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Breve inmersión en una alucinación esquizofrénica, pongo a prueba los nervios de
vosotros pobres mortales, un poco de dolor mental no puede hacer daño, incluso
ejercita la resistencia y la valentía.
Cierro los ojos y me encuentro en un mundo metálico, donde las hojas de árboles
y plantas son cuchillas de afeitar, porque necesito ejercer la valentía sin que
nadie pague por ello. A veces la vida es un poco esto, filos que cortan sin que
apenas te des cuenta, porque uno piensa que sería perfecto que todo fuera
hermoso; y lo hermoso es peligroso, oculta el dolor, anula la autoprotección.
Una preciosa rosa que destella con luminosidad salvaje, terciopelo metálico que
si no lo toco me muero. Lo toco y mi cerebro da una alarma, grita y hace que
retire la mano; no le hago caso y mi mano izquierda quiere rozar esa preciosidad
metálica y aterciopelada. Es lo más turgente y suave que he sentido en mi vida y
a pesar de que el filo de una hoja se mete entre uña y carne de uno de mis
dedos, no quiero dejar de tocarla, la sangre es espectacular, rocío rojo resbala
por la rosa cortante y la hoja sigue separando uña y carne. Mi cerebro se alarma
más aún; es igual no le hago caso, es la cosa más preciosa que he visto.
Veo más cosas hermosas, una lágrima resbala por mi mejilla, no sé si el cerebro
la envía como respuesta al trauma al que se ve sometido mi cuerpo o es que la
belleza me ha impresionado demasiado.
Sigo mi camino y cuando miro mi dedo, la uña del dedo corazón está obscenamente
separada de la carne; con los dientes estiro de ella y la acabo de quitar, caigo
al suelo retorciéndome de puro dolor, un súbito mareo y vomito; el dolor es
inmenso. Mi rostro está apoyado en el suelo porque he caído de rodillas y se
clavan pequeñas agujas metálicas, el polvo del camino de este metálico paraje;
mis manos no se pueden tocar entre ellas porque se clavan más profundamente las
agujas y un dolor amortigua al otro. Un corazón late en mi dedo descarnado y
carente de uña, y sangra y ensucia esta belleza.
A unos metros a mi izquierda se halla la salida de emergencia, cinco pasos y
volveré otra vez a la normalidad, a un hospital para que me curen el dedo y me
saquen estas astillas metálicas que parecen correr reptando por el interior del
tejido de mis manos. Pero hay un manto verde más allá, el aire lo mueve y es
como una alfombra radiante; hermoso y mortal. Hierba verde que irisdece formando
multitud de arco iris y reflejan a veces la luz con tal intensidad que duelen
los ojos, y uno de mis ojos sangra porque una de las astillas ha atravesado el
párpado y la punta está continuamente cortando el globo ocular con cada
movimiento.
La belleza es impresionante, mi cerebro dirige uno de mis pies a la puerta de
emergencia, le digo a mi pie que quien manda soy yo y me dirijo como un crío
entusiasmado a la verde pradera; cuando llego me descalzo porque quiero sentir
esta grandiosidad; piso el hermoso manto, mi cerebro responde con un fuerte
dolor de cabeza y por un momento mis miembros no obedecen, tomo el mando. Con
los pies desnudos piso la hierba y las cuchillas de forma indolora crean
profundos cortes en las plantas de mis pies, pero no tiene precio lo que siento;
este dulce tacto es como un bálsamo. Resbala mi alma por su turgencia y mis pies
desfallecen porque los tendones de la planta se han destrozado y asoman como
tiras blancas con lunares rojos; precioso.
Hasta mi cuerpo entra en sintonía con esta belleza.
Las uñas de mis dedos han desaparecido y siento que ya me falta algo de sangre;
mi cerebro dice que queda poco tiempo: "date prisa, hijo puta loco, nos vas a
matar, nos estás matando".
Un dolor sube de forma electrizante desde mis pies y me atenaza los testículos.
Los dedos de mis pies se contraen, se retraen hacia el interior hundiéndose en
el manto y las puntas de esta hermosa hierba se clavan hasta el hueso
descarnándolos.
Los pies no me aguantan más, no quedan tendones, tan solo veo el hueso
descarnado del empeine y caigo al suelo y me revuelco en la hierba. Mi cerebro
ya no existe, es tan sólo un pasajero dormido. Muy dormido.
Una brizna de hierba ha debido cortar algún nervio porque la parte derecha de mi
cuerpo se ha quedado inmóvil y tan sólo puedo reptar dándome la vuelta del otro
lado; la hermosa hierba me acoge y me mece y parece arrastrarme con dulzura; me
quiere y me adora.
Y no puedo ver bien, la sangre tiñe mi rostro y me llevo la mano al ojo y no lo
tengo, hay un filamento carnoso colgando, aparte de esto me faltan dos dedos.
Sigo mi arrastre y suena a tela rota, (me es igual, ya me compraré otro
pantalón). Intento abrir la boca para gritar de alegría y la mandíbula inferior
se desencaja, los músculos están seccionados y no se aguanta en el sitio.
Siento un poco de miedo porque creo que voy a morir, voy a dejar de ver tanta
belleza; porque no es el pantalón el que se me ha roto, es mi vientre que ha
dejado en el camino el intestino cortado en pequeños trozos desgarrados.
Y no lloro de felicidad porque ya no sé donde se encuentra mi cara.
Siento un dolor creciente mientras el sol se oculta y el ocaso lo torna todo
mágico.
Saturado.
Me palpo el pecho por un picor, mis pezones han desaparecido y toco directamente
mis costillas pero; esto ya no duele.
Quiero ser esta belleza; un hermoso matrimonio de mi sangre con esta
espectacular naturaleza a la que el viento arranca tañidos metálicos. Tal vez me
duerma un rato... Me siento cansado y abrumado por este paraíso turgente y
cortante.
Buenas noches vida, no hace falta que vuelvas. Estoy bien así.
No existe mejor sitio para matar, despedazar y exterminar, donde el asesinato, la cobardía y la falta de cerebro en los primates es algo común y cotidiano. ...
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