Esto no es una pesadilla porque me siento optimista, ligero y bien en
general.
Nunca le había sacado la lengua tan rápidamente a nadie.
Y menos a un Coyote.
Yo no digo Bip… Bip…
Pues se ve que sí… Bip… Bip…
Con estas patas tan largas, estas plumas…
Pues no está mal.
Y tampoco debo parecer algo extraño porque la peña ni me mira.
Bip… Bip…
Extraño de verdad es que doy un par de pasos y me planto en la
frontera con Portugal; o sea, que todo va muy rápido.
Y me mareo, coño, así no hay quien disfrute del viaje.
Bip… Bip…
Me siento alegre, gozoso, todo es bonito y colorido. No hay maldad
alguna y por ello mi pico exhibe una eterna sonrisa.
Estoy atrapado por el instinto de la naturaleza. Y observo con la
cresta elegantemente recta a las tías buenas.
A las pájaras.
Bip… Bip…
Por allí viene una que te cagas de buena que está.
Modero la velocidad porque si me paso de largo, me colocaré delante
del alegre y sudoroso albañil que lleva un saco de yeso de 20 kg. en
el hombro.
Ya colocado frente a la pájara buenorra, erizo mis plumas y abro mis
rechonchas alas en una danza altamente erótica mostrándole mis huevos
gordos y pelones.
-Bip… Bip… -lo digo con orgullo (¿Quieres venir a mi nido para que te
monte y puedas tener huevos tan gordos como estos? Sic)
Gracias a que soy un gracioso, cachondo e inocente Correcaminos veloz
como el rayo, salgo disparado dando media vuelta cuando levanta el
pie con la intención de deshuevarme de una patada.
En la lejanía escucho su grito:
-¡GUArr…!
Me debe haber confundido con un perro.
Bip… Bip…
¡Oh…! Me ha crecido otra pata más.
Tengo que encontrar una pájara enseguida.
Y me lanzo en frenética carrera guiado por ese pequeño núcleo
magnético que dicen los biólogos que tenemos las aves en el pico,
para guiarnos en los largos viajes migratorios. Leo mucho.
Pero a mí me guían las tías buenas.
Bip… Bip…
En esta rauda carrera que deja tras de mí un rastro de plumas en el
aire, me siento hambriento. Parece que no voy a poder montar una
pájara.
Hay un grupo de mesas en la acera ocupadas por gente alegre y feliz
que va cogiendo comida de entre los numerosos platos que les llevan
los camareros. Y beben…
También tengo sed.
En menos de unas décimas de segundo me planto al lado de un gordo con
camiseta de tirantes y con una rapidez y precisión mecánicas picoteo
su plato de patatas bravas y me bebo la rica cerveza fresca.
Amo a la gente que comparte su comida.
-¡Será hijoputa!-grita el gordo.
Yo miro atrás para ver a quien se refiere.
De improviso me lanza gratis la jarra de cerveza vacía y antes de que
se rompa contra el suelo, ya estoy en la acera de enfrente.
Bip… Bip…
Los Correcaminos no vamos por ahí con una jarra de cerveza vacía
entre las alas.
Ahora a por la pájara.
Con la tercera pata dolorosamente dura llego a la playa guiado por mi
instinto.
Hay muchas pájaras y de muchos colores.
Una que está muy roja y se protege del sol cubriéndose los ojos con
la mano, me pide un helado.
O es graciosa, o el calor la está haciendo delirar.
Le sirvo un sonrosado y mojado sorbete de carne. Me coloco encima de
ella, la monto, la piso y grita:
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Así cabrón!
¿Por qué tienen que insultar a un Correcaminos amable las pájaras
cuando gozan? Le quitan romanticismo al acto.
Bip… Bip…
-¿Qué estás haciendo con mi novia?- me pregunta un calvo rasurado y
con gruesas cadenas que cuelgan de su poderoso tórax.
¿Es que nadie ve bien en la playa?
Y le respondo con un temblor y un gemido:
-Bip… Bip… - (me estoy corriendo ahora mismo ¿o es que no lo ves? Sic)
Y ahora, la mujer se protege de los rayos UVA la piel de la cara con
una crema blanquecina y densa.
-¡Uhmmm…! ¡Así… toda para mí!
El calvo hortera salta hacia mí, sólo se abraza a una pluma en el
aire.
Se debe haber molestado porque se ha quedado sin sorbete. Da igual,
yo no les doy sorbete a los pájaros.
Qué raro… mi tercera pata golpea contra las rodillas. Está flexible.
Pero me siento menos tenso.
Bip… Bip…
Estoy cansado y hace calor, así que aflojo la marcha para no pasar de
largo un banco que se encuentra bajo la sombra de un árbol. Es una
calle tranquila y solitaria. La gente debe estar comiendo en sus
nidos.
Los elegantes y rápidos Correcaminos necesitamos descansar.
Bip… Bip… Rorrrro… Rorrrrooo
Me despierto sobresaltado. Alguien se ha sentado a mi lado.
-¡Hey! Hola colega. Me voy a meter un chute aquí a la sombra ¿no te
molesta, verdad compañero?
Yo no soy su compañero de mierda. Es que me pone de malhumor que me
despierten.
-Bip… Bip…-respondo con desconfianza.
Este me recuerda a alguien, saca de su sucia cazadora vaquera una
jeringuilla gigante marca ACME y una papelina que dice: Heroína super-
explosiva marca ACME.
Ya decía yo…
Es el malvado Coyote.
Acerco el pico a su oído cuando está concentrado mordiendo el
cinturón, haciendo el torniquete en el brazo para dilatar la vena;
cojo aire ensanchando mi poderoso buche y le grito:
-Bip… Bip…
Las orejas y los bigotes del Coyote se erizan y se eleva como un
resorte del banco por el susto que le he dado. Sus escleróticas están
vidriosas y me mira con rabia.
Intenta agarrar mi grácil y largo cuello con sus garras y la super-
jeringilla marca ACME clavada en un ojo.
Pero el Coyote es lento y tonto, nunca me alcanza y siempre acaba
chafado, roto o quemado.
Y así sonriendo feliz, recorro la ciudad velozmente en busca de mi
nido. Total, ya me ha roto el sueño…
Ya comienza a anochecer y la gente se mete en sus nidos.
En el portal de una casa muy discreta en una calle mal iluminada, un
hombre desnuda a su hija con prisa; la pobre se debe haber ensuciado
la ropa porque llora mucho.
Me acerco hasta ellos guiado por mi innata curiosidad inocente y les
saludo:
-Bip… Bip…
-¿Y a ti que te pasa?-el hombre lleva una navaja en la mano, se ve
que se ha estropeado la cremallera del pantalón de su hija y estaba
cortando la tela. Ahora me amenaza con ella, debo inspirarle miedo en
la noche; no entiendo nada.
Y como soy un poco cobarde y pusilánime, digo Bip… Bip… y tomo
impulso para alejarme de allí muy rápido. Incluso avergonzado.
El suelo del portal es muy liso, resbaladizo. Y no consigo
adherencia, se me escapa una pata hacia atrás.
Y claro, mis patas son muy duras y poderosas.
Se clava en el vientre del hombre y tengo que pegar un fuerte tirón
para poder sacar la pezuña de su interior.
Ahora sí que la he hecho buena…
La niña, aún hipando, mira a su padre inmóvil con las tripas fuera
tendido en el suelo.
-¡Gracias!-me dice en un suspiro.
Tampoco entiendo nada, así que me largo de allí en busca de mi nido y
restregando fuerte la pata por el suelo para sacarme de encima el
pringue de sangre.
-¡Bip… Bip…!-le digo adiós a la niña ya desde lejos.
Llego a mi nido y…
No me acordaba que tenía una pájara; mi tercera pata se pone tensa
otra vez, hay que ver… este instinto me lleva por el camino de la
amargura.
Me subo encima de ella.
-¿Otra vez, David?-dice con la voz pastosa de sueño.
Y sin que pueda evitarlo porque ella es una Correcaminos muy rápida,
se escurre por entre mis patas y me coge la pata dura con el pico.
-Bip… Bip…-dice saboreándola.
David se ha despertado por la felación que le está haciendo Mari.
-Me has despertado con ese bip… bip… tan mono y además estabas tan
puesto…
¡Qué soñarías!
-¿Bip… Bip…?-repitió intrigado David entrecerrando los ojos de placer.
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