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#233 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 17 de Jun, 2009 11:51 pm
Asunto: CAMINATA CEREBRAL
manum_mm
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DEL LADO IZQUIERDO DE MIS IDEAS
REFLEJAN EL ATARDECER SOMBRIO
CALLADA LA SENSACION DE DEBATIR
BUSCO LAS FANTASIAS REFLEJADAS
EN EL FONDO DEL VASO DE AGUA


NINGUNA NEURONA FUNCIONA SIN EL LATIR DE LA ALEGRIA
MATARLAS ES FACIL RECUPERARLAS COMPLICADO
LAS MAS CAPACEZ LAS DEPOSITO EN LA SOLEDAD
UNAS MAS PELIGROSAS LAS FUMO EN TABACO CON POCA DE MALDAD

CREO UN KARAOKE CON LOS SONIDOS DE LAS PESADILLAS
DIBUJO LA INICIAL DE MIS SUEÑOS EN MI ANTEBRAZO
UN TRIBUTO A LA HONESTIDAD Y LA DISCIPLINA

ENMARCO LOS RECUERDOS CON HILO DE LA DISCORDIA
DESCONECTO LA CONCIENCIA DE LA IMPACIENCIA
LLENO UN ABISMO CON LAS VANIDADES
PERMITO ESCAPAR LO ESPONTANEO
PORQUE SE QUE CADA MINUTO DE MI VIDA
ES UNA GOTA DE AGUA PARA EL OCEANO

SOLO DEJO QUE LA ISLA DEL INFINITO
ALOJE AL CONCIENTE NAUFRAGO DE MIS MENTIRAS
PARA QUE SU CONDENA SEA VER ALEJARSE DE LAS ESTRELLAS
QUE DOMINE SU PERDON A TRAVEZ DE SU EGOISMO

#232 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 17 de Jun, 2009 11:50 pm
Asunto: gracias por tu aceptacion y unirme a tu grupo
manum_mm
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te seguia desde el msn pero por alguna razon  tu grupo fue borrado

pero nuevamente aki estamos  espero tus criticas son siempre para un punto
analitico concreto

colaborare  con mas expresiones antagonicas  de la vida y el odio

#231 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 13 de Jun, 2009 11:23 pm
Asunto: Licántropo enamorado
tricuspide34
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Lo intento, intento no dañarla. No puedo hacer daño a esa mujer. Ella me quiere
y yo me muero por ella. Por ella estoy encadenado.
Le he rogado que me encadene, como otras veces. Una pistola cargada con balas de
plata será su protección definitiva.
Y tal vez mi muerte.
A medida que la luna llena va ganando claridad y su luz se esparce como una
blanquecina pátina por el prado, mi dolorosa transformación lanza mensajes de
dolor a mi cerebro animal y enamorado. Ella acaricia mi pecho y llora por mi
sufrimiento mientras me sangran las uñas reventadas por las del animal interior.
Grito desesperado y me acaricia y me dice que no hay dolor. Mi pecho, ya de por
sí hinchado se abre más, es un parto de dolor; ella me besa mientras de mis
encías chorrea la sangre y sus labios se manchan; su pelo se ensucia sin que
ella se preocupe por ello.
Sus pezones están duros bajo mi camisa, con la que se cubre; absurdamente grande
para ella. Se la ve muy poca cosa para el animal que soy.
Mi visión comienza a convertirse en una gama de grises y mi nariz olfatea el
aire buscando su coño.
La mataría con mis garras si no fuera por estas cadenas, y la quiero. Encadenado
en esta mesa de dura piedra intento romper mis grilletes mientras ella aún
acaricia mi pecho peludo y tenso. Mi pene ahora oscuro, roza su pierna y muevo
mis caderas para golpearla con él; está húmedo y un rastro brillante ha quedado
en su muslo, noto como me palpita y rujo de tal forma que ella se encoge ante mi
violencia.
Me acaricia la cara con sumo cuidado mientras intento arrancarle los dedos de un
bocado. Me la comería entera de lo que la llego a querer.
Levanta el faldón de la camisa y me muestra su velludo pubis oscuro, lo acerca
un poco a mi mano asesina, una de mis uñas hace un fino corte en su piel por
encima del vello y una delgada línea roja me hace babear. Se roza con el índice
la herida y suspira, me dice algo del amor pero no la escucho, la quiero matar.
A pesar de que la quiero, la deseo. La mataría, le abriría profundamente su
garganta con mis fauces.
Me coge el pene duro y entumecido con fuerza y yo me revuelvo con un ruido
estridente de cadenas, mis muñecas y tobillos sangran por la presión a los que
los someto. Abre la boca y con los dientes sujeta mi glande, yo golpeo con
fuerza para metérselo en la boca, para ahogarla. Y la fina piel de mi glande se
araña. Ella tose un poco y aprieta con fuerza mis cojones; el crescendo de mi
rugido provoca un revuelo de murciélagos en el fantasmal prado.
Deja caer la camisa al suelo y se pone de cuclillas encima de mi cara, con
cuidado baja su coño y mi lengua lame su sexo mientras su vientre se agita, con
una mano en mi pecho mantiene el equilibrio y la distancia, no se fía y hace
bien. Sabe que le arrancaría su precioso y deseado coño de un solo mordisco.
Lamo los dedos que dejan al descubierto su clítoris y siento el miedo que la
atenaza cuando mis colmillos rozan su vulva.
Se pellizca los pezones mientras mi lengua se hunde en ella.
Con un rápido movimiento de mis garras he conseguido lacerar su piel en el muslo
externo. Ha lanzado un pequeño grito preñado de agitación. Se ha manchado las
tetas con su propia sangre. Me la quiero follar, la quiero devorar. La
desgarraría por dentro y por fuera.
Ahora se vuelve a subir encima mío, sujeta mi pene excitado y mojado y se empala
con él. Noto su carne cálida por dentro y mi polla que intenta partirla. Lanzo
mi cintura hacia arriba mientras ella gime y me dice que me quiere, que no
sufra, que sólo me preocupe de sentir placer. Pero le arrancaría el corazón si
pudiera.
La lanzo una y otra vez arriba y noto como cae resbalando por mi pene
hiperlubricado, me chafa los cojones con sus nalgas pero me da igual. Quiero
inundarla por dentro, la quiero, la degollaría.
Noto como mi semen sube hacia arriba y adentro, y mientras mis pies se contraen
ella salta con salvaje brusquedad, siento como mi glande está profundamente
apretado allí dentro.
Hay un momento de calma y de silencio mientras yo me corro, mientras lanzo todo
mi semen dentro de ella. La mujer a la que deseo se ha quedado quieta por un
segundo y comienza a sentir convulsiones mientras poco a poco va dejando caer su
cabeza contra mi pecho y de nuestros sexos rezuma un semen blanco, viscoso y
caliente.
Le intento morder la cara. Ella se endereza y aún con mi pene dentro se acomoda
tranquila y deja que su respiración se tranquilice.
Cuando se desengancha de mí, de su coño aún gotea la blanca leche y me acaricia
con pena en la mirada. Con una sonrisa taimada y traviesa mientras se acaricia
excitada el vientre, rodea mi dura cama de piedra y me besa la frente con
cuidado de que mis colmillos no la dañen.
Si pudiera le arrancaría la cabeza. Y la quiero a morir.
Apaga la luz y me deja solo con mi bestialismo, yo a veces lloro un poco y otras
veces aúllo con sangrienta sed de asesinar.
Ojalá mañana me acordara de esto. Cuando soy hombre no me dice lo que pasó la
noche anterior. Dice que tan solo cuida de que no me haga daño yo mismo. Pero no
la creo. Algo ocurre cuando la luna llena aparece.
Y la quiero tanto que me la comería. Y mañana no sabré que ha pasado hace apenas
unos minutos, de hecho ya no me acuerdo más que de un muslo de mujer sangrando,
como en un sueño...
La luna... parece reír; es una noche preciosa para cazar. Para follarme una loba
en celo...
¿Por qué estoy atado como un animal?

Iconoclasta

#230 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 12 de Jun, 2009 10:14 pm
Asunto: RE: TU ME OBLIGAS A VIVIR PARA MORIR DESPUES
tricuspide34
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Bienvenido, Manum.
Y gracias por este rompedor y rencoroso poema que rome contra las pelotas de los
hipócritas.
De la falsa humanidad.
Buen sexo y que no paren los rencores, que de amabilidades, andamos colmados.
Un abrazo.

#229 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 10 de Jun, 2009 12:56 am
Asunto: TU ME OBLIGAS A VIVIR PARA MORIR DESPUES
manum_mm
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TIEMPO  PARA REDIMIR  SIN SABER QUE NADA ESTA BIEN
SONROJO LA VORACIDAD DE  MI SUICIDIO KARMATICO
POR LA PUERTA DE ATRAS  ENTRO AL VACIO  COMUN DE MI VIDA
UN SINFIN DE ERRORES  SIN ADEPTOS ALA REENCARNACION

UN CALIZ DE MI  SANGRE REINTEGRA   LA MIRADA DEL  ADIOS
LA   ALMA ESTA SEPARADA  TRES MILHORAS  DE  LA ETERNIDAD
CADA PUÑALADA CIRCULA  ABISMOS LLENOS DE ODIO
LA HISTORIA  RECORTADA   EN ADJETIVOS  BURDOS Y SOPRANOS

NO IMPORTA LO QUE LLENE  EL OBITUARIO
EL RENCOR SUPLE LA FECHA DE NACIMIENTO
DESTRUYO LA CAJA  QUE GUARDE MIS CENIZAS
PARA  BAUTIZAR CON ELLAS LA DICTADURA MORAL
QUE MIS RECUERDOS ENMARCAN  UNA TORMENTA ELECTRICA

UNA VICTORIA  SOBRE EL CONSUELO SOCIAL
CALLANDO INCREDULIDADES  PARA SOBORNAR MENTIRAS
DEJA  QUE MI  IMAGEN HABITE  EN LA ANARKIA RELIGIOSA

#228 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 8 de Jun, 2009 11:24 am
Asunto: Secretos
tricuspide34
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Tengo una cantidad tan grande de secretos que la sangre se me espesa y el
corazón late lento y potente.
Fuerte y cruel.
Secretos que ya no conseguirán acelerarlo. Estoy tan lleno de ellos, que se
ralentiza el ritmo cardíaco cuando un secreto arranca una mentira a mis labios.
Tengo un secreto: soy frío y calculador.
Malo...
Y no me importa. Sonrío ante algunos de mis secretos con buen humor. Con cierto
orgullo.
En un mundo lleno de buena gente, yo soy lo amoral; sin mí no habría forma de
medir la virtud y la indecencia. Soy necesario para que otros puedan llamarse
buenos.
Sin mis secretos la vida es clara y sencilla, honrada.
Podría ser bueno, podría tener algo de decencia por el mismo esfuerzo; incluso
mejoraría mi sistema vascular. Pero quiero a la otra, y mi sangre se lanza
directa a mi pene al evocar a la que deseo.
Fumo mucho, y eso tampoco ayuda a que mi sangre sea más clara y mis secretos
menos hirientes.
Tengo un secreto: la lujuria salvaje me hace más hombre.
La certeza absoluta de que liberando uno de mis secretos haría tanto daño a la
que no quiero, me otorga un poder divino.
Ergo soy un dios con su cristiana sangre preñada de veneno con la que quisiera
haceros compartir una santa eucaristía.
Tengo un secreto: creo en Dios como el cabrón que me jode cada vez que puede.
Moriré con una navaja en la mano para degollarlo cuando lo tenga ante mí.
"¿Me has dado a una mujer que no quiero y a la que amo la has llevado a otro
confín del universo, hijo de puta divino?".
Tengo un secreto: mis blasfemias son inconfesables. Aterran al expresarse en voz
alta. Como un conjuro maldito.
Secretos... ¿No son frustraciones los secretos? Cosas que deseamos y que nos dan
vergüenza.
Algo de asco.
La sangre se espesa y cuando me sumerjo en mi propio torrente sanguíneo  siento
la presión del fracaso. De no amar a la que comparte mi cama.
No me importa, no siento remordimientos. Amo a la otra y el amor excluye al
mismísimo hijo que tengo.
Tengo un secreto: quiero más a la otra que a mi hijo.
Tengo un secreto: soy una bestia impúdica.
Mi sangre se espesa cuando la sonrío. Un latido, un solo latido potente para
bombear el deseo en el plasma-lava que es mi sangre ponzoñosa. Mi corazón es un
pistón vertical, como mi miembro penetrando a la otra.
Dentro y fuera, dentro y fuera, dentro y fuera...
Me masturbo acostado al lado de la que no quiero pensando en la que amo y deseo.
Mi leche es espesa como la sangre.
Toda mi vida es densa, mis secretos son brea pura que se llevan la piel al
arrancarlos. Piel de otros.
Secretos... ¿Cómo no avergonzarse de ello?
Si sintiera vergüenza de ellos, no sería tan cerdo.
La beso cada día sin cariño, por inercia, porque es así la mediocre vida. No la
quiero y guardo el secreto. Sin piedad.
Si ella supiera mis secretos... Qué daño más innecesario, que dolor más
gratuito.
Ojalá yo la amara como ella me ama a mí. No tendría una sangre tan espesa, un
corazón tan frío y eficiente bombeando veneno puro.
Comería más verdura, relajaría más mi mente, adelgazaría y me pondría crema
hidratante en el rostro, como todo hombre sensible que cuida de sí y de los
suyos. Precioso.
A mí me gusta la carne y la piel curtida.
Yo no quiero a los míos, ya no son míos. Son un accidente, algo que he de
soportar.
Amo a la otra, a la que no tengo, a la que está tan lejos que hago responsable
de mi ansia a la zorra que duerme a mi lado.
Mi secreto: ella no tiene peso para mí, sólo la sonrío por que aún me queda algo
de cortesía. Porque esta puta vida me ha enseñado a ser cabrón. A guardar y
atesorar secretos como el alquitrán del cigarrillo que se acumula en las
arterias.
Y sonrío de verdad cuando ella dice: "Ya no me quieres ¿verdad?"
Un secreto y la miento: "Sí que te quiero".
Y una mierda.
Tengo más secretos: soy un hijo de puta sin corazón. La jodo pensando que es la
otra, sin pudor alguno en mi mente. Cuando clavo mis dedos en sus pezones, son
los de la otra los que siento, la castigo por no ser la amada y a pesar de ello,
siento las contracciones salvajes de su coño expandirse por sus tejidos
reverberando en los míos.
Pero quisiera que llegara a la otra, que mi gruñido de placer lanzara saliva y
semen en la piel que amo. No en la de ésta que un día amé. Un día que ya no
cuenta, un día que ya no pesa porque es la otra la que ocupa mi mente toda.
Secretos... Los secretos espesan la sangre que corre lenta por unas venas gordas
e hinchadas. Los secretos son un veneno contenido, un compuesto que he de
controlar para no envenenarla. Ya sufre bastante sabiendo en su ego más profundo
que no soy de ella.
Secretos... Ninguna confesión podría absolverme de mi traición, porque algunos
secretos, se los cuento a la que amo.
Tengo un secreto: ella disfruta sabiendo de ellos. La que amo goza con mi maldad
nata. Con mi ponzoña que la hace grande en mi vida. Importante.
Necesaria.
Tengo un secreto: la he visto masturbarse cuando le digo que me la follo en el
cuerpo de mi esposa. Desea sentir entre sus muslos el calor de mi sangre espesa.
El bombeo de mi corazón vertical. De mi pistón.
La que amo se siente única ante mis secretos a ella le desvelo alguno para
excitarla. Para que sepa lo que se pierde. La amo y la jodo, la condenaría a
gemir hasta desfallecer de tanto que la deseo.
A la otra no, a la que duerme a mi lado cada día, la jodo por una cuestión
hormonal.
¿He dicho que soy un poco cerdo? Me importa poco. Son mis secretos, tengo
derecho a tenerlos. Puedo adulterar mi puta sangre como me de la gana.
Tengo un secreto: no estoy loco, no puedo alegar locura. Soy sólo un hombre
amoral que disfruta siéndolo.
- ¿Puedo añadir una tarjeta al paquete del regalo?
- Por supuesto. ¿A qué se debe el obsequio?
-A nuestro aniversario de boda.
La mujer puso encima del mostrador del mostrador una tarjeta en la que había un
dibujo de dos manos entrelazadas donde resaltaban las alianzas.
El hombre escribió:
"Feliz aniversario, Cris.
Mi querida esposa a la que no amo."
La dependienta no pudo evitar leer la dedicatoria y miró al hombre asombrada.
- A veces se me escapan los secretos -respondió el hombre cogiendo la tarjeta de
sus manos. - Hay tantos...
La rompió sin pasión, como un pequeño error.
-No. Es igual, mejor sin tarjeta. Los secretos jamás deberían ser contados.
Tengo un secreto: mi sangre corre espesa, como mi pensamiento.
Tengo un secreto: jodo a la que no amo.
Tengo un secreto: mi sangre es mierda, como mi vida.
Tengo un secreto: he roto su regalo de aniversario, que se joda.
Tengo un secreto: soy amoral y divino.

Iconoclasta

#227 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 2 de Jun, 2009 6:29 pm
Asunto: Una ráfaga de ternura
tricuspide34
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Hay un aire que trae besos tiernos, ráfagas de caricias sutiles que confortan la
piel y pintan mi aura de un azul intenso.
Es el tiempo de amar, el tiempo de la bondad y la ternura.
El cielo esplende iluminado por su sonrisa. Es la luz que alumbra un universo
gris.
Marca mis estaciones, mis fríos y escalofríos, mis calores y ardores. Mi otoño
seco y gris en la aterradora distancia que me condena sin ella.
Y crea primaveras y deshielos.
No siempre es el momento de hundir mis dedos en su voraz y húmedo sexo mordiendo
mis labios hasta hacerlos sangrar, reteniendo la bestialidad de un deseo.
Hoy mi mirada es líquida, sus besos son agua de rosas y no quiero más que cerrar
los ojos y decir que es la cosa más bonita del mundo.
Porque ese aire que sus labios mueve y corre lleno de besos, es un bálsamo que
me unta de serenidad todo el cuerpo y el alma si la tuviera; porque es de ella.
Un momento de paz.
Gracias...
Mentira, no le agradezco nada. Miento como un cabrón.
Mi intención es besarla como un poseso, devorar la boca de la que marca el ritmo
de mis emociones. Es lo único que puedo permitirme con voluntad propia. Morder
sus labios carnales hasta que mi puto miembro reviente por ella. Hasta que mis
venas se inflamen ante los rayos de su amor y un deseo descontrolado.
Hoy no.
Hoy no huelo su coño como un animal en celo. Hoy no soy el pene que hiere y
rasga el amor e insulta a Dios en las alturas.
Hoy soy dulce, debo serlo porque el aire trae la ternura y besos a los que es
imposible no cerrar los ojos y abandonarse.
Hoy no soy hombre, soy un rumiante de vacua mirada. He perdido todo asomo de
humanidad, de mi animalidad cultivada con tesón; por una ráfaga de aire de su
boca fresca. No quiero ser más que un manso entre sus brazos.
A veces me doy asco cuando la miro con el deseo de penetrar todo su cuerpo. A
veces me siento un pornógrafo de todo ese amor que me regala y al que a duras
penas puedo responder con una torcida sonrisa.
Hoy no es el momento de vomitar.
Que no se fíe, que no se acerque creyendo que la bestia duerme.
Sonríe traviesa... No quiere que la bestia duerma, sólo juega con ella.
Bella maldita...
Sonríe como una mujer-niña que me conoce, que se conoce. Que usa cuerpo y mente
como un ser perfecto. Un milagro de la evolución en un planeta lleno de especies
erróneas, innecesarias.
Y mi pene se expande, se endurece hasta el dolor, hasta presionar la mismísima
boca de la cordura y desencajar sus mandíbulas.
No alardeo, es que no puedo dominar el amor ni este trozo de carne que palpita
entre mis piernas como un corazón más.
Una sonrisa por favor, unos besos de mariposa en la nariz, y conseguirá que me
rinda otra vez.
Ella dicta el tiempo y la atmósfera. Su atmósfera, la que me envuelve. Me
enloquece, me hace libre y esclavo, poderoso y derrotado.
Los seres superiores no entienden el tormento que representa para un vulgar
amarlos. No entienden que es imposible soportar su mirada dulce y sus labios
brillantes sin desear lamer sin asomo alguno de ternura su piel toda. Su coño...
Su coño bendito y de puta.
Me masturbaría ante ella, ante su mirada tierna, como un anormal, como un
sátiro, como alguien que no sabe bien qué hacer con ella.
Ni todo es sexo, ni todo es amor... Qué fácil y que sencilla es la ambigüedad de
los idiotas.
  Me debato entre el amor y el sexo y es imposible extirpar lo indecente de lo
decente, lo carnal de lo espiritual sin que salga seriamente dañado mi cerebro.
¿O tal vez está dañado? ¿Cómo puede sonreír a un hombre de tan peligrosa y rota
mente?
Peligrosa para sí mismo, porque hasta las cucarachas y las ratas saben que
existo para ser su placer y su deseo. Para ser su pelele, su consolador. Para
musitar confidencias de amante en su oído.
Hoy no es tiempo de follar, es tiempo de llegar a su alma. Ella dicta el momento
con una bella sonrisa, sin ser consciente de que es cruel en su devastador
poder.
Me llena de paz y me anula.
A veces cierro el puño en la navaja de afeitar y aprieto con fuerza. Es obsceno
el filo que se hunde en la carne con un dolor que es un escalofrío que penetra
en los huesos. La sangre se espesa con el calor de mi piel, cálida como la carne
húmeda de entre sus piernas. Densa como mi baba recorriendo su piel.
Y el puño ensangrentado es lo más parecido a su coño que he podido encontrar en
este sucio planeta al que estoy condenado.
Son cosas que uno piensa cuando está solo. Cuando me encuentro terriblemente
solo y alejado de ti.
Indecentemente lejana, mi bella diosa.
No soy peligroso para nadie más que para mí.
Pero soy ofensivo, soy blasfemo y de la misma manera que sacudo la sangre de mi
mano ensangrentada al mundo, también le escupo mi semen preñado de deseos, mi
caldo de lujuria y bestialidad.
Y es triste que se estrelle contra el suelo, es triste que se evapore. Quiero
escupirlo en su piel, entre sus muslos, en su sonrisa magna y su sexo expuesto,
abierto e indefenso a mí.
Hoy es día de besos y una sonrisa, de unas manos que se estrechan. Ella dicta
que es tiempo para la ternura.
Tengo miedo de no poder obedecerla, de caer en rebeldía ante mi diosa.
Es un momento para que la bestia no despierte, no presione contra la tela de los
calzoncillos y me regale ese momento de serenidad, siquiera un instante para la
paz.
Sólo ella sabe dominar y aplacar a la bestia, a lo carnal de mí.
Pero que no se fíe.
No te fíes mi bella diosa, no siempre podré ser tierno, no siempre tu sonrisa me
sumirá en la paz.
No siempre podré ser dulce cuando todo mi ser se agita ante tu recuerdo, ante tu
presencia.
Es tan difícil ser hombre y controlarse ante ti...
Que tu sonrisa me de paz, necesito una tregua.
Te beso con ternura  desde el abismo, aferrado a mi pene, preciosa.
No puedo hacer otra cosa.
Y ríes...

Iconoclasta

#226 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 19 de Mayo, 2009 12:20 am
Asunto: Soy tu puta
tricuspide34
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Tengo un conjuro para ti, para derribar mi amor por ti y sólo follarte.
Recita mi hechizo: Soy puta.
No quiero que me ames, no quiero amarte. Eres una sima tan profunda que me
agotaría intentado amar todo lo que hay en ti.
Sabes de mi escasa capacidad para entender, soy un hombre tan simple que
obedezco a instintos primarios.
Dilo: Soy puta, soy tu puta.
Y yo te daré un billete, pagaré mi placer, pero no dejes que me hunda en tu
pensamiento poderoso.
¿No lo entiendes? Te parieron para que cada fibra de tu ser fuera amada. No
tengo tiempo para tan magna obra.
Dime al oído: Soy tu puta.
Y separa las piernas y deja que tu sexo sea mi único objetivo a conseguir.
Soy peligroso, mi puta. Corres peligro ante mi brutalidad y simpleza, temo
desear meterme en tu corazón en lugar de penetrar tu coño. Te podría hacer daño,
cielo. ¿No te das cuenta, puta? Los hombres no lloran, no los de mi estirpe.
Nosotros cazamos y follamos, no queremos amar. Queremos clavar nuestras uñas en
tu piel y embestirte a cuatro patas. Como perros en celo.
¿Por qué hay esa profundidad insondable en tus ojos de hembra? Cuando sonríes
todo gira vertiginosamente. Y mis ojos lerdos bucean en los tuyos sin poder
encontrar de dónde viene esa luz.
Toma, puta. Coge los cincuenta euros y traga.
Joder...
Este vertiginoso amor no es bueno para mi virilidad. Cuando me mareo así, pierdo
el norte y no me encuentro el pene. Ni siquiera lo necesito.
Con lo duro que está... Necesito tus dedos estrangulándolo.
Me duele de dura que me la pones, mi puta.
Tu boca...
Me duele el alma de agua que me haces por dentro.
Como un ser extraño, me conformo con arrancarte una sonrisa, que me hables de la
existencia de cosas que desconozco. Que ilumines mi cerebro primitivo.
Los hombres no arrancan sonrisas, arrancan gemidos. Se llevan a la boca los
pezones duros de la mujer y meten la mano brutalmente en tu sexo para mojarse de
placer. Yo cazo, yo follo, yo no amo.
Yo no lloro, ni me meso los cabellos esperando el momento de encontrarme
contigo.
Tú no lo entiendes porque eres demasiado inteligente, mi puta.
Dime al oído: Soy tu puta.
Y acepta mi billete.
Eres mi puta y me la chupas...
¡Coño! Con lo fácil que podría ser, y me enamoras como un cabrón desquiciado
convirtiendo al hombre en un títere de hilos enredados.
No lo hagas, mi puta. Abre tus piernas, conduce mi cabeza a tu coño y oblígame a
lamer como un perro en celo.
Desliza gemidos obscenos a través de esos labios que deseo con toda mi polla.
Con toda mi alma, mi pequeña y triste alma.
Porque es lo único pequeño que tengo, el alma y el cerebro.
Dilo: Soy tu puta.
Por favor, no me obligues a amarte tanto. Duele más que mi pene eternamente
endurecido.
Soy un fenómeno sacrílego de la moralidad.
Eres mi puta, eres mi puta...
Un collar de cuero negro ceñido a tu garganta y mi mano sujetando la cadena de
él prendida. Eres mi puta, mi esclava.
Dímelo, hazme creer que no es de mi cuello donde pende la cadena que sujeta tu
mano.
Tu mano de puta.
Dilo: Soy tu puta.
Y yo me masturbaré, me acariciaré hasta que me sangre el glande y de entre tus
labios asome tu lengua de ramera.
Por favor, por mi orgullo, no dejes que te ame. Deja que te pague, deja que te
folle y cierra esos malditos ojos que me derrotan.
Y no sonrías, y no seas tú, y no me toques, y no hables si no has de decir: Soy
tu puta.
Es tan duro amarte, tan difícil...
Eres mi puta.
Y yo un pobre imbécil.

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#225 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 12 de Mayo, 2009 12:12 am
Asunto: Esquizo
tricuspide34
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Breve inmersión en una alucinación esquizofrénica, pongo a prueba los nervios de
vosotros pobres mortales, un poco de dolor mental no puede hacer daño, incluso
ejercita la resistencia y la valentía.

Cierro los ojos y me encuentro en un mundo metálico, donde las hojas de árboles
y plantas son cuchillas de afeitar, porque necesito ejercer la valentía sin que
nadie pague por ello. A veces la vida es un poco esto, filos que cortan sin que
apenas te des cuenta, porque uno piensa que sería perfecto que todo fuera
hermoso; y lo hermoso es peligroso, oculta el dolor, anula la autoprotección.
Una preciosa rosa que destella con luminosidad salvaje, terciopelo metálico que
si no lo toco me muero. Lo toco y mi cerebro da una alarma, grita y hace que
retire la mano; no le hago caso y mi mano izquierda quiere rozar esa preciosidad
metálica y aterciopelada. Es lo más turgente y suave que he sentido en mi vida y
a pesar de que el filo de una hoja se mete entre uña y carne de uno de mis
dedos, no quiero dejar de tocarla, la sangre es espectacular, rocío rojo resbala
por la rosa cortante y la hoja sigue separando uña y carne. Mi cerebro se alarma
más aún; es igual no le hago caso, es la cosa más preciosa que he visto.
Veo más cosas hermosas, una lágrima resbala por mi mejilla, no sé si el cerebro
la envía como respuesta al trauma al que se ve sometido mi cuerpo o es que la
belleza me ha impresionado demasiado.
Sigo mi camino y cuando miro mi dedo, la uña del dedo corazón está obscenamente
separada de la carne; con los dientes estiro de ella y la acabo de quitar, caigo
al suelo retorciéndome de puro dolor, un súbito mareo y vomito; el dolor es
inmenso. Mi rostro está apoyado en el suelo porque he caído de rodillas y se
clavan pequeñas agujas metálicas, el polvo del camino de este metálico paraje;
mis manos no se pueden tocar entre ellas porque se clavan más profundamente las
agujas y un dolor amortigua al otro. Un corazón late en mi dedo descarnado y
carente de uña, y sangra y ensucia esta belleza.
A unos metros a mi izquierda se halla la salida de emergencia, cinco pasos y
volveré otra vez a la normalidad, a un hospital para que me curen el dedo y me
saquen estas astillas metálicas que parecen correr reptando por el interior del
tejido de mis manos. Pero hay un manto verde más allá, el aire lo mueve y es
como una alfombra radiante; hermoso y mortal. Hierba verde que irisdece formando
multitud de arco iris y reflejan a veces la luz con tal intensidad que duelen
los ojos, y uno de mis ojos sangra porque una de las astillas ha atravesado el
párpado y la punta está continuamente cortando el globo ocular con cada
movimiento.
La belleza es impresionante, mi cerebro dirige uno de mis pies a la puerta de
emergencia, le digo a mi pie que quien manda soy yo y me dirijo como un crío
entusiasmado a la verde pradera; cuando llego me descalzo porque quiero sentir
esta grandiosidad; piso el hermoso manto, mi cerebro responde con un fuerte
dolor de cabeza y por un momento mis miembros no obedecen, tomo el mando. Con
los pies desnudos piso la hierba y las cuchillas de forma indolora crean
profundos cortes en las plantas de mis pies, pero no tiene precio lo que siento;
este dulce tacto es como un bálsamo. Resbala mi alma por su turgencia y mis pies
desfallecen porque los tendones de la planta se han destrozado y asoman como
tiras blancas con lunares rojos; precioso.
Hasta mi cuerpo entra en sintonía con esta belleza.
Las uñas de mis dedos han desaparecido y siento que ya me falta algo de sangre;
mi cerebro dice que queda poco tiempo: "date prisa, hijo puta loco, nos vas a
matar, nos estás matando".
Un dolor sube de forma electrizante desde mis pies y me atenaza los testículos.
Los dedos de mis pies se contraen, se retraen hacia el interior hundiéndose en
el manto y las puntas de esta hermosa hierba se clavan hasta el hueso
descarnándolos.
Los pies no me aguantan más, no quedan tendones, tan solo veo el hueso
descarnado del empeine y caigo al suelo y me revuelco en la hierba. Mi cerebro
ya no existe, es tan sólo un pasajero dormido. Muy dormido.
Una brizna de hierba ha debido cortar algún nervio porque la parte derecha de mi
cuerpo se ha quedado inmóvil y tan sólo puedo reptar dándome la vuelta del otro
lado; la hermosa hierba me acoge y me mece y parece arrastrarme con dulzura; me
quiere y me adora.
Y no puedo ver bien, la sangre tiñe mi rostro y me llevo la mano al ojo y no lo
tengo, hay un filamento carnoso colgando, aparte de esto me faltan dos dedos.
Sigo mi arrastre y suena a tela rota, (me es igual, ya me compraré otro
pantalón). Intento abrir la boca para gritar de alegría y la mandíbula inferior
se desencaja, los músculos están seccionados y no se aguanta en el sitio.
Siento un poco de miedo porque creo que voy a morir, voy a dejar de ver tanta
belleza; porque no es el pantalón el que se me ha roto, es mi vientre que ha
dejado en el camino el intestino cortado en pequeños trozos desgarrados.
Y no lloro de felicidad porque ya no sé donde se encuentra mi cara.
Siento un dolor creciente mientras el sol se oculta y el ocaso lo torna todo
mágico.
Saturado.
Me palpo el pecho por un picor, mis pezones han desaparecido y toco directamente
mis costillas pero; esto ya no duele.
Quiero ser esta belleza; un hermoso matrimonio de mi sangre con esta
espectacular naturaleza a la que el viento arranca tañidos metálicos. Tal vez me
duerma un rato... Me siento cansado y abrumado por este paraíso turgente y
cortante.
Buenas noches vida, no hace falta que vuelvas. Estoy bien así.

Iconoclasta

#224 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 8 de Mayo, 2009 10:16 pm
Asunto: 666 en Ciudad Juárez
tricuspide34
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No existe mejor sitio para matar, despedazar y exterminar, donde el asesinato,
la cobardía y la falta de cerebro en los primates es algo

común y cotidiano.
Una de las abundantes ciudades que cumplen estas expectativas, es Ciudad Juárez.
Aquí me puedo mover con total impunidad (tranquilidad) y nadie se extraña cuando
los muertos se pudren por docenas en cualquiera de esos

barrios pobres construidos encima del polvo.
Matar a doce primates en un lugar como éste, se hace más rápido de lo que tarda
el sol en prolongar veinticinco centímetros la sombra de

la cruz de Jesucristo el loco.
A veces tardo más llevado por la concentración y el sufrimiento de los monos.
Lo verdaderamente hermoso de estos lugares, es que aunque sus gentes estén
habituadas al dolor y a la constante del  miedo, cuando los

matas sufren como cualquier otro primate o incluso más. Esta tierra ardiente,
también les da un calor extraño a sus pasiones y amplifica

dolores y penas. Pero no las alegrías.
Se mortifican en su agonía pensando que no es justo que tan mal vivir, acabe con
una muerte tan cruel y dolorosa.
Mueren pensando que la vida es una mierda.
A veces los primates tenéis algún arranque de sabiduría.
Cuanto más se acerca uno a la frontera con Estados Unidos, los barrios de Ciudad
Juárez degeneran y las casas se convierten en módulos

prefabricados y barracones con techo metálico que alguna grúa ha dejado caer por
accidente en mitad de un barrizal. El asfalto se

convierte en polvo y las casas se distancian cada vez más unas de otras para
dejar espacio a la basura, la mierda y los escondrijos de

droga.
No es difícil pasar las ruedas de mi Aston Martin por el cadáver de una cría de
primate.
—Detén el coche, mi Señor, quiero sus ojos.
Hemos pasado por encima de un primate de unos doce años con la espalda manchada
de sangre, por el retrovisor puedo ver las piernas

destrozadas por los neumáticos de mi excelente coche. De cualquier forma, no ha
debido sentir dolor por haberle aplastado la patas,

seguramente está muerto o insensible con la espina dorsal deshecha por el
balazo.
A los niños los matan como aviso a sus padres, que en su mayor parte se dedican
a trapichear con las drogas de los capos, para que

entiendan que han de seguir trabajando para ellos sin robarles un solo centavo.
No hay mayor muestra de crueldad que matar a un hijo.

Los primates os escudáis en vuestra descendencia y los muertos para justificar
la cobardía y el abuso a otros.
Yo mato cachorros de primates a menudo, aunque me parece bastante aburrido.
Mueren enseguida y sin gritar demasiado. A medida que los

primates crecen, se hacen más miedosos y su capacidad para soportar el dolor
mengua.
La Dama Oscura se lleva la mano entre las piernas y saca de ahí (como me gusta
pensar que de su coño) un puñal de doble filo. Afilado

como un estilete.
Por el espejo retrovisor veo su culo. La falda cortísima se la ha subido y sé
que no lleva bragas, porque ha dejado una mancha oscura en

la tapicería del asiento.
Siempre está caliente, penetrable, follable, violable...
El calor es insoportable y forma una atmósfera densa como la mantequilla. Los
olores a mala comida y excrementos de la única calle de

este poblado lo empeora todo. Aún así, he bajado las ventanillas del coche y
apagado el climatizador.
Llegado el momento de mi gozo, me gusta sudar, me da un aire más patológico.
Cuando los párpados se me escaldan, mi visión vira al rojo, la ira se desata con
rapidez y mi odio llega a matar con sólo aproximarme a

mi presa.
Mi Dama Oscura arrastra el cadáver del pequeño y lo cuelga de la puerta del
coche, doblado en el vano de la ventanilla. Sus largos

cabellos sucios se apoyan en la blanca tapicería y siento deseos de arrancar
esos repugnantes pelos de su muerta cabeza y follarme a la

Dama Oscura frente al inmóvil primate.
—¿Quieres su alma? —me pregunta mirándome intensamente, con expectación.
Elevo la cabeza de la cría de primate cogiendo sus cabellos y uno mi boca a sus
labios muertos, siento el aliento de la podredumbre

invadir mis correosos pulmones. Las vísceras han comenzado a descomponerse, es
la muerte pura.
Su alma aún está perdida, no acaba de asimilar la muerte del cuerpo y sigue ahí,
como el cachorro que se hace un ovillo junto a su madre

muerta. Está perdida, su alma está asustada, lo siento gritar, y a medida que me
trago su alma, siento su miedo entrar como un torrente

en mi ser.
-Soy Dios —siseo con el pene dolorosamente erecto.
Cuando acabo con él y lanzo la carcasa hacia la calle, la Dama Oscura le extirpa
sus vulgares y mediocres ojos pardos y me los muestra

en la palma de su mano.
—Para sus padres. Están ahí, escondidos en algún lugar.
Con toda probabilidad, el macho y la hembra están vivos. Los primates cuanto más
pobres más se reproducen; por lo tanto es de suponer

que tengan más hijos. En muchas civilizaciones simplonas, tener muchos hijos
hace del macho un reproductor digno de admirar y suelen

exhibir a su hembra preñada por sus territorios.
Cuando una familia se queda sin hijos, los sicarios de los señores de la droga,
decapitan al matrimonio y exponen sus cabezas durante

unos días en la puerta de su casa.
El sol cae tan vertical que ni siquiera los perros que se meten bajo el suelo de
los barracones, nos ladran. Desde que hemos dejado el

cadáver, hemos recorrido ochocientos metros lentamente, haciéndonos ver y oír.
Dos cadáveres de adultos machos, se encontraban a pocos

metros el uno del otro.
Los pezones de la Dama Oscura se marcan rotundos contra la sutil tela de seda de
la blusa rosa pálido de Versace, que contrasta

gozosamente con su minifalda negra.
Por su escote bajan gotas de sudor en las que empapo mis dedos. Cuando oprimo su
pecho, ella lleva la mano a mis genitales y todo es

fuego.
Ha separado sus piernas, sus muslos están brillantes de humedad, y sangre. Se ha
tocado con los dedos manchados.
En su puño, derecho mantiene los ojos infantiles ciegos a pesar de estar
tremendamente abiertos.
Son las dos y media de la tarde y cuando paro el motor del coche, se extiende
por todo el poblado un silencio sepulcral. Una vez los

oídos se han acostumbrado, se capta la actividad en las casas: televisores,
gritos, murmullos, peleas.
De una casa se escuchan los llantos de una hembra, la madre del primate. El
padre calla, seguramente colocado con la mercancía con la

que trapichea en la ciudad; coca, mescalina... Hay demasiados cactus de peyote
en este árido poblado.
—¡Miguel deja de beber, cabrón! Nuestro hijo está ahí fuera pudriéndose.
—¡Calla Juanita! Preocúpate de Sara, la vas a despertar; ándale puta. ¿No sabes
que Don Senén no deja retirar los cuerpos hasta el

anochecer? Matarían a Sarita también si nos traemos a Julito.
—¡Cobarde chingón!
Lo bueno de estos primates es que sus conversaciones, son cortas y así tanta
deficiencia mental, no se llega a hacer pesada. Cuando

descuartizas a un intelectual, no calla ni bajo el agua; encuentra cientos de
razones convincentes para él por las que seguir viviendo.
Estamos frente a la puerta de la casa y siento que nos vigilan desde las
ventanas de la casas vecinas: he escuchado cerraduras girar

para asegurar la puerta y algunos televisores han bajado su volumen. Los
miserables están muy cerca de parecer animales y conservan sus

instintos casi como lo tenían antes de evolucionar. Si hubiéramos sido unos
vulgares primates de turistas, nos habrían robado el coche y

secuestrado, tal vez lo intenten. Siempre hay algún mono que destaca por ser más
tarado que otros.
Clavado entre los omoplatos, siento el metal del puñal latir por salir y cortar
carne de mono. En la sobaquera, bajo la americana de

lino beige, pesa con orgullo una Desert Eagle Mark XIX, 44 magnum. Es excesivo
este calibre para los disparos que buscan intimidar o

inmovilizar, puesto que causa hemorragias masivas, muy intensas y arranca
importantes trozos de carne y hueso.
Si se me acabaran las balas, les arrancaré la vida a mordiscos.
Los idiotas, pobres y cobardes jamás se ayudan entre sí, será raro que alguien
intente ayudarlos mientras los destrozamos. Piensan que

somos los importantes amigos del capo del cártel local.

La Dama Oscura se ha abierto la camisa arrancando los botones y sus pechos
asoman libres y enhiestos, musculosos... Bajo la cabeza hasta

coger un pezón entre los dientes y lo amenazo con una presión contenida. Ella
cierra los ojos y separa las piernas llevándose un dedo a

la raja; si le arrancara este duro pezón, se correría ante mí con el seno
manando sangre.
Entraría en esa repugnante madriguera de primates con ella clavada en mí.
Estoy tan caliente que le reventaría todos los agujeros de su puto y deseado
cuerpo.
Es hora de matar y morir. Del grito que rasgue esta cortina de calor ponzoñoso.
No es uno de los lugares más peligrosos del mundo, hoy

será el más doloroso y temeroso.
De una patada abro la puerta y el primer disparo va directo a la cama donde
duerme Sarita. Cuando recibe el impacto de la bala, la

primate de unos cuatro o cinco años, se golpea contra la pared a la vez que sus
brazos se elevan como los de una muñeca rota. La sangre

ha dibujado una mancha con forma de cresta de gallina en la sucia pared. De su
desnuda espalda asoma un trozo de columna vertebral rota.
—Vamos güey. Es hora de morir. Y chingarse a la Juani. ¿Cómo lo ves?
Aún está mirando mi cañón humeante y no creo que haya asimilado mis palabras.
Estoy ante él, lo suficientemente cerca para que su

borracha nariz capte mi olor corporal a carne en descomposición. Cuando intenta
reaccionar ya es tarde, y le he clavado el puñal por

debajo de la axila izquierda, justo entre dos costillas. He atravesado el pulmón
y hace ruido a fuelle roto al respirar.
Por supuesto no puede lanzar grandes gritos, sólo una aguada sangre comienza a
manar de su hocico y boca. Su torso esquelético  se hunde

desmesuradamente para captar un aire que no le da consuelo.
La Juanita no ha gritado, la Dama Oscura la mantiene amordazada con su mano y ha
clavado su fino puñal bajo la teta izquierda. En su

blusa blanca y sucia, se extiende lentamente un manchurrón de sangre.
Lamería esa sangre que mana por la morena piel de la primate.
La Dama Oscura obliga a coger a la Juani los ojos de su hijo y al verlos intenta
zafarse de la presa. La Dama Oscura lleva el puñal al

sexo.
—¿Te apetece este consolador? Si te sigues moviendo, te lo meteré para que te
folles con él.
El primate no hace ni caso. Un macho de su edad, normalmente aguanta mejor el
tipo ante estas heridas, pero Miguel no debe ser un hombre

fuerte ni muy sano. Le doy un manotazo al mango del cuchillo que se mantiene
firme contra su piel y cae al suelo hecho un guiñapo,

haciendo ruido al intentar coger más aire. Error, cuanto más fuerza el pulmón,
más se llena de sangre.
—No me he quedado ni con un peso de la mercancía de Don Senén, se lo juro,
señor.
—A mí eso me da igual, lo que quiero es hacer una obra de arte con vosotros.
Dicen que este es un mal lugar para vivir. Que convivís

tanto con la muerte, y sois tan violentos, que no hay nada parecido en todo el
planeta. Mentira, puedo hacer que empeore.
Le desclavo el cuchillo sin ningún cuidado, corto el pantalón por la cinturilla
y como no se está quieto, le hago un profundo corte en

la cresta ilíaca, no me gusta el roce del filo con el hueso. Me da dentera, soy
un dios delicado.
Si no fuera por el humor...
Como es normal, no lleva calzoncillos, lo agarro por los genitales y lo obligo a
ponerse en pie.
—Llama a Don Senén y dile que has perdido parte de su mercancía, que esta tarde
no podrás acercarte a la ciudad para venderla. Y dile

también, que te traiga pasta o quemas la coca que te queda.
Lo que pretendo con esto, es que los primates se acerquen a mí, y no hay nada
más efectivo como el último mono de la manada, retando al

jefe. Vendrá.
Le entrego mi teléfono y durante una eternidad marca los números en el teclado.
La Dama Oscura, manosea el coño de la primate mirándome

con una sonrisa burlona. La primate llora y parece decir el nombre de su macho
en una estúpida letanía.
De su coño mana el olor a hembra preñada y es por ello que la Dama Oscura
acaricia su vientre con sádica ternura.
A través de la ventana, del comedor-cocina-dormitorio-fumadero de esta choza,
puedo ver al vecino de enfrente fisgar. A mí se me da bien

matar con lo que sea, y si hubiera habido cuatro ventanas por en medio, le
hubiera reventado la cabeza con la misma precisión.
A los pocos segundos, sale una mujer de dentro de la casa, seguida por dos
jóvenes.
A la hembra le acierto en un seno y se le desintegra en el aire como un balón. A
uno de los jóvenes le vuelo la cabeza y al otro le

encajo una bala en la barriga; ahora un riñón cuelga por la salida de la bala.
Éste y la hembra, quedan tendidos en el polvoriento suelo

retorciéndose bajo el sol abrasador. Los únicos que se acercan a ellos, son los
famélicos perros que lamen la sangre que mana de sus

cuerpos y muerden tímidamente la carne cruda de las heridas.
Me está entrando hambre.
Los perros se pelean por la comida y sus rugidos me hacen sentir bien, se
parecen a mis crueles en mi oscura y húmeda cueva.
Cojo una de las manos de Miguel, le fuerzo a que las extienda en la mesa y con
la culata de la Desert, le reviento los dedos. Escupe

sangre cada vez más espesa, le queda poco tiempo hasta que la hemorragia le
colapse el pulmón sano. Le rompo la otra mano también

asegurándome que no las podrá usar en lo poco que le queda de vida, clavo mi
puñal en la mesa atravesando su pene. El glande parece una

cabeza casi decapitada. Y contra todo pronóstico, ha gritado el primate; poco
pero lo suficiente para que mi Dama Oscura se excite y

acerque la mano para acariciar el ensangrentado pene clavado a la mesa, como si
fuera un trozo de Jesucristo. El primate resopla y

resopla moviendo espasmódicamente los brazos pero sin tirar de la polla, el
dolor los hace inteligentes.
Me arrodillo frente a la Juani, le arranco la falda negra y las gruesas bragas
de algodón. Hundo la lengua en su coño. No la noto

predispuesta, así que tengo que invadir su mente. Cuando mis dientes amenazan su
clítoris, el flujo empieza a manar y se olvida de la

herida de su teta para gemir como una perra en celo con mi lengua hurgando su
apestoso coño.
La Dama Oscura hunde el cuchillo en su vientre sin que la primate se percate,
siento sus orgasmos en mi lengua. Y la sangre que baja por

su monte de Venus viene a mi boca con todo su intenso sabor.
Cuando corta hacia un lado, he de apartar los intestinos de mis ojos para no
perder visión. El Miguel intenta por todos los medios

mantenerse en pie de puntillas para no rasgar definitiva y dolorosamente el pene
tan bien fijado a la mesa.
Y así, ante el dolor del macho y el enfermizo placer de su hembra, de mi pene
mana tranquilo un semen espeso que provoca un círculo

oscuro en mis pantalones caquis. A veces me corro con la misma tranquilidad que
si me meara. Para eso soy un dios. Vosotros no lo

intentéis, o simplemente os mearéis encima.
La Dama Oscura se está masturbando con la mano oculta tras las nalgas de la mona
que se me está corriendo en la boca. Su respiración

profunda se transmite hasta a los huesos de la mona.
Sin dejar de lamer en su coño, hundo los dedos en su vientre y encuentro el feto
que arranco de un tirón.
Y ahora, es el momento en el que dejo de presionar su mente y dejo que la
naturaleza siga su curso. De una patada la echamos a la calle

para que el poblado se haga una idea de lo que está ocurriendo. El dolor de la
Juani se extiende por toda la tierra caliente. Tropieza

con sus propias tripas al bajar el escalón de la casa y cae de bruces al suelo
provocando un extraño y sucio barro con la sangre.
Hago girar entre mis dedos el feto de primate y lo dejo al lado de la polla
destrozada de Miguel que aún sigue pegado a ella. No parece

haber prestado mucha atención a su mujer y se tambalea casi ya desmayado. Sin
fuerzas para mantenerse en pie. Dentro de unos segundos,

le importará muy poco lo que le queda de pene y decidirá que es mucho mejor
dejarse caer y morir de una puta vez.
Pero morirá cuando yo diga y en el preciso instante que me plazca y ningún ser
vivo, animal, humano o divino podrá distraer mi atención

del dolor de este primate. Sufrirá lo que yo crea necesario.
Le arranco una oreja de un bocado y a pesar de que me desagrada su sabor, me la
trago ante sus enloquecidos ojos.
Dos todoterrenos y una ridícula limusina blanca ruedan por la única calle del
pueblo levantando una polvareda tras ellos. Salimos a la

calle.
Un perro ha entrado en la casa y lame el pene destrozado de Miguel subiendo las
patas delanteras sobre la mesa.
La Dama Oscura se unta con sangre el rasurado monte de Venus y yo me toco el
pene distraídamente observando los vehículos avanzar.
Lo normal para una pistola de este calibre, es disparar a diez metros, pero 
vosotros no intentéis hacerlo a sesenta metros como yo,

fallaríais.
Con ocho disparos, mato a los siete sicarios que van sentados en los furgones de
los todo terreno. Cambio el cargador y ya se encuentran

los vehículos a cuarenta metros.
Mato a los conductores y las lunas delanteras, se cubren de sesos y sangre.
La limusina es blindada y sólo he podido reventar los faros.
—Mi Oscura, colócate tras de mí.
Y lo hace, mete una mano en la bragueta de mi pantalón y apresa el glande
amoratado de sangre, resbaladizo y mojado. Sabe que cuando me

toca la polla, mi odio se acentúa hasta derretir la materia que me rodea. Ahora
me masturba y mis ojos se tornan rendijas donde el odio

se confunde con el placer y la muerte es mi vida, el dolor mi fin.
Deseo mataros a todos y que ni uno solo de vosotros deje de gritar hasta su
último aliento.
—¡Miguelito! ¿Qué has hecho, güey? Don Senén quiere hablar contigo, sal de ahí o
quemaremos la casa.
Es uno de los esclavos de Don Senén, el matón que va al lado del conductor.
Cuando deja de gritar, el potente ruido del motor del

Cadillac, apaga cualquier otro sonido.
—¿Eh güey? Te lo saco ahora ¿vale? Espera y te pongo al Miguel delante de las
narices.
La Dama Oscura se toca obscenamente frente al matón mientras entro de nuevo en
la casa.
—Ya está, Miguel. Te quedan unos segundos de vida. Saluda a ese marica de dios,
no quiero tu alma apestosa.
Dicho esto, tiro de sus hombros hasta liberar su pene clavado a la mesa. Ahora
entre las piernas tiene una especie de carne picada que

le cuelga lastimosamente.
Lo acerco a la puerta de la casa.
—¿Quieríais esto?
El sicario me apunta muy profesional él, con las piernas separadas  y bien
afianzadas, con la automática sujeta con ambas manos.
Pego la cabeza del cañón a la sien de Miguel. Tras la detonación, de la cabeza
del primate sólo queda colgando del cuello la mandíbula

inferior.
Ya os lo he dicho: disparar con este calibre es una auténtica gozada. Da igual
que disparéis a blancos, negros o asiáticos, niños, o

embarazadas. Compráosla, la disfrutaréis.
Y ya como me apetece, le pego un tiro en la rodilla al pistolero de Don Senén.
Dejo caer la carcasa de Miguel fuera de la vivienda y con el cuchillo aún sucio
de sangre, le corto los testículos al pistolero. Grita

como un cochino.
Le he metido sus propios huevos en la boca a modo de mordaza.
La Dama Oscura acaricia la herida de su entrepierna, y se unta los pechos con la
sangre.
El chófer ha salido y dispara, una bala indolora se clava en mi abdomen y me da
risa.
Le acierto de un balazo en la boca y dientes y huesos quedan estampados en el
techo del blanco vehículo.
Lo blanco me trae siempre a la memoria la vanidad de Dios y su pretendida pureza
y toda esa mierda. Los ángeles no follan porque no

tienen coño ni polla, pero si por ellos fueran, se tirarían a los putos
apóstoles. Los muy promiscuos...
Dios ha tapado el sol con una nube, siempre hace eso cuando los primates gritan
demasiado. Cuando siente envidia de mi poder.
La Dama Oscura ha pegado su vagina a la boca del primate que está perdiendo la
vida por el agujero de sus cojones. La boca rellena de

testículos que intenta respirar masajea accidentalmente su vagina siempre
brillante, resbaladiza, húmeda.
Don Senén es un macho de cuarenta y pocos años, viste traje de lino blanco.
Oculta el rostro tras sus manos cuando abro la puerta y le

apunto con el arma a la cara.
No me quedan balas.
Saco mi puñal de entre los omoplatos y lo clavo en su muslo, tiro del cuchillo y
él con gritos y prisa, corre por el asiento hacia a mí.
Recupero mi cuchillo y sale un chorrito pequeño de sangre.
—¡Así, así, así...! —grita en pleno orgasmo la Dama Oscura.
Su ensangrentado monte de Venus me excita. Sus pezones hirientemente duros
provocan que se deslicen dos gotas de fluido de mi glande,

que se extienden por el pantalón. Da igual la humedad, sea de donde sea, es
bienvenida en este lugar.
—Ándele, don Senén. Entre en nuestra casa, que tenemos que hablar de lo que vale
de verdad la vida y del dolor. Pero no tengo mescalina,

ni coca para amenizar la charla.
Le doy una patada en el culo y le obligo a caminar. La Dama Oscura está sudando
y con el fino estilete, dibuja una amplia sonrisa en la

garganta del moribundo. No se ha molestado en sacarle los cojones de la boca.
—¿Quiénes sois? ¿Os envía Alcázar? Yo os pagaré el doble, ese cabrón tiene los
días contados. Una patrulla del ejército viene para acá.

Y espero que estéis de mi lado cuando lleguen.
—Calla, idiota.
Le he empujado reteníendome de clavarle el puñal en la médula.
Cuando entramos en la casa de Miguel y Juani, el acre olor de la sangre se
extiende por la estancia. El perro está lamiendo la sangre

espesa de la pequeña Sarita.
El feto aún permanece en la mesa. Me pregunto porque, si Dios es tan perfecto,
os hace pasar el mal trago de la gestación en lugar de

nacer ya formados.
Le encanta que sufráis, es un hipócrita vuestro dios. Todos los dioses lo son.
Sólo yo cuento verdades y no prometo nada.
Margaritas a los cerdos, nunca entenderéis nada, Dios os creó idiotas.
Agarro el feto y obligo a Don Senén a tumbarse de espaldas en la mesa, dejo que
aplaste el glande de Miguel con su espalda.
La Dama Oscura se ha arrodillado frente a mí, ha sacado mi endurecido pene y se
lo ha llevado a la boca.
Crispo los dedos de los pies de puro placer.
—A ver, Senén. ¿Cuántos de los capos habéis muerto en las últimas semanas?
—Ninguno.

—¿Y no os aburre matar siempre a estos monos?
Mi Dama produce fuertes ruidos de succión con la felación y siento que me va a
estallar el pene entre sus labios.
La obligo a que se ponga en pie, la tumbo encima del pecho de Senén y la penetro
furiosamente. Sus pechos se mueven frenéticos con las

embestidas y sus muslos tiemblan como gelatina.
El estilete continúa en su mano, tan peligroso como su coño, como su amor por
mí. Contrayendo su coño, oprimiendo mi polla dentro de

ella, clava el cuchillo en la ingle de Don Senén. Es precioso el contraste de la
sangre en el lino blanco. No es una sangre muy clara,

así que presumiblemente ha pinchado un ganglio linfático y duele tanto que Don
Senene no deja de subir su abdomen arriba y abajo para

sacarse a mi Dama de encima. Y me ayuda follarla sin que lo sepa.
Si quieres que un primate haga lo que quieras, le has de proporcionar un dolor
sin contemplaciones. Sólo de esa forma, puedes conseguir

una total atención.
Cuando suelto mi carga de leche, la Dama Oscura se golpea el clítoris con tanta
fuerza que temo que se lo rompa.
Se corre, se corre como una puta. Como una perra en celo.
Con la polla aún tiesa me acerco hasta el rostro de Don Senén.
—¡Estáis muertos, hijoputas!
Me molesta que un primate me dirija la palabra y le meto el pequeño feto en la
boca. Le clavo el puñal en la glotis, cortándola con

cuidado para que no se me desangre enseguida.
Ahora sus ojos se abren desmesuradamente, la Dama Oscura está clavando sus manos
a la mesa con unos clavos y un martillo que se

encontraba en un capazo a la entrada de la casa.
—No me jodas, Senencito, que tú eres uno de los grandes asesinos de este poblado
de miserables.  Que tú, primate de mierda, has sido

capaz de imponer el terror entre esta piara de idiotas. Eres sólo un hombre, un
mono. No deberías haber usurpado el poder de un dios —le

sermoneo dirigiéndome ahora a su pies.
Le estoy tatuando 666 en la planta del pie con mi cuchillo.
No, no corro ningún peligro de que me de una patada, la Dama Oscura a encontrado
clavos muy largos y se los ha clavado en ambas rótulas

también.
Las piernecitas del feto asoman por entre sus labios dándole un aire lastimoso.
Tanto poderío y ahora se ha convertido en un vulgar.
No necesito milagros para transformar a los hombres.
Huele a mierda. Senén se ha cagado y meado encima.
Es normal que pasen estas cosas, cuando el primate está sometido a un fuerte
dolor durante cierto tiempo, pierde el control del esfínter

y la próstata  y así, una vida que ya de por sí es mediocre, acaba de una forma
humillante. Aunque no creo que les importe mucho morirse

con dignidad, de hecho, sé que no quiere morir.
Mi Dama Oscura observa mi mano cortar la piel, jadeando aún por el esfuerzo de
clavar a Senén en la mesa. Es adorable y me acerco a ella

para besar sus labios y hundir mi lengua en su boca. Chuparla por dentro...
Su alma me dice que quiere unirse a mí.
—Aún no, mi perra preciosa. Eres mía te parieron para mí. Mi esclava...
Se relaja, la siento feliz.
Me aburro de estar aquí, me apetece acercarme al centro de la ciudad para tomar
algo fresco y subir al hotel y follarla mil veces.
Lo cierto es que es tan repetitivo matar, que empiezo a perder el interés por
verlos sufrir.
Me acerco ahora al rostro bien tonifiicado y bronceado de Senén, le hago un
corte continuo bordeando su cara por debajo de los maxilares

hasta llegar al cabello elegantemente implantado en su frente.
De un tirón le arranco la cara, ha sido casi perfecto. Lástima que el labio
superior se haya roto. Me encanta cuando gritan, ni ellos

mismos saben de lo que son capaces de emitir.
Mi Dama se acerca con un salero y espolvorea el tejido ensangrentado con él.
Eso duele. Duele tanto que ha conseguido escupir el feto. Ha caído al suelo  y
el perro se lo come con voracidad. A veces mato perros

también por puro aburrimiento y le he cortado el cuello.
Cuando empiezo una faena la acabo y nunca dejo un ser vivo que pueda ser testigo
de mi sacratísima maldad. Y si apareciera una rata, le

arrancaría la cabeza de un bocado.
Cuelgo el rostro del primate en el pomo de la puerta de entrada.
—Vámonos de aquí, mi Dama. Hace demasiada calor.
Me muestra el arma del matón de la limusina. con una sonrisa y una mirada
suplicante.
Acepto.
Abandonamos el Aston Martin en este sucio poblado y volvemos caminando al hotel,
por donde hemos venido; entrando en las casas,

degollando y tiroteando todo lo que sea humano, todo lo que se ha creado a
imagen y semejanza de Dios. Si supiera que cada primate

muerto es una herida a Dios, acabaría con toda la humanidad en un instante. Una
columna de soldados está acercándose al poblado, tal y

como dijo Senén.
Aquí ahora sólo huele a muerte y al coño húmedo y hambriento de mi Dama Oscura.
Mi pene se encabrita...  Mis dedos se hunden en su raja

y ella me llama Dios.
Dejaremos que vivan los militares, sólo un tiempo más.
El ángel Sienidín, canta un aria divina bajo el ardiente sol. Sus músculos se
marcan bajo la túnica blanca y sus poderosas alas se baten dulcemente. Le lanzo
una patada de polvo para que se calle de una puta vez.
—¿Por qué no le llevas a Dios el rostro de su imagen y semejanza? Se llama
Senén? Que se cubra su bondadoso pene con ese pellejo.
Dicen que en Ciudad Juárez hay una media de doscientos cincuenta asesinatos al
mes. Gracias a nosotros, batirá records esta semana.
Aunque noventa primates tampoco es como para tirar cohetes. He hecho mejores
trabajos.
Pero quedan miles, millones.
Mi odio no se calma, se calienta cada día más como el planeta, como este sucio y
polvoriento suelo.
Dejadme, mi Dama Oscura me está masturbando, no quiero hablar más.
Os contaré más crueldades, más aventuras. Secretos...
Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta

#223 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 29 de Abr, 2009 3:03 pm
Asunto: Máster en Sonrisa Inteligente
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Es hora, mis graves alumnos, de sonreír.
¿Por qué es necesario para vosotros este Máster en Sonrisa Inteligente?
Muy sencillo, la risa se ha convertido en una necesidad social. Sonreír y ser
jovial es una obligación, un requisito cuasi indispensable para ser aceptado
como persona grata a grandes rasgos.
Cuando se entra en detalle, hay muy pocas personas gratas; creo que sólo los que
os habéis matriculado en este máster, un servidor y alguno más que no hemos
tenido la suerte de encontrar.
Y vosotros, no acabáis de hallar la razón para sonreír siempre. La Universidad
de la Risa de los Seres que Guardan un Lamento en el Alma, no busca razones
vanas. No formamos hipócritas, sólo os enseñamos algunos consejos básicos para
poder sobrevivir en un medio que os es hostil. Sonreiréis con el pleno
convencimiento de que no sois idiotas.
Os educamos en la Sonrisa Inteligente porque estáis solos y no hay nadie que os
pueda ayudar.
Mis queridos tristes, vais a sonreír en muy pocas horas y detendréis con esa
sonrisa el palpitar del corazón que tengáis delante. Sea por vuestra sonrisa
irónica o franca.
El Máster de Sonrisa Inteligente para Seres Tristes (MSIST) se ha creado para
combatir la sonrisa hipócrita y fácil.
La sonrisa vana que nos aburre. La sonrisa de la mediocridad, el miedo y el
prejuicio.
Es una paradoja que para poder sonreír, hayáis tenido que llorar ante el
desmesurado importe de la cuota.
Podemos empezar a reír con esta guasa; pero poco, lo suficiente para calentar
los músculos. Vuestros maseteros están un poco atrofiados y no quiero que os
lesionéis. Se nota a la legua que no estáis acostumbrados a esta actividad.
¿No es cierto que alguno de vosotros ha vomitado ante un sonriente pertinaz y
latoso? Uno de esos que tiene más años que un galápago y se comporta como un
adolescente descerebrado.
Si queréis sonreír,  recordad su cara, no su sonrisa; porque si la evocáis de
nuevo, no dejaréis de vomitar. Sólo tenéis que recordar vuestro vómito regando
su ropa y sus ojos desmesuradamente abiertos. Recordad ese momento en el que su
risa se transforma en una interjección de sorpresa y sus ojos se empequeñecen
con ira. Los que sonríen son falaces, son víboras de incógnito.
Así me gusta, esa media sonrisa es importante, alumnos míos.
¿Os acordáis de aquello: medio mundo se ríe del otro medio?
Pues ahora sois el medio que ríe y el vómito marca al medio que llora.
¿No es deliciosa la justicia natural del planeta que reparte risas y vómitos tan
equitativamente?
Sí, ya sé que os importa un carajo cada una de las mitades sonrientes, porque
vosotros no pertenecéis a ninguna mitad de esas que amagan su hipocresía con un
disfraz jocoso y animado. Ni siquiera lloráis ostentosamente. Nos pasa que
vivimos entre la multitud porque no pudimos elegir. Vivimos sin ser ellos,
vivimos incrustados, no integrados.
La mediocridad no es un buen lugar para la sonrisa natural. No hay tantos
motivos.
Deberíais hablar seriamente con vuestros progenitores por haberos traído a un
lugar y tiempo en el que la sonrisa os provoca náuseas.
Aunque no todas os dan asco ¿verdad, mis queridos carnales de grave semblante? 
He leído vuestras fichas de admisión y sé que todos amáis y deseáis a alguien y
es su única sonrisa la que conjura como un encanto las necias.
Esta noche, cuando vuestra sonrisa de extraños ojos serios se abra ante ella o
él, seguro que os va a proporcionar un buen rato de excesos carnales.
¡Qué cabrones sois! Ahora sí que se os escapa la risa ¿eh, bandidos? Y yo que
pensaba que os habíais inscrito en el curso por razones metafísicas, por los
amores lejanos e intocables o por los muertos queridos que han jalonado vuestra
vida con tristes controles de avituallamiento de dolor.
Y ahora aquí, unos cuantos tristes se parten a reír por una cuestión de sexo
sudoroso. Sois una gozada, los mejores alumnos que un catedrático podría tener.
Es por esa sonrisa por la que estáis aún vivos y no con las putas venas abiertas
llenando de sangre el suelo del lavabo y lanzando materia orgánica por las
cloacas, en lugar de recogerla en un puto contenedor de residuos orgánicos que
los sonrientes de mierda ponen a vuestra disposición por el bien del medio
ambiente, que es hoy más importante que los ojos llenos de moscas de un niño
muerto de sed.
Disculpad, a veces soy visceral con mis cátedras y me dejo llevar por vuestro
dolor e incomprensión. Por el mío también.
A veces me pregunto si vale la pena arrancarse la profunda sensación de malestar
del rostro.
¿Os acordáis de la sarcástica y maliciosa risa de Cheshire, el gato de Alicia en
el País de las Maravillas? A mí de pequeño me daba miedo. Hoy me gusta, me
parece adultamente sarcástica y burlesca.
Walt Disney era potencialmente peligroso si dibujó esa sonrisa para los niños.
Que siga congelado por muchos siglos.
Me gusta que sonriáis con esa naturalidad en una tranquila charla, sois unos
buenos alumnos. Vuestras sonrisas son agua fresca en un mundo seco y
resquebrajado.
Reímos de los muertos y con los muertos, con ese brillo de tristeza inevitable
en los ojos. No lloréis tan abiertamente, mis pesarosos. Recordad a vuestro hijo
muerto y reíd recordando su voz, sus ademanes y besos; el amor que os teníais.
Dejad que sólo los ojos adquieran esa humedad sabia del dolor y detendréis el
corazón de los hipócritas ante la calidad de vuestra sonrisa. Ante la valentía y
el férreo control de un dolor que es cáncer devorando vuestros pulmones.
¿Comprendéis la poca popularidad de la seriedad en esta sociedad preñada de
miserias y banalidades, de necesidades inventadas y de cielos sin estrellas? De
la sucia luz que refleja asfalto y cemento... Nadie sufre, nadie tiene malos
momentos, todo les va bien. Y sonríen, sonríen sin que nadie se lo pida. Están
domados, condicionados como las ratas en un laberinto.
Si un funcionario, un empresario o un banquero se da cuenta de la gravedad de
vuestro rostro, no podréis obtener trabajo, ni dinero, ni os facilitarán un
trámite. Y todo porque no sonreís, no sois simpáticos cuando el dolor corre como
cuchillas entre vuestro tejido neuronal.
No es sólo cuestión estética, mis apreciados seres de escasa sonrisa. En este
medio, es importante el dinero; porque no nos engañemos el dinero es salud y
bienestar. Comida y cobijo.
Ellos pensarán que sois unos deprimidos, que no aportaréis alegría a la
esclavitud que pretenden venderos. Y eso no es bueno para el negocio ni para la
mente cerrada de un funcionario ante el monitor de su ordenador.
Sólo los que ríen trabajan y rinden al cien por cien. Los que disfrutan con la
porquería de comida del comedor de su empresa. Esa es la creencia.
Pero vosotros no queréis eso, no queréis pagar con imbecilidad vuestro paso por
la vida.
Reíd ante la broma de mal gusto que representa trabajar diez horas a cambio de
apenas nada. Sin siquiera poder mirar a un cielo limpio cuando estáis agotados.
Vamos, pesarosos de la vida. Ese brillo triste de vuestros ojos haría un
espectacular contraste con una sonrisa discreta, aunque sólo sea un amago.
Os haría atractivos para un buen montón de mujeres y hombres con cierta
inteligencia.
Esto es una forma amable y eufemística de deciros que hay tantos cerebros
dañados en el mundo, que muy pocos apreciarán la tragedia de una sonrisa franca
y unos ojos tristes. No es que quiera menospreciar al género humano.
Yo no menosprecio a tantos seres que sólo deberían comer y callar. Reproducirse
bajo los efectos de sus ciclos hormonales y un día, evolucionar a una especie de
rumiante bípedo al cual podamos cazar con total libertad de la misma forma que
Búfalo Bill exterminó al bisonte americano. Los estúpidos tienen una facilidad
roedora para reproducirse y el reino de los cielos está lleno de ratas.
Otra vez... Disculpad de nuevo esta exaltación. Es que me parece injusto que
vosotros tengáis que hacer un máster en sonrisas y los otros ocupen cargos que
les proporcionen dinero o poder. O simplemente respiren sin más función que la
de reír y repetirse que los reyes magos existen aún cuando se tienen treinta
años.
Esto no es serio.
  ¿Lo captáis? Si esto no es serio, es que es cómico.
Vamos... Esa sonrisa.
—Por favor, que el de la fila siete modere su sonrisa. La risa lujuriosa que
provoca el profundo escote de su compañera, no creo que sea adecuada. Sin
embargo, es normal. ¡Qué buena está!
Así, mis amigos, esas risas os vacían un poco de dolor y ansiedad.
No hay que esforzarse mucho cuando nos lo proponemos, siempre hay motivos de
risa. Y cuanto más cruel sea, más eficaz. Que no os preocupe la crueldad.
La crueldad tiene otros responsables.
Una risa cruel es sólo un instinto que parte de nuestra naturaleza. No es ético
reír de quien se cae en la calle de bruces al suelo, sin embargo, no tenéis la
culpa y la vida os ofrece ese momento. Vale la pena aprovecharlo, porque ya ha
habido bastante dolor. Sed animales, sed crueles si es necesario para sonreír.
No dejaréis de ser humanos.
La verdadera sonrisa, aunque joda, pone de manifiesto nuestra naturaleza y sólo
aceptándonos como las bestias que somos, seremos capaces de encontrar verdaderos
momentos hilarantes.
El leproso que intenta sacarse los mocos de la nariz con los nudillos no tiene
nada de jocoso, reíros de lo absurdo, de la importancia que tienen los mocos
cuando no hay dedos. Será una falta leve de ética si vuestros ojos están húmedos
de pesar por algo trágico que no puede abandonaros en ningún momento de vuestra
vida.
Será un crimen cometido por un dictador o un presidente, que ese hombre muera
ahogado por unos mocos que no se ha podido sacar porque no ha querido curarlo
con un par de euros que cuesta el medicamento.
Reíd tranquilos pues.
Vale, he de reconocer que entre mocos y leprosos, esta parte de la lección
resulta un poco escatológica. Pero el rictus concentrado del leproso mientras
intenta engancharlos...
Repórtense, señores. Un poco de seriedad. Tampoco estamos en un concurso de
imitadores. Dejen de hacer eso con los nudillos.
No dejéis de hacerlo con esa sonrisa desinhibida, alumnos de sonrisa trágica.
Pero no os paséis, porque el curso es de cuarenta horas y no quiero que dejéis
de asistir a clase por haber aprendido en sólo unos minutos. Me sentiría solo.
Eso sin contar que os ha costado una pasta.
Mi padre murió hace unas semanas de un infarto. El ascensor estaba estropeado, y
se le escapaba la risa, tenía que bajar siete pisos a pie. Se reía durante el
trayecto en taxi al hospital. Su sonrisa era franca, y sus ojos me decían que me
quería.
Que se moría.
Y yo sonrío con él cada día. Me río de su mala suerte, de un infarto y unas
escaleras. El planeta se asegura de que cada uno muera puntualmente cuando así
lo decide.
Si no es pedir demasiado, y puesto que habéis aprendido mucho, me gustaría que
como ejercicio para hoy le dedicarais una sonrisa imaginando sus bufidos bajando
las escaleras con el corazón partido y rezando un rosario de blasfemias.
Yo dejaré correr unas lágrimas para ser el medio mundo que llora. Pero sólo hoy,
cuando nadie me vea.
Mañana seguiremos con la clase. Sed aplicados, haced los ejercicios.

Iconoclasta

#220 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 24 de Abr, 2009 11:04 am
Asunto: Amor sereno
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Observa su alrededor con una mirada líquida. Con un desánimo calculado.
La vida ya no le muestra nada, no puede enseñarle nada más; conoce el mundo y su
incapacidad para sorprenderlo.
Goza de una indiferencia serena y cultivada.
No es falta de ilusión, es una sabiduría casi ancestral. Hay un momento en la
vida en el que lo aprendido se olvida. Se debe olvidar para no sentirse
frustrado; para ser uno mismo. O renovar indecencias.
Y por eso su amor también es calmo y pacífico.
Es la simple bocanada de humo del cigarrillo, lo único que aún puede aspirar y
gozar.
El aire es como siempre, no aporta nada nuevo ni limpio.
Aunque esté ella a punto de romper la sucia realidad con su presencia.
No se fía, no puede haber un final feliz cuando toda la vida ha transcurrido
mal. O cuando ni siquiera ha transcurrido.
Ella es humo, es etérea y cuando aspira del cigarrillo, traga su olor y su
esencia. Su historia le ha enseñado que el amor es efímero y la belleza se
disipa como la niebla cuando se agita una mano.
Lo hermoso es un ciervo tímido que al sentirse observado huye.
Ya no hay hormonas efervescentes sacudiendo sus instintos, ahora es sólo un
hombre que se mimetiza entre otros seres adocenados, un camaleón que se confunde
con asfalto y cemento. Pisando mierda de palomas en el suelo y basura destilando
veneno de contenedores rotos.
No es una buena arquitectura para el amor; pero no le importa. Si está ella,
nada molesta.
No es fácil amarla serenamente, requiere toda su atención. Hay detalles que
demuestran que la quiere más adentro de lo que el humo penetra en sus pulmones.
Si tuviera la mano fuera del bolsillo del pantalón, se podría ver como clava las
uñas en la palma al cerrar el puño con ansiedad.
Contiene el amor como el cazador la respiración en el momento de tensar el
gatillo.
Retiene el ardiente humo en los pulmones porque le horroriza pensar que la
pierde.
Cuando aparece por fin por la boca del metro, saca la mano del bolsillo: pende
relajada y abierta. La ruda mano se apresta a prenderse de la amada.
El sonido de los autos se enmudece, y los que respiran a su alrededor, los
ajenos, ya no interfieren en su espacio. Han quedado relegados a un mundo irreal
donde son meras refracciones de luz que se mueven veloces e indefinidas.
Impersonales.
Cuando sonríe la bella y su rostro ilumina su sombrío ánimo, él tiene la certeza
de ser amado; es un hecho. Y el tiempo parece rasgarse y dejar de funcionar; sus
latidos se hacen lentos y espaciados.
Sentirse amado detiene el tiempo y queda colgado durante un segundo eterno de un
amor que pesa hasta arrancarle el aire de los pulmones.
Si pudiera elegir un final feliz, sólo podría ser ese: asfixiado por todo ese
amor que aplasta el tiempo, que lo aplasta a él.
Si alguien prestara atención podría apreciar un ligero temblor en su mano. Es
ansiedad contenida; si se dejara llevar por la emoción, si hiciera caso a lo ya
olvidado en su vida casi gastada, le gritaría; le rogaría que estrechara su mano
ya. "Hace milenios que te espero".
Se ha de morder los labios para no decir lo obvio: que los pulmones le queman de
tanto aspirar su esencia y que necesita su carne para tocar la realidad y algo
terso.
Está cansado de sus manos rudas.
Y no cuesta nada sonreír cuando ella lo hace; no cuesta nada tragarse y olvidar
rencores y errores. Beberse por dentro las lágrimas vertidas.
Debería haber nacido pegado a ella.
Encontrarla en la mitad del camino ha sido arduo y cansado.
A veces desesperanzador como un astronauta se siente en el espacio, lejos de su
nave. Flotando-muriendo.
Un dedo en la sien como el cañón de una pistola, y a solas frente al espejo
ensaya lo que se su cobardía jamás le permitiría hacer. Cobardía... No es
verdad; la verdadera cobardía, es tener esperanzas y ser esclavo del momento
árido que no trae nada.
Es cansado ser valiente e indiferente. Un día, si ella no aparece, y como no
tiene pistola, se meterá la goma del gas en la boca hasta hincharse como un
globo que venden los gitanos en los parques los domingos.
No puede uno engañarse, la bella durmiente no despertó jamás y unas feas llagas
se infectaron y pudrieron su carne.
Es la inamovilidad el tumor del ánimo, uno se hace viejo y agota la vida sin
moverse del mismo momento. Se hacen llagas en la piel que infectan la mente.
Hasta que ella, motor de vida, gira la corona que dará cuerda a su mundo
desértico y monocromo.
Porque sin ella, la vida no tiene esencia. El tabaco sólo es humo acre en su
boca. Y la comida un proceso orgánico. La sed se saciaba con un pequeño trago.
Y ahora bebe con las manos plenas, con ansiedad; la bebe a ella; salpicándose la
camisa.
No deja de ser preocupante que a mitad de la vida todo se haya precipitado tan
deprisa. A pesar de lo que sabe, a pesar de lo olvidado; esa monada de mujer se
ha convertido en su punto de apoyo vital.
Toda su autosuficiencia se ha hecho trizas con ella.
La ventaja es que no necesita ser autosuficiente, es delicioso vivir por ella.
No es habitual, y tampoco puede hacer más daño que pudrirse día a día esperando
que algo cambie.
Maldito cinismo... Aunque a veces ella ríe con él. Está cansada de amores puros
y hombres blancos. Ha olvidado muchas cosas aprendidas también.
Hacen una buena pareja de olvidadizos.
Si el mundo pudiera, los mataría, los descuartizaría en pedazos y los echaría a
los cerdos. El mundo es una bestia de mirada aviesa de sucio pelaje cubierto de
envidia e ignorancia.
Él lo sabe, son cosas que ha podido experimentar toda su vida. El mundo no
perdona que alguien esté bien a pesar de lo que le rodea.
Y ahora la abraza, hunde los dedos en su cabello con la misma fuerza con la que
clava los dedos en la tierra cuando intenta arrancarle los ojos al planeta.
A ella le gusta esa fuerza, le gusta ese odio contenido que transforma el hombre
en pasión por ella, con voluntad, con frialdad.
Y así dos enamorados se encuentran en una calle anónima, en medio de humo y
ruidos de tubos de escape, de voces impersonales y mendigos que piden con las
manos llenas de mierda y verrugas.
Saben que el mundo los mira envidioso, que aquel abrazo sereno de fuerza apenas
contenida, de íntimas lágrimas y de años de búsqueda; es algo que han de pagar
caro.
No se puede ser feliz con tanta serenidad, con tanta voluntad. Nadie puede amar
y ser amado con la alevosía que da la completa comprensión del universo.
Tal vez por eso no se extrañan cuando el uno ve en los ojos del otro la
deflagración que les incinera el cabello y convierte en cenizas la piel.
Tampoco sienten apenas el dolor de los miembros amputados.
No les extraña que precisamente en el mejor momento de su vida, una bomba
colocada en un vehículo por un ajeno, por un extraño a ellos, los haya matado.
Y nadie se ha dado cuenta que por encima del rugido de la deflagración, el mundo
ha soltado una sonrisa prolongada y asmática; el pensamiento universal
abominable, se muerde la mano conteniendo una mala carcajada, observando la
sangrante y serena mano que tiene un mechón de cabello entre los humeantes dedos
muertos.
Los ajenos no saben; los otros, los borrones, corren espantados con las ropas
rasgadas, sin escuchar, oyendo sus propios balidos y temiendo por sus
prescindibles vidas.
Tampoco el mundo ha estado muy atento y no ha podido ver los finos dedos
quemados de la mujer, encañonándose la sien con una sonrisa cínica y
ensangrentada. Riéndose del mundo y de su envidia. Burlándose de la vida, de la
mala vida.

Iconoclasta

#219 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 21 de Abr, 2009 5:08 pm
Asunto: Yo, El pensador
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Rodin me debió espiar por una ventana hace mil años.

El escultor me vio brillante como el bronce por la mador de mi piel tras
follarla furiosamente; mientras me mordía el puño para ahogar un grito.

¿Pensador yo? No, yo apoyaba mi cabeza en el puño; me senté desnudo después de
haberla follado, intentando no llorar su ausencia.

El pensador era yo cuando ella recogía su ropa con prisa para volver a su casa
con el otro, al que no amaba.

Yo no era un pensador porque no entendía nada, sólo se que la amaba, ciego...

El pensador... Rodin no sabía que yo no pensaba, yo sólo maldecía. Y me comía el
puño con tristeza.

El otro brazo ocultaba mi pene aún húmedo con restos de esperma. Goteaba en mis
tobillos.

Rodin no sabía nada de mi angustia.

Y concluyó que yo pensaba.

Era el dolor desgarrador de quedarme solo, de no tenerla. No había asomo alguno
de raciocinio en ello.

No eran pensamientos, eran emociones sangrantes de mi efímera posesión, de mi
pene aún caliente latiendo por ella.

Por su coño.

Me mordía el puño cuando ella cerraba la puerta y desaparecía; el grito se
convertía en un mordisco que laceraba mis nudillos.

Rodin necesitaba gafas.

Yo no pensaba, mi amor...

Mi vida...

Rodin modeló todas esas emociones creyendo que era la fuerza de un pensamiento.

Y ahora estoy condenado durante toda la eternidad con todo ese deseo y anhelo de
ella, encapsulado en una figura de bronce.

Rodin eternizó un dolor irracional sin saberlo.

Pobre hombre.

Pobre de mí.


Iconoclasta

#218 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 14 de Abr, 2009 5:57 pm
Asunto: 666 Caliente
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Esto es el infierno y el único lugar fresco y húmedo de mi reino es este trono
de piedra sucia de sudor y sangres secas, sangres muertas desleídas en humores
sexuales.
Mis testículos agradecen la caricia del frío y mi pene corrupto se endurece, se
eleva y toma el poder de mi pensamiento.
Soy el Dios Polla que llena y rasga carnes, que escupe un semen hirviendo, una
leche obscena.
Si ese Dios superfluo y homosexual rodeado de sus asexuados querubines asomara
su divino y trino ojo en mi reino, le escupiría con este glande amoratado y
colapsado de sangre y le cegaría con mi zumo de maldad pura.
Soy bestia, soy dios y soy aquello que más se temen y más repugna. No es una
maldición, es mi soberana voluntad. Mi volición firme y desenfrenada.
Pero cuando el ansia se apodera de mí, puedo notar como las hembras primates
sienten que sus sexos laten al compás de las venas que alimentan e irrigan mi
puto pene.
Estoy caliente, ardo.
Cuando no os mato, primates, deseo follaros. Follar y partir en dos con mi rabo
al rojo a las monas, a las primates que más cerca tengo. A las que tienen la
desgracia de estar en un lugar equivocado en un mal tiempo.
El ansia por follar acrecienta de tal modo mi ira, que Dios llena el mundo de
ángeles protectores en esos momentos para evitar la extinción de sus queridos
primates.
Con el pene expandiéndose en mi puño, siento que todo el poder se concentra en
el bálano y podría ahogar este universo idiota que Dios creó, con una andanada
de semen.
Grito, lanzo tal rugido que migas de piedra y polvo caen en finas cortinas desde
el inalcanzable techo de esta oscura y húmeda cueva.
Mis crueles se esconden entre las profundas grietas y mi Dama Oscura se
despereza en la Ara del Dolor. Se libera de las cadenas con las que envuelve su
deseable cuerpo de oscura y suave piel.
Lamible...
Sus pechos pesados y duros hacen ostentación de unos pezones duros y contraídos
y siento su deseo de que mi boca los chupe, los hiera con los dientes. Que la
mortifique mientras su coño suda anhelos.
Se sienta en la piedra y separa sus piernas, de su sexo se desliza un fluido
denso y pegajoso como el que ahora recubre mi glande hipersensibilizado.
A veces consigue que eyacule sin tocarme y le arrancaría su bella cabeza llevado
por el éxtasis de mi placer.
—Tócate 666, mi señor. Que la Maldad hecha bestia, unte mi coño con tu lava
blanca –lo pronuncia en un susurro, pero el eco de su voz retumba en cada piedra
en infinitos lugares.
Su gemido libidinoso es un canto de sirenas.
Le gusta que me masturbe, le encanta cuando gruño y agito con fuerza mi puño;
los testículos pesados y llenos parecen aplastarse con cada sacudida de mi puño.
No soy cuidadoso con mis genitales cuando estoy caliente, salido como un perro
en celo.
Un perro rabioso...
Si ahora se acercara a mí, la penetraría con tal furia, que sentiría aplastarse
la matriz y mis cojones golpearían sus dilatados y resbaladizos labios del coño.
Separaría con mis brazos sus piernas para dejar su sexo indefenso, hasta el
punto de descoyuntarlas.
Le empujaría ese ano duro, plantaría mi glande y empujaría hasta que se mordiera
la lengua de placer-dolor.
La baba de mi pijo ha lubricado el puño y siento que un placer creciente que
tiñe de rojo el aire.
La Dama Oscura acaricia su perla dura, la golpea gimiendo impúdicamente ante mí,
con tal lujuria que pienso que va estallar mi glande. Su presión es
insoportable.
Ante ella estrangulo mi pene, lo castigo por lo que me hace, me ha poseído...
—¡Puta! —Susurro batiendo con fuerza el pene— ¡Puta!
Responde con un gemido, acariciando su sagrada raja abierta con la palma de la
mano. Baja del altar y se acerca a mi trono con los muslos brillantes y húmedos
de sí misma.
Se eleva sobre mis rodillas y pisando los apoyabrazos de negro granito, se clava
a mí. Sus nalgas se abren y la fragancia de su coño llega a mí.
Su coño me cubre, me empapa con su jugo. Su carne resbala en la mía y siento su
coño oprimir mi pene desbocado. Mis testículos hierven, el semen llena los
conductos seminales y me expando en el aire con un embate de placer, llevado por
los espasmos de su coño.
Siento fundirme con ella. Clavo mis dientes en su cuello y atenazo su coño
colmado con una mano, con fuerza, noto su clítoris palpitar ávido de ser
chupado.
Le arranco gemidos que no sabe si son de dolor o placer.
Y siento en mi boca el dulce y acre sabor de su sangre.
Mis crueles gimen como perros asustados entre las entrañas de roca.
La Dama Oscura ha quedado inmóvil y presiona con fuerza su mano en la mía.
Quiere que le aplaste ese coño que la está matando de placer.
Mi semen fluye entre nuestros dedos, espeso, caliente.
Noto en mi glande como sus pulmones vuelven a aspirar aire y su vientre
contraído.
Su sistema nervioso colapsado...
Mierda... Mi polla estalla en leche dentro de ella y lamo el sudor de su
espalda.
Las sombras, mis crueles, emergen de las profundidades; traen consigo un pequeño
primate que llora asustado aferrando un muñeco en su pequeño puño.
Estoy tranquilo, mi ira se ha disipado, ha sido expulsada por el pijo y ahora
gotea de nuestros sexos enfriándose en la piel y en la roca.
La Dama Oscura masajea su sexo sentada a mis pies, untando los dedos de en el
semen que se le escapa entre los muslos.
Lentas gotas de mi leche gotean en la piel de su torso desde mi rabo relajado.
Llevo la mano a mi nuca y saco el puñal enterrado entre mis omoplatos. Lo lanzo
sin ningún tipo de alegría.
Se clava certero en el pequeño cuello del primate.
Muere sin soltar su juguete y con una mueca de dolor y espanto. Sus grandes ojos
verdes no se han cerrado.
A los crueles se les escapa la risa, y a mí también. Todos reímos a carcajadas
ante el cadáver del pequeño primate.
—Devolvedlo a su cuna —consigo articular.
—Que revienten de angustia y se pudran en vida sus padres.
¿O acaso pensáis que por haber follado os odio menos, primates?
Os contaré más cosas, más secretos, terrores, corridas... Descuartizamientos.
Me voy a lavar la polla, que esto se seca y me incomoda.
Siempre sangriento: 666

Iconoclasta

#217 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 7 de Abr, 2009 10:02 pm
Asunto: Una mano cansada
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No sabe que la mano me pesa como un plomo, tira de mi hombro y hace mi caminar
encorvado.
No tiene ni idea de lo fuerte que es. Porque ella, bella entre bellas es pura
fortaleza. El poder desatado hecho mujer.
No soy un hombre refinado, no soy sutil. Ni un hombre débil. Mis músculos han
desarrollado tantas toneladas de fuerza a lo largo de la vida, que me tiemblan
los dedos alzando pétalos de flores. Nací tan fuerte que siento el peso de mi
propio cuerpo como un lastre que me hunde cada vez más en la tierra.
La necesito para no clavarme en el suelo. La necesito para no convertirme en
fósil. La deseo como un virus desea tomar el control del cuerpo. Con toda esa
fuerza instintiva en su pasión; a nivel genético. En su voracidad por ser ella,
estar en ella. Ser mecido por ella.
Por lo tanto sólo cabe pensar que cuando coge mi mano y libera mi carga, cuando
me libera de mí mismo ocupando mi pensamiento; es más fuerte que yo.
Siento vergüenza.
Me da coraje ser más débil que ella.
No voy con ella, ella me lleva con su increíble capacidad para anular la
gravedad y me siento volátil. Etéreo como un gas que se diluye en el aire, que
se expande en la atmósfera.
Ingrávido.
La mano se balancea sola, pende triste, la observo con cierta angustia al
desligarme de mi cuerpo. Uno aprende estas cosas si quiere sobrevivir. Uno
aprende a liberarse de la carne durante los segundos necesarios para no caer de
rodillas aplastado por el peso de todo.
Y viéndome desde el aire, siendo aire, la pobre mano parece cada vez más cercana
del suelo. Está cansada, estoy reventado.
A veces la mano se agita, los dedos hacen un pequeño intento de cerrarse en el
aire. La mano es tonta y sueña que abraza los finos dedos que la hacen
ingrávida.
Da pena la mano, doy pena...
Tantos pasos firmes crujiendo el suelo, aplastando el planeta con resolución y
ella con un solo paso, hace girar la tierra como una hermosa equilibrista gira
la pelota bajo sus pies. Así de fácil.
Un día estaba cansado, y la mano golpeó un árbol del que no pudo apartarse, ni
quiso. Los dedos fuertes y toscos, apenas se cerraron ante el dolor. Sólo se
entornaron los ojos para enfocar la mano y la sangre que de un corte manaba
lenta, serena.
Perezosa sangre que al fluir, da tregua al corazón.
No conviene cortar las hemorragias de soledad, pero va metida en la sangre. Como
un virus.
Se ha de retener la sangre, con la ponzoña y la vida para no perderlo todo.
La voz:
—Está sangrando, se ha hecho un corte en la mano —me habló mirándome
directamente a los ojos.
Supongo que lloraba, por alguna razón mis ojos vertían lágrimas. Los hombres
fuertes también están sometidos a la fuerza del viento que arrastra cuerpos
extraños y hace llorar los ojos.
Mentira. Lloraba porque estaba más solo que nadie en la puta vida.
La mano tembló ante aquella voz y se alzó ágil ante nuestros ojos.
Mi voz:
—He debido darme un golpe.
Dejó las bolsas de la compra en el suelo, su mano cogió la mía y todo aquel
cansancio se disipó.
Los dedos se relajaron entre los suyos.
—Aquí mismo hay una farmacia, hay que limpiar esa herida.
Ella no miraba mi mano, miraba mis lágrimas. Maldita... Es lista...
Sus manos sostenían la mía mientras el farmacéutico limpiaba la herida. Y algo
debió decir ella, porque lloré con un gemido. Y algo debió significar porque
ella me acarició el rostro con una sonrisa calma.
Su boca esplende luz y vida.
Y dejé de ser el hombre más fuerte del planeta. Me arrebató el título.
La mano no quiere ir sola colgando de mí, parece abrirse la herida por la
cicatriz que hace años se cerró; un estigma de amor. Sólo ella lo conjura, sólo
ella sana y  restaña la herida, con su voz. Con su mirada.
La mano se ha hecho más pesada, día a día cuelga doliendo del brazo como una
condena. Día a día busca, buscamos el momento de asirnos a ella. De ser aire y
piel sanada. De no llorar.
Ella trae un aire limpio que no aloja cuerpos extraños en los ojos. Con ella no
hay lágrimas. No estoy solo.
Bendita sea la mano que pende triste y que la encontró. A ella, a la más fuerte
del planeta.

Iconoclasta

#216 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 28 de Mar, 2009 3:29 pm
Asunto: Sin uñas
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No hay aves trinando, no hay fulgores de colores en el aire; no son las flores
más coloridas, fragantes y hermosas.
No hay nada de eso, no hay magia, no hay ilusión, no hay esperanza para la
fantasía.
No es por ninguna belleza natural, ni por la armonía en el planeta por lo que me
siento bien, cómodo.
De hecho, me siento exultante de optimismo.
Todo se debe a ti; hace tiempo que dejé de engañarme y mi mente prosaica y burda
no me permite crear bucólicas y líricas alucinaciones.
Y no quiero ver más belleza que la tuya. No quiero ver un agua cristalina como
no puedo obviar el hedor de la ciudad. Soy incapaz de decorar la realidad.
Nunca se me ha dado bien la decoración ambiental, sinceramente.
Sonrío y espero impaciente besarte sin ningún paraíso que nos acoja.
Y ahí estás, esplendes entre negros, grises y suciedad.
Bella y única.
No eres bella porque yo te vea así, no quiero repetirme. Sabes que no soy amigo
de espejismos. Te parieron así de hermosa.
Y escupo la tierra que me sostiene porque me da asco. De la misma forma que me
la llevaría a la boca si supiera a ti.
No haces el mundo mejor, eres lo más deseado de él.
No quiero ir al lugar más hermoso contigo. Tú eres lo sublime y el universo está
en tus ojos. Los secretos de la vida y el placer perfuman tu piel. Reflejas una
luz propia, no es la del sol que calienta al resto de seres. Es otra luz, es
para mí. Es mía y mataría y descuartizaría por ella.
Este amor que me corroe y me mantiene vivo, no es un engaño o un sueño.
Quiero y deseo tus manos, tu piel, tu cabello...
Tu sexo es la fragua del mío.
Retrocedo al pasado porque me encuentro masturbándome como cuando era
adolescente, es la única sensación de irrealidad que tengo.
Aferro mi pene y sueño con arrancarte con la lengua el secreto del placer que la
belleza oculta en tu coño.
¡Dios! ¡Cómo te quiero! Exclamaría si fuera creyente.
Pero no puedo exclamar eso, sólo se me cae una baba de felino hambriento y mi
mano se va a mi sexo, como tú haces. Me haces.
Y presiono, y te busco y presiono, y te busco y gruño un placer húmedo y blanco
deslizándose por entre mis dedos.
Parecerá una tontería; pero te doy el valor de la vida. No es una frase al uso,
casual. Es la verdad.
¿O acaso te crees que las uñas caen de los dedos como la piel de un reptil?
No tengo psoriasis.
No hay belleza en el amor, no es así como funciona. Cuando amas desesperado,
arañas las paredes, sueñas y deseas que esté ahí. Clavas las uñas en el muro
como si fuera la piel que amas y las uñas se separan de la carne y hay sangre y
hay un dolor.
Y uno se pregunta dónde está la bendición del amor.
Tengo la polla sucia de sangre, de uñas que no son. De arañazos en el muro. De
labios devorados.
Puta bella, ¿qué me haces? No es necesaria tu existencia para que yo viva. De
hecho, no me acuerdo de respirar cuando te beso.
Las apneas de amor son una dulce forma de morir. Una tortura narcótica.
Camino descalzo entre cucarachas y ratas, crepitan, crujen con mis pasos. No hay
nada que me engañe, no bebo, no me drogo. Y adoro ahora estar vivo.
No eres mi hechizo, eres mi infección.
No puedes mirarme e ignorar que eres el centro del universo y que giro a tu
alrededor. No te puedes permitir humildad cuando el hombre sangra deseos, llora
semen y por sus venas corren lágrimas.
¿Te das cuenta? Lejos de hacer el mundo más hermoso, creas extrañas mutaciones
en mi organismo.
¿Sabes que sonrío llorando? ¿Sabes que es desesperante amarte aquí? Decidir de
repente no abrirme las venas para no alejarme de ti es una forma de cobardía que
no conocía.
Tampoco es que antes fuera una especie de Batman, no tenía intención de ser un
hombre arrojado.
No hay término medio, soy todo tuyo.
La rata que he pisado se retuerce con la espina dorsal rota, y vuelvo a pisarla
sin notar los arañazos de sus agonizantes patas. Es curioso que no sienta asco.
Soy consciente de lo horrendo, no hay nada que me ciegue.
Sí, ya sé que no es el mejor atrezzo para esta función. Sin embargo, todo lo
horrendo pierde protagonismo y la sangre de otros es una alfombra de mediocridad
sobre la que camino hacia ti. Suave y cómoda como la aterciopelada sangre que se
cuaja lentamente.
Me has faltado toda la vida, eso es lo que ocurre.
Tengo tanto que pensar...
Obsceno... Es inevitable amarte y no pensar en la lujuria. Tu pensamiento está
embutido en ese cuerpo y para llegar a él, debo lamer, tocar, penetrar...
Embestirte mil veces.
Mariposas en el estómago...
Son buitres arrancándome los testículos. Las mariposas viven tan poco tiempo,
son tan efímeras que apenas han podido batir las alas cuando agonizan.
Las alas de tu amor son formidables y las plumas caen pesadas al suelo como tu
ropa hecha jirones por mí.
A veces pienso que soy una especie de tosca mariposa. El tiempo pasa deprisa a
tu lado y temo morir demasiado pronto. No temo la posibilidad, temo la certeza.
Joder... Me duele de dura que me la pones, coño.
Me duele el pensamiento cuando no estoy contigo y tu fragancia, tu ser, no está
ahí para equilibrar la hediondez de lo que me rodea.
Ya ves, te parieron así, maldita amada. No tienes magia, no me engañas.
Te engendraron así para amarte a pesar de todo, por encima de todo.
Por encima de ratas y bichos negros, por encima de los volcanes ardientes y de
los campos de cerezos en flor.
No es un buen lugar para amarte; pero yo sé que para ti sí lo es.
Y no entiendo como puedes querer a alguien que tiene toda esta basura en la
cabeza.
Es algo que me obliga a amarte aún más.
Y callar.
Silenciar este tormento y sonreír como un triste augusto.
Sin uñas.

Iconoclasta

#215 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 25 de Mar, 2009 3:25 pm
Asunto: Tristes
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Si no hay amor, si no hay cariño; que irrumpa el odio y la violencia.
La destrucción y la sangre.
Cualquier bestialidad antes de que la tristeza anegue las yermas tierras del
ánimo derrotado.
No es viable la vida con los hombros aplastados y los ojos húmedos de un pez
recién muerto. Ser esclavo de la vida.
Antes asesino o asesinado que triste.
Los tristes desean morir y no tienen valor para extinguirse. Arrastran su vida
como una maldición. Yo arrastro muertos.
Sus sexos sólo escupen residuos y miserias.
Y si hay amor, más vale que dure eternamente, porque así no se concibe la
violencia.
Como si fuéramos ángeles patéticos de la diosa Hipocresía. Como si estar
enamorado hiciera el mundo perfecto.
Tristes idiotas...

Iconoclasta

#214 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 27 de Feb, 2009 12:20 pm
Asunto: El hombres sierpe
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Ni por un momento se me hubiera ocurrido soñar con transformarme en
un ser celestial, en una mitología poderosa y justiciera.

Mi natural humildad me hace sentir bien con mi maldición.

Vampiros, licántropos, cíclopes, centauros, ogros, machos cabríos,
cadáveres andantes... ¿Quién quiere ser eso?

Mi maldición es más placentera, es obscena. Ellos, los otros, sólo
matan o dan miedo, incluso dan la vida eterna.

Aburrido, mediocre.

Lo mío es más difícil, es más artístico. Yo soy el placer más
profundo. No busco víctimas, sólo doblegar voluntades por medio del
placer. Tampoco me importa que cuando hayan disfrutado de mi placer,
se deban suicidar porque jamás volverán a sentir lo mismo. Es
terrible reconocer el placer total y desinhibido, y que se te escape
por entre los dedos. Esperar cada día con el sexo húmedo volver a
experimentar el placer divino y desesperar porque no vuelve es lo
peor que le puede ocurrir a nadie. A mí me pasa.

  Y tú llorarás cada día porque me arrastre de nuevo por tu piel y
estrangule tus pechos. Porque me meta entre tus piernas hasta
conseguir que te convulsiones con una lascivia que ni los dioses
pueden provocar.

Satanás se transformó en serpiente para tentar a Eva. Yo soy más: soy
tentación y pecado. Premio y castigo.

Lo bueno si breve, es una cabronada. La vida está plagada de
demasiados malos momentos como para sentirse satisfecho por unos
minutos de nirvana  en toda la vida.

Soy una obscenidad reptante y provocar el tránsito del miedo y la
repulsión al goce más profundo y obsesivo es mi único fin. Me
alimento de vuestros coños, de vuestros humores sexuales, de vuestro
corazón desbocado. De la dureza de vuestros pezones erectos.

Os amo hasta tal punto, deseo poseeros y dejar tal huella en vuestro
cuerpo y vuestra alma, que la vida sin mí carece de sentido para
vosotras.

Que mi ausencia os mate.

---------------------------------------------------------------

Hace calor, el hombre se ha desnudado y se deja bañar por la intensa
luz del sol de mediodía. Las paredes calientes del cuarto radian el
calor a su piel y ésta reacciona escamándose.

El dolor intenso de cada día, como el pan de los cristianos, se
apodera de todos sus puntos neurálgicos, un rollo de tela en la boca
evita los gritos y los insultos al planeta por tamaño sufrimiento.

Su cabeza se oprime y se aplasta, cada escama que aparece rasgando la
piel es una puñalada de dentro a fuera. No mana la sangre que lo
pudiera liberar de la presión del dolor.

Las costillas se curvan y perforan los pulmones, nada es perfecto y
de su boca mana un poco de sangre regurgitada, porque es necesario
respirar a pesar de los reventados pulmones. Sus brazos se funden con
el torso y las piernas entre si mismas. Alguien diría que se trata de
una sirena.

Sin embargo el cuerpo sigue doliendo, y estirándose y fundiéndose los
dedos y las piernas para convertirse en algo ondulante. Los órganos
parecen pudrirse y es como morir. La lengua se ha transformado, se ha
partido y ahora es un nervioso y fino látigo negro. Los ojos son dos
bolas negras que son invadidas por un verde esmeralda obscenamente
bello, vivo y brillante.

Cesa el dolor. El planeta ha cambiado, los colores más que reflejar,
arden y algunos sólo están ahí, muertos. La materia fría y muerta
relaja su visión, no le interesa. Sisea en el aire agitando su bífida
lengua y dos metros y medio de carne recubierta de escamas amarillas
y negras se mueven con celeridad para subir hasta el alféizar de la
ventana, saltar a las ramas del árbol del patio del piso inferior y
bajar por el tronco para desaparecer entre la hierba y las rendijas
de las paredes.

Se arrastra por la oscuridad y la inmundicia que lanzan los vulgares
por tuberías al subsuelo convirtiéndolo en algo ignominioso. El
territorio del hombre serpiente es la basura de los superficiales, se
arrastra por sus miserias en busca de mujeres a las que dar el goce
que los hombres jamás podrían proporcionarles.

------------------------------------------------------------

De todos los animales de la tierra, sólo yo puedo hacerlo, sólo yo
puedo cumplir las expectativas de ellas.

Linda llega por fin a casa. El sol del mediodía la ha seguido durante
el camino a casa como una mala compañía. Su marido no llegará hasta
bien entrada la tarde.  Da gracias por tener un horario intensivo que
le de un razonable tiempo para relajarse y descansar.

Se desnuda en la habitación quedando en ropa interior, lencería de
algodón que muestra manchas de sudor y deja asomar algún rizo de
vello púbico. Se deja caer en la cama y recupera el aliento durante
un largo minuto.

Se desnuda completamente ya más relajada y se dirige al baño para
ducharse.

Calienta una ración de carne estofada en el microondas y con prisa se
hace una ensalada. Coloca los dos platos en una bandeja y se sienta
en el sillón con ella en las rodillas. El televisor emite noticias a
las que no hace demasiado caso. Sus pechos asoman por entre la camisa
blanca abierta y unas braguitas de licra negra dejan entrever un
tupido vello en el monte de Venus. Come casi con desgana, el aire
acondicionado aún no ha alcanzado la temperatura de confort y bebe
con avidez el vaso de agua.

Inevitablemente, y como cada día, tras dejar la bandeja de la comida
en la mesita del comedor, se estira en el sofá y el aire que ya llega
fresco, relaja sus músculos y su ánimo. El sopor se apodera de ella y
también una dulce excitación que es el resultado de haber acabado la
jornada diaria en la oficina. Se acaricia el monte de Venus mientras
sus ojos se cierran.

--------------------------------------------------------------

Una serpiente del grosor de un brazo y larga como un utilitario
emerge a través de la boca de granito de un desagüe de la calzada. Se
ha deslizado entre una rendija inferior del vallado de una de las
casas adosadas de un barrio periférico y el mediodía le da un aire
desértico al complejo residencial. Sus escamas negras y amarillas
parecen fundirse por el efecto estroboscópico que produce su
ondulante movimiento. Se dirige al canalón de desagüe del tejado, se
anilla al tubo y trepa oliendo el aire y agitando la lengua. Sus ojos
verdes están fijos en el balcón de la casa.

Me arrastro silenciosa por el suelo, lo más alejada posible de ese
sol eterno e incombustible que no da un respiro a mis escamas.

Aún con medio cuerpo sujeto al tubo de desagüe, su cabeza parece
flotar en el aire hasta hacer contacto con la baranda del balcón. Se
arrastra con elegancia hasta llegar al suelo y repta hacia la puerta
de cristal del salón; la cortina deja un resquicio que le deja ver el
interior. El inconfundible aroma de una mujer excita al animal y su
cabeza


se eleva sobre los anillos de su cuerpo para observar con unos ojos
curiosos y ávidos el interior de la casa. Su lengua golpea el vidrio
de la puerta corredera.

La mujer resalta como lo único vivo en el salón, su cuerpo aparece
rodeado de una aura naranja que vira al rojo en la zona de los
pulmones; los brazos y las piernas, emiten un aura menos intensa.
Entre sus piernas, hay un rojo brillante.

La serpiente golpea con la nariz el cristal de la puerta.

Necesita dar cuatro golpes más para que la mujer se despierte de su
sopor y con los ojos aún adormilados, intente vislumbrar el origen
del golpeteo.

--------------------------------------------------------

Linda se ha despertado, ha creído oír unos golpes en el vidrio de la
puerta corredera del balcón. El noticiero ha acabado, son casi las
cuatro y media de la tarde. Ha dormido casi tres cuartos de hora y
tiene la impresión de que han sido escasos minutos.

Estira los brazos para desperezarse y sus pechos parecen saltar fuera
de la camisa abierta. Lleva la cabeza hacia atrás para estirar la
espalda y la braguita desciende hasta mostrar el inicio del vello
púbico.

Se acerca hasta la puerta y la abre, una oleada de calor la incomoda.

No se ha fijado en las manchas húmedas del vidrio de la puerta.

Se asoma a la baranda del balcón con los ojos deslumbrados, sin
reparar en una enorme serpiente arrollada bajo una de las sillas de
plástico. No hay nadie en la calle, es demasiado pronto; la mayor
parte de los vecinos empiezan a llegar a partir de las cinco y media
de la tarde. Los críos son el aviso de que hay vida en el planeta,
apenas han pasado las cinco, se pueden oír sus gritos al salir del
colegio.

Tampoco ha podido ver la cola de la serpiente deslizarse
silenciosamente dentro del salón hasta esconderse bajo una de las
butacas, que se encuentran flanqueando el sofá, enfrentadas entre si.

Cuando entra de nuevo en el salón, se dirige a la habitación para
buscar en el bolso el tabaco y el encendedor.

Se fumará un cigarro, lavará los platos y aspirará el suelo de la
casa.

Coloca la mesita con el cenicero cerca del sofá y se vuelve a estirar
con las piernas abiertas, una de ellas, en el suelo; como había
dormido.

Está caliente, necesita sexo y tal vez no espere a que llegue la
noche, cuando llegue Loren en un par de horas, lo va a recibir
acariciándole los testículos y lo va a llevar a ese mismo sofá para
que la folle.

--------------------------------------------------------------

Soy una serpiente que repta ávida por las piernas de las mujeres.

La serpiente asoma furtivamente la cabeza bajo la butaca y lo primero
que enfoca su visión es el pie de la mujer. El olor del tabaco le da
una inopinada sensación de familiaridad.

Usa la lengua para acariciar la piel del tobillo, y en el mismo
instante se lanza con velocidad, como un resorte, para enredarse a lo
largo de la pantorrilla.

La mujer lanza un fuerte alarido; grita y patalea.

Saltan brasas del cigarro sobre sus pechos desnudos cuando se le
escapa de entre los dedos. Sacude la pierna intentando sacarse de
encima la repugnante serpiente; pero sólo consigue caer al suelo. Con
cada movimiento por liberarse, el anillo que hace presa en su pierna
aumenta la presión y siente la inconfundible sensación de la sangre
retenida y colapsada en la carne. Los ojos verdes de la serpiente la
observan con fijeza y su lengua inquieta y nerviosa, parece
amenazarla.

—Cálmate Lin, que el animal no sienta tu miedo —se dice a si misma.

Con dificultad consigue gobernar su cuerpo y quedar quieta.

La serpiente no se ha movido, pero siente que ha relajado la presión
de su presa. Ya no sisea amenazadora. Los ojos siguen fijos en los
suyos.

En algún sitio oyó que mirar directamente a los ojos de un animal,
constituye un desafío.

Ahora el animal avanza, su cuerpo viscoso y frío se desliza
lentamente hacia el muslo. Siente sus asquerosos músculos ejercer
tracción en su carne. El anillo ha superado la tibia y se detiene en
la rodilla; el hocico de la serpiente se encuentra tan cerca del
vientre que cree sentir su aliento en la piel.

Le duelen los brazos y la espalda en su lucha por mantenerse erguida
en el suelo. El peso en su pierna empieza a debilitar su resistencia
y se deja caer de espalda para descansar los brazos y los músculos
lumbares.

Y para recuperar algo razón.

Alarga la mano hasta la mesita y palpa el sobre de vidrio hasta asir
el teléfono. Cuando empieza a marcar el número de la policía, el
anillo que apresa su pierna se cierra hasta hacerla gritar, si sigue
estrangulando su muslo teme que le arranque la pierna.

Hace un nuevo intento por marcar los números, y la serpiente le lanza
un ataque con la boca abierta, hace presa en su codo clavando los
fabulosos colmillos y arroja el móvil lejos de si ante ese trallazo
de dolor.

El animal ha vuelto a suavizar la presa y ahora arrastra la cabeza
por su muslo, siente en la ingle la lengua gélida palpar la delicada
piel. Parte del peso del animal ha pasado a la pierna izquierda y
siente cosquilleo en los dedos del pie. La sangre parece llegar ahora
normalmente.

Piensa que el animal debe estar aturdido, que se ha escapado del
terrario de algún vecino. Parece no querer atacar más.

Con sumo cuidado y venciendo la repulsión que le produce, alarga la
mano hasta la cabeza de la serpiente y ésta no hace ningún movimiento
por evitar el contacto.

Cuando sus dedos se posan en la dura piel de la cabeza, los verdes
ojos parecen desaparecer durante unos segundos tras unos párpados que
han corrido verticales, en un extraño y absurdo guiño.

La actitud de la serpiente la tranquiliza.

Me deslizo entre hombres y mujeres muy alejada de sus alientos.
Ellas, en ocasiones, no llevan nada bajo la falda y me excito tanto
que mis escamas supuran un liquido viscoso tornándolas resbaladizas.

La serpiente parece dormirse y deja caer la cabeza sobre su muslo, el
hocico está muy cercano a su sexo y el terror a que le pueda morder
ahí la inmoviliza.

Ahora no hay presión alguna, en su pierna. El animal parece confiar
en ella.

La lengua está rozando su braguita, y se mueve a lo largo de los
labios vaginales. Hay un momento en el que la serpiente ejerce
presión con el morro en la tela de la braguita y Linda se olvida de
respirar.

Vuelve a acariciar su cabeza y la serpiente queda quieta, dejándose
tocar  y dejando la lengua lacia. El contacto del hocico contra su
sexo es total y Linda intenta estirar la pierna para separar la
cabeza del animal.

Soy repulsiva y adoro ser rechazada para después observar con mis
ojos inhumanos sus piernas abrirse para ofrecerme sus sexos
indefensos.

Ahora el animal se insinúa en su vientre parece oler su miedo, su
cabeza erguida se balancea de un lado a otro chascando el aire
suavemente con la lengua.

Vuelve a retroceder y al arrastrar su cuerpo hacia atrás, el elástico
de la braguita se enreda sobre la tela y la mitad de su sexo queda
desnudo.

Sentir en su sexo la piel de la serpiente es dar vida a una
pesadilla; sin embargo, como si a  su sexo no le importara, se
humedece. Una corriente eléctrica apenas perceptible corre por su
piel para descargarse en sus menudos pezones hasta endurecerlos.

La serpiente ha metido el hocico entre los labios mayores de su sexo,
Linda intenta cerrar las piernas, pero el animal tensa sus músculos y
separa aún más la pierna aprisionada. Siente una punzada de dolor en
el fémur y relaja ambas piernas.

Cierra los ojos y llevándose las manos a la cara rompe a llorar.

El miedo ha ocupado ya su mente y apenas es consciente de que la
serpiente está lamiendo su sexo, hasta que siente como el corazón se
acelera y su sexo produce fluido.

Se le escapa un gemido de miedo, aunque le de vergüenza y asco
reconocer que hay placer también.

Soy tan repugnante como indecente y carnal.

Parece haber pasado una eternidad de tiempo desde que la serpiente la
ha atacado, y apenas han transcurrido más de cinco minutos.

Piensa que el animal no la herirá de nuevo, y no le queda más que
esperar que Loren llegue a casa y avise a la policía.


Lentamente acerca la mano hasta la mesita, tantea con los dedos hasta
dar con el paquete de tabaco y el encendedor. La serpiente levanta su
cabeza y observa el movimiento de sus manos. Cuando exhala su primera
bocanada de humo, la serpiente vuelve a meter la cabeza entre sus
muslos, y con total serenidad, siente como la cabeza hociquea en su
vulva para presionar el protegido clítoris con precisión.

Cierra los ojos dejando que el placer llegue a su mente y retira
cuanto puede las bragas hasta dejar su sexo completamente desnudo.

El anillo que apresa su muslo se deshace, y la cola del animal se
mueve arrastrándose bajo la pierna para liberarse. Aparece la cabeza
en su campo de visión, para acercarse a su pecho izquierdo. Siente
algo agudo golpear su vagina, la cola presiona entre sus piernas,
mientras Linda sujeta el pecho con ambas manos para que la lengua de
la serpiente azote el pezón hambriento.

No puede ver lo que está ocurriendo entre sus piernas, pero siente
que su vagina se llena y vacía rítmicamente.

Soy serpiente para enredarme y reptar por vuestras piernas para
llegar al centro mismo del placer y lanzar mi lengua bífida e
inquieta a vuestro sexo; lamerlo y morderlo suave y venenosamente
para excitaros.

La serpiente se retira, su cabeza vuelve a bajar hacia el vientre,
hacia su entrepierna, a su coño a cada momento más inflamado. Nota en
lo más profundo de la vagina, la lengua del animal agitarse. Eleva
las rodillas flexionadas para que la penetración sea más intensa,
para que entre más en ella ese cuerpo grueso que la llena y la hace
lubricar como a una puta.

Piensa que tiene que ser una gran puta para hacérselo con una
serpiente.

Ahora la cola se eleva por encima de su vientre y golpea los pezones
alternativamente, hay un leve dolor que se convierte en una
mortificación excitante. Sus pezones se han puesto tan duros que
desearía que alguien mamara de ellos hasta reblandecerlos.

Se los pellizca brutalmente, y de su boca se escapa un gemido
jadeante y algún grito sostenido cuando le sobreviene un orgasmo que
la obliga a arquear la espalda.

La cola de la serpiente ha dejado sus pechos y ahora la siente
presionando en el ano. Relaja el esfínter y la cola empieza a
penetrar en él con suaves ondulaciones que la llevan al paroxismo del
placer.

Y penetraros, entrar en vosotras y sentir en mis escamas las
convulsiones de vuestro placer.

Ahora sujeta el grueso cuerpo de la serpiente entre sus piernas,
forzando que entre más en ella y lucha por separar las nalgas cuanto
puede para que la cola que le está destrozando el esfínter pueda
entrar y salir con más facilidad.

Y grita, grita y su vientre se contrae, su frente empapada de sudor
se ha arrugado ante el orgasmo que colapsa su sistema nervioso de tal
forma que nunca hubiera podido imaginar.

De los labios interiores de su vagina, se derrama un líquido caliente
y espeso que se desliza hasta llegar al ano. Sus manos aún permanecen
crispadas en el cuerpo del animal, que ahora está sacando la cabeza.

Eleva su cabeza y observa atentamente a la mujer que ahora cierra los
ojos y se deja llevar por los pequeños espasmos residuales del
orgasmo.

La serpiente se separa de ella y se dirige hacia la puerta del
balcón, se yergue para picar en el cristal con el hocico.

Linda intenta levantarse pero se tambalea y cuando por fin lo
consigue, se da cuenta de que sus bragas se encuentran por debajo de
las rodillas, se las sube y se dirige a la puerta del balcón. Cuando
la abre, el animal sale al exterior, alcanza la barandilla y se
enrosca en el tubo de desagüe del tejado. Cuando toca tierra,
desaparece entre los setos.

Linda llora, sus bragas están empapadas de humor sexual y los pezones
amoratados. Se acaricia el pubis observando el lugar por el que la
serpiente ha desparecido.

------------------------------------------------------------

El animal surge de nuevo por la boca del sumidero labrado en el
bordillo y llega a su cuarto trepando por el mismo árbol.

Se anilla en la penumbra de un rincón de la habitación, esperando el
crepúsculo que debilitará los rayos del sol.

La luz se torna anaranjada y el movimiento cósmico se acelera para
dar paso a una creciente oscuridad. El animal abre sus increíbles
ojos verdes opacos y su cuerpo se estira. Hay miedo en su mirada
animal, la misma cantidad de miedo que de dolor cuando es hombre y se
transforma.

El cerebro va tomando conciencia de su parte humana y las
extremidades adquieren relieve bajo la piel y se desgajan del tronco
central, los colmillos caen al suelo y dan paso a la dentición
humana. La liberación total, llega cuando el pecho se ensancha y los
pulmones consiguen inflarse de aire.

Durante unos segundos el hombre sierpe, se mantiene estirado boca
arriba con los brazos en cruz y la planta de los pies en el suelo,
absorb¡endo frío de las baldosas.

Cuando se pone en pie, una arcada lo dobla y vomita dos esqueletos de
rata y una bola de pelo.

La visión de ese vómito le lleva a otro hasta debilitarse de nuevo y
caer de rodillas en el suelo, expulsando baba de su boca jadeante.

Son las ocho y media de la noche, apenas le queda una hora de tiempo
para reponerse antes de salir de casa para una nueva jornada. Es
especialista en una empresa de fundición de plástico.

No hay recuerdos, sólo sensaciones de su vida como animal, está
enamorada la bestia y no sabe de quién. Por enésima vez, otra caza de
amor, la pasión animal y primitiva.

El amor y la destrucción.

Venas que se abren, cuerpos que caen desde alturas letales, un veneno
en la garganta, pastillas que tornan azules los labios. Otra muerte,
otro suicidio.

Y así siempre, así toda la vida. Desde que se hizo sexualmente
adulto, su cuerpo se transforma cuando el sol cae más vertical. Los
veranos son para el amor y la pasión.

Durante todos los mediodías de verano, se arrastra por el mundo
escondido entre mierda y ratas que a veces come. Y llega hasta ellas,
preciosas y cálidas mujeres, guiado por un efluvio que sólo su
cerebro de reptil es capaz de identificar; un efluvio que enamora a
la bestia y hace desplegar una sensualidad tan animal como primitiva.

El verano se acaba, y su último amor en este año.

Y jamás conocerá a la mujer que enamoró a la bestia, las mujeres que
enamoran  a la serpiente y a su vez son tomadas por ella, no viven,
sólo sufren un tiempo hasta que dan fin a sus vidas.


Enciende el ordenador y escribe la contraseña de acceso.

Abre una carpeta de imágenes titulada Constrictor y la galería de
imágenes que contiene. Sesenta y cuatro noticias escaneadas de los
periódicos van pasando lentamente y él intenta evocar cada mujer;
pero sólo le llega un aroma identificativo de cada una que no aporta
más que angustia y desazón ante la falta de recuerdos y sensaciones.
No las quiso, no las amó, no las buscó. La bestia es algo que habita
en él, que lo usa como cueva, como agujero oscuro y húmedo y a la vez
cálido. Nunca han cruzado pensamientos la bestia y el hombre.

Cadáveres rígidos, restos en las vías de un tren, una mano
ensangrentada, cada noticia tiene su color. Su particular
presentación.

Y le gusta, su propio misterio y lo que esconde entre sus genes lo
hace único. Y vale la pena ser único aunque repugne.

¿Quince años tenía cuando horrorizado sintió su cuerpo desgarrarse
hasta convertirse en una serpiente? Hace veinticinco años que vive
solo, aislado. Ha cambiado de domicilio más de doce veces.

Cuando un ojo humano captaba la monstruosidad reptante de color
amarillo y negro deslizarse por la ventana de su casa, se creaba
alarma en el barrio. La policía se presentaba en su casa y quería
saber si tenía una serpiente y ésta no estaba debidamente encerrada
en un terrario, porque "hay niños en el barrio", "¿Podemos dar un
vistazo al patio?".

Era el momento de mudarse. La presión era grande, quien veía a la
serpiente, la buscaba de nuevo. Y se hacía difícil moverse con
discreción.

La bestia se mueve a plena luz del día y es difícil ser discreto.

Jamás sentirá nada por esas mujeres que se suicidaron, y ninguna
mujer sentirá nada por él  siendo hombre.

No le importa en absoluto, sólo padece breves episodios de
melancolía, un rastro de humanidad que cada día está más olvidada.

Se acaba el calor, el verano se va y deberá pasar meses enteros
sumido en la mediocridad, como un hombre más.

Cuando se transforma en serpiente, es Dios. Jamás ha querido otra
cosa; si pudiera, no se transformaría en hombre jamás.

Retorcerme dentro de vuestros coños y embestiros desde dentro,
anillando mi cuerpo en vuestras piernas para que no podáis cerraros
ni defenderos del placer impío.

------------------------------------------------------

Linda se ha vendado el codo, los colmillos de la serpiente han
levantado la piel pero sangra poco. La braguita está empapada y no
puede evitar pasar las manos por ella evocando sus propios gemidos,
recordando la oleada de placer que la ha hecho olvidar que es humana.
Tiene pequeñas ampollas que no duelen en el pecho por las quemaduras
de las brasas del cigarro. Se aplica crema durante más tiempo del
necesario. Y los pezones responden contrayéndose. E imagina la boca
de la serpiente clavada en ellos, mamando, succionando...

Le explica a Loren que se ha golpeado el codo contra el cajón abierto
de un archivador esa misma tarde, momentos antes de la hora de salir.

No se acuerda de que hace apenas dos horas, quería sexo con su
marido. De hecho, ya no volverá a desearlo jamás.

Pasa la noche en vela, sin moverse de posición en la cama. Los ojos
verdes de la serpiente danzan en la oscuridad y siente aún las
vibraciones de los músculos del animal en su piel. En su coño.... en
sus tetas. Los ojos de la bestia brillan de amor por ella como ningún
ojo de ningún ser ha brillado jamás.

Se masturba silenciosa al lado de su marido. El primer rayo de sol
entra por la ventana al tiempo que su boca se abre silenciosa para
exhalar el último placer de la noche con la mano entre los muslos
conteniendo su sexo como si fuera a estallar.

Ha tenido que esforzarse mucho en la oficina para hacer su trabajo y
no pensar en ser tomada por el monstruo. El placer vence a la
repulsión y el amor hace bellas las cosas más horrendas.

No soy tentación, no busco vuestra expulsión de paraíso alguno, sólo
quiero vuestro placer que es el mío. Y mi alimento, mi razón de ser.

Camina deprisa el trayecto desde la estación de tren hasta su casa.
El sudor corre por su espalda y se desliza entre sus pechos. La
camiseta azul pálido muestra grandes manchas de sudor en las axilas,
no lleva bragas bajo la falda, se las ha quitado en la oficina porque
se le han empapado de su propio humor sexual.

Su melena corta y rubia se agita con cada paso rápido que da y sus
pechos se mueven libres. El sujetador también la molestaba.

Cuando llega a casa abre la puerta del salón que da al balcón para
que entre la bestia. Se angustia al salir al balcón y no ver sus ojos
opacos ojos verdes.

—No pienses más, te estás obsesionando. Fue terrorífico —intenta
convencerse vertiendo en una cazuela un salteado congelado.

Un siseo en sus tobillos y un aliento frío eriza su piel con un
escalofrío. Los ojos de la serpiente la miran fijamente desde el
suelo y su cabeza sube por sus piernas delgadas de carnosos muslos.

El animal supera su vientre y se interna por dentro de la camiseta,
siente su cuerpo resbaladizo entre los senos y su cabeza aparece por
el escote. Se eleva hasta que sus ojos se encuentran frente a frente.
La lengua bífida palpa sus labios con brutalidad, entrando entre
ellos. Su sexo está cubierto y presionado por el cuerpo de la bestia.
La respiración de la serpiente hace vibrar su clítoris y unas gotas
de humedad se desprenden de la vulva para rodar por los muslos.

Linda ha abierto las piernas apoyándose en la encimera de la cocina y
la serpiente bajo su falda, lanza la lengua rápida por toda su vulva.
Se muerde los labios cuando la serpiente se abre paso en su vagina de
forma brutal y siente que va a estallar "mi puto coño". La mitad del
cuerpo de la serpiente se ha arrollado en su pierna y sólo puede
abrir más la otra para poder mantener el equilibrio.

Vosotras no sois repugnantes, sólo carnales.

La serpiente sale de la vagina, abre la boca y clava lentamente los
colmillos en el pubis; la lengua castiga el clítoris durante unos
minutos hasta crear un orgasmo bajo la falda que se propaga a través
del vientre para estallar directamente en el cerebro de Linda.

Y mientras jadea e intenta regular su respiración, la serpiente repta
ahora por su espalda, y sisea en su oído provocando en la mujer una
sonrisa tierna.

Cuando Linda consigue mantenerse en pie sin apoyarse en la encimera,
la serpiente ya ha desaparecido.

Se estira en el sofá sin haber comido y duerme absolutamente relajada
a pesar de un calor pegajoso que provoca un sensual mador brillante
en su piel.

Las venas de sus brazos resaltan con un brillante fulgor amarillo que
se apaga paulatinamente hasta desaparecer al mismo tiempo que la
respiración se normaliza.

Me erijo en Dios ante vosotras y me adoráis con los muslos abiertos y
los pezones duros.

Linda se ha depilado el pubis y la vulva, cuando camina se excita con
el roce íntimo de la braguita entre los labios y siente que se hace
agua.

Hace ya ocho días que la serpiente la visita, que la usa. Ocho días
en los que sólo piensa en ella, en sus escamas arrastrándose por la
pared de su coño y en esos ojos que durante la oscuridad de la noche
y el sueño, parecen flotar muy cerca de ella. Ocho días en los que
tiene que dejar su puesto en la oficina para masturbarse en los
lavabos dos o tres veces al día.

Cuando llega a casa se desnuda y corre la puerta del balcón. Escucha
el suave roce del animal al deslizarse tras ella. Se arrodilla en el
suelo y apoya también las manos. La serpiente avanza entre sus
piernas separadas y hacia su rostro, arrastrándose por sus pechos
plenos que penden pesados. La lengua recorre sus labios para jugar
con ellos. La cola presiona en la vagina sin entrar y ciegamente
tantea sus nalgas en busca del ano. Entra con tanta fuerza que le
fallan los brazos y su rostro queda pegado al suelo. La cabeza de la
serpiente repta por su espalda. Se siente acariciada y empalada. El
ano está tan dilatado con la penetración, que le tensa la vulva.
Alarga una mano hasta su sexo y acierta a encontrar el clítoris
menudo y duro entre los pliegues de la piel. Cuando lo descubre,
siente que se le nubla de visión, la lengua de la bestia ha aparecido
entre sus dedos y fustiga con vehemencia esa dura perla rosada. La
viscosa y pegajosa lengua... Es casi doloroso el castigo al que la
somete.

La cola ha dejado de invadir su ano y ahora busca la vagina,
tanteando e insinuándose por entre sus labios dilatados y blandos.
Se lleva una mano a las nalgas para encontrar la cola del animal y
ella misma la conduce a sus entrañas, la empuja sin cuidado, con
ansia.

—Jódeme hasta reventarme, cabrona. Empálame zorra arrastrada.

El cuerpo de la bestia se tensa y se pone rígido; la cola se le
escapa veloz de entre los dedos para penetrarla con un ataque veloz y
violento. De la cópula se derrama un líquido lechoso blanco que
lubrica el sexo y da un brillo mojado a las escamas.

Linda grita su placer acompañando con un vaivén de sus nalgas el
ritmo de la penetración. Cuando aúlla ante el orgasmo, se encuentra
con la cara de la bestia, sus ojos verdes se han tornado casi azules
y hay un asomo de tristeza en ellos.


La lengua roza sus labios con lentitud, y le transmite una extraña
sensación de pérdida. Cuando de su sexo resbala la cola del animal,
siente vaciarse y un nuevo placer la obliga a entrecerrar los ojos.

La serpiente se aleja hacia el balcón.

—¿Adónde vas? Quiero ir contigo —susurra entre jadeos la mujer que
ahora yace acurrucada en el suelo.

La serpiente gira la cabeza hacia la voz e inmóvil fija sus verdes
ojos en los de la mujer de suave pelo rubio, hasta que una lágrima se
desborda dejando un reguero negro de rímel en su pómulo. Se arrastra
de nuevo a la oscuridad y a la inmundicia de las cloacas.

--------------------------------------------------------

No llega, la serpiente no aparece. Linda se asoma al balcón y
escudriña los setos por donde ha desaparecido estos días.

Los setos se agitan y la cabeza de la serpiente asoma entre ellos,
los ojos se encuentran, la serpiente yergue la mitad del cuerpo y
agita la lengua, suavemente. Desaparece entre los setos. Linda llora.

Se masturba en el sillón, se toca y gime casi gritando. Intenta que
la bestia la oiga, que la bestia acuda llevada por su lujuria.

Pero no aparece.

Al día siguiente, el animal asoma su cabeza de nuevo entre los setos
para clavar su mirada en la de ella.

—Ven, ven, ven... —le suplica Linda aferrando  a la barandilla, sus
brazos se han tensado y bajo la piel, las venas pulsan amarillas.

La bestia desaparece de nuevo.

—Lin, tienes mala cara, no te encuentras bien. Vamos a urgencias. —le
propone su marido al llegar a casa y verla tumbada en el sofá con
unas profundas ojeras.

—Estoy bien, Loren —le miente.

Linda no come, no duerme. Sus ojos empañados de lágrimas impiden la
buena visión para trabajar frente al monitor de su mesa. Hay momentos
en los que rompe a llorar de forma intempestiva.

Dice sentirse mal y se va de la oficina. El jefe de la sección, lo
comprende al ver las venas amarillas que como raíces se extienden por
el cuello bronceado de Linda.

—No volverá, no me tomará —musita con la cabeza apoyada en la
ventanilla del tren.

Camina despacio hacia casa, el calor parece hervirle la sangre.

No abre la puerta del balcón, al llegar a casa y eso la lleva a
llorar de nuevo. Conecta el aire acondicionado y se desnuda.

Lleva la mano al sexo y no siente nada, no hay nada en su coño
moviéndose, no se arrastra nada por su cuerpo. Está vacía.

Me arrastraré entre vuestras sábanas y me anillaré en vuestros pechos
con mi cuerpo. Os arrancaré gemidos impúdicos; os tocaréis cuando os
sisee en el oído y mi lengua roce vuestros labios entreabiertos.

El cuchillo que sostiene en la mano está agradablemente frío.

Sale al balcón, allí está la bestia.

Linda se clava el cuchillo en el cuello, y debe esforzarse por
enterrar completamente la hoja en la carne. Los ojos de la serpiente
la distraen de la sangre que sale entre sus labios. Los pulmones se
inundan de sangre y ella no hace esfuerzo alguno por respirar. Su
cuerpo cae sobre la barandilla y la cabeza cuelga inerte; de su boca
un hilo de sangre cae en la cabeza del animal que se ha arrastrado
para bañarse en ella.

Hasta que no cae una gota más de sangre, el animal no se mueve. Sus
escamas están terroríficamente salpicadas de un rojo que ya se ha
hecho casi negro, el calor seca la sangre y le roba su color vital.

Trepa por el tubo de desagüe hasta el cuerpo de la mujer. Sus ojos
ávidos y brillantes miran con expectación las nalgas del cadáver. Del
muerto sexo emerge con rápidos movimientos una pequeña culebra
amarilla que la serpiente devora sin que llegue a tocar el suelo.

--------------------------------------------------------

El rostro del hombre sierpe está iluminado por el monitor del
ordenador portátil. Teclea "mujer muerta" en el buscador del diario
digital que normalmente lee.

No hay fotos, la breve noticia hace mención a un posible suicidio en
la nueva zona residencial y de la víctima, sólo destaca su edad:
treinta y dos años y sus iniciales: L.S.M.

Es mejor así. Recorta la noticia con el cursor y la guarda en
Constrictor.

Su último amor de verano.

Los rayos del sol caen con fuerza y se siente melancólico y
deprimido. El otoño se ha llevado a la bestia a hibernar en algún
lugar de su cuerpo humano. El intenso dolor de la transformación,
dejará paso a la monotonía diaria

—Maldito... ¿Por qué no es el hombre el que duerme?

Nada es perfecto.

Nueve meses para ser Dios de nuevo. Nueve largos meses de vulgaridad
y hastío.

De un violento manotazo cierra la pantalla del ordenador y desnudo se
hace un ovillo en la penumbra del cuarto y llora la maldición de ser
hombre.

Hurgaré en vosotras, en lo más íntimo, una y otra y otra vez hasta
que me otorguéis vuestra vida; hasta que en vuestras entrañas se haga
un hijo mío que devoraré para seguir siendo bestia hasta el fin de
los tiempos.

Porque así lo ha querido algún Dios.

Iconoclasta

#213 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 17 de Feb, 2009 3:52 pm
Asunto: Al infierno
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Os espero en el infierno, porque esto no es cielo, ni siquiera un
purgatorio. Esto es sólo un lugar de tránsito donde escupir con rabia
mi semen.
Mi semen agrio, mi semen triste, mi semen esclavo.
De la paja a la locura, de un glande sangrante a una boca sin dientes
que me la mama con seguridad...
Toda esa basura se viste de amor y las rosas crecen entre mierda y
fracasos.
No, no es un buen momento para sonreír. Hoy me conformo con sangrar
por el pijo; aunque duela, alivia la presión.
Hoy es el día en el que me la pelo y escupo a este mediocre mundo.
Un vano intento por convertir este planeta engañosamente azul en el
infierno donde nos podamos corromper amantes y tarados.
Monstruos fuera de lugar y tiempo.
Resbalar entre sexos viscosos y lamer labios obscenos.
¿Quién quiere belleza aséptica? Miguel Ángel me aburre y los
mártires, cuanto más mutilados, más me excitan.
No creo en Dios, pero el dolor...
El dolor es lo real y que ni los cerdos dioses son capaces de
disfrazar.
El puro dolor del sexo mordido, demasiado ansiado para ser
acariciado; llega directo al vientre y estalla en locura entre dedos
crispados.
Hoy con la polla en la mano y gritando a su santo coño, quiero crear
el infierno y llevarla conmigo.
Pudrirse en el infierno es mejor que vivir en la mediocridad del no
placer, del no dolor.
Hoy me sentía especialmente tierno.

Buen sexo

Iconoclasta

#212 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 11 de Feb, 2009 11:09 am
Asunto: Un cálido beso
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Es hora de un dulce morir, es hora de un beso sereno y líquido, algo
que reblandezca las duricias y costras del alma.
Porque es necesario dejar que el amor fluya y dejarse someter a él.
Sería emocionante.
La lucha ha convertido el corazón en un trozo de sílex como el que
los antiguos usaban para cazar y matarse. Diríase que retorno a los
orígenes del hombre y camino entre el mal y el dolor como si no
existiera otra cosa.
A veces el tránsito por la vida depara bellezas que quedan grabadas
en la retina como un espejismo de absurda realidad. Las he archivado
todas en mi cerebro, sólo me queda irme con la calidez de tus labios.
Es hora de demostrar un cansancio, desidia de vivir.
Que un beso llegue tranquilo como un batir de alas lento. El
silencioso planear de una gaviota contra el viento.
Hay un momento para la lucha y otro para la derrota.
Y está el cansancio.
Entiendo al que muere de hambre sin un quejido, entiendo al
desnutrido cuyas costillas parecen rasgar la piel y no le importan
las moscas que beben sus lágrimas secas. La sal de la vida. Qué
ironía...
Entiendo la tranquila respiración del enfermo que ve como su carne se
pudre y sus dedos caen.
Y no grita, no llora. Sólo mira al cielo o la tierra y tal vez piense
en cómo será posible salir del agujero en el que será enterrado para
viajar al paraíso o al infierno.
Necesitará ayuda. Necesitará un beso sereno. Sólo un beso a la hora
del final, una delicadeza de la vida, algo que llevarse con una
sonrisa.
Nada carnal.
Necesitamos los desgraciados algo dulce, algo hermoso que llevarnos a
la tumba. Nadie es tan malo como para morir sin haber conocido la
ternura de unos labios que aman a pesar de todo y todos.
A veces pienso que he llegado ahí, donde los sentimientos se han
transformado en una osada indiferencia, en un irreparable
agotamiento. El cuerpo se devora a si mismo y el alma se encoge, se
esconde entre células enfermas. Células que les dicen a otras que es
hora de descansar.
"No os reproduzcáis más, no podéis dividiros más veces. ¿No os dais
cuenta que ya es tarde para eso? Venga preciosas, a dormir".
Y si me das tu beso, yo cierro los ojos y no me divido más.
He blasfemado tanto... Gritado, insultado, golpeado y follado como un
animal en celo.
Lo he hecho casi todo, pero no recuerdo tus labios en mi piel
perdonando mi vida, mis actos.
He visto boquear desesperadamente en busca de aire bendito a los
hombres y mujeres que he estrangulado. Y sé que ellos hubieran
agradecido un beso que les ayudara a cerrar los ojos, a relajarse
ante la muerte inminente después de tanto luchar y al final, perder.
Morir.
Cuando te estrangulan, los segundos duran años. Y tienes tiempo a
sentir pena por la vida que vas a perder. Por lo que podrías haber
sido, por lo que ha quedado por reparar. Por cosas que ya jamás
podrás ver.
Agonizar es sólo arrancar unos segundos más a la vida cuando todo
está perdido. Yo no quiero morir así, yo quiero morir en paz.
Un beso en la agonía es un billete directo a la paz.
"Pasajeros, suban al tren de la muerte, y no miren por la ventanilla
o sentirán vergüenza y su morir se convertirá en una auténtica
pesadilla. Si alguien les ha querido una vez, pidan un beso y cierren
los ojos".
He matado a tantos en mi continuo viajar por el mundo, que mis manos
han tomado la temperatura de los cadáveres y mis labios se han
secado. No puedo besar sin que me sangren.
Por eso pido un beso líquido como el mar. Un beso en el que
sumergirme, en el que ahogarme de paz.
Me duelen las manos, de tanto matar. Y me duele el cerebro de amarte.
Los muertos hablan y me dan las gracias.
Las treinta mujeres, los quince niños y los cuarenta y dos hombres
que he matado a lo largo de mi vida, todos están contentos de estar
muertos. Soy el que mata a los enfermos y a los desesperanzados.
Soy un suicidador, el terminador de vida.
Por poco dinero mato a los que ya no pueden más con su vida tan dura,
como maravillosa es la de otros.
Siempre se me ha dado bien matar, no siento nada, no amo ni odio.
Es sólo un trabajo. Experimento día a día el descontento y me siento
en una prisión en este mundo donde todo está detalladamente
reglamentado. Donde no quedan sorpresas.
Y eso ayuda a matar a otros, les haces un favor.
He decidido suicidarme porque ya estoy cansado de matar y si me he
cansado de ello, no me queda otra cosa por la que desear seguir vivo.
Estás tú, pero no cuentas. Eres un ángel y los ángeles sólo se llevan
a los muertos.
Creo que he matado a algunos que no me han contratado llevado por mi
deformación profesional. Recuerdo aquel que lloraba porque se le
había metido el humo del cigarrillo en los ojos y le partí el cuello.
A veces ocurren errores que nos alegran por un momento la vida y nos
renuevan la esperanza de que todo pueda cambiar de alguna manera.
Ahora sólo te pido, que cuando mis pulmones paralizados por el veneno
ya no puedan aspirar me beses en la mejilla con tus cálidos labios.
Me gustaría que fuera en los labios; pero cuando alguien ha bebido un
buen trago de veneno, es mejor optar por la profilaxis.
Tú siempre me has ayudado, has comprendido mi trabajo y lo has
aceptado desde el primer momento que te lo conté.
¿Te acuerdas? Tenía la cuerda de piano rodeando tu cuello y el dinero
que me pagaste por el servicio, asomaba a punto de caerse por el
bolsillo de la camisa.
Y sin aire en los pulmones y con el acero a punto de cortar la carne,
llevaste la mano a mi pecho y aseguraste el dinero en el bolsillo
para que no cayera.
Aquello fue un acto de pura ternura que me descolocó.
Y yo te besé, recuerdo que no fue por amor. Sólo sé que necesitaban
tus tristes ojos un poco de ternura para el tenebroso camino de la
muerte.
Siempre has sujetado sus brazos cuando yo les rodeaba el cuello con
la cuerda y los estrangulaba. Has sentido la muerte apoderarse de sus
brazos y la sangre manar cuando la cuerda ha penetrado obscenamente
en la carne de sus cuellos. Sabes de lo que hablo, los que mueren no
deberían irse jamás sin un beso, es una crueldad innecesaria.
Siempre me has besado apasionadamente tras cada muerte. Diríase que
hemos follado sobre sus tumbas.
Y ahora, que todo pesa. Ahora que estoy cansado y que el veneno
cauterizador de penas está deteniendo cualquier movimiento interno de
mi cuerpo; necesito un beso tuyo que llevarme a la tierra.
Necesitaría que existieras para poderme besar, necesitaría saber que
alguien de verdad sujetó los brazos de aquellos valientes que pagaron
por morir.
Me gustaría que te hubieras negado a morir tras aquel beso.
Que toda tú, y todos los besos soñados. Que la pasión en las tumbas
de mis muertos, hubiera sido real.
Necesito que el recuerdo de tu belleza (una de las pocas cosas
hermosas que tengo archivada en mi mente) cree el espejismo de un
beso. Una fantasía de una vida plena de muerte y amor.
Moriré como ellos, los otros, sin un beso, sin que nadie los llore.
A quien encuentre mi cuerpo muerto, que no me mire, que no diga en
voz alta que he muerto sin un beso.
Que mienta.
Una mentira piadosa, algo de dignidad en un mundo infame.

Iconoclasta

#211 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 4 de Feb, 2009 8:50 am
Asunto: Dios aprieta
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No camino, salto alegre y danzarín en una calle estrecha, tan
estrecha que apenas hay unos minutos de sol al día.
No me importa que mis mantecas se agiten alborozadas con este alegre
corretear. Sorteo con gracia y agilidad una mierda de perro, para
chapotear al siguiente paso en un charco de meados y cerveza.
Mi esposa está embarazada, voy a ser padre. Y como soy de naturaleza
confiada y optimista, estoy seguro que también seré el padre
biológico.
No siempre me han de salir mal las cosas; es hora de que la vida me
sonría.
Aún me quedan seis meses de paro.
Ahora hago el pino y camino con las manos.
Esto de la alegría es la hostia; no me duelen las manos en absoluto
después de haber caminado quince metros de acera llena de vidrios
rotos.
La sangre es inquietantemente hipnótica cuando fluye sin dolor.
Cuando la alegría entra en nuestros corazones, hay un importante
ahorro de analgésicos.
¿Cómo será mi hijo? ¿Seré un buen padre?
Debo serlo y además deprisa, antes de que el páncreas se me deshaga
del todo.
Quiero que cuando mi hijo hable, digan: "Dice las mismas cosas que su
padre, que Dios lo tenga en gloria".
Mi esposa ha llorado un poco cuando me ha dado la gran noticia. Yo no
creo que llore por la duda de que pueda ver crecer a mi hijo. Llora
porque ayer nos cortaron la luz. Estas cosas pasan, pero conozco un
amiguete que es electricista y nos volverá a conectar el contador
hasta que podamos pagar lo que debemos.
Tendré que regalarle a mi esposa alguna cosa para animarla. En cuanto
cobre dentro de tres semanas le compro el bolso de la Betty Boop del
bazar chino.
A  ella le gustan estos detalles.
Le arrancaré una sonrisa, como la morfina me la arranca a mí.
La alegría es contagiosa y si no, debería.
Que la vida son cuatro días.
Me parece que yo voy por el tercero...
No importa, a veces los días se hacen larguísimos, yo mismo a veces,
antes de inyectarme la morfina, pienso que son incluso
insoportablemente largos. Afortunadamente, sólo son bajones
esporádicos y la nube pasa deprisa.
Es tan larga la vida cuando duele... No vale la pena vivir días así,
es mejor irse pronto.
Y cuando de nuevo el sol inunda la estrecha calle, me siento
saltimbanqui.
Es una dura carga la de ser padre, tienes que educar a tu hijo,
agradecer a tu mujer el que te haya hecho padre y mantener el
equilibrio emocional necesario, para no amargarnos en un piso oscuro
con una sola habitación y un comedor-cocina-lavabo, que nos cuesta el
sueldo de uno de los dos.
Y menos mal que la morfina me la paga la sanidad pública, de lo
contrario, el dolor del páncreas me habría vuelto loco y habría
matado a mi esposa y al pequeño vampiro que lleva en su tripa.
Hay gente tan afortunada en el mundo por las cosas más tontas, que no
agradecen que no haya ningún bulto en su cuerpo.
Los bultos, aparte de dolorosos, te acortan la vida.
A pesar de la morfina, a pesar de que correteo feliz y cándido como
Caperucita Roja cogiendo margaritas por el bosque, me sube la tensión
y me pulsan las venas de las sienes como dos tambores cuando pienso
que de toda esa fortuna, suerte o tranquilidad que tantos disfrutan;
no he gozado yo ni un ápice.
Parece injusto y es prácticamente imposible no concluir que la vida
es una mierda y que ojalá una catástrofe natural arrase el mundo
entero y que sean las ratas las que dominen la tierra.
Ahora voy a ser padre y no me puedo permitir estos pensamientos
funestos.  He de inyectarme más morfina.  El médico es un buen tío,
me ha dicho que ya he llegado a un punto en que me inyecte lo que
necesite, que no vale la pena padecer si no es necesario; ya no puede
hacer daño un exceso de euforia.
Quiero que mi hijo me recuerde como un hombre positivo, que sepa que
en ningún momento me pudo el desánimo. Ha de saber que en esta
sociedad lo importante no es integrarse. Lo importante es vivir
intentando soslayar toda norma o ley sin que cause perjuicio en
nuestra vida. Es la única forma de sentirse libre y hombre en esta
civilización.
Le enseñaré de una forma suave y delicada, que es muy posible que
haya heredado mi falta de suerte o fortuna. Que no se preocupe,
gozará de valentía y fortaleza, son virtudes. La cobardía y la
debilidad, por mucho que le mientan, jamás serán cosas de las que
sentirse orgulloso.
La morfina puede que me haga parecer un payaso; pero no imbécil.
Hay gente de la que apartarse para evitar caer en el asesinato. No es
por la morfina lo ingenioso de mis eufemismos; se debe a que siempre
me ha gustado leer y escribir lo que pienso y se me da bien la locura
caligráfica.
Y ahora salto y choco los tacones en el aire. Dos mujeres me miran
con cierto asco y se bajan a la calzada para alejarse cuanto pueden
de mí. Es normal, yo se lo aconsejaré también a mi hijo. Que siempre
que vea un hombre extraño, un hombre que sonríe solo, o salta
alegremente por la acera; se aleje de él. Nunca se sabe si te pegarán
un navajazo con esa simpática sonrisa en la cara.
Por otro lado, la locura podría ser contagiosa. No hay que fiarse, ni
tampoco obsesionarse. Es tan difícil encontrar el término medio como
encontrar un trozo de mi piel libre de pinchazos de morfina.
Sé que despedirán del trabajo a mi mujer cuando sepan que está
embarazada.
No hay problema, todo se arreglará, no puede ser que tanta mala
suerte no alterne con algo de buena.
Ahora doy una voltereta de contento, voy a ser padre y estoy seguro
de que llegaré a ver a mi hijo.
Pues no, ya es mala suerte la mía, he acabado la voltereta delante
del camionazo de la basura que viene a toda velocidad en esta
estrecha calle.
Menos mal de la morfina, porque esto va a doler.
Ni mi hijo, ni el bolso de la Betty Boop, ni nada de nada.
Con que Dios aprieta pero no ahoga ¿eh?

Iconoclasta

#210 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 2 de Feb, 2009 10:11 am
Asunto: Cataluña, república bananera: Velocidad limitada
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En Enero del 2008, en la autovía de Castelldefells por la que se
podía circular a cien kilómetros por hora, se restringió la velocidad
a ochenta.
Ahora a las putas se las puede ver por más tiempo y así disfrutar de
las bondades de la prostitución rusa.
De Enero-2008 a Enero-2009, la Generalitat ha recaudado tres millones
de euros en multas.
Y otro pico que se calla de chulear a las putas que siempre hay en
las cunetas.
Enero-2009, la Generalitat necesita más dinero e instala una red de
control para restringir la velocidad hasta cuarenta kilómetros por
hora.
Dos millones de euros ha costado la señalización y control variable
de la velocidad en la autovía de Castelldefells.
Y parte lo dedicarán a poner WC químicos y dispensadores de condones
a las putas.
O sea, han invertido dos millones de los tres que han conseguido
quitar a los conductores y ahora van triplicar las ganancias. Aducen
que es para evitar contaminación y aglomeración. Y una mierda, a
cuarenta kilómetros por hora, un vehículo está consumiendo tres veces
más gasolina que a noventa. A cuarenta kilómetros por hora, no hay
aglomeraciones, simplemente la carretera se llena de coches lentos y
pone a prueba los nervios de los conductores. Es fácil que se supere
el límite y por tanto, se pueda multar masivamente. Esto lo sabe
hasta mi perro, el otro día lo comentábamos tomando unas copas de
whisky antes de coger el coche para volver a casa.
¿Y si hacemos una paradita para que una puta nos la mame?
Yo no tengo un coche potente para ir por una autopista de peaje a
ciento veinte kilómetros de mierda. Ni pago el impuesto de
circulación más caro que en ningún otro lugar para seguir circulando
a ciento veinte kilómetros por hora. Pero a cuarenta kilómetros por
hora es otra cosa, uno tiene tiempo de que todo el mundo admire tu
coche y darte el vacile durante horas. A esa velocidad, puedes parar
un momento en el arcén y pedirle a la puta que entre en el coche y te
la chupe.
Lo malo es que salga su chulo y con el cuento de que está de servicio
por aquello de llevar el uniforme, te extorsione aún más que con la
velocidad.
La Gestapo catalana está cerrando más el lazo en el cuello de los
ciudadanos haciendo creer a la peña que van de demócratas,
socialistas, o que Esquerra es un partido para el currante, que
buscan el bienestar social.
El bienestar de las putas rusas es muy importante para que sus chulos
se saquen una pasta. Dentro de un tiempo, podrán construirles
paradores en primera línea de mar e incluso reducirán la velocidad a
veinte por hora para que tengan más clientes.
Pero es su puto país y hacen lo que les sale de la polla como haría
cualquier señor feudal. Sólo tienen un fin: seguir restringiendo la
libertad y el poder adquisitivo del trabajador catalán.
Lo que me asusta de estos tiranos, es que se visten de ecólogos para
justificar el robo descarado al ciudadano y se lo creen. Cataluña a
los catalanes cada vez les da menos y la Generalitat quiere quitar a
sus ciudadanos lo poco que les va quedando.
Es como esa puta que mientras te la pela, te está quitando la cartera.
Yo lo que tengo ganas, es que esto ocurra en otras comunidades, para
así reírnos todos y por aquello de que mal de muchos consuelo de
tontos.
Es bueno y bonito tener putas en las cunetas cuando circulas más
lento, sino tienes pasta, te puedes masturbar, hay tiempo para todo.
Vamos, que me da por culo que esto sólo pase en la región más pobre
de España. ¿Acaso no somos todos españoles?
Todos ibéricos menos las putas rusas.
Es la mierda de siempre, cuanto menos tienes más te quitan y luego
viene la sonda anal.
Y la Generalitat ha abierto una nueva oficina en Nueva York para no
sé qué. Y claro, no es sólo la oficina, sino a los amigos que meterán
en ella cobrando una pasta.
¿Las putas neoyorquinas son más baratas? Seguro, el dólar está hecho
una mierda también.
Se creen tan inteligentes y tan "bons ciutadans", que piensan que nos
creemos toda la mierda que nos cuentan.
Igual se piensan que sólo vamos a pagar putas rusas si las hay
nacionales y que te la maman en un correcto español.
En cambio las conductoras, lo pasan peor, porque putos no veo muchos.
Aunque los chulos con su uniforme y su coche patrulla, no están nada
mal. Hay mujeres que buscan la multa para que se acerquen.
Deliciosas y macizas lascivas... Como bajen más la velocidad,
tendremos tiempo de ligar y a la larga nos ahorraremos todos una
pasta.
Aunque no sé si la puta soy yo, y encima pago.
Buen sexo, españoles y catalanes.

Iconoclasta

#209 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 28 de Ene, 2009 11:51 am
Asunto: El día de Obama y Aznar
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El 20-1-09 pasará a la historia de mi vida como uno de los días en
que me chirriaron los dientes durante más horas y con más frecuencia
que en cualquier otro.
Talmente como si alguien clavara las uñas en una pizarra y la arañara.
Sólo vomité dos veces y encendí diez cigarrillos por el filtro. Como
soy pobre por naturaleza, arranqué el filtro y me los fumé a pelo,
como los machotes, y escupí cantimploras al ritmo del himno
estadounidense.
El provincionalismo sentimentaloide y fanático de los estadounidenses
en la fiesta de la toma de posesión del presi negro, me hizo ver de
nuevo la verdadera cara de la chusma rumiante que se mueve en grandes
manadas. A mí me parece bien que haya un presidente negro en su país;
pero vamos, no me altera el ritmo de vida aunque fuera de color verde
pistacho. Y eso de soltar una lágrima... Las lágrimas las dejo para
los billetes de cien euros, que esos sí que me emocionan.
Y para mayor inri, ver al ex presidente español Aznar de labio
leporino y voz de pervertido, tocado con un birrete y
nombrado "Horroris Causa", también mi impactó vivamente. No sé qué
clase de universidad (la valenciana Cardenal Herrera-CEU) ha cometido
semejante error. Cuando llegue al poder lo pagarán caro. Los obligaré
a trabajar.
Aznar con su perfil de buitre y aplastado por el peso del birrete y
la capa, era también la imagen viva de la España profunda. Es
imposible no pensar con que se debe medicar cuando habla. Tiene que
ser algo muy fuerte para que la imbecilidad se agrave por momentos.
Parece que los presidentes españoles deberían acudir al logopeda y al
colegio para aprender algo, tanto si cargan el paquete a la izquierda
o a la derecha; al final siempre acaban en el centro, dando por culo.
Son maravillosas las cosas que tienen en común los estadounidenses y
los españoles: un degenerado mal gusto por las celebraciones y una
forma de adocenarse de lo más vulgar, valga la redundancia. Sólo que
los americanos nos ganan, ya que su presidente al menos tiene carisma
y un color más llamativo. Seguramente no servirá ni para estar
escondido como pasa con todos los presidentes de todos los países,
pero adorna la Casa Blanca más que los que aquí adornan La Moncloa.
Si los establounidenses tuvieran rey, serían ya igualitos que
nosotros.
Así que ese día era imposible ver las noticias: Aznar asomó con su
labio descolgado farfullando algo, entrevistaron a algún idiota que
asistía a la investidura del Obama y hablaron del tiempo y el
fresquito que haría en todo el norte de España.
¿Y para esto vamos al colegio de pequeños? Ya nos podrían hacer
imbéciles desde un principio, es una pérdida de tiempo aprender y
desaprender.
Seré malo y cruel, pero ojalá se instaure una dictadura antes de
volver a tener que soportar un acto de investidura americano.
Y ojalá que cierren la universidad que le ha puesto un birrete al
border line de Aznar.
Buen sexo.

Iconoclasta

#208 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 24 de Ene, 2009 7:36 pm
Asunto: El probador de condones: el amor es anal
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Encontrábame haciendo sudokus en la consulta del traumatólogo por un
dolor bastante fuerte que tenía en un dedo tras pillármelo en el
archivador.
Estaba buscando la ficha de los nuevos condones Obama's Maricuelas
Black (ahora es imprescindible que todas las pollas luzcan la cara de
Obama con la misma histeria que en todas las series televisivas
aparezca un maricón y una tortillera ingeniosos y superinteligentes),
la nueva línea de condones para liberales me tenía angustiado, ya que
no sabía si eran aptos para la fuerte tracción anal y peluda de los
más aguerridos juláis, la ficha técnica me iba a desvelar el secreto.
El cuarto de archivadores estaba atiborrado de armarios  y la maciza
Yoli también buscaba documentos. Fue ella quien quiso rozar sus
pechos contra mi espalda buscando ayuntamiento carnal en aquel
estrecho pasillo, me empujó con sus tremendos pitones, se cerró el
cajón y me pilló el dedo.
Yo grité, insulté y blasfemé contra Dios, cosa que si hubiera
existido, ya me habría castigado haciendo que la polla se me cayera a
pedazos y la Virgen devolviéndome los insultos arrebolada ella.
— ¡Uy, perdona! ¿Te he hecho daño? —dijo soltando una carcajada sin
inteligencia alguna.
— ¡No, qué va! —dije con ganas de pegarle un tiro entre los ojos.
La falangina del dedo índice de la mano derecha había cogido un color
oscuro, casi negro y si no fuera por el dolor, me hubiera quedado
contemplándolo un rato largo con curiosidad y pensando sobre la
extraña forma en la que el cuerpo reacciona ante las agresiones y
traumas.
Cogió con delicadeza mi dedo sangrante y lo besó manchándose los
labios (los de la cara) de sangre. Todo lo puta que era se hizo
patente en aquel beso que me puso duro el miembro a pesar del dolor
que se ocultaba tras mi sonrisa.
Gracias a mi innata naturaleza sexual, el dolor pasó a segundo plano.
Invité a Yoli a que se diera la vuelta y apoyara sus tetas en los
archivadores que había a su espalda, levanté su falda, hice a un lado
sus braguitas manchándolas de sangre y la penetré con violencia. Su
vagina estaba inundada de flujo, me encanta el chapoteo de los sexos
en cópula. Le pellizqué un solo pezón, el izquierdo, el derecho no
podía ya que si movía el dedo destrozado, corría el riesgo de
eyacular precozmente debido a lo complejo de mi mente. Como nos
encontrábamos en un sitio tan estrecho, ella no pudo doblarse bien y
la penetración fue muy intensa, ya que el ano recibió un fuerte
masajeo. Me corrí balbuceando: "Hija de puta subnormal" y  acaricié
la cara interna de sus muslos por los que bajaban dos pequeños ríos
de blanco y cremoso semen.
Se dio la vuelta de nuevo y me besó vigorosamente cogiendo mi bálano
aún pulsante, exprimiendo las últimas gotas de semen.
—Eres un cielo —susurró con aquellos labios aún manchados de sangre.
Me limpié bien el capullo en la tela de su falda antes de irme al
departamento de Recursos Humanos a recoger un volante para que me
visitaran en la mutua.
—Pero la polla la tienes bien ¿no? —preguntó evidentemente alarmada
la jefa de personal.
Es normal que hagan estas preguntas, trabajo con el pene todo el día
y la peña cree que paseo mi terso glande por las pestañas de las
carpetas archivadoras dejando un rastro húmedo como una babosa.
Después de tres horas en la sala de espera de urgencias, desde una
consulta una enfermera gritó mi nombre; recogía su negro cabello bajo
una cofia, una mascarilla con una cruz roja dibujada no dejaba ver
más que sus oscuros y crueles ojos. Un ajustadísimo uniforme se
pegaba a su cuerpo como una piel. Yo calculaba con frialdad y con el
miembro en plena expansión que no debía llevar bragas, no se notaba
costura alguna en su pelvis bajo aquel prieto uniforme.
—El doctor no está, le haré la primera cura.
Me hizo sentar en la camilla.
Yo soy de naturaleza simpática y amable con las mujeres, a los tíos
que les den por culo. Y díjele con un derroche de ingeniosidad:
—¿Quieres que me baje los pantalones?
Lanzó una enigmática sonrisa ante mi ingeniosa pregunta, una especie
de ¡Je! un tanto despectivo, socarrón e inquietante. Yo diría que no
le gustó mi broma a la borde.
—Sí y apóyate en la camilla.
—No jodas —le respondí con la voz contrita.
Soy un bocazas.
Se hicieron añicos mis ilusiones al comprender que me iba a
banderillear contra el tétanos. Pensé por el ruido a lata desgarrada
que debían tener las vacunas en conserva. También escuché el
inconfundible ruido que hacen los guantes de látex, he visto muchas
películas y conozco muy bien ese sonido, siempre precede a los dedos
que invaden el interior de los hombres. Dedos impíos de proctólogos
sin corazón.
—Relájate, salao —dijo con un sarcasmo que no me tranquilizó.
Sentí algo frío presionar el ano y mis peores temores se hicieron
realidad: enema. Esa enfermera debía estar confundida. Yo no
necesitaba una lavativa para calmar el dolor del dedo.
—Me parece que te has equivocado. Yo vengo por un dedo destrozado,
mis intestinos y mi culo están perfectos.
—Pues si sabes tanto ¿por qué no te curas tú solito?
Intenté incorporarme; pero me puso la mano en la espalda obligándome
a quedar en aquella absurda posición.
—¿Qué tiene miedo el machote?
Aquella mujer era un diablo, una psicóloga potente y preparada, no
pude evitar picarme y quedarme quieto para demostrar mi valor y
coraje.
Tampoco se trataba de una lavativa; tras la presión inicial se me
dilató el ojete y luego se cerró tragándose el extraño supositorio.
No me sentía nada excitado, mi sexualidad es muy sana.
Cuando me introdujo el décimo me lagrimeaban los ojos, ya me estaba
aburriendo y tenía el culo dolorido. Me incorporé intentando mantener
con dignidad todo aquello que me había metido.
Sostenía en la mano una lata de aceitunas rellenas y se estaba
comiendo una tan plácidamente, la muy golosa.
—¿Me has metido en el culo media lata de aceitunas?
—Pues sí, me apetecía algo de cerdo relleno.
Qué rencorosa era la hijaputa.
La llamé guarra y alguna cosa más que no me acuerdo. Ella impasible y
sin quitarse la mascarilla, cogió el teléfono de la mesa:
—¿Seguridad? Un paciente está nervioso.
Pasaron apenas unas décimas de segundo cuando apareció el guardia y
me pillaba aún con "uta" entre los labios.
Me aporreó en mis tersas nalgas y salió disparada una aceituna que
impactó en su camisa. Yo grité, él dijo algo descortés y me soltó
otro golpe.
Salió otra aceituna a la velocidad del sonido con estampido que jamás
hubiera pensado que mi cuerpo pudiera producir.
Se quejó y se llevó una mano a la mejilla, se le había quedado pegado
el relleno de anchoa.
—¡Qué cabrón! Ahora en la jeta...
Los seguretas no son muy listos, pero aprenden bien si los sometes a
intensas sesiones de comportamiento condicionado. Ya no me pegó con
la porra en el culo.
Cogiome por el pescuezo sin dejarme subir los pantalones y me echó a
la puta calle. La enfermera gritaba con voz afectada:
—El cerdo quería que se las quitara yo.
Ya una vez en la calle y antes de subirme los pantalones para evitar
que cualquier mujer o julandrón que pasara por allí se amorrara a mi
exuberante y lustroso pilón, intenté librarme de mi carga; me apoyé
en un árbol doblé la cintura y tras un gran esfuerzo lancé una
andanada de aceitunas acompañadas de una sonora ventosidad. El mundo
entero se detuvo guardando silencio con los ojos fijos en mí.
Los vecinos se asomaron a las ventanas sin sospechar siquiera la
procedencia de aquel estampido. Debían temer que se tratara de una
bomba de ETA o Alcaeda.
Hubo un daño colateral que no revistió gravedad: una vieja que salía
de comprarse unas bragas de fantasía en un bazar chino, se estaba
quitando de la dentadura los restos de una aceituna.
Si aquel era un día aciago para la anciana, pensé que en cuanto se
probara aquellas bragas y dadas las noticias sobre las reacciones
alérgicas que producen ciertos productos chinos, se le pondría el
chocho del tamaño de una calabaza. Hay personas a las que el destino
sólo les depara sinsabores y aceitunas rellenas con olor a mierda.
Y por lo visto también era un día aciago para mí; un policía venía a
toda hostia, probablemente porque mi rabo escandalizaba y el cagar
olivas no es algo que te haga popular.
Como quiera que el dedo no afectaba a la motricidad de mis piernas,
salí corriendo a pesar de que el policía me pedía por favor, que me
detuviera para ayudarme a subir los pantalones y llevarme al
gastrointestinal para revisar el porqué de aquellas extrañas,
violentas y exóticas deposiciones públicas.
Tras un par de travesías a la carrera, el poli se dio por vencido
(son las ventajas de vivir en un país con pocos recursos) y yo me
metí en un bar a fumar tomándome una cocacola y un
bocadillotortillapatatas.
Pensé en volver a la mutua y ponerle los cuernos a mi esposa, me
había enamorado de aquella sanitaria traviesa y perversa.
Mi psique es tan compleja...

Iconoclasta

#207 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 20 de Ene, 2009 3:48 pm
Asunto: Queridos muertos
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Demasiados sueños con los muertos. Son ellos los que no me dejan
tranquilo. Se empeñan en vivir, en usar mi sangre y respirar por las
noches en mi cerebro; y parece que no se dan cuenta de que murieron,
de que un día los lloré.
No me atrevo a decirles lo muy muertos que están, no tengo porque ser
cruel.
Daría lo que fuera por rozar su piel y sentir la calidez de su vida
(su barba rasposa, mi piel de niño, manos fuertes y serenas que
transmitían cariño sin escatimar, generosamente, naturalmente).
No se puede volver.
Vendería mi alma por cruzar una palabra con ellos; mientras tanto,
los mantengo engañados en mi cabeza.
No se puede volver.
Aunque son diferentes: vivos no eran tan sarcásticos, divertidos y
sexuales. No los quería tanto.
No sabía cuánto se podía querer, han tenido que morir para que yo lo
supiera.
No soy una buena persona.
Y los muertos deberían ser más delicados con mi mente.
Puede que estén mejor muertos, enterrados los cuerpos.
Mis queridos muertos...

Iconoclasta

#206 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 17 de Ene, 2009 12:37 pm
Asunto: Balance año 2009
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Creo que ya es hora hacer balance del año 2009, que las cosas se van
dejando dejando y acabamos haciendo el balance a final de año cuando
ya nada tiene remedio.
Es todo asquerosamente igual que en el 2008.
¿Tantas uvas y alegrías para esto?
Han pasado diecisiete días y esto no se mueve.
Y ahora las buenas noticias:
Dentro de poco, dicen, que se acabará el madrugar para ir a trabajar,
puesto que no habrá trabajo alguno que hacer. Viviremos como en la
Roma decadente cometiendo toda clase de excesos por un ocio tantas
veces clamado a los dioses.
En la década de los ochenta del siglo pasado, con aquella crisis que
empezó a mediados de los setenta, se crearon miles de pistas de
petanca, y parados y jubilados llenaban los parques públicos y
cualquier solar que encontraran.
A saber que nueva distracción prepararán en esta crisis una vez que
Israel (uno de los pocos países que curran) haya acabado su trabajo.
Si yo fuera uno de esos político-funcionarios, ya mismo estaría
pergeñando alguna manifestación de distracción. Hace ya muchos años
que la peña no se manifiesta por nada económico y político, y eso no
debe suceder. Yo creo que se inventarán otro motivo ecológico y así
tendrán además la excusa perfecta para clavarnos otra polla tatuada
con "impuesto medio ambiente". Por ejemplo, algo así como: No a los
bigotes rotos de las focas que hociquean entre montañas de latas de
cerveza sumergidas en los océanos.
Y es que va a haber mucha res con tiempo libre y eso no mola.
Por otro lado, y si las depresiones, suicidios e incestos no lo
impiden, habrá mucho más buen sexo como es lógico y de esperar. Y lo
que es mejor, en muchos casos será gratuito ya que parados y paradas
se solidarizarán entre sí.
Buen sexo e id reservando vuestro juego de petanca, y sobre todo el
imán recoge pelotas, que luego el dolor lumbar os impedirá una
satisfactoria relación sexual.

Iconoclasta

#205 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 15 de Ene, 2009 6:49 pm
Asunto: Yo, Dummy
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Soy un dummy que se da golpes continuamente. Tenazmente.

Me gusta el deporte de riesgo. Soy osado.

Me soban, me fijan en asientos de vehículos y me usan para toda clase
de pruebas violentas. A veces, me tiran desde alturas que si no fuera
dummy, harían que me cagara por la pata abajo. El miedo a veces puede
ser muy romántico.

Espero ansioso que me lancen contra sus tetas. La ingeniera jefa está
buenísima, ya vería la muy maciza si el dummy se está quietecito de
la misma forma que cuando lo sientan en el coche para matarlo.
Disfrutando haciéndole daño.

Y es que tengo otro trozo de dummito pegado a mí (concretamente entre
las piernas) que te cagas.

Soy como Pinocho pero en polla y no lo digo porque sea un mentiroso
charlatán asexuado hijo de la mente senil de un carpintero.

Cuando me lanzan desde una altura mortal, volteo en el aire con
gracia y agilidad felina para no aterrizar de cara al suelo. Con este
pedazo de dummito que tengo siempre vistoso y altanero, me quedaría
clavado en la tierra. Incluso podría doler.

Aunque los dummys no sienten dolor.

Eso dicen.

Alegar ignorancia no exime de responsabilidad a los envidiosos. Y
todo porque soy un dummy muy bien dotado. Estoy seguro de que no lo
hacen para salvar vidas humanas. Son como hienas los ingenieros.

Soy un dummy pegado a un dummito que los acompleja hasta la vergüenza.

Da igual lo que hagan, yo no tengo miedo. Si me han de arrojar al
fuego o meterme entre un montón de hierro, no gritaré. Y si ha de
doler que duela.

Soy arrojado y crash y test son mis apellidos.

Claro que no soy un dummy idiota; prefiero que hagan las pruebas de
impacto las familias en sus vehículos; que se estrellen con felicidad
fraternal; así en familia con los corazones henchidos de felicidad
dominguera. Muy unidos, como debe ser.

Que nadie se piense que los dummys somos misioneros, yo no lo soy.

Nos gusta follar como a todo el mundo. Aunque a este gilipollas que
tengo por compañero y que le falta un brazo y una pierna, no dice
nada. Simplemente choca sin ningún tipo de inquietud. También hay
dummys idiotas y viejos.

Los ingenieros son unos hijoputas.

¿Por qué no hacen las pruebas con los peluchitos de sus hijos?

Me encanta que la ingeniera jefa me roce con sus pezones cuando me
acomoda en el asiento y afloja el cinturón de seguridad para que me
haga más daño.

¡Qué guarra y masoca es! Me pone a cien en todos los aspectos.

Es una ocupación que está bien, vives la emoción del riesgo y después
te pasas media vida viéndote a cámara lenta, adetrás, adelante,
rápido, congelado.

Empalmado.

Me gusta cuando saltan los cristales y se clavan en mis ciegos ojos.
Y lo que más disfruto: cuando el impacto es muy fuerte, me doblo
tanto que puedo besar mi dummito y tenerlo metido un buen rato en el
agujero de mi cara. Si tuviera ojos de verdad, me quedaría bizco.

He de reconocer que hay un poco de frustración en mi mente de maniquí
de impactos; los humanos son cortos y no se dan cuenta de mi
sexualidad y mis necesidades.

A mí el amor me importa tan poco como el arañazo del retrovisor de la
puerta del conductor; no quiero cosas imposibles como el amor. Soy un
dummy que conoce sus limitaciones.

Estoy nervioso, espero impaciente que la ingeniera jefa se siente en
mis rodillas. A veces ocurre; hay días en los que ha de regular los
sensores del salpicadero, se sienta en mis rodillas y mi dummito se
mete dentro de ella. Y estamos así un buen rato hasta que lanza un
gritito y se pasa la mano por el cuello entrecerrando los ojos.

Yo me hago el tonto; pero a juzgar por lo empapado que queda mi
dummito, la ingeniera jefa ha pasado un buen rato.

Y yo.

No siempre ocurre, otras veces es un mecánico que  huele a sudor
rancia el que me pasa el sobaco por la cara. Si tuviera dientes y
boca articulada, le arrancaría de una dentellada la piel y la melena
que le cuelga.

Lo bueno si escaso, es totalmente angustioso.

¡Hala! ¡Ya está!, ya han encendido el motor del coche y han dejado en
la pista un bloque de hormigón del tamaño de un cerdo.

Bueno, al trabajo. A ver si hay suerte y el impacto me dobla hasta
poder meterme el dummito en el agujero de la cara.

Iconoclasta

#204 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Do, 11 de Ene, 2009 1:43 am
Asunto: San Zapatero de Calcuta
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Escuchando al Zapatero lloriquear por Palestina, he sentido una
profunda vergüenza de ser español (la verdad es que me la pela ser
español, sólo quería dar más dramatismo al texto).
Nunca había visto a un actor de asociación de vecinos llorar tan mal
y hacerse el emocionado, desde que una vez hace ya tiempo, vi al
ridículo y maricón Hitler en un viejo documental, dando golpecitos a
un atril con sus pervertidas manos de pederasta y el repugnante tupé
tapándole la frente.
Porque Zapatero, casi lloraba repitiendo "Palestina la
herida" "Palestina" y "Pa----les-----ti------na". El actor ante tanto
derroche de lágrimas y jetas de profunda contrición (o algo en el
vientre de ese hombre no funcionaba bien en ese momento), parecía
haber olvidado los trescientos asesinatos que cometieron en su país
terroristas islámicos.
Por lo visto, los Reyes Magos de la edición 2009 no le dejaron
regalos y aprovechó la rueda de prensa para asegurarse un buen lote
para el año que viene, convirtiéndose en todo un santurrón de lo más
emético para cualquier humano maduro sexual y mentalmente.
A todo esto, queridos niños, os he de decir que los Reyes Magos no
existen y son vuestros padres quienes os compran todos esos juguetes.
Entre palabras silabeadas y separadas entre sí con pausas de eternos
segundos de aburrimiento que obligaban a los que asistían a la rueda
de prensa, a mirarse las uñas mientras capeaban el tostón; el
Zapatero contrajo los músculos faciales en un rictus de dolor y
ofreció las palmas de sus manos abiertas con santidad. He de
reconocer que todo ese dolor derrochado, y arrastrando aún añoranza
por las pasadas fiestas navideñas, me puso la polla dura ante tal
dechado de humanidad. A veces mi sexualidad dura, hostil y desalmada
me produce inesperados momentos de alegría.
Seguro que luego el español santurrón y el beato palestino, han
tenido una sana relación conyugal.
Qué chocho y qué poco hombre...
España tenía que ser.
Lo que yo digo: un país no es pobre por casualidad o injusticia; lo
es porque no puede ser otra cosa.
Y mucho menos cuando un presidente tiene tanto carisma y poder de
resolución que ha de mendigar que le dejen una silla en las reuniones
de primeros mandatarios mundiales. Seguro que le van a hacer caso y
los israelíes más que ninguno. Je.
Casi que prefiero que me llamen catalán que español. Los políticos
deberían pensar que su imagen puede influir mal en los ciudadanos que
no tienen culpa alguna de estar bajo su yugo.
Buen sexo.

Iconoclasta

#203 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 6 de Ene, 2009 12:45 pm
Asunto: Un bello misterio
tricuspide34
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Si hubiera un misterio que diera por inexplicable qué es ella, aún
tendría esperanza para no pensar que soy un hombre preso simplemente
de una mujer humana. Un vulgar pelele encoñado de una tía.
No es que me disguste; pero si ha hecho esto conmigo, que se me
permita dudar de su humanidad.
Soy tan sórdido y pragmático que parece una broma amarla tan
perentoriamente. Sé que no estoy loco porque conservo mi trabajo y
ninguna mañana me he despertado en un calabozo vestido con las bragas
y el sostén de mi madre.
Eso no pasaría jamás, hasta el más lejano y remoto de mis nervios
mantiene a buen recaudo el secreto de mi amor por ella. Estoy
enamorado; mas conservo la razón.
Está bien, soy un poco paranoico y amar así debería ser motivo de
alegría; pero soy cauto y pesimista por sistema; hay mucho envidioso
y alguien podría querer apartarme de su lado.
Si algo me ha enseñado la vida, es que hay humanos que sólo viven
para envidiar. Hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas
que sólo viven para observar con envidia, mientras un hilo de baba
animal se desprende de su belfo inferior.
Ambicionan lo que ellos no podrán conseguir jamás.
Da igual cuánto tengan, coge al tío con más dinero del planeta y
trátalo como a un igual: le rechinarán los dientes y su día estará
marcado por una corrosiva necesidad de demostrarte que es poderoso y
arruinará tu vida para que un día al cruzarte con él, le hagas voto
de admiración mamándosela de rodillas.
Y en medio de toda esta mierda y mediocridad espantosa que a veces se
pega a mi piel como una brea maloliente, está ella.
Conozco el mundo y sé como se comportará cualquier individuo en un
momento determinado. Conociendo esto ¿cómo ha sido posible que ame
tanto a alguien? Porque no hace milagros, no me tiene en un perpetuo
orgasmo.
Habla conmigo con pasmosa sencillez y sin venir a cuento, me pellizca
una mejilla y con un gritito de niña me dice: "¡Uy, cuánto te
quiero!" Yo entre dientes y mirando a izquierda y derecha por si
alguien se ríe, le digo muy rápido y flojito: "Y yo".
Soy parco en palabras. Sé muy bien que cuanto más se habla por ser
ingenioso, más probabilidades hay de que te jodan. O de tener que
conocer a más humanos, cosa que no me apetece, no soy sociable.
A lo largo de la vida he tenido que pedirle a muchos que se callaran;
el dolor de cabeza que me producen me provoca náuseas. El otro día en
el metro, sin ir más lejos, vomité en el pecho de un mendigo que
pedía, puesto que "es mejor pedir que robar". Yo no tenía la gripe ni
gastroenteritis; pero cuando el tipo se me puso delante con la mano
extendida, oliendo a orina y cerveza agria, me dio una arcada y
arrojé toda mi comida en su cazadora tejana sucia y rota.
El se me quedó mirando y yo un tanto asustado por aquella repentina
náusea díjele: "Lárgate apestoso de mierda". El amargo sabor del
vómito me puso de mal humor. Ya digo yo que no soy un buen
conversador.
Con ella no me pasa, la escucho hablar durante horas y me encuentro
ante ella en un océano tranquilo y cálido en cuyas aguas se transmite
su voz y sólo la suya. Nadie interfiere.
No es romántica ni sugerente la idea; pero ella es el tanque de
aislamiento donde se altera mi conciencia, donde me encuentro a salvo
de esta cotidianidad infecciosa.
Qué poderosa es.
Si fuera crédulo o supersticioso, pensaría que es un ente angelical.
Su verdadero encanto radica en que es humana, la parieron así. Si
fuera divina no sería tan frágil.
A veces llora en una escena de una película romántica o dramática. Le
pegaría fuego al cine, a la cinta, al televisor o al lugar donde nos
encontrásemos en ese instante. Y lo que es peor: me gustaría llorar
con ella para que no se sintiera sola en ese momento de acusada
sensibilidad.
No puedo llorar por nadie más que por ella.
Mi amor por ella es algo que transmite hasta mi piel y por esa
sencilla razón, la no-diosa se coge de mi brazo y apoya la cabeza en
mi hombro. Cuando noto su lágrima calar la ropa, me siento hombre en
todo su significado. No hay ninguna prueba de amor tan intensa como
la lágrima de quien amas en tu piel. Cuando eso ocurre, es que no
existe frontera alguna, es más íntimo que follar.
En ese instante en el que me siento bautizado por sus emociones, giro
con disimulo la cabeza a un lado, me soplo las uñas y me las froto
con vanidad en el pecho.
Con chulería sería más correcto.
Si alguien le hiciera daño, le arrancaría la espina dorsal con mis
dedos. No soy un hombre refinado como otros; que no sea un envidioso
y me importen una puta mierda mis congéneres, no hace de mí alguien
pasivo o estoico. No soy inofensivo en absoluto. Y no es por hacerme
publicidad.
Odio en la misma medida que amo y me siento orgulloso de ello.
Así pues, a pesar de ser un hombre práctico y que toca de pies a
tierra, aún me permito soñar cuando camino con ella de la mano. Un
día me guiará por un camino en el aire y saldremos de esta atmósfera
de luz vulgar que tanto me aburre e incluso me pudre; hablando de
cosas banales sin dar importancia al hecho de que el homicida vacío
del espacio no nos mata. Y así acariciaré el terciopelo cósmico.
El polvo de asteroides tan viejo como mi pensamiento se prende en mi
ropa como una pátina vieja; pero en su cabello oscuro parece oro
viejo. El universo huele a melancolía fría y estática. En el espacio
están las añoranzas expuestas y de la mano de mi no-diosa los sueños
viajan en carrusel a nuestro alrededor.
Me siento pequeño y le ruego que no me lleve de vuelta allá abajo.
Quisiera estar más tiempo ahí, toda la vida.
Me pellizca una mejilla y me dice:"¡Uy, cuanto te quiero!".
Los hombres no lloran, y yo que siempre he sido incapaz de llorar,
tengo que taparme los ojos con la mano y decirle que si llego a saber
que salimos al espacio, me pongo gafas de sol, el polvo estelar es un
poco irritante.
Cómo se ríe...
Si hubiera una leyenda sobre ella que explicara el origen de su
divinidad, creería que es una diosa y tal vez la veneraría; pero es
una mujer. Es piel, carne y amor. Sólo es posible amarla y cuidarla
porque es frágil. Casi tanto como yo.
Enciendo un cigarro frente a un planeta que ella llama Dulcerimious,
hay tres lunas una azul, una roja y otra verde. La tierra es ocre,
los pies se hunden en ella y tiene la temperatura de su piel.
Es un cigarro lo que estoy fumando, lo juro. Es ella la especial, la
autora de mundos de inenarrable belleza. De momentos de serenidad.
Cuando mi lágrima cae en aquella tierra, se forma un minúsculo
cráter. Sube una nubecilla de polvo y se arremolina en caprichosas
volutas: un pequeño brillante aparece en el cráter. Ella me mira
atenta, sonriendo.
—Una más, cariño, llora una más por mí.
Lo difícil es llorar sólo una. En este dichoso Dulcerimious, el polvo
me provoca irritación y las lágrimas son incontables e incontenibles.
Dos pequeños cráteres se han formado a nuestros pies, cuyos
brillantes reflejan desde su interior los colores de las tres lunas.
El vértigo de la belleza es simplemente aniquilador y las murallas de
contención de las emociones, hace ya un par de segundos que han
estallado.
Llorar con ella es reír. Se libera el líquido acumulado en el
organismo, seguramente por la descomposición de las sales minerales.
Cualquier físico diría que en esa atmósfera se disuelven con más
rapidez, y ¡hala!, a llorar como una Magdalena.
Es extraño Dulcerimious, no te puedes fiar de ver a un hombre reír,
seguro que está viviendo un drama devastador. Ella se ríe cuando
pienso esto en voz alta; pero se ríe de verdad, no llorando como yo.
Me dan una rabia las listillas...
Cuando la beso y cierro los ojos, mi amor por ella es de esos tres
colores lunares que se han quedado grabados en mi retina y el amor ya
tiene todas las propiedades de un ser vivo. Tamaño, peso calor y
color.
Ella me ahorra la tristeza de la vuelta a la Tierra, no deja de
besarme hasta que siento el sol calentar mis hombros. Mis lágrimas se
han secado y su sonrisa me conforta de esta tristeza que me produce
el retorno.
No hay misterios, no son posibles en este mundo feo; pero ella lo es.
Nada explica como es posible amar con este afán en este tiempo y en
este lugar.
Mi bello misterio...

Iconoclasta

#202 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 31 de Dic, 2008 8:25 am
Asunto: Morir es aburrido
tricuspide34
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Una caída vertiginosa, el corazón acelerado y una fuerte sacudida
contra el colchón. Es angustioso; el cerebro me expulsa como si fuera
una flema, no quiere que disfrute o viva de forma consciente sus
creaciones. Me quiere alegre, empalmado o angustiado; pero engañado.
Mi cerebro no soporta que le espíe y me expulsa de sus dominios como
a una puta sifilítica vieja y loca.
No soporta que disfrute del sueño; de una película maravillosa de
emociones vívidas y aberrantes. Sólo quiere engañarme y que padezca
de sus creaciones sin demasiados aspavientos. El cerebro es un
artista que no soporta ser molestado.
Un enfermo esquizofrénico que un día me convertirá en un baboso que
mira un trozo de mierda en el jardín desde una celda blanca.
Cuando no pueda contener la inmundicia de mis intestinos, mi cerebro
se reirá, lo sé. A veces tiene ataques de exacerbada e innecesaria
crueldad.
Me gusta mirarme en sueños porque no hay una pierna podrida que
duela;  en sueños no soy un tullido que no podría correr para salvar
su propia vida. En sueños, no soy ese que cruzando la carretera, no
puede esquivar con rapidez el coche que le arrancará y aplastará la
masa encefálica.
En sueños resalto con un brillo épico contra el mate mundo que me
rodea. Los años que vienen son mejores y otras veces trágicos, siento
alegría y siento terror; siento conteniendo la respiración ante la
intensidad de las emociones.
Un cieno húmedo que me amortaja. A veces me siento muerto en sueños y
es todo tan fresquito... ¡Ja!
Cuando sueño, el mundo está mudo salvo las palabras que son para mí,
hay detalles deliciosos de gente que muere a mis espaldas, a mi
lado.  Sin que me importe, sin que las palabras que oigo se
interrumpan o fluctúen. Nada importa y el universo me mira, me mima,
me aterra, me tortura; ante muertos y admiradores.
Y me siento  en mi mundo, estoy bien, me siento bien entre los
muertos que no huelen. No me molesta nada.
Hay humanos que solicitan mi atención con los brazos hacia mí y yo
como si de un poderoso se tratara, los dejo morir con una sonrisa de
disculpa.
En sueño importo tanto...
La muerte es liberadora, tanto la mía como la de los otros, de hecho
(no es por alardear), me importa un huevo el momento y la forma de mi
muerte. Sólo soy curioso.
Mi cerebro tantas veces hostil, es el simulador de la nada. Cuando
muero en sueños, todo se detiene y los últimos rumores del organismo,
enmudecen el ruido universal de la vida de los otros y las cosas. Los
árboles se agitan sin sonido y los horribles grillos raspan ahora
muñones silenciosos.
Y la muerte adquiere su aterradora importancia y dureza.
No existe la muerte dulce, lo sé. Los que mueren durmiendo roncan
aterrados por aspirar un poco de aire, contraen todos los músculos
por arrancar un latido más al corazón y como en el sueño, son
protagonistas de una escena eterna donde reconocen que no abrirán
jamás los ojos. Recuerdo el rostro de mi padre muerto y no me engañó
en ningún momento, rabió como un perro durante los segundos que tardó
en morir. Eso son cosas que cualquier tullido sabe.
Muy zorro yo, abro un ojo por dentro y espío a mi cerebro sin que se
dé cuenta de que estoy despierto; oigo su risa cuando la apnea dura
más de lo que la vida aconseja.
Es tan cabrón, tan liberadoramente desinhibido de cualquier asomo de
escrúpulos...
En sueños importo por encima del dolor, la muerte y la alegría de los
otros. Mi cerebro está podrido; pero en el fondo me quiere; no es
tonto, ha de cuidar del cuerpo que lo sostiene y me da protagonismo.
Cuando muera, lo echaré de menos.
Soñar...
La muerte es aburrida, estoy seguro de que será peor que vivir.
Porque sin cerebro, sin sueño; se acabó la belleza y la emoción de un
universo bien creado, de una naturaleza sin errores.
Yo no quiero morir.
Aunque vivir tampoco es para tanto.
Bueno, pongamos que caigo en coma por unos años.
Para toda la puta vida que me queda.

Iconoclasta

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