-Nadie, no hay nadie. No puedo creerlo. ¿Cómo es posible que todos se
hayan olvidado de mi cumpleaños? -Neal recorre el salón a grandes
zancadas, a veces mira por la ventana y otras simplemente refunfuña.
Han pasado días, semanas, pero su cumpleaños ha pasado sin una mísera
felicitación, ni siquiera oye pasos por la mansión, todo está en
silencio.
-Eso te pasa por confiar en Rae y sus ordinarias amigas. Todas se han
ido y te han dejado solo, hermanito -Eliza sonríe desde el sofá.
-No puedo creer que Rae se haya ido.
-Estaba muy encariñada con Tom, ya sabes. Salían de vez en cuando.
Quizás le ha hecho un grupo a él. Es normal, es un chico tan atractivo,
tiene ese encanto tosco de los aldeanos.
-Pero no tiene mi elegancia, ni mi estilo.
-Desde luego, hermanito, pero ya sabes que hay gente que no aprecia eso
y que en cambio le gusta la vulgaridad.
-No puede ser, no puedo creerlo. Rae no puede haberme abandonado.
Después de todo este tiempo.
-Los tiempos cambian. Se ha buscado algo nuevo. Aceptalo, hermanito. No
hay nadie en la Mansión. Nos han abandonado.
Neal siente deseos de golpear la pared con el puño, pero se contiene,
aquel gesto le hará más daño a él que a la pared y no servirá de nada.
De nada.
-¿En qué estás pensando, hermanito? -le pregunta Eliza, al ver su
mirada.
-Tenemos que hacer algo, Eliza. Esto no puede quedar así.
-¿Se te ha ocurrido algo?
-Tengo una idea.