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El hombres sierpe

Ni por un momento se me hubiera ocurrido soñar con transformarme en
un ser celestial, en una mitología poderosa y justiciera.

Mi natural humildad me hace sentir bien con mi maldición.

Vampiros, licántropos, cíclopes, centauros, ogros, machos cabríos,
cadáveres andantes... ¿Quién quiere ser eso?

Mi maldición es más placentera, es obscena. Ellos, los otros, sólo
matan o dan miedo, incluso dan la vida eterna.

Aburrido, mediocre.

Lo mío es más difícil, es más artístico. Yo soy el placer más
profundo. No busco víctimas, sólo doblegar voluntades por medio del
placer. Tampoco me importa que cuando hayan disfrutado de mi placer,
se deban suicidar porque jamás volverán a sentir lo mismo. Es
terrible reconocer el placer total y desinhibido, y que se te escape
por entre los dedos. Esperar cada día con el sexo húmedo volver a
experimentar el placer divino y desesperar porque no vuelve es lo
peor que le puede ocurrir a nadie. A mí me pasa.

Y tú llorarás cada día porque me arrastre de nuevo por tu piel y
estrangule tus pechos. Porque me meta entre tus piernas hasta
conseguir que te convulsiones con una lascivia que ni los dioses
pueden provocar.

Satanás se transformó en serpiente para tentar a Eva. Yo soy más: soy
tentación y pecado. Premio y castigo.

Lo bueno si breve, es una cabronada. La vida está plagada de
demasiados malos momentos como para sentirse satisfecho por unos
minutos de nirvana en toda la vida.

Soy una obscenidad reptante y provocar el tránsito del miedo y la
repulsión al goce más profundo y obsesivo es mi único fin. Me
alimento de vuestros coños, de vuestros humores sexuales, de vuestro
corazón desbocado. De la dureza de vuestros pezones erectos.

Os amo hasta tal punto, deseo poseeros y dejar tal huella en vuestro
cuerpo y vuestra alma, que la vida sin mí carece de sentido para
vosotras.

Que mi ausencia os mate.

---------------------------------------------------------------

Hace calor, el hombre se ha desnudado y se deja bañar por la intensa
luz del sol de mediodía. Las paredes calientes del cuarto radian el
calor a su piel y ésta reacciona escamándose.

El dolor intenso de cada día, como el pan de los cristianos, se
apodera de todos sus puntos neurálgicos, un rollo de tela en la boca
evita los gritos y los insultos al planeta por tamaño sufrimiento.

Su cabeza se oprime y se aplasta, cada escama que aparece rasgando la
piel es una puñalada de dentro a fuera. No mana la sangre que lo
pudiera liberar de la presión del dolor.

Las costillas se curvan y perforan los pulmones, nada es perfecto y
de su boca mana un poco de sangre regurgitada, porque es necesario
respirar a pesar de los reventados pulmones. Sus brazos se funden con
el torso y las piernas entre si mismas. Alguien diría que se trata de
una sirena.

Sin embargo el cuerpo sigue doliendo, y estirándose y fundiéndose los
dedos y las piernas para convertirse en algo ondulante. Los órganos
parecen pudrirse y es como morir. La lengua se ha transformado, se ha
partido y ahora es un nervioso y fino látigo negro. Los ojos son dos
bolas negras que son invadidas por un verde esmeralda obscenamente
bello, vivo y brillante.

Cesa el dolor. El planeta ha cambiado, los colores más que reflejar,
arden y algunos sólo están ahí, muertos. La materia fría y muerta
relaja su visión, no le interesa. Sisea en el aire agitando su bífida
lengua y dos metros y medio de carne recubierta de escamas amarillas
y negras se mueven con celeridad para subir hasta el alféizar de la
ventana, saltar a las ramas del árbol del patio del piso inferior y
bajar por el tronco para desaparecer entre la hierba y las rendijas
de las paredes.

Se arrastra por la oscuridad y la inmundicia que lanzan los vulgares
por tuberías al subsuelo convirtiéndolo en algo ignominioso. El
territorio del hombre serpiente es la basura de los superficiales, se
arrastra por sus miserias en busca de mujeres a las que dar el goce
que los hombres jamás podrían proporcionarles.

------------------------------------------------------------

De todos los animales de la tierra, sólo yo puedo hacerlo, sólo yo
puedo cumplir las expectativas de ellas.

Linda llega por fin a casa. El sol del mediodía la ha seguido durante
el camino a casa como una mala compañía. Su marido no llegará hasta
bien entrada la tarde. Da gracias por tener un horario intensivo que
le de un razonable tiempo para relajarse y descansar.

Se desnuda en la habitación quedando en ropa interior, lencería de
algodón que muestra manchas de sudor y deja asomar algún rizo de
vello púbico. Se deja caer en la cama y recupera el aliento durante
un largo minuto.

Se desnuda completamente ya más relajada y se dirige al baño para
ducharse.

Calienta una ración de carne estofada en el microondas y con prisa se
hace una ensalada. Coloca los dos platos en una bandeja y se sienta
en el sillón con ella en las rodillas. El televisor emite noticias a
las que no hace demasiado caso. Sus pechos asoman por entre la camisa
blanca abierta y unas braguitas de licra negra dejan entrever un
tupido vello en el monte de Venus. Come casi con desgana, el aire
acondicionado aún no ha alcanzado la temperatura de confort y bebe
con avidez el vaso de agua.

Inevitablemente, y como cada día, tras dejar la bandeja de la comida
en la mesita del comedor, se estira en el sofá y el aire que ya llega
fresco, relaja sus músculos y su ánimo. El sopor se apodera de ella y
también una dulce excitación que es el resultado de haber acabado la
jornada diaria en la oficina. Se acaricia el monte de Venus mientras
sus ojos se cierran.

--------------------------------------------------------------

Una serpiente del grosor de un brazo y larga como un utilitario
emerge a través de la boca de granito de un desagüe de la calzada. Se
ha deslizado entre una rendija inferior del vallado de una de las
casas adosadas de un barrio periférico y el mediodía le da un aire
desértico al complejo residencial. Sus escamas negras y amarillas
parecen fundirse por el efecto estroboscópico que produce su
ondulante movimiento. Se dirige al canalón de desagüe del tejado, se
anilla al tubo y trepa oliendo el aire y agitando la lengua. Sus ojos
verdes están fijos en el balcón de la casa.

Me arrastro silenciosa por el suelo, lo más alejada posible de ese
sol eterno e incombustible que no da un respiro a mis escamas.

Aún con medio cuerpo sujeto al tubo de desagüe, su cabeza parece
flotar en el aire hasta hacer contacto con la baranda del balcón. Se
arrastra con elegancia hasta llegar al suelo y repta hacia la puerta
de cristal del salón; la cortina deja un resquicio que le deja ver el
interior. El inconfundible aroma de una mujer excita al animal y su
cabeza


se eleva sobre los anillos de su cuerpo para observar con unos ojos
curiosos y ávidos el interior de la casa. Su lengua golpea el vidrio
de la puerta corredera.

La mujer resalta como lo único vivo en el salón, su cuerpo aparece
rodeado de una aura naranja que vira al rojo en la zona de los
pulmones; los brazos y las piernas, emiten un aura menos intensa.
Entre sus piernas, hay un rojo brillante.

La serpiente golpea con la nariz el cristal de la puerta.

Necesita dar cuatro golpes más para que la mujer se despierte de su
sopor y con los ojos aún adormilados, intente vislumbrar el origen
del golpeteo.

--------------------------------------------------------

Linda se ha despertado, ha creído oír unos golpes en el vidrio de la
puerta corredera del balcón. El noticiero ha acabado, son casi las
cuatro y media de la tarde. Ha dormido casi tres cuartos de hora y
tiene la impresión de que han sido escasos minutos.

Estira los brazos para desperezarse y sus pechos parecen saltar fuera
de la camisa abierta. Lleva la cabeza hacia atrás para estirar la
espalda y la braguita desciende hasta mostrar el inicio del vello
púbico.

Se acerca hasta la puerta y la abre, una oleada de calor la incomoda.

No se ha fijado en las manchas húmedas del vidrio de la puerta.

Se asoma a la baranda del balcón con los ojos deslumbrados, sin
reparar en una enorme serpiente arrollada bajo una de las sillas de
plástico. No hay nadie en la calle, es demasiado pronto; la mayor
parte de los vecinos empiezan a llegar a partir de las cinco y media
de la tarde. Los críos son el aviso de que hay vida en el planeta,
apenas han pasado las cinco, se pueden oír sus gritos al salir del
colegio.

Tampoco ha podido ver la cola de la serpiente deslizarse
silenciosamente dentro del salón hasta esconderse bajo una de las
butacas, que se encuentran flanqueando el sofá, enfrentadas entre si.

Cuando entra de nuevo en el salón, se dirige a la habitación para
buscar en el bolso el tabaco y el encendedor.

Se fumará un cigarro, lavará los platos y aspirará el suelo de la
casa.

Coloca la mesita con el cenicero cerca del sofá y se vuelve a estirar
con las piernas abiertas, una de ellas, en el suelo; como había
dormido.

Está caliente, necesita sexo y tal vez no espere a que llegue la
noche, cuando llegue Loren en un par de horas, lo va a recibir
acariciándole los testículos y lo va a llevar a ese mismo sofá para
que la folle.

--------------------------------------------------------------

Soy una serpiente que repta ávida por las piernas de las mujeres.

La serpiente asoma furtivamente la cabeza bajo la butaca y lo primero
que enfoca su visión es el pie de la mujer. El olor del tabaco le da
una inopinada sensación de familiaridad.

Usa la lengua para acariciar la piel del tobillo, y en el mismo
instante se lanza con velocidad, como un resorte, para enredarse a lo
largo de la pantorrilla.

La mujer lanza un fuerte alarido; grita y patalea.

Saltan brasas del cigarro sobre sus pechos desnudos cuando se le
escapa de entre los dedos. Sacude la pierna intentando sacarse de
encima la repugnante serpiente; pero sólo consigue caer al suelo. Con
cada movimiento por liberarse, el anillo que hace presa en su pierna
aumenta la presión y siente la inconfundible sensación de la sangre
retenida y colapsada en la carne. Los ojos verdes de la serpiente la
observan con fijeza y su lengua inquieta y nerviosa, parece
amenazarla.

—Cálmate Lin, que el animal no sienta tu miedo —se dice a si misma.

Con dificultad consigue gobernar su cuerpo y quedar quieta.

La serpiente no se ha movido, pero siente que ha relajado la presión
de su presa. Ya no sisea amenazadora. Los ojos siguen fijos en los
suyos.

En algún sitio oyó que mirar directamente a los ojos de un animal,
constituye un desafío.

Ahora el animal avanza, su cuerpo viscoso y frío se desliza
lentamente hacia el muslo. Siente sus asquerosos músculos ejercer
tracción en su carne. El anillo ha superado la tibia y se detiene en
la rodilla; el hocico de la serpiente se encuentra tan cerca del
vientre que cree sentir su aliento en la piel.

Le duelen los brazos y la espalda en su lucha por mantenerse erguida
en el suelo. El peso en su pierna empieza a debilitar su resistencia
y se deja caer de espalda para descansar los brazos y los músculos
lumbares.

Y para recuperar algo razón.

Alarga la mano hasta la mesita y palpa el sobre de vidrio hasta asir
el teléfono. Cuando empieza a marcar el número de la policía, el
anillo que apresa su pierna se cierra hasta hacerla gritar, si sigue
estrangulando su muslo teme que le arranque la pierna.

Hace un nuevo intento por marcar los números, y la serpiente le lanza
un ataque con la boca abierta, hace presa en su codo clavando los
fabulosos colmillos y arroja el móvil lejos de si ante ese trallazo
de dolor.

El animal ha vuelto a suavizar la presa y ahora arrastra la cabeza
por su muslo, siente en la ingle la lengua gélida palpar la delicada
piel. Parte del peso del animal ha pasado a la pierna izquierda y
siente cosquilleo en los dedos del pie. La sangre parece llegar ahora
normalmente.

Piensa que el animal debe estar aturdido, que se ha escapado del
terrario de algún vecino. Parece no querer atacar más.

Con sumo cuidado y venciendo la repulsión que le produce, alarga la
mano hasta la cabeza de la serpiente y ésta no hace ningún movimiento
por evitar el contacto.

Cuando sus dedos se posan en la dura piel de la cabeza, los verdes
ojos parecen desaparecer durante unos segundos tras unos párpados que
han corrido verticales, en un extraño y absurdo guiño.

La actitud de la serpiente la tranquiliza.

Me deslizo entre hombres y mujeres muy alejada de sus alientos.
Ellas, en ocasiones, no llevan nada bajo la falda y me excito tanto
que mis escamas supuran un liquido viscoso tornándolas resbaladizas.

La serpiente parece dormirse y deja caer la cabeza sobre su muslo, el
hocico está muy cercano a su sexo y el terror a que le pueda morder
ahí la inmoviliza.

Ahora no hay presión alguna, en su pierna. El animal parece confiar
en ella.

La lengua está rozando su braguita, y se mueve a lo largo de los
labios vaginales. Hay un momento en el que la serpiente ejerce
presión con el morro en la tela de la braguita y Linda se olvida de
respirar.

Vuelve a acariciar su cabeza y la serpiente queda quieta, dejándose
tocar y dejando la lengua lacia. El contacto del hocico contra su
sexo es total y Linda intenta estirar la pierna para separar la
cabeza del animal.

Soy repulsiva y adoro ser rechazada para después observar con mis
ojos inhumanos sus piernas abrirse para ofrecerme sus sexos
indefensos.

Ahora el animal se insinúa en su vientre parece oler su miedo, su
cabeza erguida se balancea de un lado a otro chascando el aire
suavemente con la lengua.

Vuelve a retroceder y al arrastrar su cuerpo hacia atrás, el elástico
de la braguita se enreda sobre la tela y la mitad de su sexo queda
desnudo.

Sentir en su sexo la piel de la serpiente es dar vida a una
pesadilla; sin embargo, como si a su sexo no le importara, se
humedece. Una corriente eléctrica apenas perceptible corre por su
piel para descargarse en sus menudos pezones hasta endurecerlos.

La serpiente ha metido el hocico entre los labios mayores de su sexo,
Linda intenta cerrar las piernas, pero el animal tensa sus músculos y
separa aún más la pierna aprisionada. Siente una punzada de dolor en
el fémur y relaja ambas piernas.

Cierra los ojos y llevándose las manos a la cara rompe a llorar.

El miedo ha ocupado ya su mente y apenas es consciente de que la
serpiente está lamiendo su sexo, hasta que siente como el corazón se
acelera y su sexo produce fluido.

Se le escapa un gemido de miedo, aunque le de vergüenza y asco
reconocer que hay placer también.

Soy tan repugnante como indecente y carnal.

Parece haber pasado una eternidad de tiempo desde que la serpiente la
ha atacado, y apenas han transcurrido más de cinco minutos.

Piensa que el animal no la herirá de nuevo, y no le queda más que
esperar que Loren llegue a casa y avise a la policía.


Lentamente acerca la mano hasta la mesita, tantea con los dedos hasta
dar con el paquete de tabaco y el encendedor. La serpiente levanta su
cabeza y observa el movimiento de sus manos. Cuando exhala su primera
bocanada de humo, la serpiente vuelve a meter la cabeza entre sus
muslos, y con total serenidad, siente como la cabeza hociquea en su
vulva para presionar el protegido clítoris con precisión.

Cierra los ojos dejando que el placer llegue a su mente y retira
cuanto puede las bragas hasta dejar su sexo completamente desnudo.

El anillo que apresa su muslo se deshace, y la cola del animal se
mueve arrastrándose bajo la pierna para liberarse. Aparece la cabeza
en su campo de visión, para acercarse a su pecho izquierdo. Siente
algo agudo golpear su vagina, la cola presiona entre sus piernas,
mientras Linda sujeta el pecho con ambas manos para que la lengua de
la serpiente azote el pezón hambriento.

No puede ver lo que está ocurriendo entre sus piernas, pero siente
que su vagina se llena y vacía rítmicamente.

Soy serpiente para enredarme y reptar por vuestras piernas para
llegar al centro mismo del placer y lanzar mi lengua bífida e
inquieta a vuestro sexo; lamerlo y morderlo suave y venenosamente
para excitaros.

La serpiente se retira, su cabeza vuelve a bajar hacia el vientre,
hacia su entrepierna, a su coño a cada momento más inflamado. Nota en
lo más profundo de la vagina, la lengua del animal agitarse. Eleva
las rodillas flexionadas para que la penetración sea más intensa,
para que entre más en ella ese cuerpo grueso que la llena y la hace
lubricar como a una puta.

Piensa que tiene que ser una gran puta para hacérselo con una
serpiente.

Ahora la cola se eleva por encima de su vientre y golpea los pezones
alternativamente, hay un leve dolor que se convierte en una
mortificación excitante. Sus pezones se han puesto tan duros que
desearía que alguien mamara de ellos hasta reblandecerlos.

Se los pellizca brutalmente, y de su boca se escapa un gemido
jadeante y algún grito sostenido cuando le sobreviene un orgasmo que
la obliga a arquear la espalda.

La cola de la serpiente ha dejado sus pechos y ahora la siente
presionando en el ano. Relaja el esfínter y la cola empieza a
penetrar en él con suaves ondulaciones que la llevan al paroxismo del
placer.

Y penetraros, entrar en vosotras y sentir en mis escamas las
convulsiones de vuestro placer.

Ahora sujeta el grueso cuerpo de la serpiente entre sus piernas,
forzando que entre más en ella y lucha por separar las nalgas cuanto
puede para que la cola que le está destrozando el esfínter pueda
entrar y salir con más facilidad.

Y grita, grita y su vientre se contrae, su frente empapada de sudor
se ha arrugado ante el orgasmo que colapsa su sistema nervioso de tal
forma que nunca hubiera podido imaginar.

De los labios interiores de su vagina, se derrama un líquido caliente
y espeso que se desliza hasta llegar al ano. Sus manos aún permanecen
crispadas en el cuerpo del animal, que ahora está sacando la cabeza.

Eleva su cabeza y observa atentamente a la mujer que ahora cierra los
ojos y se deja llevar por los pequeños espasmos residuales del
orgasmo.

La serpiente se separa de ella y se dirige hacia la puerta del
balcón, se yergue para picar en el cristal con el hocico.

Linda intenta levantarse pero se tambalea y cuando por fin lo
consigue, se da cuenta de que sus bragas se encuentran por debajo de
las rodillas, se las sube y se dirige a la puerta del balcón. Cuando
la abre, el animal sale al exterior, alcanza la barandilla y se
enrosca en el tubo de desagüe del tejado. Cuando toca tierra,
desaparece entre los setos.

Linda llora, sus bragas están empapadas de humor sexual y los pezones
amoratados. Se acaricia el pubis observando el lugar por el que la
serpiente ha desparecido.

------------------------------------------------------------

El animal surge de nuevo por la boca del sumidero labrado en el
bordillo y llega a su cuarto trepando por el mismo árbol.

Se anilla en la penumbra de un rincón de la habitación, esperando el
crepúsculo que debilitará los rayos del sol.

La luz se torna anaranjada y el movimiento cósmico se acelera para
dar paso a una creciente oscuridad. El animal abre sus increíbles
ojos verdes opacos y su cuerpo se estira. Hay miedo en su mirada
animal, la misma cantidad de miedo que de dolor cuando es hombre y se
transforma.

El cerebro va tomando conciencia de su parte humana y las
extremidades adquieren relieve bajo la piel y se desgajan del tronco
central, los colmillos caen al suelo y dan paso a la dentición
humana. La liberación total, llega cuando el pecho se ensancha y los
pulmones consiguen inflarse de aire.

Durante unos segundos el hombre sierpe, se mantiene estirado boca
arriba con los brazos en cruz y la planta de los pies en el suelo,
absorb¡endo frío de las baldosas.

Cuando se pone en pie, una arcada lo dobla y vomita dos esqueletos de
rata y una bola de pelo.

La visión de ese vómito le lleva a otro hasta debilitarse de nuevo y
caer de rodillas en el suelo, expulsando baba de su boca jadeante.

Son las ocho y media de la noche, apenas le queda una hora de tiempo
para reponerse antes de salir de casa para una nueva jornada. Es
especialista en una empresa de fundición de plástico.

No hay recuerdos, sólo sensaciones de su vida como animal, está
enamorada la bestia y no sabe de quién. Por enésima vez, otra caza de
amor, la pasión animal y primitiva.

El amor y la destrucción.

Venas que se abren, cuerpos que caen desde alturas letales, un veneno
en la garganta, pastillas que tornan azules los labios. Otra muerte,
otro suicidio.

Y así siempre, así toda la vida. Desde que se hizo sexualmente
adulto, su cuerpo se transforma cuando el sol cae más vertical. Los
veranos son para el amor y la pasión.

Durante todos los mediodías de verano, se arrastra por el mundo
escondido entre mierda y ratas que a veces come. Y llega hasta ellas,
preciosas y cálidas mujeres, guiado por un efluvio que sólo su
cerebro de reptil es capaz de identificar; un efluvio que enamora a
la bestia y hace desplegar una sensualidad tan animal como primitiva.

El verano se acaba, y su último amor en este año.

Y jamás conocerá a la mujer que enamoró a la bestia, las mujeres que
enamoran a la serpiente y a su vez son tomadas por ella, no viven,
sólo sufren un tiempo hasta que dan fin a sus vidas.


Enciende el ordenador y escribe la contraseña de acceso.

Abre una carpeta de imágenes titulada Constrictor y la galería de
imágenes que contiene. Sesenta y cuatro noticias escaneadas de los
periódicos van pasando lentamente y él intenta evocar cada mujer;
pero sólo le llega un aroma identificativo de cada una que no aporta
más que angustia y desazón ante la falta de recuerdos y sensaciones.
No las quiso, no las amó, no las buscó. La bestia es algo que habita
en él, que lo usa como cueva, como agujero oscuro y húmedo y a la vez
cálido. Nunca han cruzado pensamientos la bestia y el hombre.

Cadáveres rígidos, restos en las vías de un tren, una mano
ensangrentada, cada noticia tiene su color. Su particular
presentación.

Y le gusta, su propio misterio y lo que esconde entre sus genes lo
hace único. Y vale la pena ser único aunque repugne.

¿Quince años tenía cuando horrorizado sintió su cuerpo desgarrarse
hasta convertirse en una serpiente? Hace veinticinco años que vive
solo, aislado. Ha cambiado de domicilio más de doce veces.

Cuando un ojo humano captaba la monstruosidad reptante de color
amarillo y negro deslizarse por la ventana de su casa, se creaba
alarma en el barrio. La policía se presentaba en su casa y quería
saber si tenía una serpiente y ésta no estaba debidamente encerrada
en un terrario, porque "hay niños en el barrio", "¿Podemos dar un
vistazo al patio?".

Era el momento de mudarse. La presión era grande, quien veía a la
serpiente, la buscaba de nuevo. Y se hacía difícil moverse con
discreción.

La bestia se mueve a plena luz del día y es difícil ser discreto.

Jamás sentirá nada por esas mujeres que se suicidaron, y ninguna
mujer sentirá nada por él siendo hombre.

No le importa en absoluto, sólo padece breves episodios de
melancolía, un rastro de humanidad que cada día está más olvidada.

Se acaba el calor, el verano se va y deberá pasar meses enteros
sumido en la mediocridad, como un hombre más.

Cuando se transforma en serpiente, es Dios. Jamás ha querido otra
cosa; si pudiera, no se transformaría en hombre jamás.

Retorcerme dentro de vuestros coños y embestiros desde dentro,
anillando mi cuerpo en vuestras piernas para que no podáis cerraros
ni defenderos del placer impío.

------------------------------------------------------

Linda se ha vendado el codo, los colmillos de la serpiente han
levantado la piel pero sangra poco. La braguita está empapada y no
puede evitar pasar las manos por ella evocando sus propios gemidos,
recordando la oleada de placer que la ha hecho olvidar que es humana.
Tiene pequeñas ampollas que no duelen en el pecho por las quemaduras
de las brasas del cigarro. Se aplica crema durante más tiempo del
necesario. Y los pezones responden contrayéndose. E imagina la boca
de la serpiente clavada en ellos, mamando, succionando...

Le explica a Loren que se ha golpeado el codo contra el cajón abierto
de un archivador esa misma tarde, momentos antes de la hora de salir.

No se acuerda de que hace apenas dos horas, quería sexo con su
marido. De hecho, ya no volverá a desearlo jamás.

Pasa la noche en vela, sin moverse de posición en la cama. Los ojos
verdes de la serpiente danzan en la oscuridad y siente aún las
vibraciones de los músculos del animal en su piel. En su coño.... en
sus tetas. Los ojos de la bestia brillan de amor por ella como ningún
ojo de ningún ser ha brillado jamás.

Se masturba silenciosa al lado de su marido. El primer rayo de sol
entra por la ventana al tiempo que su boca se abre silenciosa para
exhalar el último placer de la noche con la mano entre los muslos
conteniendo su sexo como si fuera a estallar.

Ha tenido que esforzarse mucho en la oficina para hacer su trabajo y
no pensar en ser tomada por el monstruo. El placer vence a la
repulsión y el amor hace bellas las cosas más horrendas.

No soy tentación, no busco vuestra expulsión de paraíso alguno, sólo
quiero vuestro placer que es el mío. Y mi alimento, mi razón de ser.

Camina deprisa el trayecto desde la estación de tren hasta su casa.
El sudor corre por su espalda y se desliza entre sus pechos. La
camiseta azul pálido muestra grandes manchas de sudor en las axilas,
no lleva bragas bajo la falda, se las ha quitado en la oficina porque
se le han empapado de su propio humor sexual.

Su melena corta y rubia se agita con cada paso rápido que da y sus
pechos se mueven libres. El sujetador también la molestaba.

Cuando llega a casa abre la puerta del salón que da al balcón para
que entre la bestia. Se angustia al salir al balcón y no ver sus ojos
opacos ojos verdes.

—No pienses más, te estás obsesionando. Fue terrorífico —intenta
convencerse vertiendo en una cazuela un salteado congelado.

Un siseo en sus tobillos y un aliento frío eriza su piel con un
escalofrío. Los ojos de la serpiente la miran fijamente desde el
suelo y su cabeza sube por sus piernas delgadas de carnosos muslos.

El animal supera su vientre y se interna por dentro de la camiseta,
siente su cuerpo resbaladizo entre los senos y su cabeza aparece por
el escote. Se eleva hasta que sus ojos se encuentran frente a frente.
La lengua bífida palpa sus labios con brutalidad, entrando entre
ellos. Su sexo está cubierto y presionado por el cuerpo de la bestia.
La respiración de la serpiente hace vibrar su clítoris y unas gotas
de humedad se desprenden de la vulva para rodar por los muslos.

Linda ha abierto las piernas apoyándose en la encimera de la cocina y
la serpiente bajo su falda, lanza la lengua rápida por toda su vulva.
Se muerde los labios cuando la serpiente se abre paso en su vagina de
forma brutal y siente que va a estallar "mi puto coño". La mitad del
cuerpo de la serpiente se ha arrollado en su pierna y sólo puede
abrir más la otra para poder mantener el equilibrio.

Vosotras no sois repugnantes, sólo carnales.

La serpiente sale de la vagina, abre la boca y clava lentamente los
colmillos en el pubis; la lengua castiga el clítoris durante unos
minutos hasta crear un orgasmo bajo la falda que se propaga a través
del vientre para estallar directamente en el cerebro de Linda.

Y mientras jadea e intenta regular su respiración, la serpiente repta
ahora por su espalda, y sisea en su oído provocando en la mujer una
sonrisa tierna.

Cuando Linda consigue mantenerse en pie sin apoyarse en la encimera,
la serpiente ya ha desaparecido.

Se estira en el sofá sin haber comido y duerme absolutamente relajada
a pesar de un calor pegajoso que provoca un sensual mador brillante
en su piel.

Las venas de sus brazos resaltan con un brillante fulgor amarillo que
se apaga paulatinamente hasta desaparecer al mismo tiempo que la
respiración se normaliza.

Me erijo en Dios ante vosotras y me adoráis con los muslos abiertos y
los pezones duros.

Linda se ha depilado el pubis y la vulva, cuando camina se excita con
el roce íntimo de la braguita entre los labios y siente que se hace
agua.

Hace ya ocho días que la serpiente la visita, que la usa. Ocho días
en los que sólo piensa en ella, en sus escamas arrastrándose por la
pared de su coño y en esos ojos que durante la oscuridad de la noche
y el sueño, parecen flotar muy cerca de ella. Ocho días en los que
tiene que dejar su puesto en la oficina para masturbarse en los
lavabos dos o tres veces al día.

Cuando llega a casa se desnuda y corre la puerta del balcón. Escucha
el suave roce del animal al deslizarse tras ella. Se arrodilla en el
suelo y apoya también las manos. La serpiente avanza entre sus
piernas separadas y hacia su rostro, arrastrándose por sus pechos
plenos que penden pesados. La lengua recorre sus labios para jugar
con ellos. La cola presiona en la vagina sin entrar y ciegamente
tantea sus nalgas en busca del ano. Entra con tanta fuerza que le
fallan los brazos y su rostro queda pegado al suelo. La cabeza de la
serpiente repta por su espalda. Se siente acariciada y empalada. El
ano está tan dilatado con la penetración, que le tensa la vulva.
Alarga una mano hasta su sexo y acierta a encontrar el clítoris
menudo y duro entre los pliegues de la piel. Cuando lo descubre,
siente que se le nubla de visión, la lengua de la bestia ha aparecido
entre sus dedos y fustiga con vehemencia esa dura perla rosada. La
viscosa y pegajosa lengua... Es casi doloroso el castigo al que la
somete.

La cola ha dejado de invadir su ano y ahora busca la vagina,
tanteando e insinuándose por entre sus labios dilatados y blandos.
Se lleva una mano a las nalgas para encontrar la cola del animal y
ella misma la conduce a sus entrañas, la empuja sin cuidado, con
ansia.

—Jódeme hasta reventarme, cabrona. Empálame zorra arrastrada.

El cuerpo de la bestia se tensa y se pone rígido; la cola se le
escapa veloz de entre los dedos para penetrarla con un ataque veloz y
violento. De la cópula se derrama un líquido lechoso blanco que
lubrica el sexo y da un brillo mojado a las escamas.

Linda grita su placer acompañando con un vaivén de sus nalgas el
ritmo de la penetración. Cuando aúlla ante el orgasmo, se encuentra
con la cara de la bestia, sus ojos verdes se han tornado casi azules
y hay un asomo de tristeza en ellos.


La lengua roza sus labios con lentitud, y le transmite una extraña
sensación de pérdida. Cuando de su sexo resbala la cola del animal,
siente vaciarse y un nuevo placer la obliga a entrecerrar los ojos.

La serpiente se aleja hacia el balcón.

—¿Adónde vas? Quiero ir contigo —susurra entre jadeos la mujer que
ahora yace acurrucada en el suelo.

La serpiente gira la cabeza hacia la voz e inmóvil fija sus verdes
ojos en los de la mujer de suave pelo rubio, hasta que una lágrima se
desborda dejando un reguero negro de rímel en su pómulo. Se arrastra
de nuevo a la oscuridad y a la inmundicia de las cloacas.

--------------------------------------------------------

No llega, la serpiente no aparece. Linda se asoma al balcón y
escudriña los setos por donde ha desaparecido estos días.

Los setos se agitan y la cabeza de la serpiente asoma entre ellos,
los ojos se encuentran, la serpiente yergue la mitad del cuerpo y
agita la lengua, suavemente. Desaparece entre los setos. Linda llora.

Se masturba en el sillón, se toca y gime casi gritando. Intenta que
la bestia la oiga, que la bestia acuda llevada por su lujuria.

Pero no aparece.

Al día siguiente, el animal asoma su cabeza de nuevo entre los setos
para clavar su mirada en la de ella.

—Ven, ven, ven... —le suplica Linda aferrando a la barandilla, sus
brazos se han tensado y bajo la piel, las venas pulsan amarillas.

La bestia desaparece de nuevo.

—Lin, tienes mala cara, no te encuentras bien. Vamos a urgencias. —le
propone su marido al llegar a casa y verla tumbada en el sofá con
unas profundas ojeras.

—Estoy bien, Loren —le miente.

Linda no come, no duerme. Sus ojos empañados de lágrimas impiden la
buena visión para trabajar frente al monitor de su mesa. Hay momentos
en los que rompe a llorar de forma intempestiva.

Dice sentirse mal y se va de la oficina. El jefe de la sección, lo
comprende al ver las venas amarillas que como raíces se extienden por
el cuello bronceado de Linda.

—No volverá, no me tomará —musita con la cabeza apoyada en la
ventanilla del tren.

Camina despacio hacia casa, el calor parece hervirle la sangre.

No abre la puerta del balcón, al llegar a casa y eso la lleva a
llorar de nuevo. Conecta el aire acondicionado y se desnuda.

Lleva la mano al sexo y no siente nada, no hay nada en su coño
moviéndose, no se arrastra nada por su cuerpo. Está vacía.

Me arrastraré entre vuestras sábanas y me anillaré en vuestros pechos
con mi cuerpo. Os arrancaré gemidos impúdicos; os tocaréis cuando os
sisee en el oído y mi lengua roce vuestros labios entreabiertos.

El cuchillo que sostiene en la mano está agradablemente frío.

Sale al balcón, allí está la bestia.

Linda se clava el cuchillo en el cuello, y debe esforzarse por
enterrar completamente la hoja en la carne. Los ojos de la serpiente
la distraen de la sangre que sale entre sus labios. Los pulmones se
inundan de sangre y ella no hace esfuerzo alguno por respirar. Su
cuerpo cae sobre la barandilla y la cabeza cuelga inerte; de su boca
un hilo de sangre cae en la cabeza del animal que se ha arrastrado
para bañarse en ella.

Hasta que no cae una gota más de sangre, el animal no se mueve. Sus
escamas están terroríficamente salpicadas de un rojo que ya se ha
hecho casi negro, el calor seca la sangre y le roba su color vital.

Trepa por el tubo de desagüe hasta el cuerpo de la mujer. Sus ojos
ávidos y brillantes miran con expectación las nalgas del cadáver. Del
muerto sexo emerge con rápidos movimientos una pequeña culebra
amarilla que la serpiente devora sin que llegue a tocar el suelo.

--------------------------------------------------------

El rostro del hombre sierpe está iluminado por el monitor del
ordenador portátil. Teclea "mujer muerta" en el buscador del diario
digital que normalmente lee.

No hay fotos, la breve noticia hace mención a un posible suicidio en
la nueva zona residencial y de la víctima, sólo destaca su edad:
treinta y dos años y sus iniciales: L.S.M.

Es mejor así. Recorta la noticia con el cursor y la guarda en
Constrictor.

Su último amor de verano.

Los rayos del sol caen con fuerza y se siente melancólico y
deprimido. El otoño se ha llevado a la bestia a hibernar en algún
lugar de su cuerpo humano. El intenso dolor de la transformación,
dejará paso a la monotonía diaria

—Maldito... ¿Por qué no es el hombre el que duerme?

Nada es perfecto.

Nueve meses para ser Dios de nuevo. Nueve largos meses de vulgaridad
y hastío.

De un violento manotazo cierra la pantalla del ordenador y desnudo se
hace un ovillo en la penumbra del cuarto y llora la maldición de ser
hombre.

Hurgaré en vosotras, en lo más íntimo, una y otra y otra vez hasta
que me otorguéis vuestra vida; hasta que en vuestras entrañas se haga
un hijo mío que devoraré para seguir siendo bestia hasta el fin de
los tiempos.

Porque así lo ha querido algún Dios.

Iconoclasta




Vie, 27 de Feb, 2009 12:20 pm

tricuspide34
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Os espero en el infierno, porque esto no es cielo, ni siquiera un purgatorio. Esto es sólo un lugar de tránsito donde escupir con rabia mi semen. Mi semen...
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17 de Feb, 2009
3:52 pm

Ni por un momento se me hubiera ocurrido soñar con transformarme en un ser celestial, en una mitología poderosa y justiciera. Mi natural humildad me hace...
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27 de Feb, 2009
12:20 pm

Si no hay amor, si no hay cariño; que irrumpa el odio y la violencia. La destrucción y la sangre. Cualquier bestialidad antes de que la tristeza anegue las...
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25 de Mar, 2009
3:28 pm

No hay aves trinando, no hay fulgores de colores en el aire; no son las flores más coloridas, fragantes y hermosas. No hay nada de eso, no hay magia, no hay...
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28 de Mar, 2009
3:29 pm

No sabe que la mano me pesa como un plomo, tira de mi hombro y hace mi caminar encorvado. No tiene ni idea de lo fuerte que es. Porque ella, bella entre bellas...
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7 de Abr, 2009
10:02 pm

Esto es el infierno y el único lugar fresco y húmedo de mi reino es este trono de piedra sucia de sudor y sangres secas, sangres muertas desleídas en...
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14 de Abr, 2009
5:57 pm

Rodin me debió espiar por una ventana hace mil años. El escultor me vio brillante como el bronce por la mador de mi piel tras follarla furiosamente; mientras...
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21 de Abr, 2009
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Observa su alrededor con una mirada líquida. Con un desánimo calculado. La vida ya no le muestra nada, no puede enseñarle nada más; conoce el mundo y su...
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24 de Abr, 2009
5:39 pm

Es hora, mis graves alumnos, de sonreír. ¿Por qué es necesario para vosotros este Máster en Sonrisa Inteligente? Muy sencillo, la risa se ha convertido en...
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29 de Abr, 2009
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No existe mejor sitio para matar, despedazar y exterminar, donde el asesinato, la cobardía y la falta de cerebro en los primates es algo común y cotidiano. ...
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8 de Mayo, 2009
10:16 pm

Breve inmersión en una alucinación esquizofrénica, pongo a prueba los nervios de vosotros pobres mortales, un poco de dolor mental no puede hacer daño,...
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12 de Mayo, 2009
12:12 am

Tengo un conjuro para ti, para derribar mi amor por ti y sólo follarte. Recita mi hechizo: Soy puta. No quiero que me ames, no quiero amarte. Eres una sima...
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19 de Mayo, 2009
12:20 am

Hay un aire que trae besos tiernos, ráfagas de caricias sutiles que confortan la piel y pintan mi aura de un azul intenso. Es el tiempo de amar, el tiempo de...
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2 de Jun, 2009
6:29 pm

Tengo una cantidad tan grande de secretos que la sangre se me espesa y el corazón late lento y potente. Fuerte y cruel. Secretos que ya no conseguirán...
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8 de Jun, 2009
11:25 am

Lo intento, intento no dañarla. No puedo hacer daño a esa mujer. Ella me quiere y yo me muero por ella. Por ella estoy encadenado. Le he rogado que me...
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13 de Jun, 2009
11:23 pm

Si os arrancara el corazón, si os viera sufrir hasta que de vuestros lacrimales manara la sangre, mi dolor de cabeza desaparecería. Vuestro dolor es mi...
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27 de Jun, 2009
4:40 pm

¿Es posible que a algunos el amor les haga vivir en un estado de gravedad cero? Flotando... No puede ser, eso es porque hay enamorados que tienen aire en el...
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9 de Jul, 2009
11:47 pm

Es desesperante, tiene que haber algo más, tiene que haber un atisbo de magia y fantasía. Cada día que vivo, sé más. Soy más sabio y la verdad es un...
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15 de Jul, 2009
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No soporto a mi suegro, es uno de esos repugnantes seres que como cerdos hocicando en mierda, buscan miserias, fallos de los demás con los que alimentarse...
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23 de Jul, 2009
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Soy un trípode, un aparato. Una cosa completamente insensible, no siento nada. Tal vez algún día me cansé de sentir, de oír, de ver, tocar… Olvidé la...
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24 de Jul, 2009
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Es el momento, mi bella. Por ninguna razón en concreto. Por ti. Es preciso cuando todo el peso de la realidad, hace del amor una prensa hidráulica que nos...
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31 de Jul, 2009
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Tan solo hace unos minutos que me encontraba abajo, aún llevo metido en las narices el olor a sudor rancio de la chusma de la ciudad, de su fetidez enquistada...
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27 de Ago, 2009
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Ir a comprar despeja la mente y obliga a pasear. De una forma mecánica, el cerebro piensa en cosas muy diversas y amenas mientras las piernas asumen la...
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4 de Sep, 2009
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Está visto que ni en el medio rural y sanote se puede uno zafar de la estupidez, si a ello le sumamos que es patológicamente rústica, podemos imaginar al...
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8 de Sep, 2009
3:45 pm

No sabía, no estaba seguro del tiempo que debía hervir el arroz. Cuando uno se dedica a tareas arduas y trascendentes, una simpleza como hacer un arroz se...
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15 de Sep, 2009
10:06 pm

Soy víctima de la terrible amorstruosidad. Creía que se trataba de un mito, una fantasía de mi alocada imaginación. Al principio pensaba que era una...
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17 de Sep, 2009
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Acto I: El ojo crea una lágrima y esta rebosa. Hay algo en la atmósfera que la ha provocado, a pesar de estar abierta la ventana de la habitación. Apenas ha...
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24 de Sep, 2009
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Tengo un tumor que es prácticamente mi hermano. Ha creado su propio mundo en la pierna derecha. Y la mantiene siempre calentita, hinchada... Tibia la tibia......
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29 de Sep, 2009
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Que tenebroso sería el mar mudo: una bestia acechante, silenciosa. Peligrosa. Guardaría para sí sus suspiros de sosiego, sus bramidos de ira. Nos lo...
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4 de Oct, 2009
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Joder, qué nervios... Esto de amar está bien, mola mazo. Bueno, no puedo negar que tiene su punto emotivo e incontrolable. Es un coñazo. No, es maravilloso....
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7 de Oct, 2009
11:51 am
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