Chicas:
Disculpen las demoras, pero ya les traje aunque sea un poquitin del fic, mañana subo más.
Besos!!!!!
Para Candy parecía transcurrir todo en un sueño, aún no terminaba de creer que Neil le hubiese propuesto mudarse de la Mansión para irse a vivir a un sitio pequeño, tranquilo, alejado de los lujos y ostentaciones a las que él estaba acostumbrado, comenzaba a dudar sobre los motivos que él tuvo para casarse con ella ¿realmente la amaba? Por otra parte, ella no podía seguir odiándolo intransigentemente cuando él accedía a casi la
mayoría de las peticiones que ella hacia, se comportaba generoso y gentil ¿realmente había cambiado? ¿ya no era el Neil que se dejaba manipular por su hermana mayor y quien se escudaba tras su madre después de hacer un atravesara? Había algo en ella que aún dudaba de aquel cambio, pero ahora se sentía dispuesta a averiguarlo, aquel Neil con el que estaba casada estaba lleno de sorpresas que ella nunca había imaginado.
Neil había hablado con su madre y la tía abuela, en un principio las dos mujeres se habían negado rotundamente a que abandonaran la mansión, pero después de analizarlo unos minutos, la vieja dama accedió, recomendándole a su sobrino satisfacer las necesidades de su esposa y que ella con mucho gusto los ayudaría, para sorpresa de
ambas mujeres, Neil se negó, alego que el sueldo que él ganaba le era suficiente para mantener las pocas ambiciones de su esposa, sin embargo, si madre insistió en darle una “mesada” por parte de la fortuna familiar y que él sería libre de gastarla en lo que quisiera.
Cuando Neil hubo salido de la sala, la madre de éste se torno preocupada,
-Esa muchacha esta trastornando a mi hijo.
-Calma. Por el momento nos
conviene que se marchen de la mansión. Estoy segura que William no me creyó cuando le dije que no vivían aquí y podría apostar que un día de estos vendrá inesperadamente a buscarla, así que cuanto más rápido se vayan mejor, además, así Neil tendrá la oportunidad de por fin tener de su lado a esa salvaje muchacha.
-Me preocupa que las cosas vayan a resultar al revés y sea él quien termine siendo como ella.
-No, confío en que Neil es todo un Leagan para poner en cintura a Candy.
-Yo también. . . . .
La Sra. Leagan concluía la conversación temerosa y llena de dudas, nunca había visto tal comportamiento en su hijo, y ahora era para ella casi irreconocible: su insistencia en trabajar, en comportarse galantemente con la chica y acceder a todos los caprichos de ella le hacían creer que Neil estaba perdidamente enamorado de la rubia y que eso ocasionaría una desgracia en su familia, pero para infortunio de ella, ni siquiera ahora escuchaba a su hermana, quien había sido su compañera y confidente de toda la vida, ahora Elisa parecía ser la rival de Neil y ella no dejaba de pensar que eso era debido a Candy, cada día la odiaba más, ella había aceptado el matrimonio por conveniencia, sabiendo que los Leagan se beneficiarían de la fortuna que les traería Candy como hija de William Andrew, pero ahora no estaba segura de que eso fuese lo correcto pues si bien los
beneficios económicos eran cada vez más inminentes, no sabía si estaba dispuesta a pagar el precio de adquirir semejante fortuna.
Dos días después, Candy había encontrado la casita perfecta para vivir, era pequeña, pero tenia un precioso jardín, la estancia era amplia y el comedor acogedor, la cocina era muy funcional y había también dos habitaciones, perfectas para continuar con su vida intima separada de su marido. Neil inmediatamente la arrendó y ella comenzó a trabajar en ella para habitarla; sin darse cuenta los días transcurrieron rápidamente y estaba prácticamente encima la fecha de la obra a beneficio del hospital, pero Candy estaba tan contenta y emocionada con su nueva vida, lejos de los Andrew que incluso Neil había mostrado un cambio
radical, estando lejos de la familia de él, habían comenzado a convivir de una forma diferente, más cordial, más alegre y llena de rutinas por comenzar a marcar.
Fue entonces cuando Neil recibió la visita de su hermana en su oficina:
-¡Hola hermano! ¿Cómo has estado en esa pequeña y humilde “casita”?
-Bien gracias Elisa ¿A que debo tu visita?
-Bueno, en realidad solo quería cerciorarme que no has olvidado asistir al estreno de la obra este fin de semana.
-Iremos si Candy quiere asistir.
Continuará. . . . . .

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