SATURNO
El 6º planeta por su distancia al Sol y el más bello por su gran disco y el esplendor de los anillos que lo forman.
Como curiosidad: un día saturniano dura 10 horas y 14 minutos.
Es todo un espectáculo ver Saturno a medio millón de Km. de distancia; el rico colorido de su disco produce al observarlo una gran serenidad. Cuando aterricé en Saturno, quedé anonadado por su atmósfera clara y cristalina; las distancias se hacían engañosamente cortas merced a aquella nitidez.
Los saturnianos son seres soberbios, orgullosos y xenófobos. Los más hijo putas del Sistema Solar.
Y más horteras que un cerdo con diente de oro.
Su piel es tornasolada, nacarina. Dan ganas de vomitar ante tanta belleza.
Son altos y espigados. Las mujeres no tienen mamas y los sexos se distinguen por el color de la nariz: hembras verde y machos marrón.
En la aduana, el agente le dijo a su compañero cuando me coloqué frente a su ventanilla:
-Mira, otro terraca.
-¿Motivos de su visita?-me preguntó.
-Follarme a una saturniana.
Me miró con los ojos cruzados y hostiles.
-¿Cuánto tiempo tiene previsto permanecer en Saturno?
-Lo que me cueste comprar una puta y tirármela.
Me sonrió más amable, no hay nada como ser un hijo puta entre hijo putas. He viajado mucho.
Me sellaron el pasaporte y al entregármelo le pregunté:
-¿Tiene alguna hermana guarra que sea puta?
-Yo no, pero la mujer de mi colega lo hace por 90 sistemas e incluye a su hija sin costes.
Anoté la dirección del domicilio del agente y me tendió la mano de mala gana, se la estreché sin cordialidad. A mí no me gana nadie a borde si me lo propongo.
Compré unas gafas polarizadas para atenuar el efecto estroboscópico de tanto tornasolado, y luz nítida de bellos matices.
Una auténtico coñazo, la belleza hace bostezar a las ovejas.
No había mucho ambiente en la calle, la peña se apeaba rápidamente de sus coches para meterse en su casa y los pocos que paseaban, al cruzarme con ellos me giraban la cara ostentosamente.
Los termómetros marcaban 45 ºC.
Los comercios vendían artículos de lujo a precios astronómicos; por ejemplo: una gorra con un disco como el del planeta a modo de visera: 45 sistemas; justo la mitad que un ménage a trois con la mujer del agente de aduanas y su hija.
En las tiendas en las que entré a curiosear me seguían y controlaban; era una situación violenta porque cuando era un nariz marrón el que me seguía, no sabía decirle que no era maricón como él. Mi saturniano es muy limitado.
En cambio, a las saturnianas les ofrecía pasta por un quiqui rápido. La dueña de una lencería, me seguía constantemente y le ofrecí 20 sistemas por una follada.
-Palurdo terraca…-y me dejó tranquilo mientras acababa de darle un vistazo a las bragas, sostenes no había.
Como quiera que no conseguía intuir en que zona se encontraban las putas (no habían zonas deprimidas ni bulliciosas) intenté preguntar a algún aborigen, pero me hacían un gesto para que no me acercara más y decían no llevar nada suelto encima.
No podía soportar más el calor y entré en un bar. Supe que era un bar porque miré por las cristaleras haciendo pantalla con las manos, porque no había letrero alguno en el exterior que lo indicara.
Estaba decorado con decencia y buen gusto, era como esos de la Tierra que están hechos para las mamás que tras el gran trabajo de dejar a sus hijos en el cole, necesitan relajarse cotorreando con sus colegas.
Resumiendo, parecía una granja bollería.
Estaba a rebosar de napias verdes y deduje que estando todas las saturnianas allí metidas, era imposible que hubiera ambiente de vida en el exterior.
Tal vez sea porque soy de naturaleza frívola y sexual y un tanto simple, la cuestión es que todas aquellas narices verdes y respingonas me pusieron cachondo.
Además, allí en el bar, no habían los 45 ºC de calor que hacía en la calle. Comprendí que era normal que estuviera tan lleno el local, aunque seguía sin cuadrarme el que no hubieran narices color mierda.
Paciencia y perseverancia son mis apellidos, si uno va reuniendo datos, acaba entendiendo el porque de las cosas.
No soy un ejemplo de higiene para la humanidad pero, tampoco soy un cerdo, por lo que deduje que si se taparon la nariz las mujeres más cercanas, fue porque tenían un sentido del olfato patológicamente desarrollado en su desmesurada sensibilidad.
Me olisqueé los sobados peludos (llevaba camiseta de tirantes) y aún olían al desodorante de dos días atrás.
Dejé de preocuparme ya seguro de mí mismo.
Me acerqué hasta la barra y le pregunté a la camarera:
-¿Dónde coño están las putas?
Me sonrió con amabilidad y el resto de mujeres pareció relajarse y observarme con menos soberbia.
-Todas estas lo son; hace tanto calor ahora que no hacen la calle.
La miré asombrado y cogí una de las tarjetas del dispensador de plata y diamantes. Estaba escrita en varios idiomas, incluido el terraca y decía:
Casa de putas La Lujuria Solar.
Las más exquisitas bellezas saturnianas.
Abierto las 10 h. y 14 m. del día.
Gran variedad de precios y servicios.´
Todas las chicas con certificado médico.
-Pues ya podríais haber colocado un letrero, coño. Ponme una cocacola.
Caminé entre las mesas examinando la mercancía. Puede que no tuvieran tetas; pero sus piernas largas, esbeltas y discretamente musculadas prometían esconder entre ellas el más sugerente de los coños. Su actitud orgullosa y altiva las hacía deseables.
Opté por sentarme con una solitaria porque en el caso de hacer el ridículo, prefiero ser discreto. Cuando me acerqué a ella creí entender que decía al verme:
-Vaya mierda.
-Desde luego, el calor ahí fuera es insoportable.-intenté mantener mi dignidad.
-¿Vamos a follar?-le pregunté ya cansado de prolegómenos.
-Vale terraca; pero antes paga.
Le dejé en la mesa 90 sistemas y me reprochó que faltaran 10; tenía mucha calderilla y vacié el monedero en la mesa; sumé los céntimos hasta llegar a 8,5 sistemas.
-Ya está bien, potentado.-me dijo haciendo acopio de paciencia.
Me guió hasta una zona de habitaciones a la que accedimos a través de una cortina de terciopelo rojo con brocados de hilo de oro y una cruz de calatrava del tamaño de un cerdo.
Si el mal gusto y la vulgaridad fueran delitos, los saturnianos morirían en la trona-láser.
Nos desnudamos y no le encontré el chocho.
-¿Dónde tienes la raja?
Y me enseñó el culo.
-Digo la otra, el coño, puta.
-Las saturnianas no tenemos esa porquería entre las piernas, no somos unas tiradas.
-¿Y los narices color mierda no tienen pene?
-¡Qué asco…! ¡No!
Encima de puta, delicada.
-¿Y cómo os reproducís?
Me dio unas gafas de protección como las de los soldadores, me las puse intrigado sintiéndome fetichista.
Hizo una serie de arrancadas con la garganta e hizo emerger el pollo a la boca y me soltó un escupitajo de color verde, como los genuinos, que me lanzó atrás.
Se me revolvieron las tripas y cuando me aferré a las cortinas de seda para limpiarme con ellas, sentí un placer extendiéndose desde el moco hacia las extremidades incluidas el nabo.
-Te perdono porque está guay, pero que no toque la cara.
-¿Ya estás, no?
-Claro que no.-dije con el pecho chorreando mocos.
Y con la picha más dura que pata de cabra.
-Pues nuestros hombres ya se hubieran corrido.
-Oye puta, no he pagado 89,5 sistemas para que me escupas y largarme con un calentón, así que sigue.
-No me quedan más pollos.
-Pues me devuelves la pasta o me la chupas.
-Yo no me meto eso en la boca.-dijo señalando mi pene que cabeceaba pidiendo más.
Salió fuera del folladero y la sentí hablar con sus compañeras.
-Arreglado, te irás satisfecho.
Fui escupido 15 veces por 15 putas diferentes y aún así, no miro con buenos ojos la escatología.
Me entró complejo de Jesucristo.
Cada escupinajo superaba y se sumaba al placer del anterior y antes de que me llegara el 15, ya me estaba corriendo.
Debía ser una droga con un efecto neurológico general, porque nunca me había corrido castañeteando los dientes y haciendo el pino. Yo no sabía hacer el pino.
¿Entendéis por qué quiero ser discreto y no estar demasiado acompañado? Nunca se sabe cuando puedes caer en el ridículo más espantoso.
-Tenéis poca clase hasta para esto.-comentó despectiva la puta nº 15.
No le pude responder porque aún me repicaban los dientes y como estaba haciendo la vertical con las manos, hacía también el ridículo; el semen y los mocos se escurrían por mi nariz, por el pecho, la boca…
Y no por este orden.
Era muy desagradable sobre todo porque los fluidos se habían enfriado y estaban más espesos.
Entró un grupito de 20 putas más para observar mi extraño orgasmo, me hicieron fotos y no tuvieron la delicadeza de darme un cacahuete las muy racistas.
Recapacitando, el sonido que hacían para sacar el moco del gaznate era muy desagradable y el tacto repugnante, pero cuando hacía efecto se convertía en un cortejo sexual exquisito.
No obstante, me sentí herido en mi orgullo machista y cuando recuperé la compostura, arranqué una miasma cargada de alquitrán y nicotina de lo más profundo de mi ser y se lo escupí contra el pecho de tabla a la puta 1 cuando se estaba vistiendo.
-Hijo de pu….-intentó decir, aunque nunca supe que era lo que quiso comunicarme.
No pudo acabar su frase, se tiró al suelo gimiendo como una perra y extendiéndose el escupitajo por la caja torácica, retorciéndose de placer sincero.
Y pensé orgulloso que había nacido para dar placer a las hembras fuera como fuera.
-¡Más! ¡Más! ¡Cabrón, dame más!
La escupí hasta quedarme seco.
Era de locos, me tuve que masturbar por lo caliente que me puso de nuevo la saturniana.
Le di un beso en la boca para que se sintiera más mujer; un arrebato romántico.
-Eres un guarro.-me insultó con náuseas.
Cuando salí al salón no había una sola puta y era de noche. No había pasado ni una hora y media desde que entré.
-¿Cómo puede ser de noche ya?-le pregunté a la camarera.
-Terraca, aquí el día dura 10 horas terráqueas.
-¿Y las chicas?
-Haciendo la calle.
Salí de la casa putas satisfecho, asqueado, excitado y apestado; no me permitieron ducharme porque les daba asco el pelo de mis sobacos.
En la calle había gente hasta en las alcantarillas y no hacía el asfixiante calor de hace un rato. Ni siquiera hacía calor.
Es lo que tiene viajar solo y no hacer ni puto caso de las guías turísticas, es muy difícil dar con el lugar y el momento idóneo llevado por la sed de aventura.
Camino del aeródromo pasé ante un corrillo de putas que me escupieron con suavidad, para incitarme.
-Iros a la mierda, guarras.
Me sonrieron con simpatía.
Cuando despegué y me sumergí en el espacio, sentí la experiencia como un sueño subrrealista; me duché y con lana de acero tuve arrancarme los restos de escupinajos y semen. Afortunadamente no me escupieron en los huevos.
Fumando un cigarrillo y tomando un café, repasé la guía turística, no me había equivocado, allí decía: "se practica el sexo a todo trapo*"
Pasé por alto la nota del asterisco que decía así:
"N.T., errata, léase escupitajo".
No importa, hubiera ido de todas formas, no soy delicado con estas cosas del follar.
Lancé un pollo al suelo y me eché en la cama para reflexionar con un condón de precioso tornasolado color verde metálico en la picha.![]()
Iconoclasta