Hoy se ha sorteado la lotería y desgraciadamente para mí, no he
podido evadirme de las noticias o comentarios del sonido feo e idiota
que emiten los televisores y radios. Las mismas voces, el mismo
soniquete repetitivo y estupidizante.
Por enésima vez me he sentido incómodo, infectado de nuevo. No he
sentido ningún tipo de alegría por los afortunados, no me interesa si
brindan o llevados por la emoción del momento padres e hijos
mantienen relaciones sexuales compulsivas y cremosas.
Me irrita tanto la alegría de esos, que me hacen sentir afortunado de
no haber tenido suerte con el dinero. No me gustaría sentir esta
despectiva irritación hacia mí mismo.
Hay quien llamará a mi estado de disgusto e incomodidad misantropía,
o simplemente pensarán que soy un hijo puta.
Como no soy muy docto, me paso la misantropía por los huevos, no sé
qué coño es eso.
No soy un misántropo, de lo contrario viviría para pegarle fuego al
mundo. Simplemente me molesta esa alegría de los cerebros
superficiales y pienso que toda esa suerte de la que disfrutan los
afortunados, es como tirar margaritas a los cerdos.
En definitiva, que me suda la polla lo felices que son, que puedan
ser y que serán. Su felicidad y su vulgaridad tatuada en sus genes.
No, no soy empático y cada año me molesta más y más saber de la
felicidad de esa caterva de afortunadillos que les trae la suerte en
forma de pasta.
Es injusto para mí, no puedo escapar de esta trampa que se repite
cada año. Mis oídos se infectan sin posibilidad de escape.
Me hago y viejo y mi paciencia es cada vez más escasa. Mi humor
también.
Buen sexo.
Iconoclasta