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#247 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 4 de Sep, 2009 5:26 pm
Asunto: La compra
tricuspide34
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Ir a comprar despeja la mente y obliga a pasear. De una forma mecánica, el
cerebro piensa en cosas muy diversas y amenas mientras las

piernas  asumen la función de un piloto automático.
Tengo que comprar patatas y lechuga.
Y algo más que se me ocurrirá por el camino, siempre ocurre lo mismo, vas a por
una bolsa de patatas y sales con una docena de productos

que de repente te das cuenta que no tienes.
Si ella estuviera en la sección de la esperanza...
Pasear para ejercitar el cuerpo es una buena forma de dar un descanso a la
mente. Sólo funcionan los sentidos más básicos y el movimiento.

Sin análisis previos, sin conclusiones, sin razonar. De la misma forma que las
células viven y mueren sin esperar nada.
Aunque es difícil caminar así según el lugar donde uno viva. La cuestión
geográfica siempre ha sido decisiva para el carácter de las

personas. La densidad demográfica es lo que importa, porque pueden caer rayos y
truenos y yo caminar sin miedo y sin temor a la pulmonía.

Soy tan denso que ni la enfermedad cala en mí.
Para disfrutar de un buen ejercicio, o hay que ser ciego o tener el don de hacer
invisibles a los demás, que la mirada sea capaz de

traspasar los cuerpos para obviarlos. No es que molesten; pero todos los excesos
cansan. Yo me entiendo.
Todo ser humano necesita un espacio libre para poder reír o llorar directamente
a la atmósfera sin que nadie escuche y ser así confundido

con un deprimido, un loco o un drogadicto.
Lejía, me he de acordar de la lejía y de limpiacristales.
Me inyectaría en vena cianuro para hacerlos invisibles.
El ser humano tiene sus derechos y poder morir en soledad es uno de ellos, coño.
A veces me enojo por las cosas más naturales.
No quiero lanzarme al vacío y caer encima de otro. Si quiero que muera otro, le
rajo el cuello; pero yo quiero morir solo. Y aquí es muy

posible que si me tirara de un terrado, aterrizara sobre diez o doce cuerpos.
Llamar enojo a esta ira que me pudre, es quedarse corto.
A veces mordería las piedras llevado por la tristeza que me produce un mundo al
que no me pidieron permiso para escupirme.
Hay seres afortunados que han sido paridos en medio de la naturaleza, que no
necesitan de poderes sobrenaturales para caminar por el

mundo.
Me place reconocer mi envidia.
Puedo alardear de soledad y de envidia; de una innata capacidad autodestructiva
que hace que los demás se mantengan un tanto al margen de

mí. Tanto arrojo del que hago gala provoca desconfianza.
Ella ha visto algo bueno en mí, maldita sea.
Dejaría caer una lágrima si estuviera solo. Si fuera libre.
Pero hasta las lágrimas están prisioneras.
No es justo, los hay que no hemos nacido con ese misticismo oriental o santón
con el cual se aísla uno de todo, y nos angustiamos ante la

falta de espacio a nuestro alrededor. Por ocultar las avergonzantes lágrimas.
Pequeños tesoros que no tenemos porque compartir con los extraños, con los
otros, los miles, los millones.
Así que para disfrutar de un buen paseo, lo ideal sería vendarse los ojos, pero
mis congéneres me robarían hasta la piel sabiendo que no

puedo ver. Hay tanto envidioso, hay tanta envidia, que las lágrimas corren el
riesgo de ser robadas.
Pasear por una ciudad requiere un monumental esfuerzo por ignorar los que te
rozan.
Para practicar un sano ejercicio, es de mucha ayuda que nadie te quiera y que no
ames a nadie. Porque no es posible ser independiente

cuando se está enamorado. Los enamorados caminan con ella o él prendidos de las
manos o bien con una característica mirada, casi beata, en

la mirada. Yo no podría, la mía sería tan lujuriosa que avergonzaría a los más
rijosos seres.
Los enamorados llegan a ser sumamente sensibles con su entorno y ven lugares de
una belleza inaudita cuando yo veo sólo vulgaridad y

miseria. Lugares que me aburren mortalmente. He oído decir algo de que el amar
produce alguna endorfina o como se llame, que hace a la

gente más amable y alucinada.
Yo no tengo tal endorfina, me atrevería a decir que mi humanidad es casi nula.
Espinacas, he de comprar espinacas y tatuarme un ancla en el antebrazo, me
acuerdo de Popeye. Cuando de pequeño lo veía, nunca pensé que

podría aborrecer mi propia vida. No ha valido la pena hacerse hombre, es mejor
morir cuando se está en paz y no se odia ni se teme.
Pienso que si un día amara a alguien, sería para estar a su lado y sacrificar
con una sonrisa mi espacio vital. No estaría mal, a veces

pesa estar tan solo. No pido un grupo de amigos con los que vivir las más
emocionantes aventuras o compartir la misma puta por unos pocos

euros que hemos juntado entre todos. Con pasear de la mano con ella y dejarme
llevar por su entusiasmo, por su visión de un lugar mejor

que el que yo veo, tengo suficiente.
Por eso camino más solo que un coyote en el desierto. No se me puede querer, no
he desarrollado afinidad alguna hacia mi entorno y mis

semejantes. Soy alérgico a relacionarme. Así es imposible follar por amor.
Un par de paquetes azúcar, me gusta el azúcar, me gusta lo dulce.
Un día respondí a una carta que había en mi buzón, a nombre del anterior
inquilino, tras varios días sopesando en tirarla a la basura,

descubrí a esa mujer hablando de una vida llena de luz y esperanza. El anterior
inquilino era su padre y ella le explicaba cosas de

estudios y felicidad. Anécdotas divertidas y de un candor precioso.
Me atreví a contestarle que no vivía aquí su padre.
Respondió a la semana siguiente, que lo sabía, pero la costumbre de escribir la
misma dirección durante tantos años la traicionó. Creí

oírla reír entre líneas, divertida. Deliciosa.
Y hubo más cartas, y más intimidades y un profundo conocimiento. Un deseo
doloroso se estaba gestando en mí. Los hombres no deberían

quedarse embarazados de nada.
La  amo de la forma más extraña, como los hay que aman a dioses que no ven y que
no existen.
Ella existe, tengo sus palabras escritas en cartas, en papel que una vez tocó
pensando en mí.
Es tan vago, es tan sutil el vínculo...
Cuando se está terriblemente solo, uno se aferra a un papel mojado para buscar
alguna razón por la que seguir viviendo.
Tengo que comprar algo de salami y huevos.
La soledad y la monotonía dan hambre. Seguro que hay endorfinas para todo.
Soy un cínico profesional y es mi exclusivo mérito. Son muchos años soportando
la realidad y reteniendo lo que mi pensamiento inventa y

crea. Mundos donde soy un hombre distendido y de vez en cuando es posible
cruzarse con alguien y desearle buenos días en lugar de clavarle

un vidrio roto en el cuello.
Sería bonito, pasear sin tener que evitar y eludir cuerpos que parecen repetirse
cíclicamente.
Es tan deprimente ver crecer y desarrollarse los cuerpos...
Saber del crecimiento de los extraños es saber que no ha habido movimiento, que
tras tanto tiempo vivido se continúa en el mismo sitio.

Con el mismo asco.
He visto niños hacerse hombres y he sentido un vómito de amarga hiel subir a mi
boca. No es que fuera tan feo el hombre en el que se ha

convertido; pero he perdido muchos años si he conseguido reconocerlo.
Ella existe, por eso paseo cabizbajo o mirando al sol para no cruzar la mirada
con nadie. Para hacer un sano ejercicio y descansar la

mente. Para que la mirada triste no me traicione, es más digno ser bestia que
desgraciado.
Paseo para olvidarla, para impregnar mi alma de miserias y no sentir que hay
alguien a quien amar voluptuosamente inaccesible,

indecentemente lejos.
Impúdicamente deseable.
Es mentira, es una puta mentira este paseo. No es un descanso para la mente, es
sólo una huida sin rumbo de la frustración. Dejo huellas

en el embaldosado y los perros las huelen y esconden el rabo entre las patas al
aspirar aroma a desolación.
Me suda el cerebro.
Una sola entre millones, una sola en toda una larga vida y es imposible
abrazarla. Improbable, debería decir para no ser derrotista.
Hay un vidrio roto que he pisado con fuerza para traspasar la suela del zapato y
joder el cuerpo; mortificarse libera. Si me esfuerzo, las

infecciones y las enfermedades sí que entran en mí a pesar de mi densidad. Soy
tenaz.
No hay dolor, lo bueno de la frustración y el desaliento es que no hay nada peor
y un cristal clavado en la planta del pie es una futesa.
Me ama en letras, en las cartas que huelen a su piel. Letras y palabras
dibujadas como caricias en el cuerpo. Dice ver que hay algo

hermosamente tierno en mi brutalidad y aislamiento.
Lo provoca ella, se lo he escrito mil veces.
Esto es contrario al amor: cuanto más la amo, más sufro.
Todo tiene un límite.
Y yo huelo su aroma en el papel. Existe alguien que me ama. No es una esperanza,
es desesperanza, ya es tarde.
No hay tiempo.
Me gusta el batido de cacao, compraré un par de botellas.
Puede que no sea suficiente el vidrio ,la infección podría tardar muchas horas
en aparecer, incluso puede que no haya una seria infección.

No soy un hombre con suerte. Ahora que me siento mierda, es fácil matarse.
También he de comprar queso, me gusta el queso, incluso la vida cuando no pienso
demasiado. Pasear es un mal negocio, no siempre es

relajante.
Llevo su carta pegada en el corazón, bajo la cartera y parece fibrilarme. Como
una imposible nitroglicerina que provoca que el corazón se

pare durante una eternidad cuando  la imagino entre mis brazos.
Una jeringuilla usada entre los matorrales resecos de un parterre llama
poderosamente mi atención. La cojo, coloco el pulgar encima de la

encostrada aguja y tal vez sea mi poderosa imaginación; pero diría que he
sentido meterse en mi torrente sanguíneo toda clase de gérmenes.
Debo comprar tomates.
Es estúpido condenarse así, con una simple gota de sangre, pequeña e
intrascendente. Hasta para quitarme la vida soy ridículo.
Es por culpa de ella, inconscientemente pretendo alargar mi vida, como si fuera
posible que la dimensión espacio- tiempo pudiera doblarse

con una clara ventaja a mi favor. Soy previsible, no hay misterio alguno en mi
mente simple.
No es una buena perspectiva morir tras muchos años de enfermedad.
Sólo me faltaba ser cobarde. Y de eso ni hablar, a estas alturas que el dolor
del alma es tan fuerte, no puede asustarme algo de dolor

carnal.
Uno no pasea por la ciudad con una navaja para cortar hierbas, ramas o tallar
madera paseando tranquilamente. Cuando el universo quiere,

conjuga los elementos necesarios para conducirnos a nuestro final.
Y duele, ni la frustración ni el desengaño ni la maldita tristeza, consiguen
aplacar el dolor del tejido abierto de la garganta, es un

dolor espantoso.
Mejor no voy a comprar nada, comprar era otra esperanza, una remota esperanza de
que hoy no fuera el último paseo.
No se puede ser desgraciado tanto tiempo y no hacer algo al respecto.
A la mierda el queso y el salami.
Es aterradora la sangre cuando brota a borbotones de uno mismo.
No soy un hombre mentiroso y no me da vergüenza reconocer mis errores: duele
mucho más de lo que yo creía rajarse el cuello.
Afortunadamente ya es tarde para volver atrás. Y el supermercado habrá cerrado
ya. Los mediodías tórridos son para quedarse en la penumbra

de un rincón y esperar que pase la tormenta de luz y calor.
Estoy cansado de pasear.
Se acercan a mí gritando, corriendo. La sangre es extraña, no me deja oír bien,
¿existe la sordera de la sangre? El suicidio tiene

extraños síntomas; no los entiendo, también estoy cansado del tantas voces.
Que se alejen, no quiero que me roben mis lágrimas, ni mi sangre. Es mi derecho
morir solo.
Ahora hace frío. La muerte es piadosa conmigo.
Ojalá que no me ame. Ojalá sea un ejercicio literario con el que me ha premiado
la vida, cartas escritas al viento, mensajes en una

botella que tuve la suerte de encontrar. Un hermoso accidente.
Si me amara como yo, el dolor sería inviable, como la desesperación de no
besarla.
No recuerdo si me quedaba café, me apetece café...
Me apetecía.

Iconoclasta

#246 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 27 de Ago, 2009 11:28 pm
Asunto: Mi trozo de mundo
tricuspide34
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Tan solo hace unos minutos que me encontraba abajo, aún llevo metido en las
narices el olor a sudor rancio de la chusma de la ciudad, de su fetidez
enquistada en asfalto y paredes.
He subido la montaña, he escalado con rabia, pisando la tierra con un rencor
malsano, hiriéndola. Haciéndole pagar al planeta toda mi frustración.
Ahora estoy en la cima y he tomado posesión de mi trozo de mundo, he sudado
sangre sin ser necesario para llegar aquí.
Muestro los dientes al mundo como un animal rabioso.
He tomado lo que por derecho me pertenece. He marcado mi territorio y he gruñido
hostil, arisco. Adrenalínico.
Y siendo dueño de este trozo de mundo conquistado, justo el que hay debajo de mi
culo, el que ensucio con la ceniza de mi cigarro; no me siento dichoso, ni
sereno, ni completo.
Soy el amo y señor de todo lo que se extiende a mis pies. Miro al resto de la
humanidad desde una posición privilegiada y estratégicamente situada. Estoy en
una situación de poder, autoridad y posesión.
Me la he ganado con mi sudor, con mi dolor.
El esfuerzo ha valido la pena y los poderosos y los idiotas, los vulgares y los
felices se mueven a mis pies sin ser conscientes de que son mis esclavos.
Desde la atalaya de la plenitud es fácil, es inevitable ser el hombre y sentirse
todopoderoso.
Por otra parte, mi genética me aleja mucho de la madre Teresa de Calcuta, eso
también ayuda a ser cabrón y bestia.
Y a pesar de todo la quiero a morir.
Me falta ella como el aire.
La pierna enferma recibe una sangre que no puede retornar y su desmesurada
presión sanguínea, provoca en mí una oscura ira creciente y latente, algo que
nace de un tejido casi podrido.
No hay dolor que pueda apartarla de mi mente.
No puedo olvidarla.
Negranoche pulsa con su amor en mis sienes, acelera mi corazón, hace de mi pene
algo que duele, que se entumece. Hace de mis órganos gelatina.
Ni ante la naturaleza salvaje ni ante mi consagración como Dios puedo dejar de
pensar en ella. Es mi bella infección, mi enfermedad crónica, mi cáncer del
alma.
No hay nada en el mundo, ni la belleza y poder de un árbol partido por un rayo o
la ola devastadora que arrasa vidas y propiedades, que pueda hacerme olvidar a
Negranoche.
Negra... La luna hermosa y plateada nos torna a todos oscuros ante su láctea
faz.
Mi Negranoche esplende allí en el disco deslumbrante que baña el mundo con una
luz espectral, donde la magia trepa sibilinamente por los pies para apoderarse
del corazón.
Yo, amo de vosotros, dueño ahora del mundo; no puedo ser feliz, no es posible
cuando Negranoche no está prendida de mí. La quiero tanto que el vértigo de
amarla me provoca una náusea de soledad.
La quiero aquí, la necesito aquí, conmigo.
En mi reino, en mi montaña conquistada, en mi sagrado trono.
Es mi trozo de mundo, lo he conquistado por ella. Todo es por ella.
Si ella no bajara como una diosa de la luna, como la reina de mis noches; mi
crueldad no tendría límites y todo sería sacrificable. Si yo perdiera mi
esperanza de abrazar su talle y hacerle sentir la dureza de mi pene erecto al
besarla estrechamente abrazada, la vida de todos estos que se arrastran a mis
pies, de mis esclavos, no valdría ni el pequeño cardo que llevo prendido en el
pantalón.
Soy dueño de todo y todos, mi sangre bautiza la tierra y la hace mía.
Pero todo es nada sin Negranoche, sin la bella que hace la luna irresistible.
La que da importancia vital al satélite.
El olor nauseabundo de la ciudad, su calor enfermizo y el hedor de la chusma ya
no existe, es un lejano recuerdo. Una pesadilla desdibujada.
Debería sentirme libre porque hiede el animal muerto, se mezcla con aromas de
romero y anís y el viento ruge entre las ramas de los pinos intentando
asustarme.
Y río con una carcajada que enmudece la montaña, ahora me teme. Teme mi locura y
el viento se ha retirado astuto. Lo cierto es que sólo soy esclavo de mi
naturaleza, de mis instintos brutales.
Ella sigue pulsando en mis sienes, en mi corazón, en mis brazos vacíos de ella
misma, en mi grandísima polla doliente.
Es tan poderosa... Vence mi brutalidad y crea una lágrima donde debería haber un
grito de ira.
Negranoche conjura mi ferocidad y me hace mierda mirando a la luna. Soñándola.
Con Negranoche no puede haber sufrimiento. Quiero apoyar mi cabeza en su regazo.
Quiero que sepa que me muero de pena.
Sin ella no quiero libertad. No existe.
La quiero absolutamente, orgánicamente, psíquicamente, loca y provocadoramente.
Por ella dejaría mi reino y me arrodillaría ante su sagrado coño y su santa
palabra, es la verdadera diosa.
Miro a la luna donde ella promete estar cada día y desde la lágrima aún prendida
de mis ojos, alucino un guiño de sus increíbles ojos.
Desciendo de la montaña un poco cansado, cojeando. Un hombre orina en la orilla
del sendero. Hay seres que son casi tan desgraciados como yo.
La hoja de la navaja se despliega veloz, con un clic metálico y tranquilizador.
El filo es mi propia mano, tal vez, las venas y nervios se extienden hasta la
cuchilla.
Si Negranoche estuviera, si ella me abrazara...
No está, y es mi montaña. ¡Es mía! Es mi territorio y él lo ha usurpado. La
navaja corta el riñón hundiéndose profundamente, el hombre grita con su ridículo
pene aún en la mano y otro navajazo le hace una sonrisa nueva bajo la boca. Me
salpica la sangre mientras intenta agarrarse a mí con una mirada interrogante y
preñada de miedo. Sabe que está muerto y yo no puedo disfrutar de la belleza
trágica de la muerte.
Ni la lucha, ni la muerte evitan que piense en ella, y miro el cuerpo
desangrarse; en el breve tiempo que la sangre tarda en filtrarse entre la
tierra, la luna me mira en ella reflejada. Y es tan preciosa y poderosa, que ni
la sangre puede teñir de rojo.
Negranoche, ni como bestia, ni como esclavo, ni como amo puedo olvidarte.
Cuando griten los muertos, cuando los condenados y mis esclavos aúllen de dolor,
seguiré pensando en ti. Seré el rey infeliz. El rey con las manos manchadas de
sangre que no obtiene consuelo. Seré un triste Tarzán.
Huele a romero y muerte en mi trozo de mundo y tu ausencia sigue pesando en mí
como una condena.
En mi trozo de mundo faltas tú.
Y tal vez, cuando estés, no necesite nada más ni haya nada que defender.
Amarte es letal para otros seres.
Qué extraño y paradójico es el mundo que has creado para mí.
Mi Negranoche es caprichosa y su sonrisa hace triviales sangre y dolor.
Su sonrisa acalla los gritos de los muertos que no tienen nada que decir.
Y desciendo de la montaña, alejándome de la luna, como si descendiera al
mismísimo infierno.
Mañana conquistaré otro trozo de mundo, marcaré mi territorio y la esperaré.
Y sin ella, no tendré piedad.

Iconoclasta

#245 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 31 de Jul, 2009 4:08 pm
Asunto: Es el momento
tricuspide34
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Es el momento, mi bella. Por ninguna razón en concreto.

Por ti.

Es preciso cuando todo el peso de la realidad, hace del amor una prensa
hidráulica que nos aplasta.

Es hora de extender las alas que soñamos poseer y escapar.

Ha de ser contigo, sé lo que es volar solo. Sé lo que es volar hacia ti, y es
desesperanzador. Nunca llego. Nunca es suficiente.

Ahora o nunca, mi bella.

Se necesitan dos corazones para escapar de la prensa: un corazón cesa el
movimiento de la gris realidad y el otro late más rápido para volar.

O nadar.

O teletransportarse.

Tú congelarás la prensa dando un manotazo al pulsador rojo y se detendrá el
mundo con un chirrido de agonía. Yo aceleraré con fuerza mi corazón y esta vez
servirá para algo más que amarte conteniendo toda mi ansia: te arrancaré de la
asfixiante realidad.

Te raptaré y arrastraré al paraíso donde una narcótica y sedosa vegetación
acogerá nuestros cuerpos y musitará palabras de amor y sensualidad que una brisa
suave transportará como una invisible caricia a los sentidos. Aromas que
erizarán la piel, que al aspirar excitarán nuestras mentes. Las alas de nuestros
torsos se batirán furiosamente libres creando una tormenta de plumas azules y
negras.

Ángeles del paraíso...

No somos ángeles, mi vida. Los ángeles son buenos, son virginales, no follan ni
meten los dedos en tu raja divina.

Y tampoco esto es el paraíso.

Soy perverso y tú no mereces bondad. Todo tu ser dice no quererla. Naciste para
ser amada y tomada.

Brutalmente, obsesivamente.

Nuestras alas caerán porque así lo quieren nuestras conciencias creadoras y de
la tierra emergerán manos sarmentosas que apresarán tus muñecas y tobillos. Se
arrastrarán por tus pechos cerrándose con fuerza en las areolas que tantas veces
he mamado. Inflamando los pezones hasta casi el dolor.

Estranagularán mi pene ante tus ojos y clamaré al pie del volcán blanco un
placer-dolor animal.

Te arañaré la piel, no es por dañarte, es por tenerte en cada resquicio de mí. Y
lameré las heridas arrastrando mi lengua pesada y ávida, saboreando cada célula
tuya.

Clavaré los dedos en tus pechos y aliviaré luego la presión desmesurada del
deseo con la lengua. Amenazaré con los dientes tus pezones dilatados y
sensibilizados.

Una gota de baba se desliza perezosa desde el contraído y maltratado pezón
empapado. Rocío carnal...

La hierba se agitará y no habrá viento. Y yo clavado de rodillas en una tierra
fría, mamaré tu sagrado cáliz tallado entre los muslos.

Beberé de tu coño el elixir de la carne y te inundaré con el mío.

Serás sagradamente mamada.

Jadearás y me ordenarás que te joda con la frente empapada del mador de la
lujuria, con las muñecas heridas por intentar aferrar mi bálano dolorosamente
duro y clavar tus uñas en él, por  herir con tus dientes ávidos mi glande tenso
que oscila frente a tu rostro.

Es ese el lugar al que te llevaré. Te arrancaré del mundo y sin piedad te haré
mi reina y esclava en un orco-paraíso de bendita duplicidad.

Somos la dicotomía del amor y la carne. Ni ángeles ni demonios.

Y cuando el deseo se haya saciado, este esquizofrénico paraíso coserá de nuevo
alas a nuestra espalda y hablaremos cosas que no importan, reiremos sin ser
necesario. Volaremos alrededor del imposible cráter blanco que humea rojos
pétalos de flor y ruge alegres melodías de amor.

Lloraremos para bebernos las lágrimas como absenta cristalino y lamentar tanto
tiempo perdido.

Cazaré y untaré en tu vientre mi nombre con la sangre de nuestra comida.

Y ni un solo detalle de nuestra naturaleza quedará oculto en esta naturaleza
extraña y nuestra.

Creadores de Fantasías S.A. Y tú la bella gerente.

¿Oyes esos gruñidos hostiles?

Allí no habrá voces, que como en La Tierra, ahoguen las de los dioses;
escucharemos los gruñidos de las divinidades con sus sagrados sexos presos en
sus puños y de sus dedos descolgarse filamentos de fluido espeso.

Supurarán deseo como una infección.

Ahora son ellos, los otros: ídolos, dioses e idiotas crédulos los que debaten
gimiendo, pegados al invisible cristal que los excluye de este orco-paraíso. ¿No
los ves arañar y empañar con su aliento el invisible y sordo muro que nos rodea
y protege?

¿Sabes que escucharán nuestros suspiros y chapoteos libidinosos? Como animales
en celo se rozarán con lascivia. Ni la masturbación podrán consumar enfermos de
envidia.

Sufrirán hasta que yo lo diga, hasta que me dé la gana.

Su dolor será el voyeur insano que nos excite. Sufrirán toda su puta y eterna
vida. Pagarán mi tiempo perdido sin ti.

Padecerán tumores por aferrar tu coño con la mano y provocar los gemidos y el
movimiento convulso de tus piernas ante las oleadas de placer que mis dedos
provocarán.

Labios entreabiertos por los que se escapa el placer incontenible.

Desearán ser yo, hacer lo que yo.

Desearán matarme y violarte.

Somos los dioses y nuestra unión nunca creará nada, porque nuestro amor excluye
todo, hasta la vida. Somos únicos y mortales.

Mortales porque nos vaciaremos el uno en el otro hasta quedar exhaustos, hasta
cumplir la sagrada comunión de una unión sin límites.

Únicos porque sólo cuando muramos podrán pudrir este lugar con su presencia.

Las finas heridas que se extienden desde tus pechos a los muslos les enfurece.
Como les enfurece la gota de semen que cae de mi pene a tu ombligo adorándote
apresada a la tierra, esclava e indefensa en mi realidad.

Araño mi pene duro y embotado en sangre ante tu sagrada vulva húmeda y
brillante.

Es mi mundo perfecto donde millones de ojos quisieran ser como tú y yo.

Eres mía y te quiero abandonada a mí, de la misma forma que me hiciste tu
esclavo.

Abierta hasta que vea la luz en tu bendito coño.

Hay un momento para el amor y otro para follarte. Es mi mundo, es mi ley.

Ésta es mi voluntad.

Yo no creo mundos piojosos como este en el que nos escupieron.

Nos cagaron.

Porque haber caído aquí, en este tiempo y lugar, no es nacer. No es vivir.

Es precipitarse y penar.

Te arrancaré de este anodino presente,

A ti y a tu coño.

Clavada a mí.

Una sonrisa de dientes ensangrentados, unos labios heridos por dientes que se
clavan soñando el sabor de tu piel. Es el rostro de mi sueño, de mi fantasía.

La sonrisa en el orco-paraíso no es gratuita y tiene el acre sabor del deseo
convulso.

Es el momento, mi bella.


Iconoclasta

#244 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 24 de Jul, 2009 8:25 pm
Asunto: Trípode
tricuspide34
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Soy un trípode, un aparato. Una cosa completamente insensible, no siento nada.

Tal vez algún día me cansé de sentir, de oír, de ver, tocar…

Olvidé la pena, el llanto, el amor, el hambre, el color, el calor, el frío y la
mierda en la que me hundía.

Soy de un frío metal cárnico.

Mis dos pies están bien afianzados en la tierra y mi pene, la tercera pata,
aunque lejos, muy lejos de tocar el suelo, es una barra firme, un caño que
regala a la humanidad un líquido espeso y blanco.

Disfruto con este alarde de erección constante. No preciso nada más, sólo la
envidia de otros machos, el perverso deseo de ellos y ellas.

Mi total indiferencia representa la divinidad. Los dioses son inmunes a todo,
como yo.

Es un nivel de existencia superior.

Se me mantiene dura con el niño que se muere de hambre y con los cuerpos
destrozados por bombas, por los críos que se abren de piernas ante el turista
que los abanica con billetes. Por el coño mutilado de la negra.

Se me pone dura con el que se consume por el sida, se vuelven los cuerpos tan
delgados…

Soy el Cristo Resucitado y mi pene es la redención divina.

A todos les doy apoyo, no importa lo podridos y destrozados que estén. No los
amo, ni los odio; siento una completa, total y liberadora indiferencia.

No me importa nadie, es mi pene la muestra de que el mundo está vivo, de que no
existe tanto dolor como dicen.

Mis venas latiendo, mi glande rosado y mojado. Si hay fuerza en el mundo, mi
pene es la prueba. El poder está en mi congestionada polla, es la fuerza divina
que no atiende quejas ni risas.

La leche es el maná que a veces se derrama cuando demasiadas manos buscan apoyo,
cuando las manos buscan placer.

Son blancos cuajarones de indiferencia lo que se me derrama sin querer, mientras
fumo y observo las volutas deshilacharse en jirones de indiferencia.

Un niño exhausto y sin carne asió mi pene para incorporarse, agonizaba; mi pene
se mantenía henchido, se agolpaba la sangre por ningún placer, sin excitación.
Como Cristo ofrecí mi barra divina a la humanidad y el niño se aferró a él. Me
sentía poderoso en mi indiferencia. Entre temblores, con un esfuerzo titánico se
levantó. Ya de pie, consiguió andar unos metros más antes de morir.

Pocos pueden mantener esta erección en una situación así. No tengo la más mínima
empatía.

Eyaculé sin placer, sin necesidad, sin excitarme, mi pene es así. Soy un trípode
casi irracional.

No siento nada por el dolor de nadie, sólo soy un mecanismo de soporte.

Los que buscan apoyo cuando las fuerzas flaquean, los desesperados de dolor o
pena pueden sujetarse a él, no importa que sus manos podridas de lepra me
toquen, incluso me hacen cosquillas con sus costras y muñones.

No soy un trípode delicado.

No desfallezco ante su dolor, me la pela el dolor ajeno y el mío propio.

Soy un trípode que se mantiene firme ante todo.

Y los poderosos, los que no tienen suficiente ya con la cocaína que esnifan, con
las personas que compran para su uso personal, con las vidas que destrozan por
pura codicia; ellos son los que se sujetan con la boca, a veces ni se sujetan.
Sólo buscan mamar la divinidad.

Incluso muerden con hambre.

Siento un placer mortificante cuando sus dientes se clavan en mi divino pijo.

Como un Cristo yo les ofrezco mi irrigado bálano, mi semen.

Tomad y bebed, ésta es mi leche, diría si me importara lo más mínimo.

No les digo nada, los miro porque en algún sitio se ha de posar la mirada.

Y mientras los desesperados abrazan a dos manos mi pene para no caer (soy tan
macho...); los poderosos quieren ser como yo, me tocan continuamente, acarician
mi polla, están obsesionados por mi potencia, quieren ser insensibles a su
podredumbre mental. Quieren eyacular encima de los cadáveres y los sedientos.

Como yo lo hago, sin sentir nada.

No pueden, ni con sus narcotizadas narices, evitar sentirse mierdas con el paso
del tiempo.

Me tocan compulsivamente, ellos son los que más eyaculaciones me provocan.

Vi tanta mierda hasta que decidí ser un trípode para la humanidad, que mis
cojones se infectaron.

Creo tener gusanos en los cojones, creo que mi semen es un cóctel de babas y
larvas.

Y siento el picor de la infección, de la pus que se forma. Me rascaría por
dentro si pudiera.

Ellos calman mi picor, los poderosos; el presidente aburrido frota el bálano
hasta que le riego la boca con mi semen podrido. Me pregunta si me gusta, si
disfruto. Y desespera por no oír mis gemidos.

No le respondo, no siento una mierda. Y su mano se acelera quiere que sienta,
quiere ejercer su poder hasta para otorgarme placer.

No le miro a la cara y sin un solo espasmo mana la leche podrida.

Cuando me derramo entre sus ojos, en su boca, no gimo, el placer es nulo. Sale
el semen en un chorro muerto, grávido. En el que cientos de larvas sacian su sed
depravada.

Infectaría el mundo entero.

Es veneno puro lo que traga, y no me importa que muera con las entrañas
devoradas. Vienen él y miles para adorar mi polla, a mamar la podredumbre que
han creado.

Este es mi semen, tomad y bebed, porque no me importa si morís o matáis. Me
importa nada los que lloran.

No soy humano, ni siquiera animal.

Soy cosa.

Mama el juez y el rey cansado de no encontrar putas que superen lo que se ha
hecho cotidiano y previsible. No pueden comprar más de lo que tienen y les sobra
dinero, les falta divinidad.

Soy su trípode, para ellos también me hice cosa y aparato. Ellos necesitan saber
que hay más, que un pene permanezca inmutable a la muerte y a la miseria les da
esperanza de que ellos puedan algún día eyacular con la conciencia enferma y sin
vomitar.

Sienten envidia cuando el desamparado se cuelga de mi bálano buscando descanso y
ni siquiera soy capaz de mirarlo, de hacer algo más que de trípode.

Ellos ansían este poder que me hace incansable, inagotable, perpetuo y eterno.

Mucho más que un dios renacido. Que un leproso redentor.

Tanto despreciar y sentir asco…

Al fin soy lo que todos anhelaban ser.

Soy el trípode del universo.

Ella se cuelga de ahí abajo, y mama y mama y mama…

No siento nada, sólo su voz: "Dime que te gusta, dime que te doy placer" quiere
destrozar mi indiferencia. Y chorrea blanca crema de su boca, y se sale de madre
ante la lenta catarata de semen que la baña de la boca a los pechos, llora
acariciándose su poderoso coño, no puede dar placer al trípode ni con todo su
poder.

Dice ser mi madre. Se parece, pero tampoco me importa.

Soy inmisericorde.

Dejan dinero bajo a mis pies, sacrificios al indolente Dios Trípode, quieren ser
bendecidos por mi semen venenoso; pero no soy puta y lo regalo a la humanidad.

No hay una leche de más calidad para los favoritos.

Algunos aún creen que sin el dinero no saldría esperma por la tercera pata del
trípode. Idiotas...

Pringo a los más miserables con mi leche. No necesito nada de nadie. Me alimento
de mí mismo, de mi profundo poder de erección.

Ni siquiera la ropa interior manchada de sangre y orina me provocan curiosidad,
ni alarma, ni desprecio.

Tomad y bebed, esto que mana de mi pijo es la ponzoña.

Como un dios os la devuelvo, como un Cristo Resucitado, ignoro vuestros
crímenes, vuestras salvajadas.

Tomad y bebed, esto es mi leche.

No hay maldición ni bendición, sólo la indiferencia hacia vuestra vida, hacia
vuestra muerte.

Tomad y bebed.

Relameos.

Ego os absolvo.


Iconoclasta

#243 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 23 de Jul, 2009 6:31 pm
Asunto: Viejos
tricuspide34
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No soporto a mi suegro, es uno de esos repugnantes seres que como cerdos
hocicando en mierda, buscan miserias, fallos de los demás con los que
alimentarse para creerse a si mismos un asomo de lo inteligentes que no pudieron
ser y que su podrido cerebro es ya incapaz de hacerse.

Ancianos venerables... (ahora mismo me froto la entrepierna excitado por tanta
respetabilidad, no te jode).

Estos especímenes son ideales para ceniceros, deberían estar mejor repartidos a
lo largo de las calles.

Los cerdos no son tan repugnantes; pero mi suegro sí.

Esto es sólo una introducción sobre lo que es la vejez de los ignorantes, de los
desgraciados que en su vida han destacado en nada, ni siquiera para
reproducirse; porque su genética la han transmitido estropeando así una
generación o dos.

Porque mi suegro es sólo una representación subatómica de la Gran Verdad.

¿Sus calaveras llevadas al oído dejarían oír el rumor del mar? Bien pulidas y
barnizadas... Cualquier cosa vacía nos provoca la ilusión de rumor de mar.

Si alguna vez los ancianos han sido los sabios y consejeros de la sociedad, fue
cuando la esperanza de vida del hombre rondaba los treinta y pocos.

A esa edad el cerebro no se ha licuado aún y es razonable pensar que tuvieran
suficiente amplitud de miras e inquietudes. Algo de humor inteligente en
aquellos primeros ancianos de la humanidad.

Porque lo que yo veo ahora, son deshechos que se agarran como chinches a las
vallas de las obras y juzgan trabajos que no han tenido valor, inteligencia y ni
entereza para realizar.

Y esta es una pequeña muestra, la mínima.

A veces mean en rincones, como perros que no pueden alzar la pata.

Perros viejos...

Se les puede escuchar criticar a los jóvenes, llamarlos guarros y otras
lindezas. Evocan tiempos en los que sí que había respeto y nadie le ensañaba la
polla a nadie en la calle.

Encima de idiotas, miopes. Deberían ser sacrificados como toros viejos y
liberarlos de esta vida llena de cosas malas que los rodean en todas
direcciones.

Viejos idiotas que sólo hablan del tiempo, del tiempo, del tiempo... Las ofertas
del supermercado y de la economía que sus deficientes cerebros no comprendieron
jamás y que ahora su vejez les hace alucinar que son capaces de asimilar.

Viejos de reflejos gastados para los que el mundo va demasiado rápido.

Tienen la falsa creencia de saber hacer algo más que metérsela a su vieja mujer
de muslos ennegrecidos y de coño seco.

Lo del coño seco, es un regalo gratuito de obscenidad para hacer el texto más
ameno. Soy un zorro.

Alguien dirá que hay viejos muy dignos; pero a mí lo que me interesa son los de
cerebro liso que consiguen que mi pensamiento se torne hostil como el filo de
una navaja en el glande henchido de sangre, baboso como las viejas bocas
envidiosas que recelan continuamente creyendo que en sus pequeños cráneos hay
algo más que un cerebro primitivo de reptil.

Desgraciados...

Sus arcos superciliares se desarrollan como los de un cromañón y sus cejas se
pueblan de desconfianza y miedo.

Y repiten muchas veces al día lo mucho que han trabajado en su vida, como si
quisieran que aturdido ante ese chorro de horas de trabajo y como si yo me
hubiera rascado los cojones toda la vida, me arrodillara ante ellos y les
comiera la polla en señal de sumisión y respeto.

Precioso.

Viejos muertos de hambre, corruptos de ignorancia que con sus porcinos ojos
desconfían del camarero, del cocinero, del carpintero que les hace un trabajo y
de la cajera del supermercado.

No se mueren nunca.

Vagos y ahora viejos, con coches de marca de lujo, la versión más básica que su
limitada economía les deja comprar y que será el último coche de su anodina y
prescindible existencia.

Podrían aprender a leer y a escribir en lugar de practicar la envidia y la
desconfianza, no puede hacer daño. Y tal vez, con un poco de suerte, una mañana
al despertar se darían cuenta del imbécil que ven frente al espejo y vomitarían
de asco de si mismos. La sabiduría no da consuelo ni mejora la percepción de uno
mismo.

Y aún, yendo más lejos, con un poco de suerte, se abrirían la garganta con una
vieja y mellada navaja de afeitar dejando correr su sangre sucia que
desafortunadamente han eternizado jodiendo a la cerda de su mujer.

Y me ahorrarían parte del trabajo sucio.

Sé que puede resultar cacofónico tanto mentar a los cerdos; se trata de una
astuta licencia literaria que me he tomado la libertad de introducir en un texto
de carácter científico y social para acentuar el dramatismo que yo mismo padezco
en mis paseos de tullido.

Hoy he visto a un viejo sentado a la sombra con un bolígrafo y una libreta más
grande que él. Y escribiendo sonreía. Sonreía desde adentro, disfrutando.

No babeaba, sólo gozaba de lo que se le escapaba entre los dedos.

Son cosas que saltan a la vista.

Pero es sólo uno entre miles: ancianos tristes como una mancha de negro aceite
en el asfalto acarreando una bolsa de pan que sacan cuatro céntimos más barata
en un supermercado que se encuentra a más de media hora de camino de su piso de
mierda: su máxima ilusión y fin último de su vida, propietarios de algo.

Viejos animales que luego suben a su cochazo comprado como si fuera el gran puto
premio de su vida y conducen inmaculado.

Y lento.

Y mal.

No es justo ni conveniente que el ser humano sea tan longevo. Hay viejos (tantos
que la cifra causa vómito) que deberían haber muerto; que hubieran muerto si
vivieran en consonancia con la naturaleza y no en esta degenerada sociedad.

La sanidad es la culpable de la involución del ser humano.

Mi suegro es un mierda, al igual que los otros miles que huelo.

Porque huelen a carne vieja y sucia, por debajo del olor a colonia barata dejan
su tufo de sudor rancio.


Sucias estelas invisibles tejen un entramado de miseria añeja en el aire urbano.

Sus cerebros porcinos, ante la situación de la economía y su básica y primitiva
visión, padecen por lo ricas que se hacen las compañías distribuidoras de
energía y de comunicaciones a su costa. Miran su teléfono móvil continuamente y
se angustian con el saldo, es otra de sus grandes preocupaciones.

Y escatiman agua en su higiene.

Su principal misión ahora que son jubilados, es ahorrar.

El hombre que escribe a la sombra, no se preocupa de ello, que viva largos años
y sonría tanto como los viejos idiotas desconfían y porfían. Un abrazo ¿quieres
ser mi padre?

Queda una esperanza: que la gripe porcina (conocida por el eufemismo de gripe
A), limpie en los próximos cambios de estación, toda esta manada de viejos que
viven pendientes de los demás. Malas personas que buscan ahora justicia y
rectitud. Que las putas leyes se cumplan porque de lo contrario, todo sería un
caos.

Esos viejos que tienen el absoluto convencimiento que todo el mundo les quiere
engañar, que no se fían de nadie. Que necesitan que a los hijos de los demás les
den disciplina y severidad.

Porque sus hijos de mierda sí que son ejemplares.

Y pretenden enseñarnos a ser como ellos, para que no nos engañen.

"No se puede dejar pasar una" rezan en grupo los viejos monos.

Porque estos tarados, piensan que los demás son idiotas y no sabemos ir por la
vida.

Es la desconfianza del ignorante, del que su cerebro ya no da más de sí.

Zotes.

La vejez no es buena, acentúa la podredumbre genética.

Ojalá la gripe porcina ponga las cosas en su sitio.

Aunque temo que al final, de tanto tiempo que viven los indeseables, conseguirán
hacer mutar el virus y se lo devolverán amplificado a los pobres cerdos.

Si Buda existiera, sus pequeños genitales enterrados en grasa, se aplastarían
bajo la desagradable barriga agitada por una carcajada burlona.

Si los dioses existieran, los oiríamos reír a carcajadas dando puñetazos encima
de la mesa donde nos joden.

Los cerdos sólo han dejado de mi suegro un trocito de uña que aparece
absurdamente impoluta entre el barro y la mierda. Su gran aportación y último
legado a la humanidad.

No pueden salir buenos embutidos con semejante alimentación.

Aunque antes de echarlo a los cerdos he desangrado convenientemente a mi suegro
y reservado la sangre, creo que no voy a hacer morcillas, no creo que puedan ser
sanas ni buenas.


Iconoclasta

#242 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 15 de Jul, 2009 6:22 pm
Asunto: Desolación, cementerio de sueños
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Es desesperante, tiene que haber algo más, tiene que haber un atisbo de magia y
fantasía. Cada día que vivo, sé más. Soy más sabio y la verdad es un cálculo en
el riñón.

Meo sangre al despertar.

¿O cae de mi cabeza? No lo sé, lejos de Desolación todo es posible, porque en
Desolación no existe la magia, todo es tan previsible como el destino de un
ataúd.

Duele todo esto que espero y deseo, todo aquello que imagino y es imposible.
Está aquí, en mi cabeza. Hay un lugar donde el suelo es tierra y polvo, donde el
cielo no se oculta tras la porquería que la chusma expulsa al aire y se escucha
el viento y la quietud. El mudo rumor de la serenidad aplaca mi desánimo, como
un elixir de paz.

No quiero volver a Desolación, por favor...

Las mieses doradas sucumben plenas ante el peso de los rayos del sol. Son
salvajes y sólo el viento las ha plantado. No hay manos previsibles que cultiven
en mi mundo.

Hay un lugar en el que al mirar las estrellas, siento el vértigo de la
magnificencia del universo.

Hay una luna desde la que ella me mira con una deliciosa sonrisa y es tan fácil
llegar a ella... Me espera, me invita. Me aturde y un camino de cristal desde el
cielo hasta mí, se extiende como la pasarela de una nave espacial.

Unas lágrimas emocionadas se unen con la sangre que mana de mi cabeza. Soy un
esquizofrénico alucinando el mundo como debería ser. Me abandono, olvido el
saber acumulado durante los escasos segundos en el que soy imbécil.

Desolación se vislumbra en el horizonte, partiendo en mil pedazos la luna y el
camino de cristal. Desolación lanza su luz sucia y polvorienta al universo y
rasga el gélido tapiz negro en el que las estrellas lucen. Desolación es la
estrella más negra, la estrella más voraz del universo.

Soy un desolado, un nativo de la frustración.

He inventado lugares en los que el aire trae aromas de clorofila y muerte
salvaje. Mundos en los que mi existencia no se ve alterada por chusma de
incultas palabras, de risas ebrias. Idiotas de cerebro vacío aplastados contra
el planeta como las ratas en el asfalto, en el metal de los coches, en el
dinero.

Y cuando mi pensamiento sabio concluye que no es más que una fantasía, me
encuentro en Desolación.

No es un buen lugar Desolación, donde los sueños se estancan, caducan y como el
agua queda, se corrompen y hacen veneno.

La sabiduría no es un consuelo, no aporta sosiego sólo una comprensión que
maldita sea la falta que me hace.

Es una condena. Desolación es mi gulag, y el vuestro idiotas. Aunque no lo
sepáis.

La ignorancia es la auténtica esperanza y cuanto más vivo, más verdades se
revelan. La idiotez me está vedada desde el mismo momento que me parió una madre
jadeante y quejosa.

Sucio mundo, sucio yo.

Necesito ser imbécil; hay tanta presión y tristeza aquí, en mi cerebro.

Los deseos y los sueños estancados no son errores, no acumulo errores. Nadie lo
hace.

Se acumula la vergüenza como dato a tener en cuenta, como experiencia
inservible.

Y se repite un día, y otro, y otro, y otro...

Los errores se cometen y se incineran sin más. Cobran su precio como las putas y
chaperos a los idiotas que tienen el cerebro en sus genitales, y desaparecen. La
belleza y la magia, sí que se acumulan. Si hubiera nacido antes, unos siglos
antes, hubiera hecho arder el mundo entero para que no se pareciera a esta
infección que respiro.

¿Qué hago con todas esas ilusiones enquistadas? He cortado el cuero cabelludo
con el cuchillo. Estoy tan frustrado que no duele. Sólo me molesta el ruido del
filo contra el cráneo. No hay magia, no aparecerá ante mí un ser misericordioso
que me unte el alma de paz y me transporte lejos de Desolación.

No hay cirujanos que extirpen esperanzas vanas, no hay tratamiento alguno para
la realidad que se extiende ante mí como un vertedero de basura.

¿Qué sentido tiene imaginar belleza y bondad, amor y ternura, fuerza y vida? ¿O
la sonrisa y la dicha? ¿O la bendita lucha y la sangre de una batalla
territorial, animal? La violencia de la supervivencia, de la reproducción. La
simple ira animal. La muerte y la venganza. Los jueces muertos, empalados...

No hay nada de eso en Desolación, y si lo hay, necesito ser deficiente para
verlo.

Que la sabiduría se haga tumor y la extirpen.

Sabiendo lo imposible: ¿por qué cojones mi cerebro sigue soñando con escapar de
aquí? Sabiendo lo imposible ¿por qué insisto en imaginar mundos bien hechos?

No tengo con que romper el hueso. Necesito romper el puto cráneo para que salgan
los sueños caducos e imposibles. ¿Es que no me va ayudar nadie?

Necesito aliviar la presión. Necesito en mis manos el cachorro de un tigre que
juguetea con mis dedos y la madre que me arranca la cabeza de un zarpazo. No
quiero morir en Desolación, es triste, es humillante.

Si un cerebro podrido como el mío es capaz de imaginar en mis manos el cachorro
de un tigre que duerme, es que puede ocurrir.

¿Qué sentido tiene fantasear? Iluso de mierda, estoy acabado.

Debería ocurrir... Para esto me he levantado el cuero cabelludo, desde la sien
izquierda cuelga como un bistec fresco. Si no fuera por el hueso, el cerebro
podría aliviar la presión vaciándose de ilusiones. Si tuviera suerte dañaría
alguna parte de los sesos y me convertiría en subnormal.

¿Qué he hecho para que mi imaginación se desboque?

No quiero, me niego a escribir, a soñar; porque despertar a la verdad duele un
millón. Un millón de voltios que fríen mis sesos, la realidad es una fuente de
energía inagotable. Apestosa.

¿Para cuándo el fin del mundo? Me gustaría vivir para disfrutarlo, No quiero
morir antes de que la humanidad sucumba como la plaga que es.

He soñado caminar por un manto verde y suave; inundado de rocío fresco. Y he
despertado gimiendo con los pies abrasados en un pavimento gris y sucio.

¿Para qué coño imagino mundos mejores?

Puto cerebro de mierda...

Odio la sabiduría; cuando respiro en el mundo que no es mío, se forman en mi
garganta flemas de veneno, ponzoñas mortales para el ánimo y la alegría con las
que desearía contaminar el agua de este planeta erróneo producto de un aciago
azar.

Soy un príncipe encantado convertido en un sapo venenoso, como en un cuento;
pero ni lo peor se hace realidad. Y no soy un sapo. Un cerdo a lo sumo dirían
unos. Un hombre prisionero en la región Mediocridad City, del planeta
Desolación.

Soy un desolado, nativo de la frustración.

Imagino cosas tan bellas que me es imposible aceptar esta porquería de tiempo y
lugar. Lo tangible.

No hay elfos, no hay duendes. No hay ogros, arpías o diablos.

No hay infierno ni paraíso en Desolación, sólo hay monotonía y lisura.

Estoy enfermo, sé la verdad; pero este cerebro podrido sigue creando magia,
belleza y las pasiones más temibles y las más tiernas.

No soy de aquí, no lo seré jamás a menos que algún microorganismo patógeno licúe
mi cerebro. Y me haga idota.

Desolación... ¿Cuándo el fin del mundo? Es otra esperanza de fantasía que tengo
acumulada, presionando: ver estallar Desolación con un trillón de gritos y
lamentos.

Mi hijo me está gritando algo desde Desolación y con una toalla me hace un
turbante que sujeta el trozo de carne que cuelga de mi sien. Limpia la sangre
que cae por el rostro del prisionero de Desolación con un teléfono en la oreja.

—¿No tienes algo con lo que romper el hueso? ¿No puedes ayudarme? Eres mi hijo.
Yo lo haría.


Iconoclasta

#241 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Jue, 9 de Jul, 2009 11:45 pm
Asunto: Gravedad cero
tricuspide34
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¿Es posible que a algunos el amor les haga vivir en un estado de gravedad cero?
Flotando...
No puede ser, eso es porque hay enamorados que tienen aire en el cráneo y
flotan.
No quiero decir que se sean idiotas; pero es evidente que lo estoy afirmando y
no puedo evadirme de ser despectivo. Sarcástico y cruel.
Mas no encuentro otra explicación para los que caminan flotando en el aire o
incluso son capaces de andar sobre el agua igual que Jesucristo o algunos patos
listillos que se pueden ver en los documentales de sobremesa de los canales más
aburridos de la tele.
Si ocasionalmente me he enamorado, no me he sentido flotante como una boya (que
rima con joya y algo mucho más obsceno),  si no pesado y sudoroso. El tiempo se
dilata de tal forma que cualquier cuántico físico afirmaría que soy una especie
de agujero negro. Así que de aire en mi cabeza, nasti de plasti.
Tengo una buena masa cerebral. Eso sin contar con esto tan denso que tengo entre
las piernas y que más denso se pone cuando estoy enamorado.
A propósito de agujeros negros: es ella el verdadero agujero negro. Lo afirmo
por la metáfora y por su cuerpo inmenso que me atrae y me lleva hasta dentro de
ella.
Mi cabeza, mi pene, mis cojones y mis brazos demasiado desarrollados para el
gusto de los demás machos, no hacen de mí un globito de cumpleaños infantil
precisamente. No floto nada, no puedo flotar.
Yo sólo me froto las manos contando los segundos que me esperan por encontrarme
con ella y besar su cuerpo todo. Lamerla, chuparla, libarla, penetrarla. Hacerla
gritar. No soy el mejor amante, pero como soy pesado, mi cuerpo la cubriría toda
y debería respirar a través de mis pulmones.
Es lo más romántico que puedo ser.
Lo más que puedo admitir que algo levita, es ella cuando me cabalga y yo la
elevo con mi cintura y ella se siente llena e ingrávida ante mi ritmo sexual.
No es un alarde, lo que me parece un alarde presuntuoso es que alguien que pesa
más de ochenta kilos y tenga ya unos cuantos años, afirme que se siente
ingrávido cuando está enamorado.
Si estás enamorado amas cuerpo y mente. Es inevitable como una infección. No soy
puramente animal, también soy psíquico como lo demuestra esta forma de desearla
continuamente y en todas direcciones.
Pasaría mi lengua por su coño con la misma avidez con la que besaría su boca.
Puede parecer  grosero, pero que le pregunten a ella cuando estoy trabajando su
cuerpo.
A veces dice una obscenidades que me pone de lo más bruto. Flotar no; pero
fácilmente influenciable por ella, sí. Es imposible evitar una oleada de placer
que parece estallar en el cerebro cuando ella me dice alguna sutileza como:
"¡Cabrón, que me estás haciendo!".
Suda y sus piernas pesadas se apoyan en mis hombros. Y cuando le sobreviene un
embate de placer, todo su cuerpo se contrae y duplica su peso.
Ingravidez, flotar, fluir ligero...
Vaya mierda. Me siento ofendido ante esta afirmación de levitación permanente de
los enamorados porque me deja en un lugar muy poco evolucionado respecto a mis
compañeros de mierda de vida.
Hasta la risa es pesada. ¿Nunca os habéis reído conteniendo las ganas de morder
esos labios que dejan escapar un sonido maravilloso? No hay nada ligero en el
movimiento, en la agitación de sus pechos cuando ríe. Se mueven pesados y yo
como un agujero negro que soy, busco absorberlos hacia mí. Y ella busca
absorberme a mí.
No les falta razón a los físicos, sólo que soy un agujero negro muy selectivo,
yo no me follo, perdón, yo no me lo trago todo.
Una cosa es que tenga que soportar y hacerme el inofensivo para poder seguir
sobreviviendo entre la peña. Soy eminentemente práctico, lo cual no deja espacio
para la gravedad cero, es una cuestión de madurez mental y no banalizar el amor
con tonterías de flotabilidad.
Gravedad cero... Viajaremos al espacio y allí me la tiraré, dos volutas de carne
moviéndose entre restos de patatas fritas y latas de refrescos en la cápsula
espacial.
Es la única forma de pender ingrávidos de ninguna parte, aunque lo dudo, ella es
mi kriptonita, ella tiene el poder de pegarme a la tierra y obligarme a caminar
con botas de plomo como un antiguo buzo de escafandra de latón.
Gravedad cero... Bendito el amor que me hace pesado y me clava de rodillas en la
tierra. No quisiera que el amor me despegara los pies del suelo.
Tengo que amar en mi propio medio, sin demasiadas fantasías ingenuas. Sin
romanticismos que le quiten su propio peso, su existencia en la mía. No importa
el aire ni el decorado. Ella es la atmósfera y lo único que da sentido a todo lo
demás.
No me jodas que eso es una sensación de ligereza.
Tengo las venas gordas como cables bajo mi piel. Y pulsan por ella.
Quiero apretar sus músculos pesados y beber la lágrima densa como el ácido que
de sus ojos mana cuando se siente triste. Agua regia...
No es un fluido gentil. Son tristes las lágrimas de las ilusiones. Las lágrimas
de una larga espera son gotas de plomo fundido que duelen sin darnos cuenta.
El amor lo único de terapéutico que tiene, es que anula el dolor. El amor es
todo ansia y es tiempo cosmogónico. Demasiado crueles las distancias.
Aberraciones del espacio-tiempo de las que sólo podemos evadirnos cuando nos
abrazamos y la tierra parece tragarnos.
Somos la blasfemia de la ingravidez. El desengaño de la bondad del amor. Tal vez
los otros se confundan, piensan que están enamorados cuando en realidad sólo
viven un momento de baladí euforia.
Futesas...
Yo no quiero decir con esto que no haya suficiente materia gris en los cráneos
de los otros, de mis paisanos de vida. Sin embargo, es imposible no concluir que
es un insulto a la humanidad en general.
A grandes rasgos.
Y es imposible que no se nos forme una sonrisa en los labios al pensar en esos
seres que flotan sin importancia, como globos metalizados de formas infantiles.
La ligereza es pura intrascendencia. Es redundante; pero tiene que quedar muy
claro.
También es fácil deducir que estar enamorado provoca sobrepeso y todos los
problemas cardiovasculares que ello conlleva.
Pero a mí me la pela.
La quiero con toda mi alma, con todo mi peso, como el soldadito de plomo que una
pierna tristemente perdió.
A ver, que levante la mano el gracioso que habla de amor y ligereza. Me copiará
cien veces en el cuaderno: El amor tiene la densidad del mercurio.
Si alguien flota, no es por amor, es el efecto del canabis.
Gravedad cero...
Espermatozoides flotando...
Qué chocho.

Iconoclasta

#240 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 30 de Jun, 2009 11:07 pm
Asunto: RE: CAMINATA CEREBRAL
tricuspide34
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--- En Iconoclasta@yahoogroups.com, "manum_mm" <manum_mm@...> escribió:
>
> DEL LADO IZQUIERDO DE MIS IDEAS
> REFLEJAN EL ATARDECER SOMBRIO
> CALLADA LA SENSACION DE DEBATIR
> BUSCO LAS FANTASIAS REFLEJADAS
> EN EL FONDO DEL VASO DE AGUA
>
>
> NINGUNA NEURONA FUNCIONA SIN EL LATIR DE LA ALEGRIA
> MATARLAS ES FACIL RECUPERARLAS COMPLICADO
> LAS MAS CAPACEZ LAS DEPOSITO EN LA SOLEDAD
> UNAS MAS PELIGROSAS LAS FUMO EN TABACO CON POCA DE MALDAD
>
> CREO UN KARAOKE CON LOS SONIDOS DE LAS PESADILLAS
> DIBUJO LA INICIAL DE MIS SUEÑOS EN MI ANTEBRAZO
> UN TRIBUTO A LA HONESTIDAD Y LA DISCIPLINA
>
> ENMARCO LOS RECUERDOS CON HILO DE LA DISCORDIA
> DESCONECTO LA CONCIENCIA DE LA IMPACIENCIA
> LLENO UN ABISMO CON LAS VANIDADES
> PERMITO ESCAPAR LO ESPONTANEO
> PORQUE SE QUE CADA MINUTO DE MI VIDA
> ES UNA GOTA DE AGUA PARA EL OCEANO
>
> SOLO DEJO QUE LA ISLA DEL INFINITO
> ALOJE AL CONCIENTE NAUFRAGO DE MIS MENTIRAS
> PARA QUE SU CONDENA SEA VER ALEJARSE DE LAS ESTRELLAS
> QUE DOMINE SU PERDON A TRAVEZ DE SU EGOISMO
>

Neurocirujano del alma, amputando, diseccionando y aislando neuronas.
Algunas son tan malas que bien podrían ser tumores, pequeños cánceres que
corrompen la visión de la vida. ¿O tal vez la hacen más mágica e impredicible en
un mundo plano y aburrido?

Extraña y encantadoramente absurda introspección.

Un abrazo, Manu.
Buen sexo.

#239 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 30 de Jun, 2009 11:04 pm
Asunto: RE: gracias por tu aceptacion y unirme a tu grupo
tricuspide34
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--- En Iconoclasta@yahoogroups.com, "manum_mm" <manum_mm@...> escribió:
>
> te seguia desde el msn pero por alguna razon  tu grupo fue borrado
>
> pero nuevamente aki estamos  espero tus criticas son siempre para un punto
analitico concreto
>
> colaborare  con mas expresiones antagonicas  de la vida y el odio
>


Bueno, pues muchas gracias por llegar a este desierto y tranquilo lugar. Estoy
en un momento en el que disfruto de poco tiempo y espacio para escribir y leer.
Reformas en la casa.
Pero poco a poco me iré poniendo al día y disfrutando de tus textos.

Un saludo, Manu.
Buen sexo.

#238 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 27 de Jun, 2009 4:39 pm
Asunto: La rabia
tricuspide34
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Si os arrancara el corazón, si os viera sufrir hasta que de vuestros lacrimales
manara la sangre, mi dolor de cabeza desaparecería.
Vuestro dolor es mi analgésico.
Sois un tumor que pulsa tras mis ojos, os odio por el solo hecho de que existís,
de que respiráis. Habláis y me rozáis. Necesito que muráis para poder tener
espacio.
Y yo tengo que respirar las miserias y porquería que dejáis flotando en el aire,
cosas que vuestros pulmones idiotas expulsan. Infecciones de imbecilidad.
Lerdos, idiotas, tarados...
No soy un amante de hermosos y edificantes power-points.
No creo en la felicidad que respiro y que no sé aprovechar. Sólo sé que estáis
ahí y vuestra voluntad inculta y deficiente; vuestra imbecilidad es el punto de
partida para gobernar el mundo.
Os odio porque me robáis mi espacio, no me dejáis ver más allá de vuestras
chepas. Siento el asco que palpita aquí, en la nuca, un quiste que se llena
segundo a segundo con pus y asco.
Y la cólera... Si no fuera por ella, no sería hombre. Si no fuera por este pene
erecto y duro que podría usar para partiros en dos, haría sangrar mis cuerdas
vocales deseando a gritos vuestra muerte y enfermedad.
Me tiraré a Negranoche ante vosotros, ante vuestros hijos lameré su sexo, os
dedicaré la Gran Follada como vosotros me dedicáis cada día de mi existencia
vuestra Gran Idiotez. Y ella me llamará cabrón entre suspiros de éxtasis y
lujuria, posando sus manos en mi cabeza obligándome a respirar a través de su
coño. Cogerá mi rabo enhiesto y me masturbará como a un semental, y lloverá mi
semen sobre vuestros ojos vacuos, vuestros ojos idiotas. Vuestros ojos
envidiosos.
La ira... Si vosotros sois mi cáncer, mi cólera es la quimioterapia. La que me
provoca un doloroso vómito de restos amarillos y rojos.
Os detesto hasta lo más hondo, hasta los mismísimos testículos. Odio vuestras
creencias y vuestro civismo. Siento asco de saber que os reproducís en cualquier
lugar, en cualquier momento. Jodería a todas las mujeres del mundo, las
embarazaría para crear mi propia especie. Os impediría vuestra reproducción. Os
esterilizaría a patadas, a golpes, a esputos.
Pagaríais de alguna forma la interferencia que provocáis en mi mente, en mi
voluntad. En mi andar por el planeta.
Esta ira es venenosa, es peligrosa. Os golpearía con los miembros amputados de
vuestras madres, con la piel de vuestros padres haría un látigo y con los huesos
de vuestros hijos, cuchillos para arrancaros la piel a tiras.
Lo tengo todo pensado: mataré focas a patadas, ballenas a hachazos, partiré en
dos a los sonrientes delfines y a un cachorro de tigre blanco quemaré vivo.
Seres inocentes desmembraré sólo por el placer de ver vuestros infectos ojos
entrecerrarse ante el horror de la rabia desatada.
¿Podéis entender la horripilancia de la ira que pulsa en el cuerpo y el cerebro?
Porque alma no hay, es todo rabia.
Soy una pesadilla que ha tomado vida, soy un canto a la liberadora ira. Teñiré
el arco iris de una gama de rojos hemoglobínicos que hasta los dioses sentirán
rechazo al verlo. Iluminaré vuestro mierdoso cielo con la sangre, con vuestra
sangre, con la de ellos.
Con mi orina marcando territorio.
Es tarde para la bondad y los buenos presagios, es tarde para evitar que el filo
del cuchillo se hunda más de lo aconsejable en la fina piel de mi antebrazo y
libere algo de presión. El tejido de las arterias es tan sutil... Y sin embargo
me pregunto como puede contener esta presión sanguínea que envía mi corazón
podrido. Nací para acumular ira, mi genética está basada en la rabia que
contengo.
Gotea la sangre sobre mi perro blanco que la lame en el suelo con glotonería.
Su pelaje níveo adquiere el dramatismo de la tragedia. Lo hace especial. La ira
nos hace especiales a todos los seres. Todos los seres rabiamos en la oscuridad
cuando nadie nos ve.
Gotea la sangre sobre los pechos de Negranoche, derramo mi sangre entre sus
muslos calientes y húmedos. Soy el perro que lame su coño con fruición.
El cenicero es vuestra boca abierta. Envío cartas de amor y sexo a Negranoche, 
paso los sellos por vuestras lenguas ensangrentadas.
La ira... Saber, imaginar, soñar que estáis muertos, que sufrís, que penáis, que
os duele hasta el aura que os rodea y que la paranoia de la ira desatada os hace
llorar sangre, es lo único que serena mi ánimo.
Ya estoy más tranquilo, te amo mi vida. Ya no están, los he matado. Te regalo el
mundo.
Llego ante ti cubierto de sangre ajena: ha habido un baño de sangre. Y te deseo
tanto, que te brindo la extinción de la chusma para que nada ni nadie pueda
distraerme de ti.
Te brindo mi vena sajada, te brindo mi cuerpo abierto en canal si así lo
quieres. Pero no me dejes entre ellos.
Tengo un cáncer que no me mata, que no se cura, que late. Un eterno embarazo de
tejido ponzoñoso que lo mantiene vivo: la imbecilidad de La Tierra.
Yo sólo quiero enseñarte la flor que abre sus pétalos y lanza al mundo sus
lágrimas: el rocío de la oscuridad y la soledad. Una sola flor, o al menos la
oportunidad de cogerla, saber que hay una.
Pero la pisan, mi amor.
La pisarían si la hubiera.
Ni llorar la dejan.
Quisiera ver una estrella y soñar que estás allí. Son cosas sencillas.
No me dejan Negranoche. Un imbécil con su moto rompe la magia del momento en la
sucia noche de la ciudad. La tos de un hombre-marrano que llega desde las
paredes me roba las ideas. Las convierte en ira. Sueño que meto en su boca
vidrios rotos y le obligo a masticarlos.
Sólo la ira me mantiene vivo, sólo la rabia mantiene en jaque la mediocridad que
me roba ideas, que me arrebata la sonrisa y la paz.
Ya no me duele la cabeza, tu sonrisa tierna amansa a las fieras. Ojalá pudiera
hacerte responsable de hacer de mí un manso; pero es el dolor de los ajenos lo
que me infunde paz. Son los sueños de sangre y destrucción los que me hacen
llegar a ti como un caballero que ha combatido contra la innombrable bestia del
reino.
Estoy fuera de lugar, Negranoche.
No es mi tiempo, no lo pedí.
¿Se me puede reprochar que mi ira pueda ser la causa de dolor y penuria en el
mundo? No se puede ir contra la naturaleza, se me debe aceptar, como yo acepto a
los idiotas sin arrancarles los ojos.
Te brindo el hambre y la enfermedad. Te brindo la pasión más pútrida, la que
sale de lo más oscuro de mí, como una muestra de absoluta pertenencia a tu
mirada líquida y serena.
Tú que me miras con la sonrisa tierna de quien disfruta con las travesuras de un
niño. Yo que te miro con las escleróticas vidriosas, con los labios sangrando de
morderlos, con la brasa del cigarro calcinando la piel de entre mis dedos.
Así no hay quien folle: tú ríes y yo sangro.
Follemos. Jodamos encima de los muertos, encima de los vivos vacíos. Quiero que
grites como una zorra sobre los ancianos y los enfermos cuando la sientas tan
dentro de ti que tengas que sujetar tu vientre deseado.
Cualquier cosa que nos haga distintos a ellos.
Tengo un cáncer, y es la humanidad.
Y mi quimioterapia es la ira.
Tú, Negranoche, la alucinación de un terminal hasta las cejas de morfina.
Que se pudran.

Iconoclasta

#237 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Jue, 18 de Jun, 2009 12:10 am
Asunto: KALEIDOSCOPIO
manum_mm
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VOY A VENDER TRES CENTIMETROS DE MI CARNE
NO PORQUE ME ESTORBEN
NI PARA DEMOSTRAR GRANDEZA
SON PARA DESGASTAR MI ACTITUD

LA CORTARE PENSANDO EN EL DIA QUE NACI
GUARDANDOLA ENVUELTA EN MIS SUEÑOS
PERFUMANDOLA CON FRAGANCIA EXTRAVAGANTE
OLIENDO A FRESCURA EMOCIONAL

SERA MI CICATRIZ PREFERIDA
UN TATUAJE AL ABURRICION
TAPADO CON MENTIRAS DEL AIRE
COLOREADO POR LA DESGRACIA

CUANDO PREGUNTEN PORQUE LO HICE
VERE SUS OJOS DEL INTERROGANTE
DIBUJARE SU RESPUESTA EN SU CONCIENCIA
Y SU EXPLICACION LA PONDRE 20 AÑOS DESPUES

NO DORMIRE DEL LADO DE LA HERIDA
ACOMODARE LOS SUEÑOS EN CUADRITOS DE CRISTAL
QUEBRARE UNO A UNO EN CADA LUNA LLENA
CAMINARE SOBRE LOS VIDRIOS ROTOS.

#236 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Jue, 18 de Jun, 2009 12:06 am
Asunto: OPERA ELECTRICA
manum_mm
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VIVO EN EL FIN DEL MUNDO
DETRAS DE LA CORTINA DE LA IGUALDAD
DONDE ESTA LA PUERTA DE LA PIEDAD
QUE SOLO LA ABRE LA CONCIENCIA PURA

PARA LLEGAR NECESITAS ABORDAR LA LOCURA
COMPRAR UN BOLETO CON TU INTELIGENCIA
SENTARTE EN EL ASIENTO DE LA DISPOSICION
MIRAR CADA KILOMETRO DE TU PASADO

CUANDO SE TORNE ABURRIDO TU VIAJE
NECESITAS DIRIMIR TU EXISTENCIA
RECORTAR LAS FRASES CONOCIDAS
USURPAR TU FELICIDAD
DORMIR DETRAS DE LA LUNA

AL ARRIBAR A LA ESTACION
LIMPIA TUS LABIOS
ACOMODA TU CABELLO
SACUDE TUS IDEAS
MOJA TUS FANTASIAS

LLEGARAS DONDE TU DESTINO MANEJE EL TIMON DE TU VIDA
CAMINA HASTA EL CANSANCIO
EL SUEÑO TE DEJARA EN LA MEJOR HABITACION
LA VERDAD ABRIRA TUS OJOS.

#235 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Jue, 18 de Jun, 2009 12:01 am
Asunto: TECHNICOLOR
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ADMIRO TU COLOR
COMO LA RAZON DE LA VIDA
CADA TRAZO ESQUIVA MIS PENSAMIENTOS
CIERTOS COLORES LLEVAN LA MEXCLA DE VIDA Y DESEO


LOS EXPERIMENTO DE TUS FLUIDOS ELIMINAN EL ODIO
CIERTOS FRACASOS SON ELEMENTOS DEL ALMA
EL FONDO DE TU COLLAGE LO TRANSFORMA LA SUERTE
LA MECANICA DE ENSAYO Y ERROR AVANZA

UN NEGRO PARA TU ADICCION
UN AZUL PARA TU SONRISA
UN ROJO PARA TU INICIO
UN AMARILLO PARA TU SARCASMO
UN BLANCO PARA TU IMAGINACION
UN VERDE PARA TU SORPRESA


EL EXTREMO TE LLEVA A ROMPER UNA CADENA
DE SUSPENSO Y DRAMA VIRTUAL
ESTRELLAS TU MORALIDAD CONTRA EL PAVIMENTO
CADA CICATRIZ DECORA TU SUBLIMIDAD
UN RECUERDO BASTA PARA CRUCIFICARTE
EN EL COMEDOR DE LA ULTIMA CENA

#234 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 17 de Jun, 2009 11:56 pm
Asunto: CHAKAL
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DESATANDO TU IRA
APUNTAS LA CONDENA
EN LA PLANTA DEL PIE DERECHO
LA SANGRE DIBUJA TU NOMBRE


SILBANDO LA SONATA DEL HOMBRE DELGADO
EXCLUYES EL ODIO DEL PERDON
DEJAS LA ENVIDIA PARA UNA MEJOR OCASION
UNA LAGRIMA SECA ACOMPAÑA TU HAMBRE

VENGANZA CON V DE VACIO
ES LO QUE SEPARA EL HOMBRE DEL CAMINO
UN PECADO NO ES MAS QUE LA TRAVESIA
DE LA MALDAD POR UN CAMPO MINADO

LOS PERDONES ESTAN PARA LAS 12 DE LA NOCHE
LAS CONFESIONES SOLLOZAN LA DEBILIDAD
DE LA CONCIENCIA DETRAS DE LA PARED
UN CRIMEN SERIA PERFECTO
SOLO SI EXISTIERA UN FIN

VOY POR DONDE EL MAPA DEJO DE TENER TRAZOS
CAMINANDO DETRAS DEL VIENTO OSCURO
CADA PASO ES UN GALOPE DE TU MIEDO
SOLO ME DEFIENDE LA MIRADA DE UN BUHO.

#233 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 17 de Jun, 2009 11:51 pm
Asunto: CAMINATA CEREBRAL
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DEL LADO IZQUIERDO DE MIS IDEAS
REFLEJAN EL ATARDECER SOMBRIO
CALLADA LA SENSACION DE DEBATIR
BUSCO LAS FANTASIAS REFLEJADAS
EN EL FONDO DEL VASO DE AGUA


NINGUNA NEURONA FUNCIONA SIN EL LATIR DE LA ALEGRIA
MATARLAS ES FACIL RECUPERARLAS COMPLICADO
LAS MAS CAPACEZ LAS DEPOSITO EN LA SOLEDAD
UNAS MAS PELIGROSAS LAS FUMO EN TABACO CON POCA DE MALDAD

CREO UN KARAOKE CON LOS SONIDOS DE LAS PESADILLAS
DIBUJO LA INICIAL DE MIS SUEÑOS EN MI ANTEBRAZO
UN TRIBUTO A LA HONESTIDAD Y LA DISCIPLINA

ENMARCO LOS RECUERDOS CON HILO DE LA DISCORDIA
DESCONECTO LA CONCIENCIA DE LA IMPACIENCIA
LLENO UN ABISMO CON LAS VANIDADES
PERMITO ESCAPAR LO ESPONTANEO
PORQUE SE QUE CADA MINUTO DE MI VIDA
ES UNA GOTA DE AGUA PARA EL OCEANO

SOLO DEJO QUE LA ISLA DEL INFINITO
ALOJE AL CONCIENTE NAUFRAGO DE MIS MENTIRAS
PARA QUE SU CONDENA SEA VER ALEJARSE DE LAS ESTRELLAS
QUE DOMINE SU PERDON A TRAVEZ DE SU EGOISMO

#232 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 17 de Jun, 2009 11:50 pm
Asunto: gracias por tu aceptacion y unirme a tu grupo
manum_mm
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te seguia desde el msn pero por alguna razon  tu grupo fue borrado

pero nuevamente aki estamos  espero tus criticas son siempre para un punto
analitico concreto

colaborare  con mas expresiones antagonicas  de la vida y el odio

#231 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 13 de Jun, 2009 11:23 pm
Asunto: Licántropo enamorado
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Lo intento, intento no dañarla. No puedo hacer daño a esa mujer. Ella me quiere
y yo me muero por ella. Por ella estoy encadenado.
Le he rogado que me encadene, como otras veces. Una pistola cargada con balas de
plata será su protección definitiva.
Y tal vez mi muerte.
A medida que la luna llena va ganando claridad y su luz se esparce como una
blanquecina pátina por el prado, mi dolorosa transformación lanza mensajes de
dolor a mi cerebro animal y enamorado. Ella acaricia mi pecho y llora por mi
sufrimiento mientras me sangran las uñas reventadas por las del animal interior.
Grito desesperado y me acaricia y me dice que no hay dolor. Mi pecho, ya de por
sí hinchado se abre más, es un parto de dolor; ella me besa mientras de mis
encías chorrea la sangre y sus labios se manchan; su pelo se ensucia sin que
ella se preocupe por ello.
Sus pezones están duros bajo mi camisa, con la que se cubre; absurdamente grande
para ella. Se la ve muy poca cosa para el animal que soy.
Mi visión comienza a convertirse en una gama de grises y mi nariz olfatea el
aire buscando su coño.
La mataría con mis garras si no fuera por estas cadenas, y la quiero. Encadenado
en esta mesa de dura piedra intento romper mis grilletes mientras ella aún
acaricia mi pecho peludo y tenso. Mi pene ahora oscuro, roza su pierna y muevo
mis caderas para golpearla con él; está húmedo y un rastro brillante ha quedado
en su muslo, noto como me palpita y rujo de tal forma que ella se encoge ante mi
violencia.
Me acaricia la cara con sumo cuidado mientras intento arrancarle los dedos de un
bocado. Me la comería entera de lo que la llego a querer.
Levanta el faldón de la camisa y me muestra su velludo pubis oscuro, lo acerca
un poco a mi mano asesina, una de mis uñas hace un fino corte en su piel por
encima del vello y una delgada línea roja me hace babear. Se roza con el índice
la herida y suspira, me dice algo del amor pero no la escucho, la quiero matar.
A pesar de que la quiero, la deseo. La mataría, le abriría profundamente su
garganta con mis fauces.
Me coge el pene duro y entumecido con fuerza y yo me revuelvo con un ruido
estridente de cadenas, mis muñecas y tobillos sangran por la presión a los que
los someto. Abre la boca y con los dientes sujeta mi glande, yo golpeo con
fuerza para metérselo en la boca, para ahogarla. Y la fina piel de mi glande se
araña. Ella tose un poco y aprieta con fuerza mis cojones; el crescendo de mi
rugido provoca un revuelo de murciélagos en el fantasmal prado.
Deja caer la camisa al suelo y se pone de cuclillas encima de mi cara, con
cuidado baja su coño y mi lengua lame su sexo mientras su vientre se agita, con
una mano en mi pecho mantiene el equilibrio y la distancia, no se fía y hace
bien. Sabe que le arrancaría su precioso y deseado coño de un solo mordisco.
Lamo los dedos que dejan al descubierto su clítoris y siento el miedo que la
atenaza cuando mis colmillos rozan su vulva.
Se pellizca los pezones mientras mi lengua se hunde en ella.
Con un rápido movimiento de mis garras he conseguido lacerar su piel en el muslo
externo. Ha lanzado un pequeño grito preñado de agitación. Se ha manchado las
tetas con su propia sangre. Me la quiero follar, la quiero devorar. La
desgarraría por dentro y por fuera.
Ahora se vuelve a subir encima mío, sujeta mi pene excitado y mojado y se empala
con él. Noto su carne cálida por dentro y mi polla que intenta partirla. Lanzo
mi cintura hacia arriba mientras ella gime y me dice que me quiere, que no
sufra, que sólo me preocupe de sentir placer. Pero le arrancaría el corazón si
pudiera.
La lanzo una y otra vez arriba y noto como cae resbalando por mi pene
hiperlubricado, me chafa los cojones con sus nalgas pero me da igual. Quiero
inundarla por dentro, la quiero, la degollaría.
Noto como mi semen sube hacia arriba y adentro, y mientras mis pies se contraen
ella salta con salvaje brusquedad, siento como mi glande está profundamente
apretado allí dentro.
Hay un momento de calma y de silencio mientras yo me corro, mientras lanzo todo
mi semen dentro de ella. La mujer a la que deseo se ha quedado quieta por un
segundo y comienza a sentir convulsiones mientras poco a poco va dejando caer su
cabeza contra mi pecho y de nuestros sexos rezuma un semen blanco, viscoso y
caliente.
Le intento morder la cara. Ella se endereza y aún con mi pene dentro se acomoda
tranquila y deja que su respiración se tranquilice.
Cuando se desengancha de mí, de su coño aún gotea la blanca leche y me acaricia
con pena en la mirada. Con una sonrisa taimada y traviesa mientras se acaricia
excitada el vientre, rodea mi dura cama de piedra y me besa la frente con
cuidado de que mis colmillos no la dañen.
Si pudiera le arrancaría la cabeza. Y la quiero a morir.
Apaga la luz y me deja solo con mi bestialismo, yo a veces lloro un poco y otras
veces aúllo con sangrienta sed de asesinar.
Ojalá mañana me acordara de esto. Cuando soy hombre no me dice lo que pasó la
noche anterior. Dice que tan solo cuida de que no me haga daño yo mismo. Pero no
la creo. Algo ocurre cuando la luna llena aparece.
Y la quiero tanto que me la comería. Y mañana no sabré que ha pasado hace apenas
unos minutos, de hecho ya no me acuerdo más que de un muslo de mujer sangrando,
como en un sueño...
La luna... parece reír; es una noche preciosa para cazar. Para follarme una loba
en celo...
¿Por qué estoy atado como un animal?

Iconoclasta

#230 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 12 de Jun, 2009 10:14 pm
Asunto: RE: TU ME OBLIGAS A VIVIR PARA MORIR DESPUES
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Bienvenido, Manum.
Y gracias por este rompedor y rencoroso poema que rome contra las pelotas de los
hipócritas.
De la falsa humanidad.
Buen sexo y que no paren los rencores, que de amabilidades, andamos colmados.
Un abrazo.

#229 De: "manum_mm" <manum_mm@...>
Fecha: Mié, 10 de Jun, 2009 12:56 am
Asunto: TU ME OBLIGAS A VIVIR PARA MORIR DESPUES
manum_mm
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TIEMPO  PARA REDIMIR  SIN SABER QUE NADA ESTA BIEN
SONROJO LA VORACIDAD DE  MI SUICIDIO KARMATICO
POR LA PUERTA DE ATRAS  ENTRO AL VACIO  COMUN DE MI VIDA
UN SINFIN DE ERRORES  SIN ADEPTOS ALA REENCARNACION

UN CALIZ DE MI  SANGRE REINTEGRA   LA MIRADA DEL  ADIOS
LA   ALMA ESTA SEPARADA  TRES MILHORAS  DE  LA ETERNIDAD
CADA PUÑALADA CIRCULA  ABISMOS LLENOS DE ODIO
LA HISTORIA  RECORTADA   EN ADJETIVOS  BURDOS Y SOPRANOS

NO IMPORTA LO QUE LLENE  EL OBITUARIO
EL RENCOR SUPLE LA FECHA DE NACIMIENTO
DESTRUYO LA CAJA  QUE GUARDE MIS CENIZAS
PARA  BAUTIZAR CON ELLAS LA DICTADURA MORAL
QUE MIS RECUERDOS ENMARCAN  UNA TORMENTA ELECTRICA

UNA VICTORIA  SOBRE EL CONSUELO SOCIAL
CALLANDO INCREDULIDADES  PARA SOBORNAR MENTIRAS
DEJA  QUE MI  IMAGEN HABITE  EN LA ANARKIA RELIGIOSA

#228 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Lun, 8 de Jun, 2009 11:24 am
Asunto: Secretos
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Tengo una cantidad tan grande de secretos que la sangre se me espesa y el
corazón late lento y potente.
Fuerte y cruel.
Secretos que ya no conseguirán acelerarlo. Estoy tan lleno de ellos, que se
ralentiza el ritmo cardíaco cuando un secreto arranca una mentira a mis labios.
Tengo un secreto: soy frío y calculador.
Malo...
Y no me importa. Sonrío ante algunos de mis secretos con buen humor. Con cierto
orgullo.
En un mundo lleno de buena gente, yo soy lo amoral; sin mí no habría forma de
medir la virtud y la indecencia. Soy necesario para que otros puedan llamarse
buenos.
Sin mis secretos la vida es clara y sencilla, honrada.
Podría ser bueno, podría tener algo de decencia por el mismo esfuerzo; incluso
mejoraría mi sistema vascular. Pero quiero a la otra, y mi sangre se lanza
directa a mi pene al evocar a la que deseo.
Fumo mucho, y eso tampoco ayuda a que mi sangre sea más clara y mis secretos
menos hirientes.
Tengo un secreto: la lujuria salvaje me hace más hombre.
La certeza absoluta de que liberando uno de mis secretos haría tanto daño a la
que no quiero, me otorga un poder divino.
Ergo soy un dios con su cristiana sangre preñada de veneno con la que quisiera
haceros compartir una santa eucaristía.
Tengo un secreto: creo en Dios como el cabrón que me jode cada vez que puede.
Moriré con una navaja en la mano para degollarlo cuando lo tenga ante mí.
"¿Me has dado a una mujer que no quiero y a la que amo la has llevado a otro
confín del universo, hijo de puta divino?".
Tengo un secreto: mis blasfemias son inconfesables. Aterran al expresarse en voz
alta. Como un conjuro maldito.
Secretos... ¿No son frustraciones los secretos? Cosas que deseamos y que nos dan
vergüenza.
Algo de asco.
La sangre se espesa y cuando me sumerjo en mi propio torrente sanguíneo  siento
la presión del fracaso. De no amar a la que comparte mi cama.
No me importa, no siento remordimientos. Amo a la otra y el amor excluye al
mismísimo hijo que tengo.
Tengo un secreto: quiero más a la otra que a mi hijo.
Tengo un secreto: soy una bestia impúdica.
Mi sangre se espesa cuando la sonrío. Un latido, un solo latido potente para
bombear el deseo en el plasma-lava que es mi sangre ponzoñosa. Mi corazón es un
pistón vertical, como mi miembro penetrando a la otra.
Dentro y fuera, dentro y fuera, dentro y fuera...
Me masturbo acostado al lado de la que no quiero pensando en la que amo y deseo.
Mi leche es espesa como la sangre.
Toda mi vida es densa, mis secretos son brea pura que se llevan la piel al
arrancarlos. Piel de otros.
Secretos... ¿Cómo no avergonzarse de ello?
Si sintiera vergüenza de ellos, no sería tan cerdo.
La beso cada día sin cariño, por inercia, porque es así la mediocre vida. No la
quiero y guardo el secreto. Sin piedad.
Si ella supiera mis secretos... Qué daño más innecesario, que dolor más
gratuito.
Ojalá yo la amara como ella me ama a mí. No tendría una sangre tan espesa, un
corazón tan frío y eficiente bombeando veneno puro.
Comería más verdura, relajaría más mi mente, adelgazaría y me pondría crema
hidratante en el rostro, como todo hombre sensible que cuida de sí y de los
suyos. Precioso.
A mí me gusta la carne y la piel curtida.
Yo no quiero a los míos, ya no son míos. Son un accidente, algo que he de
soportar.
Amo a la otra, a la que no tengo, a la que está tan lejos que hago responsable
de mi ansia a la zorra que duerme a mi lado.
Mi secreto: ella no tiene peso para mí, sólo la sonrío por que aún me queda algo
de cortesía. Porque esta puta vida me ha enseñado a ser cabrón. A guardar y
atesorar secretos como el alquitrán del cigarrillo que se acumula en las
arterias.
Y sonrío de verdad cuando ella dice: "Ya no me quieres ¿verdad?"
Un secreto y la miento: "Sí que te quiero".
Y una mierda.
Tengo más secretos: soy un hijo de puta sin corazón. La jodo pensando que es la
otra, sin pudor alguno en mi mente. Cuando clavo mis dedos en sus pezones, son
los de la otra los que siento, la castigo por no ser la amada y a pesar de ello,
siento las contracciones salvajes de su coño expandirse por sus tejidos
reverberando en los míos.
Pero quisiera que llegara a la otra, que mi gruñido de placer lanzara saliva y
semen en la piel que amo. No en la de ésta que un día amé. Un día que ya no
cuenta, un día que ya no pesa porque es la otra la que ocupa mi mente toda.
Secretos... Los secretos espesan la sangre que corre lenta por unas venas gordas
e hinchadas. Los secretos son un veneno contenido, un compuesto que he de
controlar para no envenenarla. Ya sufre bastante sabiendo en su ego más profundo
que no soy de ella.
Secretos... Ninguna confesión podría absolverme de mi traición, porque algunos
secretos, se los cuento a la que amo.
Tengo un secreto: ella disfruta sabiendo de ellos. La que amo goza con mi maldad
nata. Con mi ponzoña que la hace grande en mi vida. Importante.
Necesaria.
Tengo un secreto: la he visto masturbarse cuando le digo que me la follo en el
cuerpo de mi esposa. Desea sentir entre sus muslos el calor de mi sangre espesa.
El bombeo de mi corazón vertical. De mi pistón.
La que amo se siente única ante mis secretos a ella le desvelo alguno para
excitarla. Para que sepa lo que se pierde. La amo y la jodo, la condenaría a
gemir hasta desfallecer de tanto que la deseo.
A la otra no, a la que duerme a mi lado cada día, la jodo por una cuestión
hormonal.
¿He dicho que soy un poco cerdo? Me importa poco. Son mis secretos, tengo
derecho a tenerlos. Puedo adulterar mi puta sangre como me de la gana.
Tengo un secreto: no estoy loco, no puedo alegar locura. Soy sólo un hombre
amoral que disfruta siéndolo.
- ¿Puedo añadir una tarjeta al paquete del regalo?
- Por supuesto. ¿A qué se debe el obsequio?
-A nuestro aniversario de boda.
La mujer puso encima del mostrador del mostrador una tarjeta en la que había un
dibujo de dos manos entrelazadas donde resaltaban las alianzas.
El hombre escribió:
"Feliz aniversario, Cris.
Mi querida esposa a la que no amo."
La dependienta no pudo evitar leer la dedicatoria y miró al hombre asombrada.
- A veces se me escapan los secretos -respondió el hombre cogiendo la tarjeta de
sus manos. - Hay tantos...
La rompió sin pasión, como un pequeño error.
-No. Es igual, mejor sin tarjeta. Los secretos jamás deberían ser contados.
Tengo un secreto: mi sangre corre espesa, como mi pensamiento.
Tengo un secreto: jodo a la que no amo.
Tengo un secreto: mi sangre es mierda, como mi vida.
Tengo un secreto: he roto su regalo de aniversario, que se joda.
Tengo un secreto: soy amoral y divino.

Iconoclasta

#227 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 2 de Jun, 2009 6:29 pm
Asunto: Una ráfaga de ternura
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Hay un aire que trae besos tiernos, ráfagas de caricias sutiles que confortan la
piel y pintan mi aura de un azul intenso.
Es el tiempo de amar, el tiempo de la bondad y la ternura.
El cielo esplende iluminado por su sonrisa. Es la luz que alumbra un universo
gris.
Marca mis estaciones, mis fríos y escalofríos, mis calores y ardores. Mi otoño
seco y gris en la aterradora distancia que me condena sin ella.
Y crea primaveras y deshielos.
No siempre es el momento de hundir mis dedos en su voraz y húmedo sexo mordiendo
mis labios hasta hacerlos sangrar, reteniendo la bestialidad de un deseo.
Hoy mi mirada es líquida, sus besos son agua de rosas y no quiero más que cerrar
los ojos y decir que es la cosa más bonita del mundo.
Porque ese aire que sus labios mueve y corre lleno de besos, es un bálsamo que
me unta de serenidad todo el cuerpo y el alma si la tuviera; porque es de ella.
Un momento de paz.
Gracias...
Mentira, no le agradezco nada. Miento como un cabrón.
Mi intención es besarla como un poseso, devorar la boca de la que marca el ritmo
de mis emociones. Es lo único que puedo permitirme con voluntad propia. Morder
sus labios carnales hasta que mi puto miembro reviente por ella. Hasta que mis
venas se inflamen ante los rayos de su amor y un deseo descontrolado.
Hoy no.
Hoy no huelo su coño como un animal en celo. Hoy no soy el pene que hiere y
rasga el amor e insulta a Dios en las alturas.
Hoy soy dulce, debo serlo porque el aire trae la ternura y besos a los que es
imposible no cerrar los ojos y abandonarse.
Hoy no soy hombre, soy un rumiante de vacua mirada. He perdido todo asomo de
humanidad, de mi animalidad cultivada con tesón; por una ráfaga de aire de su
boca fresca. No quiero ser más que un manso entre sus brazos.
A veces me doy asco cuando la miro con el deseo de penetrar todo su cuerpo. A
veces me siento un pornógrafo de todo ese amor que me regala y al que a duras
penas puedo responder con una torcida sonrisa.
Hoy no es el momento de vomitar.
Que no se fíe, que no se acerque creyendo que la bestia duerme.
Sonríe traviesa... No quiere que la bestia duerma, sólo juega con ella.
Bella maldita...
Sonríe como una mujer-niña que me conoce, que se conoce. Que usa cuerpo y mente
como un ser perfecto. Un milagro de la evolución en un planeta lleno de especies
erróneas, innecesarias.
Y mi pene se expande, se endurece hasta el dolor, hasta presionar la mismísima
boca de la cordura y desencajar sus mandíbulas.
No alardeo, es que no puedo dominar el amor ni este trozo de carne que palpita
entre mis piernas como un corazón más.
Una sonrisa por favor, unos besos de mariposa en la nariz, y conseguirá que me
rinda otra vez.
Ella dicta el tiempo y la atmósfera. Su atmósfera, la que me envuelve. Me
enloquece, me hace libre y esclavo, poderoso y derrotado.
Los seres superiores no entienden el tormento que representa para un vulgar
amarlos. No entienden que es imposible soportar su mirada dulce y sus labios
brillantes sin desear lamer sin asomo alguno de ternura su piel toda. Su coño...
Su coño bendito y de puta.
Me masturbaría ante ella, ante su mirada tierna, como un anormal, como un
sátiro, como alguien que no sabe bien qué hacer con ella.
Ni todo es sexo, ni todo es amor... Qué fácil y que sencilla es la ambigüedad de
los idiotas.
  Me debato entre el amor y el sexo y es imposible extirpar lo indecente de lo
decente, lo carnal de lo espiritual sin que salga seriamente dañado mi cerebro.
¿O tal vez está dañado? ¿Cómo puede sonreír a un hombre de tan peligrosa y rota
mente?
Peligrosa para sí mismo, porque hasta las cucarachas y las ratas saben que
existo para ser su placer y su deseo. Para ser su pelele, su consolador. Para
musitar confidencias de amante en su oído.
Hoy no es tiempo de follar, es tiempo de llegar a su alma. Ella dicta el momento
con una bella sonrisa, sin ser consciente de que es cruel en su devastador
poder.
Me llena de paz y me anula.
A veces cierro el puño en la navaja de afeitar y aprieto con fuerza. Es obsceno
el filo que se hunde en la carne con un dolor que es un escalofrío que penetra
en los huesos. La sangre se espesa con el calor de mi piel, cálida como la carne
húmeda de entre sus piernas. Densa como mi baba recorriendo su piel.
Y el puño ensangrentado es lo más parecido a su coño que he podido encontrar en
este sucio planeta al que estoy condenado.
Son cosas que uno piensa cuando está solo. Cuando me encuentro terriblemente
solo y alejado de ti.
Indecentemente lejana, mi bella diosa.
No soy peligroso para nadie más que para mí.
Pero soy ofensivo, soy blasfemo y de la misma manera que sacudo la sangre de mi
mano ensangrentada al mundo, también le escupo mi semen preñado de deseos, mi
caldo de lujuria y bestialidad.
Y es triste que se estrelle contra el suelo, es triste que se evapore. Quiero
escupirlo en su piel, entre sus muslos, en su sonrisa magna y su sexo expuesto,
abierto e indefenso a mí.
Hoy es día de besos y una sonrisa, de unas manos que se estrechan. Ella dicta
que es tiempo para la ternura.
Tengo miedo de no poder obedecerla, de caer en rebeldía ante mi diosa.
Es un momento para que la bestia no despierte, no presione contra la tela de los
calzoncillos y me regale ese momento de serenidad, siquiera un instante para la
paz.
Sólo ella sabe dominar y aplacar a la bestia, a lo carnal de mí.
Pero que no se fíe.
No te fíes mi bella diosa, no siempre podré ser tierno, no siempre tu sonrisa me
sumirá en la paz.
No siempre podré ser dulce cuando todo mi ser se agita ante tu recuerdo, ante tu
presencia.
Es tan difícil ser hombre y controlarse ante ti...
Que tu sonrisa me de paz, necesito una tregua.
Te beso con ternura  desde el abismo, aferrado a mi pene, preciosa.
No puedo hacer otra cosa.
Y ríes...

Iconoclasta

#226 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 19 de Mayo, 2009 12:20 am
Asunto: Soy tu puta
tricuspide34
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Tengo un conjuro para ti, para derribar mi amor por ti y sólo follarte.
Recita mi hechizo: Soy puta.
No quiero que me ames, no quiero amarte. Eres una sima tan profunda que me
agotaría intentado amar todo lo que hay en ti.
Sabes de mi escasa capacidad para entender, soy un hombre tan simple que
obedezco a instintos primarios.
Dilo: Soy puta, soy tu puta.
Y yo te daré un billete, pagaré mi placer, pero no dejes que me hunda en tu
pensamiento poderoso.
¿No lo entiendes? Te parieron para que cada fibra de tu ser fuera amada. No
tengo tiempo para tan magna obra.
Dime al oído: Soy tu puta.
Y separa las piernas y deja que tu sexo sea mi único objetivo a conseguir.
Soy peligroso, mi puta. Corres peligro ante mi brutalidad y simpleza, temo
desear meterme en tu corazón en lugar de penetrar tu coño. Te podría hacer daño,
cielo. ¿No te das cuenta, puta? Los hombres no lloran, no los de mi estirpe.
Nosotros cazamos y follamos, no queremos amar. Queremos clavar nuestras uñas en
tu piel y embestirte a cuatro patas. Como perros en celo.
¿Por qué hay esa profundidad insondable en tus ojos de hembra? Cuando sonríes
todo gira vertiginosamente. Y mis ojos lerdos bucean en los tuyos sin poder
encontrar de dónde viene esa luz.
Toma, puta. Coge los cincuenta euros y traga.
Joder...
Este vertiginoso amor no es bueno para mi virilidad. Cuando me mareo así, pierdo
el norte y no me encuentro el pene. Ni siquiera lo necesito.
Con lo duro que está... Necesito tus dedos estrangulándolo.
Me duele de dura que me la pones, mi puta.
Tu boca...
Me duele el alma de agua que me haces por dentro.
Como un ser extraño, me conformo con arrancarte una sonrisa, que me hables de la
existencia de cosas que desconozco. Que ilumines mi cerebro primitivo.
Los hombres no arrancan sonrisas, arrancan gemidos. Se llevan a la boca los
pezones duros de la mujer y meten la mano brutalmente en tu sexo para mojarse de
placer. Yo cazo, yo follo, yo no amo.
Yo no lloro, ni me meso los cabellos esperando el momento de encontrarme
contigo.
Tú no lo entiendes porque eres demasiado inteligente, mi puta.
Dime al oído: Soy tu puta.
Y acepta mi billete.
Eres mi puta y me la chupas...
¡Coño! Con lo fácil que podría ser, y me enamoras como un cabrón desquiciado
convirtiendo al hombre en un títere de hilos enredados.
No lo hagas, mi puta. Abre tus piernas, conduce mi cabeza a tu coño y oblígame a
lamer como un perro en celo.
Desliza gemidos obscenos a través de esos labios que deseo con toda mi polla.
Con toda mi alma, mi pequeña y triste alma.
Porque es lo único pequeño que tengo, el alma y el cerebro.
Dilo: Soy tu puta.
Por favor, no me obligues a amarte tanto. Duele más que mi pene eternamente
endurecido.
Soy un fenómeno sacrílego de la moralidad.
Eres mi puta, eres mi puta...
Un collar de cuero negro ceñido a tu garganta y mi mano sujetando la cadena de
él prendida. Eres mi puta, mi esclava.
Dímelo, hazme creer que no es de mi cuello donde pende la cadena que sujeta tu
mano.
Tu mano de puta.
Dilo: Soy tu puta.
Y yo me masturbaré, me acariciaré hasta que me sangre el glande y de entre tus
labios asome tu lengua de ramera.
Por favor, por mi orgullo, no dejes que te ame. Deja que te pague, deja que te
folle y cierra esos malditos ojos que me derrotan.
Y no sonrías, y no seas tú, y no me toques, y no hables si no has de decir: Soy
tu puta.
Es tan duro amarte, tan difícil...
Eres mi puta.
Y yo un pobre imbécil.

Iconoclasta

#225 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 12 de Mayo, 2009 12:12 am
Asunto: Esquizo
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Breve inmersión en una alucinación esquizofrénica, pongo a prueba los nervios de
vosotros pobres mortales, un poco de dolor mental no puede hacer daño, incluso
ejercita la resistencia y la valentía.

Cierro los ojos y me encuentro en un mundo metálico, donde las hojas de árboles
y plantas son cuchillas de afeitar, porque necesito ejercer la valentía sin que
nadie pague por ello. A veces la vida es un poco esto, filos que cortan sin que
apenas te des cuenta, porque uno piensa que sería perfecto que todo fuera
hermoso; y lo hermoso es peligroso, oculta el dolor, anula la autoprotección.
Una preciosa rosa que destella con luminosidad salvaje, terciopelo metálico que
si no lo toco me muero. Lo toco y mi cerebro da una alarma, grita y hace que
retire la mano; no le hago caso y mi mano izquierda quiere rozar esa preciosidad
metálica y aterciopelada. Es lo más turgente y suave que he sentido en mi vida y
a pesar de que el filo de una hoja se mete entre uña y carne de uno de mis
dedos, no quiero dejar de tocarla, la sangre es espectacular, rocío rojo resbala
por la rosa cortante y la hoja sigue separando uña y carne. Mi cerebro se alarma
más aún; es igual no le hago caso, es la cosa más preciosa que he visto.
Veo más cosas hermosas, una lágrima resbala por mi mejilla, no sé si el cerebro
la envía como respuesta al trauma al que se ve sometido mi cuerpo o es que la
belleza me ha impresionado demasiado.
Sigo mi camino y cuando miro mi dedo, la uña del dedo corazón está obscenamente
separada de la carne; con los dientes estiro de ella y la acabo de quitar, caigo
al suelo retorciéndome de puro dolor, un súbito mareo y vomito; el dolor es
inmenso. Mi rostro está apoyado en el suelo porque he caído de rodillas y se
clavan pequeñas agujas metálicas, el polvo del camino de este metálico paraje;
mis manos no se pueden tocar entre ellas porque se clavan más profundamente las
agujas y un dolor amortigua al otro. Un corazón late en mi dedo descarnado y
carente de uña, y sangra y ensucia esta belleza.
A unos metros a mi izquierda se halla la salida de emergencia, cinco pasos y
volveré otra vez a la normalidad, a un hospital para que me curen el dedo y me
saquen estas astillas metálicas que parecen correr reptando por el interior del
tejido de mis manos. Pero hay un manto verde más allá, el aire lo mueve y es
como una alfombra radiante; hermoso y mortal. Hierba verde que irisdece formando
multitud de arco iris y reflejan a veces la luz con tal intensidad que duelen
los ojos, y uno de mis ojos sangra porque una de las astillas ha atravesado el
párpado y la punta está continuamente cortando el globo ocular con cada
movimiento.
La belleza es impresionante, mi cerebro dirige uno de mis pies a la puerta de
emergencia, le digo a mi pie que quien manda soy yo y me dirijo como un crío
entusiasmado a la verde pradera; cuando llego me descalzo porque quiero sentir
esta grandiosidad; piso el hermoso manto, mi cerebro responde con un fuerte
dolor de cabeza y por un momento mis miembros no obedecen, tomo el mando. Con
los pies desnudos piso la hierba y las cuchillas de forma indolora crean
profundos cortes en las plantas de mis pies, pero no tiene precio lo que siento;
este dulce tacto es como un bálsamo. Resbala mi alma por su turgencia y mis pies
desfallecen porque los tendones de la planta se han destrozado y asoman como
tiras blancas con lunares rojos; precioso.
Hasta mi cuerpo entra en sintonía con esta belleza.
Las uñas de mis dedos han desaparecido y siento que ya me falta algo de sangre;
mi cerebro dice que queda poco tiempo: "date prisa, hijo puta loco, nos vas a
matar, nos estás matando".
Un dolor sube de forma electrizante desde mis pies y me atenaza los testículos.
Los dedos de mis pies se contraen, se retraen hacia el interior hundiéndose en
el manto y las puntas de esta hermosa hierba se clavan hasta el hueso
descarnándolos.
Los pies no me aguantan más, no quedan tendones, tan solo veo el hueso
descarnado del empeine y caigo al suelo y me revuelco en la hierba. Mi cerebro
ya no existe, es tan sólo un pasajero dormido. Muy dormido.
Una brizna de hierba ha debido cortar algún nervio porque la parte derecha de mi
cuerpo se ha quedado inmóvil y tan sólo puedo reptar dándome la vuelta del otro
lado; la hermosa hierba me acoge y me mece y parece arrastrarme con dulzura; me
quiere y me adora.
Y no puedo ver bien, la sangre tiñe mi rostro y me llevo la mano al ojo y no lo
tengo, hay un filamento carnoso colgando, aparte de esto me faltan dos dedos.
Sigo mi arrastre y suena a tela rota, (me es igual, ya me compraré otro
pantalón). Intento abrir la boca para gritar de alegría y la mandíbula inferior
se desencaja, los músculos están seccionados y no se aguanta en el sitio.
Siento un poco de miedo porque creo que voy a morir, voy a dejar de ver tanta
belleza; porque no es el pantalón el que se me ha roto, es mi vientre que ha
dejado en el camino el intestino cortado en pequeños trozos desgarrados.
Y no lloro de felicidad porque ya no sé donde se encuentra mi cara.
Siento un dolor creciente mientras el sol se oculta y el ocaso lo torna todo
mágico.
Saturado.
Me palpo el pecho por un picor, mis pezones han desaparecido y toco directamente
mis costillas pero; esto ya no duele.
Quiero ser esta belleza; un hermoso matrimonio de mi sangre con esta
espectacular naturaleza a la que el viento arranca tañidos metálicos. Tal vez me
duerma un rato... Me siento cansado y abrumado por este paraíso turgente y
cortante.
Buenas noches vida, no hace falta que vuelvas. Estoy bien así.

Iconoclasta

#224 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 8 de Mayo, 2009 10:16 pm
Asunto: 666 en Ciudad Juárez
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No existe mejor sitio para matar, despedazar y exterminar, donde el asesinato,
la cobardía y la falta de cerebro en los primates es algo

común y cotidiano.
Una de las abundantes ciudades que cumplen estas expectativas, es Ciudad Juárez.
Aquí me puedo mover con total impunidad (tranquilidad) y nadie se extraña cuando
los muertos se pudren por docenas en cualquiera de esos

barrios pobres construidos encima del polvo.
Matar a doce primates en un lugar como éste, se hace más rápido de lo que tarda
el sol en prolongar veinticinco centímetros la sombra de

la cruz de Jesucristo el loco.
A veces tardo más llevado por la concentración y el sufrimiento de los monos.
Lo verdaderamente hermoso de estos lugares, es que aunque sus gentes estén
habituadas al dolor y a la constante del  miedo, cuando los

matas sufren como cualquier otro primate o incluso más. Esta tierra ardiente,
también les da un calor extraño a sus pasiones y amplifica

dolores y penas. Pero no las alegrías.
Se mortifican en su agonía pensando que no es justo que tan mal vivir, acabe con
una muerte tan cruel y dolorosa.
Mueren pensando que la vida es una mierda.
A veces los primates tenéis algún arranque de sabiduría.
Cuanto más se acerca uno a la frontera con Estados Unidos, los barrios de Ciudad
Juárez degeneran y las casas se convierten en módulos

prefabricados y barracones con techo metálico que alguna grúa ha dejado caer por
accidente en mitad de un barrizal. El asfalto se

convierte en polvo y las casas se distancian cada vez más unas de otras para
dejar espacio a la basura, la mierda y los escondrijos de

droga.
No es difícil pasar las ruedas de mi Aston Martin por el cadáver de una cría de
primate.
—Detén el coche, mi Señor, quiero sus ojos.
Hemos pasado por encima de un primate de unos doce años con la espalda manchada
de sangre, por el retrovisor puedo ver las piernas

destrozadas por los neumáticos de mi excelente coche. De cualquier forma, no ha
debido sentir dolor por haberle aplastado la patas,

seguramente está muerto o insensible con la espina dorsal deshecha por el
balazo.
A los niños los matan como aviso a sus padres, que en su mayor parte se dedican
a trapichear con las drogas de los capos, para que

entiendan que han de seguir trabajando para ellos sin robarles un solo centavo.
No hay mayor muestra de crueldad que matar a un hijo.

Los primates os escudáis en vuestra descendencia y los muertos para justificar
la cobardía y el abuso a otros.
Yo mato cachorros de primates a menudo, aunque me parece bastante aburrido.
Mueren enseguida y sin gritar demasiado. A medida que los

primates crecen, se hacen más miedosos y su capacidad para soportar el dolor
mengua.
La Dama Oscura se lleva la mano entre las piernas y saca de ahí (como me gusta
pensar que de su coño) un puñal de doble filo. Afilado

como un estilete.
Por el espejo retrovisor veo su culo. La falda cortísima se la ha subido y sé
que no lleva bragas, porque ha dejado una mancha oscura en

la tapicería del asiento.
Siempre está caliente, penetrable, follable, violable...
El calor es insoportable y forma una atmósfera densa como la mantequilla. Los
olores a mala comida y excrementos de la única calle de

este poblado lo empeora todo. Aún así, he bajado las ventanillas del coche y
apagado el climatizador.
Llegado el momento de mi gozo, me gusta sudar, me da un aire más patológico.
Cuando los párpados se me escaldan, mi visión vira al rojo, la ira se desata con
rapidez y mi odio llega a matar con sólo aproximarme a

mi presa.
Mi Dama Oscura arrastra el cadáver del pequeño y lo cuelga de la puerta del
coche, doblado en el vano de la ventanilla. Sus largos

cabellos sucios se apoyan en la blanca tapicería y siento deseos de arrancar
esos repugnantes pelos de su muerta cabeza y follarme a la

Dama Oscura frente al inmóvil primate.
—¿Quieres su alma? —me pregunta mirándome intensamente, con expectación.
Elevo la cabeza de la cría de primate cogiendo sus cabellos y uno mi boca a sus
labios muertos, siento el aliento de la podredumbre

invadir mis correosos pulmones. Las vísceras han comenzado a descomponerse, es
la muerte pura.
Su alma aún está perdida, no acaba de asimilar la muerte del cuerpo y sigue ahí,
como el cachorro que se hace un ovillo junto a su madre

muerta. Está perdida, su alma está asustada, lo siento gritar, y a medida que me
trago su alma, siento su miedo entrar como un torrente

en mi ser.
-Soy Dios —siseo con el pene dolorosamente erecto.
Cuando acabo con él y lanzo la carcasa hacia la calle, la Dama Oscura le extirpa
sus vulgares y mediocres ojos pardos y me los muestra

en la palma de su mano.
—Para sus padres. Están ahí, escondidos en algún lugar.
Con toda probabilidad, el macho y la hembra están vivos. Los primates cuanto más
pobres más se reproducen; por lo tanto es de suponer

que tengan más hijos. En muchas civilizaciones simplonas, tener muchos hijos
hace del macho un reproductor digno de admirar y suelen

exhibir a su hembra preñada por sus territorios.
Cuando una familia se queda sin hijos, los sicarios de los señores de la droga,
decapitan al matrimonio y exponen sus cabezas durante

unos días en la puerta de su casa.
El sol cae tan vertical que ni siquiera los perros que se meten bajo el suelo de
los barracones, nos ladran. Desde que hemos dejado el

cadáver, hemos recorrido ochocientos metros lentamente, haciéndonos ver y oír.
Dos cadáveres de adultos machos, se encontraban a pocos

metros el uno del otro.
Los pezones de la Dama Oscura se marcan rotundos contra la sutil tela de seda de
la blusa rosa pálido de Versace, que contrasta

gozosamente con su minifalda negra.
Por su escote bajan gotas de sudor en las que empapo mis dedos. Cuando oprimo su
pecho, ella lleva la mano a mis genitales y todo es

fuego.
Ha separado sus piernas, sus muslos están brillantes de humedad, y sangre. Se ha
tocado con los dedos manchados.
En su puño, derecho mantiene los ojos infantiles ciegos a pesar de estar
tremendamente abiertos.
Son las dos y media de la tarde y cuando paro el motor del coche, se extiende
por todo el poblado un silencio sepulcral. Una vez los

oídos se han acostumbrado, se capta la actividad en las casas: televisores,
gritos, murmullos, peleas.
De una casa se escuchan los llantos de una hembra, la madre del primate. El
padre calla, seguramente colocado con la mercancía con la

que trapichea en la ciudad; coca, mescalina... Hay demasiados cactus de peyote
en este árido poblado.
—¡Miguel deja de beber, cabrón! Nuestro hijo está ahí fuera pudriéndose.
—¡Calla Juanita! Preocúpate de Sara, la vas a despertar; ándale puta. ¿No sabes
que Don Senén no deja retirar los cuerpos hasta el

anochecer? Matarían a Sarita también si nos traemos a Julito.
—¡Cobarde chingón!
Lo bueno de estos primates es que sus conversaciones, son cortas y así tanta
deficiencia mental, no se llega a hacer pesada. Cuando

descuartizas a un intelectual, no calla ni bajo el agua; encuentra cientos de
razones convincentes para él por las que seguir viviendo.
Estamos frente a la puerta de la casa y siento que nos vigilan desde las
ventanas de la casas vecinas: he escuchado cerraduras girar

para asegurar la puerta y algunos televisores han bajado su volumen. Los
miserables están muy cerca de parecer animales y conservan sus

instintos casi como lo tenían antes de evolucionar. Si hubiéramos sido unos
vulgares primates de turistas, nos habrían robado el coche y

secuestrado, tal vez lo intenten. Siempre hay algún mono que destaca por ser más
tarado que otros.
Clavado entre los omoplatos, siento el metal del puñal latir por salir y cortar
carne de mono. En la sobaquera, bajo la americana de

lino beige, pesa con orgullo una Desert Eagle Mark XIX, 44 magnum. Es excesivo
este calibre para los disparos que buscan intimidar o

inmovilizar, puesto que causa hemorragias masivas, muy intensas y arranca
importantes trozos de carne y hueso.
Si se me acabaran las balas, les arrancaré la vida a mordiscos.
Los idiotas, pobres y cobardes jamás se ayudan entre sí, será raro que alguien
intente ayudarlos mientras los destrozamos. Piensan que

somos los importantes amigos del capo del cártel local.

La Dama Oscura se ha abierto la camisa arrancando los botones y sus pechos
asoman libres y enhiestos, musculosos... Bajo la cabeza hasta

coger un pezón entre los dientes y lo amenazo con una presión contenida. Ella
cierra los ojos y separa las piernas llevándose un dedo a

la raja; si le arrancara este duro pezón, se correría ante mí con el seno
manando sangre.
Entraría en esa repugnante madriguera de primates con ella clavada en mí.
Estoy tan caliente que le reventaría todos los agujeros de su puto y deseado
cuerpo.
Es hora de matar y morir. Del grito que rasgue esta cortina de calor ponzoñoso.
No es uno de los lugares más peligrosos del mundo, hoy

será el más doloroso y temeroso.
De una patada abro la puerta y el primer disparo va directo a la cama donde
duerme Sarita. Cuando recibe el impacto de la bala, la

primate de unos cuatro o cinco años, se golpea contra la pared a la vez que sus
brazos se elevan como los de una muñeca rota. La sangre

ha dibujado una mancha con forma de cresta de gallina en la sucia pared. De su
desnuda espalda asoma un trozo de columna vertebral rota.
—Vamos güey. Es hora de morir. Y chingarse a la Juani. ¿Cómo lo ves?
Aún está mirando mi cañón humeante y no creo que haya asimilado mis palabras.
Estoy ante él, lo suficientemente cerca para que su

borracha nariz capte mi olor corporal a carne en descomposición. Cuando intenta
reaccionar ya es tarde, y le he clavado el puñal por

debajo de la axila izquierda, justo entre dos costillas. He atravesado el pulmón
y hace ruido a fuelle roto al respirar.
Por supuesto no puede lanzar grandes gritos, sólo una aguada sangre comienza a
manar de su hocico y boca. Su torso esquelético  se hunde

desmesuradamente para captar un aire que no le da consuelo.
La Juanita no ha gritado, la Dama Oscura la mantiene amordazada con su mano y ha
clavado su fino puñal bajo la teta izquierda. En su

blusa blanca y sucia, se extiende lentamente un manchurrón de sangre.
Lamería esa sangre que mana por la morena piel de la primate.
La Dama Oscura obliga a coger a la Juani los ojos de su hijo y al verlos intenta
zafarse de la presa. La Dama Oscura lleva el puñal al

sexo.
—¿Te apetece este consolador? Si te sigues moviendo, te lo meteré para que te
folles con él.
El primate no hace ni caso. Un macho de su edad, normalmente aguanta mejor el
tipo ante estas heridas, pero Miguel no debe ser un hombre

fuerte ni muy sano. Le doy un manotazo al mango del cuchillo que se mantiene
firme contra su piel y cae al suelo hecho un guiñapo,

haciendo ruido al intentar coger más aire. Error, cuanto más fuerza el pulmón,
más se llena de sangre.
—No me he quedado ni con un peso de la mercancía de Don Senén, se lo juro,
señor.
—A mí eso me da igual, lo que quiero es hacer una obra de arte con vosotros.
Dicen que este es un mal lugar para vivir. Que convivís

tanto con la muerte, y sois tan violentos, que no hay nada parecido en todo el
planeta. Mentira, puedo hacer que empeore.
Le desclavo el cuchillo sin ningún cuidado, corto el pantalón por la cinturilla
y como no se está quieto, le hago un profundo corte en

la cresta ilíaca, no me gusta el roce del filo con el hueso. Me da dentera, soy
un dios delicado.
Si no fuera por el humor...
Como es normal, no lleva calzoncillos, lo agarro por los genitales y lo obligo a
ponerse en pie.
—Llama a Don Senén y dile que has perdido parte de su mercancía, que esta tarde
no podrás acercarte a la ciudad para venderla. Y dile

también, que te traiga pasta o quemas la coca que te queda.
Lo que pretendo con esto, es que los primates se acerquen a mí, y no hay nada
más efectivo como el último mono de la manada, retando al

jefe. Vendrá.
Le entrego mi teléfono y durante una eternidad marca los números en el teclado.
La Dama Oscura, manosea el coño de la primate mirándome

con una sonrisa burlona. La primate llora y parece decir el nombre de su macho
en una estúpida letanía.
De su coño mana el olor a hembra preñada y es por ello que la Dama Oscura
acaricia su vientre con sádica ternura.
A través de la ventana, del comedor-cocina-dormitorio-fumadero de esta choza,
puedo ver al vecino de enfrente fisgar. A mí se me da bien

matar con lo que sea, y si hubiera habido cuatro ventanas por en medio, le
hubiera reventado la cabeza con la misma precisión.
A los pocos segundos, sale una mujer de dentro de la casa, seguida por dos
jóvenes.
A la hembra le acierto en un seno y se le desintegra en el aire como un balón. A
uno de los jóvenes le vuelo la cabeza y al otro le

encajo una bala en la barriga; ahora un riñón cuelga por la salida de la bala.
Éste y la hembra, quedan tendidos en el polvoriento suelo

retorciéndose bajo el sol abrasador. Los únicos que se acercan a ellos, son los
famélicos perros que lamen la sangre que mana de sus

cuerpos y muerden tímidamente la carne cruda de las heridas.
Me está entrando hambre.
Los perros se pelean por la comida y sus rugidos me hacen sentir bien, se
parecen a mis crueles en mi oscura y húmeda cueva.
Cojo una de las manos de Miguel, le fuerzo a que las extienda en la mesa y con
la culata de la Desert, le reviento los dedos. Escupe

sangre cada vez más espesa, le queda poco tiempo hasta que la hemorragia le
colapse el pulmón sano. Le rompo la otra mano también

asegurándome que no las podrá usar en lo poco que le queda de vida, clavo mi
puñal en la mesa atravesando su pene. El glande parece una

cabeza casi decapitada. Y contra todo pronóstico, ha gritado el primate; poco
pero lo suficiente para que mi Dama Oscura se excite y

acerque la mano para acariciar el ensangrentado pene clavado a la mesa, como si
fuera un trozo de Jesucristo. El primate resopla y

resopla moviendo espasmódicamente los brazos pero sin tirar de la polla, el
dolor los hace inteligentes.
Me arrodillo frente a la Juani, le arranco la falda negra y las gruesas bragas
de algodón. Hundo la lengua en su coño. No la noto

predispuesta, así que tengo que invadir su mente. Cuando mis dientes amenazan su
clítoris, el flujo empieza a manar y se olvida de la

herida de su teta para gemir como una perra en celo con mi lengua hurgando su
apestoso coño.
La Dama Oscura hunde el cuchillo en su vientre sin que la primate se percate,
siento sus orgasmos en mi lengua. Y la sangre que baja por

su monte de Venus viene a mi boca con todo su intenso sabor.
Cuando corta hacia un lado, he de apartar los intestinos de mis ojos para no
perder visión. El Miguel intenta por todos los medios

mantenerse en pie de puntillas para no rasgar definitiva y dolorosamente el pene
tan bien fijado a la mesa.
Y así, ante el dolor del macho y el enfermizo placer de su hembra, de mi pene
mana tranquilo un semen espeso que provoca un círculo

oscuro en mis pantalones caquis. A veces me corro con la misma tranquilidad que
si me meara. Para eso soy un dios. Vosotros no lo

intentéis, o simplemente os mearéis encima.
La Dama Oscura se está masturbando con la mano oculta tras las nalgas de la mona
que se me está corriendo en la boca. Su respiración

profunda se transmite hasta a los huesos de la mona.
Sin dejar de lamer en su coño, hundo los dedos en su vientre y encuentro el feto
que arranco de un tirón.
Y ahora, es el momento en el que dejo de presionar su mente y dejo que la
naturaleza siga su curso. De una patada la echamos a la calle

para que el poblado se haga una idea de lo que está ocurriendo. El dolor de la
Juani se extiende por toda la tierra caliente. Tropieza

con sus propias tripas al bajar el escalón de la casa y cae de bruces al suelo
provocando un extraño y sucio barro con la sangre.
Hago girar entre mis dedos el feto de primate y lo dejo al lado de la polla
destrozada de Miguel que aún sigue pegado a ella. No parece

haber prestado mucha atención a su mujer y se tambalea casi ya desmayado. Sin
fuerzas para mantenerse en pie. Dentro de unos segundos,

le importará muy poco lo que le queda de pene y decidirá que es mucho mejor
dejarse caer y morir de una puta vez.
Pero morirá cuando yo diga y en el preciso instante que me plazca y ningún ser
vivo, animal, humano o divino podrá distraer mi atención

del dolor de este primate. Sufrirá lo que yo crea necesario.
Le arranco una oreja de un bocado y a pesar de que me desagrada su sabor, me la
trago ante sus enloquecidos ojos.
Dos todoterrenos y una ridícula limusina blanca ruedan por la única calle del
pueblo levantando una polvareda tras ellos. Salimos a la

calle.
Un perro ha entrado en la casa y lame el pene destrozado de Miguel subiendo las
patas delanteras sobre la mesa.
La Dama Oscura se unta con sangre el rasurado monte de Venus y yo me toco el
pene distraídamente observando los vehículos avanzar.
Lo normal para una pistola de este calibre, es disparar a diez metros, pero 
vosotros no intentéis hacerlo a sesenta metros como yo,

fallaríais.
Con ocho disparos, mato a los siete sicarios que van sentados en los furgones de
los todo terreno. Cambio el cargador y ya se encuentran

los vehículos a cuarenta metros.
Mato a los conductores y las lunas delanteras, se cubren de sesos y sangre.
La limusina es blindada y sólo he podido reventar los faros.
—Mi Oscura, colócate tras de mí.
Y lo hace, mete una mano en la bragueta de mi pantalón y apresa el glande
amoratado de sangre, resbaladizo y mojado. Sabe que cuando me

toca la polla, mi odio se acentúa hasta derretir la materia que me rodea. Ahora
me masturba y mis ojos se tornan rendijas donde el odio

se confunde con el placer y la muerte es mi vida, el dolor mi fin.
Deseo mataros a todos y que ni uno solo de vosotros deje de gritar hasta su
último aliento.
—¡Miguelito! ¿Qué has hecho, güey? Don Senén quiere hablar contigo, sal de ahí o
quemaremos la casa.
Es uno de los esclavos de Don Senén, el matón que va al lado del conductor.
Cuando deja de gritar, el potente ruido del motor del

Cadillac, apaga cualquier otro sonido.
—¿Eh güey? Te lo saco ahora ¿vale? Espera y te pongo al Miguel delante de las
narices.
La Dama Oscura se toca obscenamente frente al matón mientras entro de nuevo en
la casa.
—Ya está, Miguel. Te quedan unos segundos de vida. Saluda a ese marica de dios,
no quiero tu alma apestosa.
Dicho esto, tiro de sus hombros hasta liberar su pene clavado a la mesa. Ahora
entre las piernas tiene una especie de carne picada que

le cuelga lastimosamente.
Lo acerco a la puerta de la casa.
—¿Quieríais esto?
El sicario me apunta muy profesional él, con las piernas separadas  y bien
afianzadas, con la automática sujeta con ambas manos.
Pego la cabeza del cañón a la sien de Miguel. Tras la detonación, de la cabeza
del primate sólo queda colgando del cuello la mandíbula

inferior.
Ya os lo he dicho: disparar con este calibre es una auténtica gozada. Da igual
que disparéis a blancos, negros o asiáticos, niños, o

embarazadas. Compráosla, la disfrutaréis.
Y ya como me apetece, le pego un tiro en la rodilla al pistolero de Don Senén.
Dejo caer la carcasa de Miguel fuera de la vivienda y con el cuchillo aún sucio
de sangre, le corto los testículos al pistolero. Grita

como un cochino.
Le he metido sus propios huevos en la boca a modo de mordaza.
La Dama Oscura acaricia la herida de su entrepierna, y se unta los pechos con la
sangre.
El chófer ha salido y dispara, una bala indolora se clava en mi abdomen y me da
risa.
Le acierto de un balazo en la boca y dientes y huesos quedan estampados en el
techo del blanco vehículo.
Lo blanco me trae siempre a la memoria la vanidad de Dios y su pretendida pureza
y toda esa mierda. Los ángeles no follan porque no

tienen coño ni polla, pero si por ellos fueran, se tirarían a los putos
apóstoles. Los muy promiscuos...
Dios ha tapado el sol con una nube, siempre hace eso cuando los primates gritan
demasiado. Cuando siente envidia de mi poder.
La Dama Oscura ha pegado su vagina a la boca del primate que está perdiendo la
vida por el agujero de sus cojones. La boca rellena de

testículos que intenta respirar masajea accidentalmente su vagina siempre
brillante, resbaladiza, húmeda.
Don Senén es un macho de cuarenta y pocos años, viste traje de lino blanco.
Oculta el rostro tras sus manos cuando abro la puerta y le

apunto con el arma a la cara.
No me quedan balas.
Saco mi puñal de entre los omoplatos y lo clavo en su muslo, tiro del cuchillo y
él con gritos y prisa, corre por el asiento hacia a mí.
Recupero mi cuchillo y sale un chorrito pequeño de sangre.
—¡Así, así, así...! —grita en pleno orgasmo la Dama Oscura.
Su ensangrentado monte de Venus me excita. Sus pezones hirientemente duros
provocan que se deslicen dos gotas de fluido de mi glande,

que se extienden por el pantalón. Da igual la humedad, sea de donde sea, es
bienvenida en este lugar.
—Ándele, don Senén. Entre en nuestra casa, que tenemos que hablar de lo que vale
de verdad la vida y del dolor. Pero no tengo mescalina,

ni coca para amenizar la charla.
Le doy una patada en el culo y le obligo a caminar. La Dama Oscura está sudando
y con el fino estilete, dibuja una amplia sonrisa en la

garganta del moribundo. No se ha molestado en sacarle los cojones de la boca.
—¿Quiénes sois? ¿Os envía Alcázar? Yo os pagaré el doble, ese cabrón tiene los
días contados. Una patrulla del ejército viene para acá.

Y espero que estéis de mi lado cuando lleguen.
—Calla, idiota.
Le he empujado reteníendome de clavarle el puñal en la médula.
Cuando entramos en la casa de Miguel y Juani, el acre olor de la sangre se
extiende por la estancia. El perro está lamiendo la sangre

espesa de la pequeña Sarita.
El feto aún permanece en la mesa. Me pregunto porque, si Dios es tan perfecto,
os hace pasar el mal trago de la gestación en lugar de

nacer ya formados.
Le encanta que sufráis, es un hipócrita vuestro dios. Todos los dioses lo son.
Sólo yo cuento verdades y no prometo nada.
Margaritas a los cerdos, nunca entenderéis nada, Dios os creó idiotas.
Agarro el feto y obligo a Don Senén a tumbarse de espaldas en la mesa, dejo que
aplaste el glande de Miguel con su espalda.
La Dama Oscura se ha arrodillado frente a mí, ha sacado mi endurecido pene y se
lo ha llevado a la boca.
Crispo los dedos de los pies de puro placer.
—A ver, Senén. ¿Cuántos de los capos habéis muerto en las últimas semanas?
—Ninguno.

—¿Y no os aburre matar siempre a estos monos?
Mi Dama produce fuertes ruidos de succión con la felación y siento que me va a
estallar el pene entre sus labios.
La obligo a que se ponga en pie, la tumbo encima del pecho de Senén y la penetro
furiosamente. Sus pechos se mueven frenéticos con las

embestidas y sus muslos tiemblan como gelatina.
El estilete continúa en su mano, tan peligroso como su coño, como su amor por
mí. Contrayendo su coño, oprimiendo mi polla dentro de

ella, clava el cuchillo en la ingle de Don Senén. Es precioso el contraste de la
sangre en el lino blanco. No es una sangre muy clara,

así que presumiblemente ha pinchado un ganglio linfático y duele tanto que Don
Senene no deja de subir su abdomen arriba y abajo para

sacarse a mi Dama de encima. Y me ayuda follarla sin que lo sepa.
Si quieres que un primate haga lo que quieras, le has de proporcionar un dolor
sin contemplaciones. Sólo de esa forma, puedes conseguir

una total atención.
Cuando suelto mi carga de leche, la Dama Oscura se golpea el clítoris con tanta
fuerza que temo que se lo rompa.
Se corre, se corre como una puta. Como una perra en celo.
Con la polla aún tiesa me acerco hasta el rostro de Don Senén.
—¡Estáis muertos, hijoputas!
Me molesta que un primate me dirija la palabra y le meto el pequeño feto en la
boca. Le clavo el puñal en la glotis, cortándola con

cuidado para que no se me desangre enseguida.
Ahora sus ojos se abren desmesuradamente, la Dama Oscura está clavando sus manos
a la mesa con unos clavos y un martillo que se

encontraba en un capazo a la entrada de la casa.
—No me jodas, Senencito, que tú eres uno de los grandes asesinos de este poblado
de miserables.  Que tú, primate de mierda, has sido

capaz de imponer el terror entre esta piara de idiotas. Eres sólo un hombre, un
mono. No deberías haber usurpado el poder de un dios —le

sermoneo dirigiéndome ahora a su pies.
Le estoy tatuando 666 en la planta del pie con mi cuchillo.
No, no corro ningún peligro de que me de una patada, la Dama Oscura a encontrado
clavos muy largos y se los ha clavado en ambas rótulas

también.
Las piernecitas del feto asoman por entre sus labios dándole un aire lastimoso.
Tanto poderío y ahora se ha convertido en un vulgar.
No necesito milagros para transformar a los hombres.
Huele a mierda. Senén se ha cagado y meado encima.
Es normal que pasen estas cosas, cuando el primate está sometido a un fuerte
dolor durante cierto tiempo, pierde el control del esfínter

y la próstata  y así, una vida que ya de por sí es mediocre, acaba de una forma
humillante. Aunque no creo que les importe mucho morirse

con dignidad, de hecho, sé que no quiere morir.
Mi Dama Oscura observa mi mano cortar la piel, jadeando aún por el esfuerzo de
clavar a Senén en la mesa. Es adorable y me acerco a ella

para besar sus labios y hundir mi lengua en su boca. Chuparla por dentro...
Su alma me dice que quiere unirse a mí.
—Aún no, mi perra preciosa. Eres mía te parieron para mí. Mi esclava...
Se relaja, la siento feliz.
Me aburro de estar aquí, me apetece acercarme al centro de la ciudad para tomar
algo fresco y subir al hotel y follarla mil veces.
Lo cierto es que es tan repetitivo matar, que empiezo a perder el interés por
verlos sufrir.
Me acerco ahora al rostro bien tonifiicado y bronceado de Senén, le hago un
corte continuo bordeando su cara por debajo de los maxilares

hasta llegar al cabello elegantemente implantado en su frente.
De un tirón le arranco la cara, ha sido casi perfecto. Lástima que el labio
superior se haya roto. Me encanta cuando gritan, ni ellos

mismos saben de lo que son capaces de emitir.
Mi Dama se acerca con un salero y espolvorea el tejido ensangrentado con él.
Eso duele. Duele tanto que ha conseguido escupir el feto. Ha caído al suelo  y
el perro se lo come con voracidad. A veces mato perros

también por puro aburrimiento y le he cortado el cuello.
Cuando empiezo una faena la acabo y nunca dejo un ser vivo que pueda ser testigo
de mi sacratísima maldad. Y si apareciera una rata, le

arrancaría la cabeza de un bocado.
Cuelgo el rostro del primate en el pomo de la puerta de entrada.
—Vámonos de aquí, mi Dama. Hace demasiada calor.
Me muestra el arma del matón de la limusina. con una sonrisa y una mirada
suplicante.
Acepto.
Abandonamos el Aston Martin en este sucio poblado y volvemos caminando al hotel,
por donde hemos venido; entrando en las casas,

degollando y tiroteando todo lo que sea humano, todo lo que se ha creado a
imagen y semejanza de Dios. Si supiera que cada primate

muerto es una herida a Dios, acabaría con toda la humanidad en un instante. Una
columna de soldados está acercándose al poblado, tal y

como dijo Senén.
Aquí ahora sólo huele a muerte y al coño húmedo y hambriento de mi Dama Oscura.
Mi pene se encabrita...  Mis dedos se hunden en su raja

y ella me llama Dios.
Dejaremos que vivan los militares, sólo un tiempo más.
El ángel Sienidín, canta un aria divina bajo el ardiente sol. Sus músculos se
marcan bajo la túnica blanca y sus poderosas alas se baten dulcemente. Le lanzo
una patada de polvo para que se calle de una puta vez.
—¿Por qué no le llevas a Dios el rostro de su imagen y semejanza? Se llama
Senén? Que se cubra su bondadoso pene con ese pellejo.
Dicen que en Ciudad Juárez hay una media de doscientos cincuenta asesinatos al
mes. Gracias a nosotros, batirá records esta semana.
Aunque noventa primates tampoco es como para tirar cohetes. He hecho mejores
trabajos.
Pero quedan miles, millones.
Mi odio no se calma, se calienta cada día más como el planeta, como este sucio y
polvoriento suelo.
Dejadme, mi Dama Oscura me está masturbando, no quiero hablar más.
Os contaré más crueldades, más aventuras. Secretos...
Siempre sangriento: 666.

Iconoclasta

#223 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mié, 29 de Abr, 2009 3:03 pm
Asunto: Máster en Sonrisa Inteligente
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Es hora, mis graves alumnos, de sonreír.
¿Por qué es necesario para vosotros este Máster en Sonrisa Inteligente?
Muy sencillo, la risa se ha convertido en una necesidad social. Sonreír y ser
jovial es una obligación, un requisito cuasi indispensable para ser aceptado
como persona grata a grandes rasgos.
Cuando se entra en detalle, hay muy pocas personas gratas; creo que sólo los que
os habéis matriculado en este máster, un servidor y alguno más que no hemos
tenido la suerte de encontrar.
Y vosotros, no acabáis de hallar la razón para sonreír siempre. La Universidad
de la Risa de los Seres que Guardan un Lamento en el Alma, no busca razones
vanas. No formamos hipócritas, sólo os enseñamos algunos consejos básicos para
poder sobrevivir en un medio que os es hostil. Sonreiréis con el pleno
convencimiento de que no sois idiotas.
Os educamos en la Sonrisa Inteligente porque estáis solos y no hay nadie que os
pueda ayudar.
Mis queridos tristes, vais a sonreír en muy pocas horas y detendréis con esa
sonrisa el palpitar del corazón que tengáis delante. Sea por vuestra sonrisa
irónica o franca.
El Máster de Sonrisa Inteligente para Seres Tristes (MSIST) se ha creado para
combatir la sonrisa hipócrita y fácil.
La sonrisa vana que nos aburre. La sonrisa de la mediocridad, el miedo y el
prejuicio.
Es una paradoja que para poder sonreír, hayáis tenido que llorar ante el
desmesurado importe de la cuota.
Podemos empezar a reír con esta guasa; pero poco, lo suficiente para calentar
los músculos. Vuestros maseteros están un poco atrofiados y no quiero que os
lesionéis. Se nota a la legua que no estáis acostumbrados a esta actividad.
¿No es cierto que alguno de vosotros ha vomitado ante un sonriente pertinaz y
latoso? Uno de esos que tiene más años que un galápago y se comporta como un
adolescente descerebrado.
Si queréis sonreír,  recordad su cara, no su sonrisa; porque si la evocáis de
nuevo, no dejaréis de vomitar. Sólo tenéis que recordar vuestro vómito regando
su ropa y sus ojos desmesuradamente abiertos. Recordad ese momento en el que su
risa se transforma en una interjección de sorpresa y sus ojos se empequeñecen
con ira. Los que sonríen son falaces, son víboras de incógnito.
Así me gusta, esa media sonrisa es importante, alumnos míos.
¿Os acordáis de aquello: medio mundo se ríe del otro medio?
Pues ahora sois el medio que ríe y el vómito marca al medio que llora.
¿No es deliciosa la justicia natural del planeta que reparte risas y vómitos tan
equitativamente?
Sí, ya sé que os importa un carajo cada una de las mitades sonrientes, porque
vosotros no pertenecéis a ninguna mitad de esas que amagan su hipocresía con un
disfraz jocoso y animado. Ni siquiera lloráis ostentosamente. Nos pasa que
vivimos entre la multitud porque no pudimos elegir. Vivimos sin ser ellos,
vivimos incrustados, no integrados.
La mediocridad no es un buen lugar para la sonrisa natural. No hay tantos
motivos.
Deberíais hablar seriamente con vuestros progenitores por haberos traído a un
lugar y tiempo en el que la sonrisa os provoca náuseas.
Aunque no todas os dan asco ¿verdad, mis queridos carnales de grave semblante? 
He leído vuestras fichas de admisión y sé que todos amáis y deseáis a alguien y
es su única sonrisa la que conjura como un encanto las necias.
Esta noche, cuando vuestra sonrisa de extraños ojos serios se abra ante ella o
él, seguro que os va a proporcionar un buen rato de excesos carnales.
¡Qué cabrones sois! Ahora sí que se os escapa la risa ¿eh, bandidos? Y yo que
pensaba que os habíais inscrito en el curso por razones metafísicas, por los
amores lejanos e intocables o por los muertos queridos que han jalonado vuestra
vida con tristes controles de avituallamiento de dolor.
Y ahora aquí, unos cuantos tristes se parten a reír por una cuestión de sexo
sudoroso. Sois una gozada, los mejores alumnos que un catedrático podría tener.
Es por esa sonrisa por la que estáis aún vivos y no con las putas venas abiertas
llenando de sangre el suelo del lavabo y lanzando materia orgánica por las
cloacas, en lugar de recogerla en un puto contenedor de residuos orgánicos que
los sonrientes de mierda ponen a vuestra disposición por el bien del medio
ambiente, que es hoy más importante que los ojos llenos de moscas de un niño
muerto de sed.
Disculpad, a veces soy visceral con mis cátedras y me dejo llevar por vuestro
dolor e incomprensión. Por el mío también.
A veces me pregunto si vale la pena arrancarse la profunda sensación de malestar
del rostro.
¿Os acordáis de la sarcástica y maliciosa risa de Cheshire, el gato de Alicia en
el País de las Maravillas? A mí de pequeño me daba miedo. Hoy me gusta, me
parece adultamente sarcástica y burlesca.
Walt Disney era potencialmente peligroso si dibujó esa sonrisa para los niños.
Que siga congelado por muchos siglos.
Me gusta que sonriáis con esa naturalidad en una tranquila charla, sois unos
buenos alumnos. Vuestras sonrisas son agua fresca en un mundo seco y
resquebrajado.
Reímos de los muertos y con los muertos, con ese brillo de tristeza inevitable
en los ojos. No lloréis tan abiertamente, mis pesarosos. Recordad a vuestro hijo
muerto y reíd recordando su voz, sus ademanes y besos; el amor que os teníais.
Dejad que sólo los ojos adquieran esa humedad sabia del dolor y detendréis el
corazón de los hipócritas ante la calidad de vuestra sonrisa. Ante la valentía y
el férreo control de un dolor que es cáncer devorando vuestros pulmones.
¿Comprendéis la poca popularidad de la seriedad en esta sociedad preñada de
miserias y banalidades, de necesidades inventadas y de cielos sin estrellas? De
la sucia luz que refleja asfalto y cemento... Nadie sufre, nadie tiene malos
momentos, todo les va bien. Y sonríen, sonríen sin que nadie se lo pida. Están
domados, condicionados como las ratas en un laberinto.
Si un funcionario, un empresario o un banquero se da cuenta de la gravedad de
vuestro rostro, no podréis obtener trabajo, ni dinero, ni os facilitarán un
trámite. Y todo porque no sonreís, no sois simpáticos cuando el dolor corre como
cuchillas entre vuestro tejido neuronal.
No es sólo cuestión estética, mis apreciados seres de escasa sonrisa. En este
medio, es importante el dinero; porque no nos engañemos el dinero es salud y
bienestar. Comida y cobijo.
Ellos pensarán que sois unos deprimidos, que no aportaréis alegría a la
esclavitud que pretenden venderos. Y eso no es bueno para el negocio ni para la
mente cerrada de un funcionario ante el monitor de su ordenador.
Sólo los que ríen trabajan y rinden al cien por cien. Los que disfrutan con la
porquería de comida del comedor de su empresa. Esa es la creencia.
Pero vosotros no queréis eso, no queréis pagar con imbecilidad vuestro paso por
la vida.
Reíd ante la broma de mal gusto que representa trabajar diez horas a cambio de
apenas nada. Sin siquiera poder mirar a un cielo limpio cuando estáis agotados.
Vamos, pesarosos de la vida. Ese brillo triste de vuestros ojos haría un
espectacular contraste con una sonrisa discreta, aunque sólo sea un amago.
Os haría atractivos para un buen montón de mujeres y hombres con cierta
inteligencia.
Esto es una forma amable y eufemística de deciros que hay tantos cerebros
dañados en el mundo, que muy pocos apreciarán la tragedia de una sonrisa franca
y unos ojos tristes. No es que quiera menospreciar al género humano.
Yo no menosprecio a tantos seres que sólo deberían comer y callar. Reproducirse
bajo los efectos de sus ciclos hormonales y un día, evolucionar a una especie de
rumiante bípedo al cual podamos cazar con total libertad de la misma forma que
Búfalo Bill exterminó al bisonte americano. Los estúpidos tienen una facilidad
roedora para reproducirse y el reino de los cielos está lleno de ratas.
Otra vez... Disculpad de nuevo esta exaltación. Es que me parece injusto que
vosotros tengáis que hacer un máster en sonrisas y los otros ocupen cargos que
les proporcionen dinero o poder. O simplemente respiren sin más función que la
de reír y repetirse que los reyes magos existen aún cuando se tienen treinta
años.
Esto no es serio.
  ¿Lo captáis? Si esto no es serio, es que es cómico.
Vamos... Esa sonrisa.
—Por favor, que el de la fila siete modere su sonrisa. La risa lujuriosa que
provoca el profundo escote de su compañera, no creo que sea adecuada. Sin
embargo, es normal. ¡Qué buena está!
Así, mis amigos, esas risas os vacían un poco de dolor y ansiedad.
No hay que esforzarse mucho cuando nos lo proponemos, siempre hay motivos de
risa. Y cuanto más cruel sea, más eficaz. Que no os preocupe la crueldad.
La crueldad tiene otros responsables.
Una risa cruel es sólo un instinto que parte de nuestra naturaleza. No es ético
reír de quien se cae en la calle de bruces al suelo, sin embargo, no tenéis la
culpa y la vida os ofrece ese momento. Vale la pena aprovecharlo, porque ya ha
habido bastante dolor. Sed animales, sed crueles si es necesario para sonreír.
No dejaréis de ser humanos.
La verdadera sonrisa, aunque joda, pone de manifiesto nuestra naturaleza y sólo
aceptándonos como las bestias que somos, seremos capaces de encontrar verdaderos
momentos hilarantes.
El leproso que intenta sacarse los mocos de la nariz con los nudillos no tiene
nada de jocoso, reíros de lo absurdo, de la importancia que tienen los mocos
cuando no hay dedos. Será una falta leve de ética si vuestros ojos están húmedos
de pesar por algo trágico que no puede abandonaros en ningún momento de vuestra
vida.
Será un crimen cometido por un dictador o un presidente, que ese hombre muera
ahogado por unos mocos que no se ha podido sacar porque no ha querido curarlo
con un par de euros que cuesta el medicamento.
Reíd tranquilos pues.
Vale, he de reconocer que entre mocos y leprosos, esta parte de la lección
resulta un poco escatológica. Pero el rictus concentrado del leproso mientras
intenta engancharlos...
Repórtense, señores. Un poco de seriedad. Tampoco estamos en un concurso de
imitadores. Dejen de hacer eso con los nudillos.
No dejéis de hacerlo con esa sonrisa desinhibida, alumnos de sonrisa trágica.
Pero no os paséis, porque el curso es de cuarenta horas y no quiero que dejéis
de asistir a clase por haber aprendido en sólo unos minutos. Me sentiría solo.
Eso sin contar que os ha costado una pasta.
Mi padre murió hace unas semanas de un infarto. El ascensor estaba estropeado, y
se le escapaba la risa, tenía que bajar siete pisos a pie. Se reía durante el
trayecto en taxi al hospital. Su sonrisa era franca, y sus ojos me decían que me
quería.
Que se moría.
Y yo sonrío con él cada día. Me río de su mala suerte, de un infarto y unas
escaleras. El planeta se asegura de que cada uno muera puntualmente cuando así
lo decide.
Si no es pedir demasiado, y puesto que habéis aprendido mucho, me gustaría que
como ejercicio para hoy le dedicarais una sonrisa imaginando sus bufidos bajando
las escaleras con el corazón partido y rezando un rosario de blasfemias.
Yo dejaré correr unas lágrimas para ser el medio mundo que llora. Pero sólo hoy,
cuando nadie me vea.
Mañana seguiremos con la clase. Sed aplicados, haced los ejercicios.

Iconoclasta

#220 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Vie, 24 de Abr, 2009 11:04 am
Asunto: Amor sereno
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Observa su alrededor con una mirada líquida. Con un desánimo calculado.
La vida ya no le muestra nada, no puede enseñarle nada más; conoce el mundo y su
incapacidad para sorprenderlo.
Goza de una indiferencia serena y cultivada.
No es falta de ilusión, es una sabiduría casi ancestral. Hay un momento en la
vida en el que lo aprendido se olvida. Se debe olvidar para no sentirse
frustrado; para ser uno mismo. O renovar indecencias.
Y por eso su amor también es calmo y pacífico.
Es la simple bocanada de humo del cigarrillo, lo único que aún puede aspirar y
gozar.
El aire es como siempre, no aporta nada nuevo ni limpio.
Aunque esté ella a punto de romper la sucia realidad con su presencia.
No se fía, no puede haber un final feliz cuando toda la vida ha transcurrido
mal. O cuando ni siquiera ha transcurrido.
Ella es humo, es etérea y cuando aspira del cigarrillo, traga su olor y su
esencia. Su historia le ha enseñado que el amor es efímero y la belleza se
disipa como la niebla cuando se agita una mano.
Lo hermoso es un ciervo tímido que al sentirse observado huye.
Ya no hay hormonas efervescentes sacudiendo sus instintos, ahora es sólo un
hombre que se mimetiza entre otros seres adocenados, un camaleón que se confunde
con asfalto y cemento. Pisando mierda de palomas en el suelo y basura destilando
veneno de contenedores rotos.
No es una buena arquitectura para el amor; pero no le importa. Si está ella,
nada molesta.
No es fácil amarla serenamente, requiere toda su atención. Hay detalles que
demuestran que la quiere más adentro de lo que el humo penetra en sus pulmones.
Si tuviera la mano fuera del bolsillo del pantalón, se podría ver como clava las
uñas en la palma al cerrar el puño con ansiedad.
Contiene el amor como el cazador la respiración en el momento de tensar el
gatillo.
Retiene el ardiente humo en los pulmones porque le horroriza pensar que la
pierde.
Cuando aparece por fin por la boca del metro, saca la mano del bolsillo: pende
relajada y abierta. La ruda mano se apresta a prenderse de la amada.
El sonido de los autos se enmudece, y los que respiran a su alrededor, los
ajenos, ya no interfieren en su espacio. Han quedado relegados a un mundo irreal
donde son meras refracciones de luz que se mueven veloces e indefinidas.
Impersonales.
Cuando sonríe la bella y su rostro ilumina su sombrío ánimo, él tiene la certeza
de ser amado; es un hecho. Y el tiempo parece rasgarse y dejar de funcionar; sus
latidos se hacen lentos y espaciados.
Sentirse amado detiene el tiempo y queda colgado durante un segundo eterno de un
amor que pesa hasta arrancarle el aire de los pulmones.
Si pudiera elegir un final feliz, sólo podría ser ese: asfixiado por todo ese
amor que aplasta el tiempo, que lo aplasta a él.
Si alguien prestara atención podría apreciar un ligero temblor en su mano. Es
ansiedad contenida; si se dejara llevar por la emoción, si hiciera caso a lo ya
olvidado en su vida casi gastada, le gritaría; le rogaría que estrechara su mano
ya. "Hace milenios que te espero".
Se ha de morder los labios para no decir lo obvio: que los pulmones le queman de
tanto aspirar su esencia y que necesita su carne para tocar la realidad y algo
terso.
Está cansado de sus manos rudas.
Y no cuesta nada sonreír cuando ella lo hace; no cuesta nada tragarse y olvidar
rencores y errores. Beberse por dentro las lágrimas vertidas.
Debería haber nacido pegado a ella.
Encontrarla en la mitad del camino ha sido arduo y cansado.
A veces desesperanzador como un astronauta se siente en el espacio, lejos de su
nave. Flotando-muriendo.
Un dedo en la sien como el cañón de una pistola, y a solas frente al espejo
ensaya lo que se su cobardía jamás le permitiría hacer. Cobardía... No es
verdad; la verdadera cobardía, es tener esperanzas y ser esclavo del momento
árido que no trae nada.
Es cansado ser valiente e indiferente. Un día, si ella no aparece, y como no
tiene pistola, se meterá la goma del gas en la boca hasta hincharse como un
globo que venden los gitanos en los parques los domingos.
No puede uno engañarse, la bella durmiente no despertó jamás y unas feas llagas
se infectaron y pudrieron su carne.
Es la inamovilidad el tumor del ánimo, uno se hace viejo y agota la vida sin
moverse del mismo momento. Se hacen llagas en la piel que infectan la mente.
Hasta que ella, motor de vida, gira la corona que dará cuerda a su mundo
desértico y monocromo.
Porque sin ella, la vida no tiene esencia. El tabaco sólo es humo acre en su
boca. Y la comida un proceso orgánico. La sed se saciaba con un pequeño trago.
Y ahora bebe con las manos plenas, con ansiedad; la bebe a ella; salpicándose la
camisa.
No deja de ser preocupante que a mitad de la vida todo se haya precipitado tan
deprisa. A pesar de lo que sabe, a pesar de lo olvidado; esa monada de mujer se
ha convertido en su punto de apoyo vital.
Toda su autosuficiencia se ha hecho trizas con ella.
La ventaja es que no necesita ser autosuficiente, es delicioso vivir por ella.
No es habitual, y tampoco puede hacer más daño que pudrirse día a día esperando
que algo cambie.
Maldito cinismo... Aunque a veces ella ríe con él. Está cansada de amores puros
y hombres blancos. Ha olvidado muchas cosas aprendidas también.
Hacen una buena pareja de olvidadizos.
Si el mundo pudiera, los mataría, los descuartizaría en pedazos y los echaría a
los cerdos. El mundo es una bestia de mirada aviesa de sucio pelaje cubierto de
envidia e ignorancia.
Él lo sabe, son cosas que ha podido experimentar toda su vida. El mundo no
perdona que alguien esté bien a pesar de lo que le rodea.
Y ahora la abraza, hunde los dedos en su cabello con la misma fuerza con la que
clava los dedos en la tierra cuando intenta arrancarle los ojos al planeta.
A ella le gusta esa fuerza, le gusta ese odio contenido que transforma el hombre
en pasión por ella, con voluntad, con frialdad.
Y así dos enamorados se encuentran en una calle anónima, en medio de humo y
ruidos de tubos de escape, de voces impersonales y mendigos que piden con las
manos llenas de mierda y verrugas.
Saben que el mundo los mira envidioso, que aquel abrazo sereno de fuerza apenas
contenida, de íntimas lágrimas y de años de búsqueda; es algo que han de pagar
caro.
No se puede ser feliz con tanta serenidad, con tanta voluntad. Nadie puede amar
y ser amado con la alevosía que da la completa comprensión del universo.
Tal vez por eso no se extrañan cuando el uno ve en los ojos del otro la
deflagración que les incinera el cabello y convierte en cenizas la piel.
Tampoco sienten apenas el dolor de los miembros amputados.
No les extraña que precisamente en el mejor momento de su vida, una bomba
colocada en un vehículo por un ajeno, por un extraño a ellos, los haya matado.
Y nadie se ha dado cuenta que por encima del rugido de la deflagración, el mundo
ha soltado una sonrisa prolongada y asmática; el pensamiento universal
abominable, se muerde la mano conteniendo una mala carcajada, observando la
sangrante y serena mano que tiene un mechón de cabello entre los humeantes dedos
muertos.
Los ajenos no saben; los otros, los borrones, corren espantados con las ropas
rasgadas, sin escuchar, oyendo sus propios balidos y temiendo por sus
prescindibles vidas.
Tampoco el mundo ha estado muy atento y no ha podido ver los finos dedos
quemados de la mujer, encañonándose la sien con una sonrisa cínica y
ensangrentada. Riéndose del mundo y de su envidia. Burlándose de la vida, de la
mala vida.

Iconoclasta

#219 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 21 de Abr, 2009 5:08 pm
Asunto: Yo, El pensador
tricuspide34
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Rodin me debió espiar por una ventana hace mil años.

El escultor me vio brillante como el bronce por la mador de mi piel tras
follarla furiosamente; mientras me mordía el puño para ahogar un grito.

¿Pensador yo? No, yo apoyaba mi cabeza en el puño; me senté desnudo después de
haberla follado, intentando no llorar su ausencia.

El pensador era yo cuando ella recogía su ropa con prisa para volver a su casa
con el otro, al que no amaba.

Yo no era un pensador porque no entendía nada, sólo se que la amaba, ciego...

El pensador... Rodin no sabía que yo no pensaba, yo sólo maldecía. Y me comía el
puño con tristeza.

El otro brazo ocultaba mi pene aún húmedo con restos de esperma. Goteaba en mis
tobillos.

Rodin no sabía nada de mi angustia.

Y concluyó que yo pensaba.

Era el dolor desgarrador de quedarme solo, de no tenerla. No había asomo alguno
de raciocinio en ello.

No eran pensamientos, eran emociones sangrantes de mi efímera posesión, de mi
pene aún caliente latiendo por ella.

Por su coño.

Me mordía el puño cuando ella cerraba la puerta y desaparecía; el grito se
convertía en un mordisco que laceraba mis nudillos.

Rodin necesitaba gafas.

Yo no pensaba, mi amor...

Mi vida...

Rodin modeló todas esas emociones creyendo que era la fuerza de un pensamiento.

Y ahora estoy condenado durante toda la eternidad con todo ese deseo y anhelo de
ella, encapsulado en una figura de bronce.

Rodin eternizó un dolor irracional sin saberlo.

Pobre hombre.

Pobre de mí.


Iconoclasta

#218 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 14 de Abr, 2009 5:57 pm
Asunto: 666 Caliente
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Esto es el infierno y el único lugar fresco y húmedo de mi reino es este trono
de piedra sucia de sudor y sangres secas, sangres muertas desleídas en humores
sexuales.
Mis testículos agradecen la caricia del frío y mi pene corrupto se endurece, se
eleva y toma el poder de mi pensamiento.
Soy el Dios Polla que llena y rasga carnes, que escupe un semen hirviendo, una
leche obscena.
Si ese Dios superfluo y homosexual rodeado de sus asexuados querubines asomara
su divino y trino ojo en mi reino, le escupiría con este glande amoratado y
colapsado de sangre y le cegaría con mi zumo de maldad pura.
Soy bestia, soy dios y soy aquello que más se temen y más repugna. No es una
maldición, es mi soberana voluntad. Mi volición firme y desenfrenada.
Pero cuando el ansia se apodera de mí, puedo notar como las hembras primates
sienten que sus sexos laten al compás de las venas que alimentan e irrigan mi
puto pene.
Estoy caliente, ardo.
Cuando no os mato, primates, deseo follaros. Follar y partir en dos con mi rabo
al rojo a las monas, a las primates que más cerca tengo. A las que tienen la
desgracia de estar en un lugar equivocado en un mal tiempo.
El ansia por follar acrecienta de tal modo mi ira, que Dios llena el mundo de
ángeles protectores en esos momentos para evitar la extinción de sus queridos
primates.
Con el pene expandiéndose en mi puño, siento que todo el poder se concentra en
el bálano y podría ahogar este universo idiota que Dios creó, con una andanada
de semen.
Grito, lanzo tal rugido que migas de piedra y polvo caen en finas cortinas desde
el inalcanzable techo de esta oscura y húmeda cueva.
Mis crueles se esconden entre las profundas grietas y mi Dama Oscura se
despereza en la Ara del Dolor. Se libera de las cadenas con las que envuelve su
deseable cuerpo de oscura y suave piel.
Lamible...
Sus pechos pesados y duros hacen ostentación de unos pezones duros y contraídos
y siento su deseo de que mi boca los chupe, los hiera con los dientes. Que la
mortifique mientras su coño suda anhelos.
Se sienta en la piedra y separa sus piernas, de su sexo se desliza un fluido
denso y pegajoso como el que ahora recubre mi glande hipersensibilizado.
A veces consigue que eyacule sin tocarme y le arrancaría su bella cabeza llevado
por el éxtasis de mi placer.
—Tócate 666, mi señor. Que la Maldad hecha bestia, unte mi coño con tu lava
blanca –lo pronuncia en un susurro, pero el eco de su voz retumba en cada piedra
en infinitos lugares.
Su gemido libidinoso es un canto de sirenas.
Le gusta que me masturbe, le encanta cuando gruño y agito con fuerza mi puño;
los testículos pesados y llenos parecen aplastarse con cada sacudida de mi puño.
No soy cuidadoso con mis genitales cuando estoy caliente, salido como un perro
en celo.
Un perro rabioso...
Si ahora se acercara a mí, la penetraría con tal furia, que sentiría aplastarse
la matriz y mis cojones golpearían sus dilatados y resbaladizos labios del coño.
Separaría con mis brazos sus piernas para dejar su sexo indefenso, hasta el
punto de descoyuntarlas.
Le empujaría ese ano duro, plantaría mi glande y empujaría hasta que se mordiera
la lengua de placer-dolor.
La baba de mi pijo ha lubricado el puño y siento que un placer creciente que
tiñe de rojo el aire.
La Dama Oscura acaricia su perla dura, la golpea gimiendo impúdicamente ante mí,
con tal lujuria que pienso que va estallar mi glande. Su presión es
insoportable.
Ante ella estrangulo mi pene, lo castigo por lo que me hace, me ha poseído...
—¡Puta! —Susurro batiendo con fuerza el pene— ¡Puta!
Responde con un gemido, acariciando su sagrada raja abierta con la palma de la
mano. Baja del altar y se acerca a mi trono con los muslos brillantes y húmedos
de sí misma.
Se eleva sobre mis rodillas y pisando los apoyabrazos de negro granito, se clava
a mí. Sus nalgas se abren y la fragancia de su coño llega a mí.
Su coño me cubre, me empapa con su jugo. Su carne resbala en la mía y siento su
coño oprimir mi pene desbocado. Mis testículos hierven, el semen llena los
conductos seminales y me expando en el aire con un embate de placer, llevado por
los espasmos de su coño.
Siento fundirme con ella. Clavo mis dientes en su cuello y atenazo su coño
colmado con una mano, con fuerza, noto su clítoris palpitar ávido de ser
chupado.
Le arranco gemidos que no sabe si son de dolor o placer.
Y siento en mi boca el dulce y acre sabor de su sangre.
Mis crueles gimen como perros asustados entre las entrañas de roca.
La Dama Oscura ha quedado inmóvil y presiona con fuerza su mano en la mía.
Quiere que le aplaste ese coño que la está matando de placer.
Mi semen fluye entre nuestros dedos, espeso, caliente.
Noto en mi glande como sus pulmones vuelven a aspirar aire y su vientre
contraído.
Su sistema nervioso colapsado...
Mierda... Mi polla estalla en leche dentro de ella y lamo el sudor de su
espalda.
Las sombras, mis crueles, emergen de las profundidades; traen consigo un pequeño
primate que llora asustado aferrando un muñeco en su pequeño puño.
Estoy tranquilo, mi ira se ha disipado, ha sido expulsada por el pijo y ahora
gotea de nuestros sexos enfriándose en la piel y en la roca.
La Dama Oscura masajea su sexo sentada a mis pies, untando los dedos de en el
semen que se le escapa entre los muslos.
Lentas gotas de mi leche gotean en la piel de su torso desde mi rabo relajado.
Llevo la mano a mi nuca y saco el puñal enterrado entre mis omoplatos. Lo lanzo
sin ningún tipo de alegría.
Se clava certero en el pequeño cuello del primate.
Muere sin soltar su juguete y con una mueca de dolor y espanto. Sus grandes ojos
verdes no se han cerrado.
A los crueles se les escapa la risa, y a mí también. Todos reímos a carcajadas
ante el cadáver del pequeño primate.
—Devolvedlo a su cuna —consigo articular.
—Que revienten de angustia y se pudran en vida sus padres.
¿O acaso pensáis que por haber follado os odio menos, primates?
Os contaré más cosas, más secretos, terrores, corridas... Descuartizamientos.
Me voy a lavar la polla, que esto se seca y me incomoda.
Siempre sangriento: 666

Iconoclasta

#217 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Mar, 7 de Abr, 2009 10:02 pm
Asunto: Una mano cansada
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No sabe que la mano me pesa como un plomo, tira de mi hombro y hace mi caminar
encorvado.
No tiene ni idea de lo fuerte que es. Porque ella, bella entre bellas es pura
fortaleza. El poder desatado hecho mujer.
No soy un hombre refinado, no soy sutil. Ni un hombre débil. Mis músculos han
desarrollado tantas toneladas de fuerza a lo largo de la vida, que me tiemblan
los dedos alzando pétalos de flores. Nací tan fuerte que siento el peso de mi
propio cuerpo como un lastre que me hunde cada vez más en la tierra.
La necesito para no clavarme en el suelo. La necesito para no convertirme en
fósil. La deseo como un virus desea tomar el control del cuerpo. Con toda esa
fuerza instintiva en su pasión; a nivel genético. En su voracidad por ser ella,
estar en ella. Ser mecido por ella.
Por lo tanto sólo cabe pensar que cuando coge mi mano y libera mi carga, cuando
me libera de mí mismo ocupando mi pensamiento; es más fuerte que yo.
Siento vergüenza.
Me da coraje ser más débil que ella.
No voy con ella, ella me lleva con su increíble capacidad para anular la
gravedad y me siento volátil. Etéreo como un gas que se diluye en el aire, que
se expande en la atmósfera.
Ingrávido.
La mano se balancea sola, pende triste, la observo con cierta angustia al
desligarme de mi cuerpo. Uno aprende estas cosas si quiere sobrevivir. Uno
aprende a liberarse de la carne durante los segundos necesarios para no caer de
rodillas aplastado por el peso de todo.
Y viéndome desde el aire, siendo aire, la pobre mano parece cada vez más cercana
del suelo. Está cansada, estoy reventado.
A veces la mano se agita, los dedos hacen un pequeño intento de cerrarse en el
aire. La mano es tonta y sueña que abraza los finos dedos que la hacen
ingrávida.
Da pena la mano, doy pena...
Tantos pasos firmes crujiendo el suelo, aplastando el planeta con resolución y
ella con un solo paso, hace girar la tierra como una hermosa equilibrista gira
la pelota bajo sus pies. Así de fácil.
Un día estaba cansado, y la mano golpeó un árbol del que no pudo apartarse, ni
quiso. Los dedos fuertes y toscos, apenas se cerraron ante el dolor. Sólo se
entornaron los ojos para enfocar la mano y la sangre que de un corte manaba
lenta, serena.
Perezosa sangre que al fluir, da tregua al corazón.
No conviene cortar las hemorragias de soledad, pero va metida en la sangre. Como
un virus.
Se ha de retener la sangre, con la ponzoña y la vida para no perderlo todo.
La voz:
—Está sangrando, se ha hecho un corte en la mano —me habló mirándome
directamente a los ojos.
Supongo que lloraba, por alguna razón mis ojos vertían lágrimas. Los hombres
fuertes también están sometidos a la fuerza del viento que arrastra cuerpos
extraños y hace llorar los ojos.
Mentira. Lloraba porque estaba más solo que nadie en la puta vida.
La mano tembló ante aquella voz y se alzó ágil ante nuestros ojos.
Mi voz:
—He debido darme un golpe.
Dejó las bolsas de la compra en el suelo, su mano cogió la mía y todo aquel
cansancio se disipó.
Los dedos se relajaron entre los suyos.
—Aquí mismo hay una farmacia, hay que limpiar esa herida.
Ella no miraba mi mano, miraba mis lágrimas. Maldita... Es lista...
Sus manos sostenían la mía mientras el farmacéutico limpiaba la herida. Y algo
debió decir ella, porque lloré con un gemido. Y algo debió significar porque
ella me acarició el rostro con una sonrisa calma.
Su boca esplende luz y vida.
Y dejé de ser el hombre más fuerte del planeta. Me arrebató el título.
La mano no quiere ir sola colgando de mí, parece abrirse la herida por la
cicatriz que hace años se cerró; un estigma de amor. Sólo ella lo conjura, sólo
ella sana y  restaña la herida, con su voz. Con su mirada.
La mano se ha hecho más pesada, día a día cuelga doliendo del brazo como una
condena. Día a día busca, buscamos el momento de asirnos a ella. De ser aire y
piel sanada. De no llorar.
Ella trae un aire limpio que no aloja cuerpos extraños en los ojos. Con ella no
hay lágrimas. No estoy solo.
Bendita sea la mano que pende triste y que la encontró. A ella, a la más fuerte
del planeta.

Iconoclasta

#216 De: "tricuspide34" <tricuspide34@...>
Fecha: Sáb, 28 de Mar, 2009 3:29 pm
Asunto: Sin uñas
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No hay aves trinando, no hay fulgores de colores en el aire; no son las flores
más coloridas, fragantes y hermosas.
No hay nada de eso, no hay magia, no hay ilusión, no hay esperanza para la
fantasía.
No es por ninguna belleza natural, ni por la armonía en el planeta por lo que me
siento bien, cómodo.
De hecho, me siento exultante de optimismo.
Todo se debe a ti; hace tiempo que dejé de engañarme y mi mente prosaica y burda
no me permite crear bucólicas y líricas alucinaciones.
Y no quiero ver más belleza que la tuya. No quiero ver un agua cristalina como
no puedo obviar el hedor de la ciudad. Soy incapaz de decorar la realidad.
Nunca se me ha dado bien la decoración ambiental, sinceramente.
Sonrío y espero impaciente besarte sin ningún paraíso que nos acoja.
Y ahí estás, esplendes entre negros, grises y suciedad.
Bella y única.
No eres bella porque yo te vea así, no quiero repetirme. Sabes que no soy amigo
de espejismos. Te parieron así de hermosa.
Y escupo la tierra que me sostiene porque me da asco. De la misma forma que me
la llevaría a la boca si supiera a ti.
No haces el mundo mejor, eres lo más deseado de él.
No quiero ir al lugar más hermoso contigo. Tú eres lo sublime y el universo está
en tus ojos. Los secretos de la vida y el placer perfuman tu piel. Reflejas una
luz propia, no es la del sol que calienta al resto de seres. Es otra luz, es
para mí. Es mía y mataría y descuartizaría por ella.
Este amor que me corroe y me mantiene vivo, no es un engaño o un sueño.
Quiero y deseo tus manos, tu piel, tu cabello...
Tu sexo es la fragua del mío.
Retrocedo al pasado porque me encuentro masturbándome como cuando era
adolescente, es la única sensación de irrealidad que tengo.
Aferro mi pene y sueño con arrancarte con la lengua el secreto del placer que la
belleza oculta en tu coño.
¡Dios! ¡Cómo te quiero! Exclamaría si fuera creyente.
Pero no puedo exclamar eso, sólo se me cae una baba de felino hambriento y mi
mano se va a mi sexo, como tú haces. Me haces.
Y presiono, y te busco y presiono, y te busco y gruño un placer húmedo y blanco
deslizándose por entre mis dedos.
Parecerá una tontería; pero te doy el valor de la vida. No es una frase al uso,
casual. Es la verdad.
¿O acaso te crees que las uñas caen de los dedos como la piel de un reptil?
No tengo psoriasis.
No hay belleza en el amor, no es así como funciona. Cuando amas desesperado,
arañas las paredes, sueñas y deseas que esté ahí. Clavas las uñas en el muro
como si fuera la piel que amas y las uñas se separan de la carne y hay sangre y
hay un dolor.
Y uno se pregunta dónde está la bendición del amor.
Tengo la polla sucia de sangre, de uñas que no son. De arañazos en el muro. De
labios devorados.
Puta bella, ¿qué me haces? No es necesaria tu existencia para que yo viva. De
hecho, no me acuerdo de respirar cuando te beso.
Las apneas de amor son una dulce forma de morir. Una tortura narcótica.
Camino descalzo entre cucarachas y ratas, crepitan, crujen con mis pasos. No hay
nada que me engañe, no bebo, no me drogo. Y adoro ahora estar vivo.
No eres mi hechizo, eres mi infección.
No puedes mirarme e ignorar que eres el centro del universo y que giro a tu
alrededor. No te puedes permitir humildad cuando el hombre sangra deseos, llora
semen y por sus venas corren lágrimas.
¿Te das cuenta? Lejos de hacer el mundo más hermoso, creas extrañas mutaciones
en mi organismo.
¿Sabes que sonrío llorando? ¿Sabes que es desesperante amarte aquí? Decidir de
repente no abrirme las venas para no alejarme de ti es una forma de cobardía que
no conocía.
Tampoco es que antes fuera una especie de Batman, no tenía intención de ser un
hombre arrojado.
No hay término medio, soy todo tuyo.
La rata que he pisado se retuerce con la espina dorsal rota, y vuelvo a pisarla
sin notar los arañazos de sus agonizantes patas. Es curioso que no sienta asco.
Soy consciente de lo horrendo, no hay nada que me ciegue.
Sí, ya sé que no es el mejor atrezzo para esta función. Sin embargo, todo lo
horrendo pierde protagonismo y la sangre de otros es una alfombra de mediocridad
sobre la que camino hacia ti. Suave y cómoda como la aterciopelada sangre que se
cuaja lentamente.
Me has faltado toda la vida, eso es lo que ocurre.
Tengo tanto que pensar...
Obsceno... Es inevitable amarte y no pensar en la lujuria. Tu pensamiento está
embutido en ese cuerpo y para llegar a él, debo lamer, tocar, penetrar...
Embestirte mil veces.
Mariposas en el estómago...
Son buitres arrancándome los testículos. Las mariposas viven tan poco tiempo,
son tan efímeras que apenas han podido batir las alas cuando agonizan.
Las alas de tu amor son formidables y las plumas caen pesadas al suelo como tu
ropa hecha jirones por mí.
A veces pienso que soy una especie de tosca mariposa. El tiempo pasa deprisa a
tu lado y temo morir demasiado pronto. No temo la posibilidad, temo la certeza.
Joder... Me duele de dura que me la pones, coño.
Me duele el pensamiento cuando no estoy contigo y tu fragancia, tu ser, no está
ahí para equilibrar la hediondez de lo que me rodea.
Ya ves, te parieron así, maldita amada. No tienes magia, no me engañas.
Te engendraron así para amarte a pesar de todo, por encima de todo.
Por encima de ratas y bichos negros, por encima de los volcanes ardientes y de
los campos de cerezos en flor.
No es un buen lugar para amarte; pero yo sé que para ti sí lo es.
Y no entiendo como puedes querer a alguien que tiene toda esta basura en la
cabeza.
Es algo que me obliga a amarte aún más.
Y callar.
Silenciar este tormento y sonreír como un triste augusto.
Sin uñas.

Iconoclasta

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