Entrar
¿Usuario nuevo? Regístrate
Iconoclasta
? ¿Ya estás suscrito? Entrar en Yahoo!

Consejos de Yahoo! Grupos

¿Sabías que...?
Puedes determinar el orden de los mensajes. Pulsa el enlace en la columna correspondiente a la fecha. Tus preferencias serán guardadas y no tendrás que introducirlas de nuevo.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
Mensajes 129 - 159 de 273   Primero  |  < Anterior  |  Siguiente >  |  Último
Mensajes: Mostrar resúmenes de los mensajes   (Agrupar por tema) Ordenar por fecha v  
#159 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 13 de Jun, 2008 6:33 pm
Asunto: La ternura
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Hoy no seré bestial, el hombre se cansa en determinados momentos de
ser tan obsceno, tan brutal. ¿Adrenalínico?
Soy tu creación, nena. Por ti soy así. No has tenido suerte; en lugar
de crear a un ser sensible y perfecto, cual hermosa doctora
Frankenstein, has creado un monstruo enamorado y sin cerebro.
Es tan fantástica la vida… A pesar de todo, a pesar de mí. El mundo
puede ser un buen sitio si estás en el momento oportuno.
No te rías de mí, pero ¿podrías darme ternura? No sé,  a veces el
hombre siente miedo de algo que no acierta a identificar. El hombre
se acuerda de que una vez fue niño y se le amaba por nada en
especial, por ser él. No por sus dotes sexuales o su fortaleza
física. O sus enormes y anchos hombros. Era un crío que en algún
momento movía a cierta ternura.
No era gracioso, sólo respiraba de pequeño.
Así que sea por la lluvia que cala en mi alma (hoy tengo alma, la
noto doler) o por los truenos que han destrozado mi coraza, el
corazón parece estar a flor de piel. Y me siento desprotegido,
pequeño.
No me siento ridículo, mi cielo. Mi único miedo es haber dejado de
ser lo bastante hombre para merecerte.
Sin que sirva de precedente, mi amor; frótame con tus manos la
espalda, acaríciame, por lo que más quieras. Si te lo pido otra vez,
estallaré en lágrimas.
¿Qué me pasa, preciosa?
Que la vida ha sido un poco difícil, cielo.
Por fa, me mola que me abraces. Engáñame y dime que todo está bien.
Ni siquiera me engañes.
No me digas nada, sólo me enterraré en tu olor, me esconderé en ti.
Eres cálida y mis manos están descarnadas de escalar hielo nuevo.
Al respirar trago mucha saliva y cuando quiero retener las lágrimas,
siento que no puedo respirar bien. Déjame tu cuerpo para ocultar mi
rostro y mis lágrimas. No puede hacer daño. Estoy harto de todos. Mi
Negranoche, es tu manto el que pido, tu manto de la serenidad. Tu
cabello negro sobre mí, como un dosel donde encontrarme a salvo de la
luz que me muestra como soy.
El monstruo necesita sentirse querido por nada en especial. El
monstruo está maldito y no ofrece ternura, no sabe. Sin embargo, en
el colmo de su egoísmo, pide la mano y los labios portadores de
cariño sereno.
Tú creaste al monstruo, Negranoche, serénalo, dale sólo una ternura
breve, algo que le haga sentirse amado por el simple hecho de
respirar.
Págale con unos céntimos de ternura ese corazón que ha hecho enorme
para ti, para latir en ti, en lo profundo de ti. Para gritar cosas
que ningún hombre debería gritar si quiere seguir siéndolo. Mira la
bestia, Negranoche.
Le sangran los pies, ni él sabe de dónde viene, estoy cansado, cielo.
¿Me quieres? No lo digas, bésame. O cobija mi rostro en tu hombro. Es
tan simple…
Duele  esto; debe ser la vida.
Es la vida lo que duele, se habrá infectado de tanto clavar las uñas
en ella y arrancarle trozos para durar un tiempo más a tu lado. Todo
el que pueda.
Ojalá pudiera ser poeta y escribir metáforas de árboles cansados, de
flores marchitas, de jardines de luz y esperanza. Del alma bella que
se esconde en la carne. De la carne que se abre ante ti para ofrecer
un sacrificio, una muestra de pertenencia absoluta y demoledora.
Soy un monstruo y no me duele mostrarte mis miserias.
Sólo acierto a frotarme las manos en la ropa, están cansadas y
heridas, ya no recuerdo de donde vengo ni a donde voy. Eres mi faro,
sólo eso. Tenía que llegar a ti, y llorar oliendo tu piel.
Ha sido tan largo todo…
Tanta obscenidad y violencia. Tanto gritar, tensar músculos, pisar
fuerte…
  El cuerpo se rompe, se recompone, se vicia, se ensucia. El cuerpo te
busca. El pene es un ser sin cerebro e impío.
Hoy el cuerpo está abatido está laso, el cuerpo quiere llorar y no
sabe por qué.
Sé que en algún momento he renacido, lo noto en el sabor a ceniza en
mi boca. El ave fénix debía sentirse así.
No… él resurgía de las cenizas, yo llevo ceniza pegada en la piel.
Minutos, horas, días y años incinerados.
El monstruo está cansado, el monstruo no quiere poseerte, ahora no.
Soy pequeñito, soy minúsculo. Soy tan poca cosa, Negranoche…
Eres un hada negra de sonrisa conjuradora de penas. Maldita sea esta
congoja que no me deja hablar, decir que te quiero con unas lágrimas
apenas contenidas.
Qué manía ésta de desear licuarme en ti, así, suavemente, dulcemente.
Sin que sirva de precedente.
Ahora, Negranoche, no dejes que esos enormes ojos me vean llorar. Los
niños no lloran…
No puedo respirar bien…
Tan pequeño… Hace tanto que fui querido por nada…
Buenas noches, mi bella Frankenstein, dormiré un rato entre tus
brazos, eres tan cálida…

Iconoclasta

#158 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 8 de Jun, 2008 3:57 pm
Asunto: Enfermo
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Que a veces te sueño no es un decir, no es una vulgaridad. Me tienes
enfermo, preciosa.
Porque cuando estoy contigo me arrancas del planeta, me envías a una
órbita cálida donde soy incorpóreo, ingrávido.
Es cuando te abrazo que el torbellino me lleva, me eleva, me hace
sonreír y pensar que está todo bien.

Esto no es sano, es una enfermedad mental. Es grave.
Como una hermosa hada, creas un mundo de color.
Y mis ojos reflejan colores imposibles, como imposibles son las casas
de caramelo de los cuentos.
Mis ojos duelen por esa policromía erótica.
Estoy enfermo de ti.
Y no puedo ser miserable a tu lado, me inmunizas contra mí mismo.

¿Ves lo que escribo? No es normal, soy un hombre con miles de razones
para detestar.
Y provocas una peligrosa felicidad en mí cuando me besas.
Me desarmas con una mirada, con tus pechos desnudos, cuando elevas el
vientre al sentir mi lengua arrastrarse a tu sexo.
Al hundir tu lengua en mi boca…

Yo no quiero ver mundos de color, es humillante. Es como decrecer, es
menguar la experiencia y renacer inocente.
Y no quiero eso, eso me matará, me dejas inofensivo a ataques y
ofensas.
A las malas intenciones.
Cuando no estás, en esos momentos en los que estoy solo, me propongo
olvidarte; es por mi bien.
Perdona este egoísmo, perdona esta locura. Pero cuando no estás, soy
malo como la peste.
Cuando no estoy contigo blasfemo, escupo y golpeo porque algo no es
como quiero. Soy libre en un mundo estúpido, aburrido y sórdido. Soy
parte de los grumos y la mediocridad.
No quiero verte, desaparece.

No me hagas diferente, no me hagas sonreír por cualquier cosa. No
quiero ver hermosas criaturas que después se transforman en alimañas
cuando desapareces.
Estoy enfermo y veo arco iris tras de ti. Levantas un brazo al cielo
y ni los pájaros cagan de tan perfectos.
De tan pura belleza me siento pequeño, mareado, colgado de ti.
Maldita hada preciosa…
No me lleves a tu mundo ¿no entiendes que luego he de volver al pozo
negro en el que moro?
A cada momento estoy más enfermo.

Tus labios tampoco son normales, sólo evocarlos la saliva moja los
míos. Y deseo con todas mis putas fuerzas alcanzarlos y lacrarlos con
un beso desesperado, con esta ansiedad que me provocas. Comerte…
¿Sabes que toco tu sonrisa en el aire, que la sigo con mis dedos
pensando que el mundo que creas para mí es real?
Estoy enfermo; y me inyectan torazina y psicotrópicos cuando grito tu
nombre en mi dormitorio.
Si me ven reír, piensan que empeoro, que mi cerebro lesionado y
esquizofrénico, me hace oír voces que nadie modula.

Las voces vuelven contigo.
Piensan que no existes, aunque no son capaces de explicar cómo ha
llegado a mis manos un tulipán negro, o esas hermosas piedras de un
rosa extraño e hipnótico que saben a fresa y nata.
No se preocupan en probarlas, ni siquiera se plantean que este color
no existe en la tierra. No existen piedras con piel de terciopelo.
Y cuando les ruego que me crean, muestran un semblante preocupado, el
médico escribe y no se le ocurre otra cosa que subirme la dosis.

Hay días en los que arrastro los pies por los pasillos, que miro a
través de las rejas esperando ver el reflejo de tus ojos. Se me
escapan hilos de baba sin poder evitarlo, cuando me devuelves a esta
inmundicia.
Mis monstruos, mi esquizofrenia desaparece contigo, pero es tal mi
euforia que necesito proclamarlo. Decirles que no soy como ellos;
como el que aplasta moscas contra el vidrio y se lame la mano.
No sabes lo mucho que duele todo cuando no estás, lo débil que soy
desde que me he enamorado de ti.
No vuelvas, déjame sólo con mi locura, que me seden y no me acuerde
de ti.

Déjame ser fuerte de nuevo. Que sean las voces de mi esquizofrénica
mente las que me arranquen de la realidad.
Cuando aparezcas, no podré pedírtelo, sólo me abrazaré a ti.
O llévame antes del electroshock, no imaginas el fogonazo del rayo
que me parte la cabeza, que te desintegra en mi mente. Los dientes se
me cierran a punto de partirse y me dura horas el sabor de la
silicona del protector. No es el sabor de tus labios.
Pero que me frían el cerebro no es tan doloroso como volver desde tu
paraíso y aterrizar en esta prisión. Esperar que vuelvas de nuevo.
¿Por qué te quiero tanto si me haces tanto daño?
¿Es por esto que estoy loco?
¿Por qué no me dejas allá, contigo?
No vuelvas jamás, no iré contigo, es grande el dolor.

¡Has vuelto mi vida! Llévame allá, contigo.
No me dejes un solo segundo más aquí.
Envuélveme en tu torbellino de sensualidad; arráncame de aquí.

Iconoclasta

#157 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 4 de Jun, 2008 9:26 am
Asunto: Día sin tabaco, precioso de verdad
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Me paso por el forro el tan precioso Día sin tabaco. Son cansinos los
defensores a ultranza de la salud pública, de paranoias idiotas sobre
sus derechos violados por fumadores sin escrúpulos. ¿Tendrán coche
estos talibanes de las libertades individuales? Les gustaría prohibir
el tabaco por la razón más vieja del mundo: la envidia, no pueden
soportar los pequeños placeres de otros, son seres que sufren, que
quieren inundar del gris de su mediocre existencia la de los demás.
Son cobardes, hipocondríacos, pero lo que es peor, son parte del
sistema. Son herramientas ciegas del poder para llevar a cabo la
globalización. La globalización es sólo una forma más de dictadura
amable. Amenazan con el calentamiento global, amenazan con ello porque
van a preparar tal cantidad de impuestos, que el obrero va a caer de
rodillas ante ellos y les van a llamar "amos". Se les pone gorda, se
excitan con esas ideas los torquemadas de la salud pública. ¿Y no
prohíben fabricar más coches? Yo necesitaría fumar toda la vida para
contaminar la mierda que tira al aire el vehículo más ecológico. Veo
progres en las terrazas de los bares tomarse sus bebidas y tapas entre
el humo de los coches y autobuses. Y no quieren que se fume. Claro,
pero es el tabaco lo que les pudre. Lo que les pudre del tabaco, es
que los hay que paramos unos minutos para fumar un cigarro. Sienten
envidia de lo que no tienen valor de hacer, son demasiado serviles los
torquemadas del tabaco. Se les ve venir desde el lejano horizonte.
Pasear por las calles de cualquier sucia ciudad y lo son todas, es
respirar mierda de coches, de autobuses; ruidos. Que nadie se asuste
por un cigarro, lo malo es la estela de mierda que dejan en el aire
los reactores militares en sus pruebas. La mierda de las incineradoras
de basura propiedad de los ayuntamientos. Está bien, cogeré un cáncer
de pulmón y deberéis pagar mi tratamiento. Yo lo hago con el borracho
que conduce y tiene un accidente, yo no me quejo cuando un deportista
que practica una actividad arriesgada necesita tratamiento. No me
quejo cuando en vacaciones y por puro vicio, tienen que ser atendidas
las víctimas de los accidentes. No me quejo de que tengan que atender
a nadie en la salud pública. Podríais ser generosos con la salud
pública, al fin y al cabo os pegáis una buena vida a costa del obrero,
no deberíais someter a tal castigo psicológico a vuestros esclavos. Al
final, se consigue el efecto contrario. Mirad la URSS, al final, todo
eran borrachos ymiseria. Es que se me escapa la risa, porque muy
listos no sois. Lo que deberíais hacer es estar menos pendientes de
los demás, controlad vuestro afán de notoriedad y poder. Tened más
ética. Sois idiotas con vuestra obsesión por el tabaco. Vuestra
verdadera obsesión, es la envidia. No podéis soportar gente que vive
relajada y no se preocupa demasiado de las enfermedades. Es todo la
misma mierda, si conseguís prohibir el tabaco, lo conseguiréis
prohibir todo y los borregos comerán de vuestra mano y se esquilarán
ellos mismos. ¡Qué bueno está el humo del tabaco! Y además, me hace
más hombre y más interesante. Y más valiente, es curioso como sigo
fumando a pesar del cáncer y lo que me cuesta respirar tras subir las
escaleras. A mí estas cosas, no me asustan. Lo que me deprime es no
ver las estrellas en la ciudad en la que me encuentro prisionero,
esposado por una sociedad de cobardes seres y cobardes ideas. Es esta
una sociedad que se mueve por envidias y absurdas ideas de salud
pública que no pasan ni siquiera a la credibilidad de un niño de seis
años. Les revienta y les da por culo que me fume un cigarro, como les
revienta y da por culo que su vecino tenga un coche mejor. Y hablan de
salud pública. La salud pública la uso como papel higiénico en este
caso, la salud pública lo que tiene que hacer, es llorar menos y
trabajar más. Que hay muchos enfermos y no todos son por el tabaco.
Hay gente con cáncer por trabajar en empresas insalubres y por
respirar el aire monóxico de las ciudades. Que no den tanto por culo
con la mierda del tabaco. Que no es para tanto. Lo que llama mucho la
atención, es que se permita beber y emborracharse mientras no se
conduzca. Nadie habla de la salud pública y el gasto de tratamiento de
comas etílicos, de basura generada, de puñaladas borrachas en cuerpos
borrachos. Y es porque la bebida, embrutece al ser humano y lo
convierte en imbécil. El tabaco no, el tabaco deja al individuo más o
menos igual, con todos sus sentidos más o menos alertas, con toda su
lógica en funcionamiento. Cerebros que funcionan, cerebros de obreros
que piensan con cierta asiduidad y con cierta facilidad, no son
cerebros buenos para una Europa Unida ni para la globalización de
mierda. Que la globalización ni más ni menos, al final, es la
explotación del obrero por unos pocos de euros en todo el mundo, sea
cual sea el país. Y claro, no me pueden perder el tiempo fumando.
Idiotas. Me paso por el forro el Día sin tabaco. Y mira que soy capaz
de coger una pajita e indiscriminadamente lanzar el humo de mi cigarro
hacia las personas, soy de una crueldad… Eso sí, cuando pase un
autobús, respirad hondo y pensad con alivio, que no es tabaco la
mierda que tragáis.


Iconoclasta

#156 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 26 de Mayo, 2008 6:52 pm
Asunto: Superman contra la locomotora
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
La locomotora se aproxima a toda velocidad, he fundido la vía para
detenerla, he cortocircuitado la catenaria, he creado con mi super-
soplido un huracán que hace volar camiones. Y nada.
Avanza imparable la cosa más hermosa del universo.
Yo, el gran Supermán, no puedo con ella. Es imposible detenerla.
Salvarme.
La locomotora viene directa a mí, lanzando sonrisas y guiños de
amante, apuntándome al pecho con sus preciosos senos.
Ni la criptonita haría mejor su trabajo que la debilidad que me causa
acariciar su cabello negro. Anda que tengo una suerte…
Cómo la quiero, la super-quiero si he de ser más preciso. Me merezco
alguien así, he luchado mucho. Y aunque no la merezca, la quiero, la
necesito. La lloro y salvo vidas con tristeza cuando no está.
Aunque ella… Aún no sé si se merece algo como yo: un poco loco, un
poco amargado con este tiempo y lugar. Aunque no lo cambiaría por
nada en este instante, aunque la bella locomotora de amor me
arrollara hasta hacerme pedazos.
Lo malo es que no es una locomotora  normal, es un tejido de
emociones de sensualidad y ternura. De lencería y coquetería. De
pasión. Es tan apasionada que hay que sujetarla con fuerza, como a
ella le gusta.
Si fuera metal, la podría detener.
Imposible mantenerse en pie y firme ante el impacto de su ternura,
ante su sonrisa. Me hace sentir bien, me hace sentir un hombre
querido que sirve para algo más que salvar vidas o levantar coches
con una mano.
Hay un inconveniente: me debilito ante ella; no, no se trata de eso:
es  desidia, no me importa nada cuando la locomotora aparece veloz y
rápida  doblando las dimensiones con su velocidad, con su fuerza, con
su sonrisa y ternura. Cuando sus dedos corren por mi cara, cuando sus
manos se posan en cualquier parte de mi piel, ella es el centro de un
caleidoscopio con fondo oscuro de terciopelo negro.
Lleva una cinta de terciopelo negro en el cuello porque se sabe
hermosa. Yo soy Supermán y no he de pensar en obscenidades, en asirla
por la cinta y poseerla haciendo uso de mis superpoderes, del único
que atino a usar cuando la tengo entre mis brazos, cuando me cabalga.
El resto de los poderes son sonrisas y ternuras.
Soy Supermán y no debería enamorarme.
Ella me hace sentir solo, más solo que nadie, porque no está siempre.
Lo único fuerte, que se rebela y me hace aún sentir un superhombre,
es mi miembro: reacciona como una bestia ante ella, parece hostil en
su deseo de penetrarla entre esos muslos que sueño con lamer sediento
hasta llegar… Hasta llegar a su sexo que es el crisol de una
supernova. Ella también es una super-girl, pero del amor, del cariño.
De la belleza.
Tonto tampoco soy y el tener visión de Rayos-X es algo que me
proporciona mucho tema para mis ratos de soledad y autocomplacencia.
La preciosa locomotora del amor, ha hecho del héroe un hombre
encelado. Si además se sabe que también aplico supervelocidad a mi
consuelo…
  Mi pecho se tensa ante el inminente golpe de la locomotora.
Estaba pensando en cambiar estos calzones rojos por unos pantalones
vaqueros o de loneta. Me da vergüenza que me vean así, en este estado
de excitación. Además, ella se ríe de lo hortera que soy. Pero luego
me besa y me dice que me quiere,  susurra lindezas acompañadas de
risas cómplices y una encantadora y maliciosa ingenuidad.
El amor es una locomotora. Ella es una máquina de amor, y yo estoy en
medio de las vías. Debería apartarme porque hay tantos seres que
dependen de mí, que es un acto de irresponsabilidad abandonarme a
ella.
No podré, ni quiero evitarlo.
Me gustaría, cuando me siento tan desdichado y tan solo, tender mi
capa en el suelo, para que ella se siente y yo pueda apoyar mi super-
cabeza en su regazo. Suele bromear con mi perímetro craneal como yo
suelo bromear con el tamaño de sus pechos.
Sus pechos vienen directos hacia mí.
Misericordia…
Es agónico el super-querer.
Tiene la propiedad, de convertir al hombre de acero, en una carcasa
repleta de gelatina cálida. Mis entrañas se hacen agua.
Y me hace sonreír más de lo que quisiera. Esto no es serio.
Esto no es un trabajo para Supermán.
O sí, todo ese amor, toda esa mujer es algo que sólo un superhombre
puede soportar.
La locomotora ya está aquí, en todo el pecho.
Nunca me he sentido tan bien con el pecho roto.
Y ahora, a super-amarla. Es la única misión. Es el único trabajo para
Supermán.
No desea otra cosa.
Misericordia…

Iconoclasta
Relatos Blue

#155 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 21 de Mayo, 2008 10:16 am
Asunto: Tímido
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
No sé que ocurrirá cuando le exprese mi amor, no sé si se asustará,
se abrazará a mí o simplemente me ignorará.
No sé nada e imagino tantas cosas que es imposible sacar una
conclusión sensata. Nunca le he expresado a ninguna mujer mi amor.
He esperado años y pensado que me equivocaba, que tenía que vencer
esta vergüenza. Esta timidez asfixiante.
Pero no he estado equivocado, esta es la prueba: ha llegado el
momento idóneo.
Puede ser que con tantos años de desearla, haya vencido mi patológica
timidez.

Ya han pasado cinco años desde aquel día en el que a través de la
ventana de un café la vi dar una patada furiosa al suelo, no
conseguía encender el cigarrillo.
El viento de aquel 26 de Abril del 2001 le elevaba el faldón abierto
del vestido largo con dibujos de diminutas flores amarillas sobre un
crudo liviano. Con la otra mano luchaba por no enseñar más allá de
las rodillas.
Estaba encantadora, me enamoré de ella y me sentí desgraciado por mi
soledad milenaria.
Sé perfectamente el día porque lo apunté en mi diario, un diario en
el que sólo apunto los hechos más trascendentes y agradables.
Más que un diario, es un cuaderno de efemérides; pasan meses y meses
antes de que pueda anotar algo digno de atención.
Esta timidez me ha convertido en un hombre tranquilo que no precisa
demasiada atención de nadie.

Lanzó el cigarrillo sin encender al suelo y entró en la panadería.
Sonreía con Rosa la panadera mientras le servía lo que pedía.
Creo que me pareció oír la risa de aquella mujer de vestido largo.

Miré mi café, mis dedos amarillentos por el tabaco y sonreí sin darme
cuenta. Yo compraba en esa panadería y comencé a pensar e imaginar
que pudiera ser capaz de hablarle y atraer su atención. Cuando pagué
el café, ya se había disipado esa ilusión y tomé conciencia de nuevo
de mis limitaciones. Todo aquel sufrimiento de la adolescencia ya
pasó, ahora mantengo un amargo cinismo.

Pasaron dos días desde que la vi por primera vez. Volvió a entrar en
la panadería.
Soy un solitario con mucho tiempo libre y me acostumbré a tomar un
café en el mismo lugar y hora por verla aparecer. Siempre entre las
seis y seis y cuarto de la tarde, en algunas ocasiones compraba
bollería y podía observarla algún minuto más.
Los días en los que aparecía eran los lunes, jueves y viernes.
A los cuatro meses me atreví a acercarme más a ella. La panadera me
conoce de hace muchos años. Cuando ella entró me apresuré a salir del
bar, cruzar la calle y entrar en la panadería tras ella.
Esperaba a que una mujer acabara de buscar unas monedas para hacer su
pedido a Rosa.

-¡Asquerosas tardes!-saludé con voz bien alta e indisimuladamente
seria.

Rosa lanzó una breve risotada.

-Buenas tardes, Andrés. Siempre tan educado.

-Siempre, Rosa.

Ella se giró hacia mí con una sonrisa cordial y enrojecí al instante.
Me sentí incómodo y no fui capaz de seguir con algún comentario
ingenioso.

-¿Dos de cuarto, Susi?

-Sí, y media docena de magdalenas.

Apunté el nombre de Susi en mi diario como un hecho agradable y
extraordinario.
Su pelo es castaño, apenas le llega a los hombros. No es delgada ni
gorda. A mí me parece exuberante y proporcionada. Sus pechos se
mueven ostentosamente cuando camina. Ahora debe tener unos 35 años y
yo 55. Otro motivo más para no expresarle mis sentimientos, por lo
menos hasta ahora.

Mi madre siempre decía que yo era un tío guapo, que me las iba a
llevar de calle. Rosa la panadera no se explica "como un tiarro como
tú no está pillado".
Ya no me creo eso de que estoy bien. Mi madre murió hace 16 años y yo
dejé entonces de creer en lo que decía sobre mi físico.

Desde aquella tarde en la panadería comenzamos a saludarnos como
vecinos cuando nos cruzábamos por las calles.
Me acostumbré a pasear por las calles que con el tiempo deduje que
ella frecuentaba.
Alguna vez se me iba la mirada hacia sus pechos que deliberadamente
mantenía erguidos y libres. Y la saludaba avegonzado sin mirarla a
los ojos.
Nunca me atreví a decir más que "hola" o "buenas".
Cuando me cruzaba con ella me ardían hasta las orejas.
Algún día no me devolvía el saludo; estaba de malhumor, lo
comprendía. Cada cual piensa en sus cosas y no tiene porque estar
pendiente de nadie.

Ahora sí podría invitarla a un café y explicarle que llevo cinco años
enamorado de ella. Es un amor tranquilo basado en la creencia de que
no accederá a entablar una relación conmigo. Ya soy mayor para tener
esperanzas adolescentes. Y sin embargo, me he obligado a mantener una
débil esperanza. Tan débil que sin ella sería un cadáver sin más
pretensiones en la vida.

Hace diez meses desapareció durante casi doce semanas. No me cruzaba
con ella, no la encontraba en la panadería.
Me sentía aterrorizado, temía que se hubiera mudado a alguna otra
parte. Me maldije por mi maldita espera, llegué tarde.
Pero uno de esos días, al comprar el pan, le pregunté a Rosa:

-¿Qué ha sido de esa chica alta? De ¿Susi? Hace mucho que no se la ve
por aquí.

-Tiene diabetes, la han ingresado ya tres veces de urgencia. Me ha
dicho una vecina suya que lo está pasando muy mal. Su madre ha tenido
que mudarse a su piso para cuidarla.

-Si la ves deséale que se mejore de mi parte, Rosa.

-Se lo diré Andrés.

Apunté la enfermedad de Susi como un hecho extraordinario y agradable
en mi diario, algo feliz. No se había marchado, simplemente estaba
enferma.
Y por fin, hace tres meses, la volví a encontrar en la panadería. Un
poco más delgada, el pelo recogido y los hombros imperceptiblemente
caídos, no mantenía los pechos erguidos. Usaba gafas de sol y no pude
apreciar sus hermosos ojos azules.
Saltaba a la vista que había pasado un mal trago.

-¿Cómo te encuentras? Rosa me explicó que has estado enferma.

Me miró a través de sus gafas, muy seria. Me reconoció e intentó
esbozar una sonrisa.

-Diabetes. Ahora ya me encuentro estable; controlo el azúcar cada 6
horas y me tengo que inyectar insulina. Es horroroso.

-Lo lamento, pero lo importante es que se te ve bien. Que te estás
recuperando. Me he alegrado de verte de nuevo.

-Gracias.-y se giró para pedirle a Rosa lo que quería comprar.

Cuando Susi salió, Rosa atendió a un viejo y una niña.

-Se está quedando ciega, pobre chica. Apenas ve ya. Me ha dicho que
en pocos meses perderá lo que le queda de visión.-me explicó en
susurros cuando me tocó el turno.

-¡Qué mierda! ¡Qué putada!

-Qué le vamos a hacer… ¿Qué quieres, Andrés?

Han pasado los meses y Susi está ciega. Ahora observo el bamboleo de
sus pechos sin ningún pudor.
Durante unas semanas, su madre la guiaba y acompañaba.
De repente un día la vi sola, caminaba moviendo su bastón con pasos
cortos y cautos. Muy concentrada.
Había recuperado su figura y se había recortado el pelo. Estaba
hermosa.
Escribí en mi diario como un hecho extraordinario y
agradable: "Gracias a Dios, se ha quedado ciega. Susi no me
avergonzará con sus hermosos ojos mirando directamente a los míos."
Mañana hablaré con ella, la invitaré a un café y le diré lo que
siento, lo enamorado que estoy de ella desde hace años, sin que su
mirada me haga bajar la cabeza. Sin que me arda la cara.

----------------------------------------------------

Susi no ha accedido a que la invite a tomar algo en el café. Me ha
apremiado para que le hablara en la misma calle, en la misma avenida
donde la he encontrado. Rodeados de gente que anda, que nos sortea o
nos mira con curiosidad. El sol me deslumbraba cuando miraba sus
ocultos ojos tras las gafas. Y sudaba copiosamente.
Cuando ha entendido lo que le estaba confesando, no me ha dejado
acabar de hablar. Me ha hecho ver que es ciega y que aún no lo ha
asimilado. Me ha llamado estúpido y aprovechado en un arranque de
cólera que jamás hubiera imaginado. Algún viejo imbécil ha detenido
su camino para escuchar la conversación. Las palabras airadas y casi
gritadas de Susi.
No he sido capaz de abrir la boca para excusarme. Y tras llamarme
capullo, ha seguido su camino golpeando nerviosamente el suelo con su
bastón.
He apuntado este hecho por ser trascendente porque de agradable no
tiene nada.

----------------------------------------------

No pude dormir en una semana, sus palabras y su enojo no se me
quitaban de la cabeza.
Sigo enamorado. Volveré a intentar hablar con ella, pero he de
esperar el momento adecuado. Aunque pasen otros cinco años.
Ahora mi esperanza se centra en que si Dios quiere, a Susi se le
desarrolle un cáncer de laringe.
Que le deban extirpar la laringe y las cuerdas vocales para que se
quede muda.
Cuando no pueda hablar, le susurraré mi amor al oído al cruzarme con
ella. Le haré mis confidencias de amor inquebrantable.
Y no podrá avergonzarme con sus palabras, sus hermosos y carnosos
labios no emitirán más que sonidos desagradables que estoy seguro de
que ella no querrá emitir.
No sentiré arder todo mi cuerpo con un rubor crematorio.
No perderé la pequeña esperanza de abrazarla. De que se quede muda;
aunque pasen diez años más.
Mi amor es tranquilo y sereno, conozco mis limitaciones.

Iconoclasta

#153 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 13 de Mayo, 2008 5:31 pm
Asunto: Tres tristes tigres
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Tres tristes tigres triscaban trigo en un trigal.
No tiene gracia, no tenían porque estar los tigres en un patético
trigal, ni para mezclarlo, ni para retozar en él.
Y sería normal, dado el caso, que estuvieran tristes. Los tigres no
triscan, los tigres copulan con las tigresas y cazan y devoran
animales y hombres.
¿Por qué coño tienen que estar en un asqueroso y aburrido trigal?
¿Por qué esa tristeza en un animal que debería ser y sentirse
orgulloso?
Los rumiantes, los burros, las ovejas… Los mansos retozan y triscan
el trigo con su deambular cansino. Ellos son tristes.
Es una burda mentira; los tigres no son tristes y jamás lo han sido.
La gente inventa estas cosas para consolarse de su propia miseria.
Cabrones.
Yo sí que soy más triste que el cadáver de un bebé.
Aunque más peligroso.
Un bebé al que le está devorando la cabeza un triste tigre.
Tal vez han confundido el pelaje ensangrentado de sus belfos con la
tristeza. Son tan idiotas los hombres, que confunden ferocidad con
aflicción. Los hombres no distinguen el cabello rubio ensangrentado
de las espigas de trigo. La gente debería graduarse la vista más a
menudo.
Tres tristes tigres triscan cabellos dorados como el trigo en un
matadero.
Pesarosos sois vosotros; pobres y previsibles. Lo pervertís todo,
queréis quitarle la belleza a lo salvaje porque vuestra vida es tan
mediocre e insana, que enfermáis de ponzoñosa envidia por lo más
genuino. Y es vuestra envidia lo único que os mantiene activos.
Cabrones, cabrones, cabrones, cabrones…
Ni siquiera jodéis por méritos, jodéis porque pagáis y porque no
tenéis donde elegir. Jodéis por suerte. La suerte de los idiotas.
Lo jodéis todo, joderíais a un pobre animal como joderíais a vuestro
hijo en la cuna si vuestro Cristo de los tarados os lo pidiera.
Malditos…
Si fuera Dios, vuestras cabezas se caerían mientras camináis tristes
por vuestro territorio, os las arrancaría y las tiraría a una era
llena de trigo y tigres.
Miles de tristes cerebros triscando trigo.
Tristes vosotros, mala gente que apesta el planeta.
¿Un tigre triste? Tristes fueron vuestros padres al follar, tristes
os alimentaron y tristes murieron; por eso yacen unos cadáveres
encima de otros y están pegados por podredumbre, grapados unos a
otros por cintas de miles de gusanos que son felices.
Alguien tenía que ser feliz.
Tristes vuestros dioses de mierda, esos dioses que deciden con
vuestra cobardía, quien devora a quien. Nadie decide por un tigre, el
tigre se alimenta de trozos de carne en movimiento como vosotros. No
comen carroña ni animales muertos. Vosotros sí, cada día.
Ninguno de esos tres tristes tigres obedecería a ningún amo ni Dios.
Le arrancarían las cuerdas vocales de un zarpazo.
Hijos de puta, queréis joder a los tigres. Cazadlos y matadlos, pero
no los imaginéis en un trigal, no los imaginéis tristes. Insultáis a
los tigres, insultáis al planeta y provocáis que os descerraje un
tiro en la cabeza con este preciso y potente Mauser de calibre 30-30.
La madre empuja un carrito de la compra tan lleno de bolsas y
paquetes, que parece que va a volcar al girar por una de las calles
del aparcamiento.
La niña camina con un peluche entre los brazos. La madre le grita
algo y la pequeña, sobresaltada, corre hasta alcanzarla. Se detienen
frente a una furgoneta familiar.
Esto es tristeza.
Le ruego a Dios si existe, que guíe mi bala por el camino de la
verdad, que sea certera como certero es el tigre en su salto tras
acechar a la presa.
Que la sangre corra y el trigo sea triscado por el labriego, no por
un tigre. Que la presa muera y el cazador se alimente. Como siempre
tuvo que ser. Algo verdadero, algo coherente. Algo de esperanza para
mí.
Para los tigres…
Que así sea, amén.
Uno, dos… Y la cabeza de la niña revienta entre una nebulosa de
sangre. Estoy tan lejos que la detonación de la bala no la ha podido
escuchar nadie, se ha camuflado entre tanto ruido de gente y coches
allá en la zona comercial. La madre tiene medio cuerpo dentro del
maletero acomodando la compra y no podré disparar con rapidez antes
de que se de cuenta de que su hija es un triste cadáver.
Cargo otra bala.
Tres tristes tigres…
El pequeño aún da un par de pasos cogido de la mano de su padre
cuando la bala le destroza el corazón y desintegra el hombro
izquierdo.
… triscan trigo…
El padre da media vuelta con rapidez y nuestros ojos se encuentran
sin que él sea consciente que mira directamente a la muerte con los
ojos ciegos. No ve nada, es el efecto devastador de la bala que le ha
destrozado la espina dorsal a la altura de los omoplatos, el que le
ha obligado a girarse de repente hacia mí. Un títere ya roto.
La muerte tiene caprichosas reacciones.
… en un trigal.
Aún queda otra bala para mí, otra bala que lleva una sonrisa
dibujada. Nada de tristeza, no quisiera morir triste. No quiero
triscar en un trigal.
El sabor del cañón es desagradable, tan desagradable como un trigal
lleno de tigres tristes.
El gatillo es suave y su tacto terso, conforta mi ánimo.
Tres tristes tigres…
No. Los tigres no se suicidan ( y no soy tan valiente com ellos). Los
tigres siguen devorando hasta que se les da caza, un elefante los
parte en dos, o mueren de viejos con sus belfos canos.
Con el dorado pelaje ya marchito.
Desmonto el fusil, recojo los casquillos de las balas y con la mira
telescópica en una mano y un cigarrillo en la otra, espío toda esa
tristeza que ocurre casi cuatrocientos metros más allá. Hay tanta
gente alrededor de los muertos que no los dejan pudrirse en paz.
Y no es tristeza, no hay tristeza cuando alguien es cazado, sólo
miedo entre los que aún viven. Deberían tomar clase lenguaje de
refuerzo. No es razonable confundir la tristeza con el miedo. Son
cosas distintas y que nada tienen que ver.
Lo mismo que los tigres y el trigo.
Tres tristes tigres…
Cabrones, mis tigres no… Ellos sólo mueren, no son como nosotros.
Nunca serán tristes.
Odio los trabalenguas, nunca se me han dado bien.

Iconoclasta
Relatos Blue

#152 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 4 de Mayo, 2008 11:10 pm
Asunto: El gusano
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
El gusano es tan gordo y negro que no parece un ser vivo con ese
brillo metálico que centellea de su cuerpo húmedo y viscoso.
Y tiene unos ojos enormes que se clavan desafiantes en los míos
mientras repta por mi pierna haciéndome cosquillas con sus cien
millones de pies que lanzan micro espasmos a mi piel.
Placeres aberrantes que se propagan directamente a mi bálano, que sí
parece de verdad; porque palpita, bulle de sangre el glande. Las
venas todas parecen confluir en este puto pijo que me está matando de
ansia.


El repugnante gusano, gordo como mi propio pene se enrolla en si
mismo y descansa en una pequeña vena de mi pierna: sólo lo hace para
clavar sus fauces en ella y sorber mi sangre. No hay consuelo, esa
sangre que me roba no afloja la presión en mi pene y parece el
sangriento anticipo de una mamada.
Su cuerpo repugnante parece latir al mismo ritmo de mi corazón y es
hipnótico ver como se alimenta de algo tan lejano como mi sangre.

Estoy tan enfermo, me siento tan enfermo… Mi cerebro es papilla
infecciosa y el gusano sólo busca podredumbre. Estar solo tiene sus
inconvenientes y la libertad se ha convertido en una quimera que
murió hace muchos años. Tantos como los que ha tardado el gusano en
hacerse tan grande y tan terrorífico. Tan lujurioso. Me pregunto si
no será un gusano cósmico, un gusano en el tiempo; si el tiempo no es
un gusano hambriento.

¿Dios existe y es un gusano? Sólo así entiendo el horror de lo
divino, el horror de la bondad.
Al igual que el gusano, mi glande se ha recubierto de una fina
película brillante de baba, huele fuerte y cuando sufre una
contracción por el torrente sanguíneo que golpea en la mismísima
punta del pijo, el placer me eriza la piel y el gusano levanta sus
segmentos como una ardilla se pone en pie para otear algo extraño y
anómalo. Algo peligroso.

Es tan extraño llorar de soledad y de horror a la vez. Sentir este
asco por ese gordo animal que sube por mi pierna y se alimenta de mí…
Todo son pensamientos funestos y lúgubres.
No lo entenderé jamás. La locura sólo se vive, no se comprende; y el
horror que siento me hace sentir pena de mí mismo.
El gusano llega a la rodilla y tras él ha quedado una media luna
grabada en la piel, allá donde se ha alimentado.

Estoy inmovilizado en la cama, hace horas que esto dejó de ser una
pesadilla, hace horas que se me ha escapado la orina empapando las
sábanas. Hace horas que ya no tengo esperanza de ver un nuevo
atardecer.
No quiero verlo, no deseo llegar vivo al atardecer; ni que estos ojos
que usa mi mente enferma, perviertan el universo más de lo que está.
No podría soportarlo.

El gusano no habla, sólo me mira y de su boca, pequeños filamentos de
placer obscenos van dejando un rastro cálido en mi piel.
¿Cómo decirle a mi cuerpo que reaccione, que se levante y aplaste al
gusano repugnante y obsceno? ¿Cómo decirle a mi pene que deje de
excitarse que el gusano es miseria y muerte y esquizofrenia y
alucinación?

¡Qué asco! He vomitado y por mi pecho se extiende un miasma ácido y
maloliente. Un vómito provoca otro vómito y tras expulsar la
mismísima hiel, me duele el estómago y me arde la garganta.

Y la desesperación hace presa en mí: necesito que me coja el pene con
su puño y me lo meneé, ¡coño! Necesito que su boca se lo trague, que
se comporte como una puta, cualquier humana mujer, y me libere de
esta presión. Estoy tan excitado que hasta una corriente de aire me
haría eyacular.
Si pudiera liberar una mano me masturbaría gritando, escupiendo una
baba animal.
El gusano ha llegado a la ingle y se interna entre mis testículos.
Tengo tanto miedo… Lo noto en mis cojones, lo noto inquieto
retorcerse en ellos, sus mil patas me endurecen el escroto como cuero
curtido y ojalá ella lamiera mis pelotas, que sorba uno a uno mis
huevos, que los empape de su saliva fresca y clara.

Me siento sucio, siento asco de mí mismo. Me siento humillado con el
pene tan duro y con el enorme gusano que ahora asoma su nerviosa
cabeza por el pubis.
Siento miedo de desear que el gusano clave sus fauces en mi pijo y me
haga una mamada, siento asco de estar tan caliente, que me haya
convertido en una bestia sin asomo de humanidad.
¿Qué es humanidad? ¿Acaso los humanos no sienten esta perentoria
ansia por correrse aún cuando su mente se encuentra razonablemente
coherente? Una vez fui humano y no podría haber soportado el gusano
en mi piel, el gusano en mi mente, el gusano en mis cojones; pero
siempre he deseado correrme, siempre ha sido un buen momento para
soltar mi andanada de semen.

Me hubiera levantado la tapa de los sesos antes que caer tan bajo,
antes que soportar que un gusano me la mamara.
Pero ahora… Que no me quiten la vida, que nadie me de movimiento, que
el gusano haga su trabajo, que el gusano me la mame. El gusano tiene
que llegar hasta mi pijo ardiente y amoratado, clavar sus fauces y
liberar presión, comerse toda esta podredumbre, sorber mi semen loco.

Pero no, aún se hace esperar. Se enrosca de nuevo, le parece
apetecible la vena principal que se retuerce bajo la translúcida piel
que recubre el pene y se detiene, siento su minúscula boca
perforando, siento la sangre salir. Mi pene cabecea excitado, se
agita ante un próximo y repugnante placer-dolor-placer.
Se me escapan los mocos al lanzar un gemido de miedo. Estoy sucio por
dentro y por fuera.
Sueños de mierda… ¿Y si no es un sueño? El gusano ha atravesado mi
cerebro y ha salido por mi ano. Lo he parido desde lo más perverso de
mi mente.

Me la está mamando, noto cada succión y su pequeña boca parece
arrancarme el capullo entero. Siento como la leche se va abriendo
paso por sitios que desconozco y como inunda algún conducto interior
del pene. Siento como si me fuera a estallar la puta polla con una
explosión líquida y blanca. Ojalá se ahogue el repugnante gusano.

Unas gotas de sangre se deslizan desde su boca y apenas se distinguen
entre el amoratado e hipersensible tejido nervioso y sensible del
glande.
Es tan grande el placer que al apretar tan fuerte las mandíbulas,
rompo una muela. Me importa poco.

Como en un delirio, me pregunto si el gusano siente placer, porque
sus ojos ya no me ven, se han llenado de sangre, dos bolas granates y
mates que no pueden ver nada. Sólo intuir, sólo alardear ante el
universo. Sin vergüenza, sin asco.
¡Bum!
Ha desaparecido el gusano, ha desaparecido mi polla, y sólo unas
gotas de semen quedan entre el ensangrentado muñón de mi pubis.

—Lo siento mucho Al; se escapó. Era uno de esos gusanos del amor que
se encontraban en la zona de cuarentena biológica. Aún nos quedan
tres por encontrar.

Es Dani, mi amigo, mi compañero. Existe…

Gusanos del amor, así los bautizamos tras observar los grabados de
una de las ruinas del planeta Lazaria. En la piedra de un altar, un
gusano se alimentaba del pene de un ser con tres piernas. Tal vez no
era un pene, pero lo parecía. Durante la toma de muestras, recogimos
cuatro gusanos que guardamos en la cámara de cuarentena biológica de
la nave.
Empieza a dolerme el pubis ¿es el dolor del miembro fantasma? Nunca
mejor dicho.

—Sabes que no queda otra solución, amigo mío. ¿Puedes oírme?

Yo asiento moviendo unos pocos milímetros la cabeza y bajando los
párpados. Mi conciencia parece despejarse lo necesario para concluir
que estoy muerto. El protocolo de navegación no permite mantener con
vida a seres infectados; quedan aún seis años de viaje.
Dani parece un super-héroe con su traje anti-contaminación plateado y
el escudo de la aeronave en su escafandra. Aún empuña el cañón nucleo-
elemental con el que ha reventado al gusano y mi polla.

Está llorando y apoya la jeringuilla neumática en mi corazón. La
droga que el gusano me ha inoculado se diluye y puedo mover mis
piernas, pero ya no son piernas. Ahora es un segmento de gusano,
enorme y asqueroso. La metamorfosis avanza rápida.
Quiero morir deprisa.
Y yo mismo, cogiendo su mano disparo el émbolo que acabará con mi
vida, con lo poco que queda de ella.

A través de la ventana panorámica de mi camarote, el sol de la
galaxia Exoland, me deslumbra y me invita a morir medianamente cuerdo.
Un gemido eléctrico de pena, sale por el altavoz del traje de Dani.
No es tan malo morir, lo necesitaba.

Iconoclasta

#151 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 29 de Abr, 2008 10:43 pm
Asunto: Vivir, morir, sentir
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Vivir, morir; esta no es la cuestión. La cuestión es que puedes
acabar aburrido (por decir poco, por decir lo mínimo) de la vida. Y
no porque sea puta, ni una mierda, ni siquiera porque sea bella. O
que sea algo tan zafio y predecible como esa repugnante frase hecha
que te dicen los místicos: "Es lo que hay".
"Y tu madre es una golfa a la que pagué sólo 10 € por un francés" le
respondo al místico, más que nada para que sepa alguna cosa más de
las que hay.
Pero en realidad no saben lo que hay, no saben que todo el trabajo de
mierda no servirá más que para avanzar el proceso degenerativo del
organismo. No saben nada, ni follar, porque de ello hablan entre
risas, con chistes.
No es un chiste cuando la agarro por el cabello y la penetro, no me
río cuando la embisto una y otra y otra y otra vez. Soy violento como
el gorila que le arranca los brazos a su hijo.
No les cuento una mierda mientras hablan entre ellos con una falsa
autoridad que ni ellos mismos podrían respetar.
No me río, sólo gruño como un animal, ni siquiera la respeto. Ella
tampoco, tengo mis hombros heridos de sus uñas.
Me insulta la muy bella, la muy amada.
Morir, ¿qué le vas a contar a Teresa de Jesús?
Que no es tan sencillo, ni entraña paradojas de iluminado. El
organismo no entiende de muerte y considera cada día vivido un
triunfo. No acaba de entender que la muerte se lleve tres puntos y
encima juegue partida extra.
El organismo sin cerebro es aún más sabio, va a su puto rollo y no
piensa en minucias. Si el corazón se parte por el camino, se muere
sin más teatro. Es más digno y noble que la mente doblegada.
La muerte puede ser un alivio cuando te han dicho lo que hay
demasiadas veces.
La cuestión no es vivir o morir.
La cuestión es sentir, no ambicionar conocimientos que coartan la
sonrisa, que hacen perder tiempo de imaginar-soñar-disfrutar. La
cuestión es que si duele, que duela.
La cuestión es que si estudias demasiado, acabas creyendo las
mentiras, y creándolas. Recreándolas.
Ambicionando ser ambicionado.
Sólo escribirlo es idiota, sólo leerlo da risa.
Me río yo del catedrático que da conocimientos a un estudiante que
quiere ser juez para que sea capaz de joder la vida a cientos, a su
total discreción.
Joder, está todo tan mal hecho que parece ser que la muerte pueda ser
la cuestión.
Tal vez.
El organismo me mira desde dentro alarmado porque la navaja está
presionando demasiado sobre la femoral. El organismo no sabe que la
cuestión es que no siento.
El organismo no necesita saber lo que la mente enferma alucina.
Ni siquiera el organismo es capaz de evitar que el corazón lata con
fuerza y el chorro de sangre le salpique los ojos que no quieren
mirar nada ya.
Si uno se fija en el surtidor intermitente de la arteria, si uno se
fija en como se detiene la sangre por un segundo para después salir
como un géiser rojo; puede pensar que en esos momentos el corazón
está alarmado y bombea hacia dentro en un patético intento por no
morir, como muerta está la mente. El muy tonto se quiere llevar la
sangre para adentro.
Y uno entonces acaba diciéndole al corazón con la autoridad de un
subnormal: "Es lo que hay".
Y es triste desangrarse como un cerdo, pensando como un cerdo.
La cuestión era morir, porque lo que he sentido no me ha gustado. Lo
vivido no ha sido para tanto.

Iconoclasta

#150 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 27 de Abr, 2008 5:02 pm
Asunto: Tristeza
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
La tristeza se extiende en él como una marabunta de hormigas rojas
que pican, que duele en cosquilleo allá por donde corren.
Triste como un ruiseñor viejo y sin fuerza para cantar.
Yace en ella.
Solo y oscuro.
El libro abierto muestra el inicio de un capítulo que escribió hace
apenas un año, un siglo:
"te deseo hasta el dolor, y a pesar del tormento te amo…"
Apoyado tras el sillón, con las persianas bajadas para inundar de
penumbra un lugar lleno de una luz de sol radiante, se arrodilla ante
una pena densa y pegajosa.
Una luz que lo desnuda y muestra una espesa añoranza que no sabe ya
de donde sale.
El sol es un foco que le hace sudar.
Que lo avergüenza dejando al descubierto medio siglo de fracaso.
Su tristeza se cierne en el pene aprisionado en su mano, en el batir
del puño intentando engañar ese manto espeso de una melancolía
aniquiladora.
Cambia lágrimas por una corrida, por un semen blanco como una paloma
portadora de serenidad.
De buenas nuevas.
De la paloma decapitada y sangre en plumas blancas.
Un nuevo acceso de placer que enmascare la miseria que se le ha
cogido a la piel como una sanguijuela.
No puede hacer daño.
No puede hacer el daño que le radia como un mazazo desde el hombro
izquierdo hacia el corazón.
El pene no adquiere dureza a pesar de la mano desesperada que lo
mueve. Del mudo grito de soledad e impotencia.
Nadie lo quiere ni lo quiso.
Se masturba como otras veces, soñando con una mujer que lo ame, que
lo acaricie.
Y sólo hay un respirar entrecortado, no hay placer. Es sólo el batir
de un pájaro negro, mojado en lágrimas. Intentando no quedar
aprisionado en una pegajosa marea de alquitrán.
Se ha colmatado el alma de tantos deseos imposibles, ya no hay nada
en su imaginación. Sólo breves amistades, mujeres que no lo amaron.
Amigas…
Es como pudrirse, es no ser nada. Ni un solo beso en los labios, ni
un solo abrazo. Palmadas vacías en su espalda.
Tanto soñar y pretender conocer el amor perfecto; quería el sumum del
amor.
No un amor normal, algo nada usual.
Encontrar algo de verdad en el pozo de las mentiras.
Se escapa de su boca un prolongado gemido y apenas es consciente de
que el glande se está ennegreciendo por falta de riego.
Ni siquiera intuyó vez alguna el amor, nunca lo vio, él tenía que ser
perfecto. Esperar a una hermosa afrodita que lo elevara a un cielo de
sólido azul y algodón blanco y suave. Joder…
Escritor del amor, y el ser más alejado del sentimiento real.
Escribió que de amor se moría, que la amaba como el mar ama a la
costa; como las olas siempre rompiendo en su cuerpo. Eternamente.
Está podrido de soledad, escritor acabado y triste llorando en un
salón, tras un sillón en la penumbra.
Y el pene no se endurece, ya ni su cuerpo responde a estímulo alguno.
No le queda ni el placer de la autocomplacencia.
La tristeza se ha comido hasta sus fantasías.
Ni el semen cubre con su blanco la negrura.
Y si se acaba esto ¿qué le queda? Un libro, hablar más del amor que
no conoce pero sueña que sea así.
Eso es nada, más de lo mismo. La misma mierda repetida en periódico
simple.
Y si ya no hay nada, ha esperado demasiado tiempo.
Y Dios cae de golpe encima de él. Clavando sus divinas rodillas en su
pecho.
Ese podrido Dios que no existe, que creía que no existía.
Es lo único que ve, porque no hay nada de ese amor soñado.
Sólo hay un Dios reventando su corazón y dejándolo con su pene
fláccido en la mano, aprisionado.
Y él no creía en Dios.
¡Qué forma más triste de morir!
Y Dios ríe como una hiena con el hocico manchado de sangre.
Yo también, estos romanticones de final trágico son la hostia; tan
exigentes y selectos…
Y sólo para inventarse una idea romántica para follar.
Hasta para un miserable infarto se inventan un dios.
Míralo, tanto amor y ahí lo tienes con la boca abierta soltando baba
y la mano crispada encima del corazón. Ni su pene se ha puesto duro
con el último estertor, con el último ronquido.
Hasta para morir han de dar la vara, coño.

Iconoclasta

#149 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 21 de Abr, 2008 5:00 pm
Asunto: Hijos: esos mocosos que a veces se ahogan
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Imaginemos que un niño camina por un barrizal sembrado de vidrios y
latas cortantes, clavos y azulejos rotos. Que pisa por encima de
jeringuillas infecciosas que han bebido de repugnantes y sucias
venas. De excrementos humanos y humanos.
Imaginemos que el niño (pobre animal, pobre...) tiene cinco años y
camina con otros dos pequeños de tres y dos años. Imaginemos que
llevan un perrito.
¿Es posible?

Bueno, imaginemos que sus padres los han dejado solos, que sus padres
no se preocupan, que sus padres bastante faena tienen con lamer su
propia mierda sin preocuparse de nada más.
No es posible, todo el mundo sabe que hasta el animal más tirado
cuida de sus cachorros, los asea, los alimenta. Los protege.
Pero esto es un cuento, todo es posible.

Y los niños, tras salvar sus pies de todos esos peligros y aunque
estén infectados: siguen vivos.
Sin embargo, lo peor está por llegar y los pequeños se adentran por
entre una alambrada rota y llegan hasta una charca pútrida y sucia de
agua y veneno.
Y el mayor de cinco años, que nadie vigila, camina por un estrecho
pasadizo de tierra para llegar a una isla de mierda y malas hierbas.
Resbala, se cae, desaparece entre el agua marrón y muere.

Esto es un cuento. La laguna pútrida no lo mata, lo mata un hombre y
una mujer que lo parieron y lo dejaron solo.
Esto es un cuento, no puede pasar. Hasta el animal más tirado protege
y cuida de sus cachorros. Sobre todo cuando el peligro es tan obvio,
tan cercano, tan visible y cotidiano.

A lo mejor ya estaba muerto, mil pinchazos sidosos en sus pies y un
tétanos que le corroía el sistema nervioso pudieran estar a punto de
devorarlo con más dolor que el agua.
Pobre animal de sucios padres...

Menos mal que sólo es un cuento y los padres quieren a sus hijos y
los miman y los cobijan y pelean por ellos. Como hacen los animales
más simples.
Cualquier hijo de puta puede ser padre: esto no es cuento. Cualquier
tirado de mierda puede meter su sucia polla en un sucio coño y crear
vida.
Esto no es un cuento, pero es tan sucio...

Tan triste.
Tan repugnante.
Buen sexo.

Iconoclasta

#148 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 16 de Abr, 2008 12:57 am
Asunto: El chiki-chiki perrea-perrea
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Si llego a imaginar que por cobrar los cuatrocientos euros de los
españoles que Zapatero prometió si salía ganador de las elecciones,
tenía que soportar esta monstruosidad, hubiera votado a Izquierda
Unida. Aunque si he de ser sincero, voté al PP.
Pero si he de decir la verdad, no fui a votar.
Mi tiempo es oro.
Son detalles sin importancia. Aquí, lo que ahora urge, es que quemen
todas las copias del chiki-chiki, la canción del Chikilicutre
Perreador. Que las quemen y metan en el trullo al ministro/a de
inCultura por vicioso y rural.
No hay Cristo que soporte este ruido chiki. Y me refiero a alguien
con un mínimo de inteligencia básica y capaz de leer, sin detenerse,
más de dos sílabas.
Los hay muy cultos, tolerantes y de buen rollete, que dicen que este
payaso de cantante es un genio provocador. Pues razón no les falta a
estos críticos lerdos y panolis, porque el chiki-chiki perrea-perrea
es un emético en toda regla.
Seguro que se va a convertir en una melodía de culto en el mundo de
las alocadas celebraciones del orgullo gay.
Como tengas la radio conectada en el lavabo mientras te masturbas y
hagan la putada de emitir la canción del Chikilicutre; en lugar de
eyacular una generosa y alba andanada de semen, lo que ocurre es que
te meas.
Es todo confusión en mi poderoso cerebro de ocho millones de
terabytes por segundo cuando oigo eso de perrea-perrea, me dan ganas
de poner el culo en el suelo y rascarme tras la oreja con la uña del
dedo gordo del pie que proceda.
Como España es de esos países en el que la inteligencia es un bien
apreciado por lo muy escaso y la media de rapidez de lectura está en
dos sílabas/minuto, es lógico que este ruido (gratuita y
bondadosamente también llamado canción) se haya convertido en un
éxito capaz de no avergonzar a nadie en absoluto.
Y ahora que hay tanto parado e hipotecas impagadas, es el momento
idóneo para distraer a los sectores más necesitados de dinero y
medidas político-económicas eficaces, con esta aberración sonora que
los hará repetir y tararear con ese matiz de enfermos de síndrome de
Down, el perrea-perrea.
Una aberración ésta, que ni siquiera Georgie Dann en sus tiempos
mozos fue capaz de perpetrar.
Y luego dicen que poco a poco, España se está situando en un nivel
cultural aceptable.
Si alguien retrocede un poco en el tiempo, comprobará que el chiki-
chiki perrea-perrea, es la versión tercermundista y nada sutil del
triqui-triqui de Demis Rousos, y que por aquel entonces, todos
asociaban como una onomatopeya del acto sexual.
Yo jamás he hecho "chiki-chiki" ni "triqui-triqui" cuando he follado.
Los únicos ruidos que percibo durante el coito, y la mamada, son los
puramente líquidos, y por supuesto, los tremendos gritos de placer.
Esto es lo que provoca mi poderoso pene bombeando con elegancia en el
coño de mi esposa o de la puta a la que he pagado una pasta para que
encima goce como una loca.
Los que hacen "chiki-chiki" o "triqui-triqui", son tontos hasta para
follar.
Lo del perrea-perrea es facilísimo de descifrar (no en vano lo hablan
y pronuncian mentes muy inferiores a la mía). El Chikilicutre intenta
decir: berrea-berrea (algo así como "canta tan mal como un toro o un
venado"). Como ya he dicho, entre el público y críticos que gustan de
este adefesio indecente de canción y cantante, no es habitual la
lectura y así, berrea, cómo sólo lo conocen por su articulación
fonética y es una palabra que en su vida han visto ni verán escrita;
se convierte en perrea. Porque claro, es que aparte de no saber leer
bien, la peña tiene una seria discapacidad fonética y los logopedas
ya deberían ser multimillonarios todos. Sería lo justo.
Así de fácil es como degenera el verbo berrear en perrear gracias a
este gobierno que actúa calculadoramente en complicidad con el
Chikilicutre analfabeto para remachar de una vez por todas la
estulticia por todo el territorio nacional, como si de una epidemia
infecciosa se tratara.
Me cago en dios… Pues no voy a sudar yo los cuatrocientos euros de
Zapatero.
Es que ser inteligente está reñido con ser afortunado. En fin, es una
desgracia con la cual tendré que acarrear perreando-perreando hasta
que mi cáncer de tibia se extienda a los pulmones y por fin pueda
descansar en paz.
Esta falta de sensibilidad que tengo, también es para mí un tormento,
no creáis; me siento tan sólo… Los veo bailar y disfrutar al son de
esa canción que para mí es más triste que una ballena varada en la
playa. Jamás podré sentir felicidad alguna ante esos ruidos.
Siempre me acordaré de aquella frase llena de fuerza que Clint
Eastwood pronunció en Dos mulas y una mujer: Si me pagan con
tortitas, los aso a tiros.
Los aso a tiros… Jo, qué bonito sería un mundo perfecto.
Maldita sea mi suerte.
Buen sexo.

Iconoclasta.

#147 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 11 de Abr, 2008 8:12 am
Asunto: Veranos
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
El calor se ceba en mí, el invierno se ha ido a la mierda y mi cuerpo
responderá de mala forma: sudaré más, mis testículos olerán más
fuerte y me masturbaré más a menudo.
Mierda de verano… Es un ciclo del que se me tendría que dispensar
padecer, porque al final, mi deseo sexual en verano y en invierno
viene a ser el mismo: escaso. Yo no tendría que formar parte del
ciclo natural de los animales. Soy extraño, ajeno. Lo rechazo.


Soy inhumano.

Sí, tengo dos piernas, dos brazos y mis cojones intactos. Esto sumado
a mi capacidad para coger una pluma y escribir incoherencias que
pueda leer otro, me convierte en animal; pero no pedí serlo.
Hombres y mujeres en verano, se excitan más, follan más, o por lo
menos piensan más en hacerlo. Su instinto primitivo les obliga a
buscar sitios donde descansar y las grandes manadas humanas, en los
meses de calor, van de un sitio a otro con sus cerebros a bajo
rendimiento buscando barrizales y campos donde restregar sus
genitales recocidos.


Yo no busco nada, me conformo con que ellos desaparezcan, que se
larguen a sus mierdas de destinos, que se preñen las hembras, que las
jodan los machos. Yo sólo fumaré y me revolcaré en barro si así me
apetece.
Me rebozaré en polvo, cogeré mi pene duro y siempre húmedo y me
masturbaré gimiendo como una puta ante su cliente. Engañando a la
furcia vida; que no sepa que me pudre estar vivo en este tiempo y
lugar.

Calor de mierda, sol asqueroso… Estoy harto, aburrido de que cada
ciclo sea invariable. Es tanta mi desesperanza, que a veces me
encuentro deseando que ocurra una catástrofe natural a escala
planetaria. Algo que me arranque de esta vida aburrida, monótona y
ahora calurosa.


La única ventaja de toda esta mierda de calor, es que las putas en la
carretera, se ponen menos ropa.
Está demasiado delgada, no me gusta, pero lo único que quiero es
salir de esta carretera, de este arrancar y parar agobiante;
sacudirme de encima la sensación de estar pudriéndome al lado de
ellos, de los ajenos a mí. Y son todos.


A veces, cuando la puta tiene mi pene en su boca y succiona haciendo
que mis testículos se contraigan de placer, me encuentro deseando que
una bola de fuego caída del cielo arrase un continente cualquiera. Me
la pela el continente que sea; me la pela de la misma forma que esta
puta lo hace por veinticinco euros (es una yonqui que se cotiza a la
baja para poder chutarse en vena cualquier mierda que le den). No
tengo pasión en mi aborrecimiento, como ella no pone pasión en
lamerme el bálano.
Me irrita mucho sudar cuando me la chupan.


Podría tocarme la lotería y ser yo el que desapareciera, pero me
parece mucho más improbable, el mundo está contra mí y sólo espero
algo malo.
Está todo mal.
No me gusta. El sol es mi enemigo, el hombre es mi enemigo, el
planeta es aburrido y previsible. Hostil.


Mi pensamiento es cuanto menos, peligroso. Lo reconozco, peligroso
para mí y para los demás. Soy un individuo defectuoso entre la
especie humana y eso no puede ser bueno para nadie. Cuando joda a
otra mujer y la deje preñada, el hijo será un animal como yo y lo
condenaré a padecer este calor y tener oscuros pensamientos cuando el
invierno desaparece.


Seré el primero de una dinastía de fracasados y frustrados.
Por veinticinco euros más, la puta accede a montarse sobre mis muslos
y follarme. Yo me dejo follar, hace demasiada calor y no tengo ganas
de trabajar. Que se mueva la yonqui. El volante la obliga a pegarse
demasiado a mí y un pezón sucio y seco, se me posa en los labios.


No tengo condón y ella dice tener el sida, ya me lo dijo, hace
tiempo, peron nunca se acuerda. También me importa poco, no puede ser
peor el sida que este calor entre la manada, este tufo a carne humana
sudorosa y combustible quemado.


De alguna forma inverosímil en una puta, su vagina está lubricada,
aceitosa, blanda… Seguramente se ha metido algo de calidad.
Enterrar mi pene en ella es tan fácil como sudar.
Y me corro, todo el semen en su coño. No me extrañaría que se quedara
preñada. Tampoco es problema, se tomará la píldora del día después y
en el peor de los casos, que con el mono se olvide de tomársela, no
llegará a desarrollar más que medio feto. Está en los huesos, la
enfermedad se la come, la agota.


Y la verdad es que debe tener la matriz tan podrida por la enfermedad
que no saldrá nada de ahí, no formará vida alguna y mis
espermatozoides buscarán como locos un óvulo que no es más que un
quiste pequeño e inútil.
Pesa nada y parece que todo es coño. Me gustan los coños ágiles.
Pegados a un cuerpo liviano.
Maldito calor...


Le doy los cincuenta euros y baja del coche, se pasa una toallita de
papel por la vagina, se limpia los muslos de semen y la boca con el
dorso de la mano.
Es curioso cómo crecen los hijos, cómo se convierten en algo
totalmente diferente a lo que sus padres son. Y lo que soñaban que
serían el día de mañana esos hijos que uno quiere más que su propia
vida.


Hace años que la puta no me llama papá, hace tiempo que dejó de ser
mi pequeña. Un verano y un viaje de fin de curso. Cuando volvió a
casa, en su mirada no había inocencia. Había experiencia y en sus
ojos escleróticas rayadas por finas venas.
Dejó de hablar y yo me sentí mal, me sentí traicionado y el miedo a
su pérdida hizo mella en mi ánimo. El calor de cada verano me trae
recuerdos de una hija perdida. De una puta que no tiene cerebro.
Recuerdo haber vomitado los primeros días en los que acudía al centro
de desintoxicación para visitarla, para desear ver algo de ella tal y
como la conocía antes de aquel verano. Recuerdo a mi mujer llorando;
la casa se hizo angustiosa como un cementerio de tumbas abiertas, de
huesos al aire.


Para ella no había más pensamiento que el deseo vehemente de salir de
aquel centro y volver al caballo, a meterse mierda en las venas y en
la nariz.
Los veranos son sucios como la sangre toxicómana, sucios como
excrementos sanguinolientos de sidosas hemorragias.
Un verano nació una yonqui y murió un padre que no debería haberlo
sido jamás.


Puto verano. Está tan podrido su cerebro que no guarda un solo
recuerdo de mí; ni mis ojos taladrando los suyos evocan nada en su
mente estropeada.
Con dificultad, lo que una vez fue mi hija, se sube las bragas y mete
los billetes doblados mil veces en un minúsculo monedero.


—Hasta la semana que viene —me despido a través de la ventanilla.


Aún huele el coño de lo que fue mi hija en el asiento.


—Adiós, Alonso —me responde con la voz rasposa, con los labios mal
pintados.


Al principio no podía creerlo, no podía creer que no me conociera.
Odio el mundo entero, odio todo lo que se mueve sea bello, feo, malo
o bueno.
Odio este mundo en el que tengo que follarme a mi hija para poder
verla y tocarla. Odio este mundo que ha podrido a mi hija y mi vida.


Nunca aceptó volver con nosotros, era consciente de su propia
degeneración, sólo le quedaba dignidad. Y la dignidad se convirtió en
una especie de cruzada en la que ella no quería limosnas ni ayuda, no
aceptaba nada.
Y perdió la memoria, un día la vi aquí mismo, en este descampado
junto a la carretera; ya me había olvidado. Le di el dinero y me hizo
una mamada. Le acaricié el pelo y me dijo que no lo hiciera, que era
sólo trabajo.


Su madre murió en silencio una noche en la cama, a mi lado. De un
infarto, de un ronquido que no oí. Me desperté al lado de un cuerpo
frío. Y me pegué a él, absorbí todo aquel frío mortal y lloré un poco.
Era verano, y llamé a un médico de urgencia. Mientras llegaba, me
volví a abrazar a su cuerpo frío.
Calor…


A veces pienso en lanzar el coche por el acantilado, con las
ventanillas abiertas y volar… Aire fresco del mar…
Pero aún, a pesar de todo, tengo la esperanza de que ocurra algo
malo, algo que sea tan atroz y salvaje, que me lleve a olvidar toda
esta mierda de vida.
Ni siquiera la puta que me ha follado y que un día fue mi hija, me
importa ya.


Sexo y destrucción, el sexo para mí, la destrucción para ellos.
Hace tanta calor… Y se ha estropeado el aire acondicionado.
Mierda de coches asiáticos…


Iconoclasta
Relatos Blue
iLibros

#146 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 4 de Abr, 2008 10:58 am
Asunto: La esclavitud, divino tesoro
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
El detector de metales para encontrar las minas anti-personas en los
abundantes y resecos campos minados de toda Africa, cuesta unos tres
mil euros.
Por ese precio, se pueden comprar hasta diez niños de entre seis y
doce años para que las busquen. Esto es algo que los padres entienden
y reconocen cuando les pongo en la mano unos cuantos billetes: no se
puede comparar la efectividad y el empuje de los niños para encontrar
las minas, con el frío bip metálico de un detector.
Ellos las señalan con el palo que con el que les equipo para tantear
el terreno (me recuerdan a los perros que levantan la pieza en las
cacerías) y le pego un tiro a la mina desde una prudente distancia.
Antes les grito que se protejan los ojos y los oídos.
Si tienes suerte, estos niños te pueden durar hasta un par de semanas.
Cuando pierden una pierna o el brazo, simplemente se les cauteriza el
muñón con algo muy caliente, les doy un poco de coca cola y en un
plazo máximo de veinticuatro horas, ya los tengo caminando por los
campos minados.
El niño que más tiempo me duró, fue un macho muy negro de siete años
que perdió los dos brazos y una pierna en el espacio de dos semanas;
parecía que había nacido con suerte al sobrevivir a tantas explosiones.
Sin embargo, la rama que le di a modo de muleta y en la que apoyaba el
muñón del brazo derecho para proseguir con su trabajo, presionó otra
mina. Cuando me di cuenta de que la única pierna que le quedaba estaba
a diez metros de él, contrayendo los pocos músculos que tenía, pensé
que podría montarlo en un carrito y con la boca podría ir tanteando el
terreno.
Pero se desangró casi al instante. Dieciséis días es el récord de
supervivencia.
Yo les doy un sentido a la vida a todos estos niños. Suelen estar
infectados de sida y la enfermedad se los come sin que puedan hacer
nada útil para la sociedad.
Los padres se vuelven locos de alegría cuando les ofrezco 100 e
incluso 200 euros por cabeza o hijo (los más mayores son más caros). Y
eso que saben a lo que me dedico.
¿Cómo acabé aquí? Muy sencillo, nací en Barcelona y desde pequeño me
entusiasmaban las historias de romanos y griegos, su pasión por los
esclavos. Todo aquel circo montado para que la gente disfrutara de un
verdadero reality-show donde hombres se descuartizaban luchando y los
leones daban caza a beatos y sectarios cristianos, me fascinaba.
Las sociedades se hacen grandes gracias a la esclavitud.
Todas aquellas lecturas, toda esa admiración por los conquistadores y
militares antiguos y clásicos, me hizo ver que los actos de aquellos
hombres y mujeres, eran la esencia misma del ser humano.
La esclavitud, siendo conocedor y comprendiendo y respetando al ser
humano, es el bien más preciado y lo que verdaderamente nos distingue
de los animales.
Egipicios, griegos, romanos, españoles, ingleses, holandeses,
portugueses…
Los países de estos individuos triunfaron gracias a la esclavitud.
La esclavitud es el motor del progreso y la cultura.
Yo trabajaba en una fábrica de mierda por menos de mil euros, casi
cincuenta horas a la semana. Cuando el dueño de la empresa entraba con
su cochazo de mierda, sabía que yo era un esclavo. Lo sabíamos y
reconocíamos los dos.
Aquel idiota gordo e inculto, sabía que yo era de su propiedad, me
pagaba por hacer un trabajo, el trabajo que él quería.
La sociedad está montada en base a la esclavitud.
Y el esclavo es el trofeo del triunfador.
Ser dueño de un esclavo es lo que marca a un hombre como poderoso y
pilar importante de la sociedad.
Trabajador… Y una mierda. El concepto de trabajador u obrero es un
eufemismo que han acuñado los esclavos para no pegarse un tiro en la
sien al reconocer su fracaso. Su condición de esclavos.
Así que un buen día, al acabar la jornada de la habitual mañana del
sábado, llamé a la puerta de la casa de mi amo, en las afueras de la
ciudad, y muy cercana a la fábrica.
Los sábados se acercaba a la fábrica y a los esclavos de su confianza
nos invitaba a almorzar en el restaurante de camioneros. Se hacía
pasar por un tío superguay  y luego se largaba bastante colocado de
vino malo a su gran casa.
Una cosa es que me apasionen las culturas antiguas, otra cosa es que
me pueda gustar ser esclavo.
Dijéramos, por decir lo mínimo, que me molesta mucho ser esclavo.
Así que cuando abrió la puerta, le pegué un tiro en la boca.
Como la casa se encontraba a más de un kilómetro de la carretera y no
había vecinos cerca,  no me preocupé lo más mínimo por el ruido de la
vieja Llama automática de 9 mm. (me la regaló por seiscientos euros un
amiguete que era policía local y decía haberla encontrado en un coche
robado).
Entré en la casa y le volé a la mujer la teta derecha cuando trotaba
hacia el cuerpo de su marido, al cual le salía humo de la boca.
Acerqué el arma a su coronilla y le descerrajé otro tiro.
Una adolescente gritaba alocadamente corriendo de un lado al otro del
salón. Disparé seis veces antes de meterle una bala en la espina
dorsal y dejarla tetrapléjica durante los escasos segundos que tardé
en apoyarle el cañón en la frente y disparar.
Al hijo lo pillé cuando se disponía a saltar por la ventana de su
habitación, se largaba dejando los auriculares por el suelo y la
cadena musical encendida. Un tiro entre los omoplatos y otro a
bocajarro en la cabeza. Yo no soy de esos paranoicos que se pasan un
buen rato con ellos.
Aunque por unos segundos, pensé en metérsela a la hija.
Conocía la casa porque más de una vez había acudido para trabajar:
pequeñas chapuzas del hogar que me pagaban con unos miserables euros.
En el despacho del mi bwana, encontré en uno de los cajones treinta y
siete mil quinientos ochenta y dos euros.
Me largué a casa, le dije a mi mujer que esa tarde tenía que volver a
la fábrica  y al marchar, me despedí emocionado de ella y de mis dos
hijos: Marta de tres añitos y César de seis.
He de decir que soy un gran aficionado a la fotografía, a la de prensa.
Y con ese dinero, monté un pequeño despacho, un ordenador y una línea
telefónica en Zaire y me puse en contacto con las agencias de
noticias, como Efe y Reuters. Les ofrecía modelos y motivos
fotográficos para la venta a los grandes rotativos mundiales.
Para los aborígenes africanos, actuaba como una de esas ONGs que te
encuentras a patadas y decía dedicarme a la humanitaria tarea de
desactivar minas.
Con las autoridades, si tienes pasta, no hay ningún problema.
Y claro, procuro ir a los lugares más pobres y deprimidos para
asegurarme de que tendré modelos para las agencias de noticias.
Así que cuando he encontrado una región con abundantes campos minados,
me pongo en contacto con las agencias, las cuales sea noticia de
actualidad o no, siempre se parten el culo corriendo por conseguir la
foto de un niño negro mutilado.
Si quieren un video, les pido más dinero, claro.
Los niños caminan felices de ser observados por las cámaras e incluso
en el momento en el que sus brazos son arrancados de sus cuerpos por
las explosiones, sonríen.
Los fotógrafos también, porque sacarán una pasta de derechos de autor
a pesar de darle el porcentaje acordado a la agencia de noticias.
Y así es como he conseguido ser alguien en este mundo. Ser importante
y respetado.
La prueba es que tengo ocho esclavos trabajando en mi finca. A éstos,
los he liberado del trabajo en los campos minados.
Cuando llegan celebridades y me encargan unos mutilados para
fotografiarse con ellos, las invito a mi casa y me tratan con respeto
y admiración.
Follarse a las famosas cantantes y actrices, tampoco es para tanto.
Son sosas y remilgadas, muchas de ellas tienen un esfínter demasiado
estrecho. Al final, acabo tirándome a alguna chica que compro en algún
poblado.
En fin, que alguna desventaja tenía que tener esta vida de triunfador.
Pero no la cambiaría por nada.
De lo único que me arrepiento, es de haber perdido tantos años siendo
esclavo.
La esclavitud es inevitable cuando hay vencedores.

¿Habéis visto que no siempre mato a primates? Algunos son casi amigos
míos. Amo a este hombre.
Maldita Africa y maldito calor… Me largo a mi oscura y húmeda cueva.
Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta.

#145 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 31 de Mar, 2008 8:43 am
Asunto: El madre-padre
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Una lesbiana con pellejo de hombre va a ser madre. A mí me la pela;
pero no puedo evitar sentir auténtica repugnancia al ver la barriga
peluda de la marimacho hiper-hormonada.
Si alguna vez he dicho que hay culturas que deberían desaparecer de
la faz de la tierra, la nuestra, la occidental con toda su hipócrita
tolerancia y sus pseudo-libertades para cobardes, debería ser
incinerada bajo la distraída mirada de un ser como Nerón, y en vez de
tomar uvas al son de una lira, que se chute jaco para soportar el
olor de tanta mierda quemada.
Vamos, que esta basura de sociedad debería ser cauterizada de toda su
podredumbre.
O sea: se persigue el sexismo, se censura el sexo explícito y
permiten que una tortillera transformada en pseudo-macho se haga un
in-vitro y de ahí nazca un hijo que crecerá asqueado y avergonzado de
tener semejante cosa como madre.
También se le cuestiona el derecho a morir a una mujer enferma y se
permiten la frivolidad de dejar que la tortillera caprichosa ya
arrepentida de haberse hormonado como una vaca, tenga un hijo porque
así le sale de su deforme chocho.
Porque a saber lo que puede salir de esas matriz podrida de hormonas
masculinas.
Bueno, tampoco me importa mucho, a mí me da asco la imagen. La
criatura que ha de nacer y sus madres me importan tan poco como la
colilla del cigarro a la que no le queda ni un gramo de tabaco. Es la
estética de ese repugnante cuerpo preñado lo que me hipersensibiliza.
Soy delicado con algunas cosas, que se le va a hacer.
Como la vieja loca aquella (Enero 2007); la abuela que se preñó
artificiosamente con gemelos y luego lloriqueaba por un macho joven
que la ayudara a mantener a sus hijos-nietos.
Si no fuera porque soy sensible a todas las formas de vida del
planeta, me partiría el rabo riendo.
La cuestión es que si yo tengo que tragar con esas desagradables
imágenes y me censuran las de bellas modelos en actitud provocadora
(como la dichosa campaña de Dolce & Gabbana), pues que se traguen mis
palabras, que por cierto, no se las paso a nadie por delante de los
morros como hacen los colaboracionistas medios de comunicación con
estas desagradables noticias e imágenes de hombres embarazados y
ancianas madres.
El tener que ver semejantes monstruos de feria, me ofende.
La tolerancia en este caso (como en tantos otros) es una toalla toda
llena de pelos de mis huevos.
No me diréis que no soy ingenioso con mis circunloquios.
Si es que soy lo que rima con joya de listo.
Buen sexo.

Iconoclasta

#144 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 26 de Mar, 2008 8:05 pm
Asunto: Relatos Blue en cómic y postales
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Relatos Blue, tras una larga "premier" en internet y haber conseguido
una muy respetable cuota de visitas y participación, se prepara para
dar el salto de la virtualidad de los bits a la publicación impresa;
al lujo del papel impreso con un estudiado diseño basado en el cómic.

Relatos Blue ha apostado fuerte por buenos autores del erotismo e
ilustradores del cómic erótico y de humor.

Los Relatos Blue pretenden convertirse en auténticas joyas de la
literatura erótica con un formato novedoso; novedoso para el medio
impreso. Porque el gran acierto de Relatos Blue, ha sido asimilar el
carácter multimedia de internet. Acorde con los nuevos hábitos de
lectura que esta era de la comunicación ha impuesto; sus relatos son
breves, ilustrados y de rápida lectura.
Relatos a medio camino entre el cómic y el cuento corto con el
suficiente argumento para hacer pasar un agradable rato al lector sin
que le ocupe un tiempo que en muchas ocasiones le obliga a arrinconar
o posponer lecturas más largas.

Junto con los relatos, también saldrán a la venta las postales de
nuestros ilustradores y fotógrafos de Nena Blue, con una elegante
factura, las postales Blue, serán ideales para coleccionar y enviar
por correo.

La web de Relatos Blue está próxima a reformarse: se van a incluir
las descargas de los relatos en formato pdf mediante pago por sms
(tranquilos, la lectura en web seguirá siendo libre, sólo pagará
quien quiera tener el relato diseñado para su lectura en cualquier
medio electrónico) y la venta de los relatos y postales para que
lleguen a aquellos lugares que no se distribuyen.
Con los pdfs, las pdas y los ordenadores, se van a sentir más
calientes que nunca. Y es que el pdf es ideal para aquellos lectores
que disponen de poco tiempo y llevan sus pdas atiborradas de cosas
que leer y con las que jugar.
Esperamos con ilusión el momento de ver Relatos Blue en las manos de
los lectores y contribuir así a aumentar el crecimiento de la
natalidad, o el consumo de condones, para mayor gloria de nuestro
recio probador de condones.Aunque con que se dibuje alguna sonrisa en
el rostro del lector, ya será motivo de orgullo por nuestra parte.

Iconoclasta (artículo del blog Diablilla's Blues Confidencial,
cortesía de Diblue).

#143 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 25 de Mar, 2008 8:16 pm
Asunto: Semana Santa 2008
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Menuda semana santa. Esto de ser pobre y por lo tanto ignorante (o
ignorante y por lo tanto pobre, da igual que te la chupen o que te la
dejes chupar a efectos de resultado) es de lo más aburrido.
Suerte que lo poco que cobro lo invierto en pagar la televisión  por
satélite, porque las televisiones públicas sólo emitían noticias del
tiempo y la quiniela de muertos en las carreteras para las
operaciones salida y retorno a las grandes pocilgas donde habitan los
currantes.
Es que se hacen apuestas y juegos con las cosas más absurdas, y todo
por llenar espacio. Sólo faltaba que enumeraran los muertos por
maricas y heterosexuales.
Bueno, si he de ser justo, no todo era carne en conserva; también se
encoñaron a gusto con el drama humano que representaba el que la
lluvia impidiera sacar la imaginería popular. Pobres, es que les
enfocaban las jetas llorosas y se me escapaban toda clase de ruidos
extraños de la boca y la nariz.
Ante tal desgracia, el humo de la maría penetraba en mis preciosos
ojos verdes y me preguntaba si las nazarenas van desnudas bajo sus
disfraz.
Las religiones y supercherías son tan erotizantes cuando esnifas
polvito de ángel, muy apropiado para estas fechas.
Sólo tenía breves momentos de verdadera libertad y autonomía cuando
mi mujer e hijo se largaban a dormir. Yo me quedaba sentado frente a
la tele con la excusa de ver Quo Vadis en el canal de cine clásico; y
cuando ya roncaban (los quiero con locura pero roncan como la madre
que los parió) sintonizaba taquilla X convirtiendo así la pasión,
pascua, viacrucis o como cojones se llame toda esa fiesta, en una
explosión blanca de cremosidad caliente.
Yo también se hacer penitencias.
Y así, entre películas, insultos a mis suegros por su constante
presencia y comer opíparas hamburguesas en el Burger King, he pasado
unos días de asueto y embrutecimiento en los que me ha importado el
rabo de la vaca si llovía o no. Total, soy sumergible y antichoc como
el mejor de los relojes japoneses.
Sí toda la espiritualidad de estas fechas, me ha servido de toalla de
bidé.
Yo también sé ser feliz aunque no me vaya a Nueva York a comprar
cosas inservibles.
Buen sexo.

Iconoclasta

#142 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 23 de Mar, 2008 10:59 am
Asunto: Jaculatoria a su coño
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Si creyera en Dios y además fuera devoto, recitaría una jaculatoria
desgarradora al Cristo de Tu Sagrado Coño. Si creyera en algo más que
en ti, todo sería más fácil. Tendría esperanzas.
Hay cirios rojos derramándose sobre mi pene, mi garganta destrozada
por una oración clamada a tu Sagrado Coño. A tu Sagrado Ser.

¡Cristo de Su Sagrado Coño! Yo te canto con la pasión del amor
ferviente. Llevo una corona de espinas en mi glande, y sangra como tú
sangraste por nosotros.
Ahora sangro yo por ella, un sacrificio a ti. Escucha mi oración:
Arrebátasela a él, al otro, al cabrón...
Dámelo a mí: Su Coño, Su Ser.

¡Cristo de Su Coño! Te lo ofrezco todo por ella: mi alma condenada.
Mi sangre derramaré en la cruz que te hizo Dios y mi semen a tus
pies. Intercede por mí ante ella. Que se enamore de mí hasta sentirse
morir, que me necesite para seguir viviendo como yo intento
sobrevivir sin ella.

¡Cristo de Su Coño! Tú que fuiste hombre: necesito follarla cada día,
tenerla. Clavarla a mí como a ti te clavó tu Padre en la Cruz.
Tu Padre te concedió el deseo, concédemelo tú a mí.

Sangramos; tú por tus estigmas y yo por mi polla. Es este un deseo
tan atroz como insistente el latido en las venas de mi verga. En las
arterias que corren por mis brazos.
No es esto un ruego, es un lamento ¡Oh, Cristo de Su Coño! Si nos
amas, danos paz, dámelo, otórgamelo: su coño es mío.

Me la he ganado con el dolor de mi alma. Con cada siglo de espera
eterna.

¡Oh Cristo de Su Coño! Si tu madre derramó lagrimas, de mi pene gotea
cera hirviendo de rojas velas, de roja pasión, de roja sangre, de
roja locura. Lágrimas de deseo. Las velas que te ofrendo se deshacen
en mi polla: el pago a mi deseo, a mi ruego.
Redímeme de nuevo.

¡Oh Cristo de Su Coño! Súbeme a la cruz contigo y enséñame como
sonreír ante el dolor. Es este un canto desgarrador; tienes que
oírlo, grito tanto... Súbeme contigo a la cruz y concédeme una
eternidad con ella.
Te pido tan poco… No quiero perdonar a nadie; sólo condenarme.

En nombre de mi polla despellajada, Cristo de Su Coño: Que me ame,
que me quiera más que a ti, más que a nada en el mundo.
Déjame ser su Cristo verdadero.

Es este un cantar roto de deseo, no dejes que tu hijo sufra más. ¿No
ves como la deseo? ¿No ves que es su coño por ti bendecido y por ti
creado lo único que pido?
Es esta la saeta del hombre desgarrado. No dejes a tu hijo sin su
cruz. Dame la perdición de su coño, como tu padre te concedió la de
la cruz.

¡Oh Cristo de locos y enfermos! Soy tu siervo.
Dame consuelo, dámela a ella.
Dame de beber de su coño, como si fuera tu cáliz.
No es esto un cantar, es pura agonía.

Apiádate de mí, condéname al fuego eterno.
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Su Sagrado Coño…


Iconoclasta
Relatos Blue
iLibros

#141 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 20 de Mar, 2008 12:37 pm
Asunto: 666: a pedradas
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
No hay nada más refrescante para la mente que matar unos cuantos
primates y luego quedarse con uno para pasar el rato mientras te
fumas un puro y reflexionas. Los hay que hacen toda suerte de
ejercicios mentales para buscar la paz espiritual, yo no. Yo soy uno
con el universo cuando siento y veo como se muere un primate. Es el
mayor placer (aparte de tirarme a la Dama Oscura) gozar de la lenta
agonía de un humano, de cualquiera.

¡Bum! Detonación… Es ella…

No es tan sencillo torturar, sobre todo si se pretende disfrutar de
la intensa y dolorosa agonía de vuestra víctima. Requiere una serie
de habilidades milenarias conseguir que un primate viva el tiempo
suficiente como para disfrutar de una prolongada y dolorosa agonía.
Sobre todo cuando se busca algo sereno y sin demasiados gritos. Esas
torturas chillonas, me dan dolor de cabeza.

Me encuentro en una sucia cabaña de metal y uralita en una de las
repugnantes y feísimas calles de Kabul, en Afganistán. El hedor del
río es insoportable.

Suelo acudir a los sitios más pobres y miserables para disfrutar de
mi afición y trabajo, porque así mis actos adquieren un carácter más
cruel. Matar a un millonario o poderoso haría feliz a muchos
primates, y no quiero haceros felices, os quiero matar a todos y
colgaros de ganchos para ahumaros como sardinas.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

El calor que hace no mejora mi humor y creedme, cuando estoy de
malhumor, todo empeora para vosotros, primates.

Mirad si no, a que pocos esquimales cazo. El fresquito me pone de
buen humor. Siempre ha sido así desde que ese dios cabrón y melifluo
me largó de su paraíso de mierda.

Es igual, al final no hubiera aguantado tanta bondad de mierda y le
hubiera pegado fuego a él y sus querubines.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Hace poco menos de media hora, acaban de matar a pedradas a una puta,
su marido la ha acusado ante un palurdo con barbas que hace las veces
de guía espiritual, de haberle sido infiel. Y tras darle una buena
paliza, la ha llevado por los pelos hacia el viejo primate; éste ha
dictado sentencia.

La han enterrado hasta las tetas, le han atado una sábana a la cara y
una panda de tarados la han apedreado hasta que ha quedado inmóvil.

Cuando le han quitado la sábana de la cabeza, su cara parecía una
hamburguesa poco hecha y no tenía un solo diente sano.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Durante ese tiempo, no he tenido más remedio que masturbarme pensando
en su dolor; pero sobre todo, pensaba en ese miedo que la atenazaba y
que sin duda alguna era mucho más letal que las pedradas. Y se me han
escapado unas gotas de leche pensando en lo que les haría a alguno de
estos machos.

He decidido averiguar si su marido es tan hombre como para aguantar
una conversación conmigo.

No lo es, tiene las manos atadas a uno de los tubos que soportan el
techo de la chabola y ahora se le escapa la vida por el culo, le he
reventado el esfínter con unas cuantas piedras que ha usado para
matar a su esposa. Con precisión, le he estado golpeando entre las
piernas y en el centro del ojo del culo, hasta que ha manado la
sangre.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Su mujer se había acostado con el vecino que vive enfrente y que
también ha participado en la lapidación de la adúltera. Cuando le he
clavado el puñal en la nuca, estaba bebiendo té que había calentado
en una lata de tomate oxidada. Cuando mueren así de rápidos, es como
una pequeña erección que apenas me proporciona placer, no me llena.
Por ello, en el pequeño patio trasero que hace las veces de mísero
huerto, he violado a su mujer por el culo y acuchillado a los dos
niños. Claro que han gritado, pero es una pequeña calle poco
transitada y con pocos vecinos. Mi Dama Oscura, los estará matando en
este momento.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

A la mujer la he dejado viva, pero le he cortado la lengua. De vez en
cuando dejo primates vivos para que den testimonio de mis creaciones.

Si no hubiera matado a esta familia antes de ir a por el marido
chivato, el ansia me hubiera llevado a un trabajo más apresurado.
Cuando tengáis que matar y disfrutar con la agonía de algún congénere
vuestro, lo que tenéis que hacer es lo mismo que los que llevan mucho
tiempo sin follar: una paja.

Es el mismo principio.

El hombre se llama Ahmer y hace ya rato que ha dejado de llorar y
gritar, ahora sólo respira con dificultad.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Acaba de vaciársele el vientre y se mezcla la sangre con la mierda.
Es curiosa la anatomía, rompes un músculo y mana mierda. Los primates
tenéis tanta suciedad en vuestro interior…

Era inevitable esta desagradable excreción. Sin embargo, soy astuto y
he cerrado su pene estrangulándolo con un alambre, sabía que se
mearía cuando con esas mismas piedras, he roto las costillas
lentamente y en ambos costados, hasta que sus pulmones se han
perforado.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Es por eso que se cuida muy mucho de gritar: cada intento por coger
aire se convierte en un vómito sangriento. Una bocanada de sangre
sale de sus labios.

Y la verdad, a pesar de ser un dios, no puedo por menos que sentirme
un poco inquieto al ver esa morcilla amoratada, casi negra e
irrecuperable como órgano. Es igual, está muerto, no necesita
recuperar su polla apedreadora; no hay cirujano ni dios que le pueda
salvar la vida. Sólo se le puede acortar sufrimiento y eso no es algo
a lo que esté dispuesto a hacer.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

¿Veis? Siempre pasa lo mismo con estos machos primates: muy
territoriales, muy reproductores, pero cuando se enfrentan a la
muerte, se cagan y se mean.

Bueno, si no hubiera matado a pedradas (lapidación le llaman algunos
intelectuales eufemistas) a su santa, lo hubiera asesinado
igualmente; Alá mira a otro lado hoy.

Le cojo el casi podrido pene que cuelga dolorosamente entre sus
piernas (no es tan largo como dicen que estos monos lo tienen) y
cuando se lo agito, un chorro de sangre en lugar de un grito se
desliza desde su boca por el pecho.

Me pongo malo, de excitado… Saco mi pene por la bragueta del pantalón
y acercándome a su boca, respiro el hedor de la sangre, masturbándome
con mis poderosos y musculosos brazos. El humo de mi puro no le
molesta al entrar en sus ojos, le duelen demasiado los pulmones y la
poca sangre que le queda, la está cagando. El humo es soportable en
una situación así.

De hecho, fumar no tiene nada de malo, lo malo es lapidar.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Cuando eyaculo en sus pies, me limpio el semen con el cabello de la
cabeza que le he cortado a su hija (imagino que es suya, ya que si su
mujer era tan puta…). El cuerpo de la pequeña descansa pálido y sin
sangre a nuestros pies.

Su hijo, un ejemplar mayor, de unos doce años ha muerto con mi puñal
clavado en la garganta.

Y este primate afgano, lo ha visto todo. Soy mejor que dios creando
dolores y penas; y eso que él se emplea a fondo. Ocurre que él es
vago, yo no; yo hago personalmente mi trabajo.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Para acelerar su muerte y provocarle más dolor, le corto esa morcilla
hinchada y negra en la que se ha convertido su polla.

Sus mocos salen disparados de la nariz intentando no gritar para
evitar el intenso dolor de sus pulmones y su vientre se encoge tanto
que por puro mimetismo, hace que se contraiga el mío.

Con el pene aún goteando leche, me siento encima del cuerpo del niño
y sacando el cuchillo de su garganta doy una fuerte calada al cigarro.

Del muñón del pene apenas mana sangre, un hilillo fino cae vertical
como una meada desde su ano y sus ojos se cierran.

Ya está perdiendo el control de su cuerpo y su pecho se infla y
desinfla con rapidez haciendo caso omiso a las costillas que
desgarran los pulmones. Yo cierro mis ojos y abro la boca aspirando
con glotonería la vida que se le escapa.

Y por fin queda inmóvil, sus ojos están tan inyectados en sangre que
no se le aprecian las escleróticas.

Hay un silencio maligno que me emociona.

Salgo de esta mierda de choza dando una patada al cuerpo de su hijo.

Mi Dama Oscura me espera al final de la calle, no lleva la cara
cubierta, y viste una minifalda que deja sus musculosas piernas
visibles hasta casi el inicio de las ingles. Es una gozada verla así.

Me gustaría saber cómo han reaccionado los primates que ha estado
matando en las otras cabañas. Seguro que se les ha puesto dura antes
de que ella les volara la cabeza de un tiro. En su mano sujeta con
elegancia y erotismo una humeante Glock de 9 mm. negra como mi
pensamiento.

Cuando llego hasta ella, levanto su falda; como siempre, no lleva
bragas y hundo los dedos en su coño: está empapado. Sonrío con
ternura a un niño que llora abrazado a un cadáver.

Me la voy a follar, mi Dama Oscura necesita de mí, la pobre no
aguanta más.

Os dejo.

Ya os contaré más cosas interesantes en otro rato.

Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta

#140 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 18 de Mar, 2008 7:58 pm
Asunto: Acuarela
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Soy un retrato en acuarela, poca cosa. Algo tirado en un bosque,
entre la suciedad de un vertedero.
Abandonado a la lluvia y a la humedad de la noche. A un rocío frío
que me hiela; no sé el nombre de mi creador, pero me diluyo.
Mis colores fueron vivos en el momento de la creación, eran unos
hermosos colores sólidos como la sangre de los dedos del pintor.
Del creador.
Del psicópata maldito que me malparió.
Mi cabello era tupido, de un marrón como las cortezas de estos
árboles que ignoran mi agonía. Mi sonrisa era sincera.
Y llueve y me aguo, desaparezco lentamente.
Lentamente porque el dolor es eterno, la tristeza de apagarse es un
lamento continuo. Es una pena que no puedo gritar, no me queda apenas
boca. No me queda apenas nada.
A veces, una gota que se arrastra parece dibujar una cicatriz que
cruza mi rostro apenas coloreado.
Maldito creador, me diste vida por mero capricho, y nada te agradezco.
Te odio como nadie podría odiar, con la enajenación de mi dolor.
Del miedo de estar solo, pudriéndome entre vegetación y mierda.
Si al menos fuera una marioneta soñaría con que me dieras vida.
Como en aquel cuento…
Y te decapitaría, haría rodar tu cabeza con una espada, cortaría tus
dedos sucios de colores impuros, mezclados por tu caprichoso proceder.
Tengo tanta fuerza para sentir asco hacia ti…
Te escupiría a los ojos; te pintaría los globos oculares con vinagre
y lejía.
Y nunca podré hacerlo, es frustrante. No te debo ni el agradecimiento
de un segundo de vida. Lo único que me acompaña es la amargura del
dolor.
Me aguo llorándome a mí mismo, en silencio; con mil sonidos hostiles
a mí alrededor.
Es un llanto caníbal; me devoro.
Me autodestruyo como un secreto guardado por un romántico espía.
Soy un pobre pigmento sobre papel.
Un pobre y efímero bastidor para una vaporosa vida.
Débil, desprotegido.
Y en cambio tú, pintor, eres un dios desgraciado, aciago. Fuerte y
cruel.
Y me lloro en chorretones desde mis ojos emborronados.
Lágrimas que ni siquiera son mías, que son vertidas por el mundo
encima de mí.
¡Qué desproporción, un planeta y un dios contra un papel!
Como si fuera un enemigo peligroso al que abatir.
Pintor, creador:
No es agradable la gota que cala en el papel; poderosa.
Es terrorífica la lluvia cuando su único fin es deshacerme.
La orina del animal que me arde en la piel que en un día tuvo color…
Ya no queda apenas nada de mí, creador.
Ríe feliz porque tu ponzoñosa maldad, no ha creado una bella acuarela.
Creaste un dolor, un terror.
Un borrón.
Una maldita acuarela apenas ya reconocible.
Ojalá no fuera biodegradable y mis restos contaminaran por años la
tierra.

Iconoclasta

#139 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 7 de Mar, 2008 12:16 pm
Asunto: Los amantes valientes
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
¡Qué valientes! ¡Qué coraje!
Los amantes alimentan un amor de improbable tacto.
Miradlos, cogen las brasas con las manos, sólo hay fuego en su amor.
Están locos y prefieren quemarse a no amar, a dar su amor por
imposible.
Hay una punzada traicionera en la belleza de las palabras escritas y
cuanto más bellas son, más sangrante la herida.
Se desangran valientes, se corroen entre lágrimas. Y una sola de sus
risas es un universo de amor.
Es casi ridículo ese amor tejido de madurez y dolorosa comprensión.
¡Qué valientes los amantes que sacan de toda esa ansia inconsolable
unos segundos de gloria!
Gloria a los amantes en el cielo y en la tierra.
Se masturban con áridas esperanzas, con ilusiones desbocadas.
Se masturban soñando con la mano amada en sus sexos palpitantes. El
sexo es arrollador e infinito en sus mentes.
Sin embargo, se conformarían con la voz; cambiarían diez años de vida
por un susurro de amor. Una confidencia al oído.
Toda esa ternura…
Que pena que tanto amor cree tanta ansia, tanta onírica esperanza.
¿Qué necesidad tenéis, amantes locos, de vivir así?
Sangran las palmas de las manos por cerrar el puño y contener tantas
caricias en el aire.
Os desgastáis generosamente en un decorado vacío y árido.

Negranoche, cubre mi ansia con una sonrisa, con unas palabras que me
den esperanza. Lanza tus gemidos al viento, dedícamelos como yo
arranco de mis entrañas los míos.

Los goces del amor no son más que dolores divinos. Sacrificios que no
son necesarios, simplemente inevitables. Nadie pidió amar así, los
amantes no se piden amor, sólo se derraman el uno en el otro.

Negranoche, mi diosa del amor, mi diosa susurrante. No dejo de soñar
en convertirte en mujer cada día. No te quiero en el Olimpo, te
quiero cerca; tanto que pueda penetrarte, penetrar en ti
profundamente, que me arrastres dentro de ti. No quiero adorarte más,
sólo deseo amarte.
Diez años pago a la vida por violar tu boca con la mía. Por invadir
con mis dedos tu piel.
Quiero ser inmisericorde con tu cuerpo y con tu alma.

Angustiosas dichas que me desangran sin dolor, narcóticamente.
Deberían arder los amantes, incinerarlos. Todo ese amor que crean y
mantienen, afea el universo. Le quita todo protagonismo a las
estrellas más bellas.
Y no hay nada más bello que la ternura de una sonrisa que no se ve,
que sólo se presiente. O el beso lanzado al aire, una brisa untuosa
que los cubre y les da una paz momentánea, un descanso al corazón.
Unas gotas de agua en el desierto.
Se las merecen.
Aguerridos amantes.
¡Qué valientes! Soportan días de te quieros emborronados con semen y
dedos húmedos. Pieles etéreas, casi fantasmales.
Gozan del romanticismo trágico y devastador para el ánimo impaciente.
E impacientes los labios, los besos y las caricias.
Desesperados en el aire luchan por existir los sonidos de amor. No
llegan, y ellos sonríen al verlos morir.
La ternura de una sonrisa…

Así de valientes, así de suicidas somos los amantes.
Tanto desgaste, mi Negranoche…
Tengo heridos los labios por no besarte, de morderlos y evitar que
besen el aire y pierda la cordura.
¡Que cobarde soy..! Temo al tiempo y a la distancia.

Iconoclasta

#138 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 7 de Mar, 2008 12:14 pm
Asunto: Coagulando que es gerundio
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Vaya, parece que no es buen día para morir, todo me ha salido bien y
cosa rara: hoy precisamente, no detesto la vida.
Las cosas como son: es un error pensar que las flores existen para
adornar las tumbas. Hay belleza filantrópica, desinteresada y
generosa en el planeta. La prueba de estar vencido es no saber
paladear lo dulce y lo amable que nos ofrece la vida.
Por eso, hoy camino saltarín por la calle, cuasi alegre, ledo,
emocionado y un poco empalmado.
Porque al fin y al cabo, la euforia sexual es un buen síntoma de
alegría y optimismo. El deseo reproductor instintivo y todo eso. Algo
connatural al ser humano.
Dijéramos que en mi básica y primitiva cultura, el pene es mi tótem y
a él me consagro.
Es del único de quien me puedo fiar, porque si por el médico fuera,
ahora estaría calvo y vomitando un líquido amarillento en la sala de
tratamientos oncológicos de algún enorme hospital.
A algunos médicos les deberían quitar los vasos de café de la
papelera para que no busquen entre los posos los diagnósticos de los
pacientes con un dolor de cabeza muy particular y muy doloroso.
Resulta que no es un tumor lo que tengo en la cabeza, no hay
metástasis.
Es que se me suelta el vientre y todo de la alegría.
Es un simple coágulo que presiona en el mesencéfalo y me va dejar
muerto en cualquier momento dentro de los próximos veinte días. Pero
coño, me libro de la quimio y de un largo proceso de degeneración
física y psíquica.
El optimismo allana el camino hacia una vida más intensa.
Claro, que muy intensa ha de ser para disfrutarla en apenas tres
semanas.
Dice el matasanos que antes de morir padeceré perturbaciones en mi
estado de ánimo y que tendré que pasar por la consulta dentro de una
semana, me recetará ansiolíticos para paliar un poco toda esa locura
que poco a poco se desatará en mi cerebro. Ahora no es buen momento
porque me ha colocado un parche de morfina en la nuca para sedarme y
evitar los inevitables dolores. También hará más suave la rampa que
me llevará a la depresión que he de padecer durante las próximas
semanas.
Veinte días de vida está bien; cuando uno ve a su padre morir con
cuarenta y cinco, el hijo piensa que la muerte precoz es algo
congénito. Hay momentos en los que piensa que hasta la mala suerte es
congénita.
Y te comes el coco y te acuerdas de tu padre con ese tacto frío, como
el de la carne en el mercado. La piel cerúlea que te hace dudar de si
de verdad es a quien has amado o te lo han cambiado por un tosco
maniquí, una broma de mal gusto.
Y saltarín camino con alegría, porque seguramente llegaré a cumplir
cuarenta y seis, mi recelo se ha esfumado.
Estoy deseando llegar a casa y decirle a la familia que estén
tranquilos, que es posible que llegue a los cuarenta y seis, casi
seguro. Aunque me cague y me mee encima.
Anda que no van a dar saltos de alegría, llevan unos días preocupados
por los comentarios ambiguos del doctor sobre estas punzadas que me
dejan clavado en el sitio y por un llanto que intempestivamente
derraman mis ojos, sin previo aviso. Sin sentirme triste
especialmente.
Eso sí que me sabe mal, es una mierda esto de tener algo malo en los
sesos. Te esfuerzas por sonreír, te muestras fuerte. Se habla de
ánimo y superación y por sorpresa una ráfaga de dolor parece
atravesar la zona tras las orejas de lado a lado y las lágrimas, como
una presa reventada, anegan el rostro. Y es triste reír llorando,
ellos sufren, no les gusta, por decir algo, por decir lo mínimo.
Me hubiera gustado ver como le sale la barba a mi hijo, estoy seguro
de que en un mes ya deberá afeitarse, está a punto.
Cuando me muera, a los pocos días, se afeitará y yo no estaré tras
él, vigilando que lo haga bien y evitar que se irrite demasiado la
piel.
Mi mujer me preocupa un poco más, porque cobra una mierda y sin mi
jornal, la cosa va a pintar muy negra.
Me acaban de aclarar por teléfono que si me suicido, no cobrará la
indemnización del seguro y en caso de deceso por enfermedad, no se
contempla indemnización alguna.
— ¿Para cuándo dice que va a causar muerte? —me pregunta astuta la
agente de seguros.
Son listas como ardillas las aseguradoras.
También me dice, que a partir de este momento si me atropella un
coche y me mata, seguramente será porque yo habré propiciado el
accidente para cobrar la prima. La conversación ha sido grabada por
mi seguridad y la de ellos.
No lo entiendo, los hay que tienen suerte para todo en el mundo y yo,
hasta para palmarla he de hacer cuentas.
Para lo que me queda en el convento me cago dentro.
Acabo de anular la póliza y mira por donde: vencía en tres días,
cuando me pongo puedo ser muy hostil y agresivo.
He de mantener la calma, no me gustaría morir loco y sin saber quien
o que soy.
El otro día, me encontré con dios en su cielo y me dijo que hay cosas
que no tiene porque explicar a ningún humano. Que aquí, a esta vida
se llega para acatar sus órdenes.
Y que me olvide de tirarme a todas las tías que encuentre en el
cielo, que no son para mí. Como mucho, me dejará tocarle las tetas a
un ángel un tanto defectuoso que está bien para los que han muerto
con el cerebro hecho papilla y que seguramente no se recuperarán
jamás. No puedo dejar preñada a alguna santa o angelita y prolongar
mi estirpe de corta vida también en el cielo.
— ¿Quieres decir que a mi hijo le he legado una vida corta como la
mía?
No me contesta, ha girado la cabeza hacia la ventana que da al noveno
coro, el de los arcángeles tenores y rehúye mi mirada.
— Está bien, tienes permiso para gozar con la santa o angelita que
elijas si ella te acepta. Puedes marcharte. Bienaventurado seas.
Amén. —dicho esto, tarareando el irritante salmo de los ángeles y
girándome la cara, me indicó con la mano la puerta de salida de su
cámara.
— ¿Vas a dejar que mi hijo muera tan pronto también? —le pregunté
angustiado.
Nunca había sentido tanto miedo. Quiero a mi hijo tanto que me
abriría el vientre para darle calor si fuera necesario.
Tengo la sana costumbre de llevar siempre una navaja encima. Salté
hacia su trono de mierda lanzando un grito de combate y se lo clavé
en el ojo derecho. Tendríais que oírlo gritar, menudo dios cobarde y
quejica.
Anda que si tuviera un coágulo como yo…
Tengo que comprar el pan, dos barras de cuarto y ochocientos
cruasanes bañados de chocolate.
Qué ridículo he hecho, me han dicho que para ochocientos cruasanes,
me vaya a la fábrica, que no tienen tiempo para bromas. Y hemos
llegado todos a la conclusión de que lo que necesito llevarme, son
ochocientos gramos de cruasanes.
Es que mi mujer es una despistada.
Nos hemos reído todos un rato con los…
¿De qué me reía?
Aún llevo la receta del médico en el bolsillo, dice que el diazepán,
en estas dosis, pega fuerte. Que vaya con cuidado.
— ¿Me he de preocupar de que me pueda quedar dormido, doctor? ¿Quiere
que le ponga la comida aparte al coágulo? Tal vez así se conservará
más tiempo y engordará más rápido.
Cuando te vas a morir y sólo te quedan dos semanas de vida, toda
conversación tiende a ser larga, odiosamente larga e infructuosa. Y
la verdad cuanto más hablas con los médicos, más se acelera la
muerte. Es como si su voz estimulara a los tumores y coágulos a
desarrollarse más y más rápido. El médico, a mayor es el tumor, más
importancia tiene. Cuestión de proporciones directas, supongo.
Es la última vez que vuelvo, me deprime más él que el coágulo.
De vez en cuando nos encontramos en una plaza en el centro, lejos del
barrio, hablamos, nos besamos y pronunciamos confidencias de amantes.
Le hago bromas sexuales.
Está mal engañar a la esposa, pero yo no pedí enamorarme de Ester. Y
aún quiero a mi esposa. A Ester le pasa igual con su marido. Y aún
así, a pesar de tantos engaños, es hermoso como nos amamos. Somos
adultos patéticos, adultos usurpando la edad de los jóvenes. Pero no
lo hacemos a propósito, no queremos ser jóvenes, amarse es sencillo y
fluye como agua mansa con ella. No quisiera volver a ser joven nunca.
Le he escrito un mensaje en el móvil:
"Me muero cariño, tengo el cerebro podrido, te quiero aunque ya no
recuerdo tu cara".
Duele mucho escribir esto y la verdad es que su cara se ha difuminado
en mis recuerdos y tengo miedo.
Siento náuseas.
Si hablo con ella, no querré morir y me aferraré a una esperanza que
no existe y se multiplicará el dolor por mil, pero para ella.
Encima de estar jodido, uno ha de ser cuidadoso.
En teoría, a partir de ahora, todo segundo que pase, es un poco de
tiempo que le he robado a la muerte.
Me despido cada día de mi hijo como si me fuera de viaje. A veces me
tiene que repetir que aún no me voy y me seca lágrimas que no sabía
que corrieran por mi rostro. Yo creía que sonreía.
A mi mujer le doy las gracias por todo, no sé porque lo hago, no sé…
Pero me abraza y me quiere. Y no quiero separarme de ella, hoy no, ni
mañana.
Cada día al despertar, me recuerda quienes son, mi cerebro está cada
vez más oprimido y si duermo sin pesadillas es porque ni yo mismo me
recuerdo.
Cuando despierto, nervioso y desorientado, me dice que es mi esposa,
que llevamos viviendo muchos años juntos, y él es mi hijo.
Y poco a poco durante los primeros minutos de la mañana, recupero
fragmentos de la vida de alguien.
En mi teléfono hay muchos mensajes de una tal Ester; se debe haber
equivocado, seguro.
"¿Por qué no me contestas, Teo?" "¿Qué es eso del cerebro podrido? Ya
no me quieres." "Me estás haciendo mucho daño Teo"
He tirado el teléfono a una papelera, no quiero que mi mujer se crea
que le he sido infiel, yo sólo la he amado a ella. Esa mujer se ha
equivocado de número.
Yo a lo mío, que me queda poco tiempo. Como diría un médico:
coagulando que es gerundio y el movimiento se demuestra no muriendo.
¡Ja! Se me ha olvidado lo que tenía que hacer.
Maldito coágulo, ya no me acordaba de él.
Tengo mucho miedo a dejar de andar, porque cuando me detengo, se me
oscurece la visión y me duermo siendo consciente.
La muerte no es tan mala como dicen.
A lo mejor era eso, necesitaba descansar, un poco.
Soy Alicia en el País de los Coágulos Sangrantes.
Le iba a comprar a mi hijo su primera maquinilla de afeitar, pero me
ha dicho que no la quiere, que usará la mía. En lugar de sonreírle y
abrazarle, me he puesto a llorar. Y he salido a la calle y…
Lo que me faltaba ahora, se me ha roto una venita en la nariz.
Tengo que comprar dos barras de cruasanes y ochocientos gramos de
pan, como cada día.
Antes de morir si puede ser.
Que día más bonito…
Joder se me ha cagado la puta palo…

Fin.

Iconoclasta

#137 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 7 de Mar, 2008 12:12 pm
Asunto: Crispación y tensión
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
El Zapatero ya tiene mi voto, lo tiene desde que ha prometido pagarme
cuatrocientos euros por él. Me da igual que la peña millonaria
también los cobre y los Albertitos se puedan fumar medio puro de los
suyos gracias a la paga del Zapatero; pero lo cortés no quita lo
valiente, el Zapatero es un ser sin apenas velocidad en sangre. Y me
da un mal rollo que te cagas. Es de esos que se ríen y te desean paz
mientras te estás ahogando y es incapaz de mover un dedo para tirarte
una cuerda.
Es de esos ricachones de mierda de buen vivir, que como ellos nadan
en la abundancia, piensan que todo está bien y que el currante se
queja por vicio y por incultura.
El Zapatero, debería aprender de Rajoy, porque lo menos que pueden
hacer estos vagos políticos, es crisparse. Su obligación es crisparse
por nosotros, joderse a trabajar porque para eso cobran una pasta que
aunque nazcamos mil veces, no cobraremos jamás.
La mierda de talante de Zapatero en el puto debate (otro reality show
como otro cualquiera), lo hacía parecer un estúpido mesías. Un hombre
santo que hablaba y gesticulaba como un misionero de los cojones.

Los políticos a crisparse y luchar para el pueblo; ya se relajarán
cuando les toque y sobretodo, cuando de ellos no dependa la economía
y el bienestar de otros.
Muchos de los que le votarán no lo harán por la pasta prometida lo
harán deslumbrados por su optimismo y su buen talante (de aquí a unos
años, habrán apostoles y una religión nueva surgirá); sí, esos mismos
desgraciados que por mil euros al mes trabajan como cabrones y
soportan empresarios y encargados que hasta les dan por culo y los
esclavizan sin ningún tipo de optimismo ni buenas maneras. Que
soportan la crispación de la empresa.
Esos mismos son los que no tienen conciencia de su propia existencia,
y miran con desconfianza al político que habla crispado de la
carencias económicas y ven en el beato e insustancial Zapatero, una
especie de padre que nunca tuvieron. Si es que al pueblo bajo hay que
hablarle como si fuera subnormal para que se meta él solito en la
picadora de carne.

Pobre de espíritu tiene que ser el que no exige que se le trate con
la misma atención y esfuerzo con la que ha de trabajar cada día y
cuidar así de su sueldo.

Yo lo que quiero, es que un cabrón de presidente rabie como a mí me
han hecho rabiar en el trabajo cobrando una mierda. Que rabie y se
crispe como cuando no he tenido trabajo ni dinero; solo que ellos
rabiarán en algún club o esnifando coca de la buena. Hasta para eso
son bien nacidos.

Tampoco soy idiota, sé que no me va a pagar ese dinero, que se
inventará alguna mentira para quedárselo él y su cohorte de chorizos,
pero me haré el tonto a ver si por casualidad, cae esa pasta.
¿Crisparse? Que se crispen hasta que les revienten las venas del
cuello, que cobrando una infinitesimal parte de lo que ellos cobran,
he tenido que vomitar bilis.
No te jode con la crispación... A lo mejor les tendremos que chupar
la polla para que se relajen.

Si el Rajoy me hubiera comprado el voto como lo ha hecho el Zapatero,
le hubiera votado a él tan sólo por su crispación. Al menos aparenta
que se preocupa, no como el otro que ni levanta sus deformes cejas de
troll.
Que se crispen y se arranquen los ojos, nada de optimismo ni besos de
mierda con mi dinero.

Que curren un poco, coño.
Necesito dinero y unas vacaciones, menuda crispación tengo.
Es una mierda ser tan macho, demasiada responsabilidad reproductora.

Buen sexo.

Iconoclasta

#136 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 17 de Feb, 2008 5:33 pm
Asunto: Todos por Zapatero y sus cuatrocientos
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Vale, he de reconocerlo, no me importa en absoluto la tendencia
homosexual del presidente Zapatero.

Y hablando en serio, siempre se ha considerado a los homos como
personas más inteligentes, más sanas, más buenas, y mejores que los
heteros.

Zapatero es la prueba de que un presidente julandrón es capaz de
ganarse mi respeto.

Por cuatrocientos euros, le votaría aunque fuera heterosexual. Lo
juro.

Y no es broma, tengo a mi madre colgada en E-Bay por trescientos
cincuenta.

A mi hijo por doscientos y a mi mujer no, que la necesito para que
limpie la casa. No me puedo quedar solo.

Si es que es lo que necesitamos: dinero.

Lo demás son cosas secundarias, porque ya está bien; hasta ahora, los
gitanos y los seres más bajos de la escala social se podían ganar la
vida follando y teniendo hijos que luego vendían. A partir de ahora,
los ciudadanos y obreros normales, gozaremos de una paga, aunque sea
única, de cuatrocientos euros.

Todos deseábamos poder comprar ese Ipod metalizado que nos encogía el
alma al verlo tan inaccesible dentro de las vitrinas de las tiendas
de electrónica hortera y por fin podrá ser nuestro.

Y todo gracias a nuestro homo cejipuntas y generoso presidente
Zapatero.

Ni se os ocurra votar a esos rancios del PP, que no regalan ni una
mierda y encima aburren a las ovejas. No vayamos a joder la marrana,
que con estas cosas no se juega.

Además, el paro no es para tanto, al fin y al cabo, hay más de cien
mil obreros que están haciendo cursos de formación para poder
trabajar de presidentes de gobierno y mientras estudian ni necesitan
trabajo, ni comer ni vestirse.

Por lo tanto, una mierda: lo del desmesurado índice de paro es una
falacia de los fachas para joder a nuestro julandrín y cejipuntas
Zapatero.

Y ya me estáis pillando doble papeleta del psoe para que vuelvan de
nuevo, no me vayáis ahora a joder con los fachas o nacionalistas (son
lo mismo).

Buen sexo

¿De verdad no os interesa una vieja para limpiar? Mi madre aún se
apaña. ¿Y un niño para fotografiar o simplemente usar de repuesto
para transplante de órganos?

Pujad en E-Bay, a ver si con su venta y la paga de ZP, me llega
también para un cámara digital de una cojonada de megapixels.

Hasta luego, chatos y chatas, si me vierais... Estoy con el dedo en
ángulo encima de mi ojo, como Bosé y Sabina...

Iconoclasta

#135 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 10 de Feb, 2008 6:57 pm
Asunto: Blasfemia
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
No soy blasfemo, amo la blasfemia, Soy blasfemia, una blasfemia
pegada a otra.
Y blasfemia eres tú que ridiculizas a los dioses con tu existencia.
No los maldigo, no los mento en vano, simplemente están muertos;
murieron cuando tus pechos se desarrollaron, cuando te hiciste mujer.
Cuando de tu coño manó la primera sangre sacrificaste a los dioses.
Las vírgenes murieron entre alaridos de envidia cogiéndose con las
manos crispadas sus coños inmaculados ante la blasfemia hecha cuerpo.
Tu cuerpo.

Puta Diosa que haces de mí un animal baboso y arrastrado.
Me cago en dios, me cago en todas y cada una de las deidades que han
usurpado un lugar que no les pertenecía, que han evitado por todos
los medios tu advenimiento durante tantas eras.
Me llaman blasfemo, degenerado. Dicen que mi cerebro es una papilla
larvaria, pútrida.
¿Por qué? ¿Por qué deseo follarte? ¿Por qué tengo la firme creencia
de que estoy enamorado y quiero joder tu coño divino y sagrado?
Envidiosos de mierda.

Que ellos amen al clavado en la cruz, que imaginen la felación de un
buda eunuco gordo y repugnante. Que babeen ante el sexo inmaculado de
las santas.
Yo te rindo misa y sacrificio ante un altar de satén negro y humo de
tabaco. Yo te entrego mi pene endurecido y arrogante. Mi pene
incrustado en tu cuerpo dios, mi pene en tu boca húmeda, mi pene en
tus pechos, reptando el glande por tus pezones y dejando espesos
rastros brillantes en ellos.
Yo te ofrezco la misa de mi polla, y me clavo en ti como aquel se
clavó en la cruz.

Blasfemia… Yo te contaré mis blasfemias contra ti, por ti.
Esta es mi misa:
La hostia es mi pene penetrándote, embestidas desbocadas. El vino es
la sangre que derramo clavándome las uñas al cerrar los puños
deseándote. Mi confirmación es un semen abundante, blanco y espeso
arrojado a tu entrepierna, a tu vientre, a tus labios.
Me cago en todos los dioses. ¡Qué cojones entiende nadie de
blasfemia! Si no puedo pensar en otra cosa más que en ti. Te amo
entre lágrimas de puro de deseo frustrado, me masturbo entre muerte y
hambrientos. Te amo a pesar de la enfermedad que me pudre la sangre.
Te amo como jamás podré amar a mi madre ni a mi padre.
Te jodo ante las miradas muertas de los agonizantes. Sólo pienso en
ti y mi miembro está tan duro que mis manos no prestan ayuda a nadie;
se aferran a esta carne dura y pulsante como única salvación. Mi
polla es tu cruz, te clavaré a ella.

Por lo que más quieras, mi Diosa: abre tus piernas y que tu sagrado
coño se me revele como la luz divina se reveló a apóstoles y mártires.
No quiero corderos ni palomas, no quiero tus manos alzadas rogando
por mi salvación.
Quiero tu cuerpo entre mis brazos y tus manos en mi polla, en mi
blasfema polla.
Te amo como ningún dios ni humano pudo ser amado jamás.
Con toda locura, con toda ponzoña.
Eres la Blasfemia hecha Mujer. La diosa que acabó con el Mal y con el
Bien y ha esparcido el Deseo por toda la humanidad.

Bienaventurado sea tu coño.
Maldigo mi polla dolorosamente dura.
Como te amo, mi Diosa.
Mi Puta Diosa…


Iconoclasta

Relatos Blue
iLibros

#134 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 8 de Feb, 2008 12:28 pm
Asunto: Correcaminos
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Esto no es una pesadilla porque me siento optimista, ligero y bien en
general.
Nunca le había sacado la lengua tan rápidamente a nadie.
Y menos a un Coyote.
Yo no digo Bip… Bip…
Pues se ve que sí… Bip… Bip…
Con estas patas tan largas, estas plumas…
Pues no está mal.
Y tampoco debo parecer algo extraño porque la peña ni me mira.
Bip… Bip…

Extraño de verdad es que doy un par de pasos y me planto en la
frontera con Portugal; o sea, que todo va muy rápido.
Y me mareo, coño, así no hay quien disfrute del viaje.
Bip… Bip…

Me siento alegre, gozoso, todo es bonito y colorido. No hay maldad
alguna y por ello mi pico exhibe una eterna sonrisa.
Estoy atrapado por el instinto de la naturaleza. Y observo con la
cresta elegantemente recta a las tías buenas.
A las pájaras.
Bip… Bip…

Por allí viene una que te cagas de buena que está.
Modero la velocidad porque si me paso de largo, me colocaré delante
del alegre y sudoroso albañil que lleva un saco de yeso de 20 kg. en
el hombro.
Ya colocado frente a la pájara buenorra, erizo mis plumas y abro mis
rechonchas alas en una danza altamente erótica mostrándole mis huevos
gordos y pelones.

-Bip… Bip… -lo digo con orgullo (¿Quieres venir a mi nido para que te
monte y puedas tener huevos tan gordos como estos? Sic)

Gracias a que soy un gracioso, cachondo e inocente Correcaminos veloz
como el rayo, salgo disparado dando media vuelta cuando levanta el
pie con la intención de deshuevarme de una patada.
En la lejanía escucho su grito:

-¡GUArr…!

Me debe haber confundido con un perro.
Bip… Bip…
¡Oh…! Me ha crecido otra pata más.
Tengo que encontrar una pájara enseguida.

Y me lanzo en frenética carrera guiado por ese pequeño núcleo
magnético que dicen los biólogos que tenemos las aves en el pico,
para guiarnos en los largos viajes migratorios. Leo mucho.
Pero a mí me guían las tías buenas.
Bip… Bip…

En esta rauda carrera que deja tras de mí un rastro de plumas en el
aire, me siento hambriento. Parece que no voy a poder montar una
pájara.
Hay un grupo de mesas en la acera ocupadas por gente alegre y feliz
que va cogiendo comida de entre los numerosos platos que les llevan
los camareros. Y beben…
También tengo sed.
En menos de unas décimas de segundo me planto al lado de un gordo con
camiseta de tirantes y con una rapidez y precisión mecánicas picoteo
su plato de patatas bravas y me bebo la rica cerveza fresca.
Amo a la gente que comparte su comida.

-¡Será hijoputa!-grita el gordo.

Yo miro atrás para ver a quien se refiere.
De improviso me lanza gratis la jarra de cerveza vacía y antes de que
se rompa contra el suelo, ya estoy en la acera de enfrente.
Bip… Bip…
Los Correcaminos no vamos por ahí con una jarra de cerveza vacía
entre las alas.

Ahora a por la pájara.
Con la tercera pata dolorosamente dura llego a la playa guiado por mi
instinto.
Hay muchas pájaras y de muchos colores.
Una que está muy roja y se protege del sol cubriéndose los ojos con
la mano, me pide un helado.
O es graciosa, o el calor la está haciendo delirar.
Le sirvo un sonrosado y mojado sorbete de carne. Me coloco encima de
ella, la monto, la piso y grita:

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Así cabrón!

¿Por qué tienen que insultar a un Correcaminos amable las pájaras
cuando gozan? Le quitan romanticismo al acto.
Bip… Bip…

-¿Qué estás haciendo con mi novia?- me pregunta un calvo rasurado y
con gruesas cadenas que cuelgan de su poderoso tórax.

¿Es que nadie ve bien en la playa?
Y le respondo con un temblor y un gemido:

-Bip… Bip… - (me estoy corriendo ahora mismo ¿o es que no lo ves? Sic)

Y ahora, la mujer se protege de los rayos UVA la piel de la cara con
una crema blanquecina y densa.

-¡Uhmmm…! ¡Así… toda para mí!

El calvo hortera salta hacia mí, sólo se abraza a una pluma en el
aire.
Se debe haber molestado porque se ha quedado sin sorbete. Da igual,
yo no les doy sorbete a los pájaros.
Qué raro… mi tercera pata golpea contra las rodillas. Está flexible.
Pero me siento menos tenso.
Bip… Bip…

Estoy cansado y hace calor, así que aflojo la marcha para no pasar de
largo un banco que se encuentra bajo la sombra de un árbol. Es una
calle tranquila y solitaria. La gente debe estar comiendo en sus
nidos.
Los elegantes y rápidos Correcaminos necesitamos descansar.

Bip… Bip… Rorrrro… Rorrrrooo

Me despierto sobresaltado. Alguien se ha sentado a mi lado.

-¡Hey! Hola colega. Me voy a meter un chute aquí a la sombra ¿no te
molesta, verdad compañero?
Yo no soy su compañero de mierda. Es que me pone de malhumor que me
despierten.

-Bip… Bip…-respondo con desconfianza.

Este me recuerda a alguien, saca de su sucia cazadora vaquera una
jeringuilla gigante marca ACME y una papelina que dice: Heroína super-
explosiva marca ACME.
Ya decía yo…
Es el malvado Coyote.
Acerco el pico a su oído cuando está concentrado mordiendo el
cinturón, haciendo el torniquete en el brazo para dilatar la vena;
cojo aire ensanchando mi poderoso buche y le grito:

-Bip… Bip…

Las orejas y los bigotes del Coyote se erizan y se eleva como un
resorte del banco por el susto que le he dado. Sus escleróticas están
vidriosas y me mira con rabia.
Intenta agarrar mi grácil y largo cuello con sus garras y la super-
jeringilla marca ACME clavada en un ojo.
Pero el Coyote es lento y tonto, nunca me alcanza y siempre acaba
chafado, roto o quemado.
Y así sonriendo feliz, recorro la ciudad velozmente en busca de mi
nido. Total, ya me ha roto el sueño…

Ya comienza a anochecer y la gente se mete en sus nidos.
En el portal de una casa muy discreta en una calle mal iluminada, un
hombre desnuda a su hija con prisa; la pobre se debe haber ensuciado
la ropa porque llora mucho.
Me acerco hasta ellos guiado por mi innata curiosidad inocente y les
saludo:

-Bip… Bip…

-¿Y a ti que te pasa?-el hombre lleva una navaja en la mano, se ve
que se ha estropeado la cremallera del pantalón de su hija y estaba
cortando la tela. Ahora me amenaza con ella, debo inspirarle miedo en
la noche; no entiendo nada.

Y como soy un poco cobarde y pusilánime, digo Bip… Bip… y tomo
impulso para alejarme de allí muy rápido. Incluso avergonzado.
El suelo del portal es muy liso, resbaladizo. Y no consigo
adherencia, se me escapa una pata hacia atrás.
Y claro, mis patas son muy duras y poderosas.
Se clava en el vientre del hombre y tengo que pegar un fuerte tirón
para poder sacar la pezuña de su interior.
Ahora sí que la he hecho buena…
La niña, aún hipando, mira a su padre inmóvil con las tripas fuera
tendido en el suelo.

-¡Gracias!-me dice en un suspiro.

Tampoco entiendo nada, así que me largo de allí en busca de mi nido y
restregando fuerte la pata por el suelo para sacarme de encima el
pringue de sangre.

-¡Bip… Bip…!-le digo adiós a la niña ya desde lejos.

Llego a mi nido y…
No me acordaba que tenía una pájara; mi tercera pata se pone tensa
otra vez, hay que ver… este instinto me lleva por el camino de la
amargura.
Me subo encima de ella.

-¿Otra vez, David?-dice con la voz pastosa de sueño.
Y sin que pueda evitarlo porque ella es una Correcaminos muy rápida,
se escurre por entre mis patas y me coge la pata dura con el pico.

-Bip… Bip…-dice saboreándola.
David se ha despertado por la felación que le está haciendo Mari.

-Me has despertado con ese bip… bip… tan mono y además estabas tan
puesto…
¡Qué soñarías!

-¿Bip… Bip…?-repitió intrigado David entrecerrando los ojos de placer.

Iconoclasta
Relatos Blue
iLibros.es

#133 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 7 de Feb, 2008 12:40 am
Asunto: Que se muera
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
¿Qué me has hecho, preciosa? Me has sumido en un nefasto mar de amor.
Me he bañado en tu boca, me he deshecho en ella y ahora no te
tengo...
Y me dejas así, tirado sin ti.
Te alejas con él y me dejas con los pies hundidos en hormigón.
Qué carencia has creado ¿y pretendes que agonice así hasta morir?
Durante años... lo que me quede de vida.
De puta vida.
Y no tengo salvación, no me puedes liberar de este ansia porque tú
eres mi respiración.
No es justo, no hay justicia en el amor sin respuesta. En el
pensamiento unidireccional.
No es justo que haya alguien mejor que yo.
Debería morir al que ahora sonríes.
No soy un buen perdedor.
Que muera, que muera, que muera, que muera...
No estás conmigo, y me engaño.
Puedo sentir los labios, la lengua, tu cuerpo con el pensamiento.
Es mentira, mi vida; no te puedo sentir sin tocarte.
Si consigo ver tu rostro hermoso, se deshace como cera caliente
cuando tus ojos le sonríen apartándose de los míos.
Te evoco y me desespero abrazando el aire.
¿Sabes que mis dedos intentan tocarte? Y tocan aire aunque yo me
masturbe pensando que es tu cuerpo.
No me engaño, mi vida, sólo es un mal consuelo.
Y es un consuelo árido, que apenas dura lo que el semen tarda en
enfriarse entre mis dedos.
Un desesperado consuelo y sonreír a la mierda que el destino me tira
a la cara.
Al cabrón que es mejor que yo.
Mi sonrisa es un odio insano y letal; lo mataría.
Escondo mi dolor como un augusto; me he pintado una negra sonrisa; si
me cortara sangraría lágrimas.
Mi mano es la desesperanza, mi mano es tu mano.
Pero no me engaño, soy viejo y sé de espejismos.
Sé de mi condena.
Sé que moriré sacando la lengua creyendo que nado en tu boca.
Y sabré que estoy muriendo, es normal; los cerebros se dan cuenta de
estas cosas pero; no esconderé la lengua.
Seré tenaz amándote en pleno viaje a la nada.
¡Cómo odio tu preciosa sonrisa cuando es para él!
¡Qué putada, mi vida!
Que se muera, que se muera, que se muera...
Que se te muera en brazos ese cabrón.

Iconoclasta

#132 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 27 de Ene, 2008 6:19 pm
Asunto: La finca y su limpieza
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Tener que hablar hoy día con algunos presidentes de comunidades de
vecinos, es la conversación más idiota y marujona que puedo tener.
Hay presidentes y vecinos preocupadísimos por la limpieza de la
escalera y vestíbulo de su mierda de finca. En torno a la mujer de la
limpieza gira su triste vida. Claro, se han metido en un piso que a
duras penas pueden pagar para después morirse, lo tendrán en
propiedad durante unos escasos diez años y no se lo podrán llevar a
su estúpido nicho. Es una putada para todos aquello seres cuya única
meta en la vida es ser propietarios de una vivienda. Y no tienen otra
cosa que pensar que en la trabajadora de la limpieza para así
ahuyentar sus frustraciones, impotencias y frigideces. Cuando se dan
cuenta de que sólo han conseguido disfrutar de un oscuro y pequeño
piso en el barrio más tirado de la ciudad,  es cuando sienten de
verdad el peso del fracaso.
Yo no, yo sólo follo.
Ayer me encontré con Miguel que es un buen y concienciado ciudadano,
con su mujer prendida del brazo.
Me abordaron en plena calle y no tuve más remedio que pararme a
prestarles atención. Una situación de lo más molesta para mí.
- ¡Hombre, Iconoclasta! ¿Kay? -kay = "que hay", en japonés.
- Pues mira, que todo es precioso. -le contesté con poco entusiasmo.
Tras las consabidas preguntas de cortesía y observar quien de los dos
vivía mejor y estaba mejor situado, ganó él. Cosa que me sudaba la
polla.
-¿Sigues viviendo en la calle del Subnormal de los Cojones?
- Sí, y compramos el piso. El amo de la finca era ya muy mayor y
vendió los pisos a los inquilinos más veteranos muy bien de precio.
Yo le escuchaba mirando las tetas de su mujer. Las llevaba muy
prietas y tenía la esperanza de que por aquel escote, podría atisbar
un poco de las areolas de los pezones.
Me estaba poniendo cachondo.
- Y ahora vamos a hablar con el administrador para que le comunique a
la empresa de la limpieza que nos cambie la operaria: ¿tú te crees
que se puede hacer la limpieza de la escalera y el vestíbulo en sólo
cuarenta y cinco minutos?
- No sé, a mí sólo me preocupa la paz en el mundo. -le contesté
observando atentamente la entrepierna de su mujer, donde la tela se
hundía en el eje central  de simetría de su sexo.
Intentó reírse, pero estaba demasiado afectado.
- Si es que las sudamericanas no valen para esto.- sentenció su mujer
y la imaginé con esos labios gordos y plenos acariciando mi glande
húmedo y lustroso.- Son muy marranas.
- Exacto -terció Miguel-, pasa el mocho deprisa y corriendo, echa una
botella de ambientador para que huela a limpio y se larga dejando el
suelo hecho una mierda. Que la hemos vigilado por la mirilla y sólo
moja el mocho dos veces por rellano.
- Si es que todo lo que encuentras ahora son inmigrantes y moros. -
dijo como si no fueran lo mismo.
Miguel estaba siempre muy caliente de joven, pero era el que menos
follaba y el que peor leía de la pandilla. Vamos, de lo más normal de
la iberia profunda.
- Y le vamos a pedir al administrador, que no nos envíe sudacas, que
son unas guarras. -la maciza de su mujer estaba un poco nerviosa con
el asunto de la limpieza, pobre.

Yo estaba pensando en como sería su ano, el tiempo que necesitaría
para dilatarlo y hacerla gozar como a un golfa.
- ¿Sabes que cobra casi setecientos euros al mes? Y los de aquí sin
trabajo. -Miguel estaba  muy encendido, incluso me pareció ver
hematomas en su frente, sin duda alguna producto de los latigazos que
su mujer le propina con el elástico de las bragas.
- Sí, me acuerdo de cuando tu padre tuvo que irse unos años a
trabajar a Suiza, a una empresa de productos lácteos y chocolates.
¿Cuánto tiempo estuvo allí?
- Diez años. Al menos consiguió ser encargado de planta, pero
currando de verdad ¿eh? No como todos estos que entran en España.
Encargado de planta… era el encargado del almacén y el único
operario. El único que manejaba la carretilla. Aún me acuerdo de las
fotos que nos enseñaba Miguel a los amigos.
- ¿Está buena la sudaca?
La mujer me lanzó una mirada aviesa. Nunca me acuerdo del nombre de
la buenorra de esa mujer.
Miguel sonrió nervioso.
- Hombre, es una ecuatoriana de esas bajitas, pero monas.
Miré otra vez la marca que hacía en el pantalón la raja del coño de
su mujer y se me puso dura.
- Oye, pues sino quiere limpiar bien, que se desnude, y así por lo
menos tenéis espectáculo. ¿Algúna familia sudamericana es propietaria
de algún piso en la finca?
- No. -la mujer parecía incómoda con mis comentarios.
- Vale, pues entonces como todas son españolas que limpien las
propietarias y a la sudaca la usáis de puta. Vamos, más o menos como
tu padre hacía en Suiza, que tenía que tirar de las cajas llenas de
mierda que nadie quería acarrear ¿no? Los del país mandan y los
inmigrantes a obedecer.
Se quedaron un poco pensativos, incluso podía oír sus cerebros girar
a muchas rpm.
- Menos mal que al menos los españoles sabemos lo que es emigrar, que
si no, seríamos unos racistas como los alemanes. -les dije en plan
nostálgico y bonancible.
Levantando una ceja e intentado encontrar sentido a mi comentario
Miguel dijo:
- Pues sí. Es que una cosa es ser tolerantes y otra idiotas. Que son
muy golfas estas tías.
Mirando de nuevo los pezones de su mujer, les comenté:
- Donde vivo, tenemos de mujer de limpieza a una puta rusa, hace lo
mismo que la sudaca. Solo que después pasa puerta por puerta
ofreciendo mamadas a quince euros. Mira, en eso hemos tenido suerte.
Si queréis, os doy la dirección de la empresa.
- Vale. -dijo Miguel.
La mujer no dijo nada, pero la imaginé masturbándome con sus finos
dedos llenos de anillos.
- Bueno, pareja. Me voy que tengo que comprar unas bragas para mi
mujer y un paquete de condones, que llevamos unos días que no paramos…
Y continué mi camino pensando en lo bonito que es un país tolerante
con otras culturas y razas. En el que los obreros se encuentran, se
reconocen como tales y se respetan. Eso no existe, tampoco soy
gilipollas.
Una mierda.
Un país como España lleno de palurdos hijos de emigrantes, seguirá
siendo toda su puta vida un conjunto de incultos intolerantes.
Pero yo a probar condones, que es lo mío.
Buen sexo.

Iconoclasta

#131 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 27 de Ene, 2008 6:17 pm
Asunto: Soñé
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 
Soñé como tantas veces que caía a gran velocidad y aterrizaba en el
colchón con el corazón acelerado, no soñé que  me ayudabas, no soñé
que tus manos hicieran intento alguno por alcanzar las mías.

Tú estabas allí, mirándome caer, tranquila y sin importarte nada.
Sonreías hablando con alguien y me decías adiós con un breve gesto de
la mano cuando el trozo de mundo que me soportaba se hundía.

Me tragó la tierra.

Clavaba mis uñas en las paredes del abismo, destrocé mis dedos
intentando frenar la caída.

No me importaba subir, volver allá arriba; me hubiera conformado con
quedarme allí, sin caer.

Porque sabía lo que ocurría al final, sabía que despertaría junto a
ti, junto a tu olor, a tu piel, a tu cuerpo aburrido.

De nuevo pegado a tu belleza vacía e insípida.

Y tú a mi lado dormida, no notaste la tremenda sacudida de la cama al
caer a tu lado de nuevo.

Cuando duermes no aprecio tus ojos, la indiferencia que emana de
ellos. Ese ímpetu idiota de levantarte en seguida para limpiar, para
poner la casa en orden, asear.

Hace tanto que no te follo al despertar...

Es cuando estás dormida que tu cuerpo me gusta, cuando no hay nada de
tu voluntad que lo mueve. Cuando estás dormida tu cuerpo adquiere una
belleza griega, clásica.

Pero cuando abres los ojos se esfuma toda tu belleza y todo es
mediocre, haces mi vida mediocre. Creo notar hasta tu coño seco y no
me apetece follarte.

Cuando abres los ojos eres un mar aséptico, y ni tu coño abierto ante
mí me estimula.

Me siento hastiado, cansado de ti.

No te quiero, no te amo. Ya no me gusta tu olor ni tu tacto.

No me gusta tu voz, la que me da el permiso adecuado para tocarte
sólo cuando tú lo deseas; me gustan más mis sueños en los que me
traga la tierra; en los que me veo liberado de ti cayendo por ese
profundo y terrorífico abismo.

Te quiero dormida
Imaginé miles de veces follarte al despertar, penetrar tu coño en la
cocina, lamer tus muslos acercándome a gatas cuando descansas en el
sillón mostrándome el vello que sobresale de tus bragas.

Me masturbo en el lavabo, pensando que te jodo sin tu permiso, en un
arrebato salvaje.

Imagino llegar a casa y sacar mi pene duro para entrar así y
excitarte, provocar tu deseo.

No soñé con caer continuamente, con desaparecer de esta trampa de
vulgaridad, de un matrimonio educado y civilizado.

Me das asco cuando estás despierta. Cuando controlas el momento en el
que has de ser follada y besada. Odio el control al que sometes cada
uno de los momentos en los que estoy contigo.

Soñé otra vez que la tierra me tragaba, y no me estrellé contra el
colchón. Caí dolorosamente de pie en un lugar de luz, sin sombras.
Donde no había olores y tus ojos me miraban indiferentes, tus pechos
preciosos mantenían unos pezones que no se erizarían jamás. Y tu coño
se mantendría siempre cerrado hasta que me dieras permiso para
metértela. Para no lamerte si no estás de humor.

Siempre a tu voluntad.

Tus ojos preciosos pero repugnantes e idiotas así me lo decían.

Y desperté sintiendo escalofríos. Desperté con el absoluto
convencimiento de que nuestra vida sería para siempre así de
repugnante. Monótona, plana...

Patética.

Porque ya hasta mis sueños pareces controlar.

Podría marchar sin decir una sola palabra o pedirte el divorcio.

Pero no puede ser tan fácil; he esperado años imaginando que un día
podría tomarte sin permiso, sin que me rechazaras porque no es el
momento adecuado.

Atisbar algo de deseo salvaje en ti.

Me he despertado sobresaltado, sudoroso. Ya no puedo más, he ido al
lavabo a fumar. He cogido la botella de éter que guardaba en el fondo
del armario de la pica y una toalla.

También he cogido unas bridas para sujetar cables y el costurero.

No puedo más.

Mientras duerme le coloco la toalla empapada en éter en el rostro y
todo su cuerpo se relaja notablemente, su respiración se ha
ralentizado.

Con las bridas sujeto sus muñecas y tobillos usando el somier de
anclaje.

Elijo una aguja cualquiera del costurero y la enhebro con hilo negro,
el primero que he cogido. Me la pela el color.

Primero los labios, cierro su boca impidiendo que se abra fijando una
brida que envuelve su cabeza inmovilizando el maxilar.

Con lentas puntadas voy cosiendo sus labios, a veces noto el roce
incómodo que hace la punta de la aguja entre los dientes y debo parar
unos segundos para recuperar el aplomo. La sangre mana abundante y
preciso limpiarla continuamente por cada puntada que doy.

Ha abierto los ojos en algún momento y ha intentado abrir la boca. Ha
roto dos puntadas antes de que el éter la volviera a dormir.

Ahora ya está, sus labios han quedado horribles, están morados porque
las puntadas fuertemente apretadas cortan el flujo sanguíneo. Pero ya
no podrá abrir la boca.

Con dificultad pellizco los párpados de su ojo izquierdo, vuelvo a
enhebrar más hilo y comienzo a coserlos. Es inevitable que haya
pinchado un par de veces el globo ocular.

Por lo menos no sangran tanto como los labios.

Estoy tan concentrado en mi trabajo que he tardado unos minutos en
darme cuenta de que estaba despierta, lo he notado en las lágrimas
que se deslizaban por entre los párpados ya cosidos del ojo izquierdo.

Y por sus pequeños espasmos de dolor, está tan bien sujeta que apenas
puede moverse.

Le coloco otra vez la toalla en la nariz y en apenas veinte segundos
vuelve a dormir.

Acabo de coser los párpados del ojo derecho y me enciendo un cigarro
esperando que se disipe el efecto del éter.

Se agita con terror, histérica; y sus mudos intentos por gritar me
excitan. Me excita ver sus ojos cerrados por mi voluntad, su cara
llena de sangre porque cada movimiento de sus labios o de sus
párpados provoca pequeñas hemorragias entre las prietas puntadas que
le he dado.

Con las tijeras rasgo la parte superior del pijama de franela, gordo
y asexuado. Sus pezones siguen tan muertos como siempre. Pero tengo
la cubitera en la mesita y le paso un hielo. Los pezones responden
con rapidez, se han contraído con dureza y puedo lamerlos, morderlos
hasta hacerlos sangrar.

Sé que a ella no le gusta, que no es el momento adecuado para sexo.

Da igual, nunca cambiará, nunca se preocupará si yo estoy excitado.
Corto el pantalón y las bragas, me excita desnudarla así.

Y me hundo entre sus piernas lamiendo su coño,  se lo muerdo, estiro
sus labios hasta que mi pene se moja excitado. Pero de su coño no
sale fluido alguno, no colabora; no se deja excitar.

Así que voy a la cocina y vuelvo con una aceitera, riego su pubis con
aceite, con mucho aceite y lo restrego por su vagina, sé que está
llorando, lo noto en el movimiento de sus costillas, en los espasmos
de su vientre.

Aplico mis aceitosos dedos en el útero, en el clítoris.

El brillo del aceite en su coño y entre sus muslos le da un aire
mojado. Es preciosa cuando está excitada, cuando no habla, cuando no
mira.

No se si soñé que la follaba así, pero parece irreal este momento.

Y la penetro, la penetro con fuertes golpes, secos y duros. Haciendo
que nuestros pubis se rocen. Con mi vello acaricio su clítoris pero
no noto que se contraiga, que se endurezca.

Y a pesar de ello, me corro dentro de ella, apoyo mi pene en sus
muslos mientras me acabo de vaciar y la dejo así, pringada de sangre,
aceite y semen. De mi saliva...

Que se limpie si puede.

Y me he quedado dormido a su lado, no he soñado con caída alguna. No
he soñado con ella, ni siquiera era consciente de su existencia.

Y me desperté tranquilo, sin sobresaltos. Sin esa sensación de
frustración que siempre me embargaba al despertar tras una caída.

Así que le clavo un cuchillo en el corazón para que jamás pueda
volver a controlar mis sueños, mi vida, mi excitación.

Y encendiendo otro cigarro, marco el número de mis suegros en el
teléfono y les comunico que su hija se encuentra indispuesta, que hoy
no iremos de compras con ellos. Mi suegra quiere hablar con su hija y
cuelgo el teléfono.

Sé que me pudriré durante unos años en la cárcel, pero es mejor eso
que soñar con una caída por un abismo en el que siempre está ella al
final.

Iconoclasta

#130 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 18 de Ene, 2008 12:52 am
Asunto: Cosmos negro
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 

http://bp3.blogger.com/_c91dZDBnD8k/R4_wK_prxJI/AAAAAAAAAFA/ycBsTz0CtZw/s400/cosmos.jpg Cuéntame tus secretos, susúrrame todas y cada una de tus penas y frustraciones. Confiesa que tu vida es una mierda. Confiesa que no vives, sino que sobrevives.

Que soportas como yo, los días sobre la espalda, penosamente.

Tristemente, mi cielo.

Mi cosmos es negro.

Gravitan las carencias como los satélites en torno al negro planeta sin nombre. Y gravita tu ausencia en mi cerebro creando sinapsis apagadas. Mi pensamiento es unidireccional, directo a ti.

Por eso, mi vida, cuéntame de tus lágrimas. Dime cómo es tu soledad de triste.

Dime todo eso y hazme sentir hombre, quiero ser tu salvación. Quiero ser tu dios, el que ilumine tu camino.

Tu esperanza.

Una puta esperanza que se pudre en la lejanía de un largo recorrido hacia ti y tu cuerpo.

Quiero ser un astro que viaje a tu encuentro arrastrando esta estela de negra pena, de negra ansia por ti. Una estela de improbables besos, una estela de esperanzas que se hacen añicos como gas congelado al chocar contra pequeños asteroides, contra pequeños seres que dificultan mi camino hacia ti, hacia tu cuerpo.

Y si tu vida no fuera lo triste que es la mía, si acaso (maldita seas) fueras feliz; miénteme. Por lo que más quieras. No dejes que viva solo este infierno; no me dejes viajar por este universo oscuro sabiendo que jamás seré correspondido. No puede hacerte daño mentirme. Y sabes que te creeré.

Si lloras, aunque no sea por mí, deja una lágrima prendida en la órbita de la Estrella Desbocada, llegaré a ella y clavaré ese cristal en mi frente: una lágrima de posición en este viaje en el universo oscuro por el cual viajo hacia ti.

Hacia la luz.

Amo cada una de tus penas.


#129 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 6 de Dic, 2007 5:48 pm
Asunto: Seres perfectos
tricuspide34
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje
 

Paseo por la calle tan tranquilo pensando en lo poco que cobro, en lo pobre que soy; fumando, viendo como mi hijo se triplica (una ilusión óptica que responde a su hiperactividad, no se está quieto el muy cabrón) y la dulce voz de mi mujer que le grita que como cruce solo la calle le arrea una hostia.

De frente, veo con horror que se aproxima un matrimonio mayor (de unos sesenta años) y nos saludamos.

-¡Qué hijo tan grande y majo teneís!.- y toda esa mierda.

Mis reflejos fallan y no me da tiempo a drogar y amordazar a mi mujer para que no abra la boca. Y les suelta con toda frialdad:

-¿Cómo están Raúl y Vero?-sus hijos de unos veintitrés y veintisiete años respectivamente.

El padre me mira y calcula:

- Raúl es más grande que tu marido.

Esto es normal que lo digan todos los hombres de mí; es debido a mi espectacular físico, no saben si catalogarme como gordo o espectacularmente ancho, o grande. Muchos hombres sienten envidia de mí y desearían que sus hijos también se me parecieran, sus mujeres prefieren tenerme como esclavo sexual.
Yo digo con toda mi simpatía:

- Pues que bien.

Prosigue la madre:

- Está estudiando económicas, es una cosa mala lo inteligente que es. Ahora es encargado del supermercado porque es un genio de la informática - (¿qué tendrán que ver los cojones para comer trigo?)- y cobra doscientas cincuenta mil pesetas al mes.

No me sale de la polla calcularlo en euros.

Cuando oigo esto se me tensa el cuello y se me hincha una vena en la frente gorda como el dedo corazón. Les hecho un vistazo por encima a estos idiotas: calzan zapatos sintéticos y sus ropas son del corte de rebajas de los hipermercados más tirados y llevan unos relojes digitales de esos de feria. Yo llevo una pluma estilográfica encima que vale cuarenta y cinco mil ptas. Mi reloj sesenta y cinco mil, mi camiseta desgastada es una Liberto de nueve mil y mis bambas son de dieciocho mil. ¿A quién cojones pretender engañar?

Así que traduzco inmediatamente su mentira y calculo que su perfecto hijo, aún siendo encargado no llega ni a las cien mil brutas.
Eso y que lo he visto reponiendo las estanterías, claro.
No es que me importe mucho pero; me jode y me hacen perder tiempo.

Su hijo perfecto, el Raúl, me la va a chupar.

La madre sigue rajando como una muñeca de pilas:

- La niña -(de veintisiete tacos)- está a punto de casarse con el director de una sucursal de la caixa y se han comprado una torre de treinta millones. Es más alta que tú -(se refiere a mi mujer)-, está delgadísima y es guapísima. Es secretaria de dirección de una empresa muy importante.

Me viene una arcada y no vomito porque empujo la comida para abajo con el humo del cigarro.
Otra vez me sobreviene un ataque de envidia ante tanta perfección. En mi mente se dibuja una imagen divina:

La Vero está encima mío penetrada y no veo sus tetas porque se las estoy sobando mientras no cesa de gemir de placer. Lleva un liguero de puta que es lo único que le he dejado puesto porque soy un poco fetichista.

Siempre he sido una persona muy ordinaria y de muy bajos instintos. Aunque soy bastante selectivo y no me quedo con cualquier cosa.

De repente le grito a mi hijo:

-¡No se te ocurra cruzar!.- y salgo corriendo hacia él y me mira sospechando que haya perdido mi cordura porque simplemente le estaba pegando patadas a una lata de cocacola y salpicándose los pantalones recién puestos.

Pero es que no aguanto más tanta mierda.
Mi mujer se despide del matrimonio y yo desde lejos levanto la mano:

- Adiós asquerosos.

Mi mujer sonríe porque sabe lo que me está pasando por la cabeza y no me regaña cuando enciendo el trigésimo cigarro de la mañana.

¿Pero es que sólo yo me tengo que encontrar con tanto idiota?
Maldita sea mi suerte...
Buen sexo.


Iconoclasta
iLibros.es


Mensajes 129 - 159 de 273   Primero  |  < Anterior  |  Siguiente >  |  Último
Avanzado
Añadir a Mi Yahoo!      XML ¿Qué es esto?

Copyright © 2009 Yahoo! Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Actualizada - Condiciones del servicio - Directrices - Ayuda