agitadores. Los anarquistas sabían que el arzobispo conferenciaba en Reus con los jefes de la Patronal de Barcelona y daba consejos para atacar a la organización sindicalista obrera. La banda marchó a Zaragoza; se entendieron los directores con una vieja anarquista catalana que vivía allí hacía algún tiempo, la ciudadana Teresa, y entre todos prepararon una emboscada y mataron al arzobispo una tarde
que iba a una posesión suya llamada «El Terminillo». El arzobispo fue muerto en el auto cuando entraba en su finca, donde había establecido una escuela dirigida por monjas. Los anarquistas le hicieron veinte disparos. El arzobispo cayó muerto y quedaron heridos sus familiares y el chofer.» (1).
Durruti y sus compañeros se vieron obligados en numerosas ocasiones a emigrar de un país a. otro, perseguidos por las distintas policías de aquellos países en los que decidían actuar. En esta ocasión es Bruselas quien acoge a Durruti y Ascaso. que aparecen en la imagen, junto con sus compañeras. El 1 de septiembre se llevaba a cabo una nueva y espectacular acción de «Los Solidarios»: el Banco de España de Gijón era objeto de un atraco a mano armada, llevándose los asaltantes un botín de unas 675.000 pesetas. La ejecución del asalto no fue fácil. Durruti, después de mantener un violento tiroteo con la Guardia Civil, logró huir
subiendo al tejado de una casa y abandonando la ciudad al amparo de la noche. «La banda de Durruti» comenzaba a ocupar los titulares de la Prensa burguesa. Días más tarde el mismo Durruti, ayudado por varios compañeros, conseguía liberar a Francisco Ascaso, que se encontraba en prisión.
En París. Durruti conoció a otros anarquistas de gran prestigio, tales como Louis Lecoin, tercero de izquierda a derecha, y Pierre Odeón, el cuarto, Los demás que aparecen en la foto, tomada en Barcelona durante 1931, son (también de izquierda a derecha) García Vivancos. García Oliver, Ascaso y Durruti. Ambos amigos, Durruti y Ascaso, deciden emprender la marcha hacia Francia. Una vez en París, toman contacto con otros anarquistas allí establecidos, y juntos dan origen a la «Editorial Anarquista Internacional» . La creación de esta editorial tenía como fin propagar por todo el mundo las obras ideológicas y de lucha del movimiento
libertario. En París tuvieron conocimiento de la muerte de varios de sus compañeros - Del Campo abatido a balazos por la Policía en Barcelona- y de la detención de otros - Suberviola y Aurelio Fernández-. A finales del año 1924, Durruti y Ascaso embarcaban con rumbo a Latinoamérica. Fue Cuba el punto inicial de su periplo por estas tierras y allí encontraron trabajo como cortadores de caña. Pronto comenzaron su labor en favor de los trabajadores de aquel país, y el punto álgido de sus acciones fue la ejecución de un empresario que mantenía a sus obreros en un lastimoso estado de esclavitud medieval. La activa búsqueda de los dos anarquistas por la Policía les convenció de la necesidad de abandonar la isla, y se dirigieron a México. Allí se encontraron con Jover y Vivancos, y juntos continuaron su peregrinar por Uruguay, Chile, Perú y Argentina bajo la denominación de «Los Errantes». Waldo Bayer, autor de un libro
sobre el anarquista Severino Giovani -fusilado en Argentina el 1 de febrero de 1932-, narra alguna de las actividades de Durruti y sus compañeros a su paso por el continente americano: «Si bien ya ha habido antecedentes en nuestro país, de esta clase de anarquismo expropiador, su verdadero auge se debe a la acción emprendida por los anarquistas españoles Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti; dos figuras verdaderamente legendarias que, necesitados de seis millones de pesetas exigidas por un juez español para liberar a ciento veintiséis de sus compañeros, inician una serie de asaltos a casas bancarias que comienza en España, con el Banco de Cataluña, sigue en México y luego por los países del Pacífico, asientan sus bases en Chile, donde obtuvieron un buen botín, llegan a la Argentina, donde asaltan el Banco de San Martín, cruzan el Río de la Plata, llegan a Montevideo donde realizan otros asaltos con éxito y luego regresan a
Europa en un increíble periplo de coraje a toda prueba y desenfado. Esa gente sabía resolver las situaciones más difíciles con absoluta tranquilidad y sangre fría» (2). Durruti, Ascaso y Jover, buscados por casi todas las policías de Sudamérica, decidieron regresar a Europa. Para ello embarcaron en un trasatlántico que se dirigía a Inglaterra. Sin embargo, al tener que etectuar el barco una parada de emergencia en Canarias, los tres amigos se creyeron descubiertos y a punto de ser entregados a las autoridades españolas. Afortunadamente para ellos, no había motivo de alarma y, unas semanas después, el barco reemprendió su marcha hasta Inglaterra. Cruzaron el Canal de la Mancha y, poco antes del primero de mayo, se encontraban en París. Allí, Durruti trabajó durante algún tiempo en el sector metalúrgico y conoció a otros anarquistas de gran prestigio: Sebastián Faure, Louis Lecoin, Voline, Pedro Archinof y Néstor Mackno, su alma
gemela. El 14 de julio de 1924 era el día señalado para que Alfonso XIII, acompañado del dictador Primo de Rivera, llegara a París, invitado por el Gobierno francés con motivo de la Fiesta nacional. Enterados de la visita, «Los Solidarios» dedicaron mes y medio a preparar un plan para acabar con la vida del monarca español. Para ello se pertrecharon de gran cantidad de munición, tres fusiles y un automóvil. El atentado se llevaría a cabo en la estación anterior a París, donde el tren en el que viajaba la comitiva real efectuaría una breve parada. El vagón que ocupaban el rey y sus acompañantes sería ametrallado y huirían en el automóvil. Sin embargo, la Policía francesa fue puesta en antecedentes y el plan de los anarquistas quedó frustrado. El 25 de junio, en un modesto hotel parisiense de la calle Legéndre, Durruti, Ascaso y Jover eran detenidos y posteriormente encarcelados. El 2 de julio aparecía la noticia de su detención
en la Prensa. Las demandas de extradición por parte de diversos Gobiernos, entre ellos, el de España, no se hicieron esperar. El porvenir de los libertarios españoles se enturbiaba. Faure y Lecoin promovieron una gran campaña en favor de los detenidos para que no fuesen entregados a ninguno de los Gobiernos peticionarios de la extradición. Los anarquistas españoles fueron juzgados -la defensa corrió a cargo de Lecoin- y definitivamente indultados en julio de 1927. No obstante, no se les permitía la residencia en territorio francés. La misma Policía francesa les introdujo clandestinamente en Bélgica. Poco después, era la Policía belga quien utilizaba el mismo método con respecto a Francia. Nuevamente descubiertos en este país, Bélgica les admitió, si bien para permanecer allí tuvieron que adoptar una personalidad falsa previo acuerdo con la Policía belga! A propósito de está extraña situación, Ascaso comentaba: «Es lo más
curioso que me ha ocurrido nunca. La legalidad sirviéndose de la ilegalidad». Durante este período -1927, exactamente- era creada, en Valencia, la FAI -Federación Anarquista Ibérica-, cuyo primer secretario fue el portugués Germinal da Sousa. Su finalidad era activar el movimiento libertario y acercar la CNT hacia el ideal puramente anarquista, en oposición al colaboracionismo y moderación que pregonaban algunos de sus miembros, Pestaña, Peiró, Juan López, etc., lo que posteriormente originó una división entre ambas tendencias. Para pertenecer a la FAI era condición indispensable ser afiliado a la CNT. No nos vamos a ocupar aquí de la estructura y funcionamiento de la FAI, pero sí diremos que con su creación el anarquismo de acción iba a adquirir una nueva dimensión. El 14 de abril de 1931 era proclamada la Segunda República Española. El 15 regresaba a España Buenaventura Durruti. Este hombre, junto con Ascaso, Oliver,
Federica Montseny, Jover y demás partidarios del anarquismo práctico, iban a ser quienes dominarían la nueva organización anarquista. El 1.° de mayo la FAI lanzó su primer aviso serio a la República. En el Palacio de Bellas Artes de Barcelona se celebró un gran mitin, en el que se elaboró una lista de reivindicaciones obreras: disolución de la Guardia Civil, expropiación de las pertenencias a órdenes religiosas, desaparición de los monopolios, reparto de los cotos de caza... (3). Allí, Durruti se dirigió al auditorio: «Si fuéramos republicanos, afirmaríamos que el Gobierno provisional se va a mostrar incapaz de asegurarnos el triunfo de aquello que el pueblo le ha proporcionado. Pero como somos auténticos trabajadores, decimos que, siguiendo por ese camino, es muy posible que el país se encuentre cualquier día de estos al borde de la guerra civil. La República apenas sí nos interesa; la aceptamos como punto de partida de un
proceso de democratizació n social...». Una vez finalizado el mitin, se organizó una gran manifestación en cuya cabeza marchaban los inevitables Durruti, Ascaso y Oliver. La Guardia Civil, puesta sobre aviso, hizo frente a la pacífica manifestación. Los resultados del enfrentamiento fueron: dos muertos y varios heridos por los guardias, y un muerto y quince heridos por parte de los cenetistas y un pelotón de soldados de infantería que, mandados por el capitán Miranda, se prestó a defender a los trabajadores del ataque de que habían sido objeto. La intranquilidad de la clase obrera se hace palpable en todas partes. Los conflictos y las huelgas se suceden por todo el país: Sabadell, Lérida, Gijón, etc. En Madrid, Sevilla y Málaga, los conventos comienzan a arder. Mientras todo esto sucedía, Emilianne Morin, la compañera de Durruti, daba a luz a la hija de ambos: Colette. Casi al mismo tiempo, moría en León el padre de Durruti. Con
tal motivo, éste se dirigió a su ciudad natal para asistir al entierro que fue, a la vez que el adiós definitivo a un hombre honrado, un gran homenaje a la presencia de un gran revolucionario. Durruti fue invitado por los sindicatos de la CNT leonesa a un mitin que se celebraría unos días después. Aceptó la invitación el anarquista leonés y, como consecuencia, las autoridades intentaron detenerle. Sin embargo, la amenaza de Durruti les hizo desistir de su propósito: «Detenedme y quizá mañana León y toda y su provincia se vean envueltas en una gran huelga general». El día señalado para la celebración del mitin, la plaza de toros se encontraba repleta de trabajadores. La reunión estaba presidida por Tejerina, secretario local de la CNT. Allí, Durruti se dirigió a sus paisanos y les habló durante largo tiempo sobre el momento prerrevolucionario que se estaba viviendo en España. Efectivamente, Durruti no se equivocaba. El 18 de
enero de 1932 se iba a roducir un gran acontecimiento en la historia del movimiento libertario. El escenario fue la cuenca minera del Alto Llobregat. Ese día se proclamaba allí el comunismo libertario. Figols fue el primer pueblo en lanzarse a la aventura revolucionaria. Tras Figols, Manresa, Berga y varios pueblos más. Inmediatamente, el Gobierno hizo uso de la Ley de Defensa de la República. La rápida intervención del Ejército y la posterior represión fueron las medidas tomadas. Los responsables serían detenidos, pero la represión no sólo se localizó en esta comarca sino que se extendió por toda España. «Durruti dijo a los mineros que la democracia burguesa había fracasado; que era necesario realizar la revolución; que la emancipación total de la clase trabajadora solamente podía conseguirse mediante la expropiación de la riqueza que detentaba la burguesía y suprimiendo el Estado. Aconsejó a los mineros de Figols que se
preparasen para la lucha final, y les enseñó la manera de fabricar bombas con botes de hojalata y dinamita» (4). En la mañana del día 21, Durruti y los hermanos Ascaso eran detenidos. Al amanecer del 10 de febrero, un destarlado y viejo trasatlántico salía del puerto de Barcelona llevando a bordo 125 detenidos como consecuencia de los sucesos del Alto Llobregat. Su destino era Guinea. Sin embargo, el Gobernador de Villa-Cisneros se negó a admitir en su jurisdicción a Buenaventura Durruti, al que consideraba asesino de su padre, Fernando González Regueral, ex-gobernador de Bilbao, cuya ejecución había tenido lugar varios años antes en León. Durruti no había tenido nada que ver en la ejecución material del acto, ya que los autores de este atentado fueron Suberviola y «El Toto». El hecho, en definitiva, fue que Durruti y algunos compañeros detenidos fueron trasladados a Fuerteventura (5). Una vez que Ascaso y Durruti recobraron la
libertad -fueron los últimos en abandonar el destierro junto con Cano Ruiz-, sus esfuerzos se encaminaron hacia la preparación de la sublevación que tendría lugar en enero del 33. Durruti, Ascaso y García Oliver eran los encargados de coordinar el alzamiento en Barcelona. El fracaso de esta sublevación es conocido; sin embargo, los anarquistas lucharon a fondo en diversos puntos del país. En Andalucía, la represión llevada a cabo fue de dimensiones trágicas. Suficientemente conocido es el episodio protagonizado por el mismísimo Azaña: «¡Ni heridos, ni prisioneros! ¡Tirar al vientre!». Poco después, Durruti hacía un análisis sobre el fracaso de la insurrección: «Es cierto que las condiciones no estaban maduras. Si hubiera sido así no estarían muchos de nosotros en prisión. Pero también es cierto que estamos atravesando un período prerrevolucionario y que no podemos permitir a la burguesía que domine la situación
haciéndose fuerte en el poder del Estado (..) . Es bajo esta perspectiva como debe interpretarse la tentativa revolucionaria del 8 de enero, puesto que jamás ha pasado por nuestra cabeza la idea de que el éxito de la Revolución consiste en la toma del poder por una minoría que después impondrá su dictadura al pueblo. Nuestra conciencia revolucionaria es opuesta a esta táctica. Nosotros queremos una revolución por y para el pueblo. Fuera de esta concepción no hay revolución posible. (...). Por todo elle, lo que nadie podrá discutirnos es que nuestra intentona no haya cumplido con el objetivo de constituirse en un ataque pensado y dirigido contra el mismo corazón del sistema capitalista y estatal, herido de muerte tras el levantamiento de los mineros del Alto Llobregat». En abril, Durruti y Ascaso eran detenidos, después de haber asistido a una reunión, cuando se dirigían a sus casas. El jefe de la Policía de Barcelona, Miguel Badía,
y el consejero de Orden Público, el fascista José Dencás, hicieron declaraciones en el sentido de que, con la detención de Ascaso y Durruti, «la FAI había quedado completamente desarticulada» . Los dos amigos estuvieron en la cárcel de Barcelona hasta julio, en que fueron trasladados al penal de Santa María (Cádiz). Ascaso permaneció allí hasta octubre y Durruti fue liberado unos días antes, después de haber sido juzgado como «vagabundo», una de tantas fórmulas jurídicas que los Gobiernos idean como justificación de sus arbitrarias detenciones. «¡Aplicarme a mí la ley de vagabundos! ¡A mí, que me he pasado la vida trabajando! -decía Durruti encolerizado- . Acepto que se me acuse de disparar contra la fuerza pública, o de tratar de transformar esta sociedad que desapruebo y execro, pero... ¡acusarme de vagabundo!.. . ¡No hay ningún juez que tenga el derecho de juzgar al obrero Durruti como a un vagabundo! ¡Decídselo
así a vuestros superiores!». En noviembre del 33 las derechas ganan las elecciones, pasando a gobernar Lerroux y sus radicales que serían posteriormente apoyados por el reaccionario Gil-Robles y su organización de Derechas Autónomas. Una de las primeras medidas del nuevo Gobierno fue declarar el Estado de Emergencia por temor a que los trabajadores se levantaran contra el derechismo gubernamental. En efecto, el 8 de diciembre, varios puntos de la península se encontraban en huelga general: Barcelona, Valencia, Granada, Córdoba, Badajoz, Huesca... En las demás capitales reinaba una gran confusión. Aragón era el principal centro de la insurrección. En Barbastro, Calanda, Alcampiel, Valderrobles, Alcoriza y otros pueblos hubo numerosos enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales. En casi todos ellos se llegó a proclamar el comunismo libertario. Como consecuencia de la represión llevada a cabo, hubo más de ochenta muertos y las
cárceles se vieron de nuevo repletas. Allí fueron a parar Durruti, Cipriano Mera e Isaac Puente, componentes del Comité Nacional Revolucionario cuya misión era coordinar el alzamiento. La mayoría de los detenidos fueron, sin embargo, liberados muy pronto merced a la imaginación de Durruti, que arguyó un audaz plan que sus compañeros no detenidos se encargaron de llevar a la práctica. «La Voz de Aragón» daba así la noticia: «Ayer tuvo lugar un suceso de una audacia increíble. Un grupo de siete individuos, armados con pistolas, penetraron en las dependencias del Tribunal de Urgencia de Zaragoza, donde se instruye la causa por los recientes acontecimientos revolucionarios: los asaltantes sorprendieron a los jueces y sus secretarios cuando se encontraban más atareados, obligándeles a permanecer inmóviles, tras lo cual se apoderaron de la totalidad del sumario concerniente al movimiento de diciembre último. Después de esto, los siete
hombres desaparecieron a toda prisa» (6). Los nuevos interrogatorios sólo pudieron probar la «culpabilidad» de los responsables más significados, entre ellos los tres componentes del Comité Revolucionario. Durruti, Mera y Puente fueron conducidos al penal de Burgos, donde permanecieron hasta recobrar la libertad en el mes de mayo.
Durruti estableció el puesto de mando cerca de Bujaraloz. Allí recibía a periodistas y amigos y preparaba los planes de la guerra y de la revolución. Durruti, al igual que el ucraniano Mackno, pensaba que la guerra y la revolución social eran dos cosas poco menos que inseparables. Por lo que a la política del gobierno se refiere, parece que la crisis estaba cerca. Los reaccionarios se estaban aproximando de un modo alarmante a las esferas del poder. «La Solidaridad» así lo hacía notar: «Nuestra consigna suprema es: «Frente a todo intento fascista; frente a no importa qué tipo de dictadura;
frente a toda revolución política, la revolución social de los trabajadores ibéricos. Frente a toda transmisión de poderes, la consigna revolucionaria de los trabajadores: destrucción del Estado, negándoles la obediencia que lo sostiene. Ocupación de las fábricas, de los talleres, de todos los lugares de trabajo. Socialización de las tierras, incautación de los municipios por las fuerzas populares. Proclamación de la comuna libre». ¡Obreros! ;Trabajadores todos de España, militéis donde sea, os adjetivéis comunistas, socialistas, sindicalistas o anarquistas! ... ¡Por la Revolución, por la Libertad, por la Justicia, por la Anarquía!...» (7). Mientras, en Barcelona continúa la huelga de tranvías. En Madrid, el ramo de la construcción acuerda el paro. En Tarragona, Valls, Manresa, etcétera, las huelgas se intensifican. En Zaragoza, abril comienza con el preludio de una gran huelga general que habría de durar treinta y seis
días. Hubo despidos, detenciones. ..; sin embargo, los trabajadores no desanimaron. Fue en Zaragoza donde se iba a manifestar de un modo grandioso esa solidaridad que los militantes libertarios pregonaban. Una gran caravana de camiones fue organizada para recojer a los hijos de los huelguistas y llevarlos a las casas de las familias obreras que, por toda España -principalmente Cataluña-, se habían ofrecido para acoger a los niños zaragozanos mientras la huelga durase. Allí, en el centro vital de la operación, se encontraba una vez más Buenaventura Durruti, a cuyo esfuerzo se debió en gran parte que un puñado de hombres, los desheredados, dieran una de las más grandes e impresionantes demostraciones de solidaridad humana.
Durante el desarrollo de la lucha en Aragón, los grandes propietarios huían despavoridos ante el demoledor avance de la, "Columna Durruti", que aplastaba todo foco de resistencia que encontraba a su paso. En la
foto, varios dinamiteros confederales, que tuvieron una gran participación en el curso de las batallas libradas en este frente. El «bienio negro», 1934-1936, siguió transcurriendo entre huelgas, detenciones arbitrarias, tiroteos, asesinatos de obreros... Triste balance provocado por la ascensión al poder de la CEDA -Confederación Española de Derechas Autónomas-, comandada por aquél al que la gran mayoría del país veía como el más fidedigno representante del advenimiento del fascismo: Gil-Robles. No andaban, en absoluto, desencaminados quienes así pensaban. La revolución asturiana del 34 y su posterior represión es un ejemplo fiel, a la vez que estremecedor, de lo que los Gobiernos pueden hacer con unos hombres indefensos y desesperados que se habían lanzado a la lucha, sin importarles lo más mínimo lo único que todavía les quedaba por perder: la vida. Eran el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, y el general Franco quienes
dirigían, desde Madrid, las operaciones militares que aplastaron el movimiento insurreccional asturiano. Por estas fechas, 5 de octubre, Durruti es encarcelado de nuevo. Mientras el proceso de desintegració n del régimen del «bienio negro» se acelera hasta alcanzar su punto culminante el 9 de diciembre de 1935. Lerroux se ve obligado a abandonar el cargo y es sustituido por Portela Valladares, nombrado por el presidente Alcalá Zamora. De esta forma quedaron frustradas las esperanzas de Gil-Robles, que soñaba con el poder absoluto. Portela disolvió el Parlamento y se fijaron elecciones para el 16 de febrero. Durante los dos primeros meses de 1936, se suceden los mítines organizados por la CNT v la FAI en contra del fascismo y abogando por la unidad revolucionaria. Ante la proximidad de las elecciones, los libertarios más prestigiosos ya no pregonaban el absentismo. Era un riesgo demasiado peligroso. Triunfante en las elecciones el Frente
Popular, las reformas se van haciendo necesarias. Así lo hace ver Durruti el 4 de marzo, en el transcurso de un mitin celebrado en el Price de Barcelona. Aludiendo a la restauración de la Generalidad y de Companys, Durruti decía: «No venimos aquí a celebrar festejos por la llegada de unos señores. Venimos a decir a los hombres de izquierda que fuimos nosotros los que determinarnos su triunfo, y que somos nosotros los que mantenemos los conflictos que deben ser solucionados inmediatamente. Nuestra generosidad determinará la reconquista del 14 de abril» (8). En mayo, del 1 al 12, se celebraba en Zaragoza el IV Congreso de la CNT, que se auguraba como de gran importancia. El primer hecho que sorprendió fue el elevado número de asistentes: 649 delegados en representació n de 982 sindicatos y 550.595 afiliados. (Por aquellas fechas, el contingente de trabajadores encuadrados en la CNT se aproximaba al millón y medio.) En este Congreso se
convocó a los sindicatos disidentes -los treintistas- que se mostraron dispuestos a su reintegración en el seno de Confederación. El triunfo de la FAI era inapelable. Durante las sesiones del Congreso, se pasó revista a los problemas más acuciantes de la clase trabajadora y se teorizó sobre su solución inmediata: paro forzoso, disminución de horas en la jornada laboral sin que el sueldo disminuyera, reforma agraria, oposición al lock-out patronal, retiro, etc. También se trató la situación político-militar del país, se clarificaron los conceptos sobre el comunismo libertario y se planteó la cuestión de la alianza revolucionaria. El día de la clausura se celebró en la plaza de toros de Zaragoza un espectacular mitin, al que acudieron varios miles de trabajadores procedentes de toda España. La ciudad estaba prácticamente «tomada» por los anarco-sindicalista s. El éxito del Congreso -al que Durruti asistió como
representante del Sindicato Unico Fabril y Textil de Barcelona- quizá fuera una de las causas primordiales que aceleró, si no contribuyó de manera decisiva, los sucesos venideros. El 18 de julio de 1936 se iniciaba la sublevación militar. Muchos de los más prestigiosos hombres de izquierda fueron casi sorprendidos. Las dudas y la falta de decisión de las primeras horas constituyeron una de las razones fundamentales de la derrota republicana. No era éste el caso de CNT-FAI. Los militantes barceloneses ya trataban, días antes, de conseguir armas con el fin de impedir que los militares de Barcelona se alzaran. La negativa de Companys a armar al pueblo exasperó los ánimos de los anarquistas. Ellos fueron los primeros en lanzarse a la calle con el propósito de frenar la intentona militar. A las pocas horas de producirse el intento militar, se luchaba tenazmente en los centros neurálgicos de la ciudad. Al frente de las fuerzas populares se
encontraban Durruti, Ascaso, Jover, García Oliver, Aurelio Fernández y otros significados anarcosindicalistas de la región. De momento, parecía que la sublevación había sido controlada. El mismo general Goded, jefe de los sublevados en aquella zona, era detenido. Durruti parecía mostrarse satisfecho de los resultados conseguidos. Sin embargo, el lunes día 20, el anarquista leonés sufría un duro golpe: frente al cuartel de Atarazanas -lugar donde los anarquistas encontraron la más dura resistencia- moría de un balazo en plena frente Francisco Ascaso. El suceso encorajinó de tal modo a Durruti que él mismo se dirigió al lugar donde se libraba la batalla y se lanzó contra las puertas del cuartel. Sus compañeros, animados por el ejemplo, no tardaron en imitarle y poco después la bandera blanca ondeaba en el reducto de los militares. Los anarquistas habían acabado con el movimiento faccioso de Barcelona en cuestión de treinta y dos
horas. El 21 de julio se constituía un Comité Central de Milicias Antifascistas, que quedó estructurado del siguiente modo: tres representantes de la UGT, José del Barrio, Salvador González y Antonio López; tres de la Esquerra, Juan Pons, Jaime Miravitlles y Artemio Ayguadé; uno de Acción Catalana, Tomás Fábregas; uno de la Unión de Rabassaires, José Torrents Rosell; uno del POUM, José Rovira; uno del PSOE, José Miret; dos de la FAI, Aurelio Fernández y Diego Abad de Santillán; y tres de la CNT, Juan García Oliver, José Arens y Buenaventura Durruti. Una vez formado el Comité, publicó un bando cuya finalidad abarcaba un doble objetivo: reclutar hombres y crear las suficientes medidas de seguridad en la retaguardia.
La escasez de armas era la principal obsesión de Durruti -aquí, con otros jefes militares- en su lucha contra el fascismo. La escasez, según testimonio de George Orwell, era terrible. El mismo Orwell se
extrañaba de que no se produjeran deserciones en masa: «No había nada que les sujetara en el frente, salvo la lealtad de clase... El texto del bando pecaba en cierto modo de dirigismo, por lo que no satisfizo en absoluto a Durruti. En algún momento se llegó a temer un enfrentamiento entre él y el Comité. Pero no llegó a producirse, ya que Durruti consiguió formar su columna de milicianos muy pronto con el fin de dirigirse a Zaragoza, cuya conquista era vital para el posterior desarrollo de la contienda, y así poder llevar a cabo su propia lucha revolucionaria, fuera de los cauces de la política al uso. El 24 de julio, la legendaria «Columna Durruti» salía de Barcelona con destino a Aragón. El comandante Pérez-Farrás formaba parte de la columna como delegado y técnico militar. Durruti y Pérez-Farrás no llegaron casi nunca a estar de acuerdo en las decisiones que había que tomar, concebían un ejército donde la donde la autoridad
y la disciplina férrea estuvieran ausentes. Parece ser que Farrás se volvió más tarde a Barcelona, sustituyéndole como técnico militar el sargento Manzana, quien se iba a convertir en un eficacísimo colaborador de Durruti. Manzana era un hombre allegado a la ideología cenetista, y, por tanto, totalmente antimilitarista. Momentos antes de partir hacia el frente, el periodista canadiense Von Passen mantuvo una entrevista con Durruti, que fue publicada en el «Toronto Star» y que por su interés creo oportuno transcribir: DURRUTI. El pueblo español quiere la Revolución y está en trances de hacerla, a lo cual se oponen los fascistas. Este es el planteamiento general. En tales condiciones, no hay más que dos caminos: la victoria de los trabajadores, es decir, la libertad, o el triunfo de los facciosos, que significa la tiranía. Ambos contendientes saben muy bien lo que les espera si son vencidos. Por esta razón yo creo que la lucha será
dura. Para nosotros se trata de destruir la reacción fascista de tal forma que no levante ya nunca más la cabeza en España. De hecho estamos dispuestos a acabar con el fascismo de una vez por todas, incluso a pesar del gobierno republicano. VON PASSEN.-¿Por qué a pesar del gobierno republicano? ¿Es que acaso el gobierno republicano no lucha también contra la rebelión fascista? D.-No hay gobierno en el mundo que luche contra el fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener sus privilegios. Es lo que ha ocurrido en España. Si el gobierno republicano hubiera deseado de verdad poner fuera de combate a los fascistas, hace ya tiempo que lo habría podido hacer. En lugar de combatirlos a fondo, no ha hecho más que buscar compromisos y acuerdos. Incluso en este momento, hay miembros del gobierno que hablan de adoptar medidas más bien moderadas contra los
fascistas. V. P.-Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente Popular era la de salvar la República y restaurar el orden burgués, mientras que tú, Durruti, me dices que el pueblo quiere llevar la Revolución mucho más lejos. ¿Cómo interpretar esta contradicción? D. El antagonismo es evidente. Esos señores, como demócratas burgueses que son, no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase obrera, no se engaña. Los trabajadores saben lo que quieren. Nosotros luchamos no por el pueblo, sino con el pueblo, es decir, por la Revolución. Somos conscientes de que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar más que con nosotros mismos. Desde un principio sabemos ya cuál será la actitud de Rusia. Para la Unión Soviética, después de haber hecho su revolución pequeño burguesa, lo que cuenta es su tranquilidad. Por esta tranquilidad, Stalin ha sacrificado a luti trabajadores
alemanes, cosa que ya hizo anteriormente con los chinos. Por eso nosotros queremos hacer nuestra propia razón por lo que creemos que hoy mejor que para mañana: si es posible antes de que estalle la próxima guerra europea. De este modo nuestra actitud servirá de ejemplo a los obreros italianos y alemanes, los cuales podrán apreciar cómo se lucha contra el fascismo. Es por esta razón por la que creemos que nadie nos ayudará. Hitler y Mussolini, lo mismo que los demócratas ingleses y franceses, temen el contagio revolucionario, que es lo que, en otro sentido, le ocurre también a Stalin. V. P. ¿Entonces tú, Durruti, no crees que Francia e Inglaterra puedan ayudaros, una vez que se concrete el apoyo de Hitler y Mussolini a vuestros enemigos? D. No hay gobierno alguno que desee ayudar a una revolución proletaria. Sin embargo, es posible que las rivalidades que existen entre los distintos imperialismos puedan influir en nuestra lucha.
Franco, por ejemplo, es indudable que hará lo que pueda para poner a Alemania contra nosotros. Pero esto, al fin de cuentas, no es lo más importante, como ya he dicho antes, no esperamos ayuda de nadie, ni siquiera de nuestro gobierno» (9). La toma de Caspe fue el primer enfrentamiento serio que la «Columna Durruti» hubo de librar. Una vez conquistada la plaza, los milicianos abrieron su radio de acción y todos los pueblos inmediatos fueron conquistados: Peñalba, Osera, Monegrillo, Fortlete, Bujaraloz, Candasnos, Valfarta, Pina del Ebro, ... Durruti estableció el puesto de mando cerca de Bujaraloz. Allí recibía a periodistas y amigos, Faure y Simone Weill entre estos últimos, y preparaba los planes de la guerra y de la revolución. Durruti, al igual que el ucraniano Mack no, pensaba que la guerra y la revolución social eran dos cosas poco menos que inseparables. Las colectividades agrícolas comenzaban a funcionar apenas la columna
realizaba una conquista. La colectivizació n aragonesa llegó a abarcar más del 70 por 100 de la población de aquella región. El número de colectividades era de 450 y la adhesión a este tipo de explotación comunal de la tierra era totalmente voluntaria. Fue así como, unidos los intereses de los campesinos, se formaba en una asamblea, y por decisión de la mayoría el Consejo de Aragón, que vio la luz en Bujaraloz y era el encargado de coordinar el proceso colectivizador. El Consejo, promovido por Durruti, se llegó a formar a pesar de la oposición de algunos compañeros del leonés, como Antonio Ortiz y Gregorio Jover, y de la tenaz resistencia opuesta por los comunistas. Durante el desarrollo de la lucha en Aragón, los grandes propietarios huían despavoridos ante el demoledor avance de la «Columna Durruti», que aplastaba todo foco de resistencia que encontrara a su paso. Respecto a las ruinas que ocasionaban los ataques de los
milicianos anarquistas, decía Durruti al corresponsal del «Montreal Star»: «Hemos vivido siempre en míseros barrios, y si destruimos, también somos capaces de construir. Fuimos nosotros quienes construimos en España, en América y en todas partes, palacios y ciudades. Nosotros los trabajadores podemos construir ciudades mejores todavía; no nos asustan las ruinas. Vamos a convertirnos en los herederos de la tierra. La burguesía puede hacer saltar por los aires y arruinar su mundo antes de abandonar el escenario .de la Historia. Pero nosotros llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones» (10). Por otra parte, la escasez de armas era la principal obsesión de Durruti. Esta escasez, según testimonio a Gerorge Orwell, era terrible. El mismo Orwell se extrañaba de que no se produjeran deserciones en masa: «No había nada que les stljetara en el frente, salvo la lealtad de clase (11). Para tratar de solucionar este problema, Durruti se
trasladó a Madrid, con el fin de entrevistarse con Largo Caballero, que ocupaba la Presidencia y el ministerio de la Guerra. Largo tampoco proporcionó armas a Durruti. Pidió a éste que regresara al frente de Aragón y prometió enviarle dinero para la adquisición de armamento. Durruti regresó a Aragón, pero el dinero no llegó nunca. El boicot -incom-prensible desde cualquier punto de vista- propugnado por los estamentos gubernamentales contra Durruti y los anarquistas, era manifiesto. Pierre Besnard, secretario general de la AIT -Asociación Internacional de Trabajadores- , realizó una visita a la España republicana en 1936. Su objetivo era internacionalizar el conflicto, de modo que Inglaterra y Francia intervinieran en favor de los republicanos. No se vio favorecido por el éxito. En su informe sobre su visita decía: «...La revolución española está retrocediendo, pero no tiene la culpa el pueblo, que lucha con entusiasmo
incomparable, sino sus dirigentes, que van a remolque de los acontecimientos, demostrando que han perdido la iniciativa revolucionaria y que están dispuestos a aceptar las situaciones más humillantes, como la que tuve que soportar yo mismo frente a Largo Caballero (...) Si el anarquismo comete la estupidez de colaborar con Largo Caballero, aunque sólo sea apoyándole, la Revolución estará irremediablemente perdida. El único medio que existe para salir de este círculo infernal es la prueba de la fuerza. Pero yo me pregunto si los dirigentes de la CNT son los mismos hombres que se lanzaron a la calle el 19 de julio...
Exactamente treinta y nueve años antes que el general Franco, moría en la madrugada del 20 de noviembre de 1936 Buenaventura Durruti. En la tarde del domingo 22, una gran masa de trabajadores daba su último adiós a Durruti en Barcelona. La imagen muestra un aspecto parcial de esta despedida multitudinaria. Diríase que
solamente hay uno que escape a esta regla: Durruti, un revolucionario nato y original, que en muchos aspectos recuerda a Néstor Mackno. Al igual que el guerrillero ucraniano, Durruti tampoco se separa del pueblo, contrariamente a lo que hacen otros dirigentes. Por lo demás, Durruti es superior a Mackno en algunos puntos, sobre todo en lo que se refiere al dominio que el español ejerce sobre sí mismo» (12). El hecho claro es que Durruti se encontraba prácticamente solo. Incluso muchos de sus camaradas más antiguos, como García Oliver, se habían dejado arrastrar hacia la politización. Otros, como Abad de Santillán, se movían en una especie de ambivalencia, que resultaba totalmente desconcertante. En octubre del 36, Madrid se encontraba en peligro. Largo Caballero se dirigió a todas las organizaciones para tratar de aunar esfuerzos. Se formó, como primera medida, un nuevo Gobierno y cuatro representantes de la CNT entraron a formar parte
de él: Juan López, Juan Peiró, Federica Montseny y Juan García Oliver. Inmediatamente después de formado el Gobierno, sus componentes se trasladaron a Valencia, y en Madrid quedaba constituida una Junta de Defensa presidida por el general Miaja. Se pidió la colaboración de los anarquistas para la defensa de Madrid. Horacio M. Prieto, secretario general de la CNT, se dirigió rápidamente a Aragón. El motivo del viaje no era otro sino entrevistarse con Durruti. Su colaboración en la defensa de Madrid era considerada vital. «¡No hay nada que hablar! ¡Yo no pienso moverme de Aragón!», -fue la respuesta de Durruti-. Prieto arguyó razones de tipo disciplinario y de responsabilidad. Durruti le contestó: «¡Yo no conozco otra disciplina que la Revolución. En cuanto a los demás, aprendeos esto de una vez: ¡Yo me cago en vuestras responsabilidades de burócratas!» (13). Poco después, eran Abad de Santillán y Federica Montseny
quienes trataban de convencer a Durruti. Por fin, ante la cantidad de presiones, Durru ti, con un contingente de 1.800 milicianos, parte hacia Madrid. El sargento Manzana le acompañaba como técnico militar, y como secretario iba Mora. Al mando de las agrupaciones que formaban la columna, iban Bonilla, José Mira y Liberto Roig. Miguel Yoldi, Ricardo Rionda y el propio Durruti formaban el Comité de Guerra. El 15 de noviembre, los hombres de Durruti ya se encontraban en la Ciudad Universitaria de Madrid haciendo frente a las tropas fascistas. El lugar de destino de los anarquistas, el más comprometido y peligroso, hizo que las bajas alcanzaran en muy poco tiempo un elevado número. El día 18, la «Columna Durruti» solamente contaba con 700 hombres de los 1.800 que se habían desplazado a la capital. El día 19, los milicianos de Durruti se prepararon para asaltar el Hospital Clínico, defendido por tropas moras y Guardia Civil. Las indicaciones dé:
Durruti no fueron seguidas con exactitud y, como consecuencia, sólo se pudieron tomar parte de las plantas del Clínico, quedando en la parte superior tropas nacionales. Poco después, le llegan noticias a Durruti de que sus hombres querían abandonar el Clínico. Durruti, acompañado por Julio Grave (chofer) y por Bonilla y Miguel Yoldi -parece ser que también iba Manzana-, se dirigió hacia el Hospital. Durante el trayecto, poco antes de llegar al punto de destino, Durruti y sus acompañantes se encontraron con un pequeño grupo de milicianos, que daban la sensación de ser descontentos que abandonaban su puesto de combate. Durruti habló con ellos y les convenció para que volvieran a sus puestos. Una vez diluido el confusionismo creado por esta situación, Durruti se acercó al coche. En este momento sonó un fogonazo, y el anarquista leonés se desplomaba al suelo con una bala incrustada en su pecho. En el Ritz, convertido en hospital, los
doctores Bastos, Monje, Fraile y Santamaría firmaban -en la madrugada del día 20 de noviembre de 1936- el diagnóstico final de Buenaventura Durruti: «Muerte causada por una hemorragia pleural», El proyectil se encontraba alojado en la región del corazón (14). La desmoralizació n hizo presa entre los combatientes anarquistas. La muerte de su compañero, acaecida en circunstancias extrañas, les afectó en gran manera. La mayoría de los milicianos libertarios abandonaron Madrid y regresaron a Aragón. Martínez Bande, historiador y militar, comenta acerca de Durruti:...«Buenaven tura Durruti había aparecido desde los momentos iniciales de la guerra como el «líder» anarquista más interesante, el más arrojado en un mundo de arrojados, y el que seguramente también comprendió primero qué es lo que había pasado en España tras el 18 de julio. Esto es, el que mejor supo adaptarse a las circunstancias de la guerra. El potenció a sus
hombres, a quienes muchos calibraron, seguramente, casi como pequeños dioses, a la sombra de un dios máximo. Por esto cuando éste cae en combate, el Olimpo anarquista de la Ciudad Universitaria se desploma» (15). Exactamente treinta y nueve años antes que su gran enemigo, el general Franco, moría en la madrugada del 20 de noviembre de 1936 la última gran esperanza del anarquismo: Buenaventura Durruti(*) . En la tarde del domingo 22 de noviembre, una gran masa de trabajadores (alrededor de medio millón) daba su último adiós a Durruti en Barcelona. El cortejo fúnebre, que atravesó varias calles de la ciudad (entre ellas, la Vía Layetana: Avenida de Buenaventura Durruti hasta el final de la guerra) con destino al Cementerio Nuevo, fue un impresionante espectáculo, en el que millares de hombres acudieron a rendir el postrer homenaje a su compañero. Quizá haya sido ésta -al igual que ocurrió en Rusia en el entierro de Kropotkin- la
última gran manifestación libertaria de un país donde el anarquismo tuvo una acogida y difusión como en ningún otro del mundo. Este año, 1976, se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de uno de los más grandes anarquistas que jamás hayan existido: el leonés Buenaventura Durruti. El 20 de noviembre Durruti contará con más de un recuerdo emocionado. I. G. I. * Sobre la muerte de Durruti, Antonio Bonilla, hoy día residente en Zaragoza, mantiene una tesis nunca argumentada hasta ahora. En el número 80 del semanario «Posible», el antiguo compañero de Durruti confiesa a Pedro Costa Muste: «No cabe duda de que la bala que mató a Durruti salió del naranjero que portaba Manzana. Pudo ser casual o intencionadamente. Hoy, a la vista de lo que ocurrió después, opto por creer que fue intencionado el disparo». Lo que ocurrió después, según Bonilla, es que Manzana desapareció sin dejar rastro. Manzana se ha mantenido
ilocalizable, desde entonces, en algún lugar de México, ignorándose si aún vive.
Este año, 1976, se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de uno de los más relevantes anarquistas que jamás hayan existido. El 20 de noviembre, sin duda, Durruti contará con más de un recuerdo emocionado. En la foto, las tumbas -en el cementerio barcelonés de Montjuich- de tres anarquistas que han marcado un hito importante en la historia del movimiento libertario: Ferrer, Durrutí y Ascaso. (1) Pío Baroja: "El Cabo de las Tormentas". Espasa-Calpe. Madrid. (2) Waldo Bayer: «Severino Giovani, Editorial Galerna. Buenos Aires. (3) «El Luchador», 8 de mayo de 1931. (4) G. Gilabert: «Un héroe del pueblo: Durruti,,. Buenos Aires. (5) Sobre los acontecimientos de Figols, ver: Eduardo de Guzmán, TIEMPO DE HISTORIA, n.° 14: «Cuando Figols proclamó el comunismo libertario». (6) «La Voz de Aragón», 25 de enero de 1934. (7)
«La Solidaridad», 3 de marzo de 1934. (8) «Solidaridad Obrera», 6 de marzo de 1936. Citado por John Brademans: Anarco-sindicalismo y Revolución en España, 1930-1937». Ariel. Barcelona. (9) «Toronto Star», 18 de agosto de 1936. (10) «Montreal Star», 30 de octubre de 1936. Citado por Hugh Thomas: «La Guerra Civil Española». Ruedo Ibérico. París. (11) George Orwell: «Homenaje a Cataluña». Ariel. Barcelona. (12) julio C. Acerare: «Durruti». Bruguera. Barcelona. (13) Idem. (14) Idem. (15) JoanLlarch: «La muerte de Durruti. Ediciones Aurea. Barcelona.
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Veo que el texto está en otro formato mas avanzado de word, me parece que es el del office que viene con el W-Vista.
Es posible que lo puedan cambiar de formato a una version anterior, para poder verlo¿? si no, no hay problema.
Hasta otra.
Iram desde México
--- El mar 10-mar-09, Hijosdelpueblo@yahoogroups.com <Hijosdelpueblo@yahoogroups.com> escribió:
De:: Hijosdelpueblo@yahoogroups.com <Hijosdelpueblo@yahoogroups.com> Asunto: [Hijosdelpueblo] Se ha cargado un nuevo archivo en Hijosdelpueblo A: Hijosdelpueblo@yahoogroups.com Fecha: martes, 10 marzo, 2009, 3:33 am
Hola,
Este mensaje sirve para notificarle que se ha cargado un archivo a la sección Archivos del grupo Hijosdelpueblo.
Archivo : /Tiempo de historia nº 24 noviembre de 1976.docx Responsable : caraquemada <caraquemada@ yahoo.es> Descripción : Buenaventura Durruti, un revolucionario nato. Tiempo de Historia, nº24. Nov. 1976
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Tiempo de historia nº 24 noviembre de 1976
Buenaventura Durruti, un revolucionario nato.
Ignacio G. Iglesias
Buenaventura Durruti nació en León el 14 de julio de 1896 y murió el 20 de
noviembre de 1936 en Madrid. Anarquista convencido, luchó toda su vida contra la
injusticia y la opresión, y ha pasado a la Historia como un revolucionario nato,
cuyo principal objetivo era la consecución de una sociedad nueva sin
explotadores ni explotados. (Vemos a Durruti muy pocas horas antes de su muerte,
fotografiado por el poeta soviético llya Ehrenburg.)
El 14 de julio de 1896 nacía en León Buenaventura Durruti, segundo de los ocho
hijos de Santiago Durruti y Anastasia Domínguez. De los ocho hermanos —Santiago,
Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto, Pedro, Manuel y Rosa— sólo tres
sobrevivieron al finalizar la guerra. En 1932, durante una huelga, moría en León
uno de los hermanos de Durruti, junto a un anarquista llamado José María Pérez.
Otro murió durante los sucesos de Asturias de 1934. En 1936, comenzada la
guerra, Manuel Durruti se afiliaba a Falange Española, en León, y poco después
moría fusilado por los mismos falangistas al haberse negado a probar su lealtad
hacia la organización. Pedro, antiguo afiliado a Falange, fue fusilado en zona
republicana.
BUENAVENTURA Durruti asistió, durante su infancia, a la escuela leonesa de
Ricardo Fanjul. Parece ser que no pasó, como estudiante, de la mediocridad. Poco
más tarde, y a pesar de cierta oposición por parte de su familia, abandonaba la
escuela y aprendía el oficio de mecánico. Su maestro en esta tarea fue Melchor
Martínez, que tenía en León una gran reputación como revolucionario. (Llamaba la
atención por leer «El Socialista» en público). De hecho, fue el primer mentor
ideológico que Durruti tuvo. «Voy a hacer de tu hijo un buen mecánico, pero
también un buen socialista», decía Melchor Martínez al padre de Durruti.
En 1912 Durruti, influenciado por su padre —de ideas socialistas— y por M.
Martínez, se afiliaba a la «Unión de Metalúrgicos»; sin embargo, pronto
comprendió que el socialismo moderado de la UGT. —Unión General de Trabajadores—
no era lo que más le atraía. Una vez abandonado el trabajo en el taller de
Melchor Martínez, Durruti trabajó como montador de lavaderos de carbón. Iba a
ser Matallana, a 30 Kms. de León, el escenario de la primera dificultad que
Durruti tendría con las autoridades. Se encontraba allí con motivo de la
instalación de uno de estos lavaderos y no tardó en verse involucrado en un
conflicto provocado por los mineros, que exigían la destitución de uno de los
ingenieros cuya actitud era claramente contraria a sus intereses. Los mineros,
con el apoyo de Durruti y los demás mecánicos, consiguieron que el ingeniero
fuera despedido; sin embargo, al llegar Durruti a León se encontró con la
noticia, nada agradable, de que la Guardia Civil se había interesado por él.
Poco después, 1914, su padre le consigue un nuevo trabajo en la Compañía de
Ferrocarriles del Norte, como mecánico ajustador, empresa en la que el padre de
Durruti trabajó hasta caer enfermo. Allí se encontraba Durruti cuando, en 1917,
estalló la gran huelga revolucionaria, promovida por la UGT y secundada por la
CNT —Confederación Nacional del Trabajo—. Buenaventura desplegó durante la
huelga una gran actividad, contribuyendo a la quema de locomotoras y al
levantamiento del tendido de las vías, lo que significó su expulsión de la UGT
y, obviamente, el despido de la compañía. Con su amigo «El Toto» se dirigió en
primer lugar hacia Gijón, donde contactó con la CNT, y, posteriormente huyó a
Francia, ya que además de por saboteador era buscado por desertor.
Julio de 1936: Una de las últimas fotografías de Francisco Ascaso, el amigo
aragonés inseparable de Durruti. Ascaso fue uno de los primeros anarquistas que
murieron como consecuencia del alzamiento militar del 36. El día 20 de julio,
frente al cuartel de Atarazanas, cayo abatido de un balazo en plena frente
El 1 de enero de 1919 Durruti cruzó la frontera, clandestinamente, y se dirigió
a Asturias, donde debería realizar una misión encomendada por la CNT. Una vez
cumplida la misión, parece ser que estuvo en La Robla, a 25 Kms. de León,
implicado en un grave conflicto laboral, dirigiéndose poco después a Valladolid,
donde permaneció unos tres meses. Más tarde, y cuando se encaminaba hacia
Galicia, con el fin de participar en diversas acciones, fue detenido por la
Guardia Civil y enviado a La Coruña. Allí le identificaron como desertor y le
trasladaron a San Sebastián, siendo sometido a Consejo de Guerra y encarcelado.
Sin embargo, permaneció muy poco tiempo en la cárcel, ya que, con la ayuda de
varios compañeros, logró evadirse y huyó a Francia (julio de 1919) después de
haber pasado algún tiempo escondido en los montes.
En 1920 regresó a España, por San Sebastián, y se dirigió a Barcelona. Antes de
emprender la marcha hacia la ciudad catalana, rechazó un trabajo en una fábrica
de Rentería, que Manuel Buenacasa y otros compañeros le habían buscado, así como
un puesto en el Comité de Metalúrgicos de la CNT en el país vasco: «En mi
opinión los cargos importan poco —decía Durruti—. Lo importante para mí es la
base, a fin de poder obligar a los de arriba, desde ella, a que respeten sus
compromisos, impidiéndoles así, en la medida de lo posible, que se
burocraticen». A su paso por Euskadi, Durruti conoció a otros anarquistas
significados: Suberviola, Del Campo, Albaldetrechu y Ruiz, con los que creó el
grupo llamado «Los Justicieros», cuyo terreno de acción era, simultáneamente,
Aragón y Guipúzcoa. Durruti y el resto de «Los Justicieros» decidieron actuar
rápidamente, y su primer objetivo era Alfonso XIII. El monarca español debía de
asistir a la inauguración del Gran Kursaal de San Sebastián. La pretensión de
los anarquistas era acabar con la vida del rey valiéndose de explosivos, pero
sus intenciones se vieron frustradas ante el masivo despliegue policiaco que se
llevó a cabo en el País Vasco para lograr la captura de Durruti, Suberviola y
Del Campo, que habían sido denunciados.
En febrero de 1921, Durruti se encontraba en Andalucía en cumplimiento de una
nueva misión, cuyo fin era ampliar las bases del anarquismo en esta región. El 9
de marzo, en compañía de Juliana López que era el otro emisario en tierras
andaluzas, regresó a Madrid y fue apresado por la Policía. Ese día todo
individuó sospechoso era detenido en la capital. El día anterior, Eduardo Dato
había sido muerto a balazos por tres desconocidos. No obstante, Durruti,
haciendo uso de una falsa personalidad, logró engañar a la Policía y salió
libre, continuando su viaje de vuelta a Barcelona.
El grupo de «Los Justicieros», que más tarde cambió su nombre por el de
«Crisol», siguió en su línea de utilización de la violencia como respuesta a la
violencia desatada por la patronal. A finales de 1922, se constituía el grupo
«Los Solidarios», cuyo fin primordial era la lucha contra las bandas armadas que
subvencionaban los empresarios. Los choques entre estos grupos llegaron a
adquirir un carácter de verdadera guerra civil. «Los Solidarios» contaban con
varios colaboradores y gente de confianza cuya ayuda era solicitada según la
naturaleza del asunto que les ocupara. Los principales componentes del grupo
eran: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Eusebio Brau,
Aurelio Fernández, Miguel García Vivancos, Alfonso Miguel, Ricardo Sanz,
Gregorio Suberviola, Rafael Torres Escartín, Juliana López, Ramona Berni y
Antonio «El Toto».
Uno de los primeros condenados a muerte, por el grupo, fue el cardenal-arzobispo
de Zaragoza, Juan Soldevilla y Romero (n. 1843). Sobre la ejecución de
Soldevilla, es muy interesante el fragmento de la novela de Pío Baroja «El Cabo
de las Tormentas» que a continuación reproduzco:
«El cardenal-arzobispo de Zaragoza era un reaccionario de influencia. La ejercía
no sólo en su sede sino en Barcelona y recomendaba a las autoridades de allí
medidas fuertes y duras contra los obreros y los agitadores. Los anarquistas
sabían que el arzobispo conferenciaba en Reus con los jefes de la Patronal de
Barcelona y daba consejos para atacar a la organización sindicalista obrera. La
banda marchó a Zaragoza; se entendieron los directores con una vieja anarquista
catalana que vivía allí hacía algún tiempo, la ciudadana Teresa, y entre todos
prepararon una emboscada y mataron al arzobispo una tarde que iba a una posesión
suya llamada «El Terminillo». El arzobispo fue muerto en el auto cuando entraba
en su finca, donde había establecido una escuela dirigida por monjas. Los
anarquistas le hicieron veinte disparos. El arzobispo cayó muerto y quedaron
heridos sus familiares y el chofer.» (1).
Durruti y sus compañeros se vieron obligados en numerosas ocasiones a emigrar de
un país a. otro, perseguidos por las distintas policías de aquellos países en
los que decidían actuar. En esta ocasión es Bruselas quien acoge a Durruti y
Ascaso. que aparecen en la imagen, junto con sus compañeras.
El 1 de septiembre se llevaba a cabo una nueva y espectacular acción de «Los
Solidarios»: el Banco de España de Gijón era objeto de un atraco a mano armada,
llevándose los asaltantes un botín de unas 675.000 pesetas. La ejecución del
asalto no fue fácil. Durruti, después de mantener un violento tiroteo con la
Guardia Civil, logró huir subiendo al tejado de una casa y abandonando la ciudad
al amparo de la noche. «La banda de Durruti» comenzaba a ocupar los titulares de
la Prensa burguesa. Días más tarde el mismo Durruti, ayudado por varios
compañeros, conseguía liberar a Francisco Ascaso, que se encontraba en prisión.
En París. Durruti conoció a otros anarquistas de gran prestigio, tales como
Louis Lecoin, tercero de izquierda a derecha, y Pierre Odeón, el cuarto, Los
demás que aparecen en la foto, tomada en Barcelona durante 1931, son (también de
izquierda a derecha) García Vivancos. García Oliver, Ascaso y Durruti.
Ambos amigos, Durruti y Ascaso, deciden emprender la marcha hacia Francia. Una
vez en París, toman contacto con otros anarquistas allí establecidos, y juntos
dan origen a la «Editorial Anarquista Internacional». La creación de esta
editorial tenía como fin propagar por todo el mundo las obras ideológicas y de
lucha del movimiento libertario. En París tuvieron conocimiento de la muerte de
varios de sus compañeros — Del Campo abatido a balazos por la Policía en
Barcelona— y de la detención de otros — Suberviola y Aurelio Fernández—.
A finales del año 1924, Durruti y Ascaso embarcaban con rumbo a Latinoamérica.
Fue Cuba el punto inicial de su periplo por estas tierras y allí encontraron
trabajo como cortadores de caña. Pronto comenzaron su labor en favor de los
trabajadores de aquel país, y el punto álgido de sus acciones fue la ejecución
de un empresario que mantenía a sus obreros en un lastimoso estado de esclavitud
medieval. La activa búsqueda de los dos anarquistas por la Policía les convenció
de la necesidad de abandonar la isla, y se dirigieron a México. Allí se
encontraron con Jover y Vivancos, y juntos continuaron su peregrinar por
Uruguay, Chile, Perú y Argentina bajo la denominación de «Los Errantes».
Waldo Bayer, autor de un libro sobre el anarquista Severino Giovani —fusilado en
Argentina el 1 de febrero de 1932—, narra alguna de las actividades de Durruti y
sus compañeros a su paso por el continente americano:
«Si bien ya ha habido antecedentes en nuestro país, de esta clase de anarquismo
expropiador, su verdadero auge se debe a la acción emprendida por los
anarquistas españoles Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti; dos figuras
verdaderamente legendarias que, necesitados de seis millones de pesetas exigidas
por un juez español para liberar a ciento veintiséis de sus compañeros, inician
una serie de asaltos a casas bancarias que comienza en España, con el Banco de
Cataluña, sigue en México y luego por los países del Pacífico, asientan sus
bases en Chile, donde obtuvieron un buen botín, llegan a la Argentina, donde
asaltan el Banco de San Martín, cruzan el Río de la Plata, llegan a Montevideo
donde realizan otros asaltos con éxito y luego regresan a Europa en un increíble
periplo de coraje a toda prueba y desenfado. Esa gente sabía resolver las
situaciones más difíciles con absoluta tranquilidad y sangre fría» (2).
Durruti, Ascaso y Jover, buscados por casi todas las policías de Sudamérica,
decidieron regresar a Europa. Para ello embarcaron en un trasatlántico que se
dirigía a Inglaterra. Sin embargo, al tener que etectuar el barco una parada de
emergencia en Canarias, los tres amigos se creyeron descubiertos y a punto de
ser entregados a las autoridades españolas. Afortunadamente para ellos, no había
motivo de alarma y, unas semanas después, el barco reemprendió su marcha hasta
Inglaterra. Cruzaron el Canal de la Mancha y, poco antes del primero de mayo, se
encontraban en París. Allí, Durruti trabajó durante algún tiempo en el sector
metalúrgico y conoció a otros anarquistas de gran prestigio: Sebastián Faure,
Louis Lecoin, Voline, Pedro Archinof y Néstor Mackno, su alma gemela.
El 14 de julio de 1924 era el día señalado para que Alfonso XIII, acompañado del
dictador Primo de Rivera, llegara a París, invitado por el Gobierno francés con
motivo de la Fiesta nacional. Enterados de la visita, «Los Solidarios» dedicaron
mes y medio a preparar un plan para acabar con la vida del monarca español. Para
ello se pertrecharon de gran cantidad de munición, tres fusiles y un automóvil.
El atentado se llevaría a cabo en la estación anterior a París, donde el tren en
el que viajaba la comitiva real efectuaría una breve parada. El vagón que
ocupaban el rey y sus acompañantes sería ametrallado y huirían en el automóvil.
Sin embargo, la Policía francesa fue puesta en antecedentes y el plan de los
anarquistas quedó frustrado. El 25 de junio, en un modesto hotel parisiense de
la calle Legéndre, Durruti, Ascaso y Jover eran detenidos y posteriormente
encarcelados. El 2 de julio aparecía la noticia de su detención en la Prensa.
Las demandas de extradición por parte de diversos Gobiernos, entre ellos, el de
España, no se hicieron esperar. El porvenir de los libertarios españoles se
enturbiaba.
Faure y Lecoin promovieron una gran campaña en favor de los detenidos para que
no fuesen entregados a ninguno de los Gobiernos peticionarios de la extradición.
Los anarquistas españoles fueron juzgados —la defensa corrió a cargo de Lecoin—
y definitivamente indultados en julio de 1927. No obstante, no se les permitía
la residencia en territorio francés. La misma Policía francesa les introdujo
clandestinamente en Bélgica. Poco después, era la Policía belga quien utilizaba
el mismo método con respecto a Francia. Nuevamente descubiertos en este país,
Bélgica les admitió, si bien para permanecer allí tuvieron que adoptar una
personalidad falsa previo acuerdo con la Policía belga! A propósito de está
extraña situación, Ascaso comentaba: «Es lo más curioso que me ha ocurrido
nunca. La legalidad sirviéndose de la ilegalidad». Durante este período -1927,
exactamente— era creada, en Valencia, la FAI —Federación Anarquista Ibérica—,
cuyo primer secretario fue el portugués Germinal da Sousa. Su finalidad era
activar el movimiento libertario y acercar la CNT hacia el ideal puramente
anarquista, en oposición al colaboracionismo y moderación que pregonaban algunos
de sus miembros, Pestaña, Peiró, Juan López, etc., lo que posteriormente originó
una división entre ambas tendencias. Para pertenecer a la FAI era condición
indispensable ser afiliado a la CNT. No nos vamos a ocupar aquí de la estructura
y funcionamiento de la FAI, pero sí diremos que con su creación el anarquismo de
acción iba a adquirir una nueva dimensión.
El 14 de abril de 1931 era proclamada la Segunda República Española. El 15
regresaba a España Buenaventura Durruti. Este hombre, junto con Ascaso, Oliver,
Federica Montseny, Jover y demás partidarios del anarquismo práctico, iban a ser
quienes dominarían la nueva organización anarquista.
El 1.° de mayo la FAI lanzó su primer aviso serio a la República. En el Palacio
de Bellas Artes de Barcelona se celebró un gran mitin, en el que se elaboró una
lista de reivindicaciones obreras: disolución de la Guardia Civil, expropiación
de las pertenencias a órdenes religiosas, desaparición de los monopolios,
reparto de los cotos de caza... (3). Allí, Durruti se dirigió al auditorio: «Si
fuéramos republicanos, afirmaríamos que el Gobierno provisional se va a mostrar
incapaz de asegurarnos el triunfo de aquello que el pueblo le ha proporcionado.
Pero como somos auténticos trabajadores, decimos que, siguiendo por ese camino,
es muy posible que el país se encuentre cualquier día de estos al borde de la
guerra civil. La República apenas sí nos interesa; la aceptamos como punto de
partida de un proceso de democratización social...». Una vez finalizado el
mitin, se organizó una gran manifestación en cuya cabeza marchaban los
inevitables Durruti, Ascaso y Oliver. La Guardia Civil, puesta sobre aviso, hizo
frente a la pacífica manifestación. Los resultados del enfrentamiento fueron:
dos muertos y varios heridos por los guardias, y un muerto y quince heridos por
parte de los cenetistas y un pelotón de soldados de infantería que, mandados por
el capitán Miranda, se prestó a defender a los trabajadores del ataque de que
habían sido objeto.
La intranquilidad de la clase obrera se hace palpable en todas partes. Los
conflictos y las huelgas se suceden por todo el país: Sabadell, Lérida, Gijón,
etc. En Madrid, Sevilla y Málaga, los conventos comienzan a arder. Mientras todo
esto sucedía, Emilianne Morin, la compañera de Durruti, daba a luz a la hija de
ambos: Colette. Casi al mismo tiempo, moría en León el padre de Durruti. Con tal
motivo, éste se dirigió a su ciudad natal para asistir al entierro que fue, a la
vez que el adiós definitivo a un hombre honrado, un gran homenaje a la presencia
de un gran revolucionario. Durruti fue invitado por los sindicatos de la CNT
leonesa a un mitin que se celebraría unos días después. Aceptó la invitación el
anarquista leonés y, como consecuencia, las autoridades intentaron detenerle.
Sin embargo, la amenaza de Durruti les hizo desistir de su propósito: «Detenedme
y quizá mañana León y toda y su provincia se vean envueltas en una gran huelga
general».
El día señalado para la celebración del mitin, la plaza de toros se encontraba
repleta de trabajadores. La reunión estaba presidida por Tejerina, secretario
local de la CNT. Allí, Durruti se dirigió a sus paisanos y les habló durante
largo tiempo sobre el momento prerrevolucionario que se estaba viviendo en
España. Efectivamente, Durruti no se equivocaba. El 18 de enero de 1932 se iba a
roducir un gran acontecimiento en la historia del movimiento libertario. El
escenario fue la cuenca minera del Alto Llobregat. Ese día se proclamaba allí el
comunismo libertario. Figols fue el primer pueblo en lanzarse a la aventura
revolucionaria. Tras Figols, Manresa, Berga y varios pueblos más.
Inmediatamente, el Gobierno hizo uso de la Ley de Defensa de la República. La
rápida intervención del Ejército y la posterior represión fueron las medidas
tomadas. Los responsables serían detenidos, pero la represión no sólo se
localizó en esta comarca sino que se extendió por toda España. «Durruti dijo a
los mineros que la democracia burguesa había fracasado; que era necesario
realizar la revolución; que la emancipación total de la clase trabajadora
solamente podía conseguirse mediante la expropiación de la riqueza que detentaba
la burguesía y suprimiendo el Estado. Aconsejó a los mineros de Figols que se
preparasen para la lucha final, y les enseñó la manera de fabricar bombas con
botes de hojalata y dinamita» (4).
En la mañana del día 21, Durruti y los hermanos Ascaso eran detenidos. Al
amanecer del 10 de febrero, un destarlado y viejo trasatlántico salía del puerto
de Barcelona llevando a bordo 125 detenidos como consecuencia de los sucesos del
Alto Llobregat. Su destino era Guinea. Sin embargo, el Gobernador de
Villa-Cisneros se negó a admitir en su jurisdicción a Buenaventura Durruti, al
que consideraba asesino de su padre, Fernando González Regueral, ex-gobernador
de Bilbao, cuya ejecución había tenido lugar varios años antes en León. Durruti
no había tenido nada que ver en la ejecución material del acto, ya que los
autores de este atentado fueron Suberviola y «El Toto». El hecho, en definitiva,
fue que Durruti y algunos compañeros detenidos fueron trasladados a
Fuerteventura (5).
Una vez que Ascaso y Durruti recobraron la libertad —fueron los últimos en
abandonar el destierro junto con Cano Ruiz—, sus esfuerzos se encaminaron hacia
la preparación de la sublevación que tendría lugar en enero del 33. Durruti,
Ascaso y García Oliver eran los encargados de coordinar el alzamiento en
Barcelona. El fracaso de esta sublevación es conocido; sin embargo, los
anarquistas lucharon a fondo en diversos puntos del país. En Andalucía, la
represión llevada a cabo fue de dimensiones trágicas. Suficientemente conocido
es el episodio protagonizado por el mismísimo Azaña: «¡Ni heridos, ni
prisioneros! ¡Tirar al vientre!».
Poco después, Durruti hacía un análisis sobre el fracaso de la insurrección: «Es
cierto que las condiciones no estaban maduras. Si hubiera sido así no estarían
muchos de nosotros en prisión. Pero también es cierto que estamos atravesando un
período prerrevolucionario y que no podemos permitir a la burguesía que domine
la situación haciéndose fuerte en el poder del Estado (..) . Es bajo esta
perspectiva como debe interpretarse la tentativa revolucionaria del 8 de enero,
puesto que jamás ha pasado por nuestra cabeza la idea de que el éxito de la
Revolución consiste en la toma del poder por una minoría que después impondrá su
dictadura al pueblo. Nuestra conciencia revolucionaria es opuesta a esta
táctica. Nosotros queremos una revolución por y para el pueblo. Fuera de esta
concepción no hay revolución posible. (...). Por todo elle, lo que nadie podrá
discutirnos es que nuestra intentona no haya cumplido con el objetivo de
constituirse en un ataque pensado y dirigido contra el mismo corazón del sistema
capitalista y estatal, herido de muerte tras el levantamiento de los mineros del
Alto Llobregat».
En abril, Durruti y Ascaso eran detenidos, después de haber asistido a una
reunión, cuando se dirigían a sus casas. El jefe de la Policía de Barcelona,
Miguel Badía, y el consejero de Orden Público, el fascista José Dencás, hicieron
declaraciones en el sentido de que, con la detención de Ascaso y Durruti, «la
FAI había quedado completamente desarticulada». Los dos amigos estuvieron en la
cárcel de Barcelona hasta julio, en que fueron trasladados al penal de Santa
María (Cádiz). Ascaso permaneció allí hasta octubre y Durruti fue liberado unos
días antes, después de haber sido juzgado como «vagabundo», una de tantas
fórmulas jurídicas que los Gobiernos idean como justificación de sus arbitrarias
detenciones. «¡Aplicarme a mí la ley de vagabundos! ¡A mí, que me he pasado la
vida trabajando! —decía Durruti encolerizado—. Acepto que se me acuse de
disparar contra la fuerza pública, o de tratar de transformar esta sociedad que
desapruebo y execro, pero... ¡acusarme de vagabundo!... ¡No hay ningún juez que
tenga el derecho de juzgar al obrero Durruti como a un vagabundo! ¡Decídselo así
a vuestros superiores!».
En noviembre del 33 las derechas ganan las elecciones, pasando a gobernar
Lerroux y sus radicales que serían posteriormente apoyados por el reaccionario
Gil-Robles y su organización de Derechas Autónomas. Una de las primeras medidas
del nuevo Gobierno fue declarar el Estado de Emergencia por temor a que los
trabajadores se levantaran contra el derechismo gubernamental. En efecto, el 8
de diciembre, varios puntos de la península se encontraban en huelga general:
Barcelona, Valencia, Granada, Córdoba, Badajoz, Huesca... En las demás capitales
reinaba una gran confusión. Aragón era el principal centro de la insurrección.
En Barbastro, Calanda, Alcampiel, Valderrobles, Alcoriza y otros pueblos hubo
numerosos enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales. En casi todos ellos
se llegó a proclamar el comunismo libertario. Como consecuencia de la represión
llevada a cabo, hubo más de ochenta muertos y las cárceles se vieron de nuevo
repletas. Allí fueron a parar Durruti, Cipriano Mera e Isaac Puente, componentes
del Comité Nacional Revolucionario cuya misión era coordinar el alzamiento.
La mayoría de los detenidos fueron, sin embargo, liberados muy pronto merced a
la imaginación de Durruti, que arguyó un audaz plan que sus compañeros no
detenidos se encargaron de llevar a la práctica. «La Voz de Aragón» daba así la
noticia: «Ayer tuvo lugar un suceso de una audacia increíble. Un grupo de siete
individuos, armados con pistolas, penetraron en las dependencias del Tribunal de
Urgencia de Zaragoza, donde se instruye la causa por los recientes
acontecimientos revolucionarios: los asaltantes sorprendieron a los jueces y sus
secretarios cuando se encontraban más atareados, obligándeles a permanecer
inmóviles, tras lo cual se apoderaron de la totalidad del sumario concerniente
al movimiento de diciembre último. Después de esto, los siete hombres
desaparecieron a toda prisa» (6).
Los nuevos interrogatorios sólo pudieron probar la «culpabilidad» de los
responsables más significados, entre ellos los tres componentes del Comité
Revolucionario. Durruti, Mera y Puente fueron conducidos al penal de Burgos,
donde permanecieron hasta recobrar la libertad en el mes de mayo.
Durruti estableció el puesto de mando cerca de Bujaraloz. Allí recibía a
periodistas y amigos y preparaba los planes de la guerra y de la revolución.
Durruti, al igual que el ucraniano Mackno, pensaba que la guerra y la revolución
social eran dos cosas poco menos que inseparables.
Por lo que a la política del gobierno se refiere, parece que la crisis estaba
cerca. Los reaccionarios se estaban aproximando de un modo alarmante a las
esferas del poder. «La Solidaridad» así lo hacía notar: «Nuestra consigna
suprema es: «Frente a todo intento fascista; frente a no importa qué tipo de
dictadura; frente a toda revolución política, la revolución social de los
trabajadores ibéricos. Frente a toda transmisión de poderes, la consigna
revolucionaria de los trabajadores: destrucción del Estado, negándoles la
obediencia que lo sostiene. Ocupación de las fábricas, de los talleres, de todos
los lugares de trabajo. Socialización de las tierras, incautación de los
municipios por las fuerzas populares. Proclamación de la comuna libre».
¡Obreros! ;Trabajadores todos de España, militéis donde sea, os adjetivéis
comunistas, socialistas, sindicalistas o anarquistas!... ¡Por la Revolución, por
la Libertad, por la Justicia, por la Anarquía!...» (7).
Mientras, en Barcelona continúa la huelga de tranvías. En Madrid, el ramo de la
construcción acuerda el paro. En Tarragona, Valls, Manresa, etcétera, las
huelgas se intensifican. En Zaragoza, abril comienza con el preludio de una gran
huelga general que habría de durar treinta y seis días. Hubo despidos,
detenciones...; sin embargo, los trabajadores no desanimaron. Fue en Zaragoza
donde se iba a manifestar de un modo grandioso esa solidaridad que los
militantes libertarios pregonaban. Una gran caravana de camiones fue organizada
para recojer a los hijos de los huelguistas y llevarlos a las casas de las
familias obreras que, por toda España —principalmente Cataluña—, se habían
ofrecido para acoger a los niños zaragozanos mientras la huelga durase. Allí, en
el centro vital de la operación, se encontraba una vez más Buenaventura Durruti,
a cuyo esfuerzo se debió en gran parte que un puñado de hombres, los
desheredados, dieran una de las más grandes e impresionantes demostraciones de
solidaridad humana.
Durante el desarrollo de la lucha en Aragón, los grandes propietarios huían
despavoridos ante el demoledor avance de la, "Columna Durruti", que aplastaba
todo foco de resistencia que encontraba a su paso. En la foto, varios
dinamiteros confederales, que tuvieron una gran participación en el curso de las
batallas libradas en este frente.
El «bienio negro», 1934-1936, siguió transcurriendo entre huelgas, detenciones
arbitrarias, tiroteos, asesinatos de obreros... Triste balance provocado por la
ascensión al poder de la CEDA —Confederación Española de Derechas Autónomas—,
comandada por aquél al que la gran mayoría del país veía como el más fidedigno
representante del advenimiento del fascismo: Gil-Robles. No andaban, en
absoluto, desencaminados quienes así pensaban. La revolución asturiana del 34 y
su posterior represión es un ejemplo fiel, a la vez que estremecedor, de lo que
los Gobiernos pueden hacer con unos hombres indefensos y desesperados que se
habían lanzado a la lucha, sin importarles lo más mínimo lo único que todavía
les quedaba por perder: la vida. Eran el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, y
el general Franco quienes dirigían, desde Madrid, las operaciones militares que
aplastaron el movimiento insurreccional asturiano. Por estas fechas, 5 de
octubre, Durruti es encarcelado de nuevo. Mientras el proceso de desintegración
del régimen del «bienio negro» se acelera hasta alcanzar su punto culminante el
9 de diciembre de 1935. Lerroux se ve obligado a abandonar el cargo y es
sustituido por Portela Valladares, nombrado por el presidente Alcalá Zamora. De
esta forma quedaron frustradas las esperanzas de Gil-Robles, que soñaba con el
poder absoluto. Portela disolvió el Parlamento y se fijaron elecciones para el
16 de febrero. Durante los dos primeros meses de 1936, se suceden los mítines
organizados por la CNT v la FAI en contra del fascismo y abogando por la unidad
revolucionaria. Ante la proximidad de las elecciones, los libertarios más
prestigiosos ya no pregonaban el absentismo. Era un riesgo demasiado peligroso.
Triunfante en las elecciones el Frente Popular, las reformas se van haciendo
necesarias. Así lo hace ver Durruti el 4 de marzo, en el transcurso de un mitin
celebrado en el Price de Barcelona. Aludiendo a la restauración de la
Generalidad y de Companys, Durruti decía: «No venimos aquí a celebrar festejos
por la llegada de unos señores. Venimos a decir a los hombres de izquierda que
fuimos nosotros los que determinarnos su triunfo, y que somos nosotros los que
mantenemos los conflictos que deben ser solucionados inmediatamente. Nuestra
generosidad determinará la reconquista del 14 de abril» (8).
En mayo, del 1 al 12, se celebraba en Zaragoza el IV Congreso de la CNT, que se
auguraba como de gran importancia. El primer hecho que sorprendió fue el elevado
número de asistentes: 649 delegados en representación de 982 sindicatos y
550.595 afiliados. (Por aquellas fechas, el contingente de trabajadores
encuadrados en la CNT se aproximaba al millón y medio.) En este Congreso se
convocó a los sindicatos disidentes —los treintistas— que se mostraron
dispuestos a su reintegración en el seno de Confederación. El triunfo de la FAI
era inapelable. Durante las sesiones del Congreso, se pasó revista a los
problemas más acuciantes de la clase trabajadora y se teorizó sobre su solución
inmediata: paro forzoso, disminución de horas en la jornada laboral sin que el
sueldo disminuyera, reforma agraria, oposición al lock-out patronal, retiro,
etc. También se trató la situación político-militar del país, se clarificaron
los conceptos sobre el comunismo libertario y se planteó la cuestión de la
alianza revolucionaria.
El día de la clausura se celebró en la plaza de toros de Zaragoza un
espectacular mitin, al que acudieron varios miles de trabajadores procedentes de
toda España. La ciudad estaba prácticamente «tomada» por los
anarco-sindicalistas. El éxito del Congreso —al que Durruti asistió como
representante del Sindicato Unico Fabril y Textil de Barcelona— quizá fuera una
de las causas primordiales que aceleró, si no contribuyó de manera decisiva, los
sucesos venideros. El 18 de julio de 1936 se iniciaba la sublevación militar.
Muchos de los más prestigiosos hombres de izquierda fueron casi sorprendidos.
Las dudas y la falta de decisión de las primeras horas constituyeron una de las
razones fundamentales de la derrota republicana. No era éste el caso de CNT-FAI.
Los militantes barceloneses ya trataban, días antes, de conseguir armas con el
fin de impedir que los militares de Barcelona se alzaran. La negativa de
Companys a armar al pueblo exasperó los ánimos de los anarquistas. Ellos fueron
los primeros en lanzarse a la calle con el propósito de frenar la intentona
militar. A las pocas horas de producirse el intento militar, se luchaba
tenazmente en los centros neurálgicos de la ciudad. Al frente de las fuerzas
populares se encontraban Durruti, Ascaso, Jover, García Oliver, Aurelio
Fernández y otros significados anarcosindicalistas de la región. De momento,
parecía que la sublevación había sido controlada. El mismo general Goded, jefe
de los sublevados en aquella zona, era detenido. Durruti parecía mostrarse
satisfecho de los resultados conseguidos. Sin embargo, el lunes día 20, el
anarquista leonés sufría un duro golpe: frente al cuartel de Atarazanas —lugar
donde los anarquistas encontraron la más dura resistencia— moría de un balazo en
plena frente Francisco Ascaso. El suceso encorajinó de tal modo a Durruti que él
mismo se dirigió al lugar donde se libraba la batalla y se lanzó contra las
puertas del cuartel. Sus compañeros, animados por el ejemplo, no tardaron en
imitarle y poco después la bandera blanca ondeaba en el reducto de los
militares. Los anarquistas habían acabado con el movimiento faccioso de
Barcelona en cuestión de treinta y dos horas.
El 21 de julio se constituía un Comité Central de Milicias Antifascistas, que
quedó estructurado del siguiente modo: tres representantes de la UGT, José del
Barrio, Salvador González y Antonio López; tres de la Esquerra, Juan Pons, Jaime
Miravitlles y Artemio Ayguadé; uno de Acción Catalana, Tomás Fábregas; uno de la
Unión de Rabassaires, José Torrents Rosell; uno del POUM, José Rovira; uno del
PSOE, José Miret; dos de la FAI, Aurelio Fernández y Diego Abad de Santillán; y
tres de la CNT, Juan García Oliver, José Arens y Buenaventura Durruti. Una vez
formado el Comité, publicó un bando cuya finalidad abarcaba un doble objetivo:
reclutar hombres y crear las suficientes medidas de seguridad en la retaguardia.
La escasez de armas era la principal obsesión de Durruti —aquí, con otros jefes
militares— en su lucha contra el fascismo. La escasez, según testimonio de
George Orwell, era terrible. El mismo Orwell se extrañaba de que no se
produjeran deserciones en masa: «No había nada que les sujetara en el frente,
salvo la lealtad de clase...
El texto del bando pecaba en cierto modo de dirigismo, por lo que no satisfizo
en absoluto a Durruti. En algún momento se llegó a temer un enfrentamiento entre
él y el Comité. Pero no llegó a producirse, ya que Durruti consiguió formar su
columna de milicianos muy pronto con el fin de dirigirse a Zaragoza, cuya
conquista era vital para el posterior desarrollo de la contienda, y así poder
llevar a cabo su propia lucha revolucionaria, fuera de los cauces de la política
al uso. El 24 de julio, la legendaria «Columna Durruti» salía de Barcelona con
destino a Aragón. El comandante Pérez-Farrás formaba parte de la columna como
delegado y técnico militar. Durruti y Pérez-Farrás no llegaron casi nunca a
estar de acuerdo en las decisiones que había que tomar, concebían un ejército
donde la donde la autoridad y la disciplina férrea estuvieran ausentes. Parece
ser que Farrás se volvió más tarde a Barcelona, sustituyéndole como técnico
militar el sargento Manzana, quien se iba a convertir en un eficacísimo
colaborador de Durruti. Manzana era un hombre allegado a la ideología cenetista,
y, por tanto, totalmente antimilitarista. Momentos antes de partir hacia el
frente, el periodista canadiense Von Passen mantuvo una entrevista con Durruti,
que fue publicada en el «Toronto Star» y que por su interés creo oportuno
transcribir:
DURRUTI. El pueblo español quiere la Revolución y está en trances de hacerla, a
lo cual se oponen los fascistas. Este es el planteamiento general. En tales
condiciones, no hay más que dos caminos: la victoria de los trabajadores, es
decir, la libertad, o el triunfo de los facciosos, que significa la tiranía.
Ambos contendientes saben muy bien lo que les espera si son vencidos. Por esta
razón yo creo que la lucha será dura. Para nosotros se trata de destruir la
reacción fascista de tal forma que no levante ya nunca más la cabeza en España.
De hecho estamos dispuestos a acabar con el fascismo de una vez por todas,
incluso a pesar del gobierno republicano.
VON PASSEN.—¿Por qué a pesar del gobierno republicano? ¿Es que acaso el gobierno
republicano no lucha también contra la rebelión fascista?
D.—No hay gobierno en el mundo que luche contra el fascismo para destruirlo.
Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de las manos, recurre al
fascismo para mantener sus privilegios. Es lo que ha ocurrido en España. Si el
gobierno republicano hubiera deseado de verdad poner fuera de combate a los
fascistas, hace ya tiempo que lo habría podido hacer. En lugar de combatirlos a
fondo, no ha hecho más que buscar compromisos y acuerdos. Incluso en este
momento, hay miembros del gobierno que hablan de adoptar medidas más bien
moderadas contra los fascistas.
V. P.—Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente
Popular era la de salvar la República y restaurar el orden burgués, mientras que
tú, Durruti, me dices que el pueblo quiere llevar la Revolución mucho más lejos.
¿Cómo interpretar esta contradicción?
D. El antagonismo es evidente. Esos señores, como demócratas burgueses que son,
no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase
obrera, no se engaña. Los trabajadores saben lo que quieren. Nosotros luchamos
no por el pueblo, sino con el pueblo, es decir, por la Revolución. Somos
conscientes de que en esta lucha estamos solos y que no podemos contar más que
con nosotros mismos. Desde un principio sabemos ya cuál será la actitud de
Rusia. Para la Unión Soviética, después de haber hecho su revolución pequeño
burguesa, lo que cuenta es su tranquilidad. Por esta tranquilidad, Stalin ha
sacrificado a luti trabajadores alemanes, cosa que ya hizo anteriormente con los
chinos. Por eso nosotros queremos hacer nuestra propia razón por lo que creemos
que hoy mejor que para mañana: si es posible antes de que estalle la próxima
guerra europea. De este modo nuestra actitud servirá de ejemplo a los obreros
italianos y alemanes, los cuales podrán apreciar cómo se lucha contra el
fascismo. Es por esta razón por la que creemos que nadie nos ayudará. Hitler y
Mussolini, lo mismo que los demócratas ingleses y franceses, temen el contagio
revolucionario, que es lo que, en otro sentido, le ocurre también a Stalin.
V. P. ¿Entonces tú, Durruti, no crees que Francia e Inglaterra puedan ayudaros,
una vez que se concrete el apoyo de Hitler y Mussolini a vuestros enemigos?
D. No hay gobierno alguno que desee ayudar a una revolución proletaria. Sin
embargo, es posible que las rivalidades que existen entre los distintos
imperialismos puedan influir en nuestra lucha. Franco, por ejemplo, es indudable
que hará lo que pueda para poner a Alemania contra nosotros. Pero esto, al fin
de cuentas, no es lo más importante, como ya he dicho antes, no esperamos ayuda
de nadie, ni siquiera de nuestro gobierno» (9).
La toma de Caspe fue el primer enfrentamiento serio que la «Columna Durruti»
hubo de librar. Una vez conquistada la plaza, los milicianos abrieron su radio
de acción y todos los pueblos inmediatos fueron conquistados: Peñalba, Osera,
Monegrillo, Fortlete, Bujaraloz, Candasnos, Valfarta, Pina del Ebro, ...
Durruti estableció el puesto de mando cerca de Bujaraloz. Allí recibía a
periodistas y amigos, Faure y Simone Weill entre estos últimos, y preparaba los
planes de la guerra y de la revolución. Durruti, al igual que el ucraniano Mack
no, pensaba que la guerra y la revolución social eran dos cosas poco menos que
inseparables. Las colectividades agrícolas comenzaban a funcionar apenas la
columna realizaba una conquista. La colectivización aragonesa llegó a abarcar
más del 70 por 100 de la población de aquella región. El número de
colectividades era de 450 y la adhesión a este tipo de explotación comunal de la
tierra era totalmente voluntaria.
Fue así como, unidos los intereses de los campesinos, se formaba en una
asamblea, y por decisión de la mayoría el Consejo de Aragón, que vio la luz en
Bujaraloz y era el encargado de coordinar el proceso colectivizador. El Consejo,
promovido por Durruti, se llegó a formar a pesar de la oposición de algunos
compañeros del leonés, como Antonio Ortiz y Gregorio Jover, y de la tenaz
resistencia opuesta por los comunistas. Durante el desarrollo de la lucha en
Aragón, los grandes propietarios huían despavoridos ante el demoledor avance de
la «Columna Durruti», que aplastaba todo foco de resistencia que encontrara a su
paso. Respecto a las ruinas que ocasionaban los ataques de los milicianos
anarquistas, decía Durruti al corresponsal del «Montreal Star»: «Hemos vivido
siempre en míseros barrios, y si destruimos, también somos capaces de construir.
Fuimos nosotros quienes construimos en España, en América y en todas partes,
palacios y ciudades. Nosotros los trabajadores podemos construir ciudades
mejores todavía; no nos asustan las ruinas. Vamos a convertirnos en los
herederos de la tierra. La burguesía puede hacer saltar por los aires y arruinar
su mundo antes de abandonar el escenario .de la Historia. Pero nosotros llevamos
un mundo nuevo en nuestros corazones» (10).
Por otra parte, la escasez de armas era la principal obsesión de Durruti. Esta
escasez, según testimonio a Gerorge Orwell, era terrible. El mismo Orwell se
extrañaba de que no se produjeran deserciones en masa: «No había nada que les
stljetara en el frente, salvo la lealtad de clase (11).
Para tratar de solucionar este problema, Durruti se trasladó a Madrid, con el
fin de entrevistarse con Largo Caballero, que ocupaba la Presidencia y el
ministerio de la Guerra. Largo tampoco proporcionó armas a Durruti. Pidió a éste
que regresara al frente de Aragón y prometió enviarle dinero para la adquisición
de armamento. Durruti regresó a Aragón, pero el dinero no llegó nunca. El boicot
—incom-prensible desde cualquier punto de vista— propugnado por los estamentos
gubernamentales contra Durruti y los anarquistas, era manifiesto. Pierre
Besnard, secretario general de la AIT —Asociación Internacional de
Trabajadores—, realizó una visita a la España republicana en 1936. Su objetivo
era internacionalizar el conflicto, de modo que Inglaterra y Francia
intervinieran en favor de los republicanos. No se vio favorecido por el éxito.
En su informe sobre su visita decía: «...La revolución española está
retrocediendo, pero no tiene la culpa el pueblo, que lucha con entusiasmo
incomparable, sino sus dirigentes, que van a remolque de los acontecimientos,
demostrando que han perdido la iniciativa revolucionaria y que están dispuestos
a aceptar las situaciones más humillantes, como la que tuve que soportar yo
mismo frente a Largo Caballero (...) Si el anarquismo comete la estupidez de
colaborar con Largo Caballero, aunque sólo sea apoyándole, la Revolución estará
irremediablemente perdida. El único medio que existe para salir de este círculo
infernal es la prueba de la fuerza. Pero yo me pregunto si los dirigentes de la
CNT son los mismos hombres que se lanzaron a la calle el 19 de julio...
Exactamente treinta y nueve años antes que el general Franco, moría en la
madrugada del 20 de noviembre de 1936 Buenaventura Durruti. En la tarde del
domingo 22, una gran masa de trabajadores daba su último adiós a Durruti en
Barcelona. La imagen muestra un aspecto parcial de esta despedida
multitudinaria.
Diríase que solamente hay uno que escape a esta regla: Durruti, un
revolucionario nato y original, que en muchos aspectos recuerda a Néstor Mackno.
Al igual que el guerrillero ucraniano, Durruti tampoco se separa del pueblo,
contrariamente a lo que hacen otros dirigentes. Por lo demás, Durruti es
superior a Mackno en algunos puntos, sobre todo en lo que se refiere al dominio
que el español ejerce sobre sí mismo» (12).
El hecho claro es que Durruti se encontraba prácticamente solo. Incluso muchos
de sus camaradas más antiguos, como García Oliver, se habían dejado arrastrar
hacia la politización. Otros, como Abad de Santillán, se movían en una especie
de ambivalencia, que resultaba totalmente desconcertante. En octubre del 36,
Madrid se encontraba en peligro. Largo Caballero se dirigió a todas las
organizaciones para tratar de aunar esfuerzos. Se formó, como primera medida, un
nuevo Gobierno y cuatro representantes de la CNT entraron a formar parte de él:
Juan López, Juan Peiró, Federica Montseny y Juan García Oliver. Inmediatamente
después de formado el Gobierno, sus componentes se trasladaron a Valencia, y en
Madrid quedaba constituida una Junta de Defensa presidida por el general Miaja.
Se pidió la colaboración de los anarquistas para la defensa de Madrid. Horacio
M. Prieto, secretario general de la CNT, se dirigió rápidamente a Aragón. El
motivo del viaje no era otro sino entrevistarse con Durruti. Su colaboración en
la defensa de Madrid era considerada vital. «¡No hay nada que hablar! ¡Yo no
pienso moverme de Aragón!», —fue la respuesta de Durruti—. Prieto arguyó razones
de tipo disciplinario y de responsabilidad. Durruti le contestó: «¡Yo no conozco
otra disciplina que la Revolución. En cuanto a los demás, aprendeos esto de una
vez: ¡Yo me cago en vuestras responsabilidades de burócratas!» (13).
Poco después, eran Abad de Santillán y Federica Montseny quienes trataban de
convencer a Durruti. Por fin, ante la cantidad de presiones, Durru ti, con un
contingente de 1.800 milicianos, parte hacia Madrid. El sargento Manzana le
acompañaba como técnico militar, y como secretario iba Mora. Al mando de las
agrupaciones que formaban la columna, iban Bonilla, José Mira y Liberto Roig.
Miguel Yoldi, Ricardo Rionda y el propio Durruti formaban el Comité de Guerra.
El 15 de noviembre, los hombres de Durruti ya se encontraban en la Ciudad
Universitaria de Madrid haciendo frente a las tropas fascistas. El lugar de
destino de los anarquistas, el más comprometido y peligroso, hizo que las bajas
alcanzaran en muy poco tiempo un elevado número. El día 18, la «Columna Durruti»
solamente contaba con 700 hombres de los 1.800 que se habían desplazado a la
capital. El día 19, los milicianos de Durruti se prepararon para asaltar el
Hospital Clínico, defendido por tropas moras y Guardia Civil. Las indicaciones
dé: Durruti no fueron seguidas con exactitud y, como consecuencia, sólo se
pudieron tomar parte de las plantas del Clínico, quedando en la parte superior
tropas nacionales. Poco después, le llegan noticias a Durruti de que sus hombres
querían abandonar el Clínico. Durruti, acompañado por Julio Grave (chofer) y por
Bonilla y Miguel Yoldi —parece ser que también iba Manzana—, se dirigió hacia el
Hospital. Durante el trayecto, poco antes de llegar al punto de destino, Durruti
y sus acompañantes se encontraron con un pequeño grupo de milicianos, que daban
la sensación de ser descontentos que abandonaban su puesto de combate. Durruti
habló con ellos y les convenció para que volvieran a sus puestos. Una vez
diluido el confusionismo creado por esta situación, Durruti se acercó al coche.
En este momento sonó un fogonazo, y el anarquista leonés se desplomaba al suelo
con una bala incrustada en su pecho. En el Ritz, convertido en hospital, los
doctores Bastos, Monje, Fraile y Santamaría firmaban —en la madrugada del día 20
de noviembre de 1936— el diagnóstico final de Buenaventura Durruti: «Muerte
causada por una hemorragia pleural», El proyectil se encontraba alojado en la
región del corazón (14).
La desmoralización hizo presa entre los combatientes anarquistas. La muerte de
su compañero, acaecida en circunstancias extrañas, les afectó en gran manera. La
mayoría de los milicianos libertarios abandonaron Madrid y regresaron a Aragón.
Martínez Bande, historiador y militar, comenta acerca de
Durruti:...«Buenaventura Durruti había aparecido desde los momentos iniciales de
la guerra como el «líder» anarquista más interesante, el más arrojado en un
mundo de arrojados, y el que seguramente también comprendió primero qué es lo
que había pasado en España tras el 18 de julio. Esto es, el que mejor supo
adaptarse a las circunstancias de la guerra. El potenció a sus hombres, a
quienes muchos calibraron, seguramente, casi como pequeños dioses, a la sombra
de un dios máximo. Por esto cuando éste cae en combate, el Olimpo anarquista de
la Ciudad Universitaria se desploma» (15).
Exactamente treinta y nueve años antes que su gran enemigo, el general Franco,
moría en la madrugada del 20 de noviembre de 1936 la última gran esperanza del
anarquismo: Buenaventura Durruti(*) . En la tarde del domingo 22 de noviembre,
una gran masa de trabajadores (alrededor de medio millón) daba su último adiós a
Durruti en Barcelona. El cortejo fúnebre, que atravesó varias calles de la
ciudad (entre ellas, la Vía Layetana: Avenida de Buenaventura Durruti hasta el
final de la guerra) con destino al Cementerio Nuevo, fue un impresionante
espectáculo, en el que millares de hombres acudieron a rendir el postrer
homenaje a su compañero. Quizá haya sido ésta —al igual que ocurrió en Rusia en
el entierro de Kropotkin— la última gran manifestación libertaria de un país
donde el anarquismo tuvo una acogida y difusión como en ningún otro del mundo.
Este año, 1976, se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de uno de los más
grandes anarquistas que jamás hayan existido: el leonés Buenaventura Durruti. El
20 de noviembre Durruti contará con más de un recuerdo emocionado.
I. G. I.
* Sobre la muerte de Durruti, Antonio Bonilla, hoy día residente en Zaragoza,
mantiene una tesis nunca argumentada hasta ahora. En el número 80 del semanario
«Posible», el antiguo compañero de Durruti confiesa a Pedro Costa Muste: «No
cabe duda de que la bala que mató a Durruti salió del naranjero que portaba
Manzana. Pudo ser casual o intencionadamente. Hoy, a la vista de lo que ocurrió
después, opto por creer que fue intencionado el disparo». Lo que ocurrió
después, según Bonilla, es que Manzana desapareció sin dejar rastro. Manzana se
ha mantenido ilocalizable, desde entonces, en algún lugar de México, ignorándose
si aún vive.
Este año, 1976, se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de uno de los más
relevantes anarquistas que jamás hayan existido. El 20 de noviembre, sin duda,
Durruti contará con más de un recuerdo emocionado. En la foto, las tumbas —en el
cementerio barcelonés de Montjuich— de tres anarquistas que han marcado un hito
importante en la historia del movimiento libertario: Ferrer, Durrutí y Ascaso.
(1) Pío Baroja: "El Cabo de las Tormentas". Espasa-Calpe. Madrid.
(2) Waldo Bayer: «Severino Giovani, Editorial Galerna. Buenos Aires.
(3) «El Luchador», 8 de mayo de 1931.
(4) G. Gilabert: «Un héroe del pueblo: Durruti,,. Buenos Aires.
(5) Sobre los acontecimientos de Figols, ver: Eduardo de Guzmán, TIEMPO DE
HISTORIA, n.° 14: «Cuando Figols proclamó el comunismo libertario».
(6) «La Voz de Aragón», 25 de enero de 1934.
(7) «La Solidaridad», 3 de marzo de 1934.
(8) «Solidaridad Obrera», 6 de marzo de 1936. Citado por John Brademans:
Anarco-sindicalismo y Revolución en España, 1930-1937». Ariel. Barcelona.
(9) «Toronto Star», 18 de agosto de 1936.
(10) «Montreal Star», 30 de octubre de 1936. Citado por Hugh Thomas: «La
Guerra Civil Española». Ruedo Ibérico. París.
(11) George Orwell: «Homenaje a Cataluña». Ariel. Barcelona.
(12) julio C. Acerare: «Durruti». Bruguera. Barcelona.
(13) Idem.
(14) Idem.
(15) JoanLlarch: «La muerte de Durruti. Ediciones Aurea. Barcelona.
Estimados Amigos,
Siendo el hijo de una superviviente de la Guerra Civil Española, pero criado en
los Estados
Unidos, mi conocimiento de aquella historia se me fue comunicado en trocitos por
parientes, y siempre teñido de alguna perspectiva personal. Sabia que fue un
evento de
importancia global, pero no era capaz de separar los hechos reales de la
ficción.
Finalmente, en el 2004, me propuse descubrir la "verdad" de la Guerra Civil.
Imagina mi
sorpresa cuando lo que descubrí fue un movimiento internacional por
reconciliarse con la
misma historia. Remember Spain (Recuerda España), es una cronica multimedia de
mi
odisea, y de la gente, fenómenos, y eventos que voy descubriendo a medida que me
uno a
este processo que algunos llaman "la recuperación de la memoria historica."
Es mi gran placer formalizar el lanzamiento de Remember Spain con Episodio 1:
Los Re-
creadores (version en Castellano proximamente). Os invito a acompañarme en mi
viaje, y
animo vuestros
comentarios, preguntas, y contribuciones (en forma de fotos, videos, cuentos, y
ideas)
mientras visitamos las primeras lineas de una guerra inolvidada. Remember Spain
se
presentara mensualmente a traves del 2009 en una serie de episodios y
comentarios.
http://rememberspain.org/
Atentamente,
James Mercé Edwards
LOS APÓSTOLES DE LA IDEA O LA LLEGADA DEL ANARQUISMO A ESPAÑA
LA TIERRA PROMETIDA
En septiembre del año 1868 la revolución encabezada por los generales Serrano y Prim ponía fin a la monarquía de los Borbones. Se abría así uno de esos clásicos períodos de euforia que jalonan la historia española y que culminaría en 1873 con la sublevación cantonal durante la Primera y efímera República. Aquella revolución, pronto denominada La Gloriosa, supuso un importante acicate para la clase obrera, el proletariado, por utilizar un término que entonces comenzaba a estar en boga. Marx y Engels fijarían su atención en España a raíz de La Gloriosa y Bakunin enviaría un delegado a la Península para formar lo que sería el núcleo original de la Primera Internacional. Así llegó el anarquismo a España.
Francisco Cea García asiste como representante de la sección local de la AIT de Valladolid y de sociedades vallisoletanas ( tejedores, sastres, zapateros, sombrereros, tipógrafos ) con 448 socios al congreso obrero de Barcelona (1870).
Valladolid, 19-9-1894 / Caracas (Venezuela), 24-9-1964. Destacado militante en los campos de la enseñanza y del periodismo. En 1913 abrió escuela en su ciudad, cerrada algo más tarde ante la oposición clerical.
Centenario de Francisco Ferrer i Guardia: a todo el movimiento libertario y a tod@s
Frank Mintz
Octubre de 2009 va a ser otro intento de traicionar la Memoria Histórica con un Ferrer i Guardia encasillado como progre y masón insigne, catalán victima de Madrid, artífice de la enseñanza laica y un interminable etcétera. Queremos mantener la entereza de Ferrer i Guardia a través de un sitio web www.centenario-ferreriguardia.org y desde el enfoque del militante aniquilado por el Poder terrorista del capital. Llamamos a tod@s los compañer@s y organizaciones del movimiento libertario a alimentar el sitio, a preparar celebraciones y a recordar en las luchas a Francisco Ferrer i Guardia. El fusilamiento del enseñante Francisco Ferrer i Guardia es uno entre muchos ayer, hoy y … ¿mañana?
Nació en Valladolid el 19 de Junio de 1904. Ingresó en la cárcel de Santa Rita el día 1 de diciembre de 1939, el mismo día que su esposa lo hacía en la cárcel de Ventas.
Como consecuencia del incremento del trabajo clandestino del Comité Local cenetista, la policía dio un primer aviso en julio de 1960, al detener a Víctor Francisco, Dalmacio Bragado, Leopoldo García Ortega y otros dos militantes vigueses, acusándolos de organización y propaganda ilegal y de mantener relaciones con el exilio. Mientras Leopoldo García Ortega y los otros dos confederales, fueron liberados tras diez días de duro interrogatorio, Dalmacio Bragado y Víctor Francisco pasaron una temporada de dos meses en la cárcel.
MARÍA DE LA SALUD PAZ LOZANO HERNÁNDEZ (19-01-1940)
Pertenecía a la SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). Ingresó en la prisión de Ventas el 1-12-1939 con un bebé de cinco meses, Florentino Salcedo Lozano.
El 31 de enero moría Antonio Vargas Rivas a la edad de 91 años.
Sirva esta crónica como homenaje póstumo; recuerdo indeleble de este
infatigable anarquista de corazón generoso. Siempre tuvo palabras de
ánimo y aliento para con los que como él, compartimos ideario.
Testigo y protagonista de una época singular de la historia de
España, reivindicó constantemente el papel desempeñado antes y
durante la Guerra Civil por las organizaciones anarquistas, en
demasiadas ocasiones vilipendiadas por la historiografía oficial.
Militó en las tres ramas del movimiento libertario, las Juventudes
Libertarias, la FAI pero particularmente en la CNT la central
anarcosindicalista a la que perteneció desde 1934.
La diáspora de los vencidos lo llevó a Orán donde terminaría
siendo "huésped" del campo de concentración de Djelfa en el desierto
Argelino. En noviembre de 1942 sería liberado por el ejército inglés
en plena II Guerra Mundial donde terminaría alistándose para
continuar la lucha contra el fascismo.
Desde su regreso a su ciudad natal, después de un largo exilio en
Inglaterra su casa se convirtió en un ir y venir de compañeros,
historiadores e investigadores. Ya en 1977 Frank Mintz recogía su
testimonio en el libro "La Autogestión en la España Revolucionaria".
Los últimos años de su vida los dedicó a publicar sus memorias. En
octubre de 2008 publicó "Guerra, Revolución y Exilio de un
Anarcosindicalista". Datos para la historia de Adra. Ciudades como
Almería, Motril, Granada, Málaga y como no Adra acogió la
presentación de este libro organizado por los sindicatos de la de CNT.
Antonio Vargas nos dejó, nos dejó con la dignidad de los hombres que
nunca han capitulado.
Que la tierra le compense en levedad todo lo que la adversidad peso
sobre él.
http://www.lahaine.org/index.php?p=35898